Del valor de la humildad al sentido del esfuerzo (Pedro Motas)

camino de la humildad al éxitoEn mi artículo anterior, titulado “El verdadero valor de la humildad”, destacaba la humildad como uno de los valores humanos que debe tener toda sociedad moderna que se precie, y que quiero dejar constancia de que forma parte de los valores castrenses.

El fuego que llamea en el corazón del verdadero militar prende sólo cuando encuentra unas cualidades que el mundo desconoce; en particular, la humildad: esa virtud tan poco comprendida y tan menospreciada, cuando es en sí nobilísima y vigorosa, y confiere singular nobleza y mérito a quienes la buscan y se abrazan a ella.

La humildad desempeña un papel único en la vida, por ejemplo, de la Legión. Primero, como instrumento esencial del apostolado legionario. En segundo lugar la humildad es para la Legión más que mero instrumento de su apostolado: es la cuna misma de este apostolado. Sin humildad no puede haber acción legionaria eficaz.

LEgion-MalagaDe su Cristo de la Buena Muerte aprenderá el legionario que la esencia de la verdadera humildad consiste en ver y reconocer, con toda sencillez, lo que realmente es uno delante de Dios. Lo mismo diré del legionario paracaidista con respecto a su Ideario y su Cristo de Ánimas de Ciegos, porque al fin y al cabo también es legionario.

La unión del legionario con su Cristo es imprescindible; mas, para realizar esta unión, no basta desearla, se precisa también capacitarse para ella. Ya puede estar encendido en deseos de escalar un puesto eminente en el ejército; no basta: tiene que mostrarse capaz de recibir lo que tan ardientemente anhela. Sin humildad es de todo punto imposible conseguir los fines de la Legión. Y sin humildad no puede haber apostolado legionario, porque le faltaría su alma.

El corazón de cada legionario es el primer campo de batalla donde moviliza la Legión sus tuerzas. Cada soldado tiene que luchar consigo mismo primero, y derrocar el espíritu de orgullo y amor propio que se alza en su corazón. ¿De qué le vale a uno una fuerte musculatura si se está hundiendo en arena movediza?.

El legionario, que es esa mano fuerte que la tiende su Cristo, no fallará, porque está firmemente arraigada en la humildad. Como el Padre Huidobro, legionario y santo, una santidad de trinchera, que acoge a todos y a todos protege desde la más humilde y sencilla epístola del ejemplo.

¿Y qué decir del valor del esfuerzo?. Ante todo debemos saber que el esfuerzo está íntimamente ligado al sentido de la responsabilidad. El hombre que se esfuerza suele ser un hombre responsable. Las políticas que eluden el esfuerzo, por ejemplo, en la enseñanza, suelen conducir a comunidades caracterizadas por la masificación más igualitaria y de mayor pobreza espiritual.

Nosotros, los legionarios, sabemos mucho de lo que supone el esfuerzo personal, el espíritu de sacrificio, el deber, el trabajo en equipo, el estímulo, la superación personal, los valores, etc.credo

Ocurre, no obstante, con algunas tendencias de gobiernos anteriores, que en vez de poner a la persona en la base, en el punto de partida, ponen el “colectivo”, a la sociedad como mero conjunto de individuos y cuya nota determinante es la abdicación del esfuerzo personal. Ello genera la pérdida del estímulo personal que constituye uno de los motores esenciales de la vida, tanto del hombre aisladamente como de cualquier comunidad en su conjunto. Y, a su vez, la pérdida del sentido del esfuerzo y del estímulo vital provocan el que se resienta gravemente la calidad del trabajo, de la creación intelectual y del deseo de mejorar y progresar en la propia realización personal.

Tengamos especial prevención con esas corrientes pedagógicas, tan extendidas en nuestros días, que se recrean en la negación expresa de la educación en el esfuerzo, porque descuidan uno de los principales objetivos que debe alcanzar la educación: la formación adecuada de la voluntad de la persona.

Todo ello crea, además, un clima nihilista que produce consecuencias rechazables: la ignorancia de los propios deberes, cuando estos implican el más mínimo sacrificio; la transferencia de responsabilidades a otras instancias, en una cadena sucesiva de transferencias (a la familia, a la escuela, a la sociedad, al partido, al sindicato, al Estado); y el olvido de que la vida en sociedad es obra del esfuerzo de todos y del cumplimiento complementario de los deberes de cada uno.

La víctima de las abdicaciones personales en los terrenos del deber, del esfuerzo, del estímulo y de la responsabilidad no es otra que la propia comunidad, de manera que la despersonalización que provoca la falta de esfuerzo resulta, sin paradoja alguna, absolutamente antisocial.

B-1zkceW4AAnjaEEn los tiempos de crisis moral que vivimos, no es mala idea proponerse superarla, como uno de los instrumentos, y entre otras muchas aportaciones, con la recuperación de la actitud del esfuerzo. Ello será tarea, no solo de las familias y educadores, sino todos aquellos que tienen una proyección pública. Me refiero a que todos quienes tienen presencia social en cualquier sector y son famosos o conocidos, deberían transmitir la idea de que la posición que ellos han alcanzado, lo ha sido por el esfuerzo realizado a la largo de su vida, y solo por ello.

La idea que propongo está fuertemente ligada a la idea de ejemplaridad. Nuestra crisis moral, más profunda aún que la económica, no empezará a resolverse hasta que los protagonistas sociales no den ejemplo de comportamiento, de valores sociales, de esfuerzo y de responsabilidad. Tienen que servir de ejemplo, especialmente, a los jóvenes, y desde ahí comenzamos a hablar.

No hace demasiados años que el triunfo profesional era fruto de una dedicación, de un esfuerzo, de una superación continua de uno mismo,… y ello era motivo de un legítimo orgullo que el profesional sentía de si mismo y de su trabajo. Existía un reconocimiento por el trabajo bien hecho, un respeto por la dedicación del trabajador y por tanto una relación calidad-reconocimiento entre directivos, mandos y trabajadores que hacía que el profesional no cayese en la apatía laboral, en el aburrimiento cotidiano, o en el…”para qué me voy a esforzar, si no va a valer para nada”. La calidad era una continua  búsqueda de la mejora.legionbasemilitar

Hoy día, ocurre todo lo contrario; las relaciones se han materializado, el nivel de profesionalidad importa menos que el nivel de titulación, ya que el título que se posea tiene más importancia que la capacidad de gestión, la preparación del individuo. Somos el País de Europa que más fiebre de titulitis padece y… “en eso sí estamos a la cabeza”. Eso hace que al frente de puestos de responsabilidad existan personas inexpertas, por la falta de experiencia e inmaduras por haber conseguido un puesto determinado sin esfuerzo alguno, ¿como se puede valorar algo que no cuesta esfuerzo en conseguir?, ¿estamos en la supremacía de lo teórico sobre lo práctico?, ¿está reconocida, hoy día, la experiencia?.

El hombre tiene espíritu de cazador, y como tal valora lo que le ha costado conseguir la pieza deseada, eso desde nuestros orígenes. Y no hemos cambiado, nuestro ego se engrandece cuando es reconocido nuestro esfuerzo y nuestra constancia y eso es lo que hace que día a día aumentemos el nivel de Calidad en nuestro espíritu, en nuestras relaciones, en nuestro que hacer cotidiano. Trabajando con calidad defendemos nuestro futuro.

Y finalizo con algunas vivencias del diario de un guerrero como ejemplo de lo expuesto:

…Tras la maniobra descansaba y meditaba en el silencio de la noche sobre el cambio, la metamorfosis que se estaba produciendo en mi persona. Tan sólo unos pocos meses atrás, no me había podido imaginar que pudiese resistir tanto, ni ser capaz de vencer las debilidades del cuerpo con tal de conseguir ser un soldado de élite…

…Sin darme cuenta, iba adquiriendo unos hábitos que no se arrastran en la vida civil, como amar a la naturaleza, identificarte con ella hasta el punto de desarrollar los instintos animales perdidos por la racionalidad humana…

…Las canciones de ayer alrededor del fuego, los bonitos paisajes, las paredes de pinos, los tejados de estrellas, con su belleza, quedan atrás. La superación personal, nuestro diario endurecimiento, las múltiples anécdotas de las nuevas experiencias vividas, con su encanto, quedaron atrás…

…Una nueva faceta de mi vida nació el día que me impusieron la insignia y la Boina, apreciar el valor de las cosas, no solo de aquellas que sin saberlo me había regalado la civilización heredada, sino sobre todo, de aquellas otras que yo me estaba ganando con mi esfuerzo, con mi propio sudor, como el valor del compañerismo, el descubrir unos mayores límites de resistencia física y psíquica, el conocer mis posibilidades, la estrecha convivencia en grupo, la seguridad en sí mismo…

img_03…Nuevos parámetros se siguen acumulando en mi vida guerrera, la toma de decisiones venciendo al instinto de conservación, el placer de dominar ese instinto, el bienestar de conseguir la cumbre tras el esfuerzo, el olor puro del bosque por las mañanas, sus aguas que tantas veces saciaron mi sed…

 

Pedro Motas

11 pensamientos en “Del valor de la humildad al sentido del esfuerzo (Pedro Motas)

  1. Magnífico artículo don Pedro que a todos nos viene bien.
    Desde la humildad conviene analizar nuestras actuaciones y ver si hemos hecho el esfuerzo debido. La Legión efectivamente es un ejemplo en su Credo de humildad y esfuerzo.
    Buen exámen de conciencia. General Dávila

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  2. Caramba, don Pedro:
    sus acertadas reflexiones de índole moral despiertan en mi profundos sentimientos que me remiten a mis años de formación en valores. Con humildad y con esfuerzo he de reconocer que no todos los he practicado en la necesaria dosis. Pero con determinación reconoceré también que, en todo caso, constituyen esos valores un punto de referencia en mi vida. Así es que sus propias reflexiones me van hacer exclamar, como aquél poeta mejicano, Amado Nervo, tras la lectura del breviario “Imitación de Cristo”:

    Oh Kempis!
    Ha muchos años que busco el yermo,
    ha muchos años que vivo triste,
    ha muchos años que estoy enfermo,
    ¡y es por el libro que tú escribiste!

    Adolfo Coloma

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  3. Lo mejor que he leido sobre humildad y esfuerzo en la sociedad, yo desde que servi en la Legión, me lo inculcaron de tal manera, que toda mi vida ha discurrido conservando mi credo y viviendo de acuerdo a él, muchisimas gracias por tan valioso escrito D. Pedro.
    C.L, Francisco José Cortés Babiano.

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  4. Gracias por tan acertadas palabras, este tipo de reflexiones deberían enseñarse en las escuelas y los medios de comunicación. Treinta años después de servir como guerrillero,
    aun siento el espíritu guerrillero como parte de mi y me ha ayudado a superar multitud de obstáculos en la vida.. , .

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  5. Esfuerzo, D, Pedro, la falta de este en esta sociedad que tenemos, es lo que nos está llevando al suicidio, como Sociedad y Nación.

    Pero claro, que podemos esperar de una Nación, donde los que nos Gobiernan, están ahí, por el mero hecho de ser los menos malos de sus Partidos Políticos, con “titulos”, eso si, pero ¿ que otros méritos se les conoce a la mayoría ?.

    A mas de uno de estos que se dedican desde la política, a intentar enseñarnos a los Españoles de a pie, como seguir adelante en nuestras vidas y en nuestros negocios, les daba yo un negocio, a ver, si tenía, una mínima preparación, para poder llevarlo adelante.

    Gracias por su reflexiones D. Pedro, de las que, el que quiera oír, podrá sacar buenas conclusiones.

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  6. Cierto, mi querido General Dávila; con respecto al esfuerzo, “Jamás un Legionario dirá que está cansado, hasta caer reventado,… no se quejará de fatiga, ni de dolor, ni de hambre, ni de sed, ni de sueño; hará todos los trabajos… y trabajará en lo que le manden”; y todo ello con humildad, decisión y disciplina.
    Gracias y un fuerte abrazo.

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  7. Mi querido General Coloma, me hace feliz saber que mis humildes reflexiones despiertan sentimientos de referencia en su persona que, con el trato, he comprobado la integridad, la sencillez y la humanidad de un militar que considero amigo.
    Gracias y un fuerte abrazo.

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  8. Gracias, Francisco, ¿por qué será que lo que se inculca noblemente y con convicción dura toda una vida?
    No existe el fracaso, salvo cuando dejamos de esforzarnos, por eso lo que sin esfuerzo se gana, nada vale. Por eso, el esfuerzo con humildad es nuestro contacto con la realidad.
    Gracias y un fuerte abrazo.

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  9. Totalmente de acuerdo “coevolador”, la enseñanza en las escuelas sobre estos valores a los jóvenes y la divulgación a la sociedad en los medios de comunicación sería lo ideal en beneficio de la formación de las personas como tal, como ciudadanos y como españoles de bien.
    Lo más importante en una persona es la humildad y el esfuerzo, si las lleva consigo, tiene las llaves del mundo.
    Y cierto es que la enseñanza de un guerrillero en la milicia ayuda a superar obstáculos en la vida civil; y ese espíritu lo lleva de por vida.
    Gracias y un fuerte abrazo.

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  10. Muy acertado Quillo; la falta de esfuerzo lleva consigo debilidad, incertidumbre, inseguridad,… en definitiva una especie de suicidio colectivo que afecta a la sociedad y Nación de nuestra querida España.
    Y con respecto a los políticos… “La humildad, que no abunda entre los doctos y políticos, aún es menos frecuente entre los ignorantes”.
    Gracias y un fuerte abrazo.

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