Sobre la persona, su dignidad, su libertad y la igualdad (Pedro Motas Mosquera)

valores-sobre-la-persona

VALORES SOBRE LA PERSONA

Continuando en la línea de los valores, tanto castrenses como de la vida civil, en la diversidad de temas tratados en este magnífico Blog de mi querido General Dávila, adjunto el presente artículo:

 Sobre la persona, su dignidad, su libertad y la igualdad (Pedro Motas Mosquera)

 La persona

La persona es un concepto filosófico y, por tanto, más amplio que el de ciudadano. La persona dice razón de condición humana y esta consiste en la conciencia de que mediante la razón podemos llegar a conocer las propias condiciones y capacidades como seres humanos y las exigencias de la relación con los demás.

Es esencial a la condición humana proponerse fines u objetivos que intenta alcanzar buscando y consiguiendo los medios precisos para ello; y también la libertad para poder proponerse aquellos fines y para poder conseguir estos medios.

De la libertad de la persona nace el orden moral, le separa del determinismo, le diferencia de los demás seres de la creación, y le permite un destino diferenciado de los demás. La libertad permite también a la persona un desarrollo real y no aparente de su propia personalidad.

Cada persona es el resultado de su herencia, su educación y de las condiciones sociales y culturales en las que vive. Pero frente a la cultura de la imagen y de la uniformidad imperante en nuestros días, el humanismo proclama el derecho de cada persona, en uso de su libertad, a ser diferente y mejor que los demás y a vivir el riesgo de su propia aventura vital.

dignidad-de-la-persona

DIGNIDAD

Su dignidad

Creo que nadie duda que el hombre es un ser digno. Pero ¿de dónde le viene esa dignidad? La respuesta es que si el hombre ha sido creado por Dios, tiene que ser algo digno, pues no podría ser de otra manera. Sin embargo, el hombre en uso de su libertad, puede aceptar o no este origen.

Sé que hay a quienes molesta la cita de textos de la Doctrina Cristiana. Lo siento. Pero yo no conozco otros donde se exprese mejor y de manera más clara. Porque es en el documento conocido como “Gaudium et spes” del Concilio Vaticano II donde se manifiesta de manera inigualable lo que estamos hablando: “Siempre deseará el hombre saber, al menos confusamente, el sentido de la vida, de su acción y de su muerte… pero es solo Dios… el que puede dar cabal respuesta a estas preguntas, y ello por medio de la revelación en su Hijo, que se hizo hombre. El que sigue a Cristo, hombre perfecto, se perfecciona cada vez más en su propia dignidad”.

La más moderna y completa formulación de la dignidad del hombre la encontramos en la Encíclica del Papa Juan Pablo II “Redemptor hominis”, primera de su pontificado y que es un documento humanista de carácter básico y esencial.

En ella se sostiene que la creación del hombre por Dios le otorgó su dignidad como persona. Y la Encarnación del Hijo de Dios puso de manifiesto su paternidad y su amor, de manera que la vida humana cobró la dimensión que Dios mismo se había propuesto desde el principio: a la dignidad y a la libertad de la persona se unía el amor como elemento que da sentido a la vida del hombre.

No quiero desconocer ni ocultar que, en los tiempos que vivimos, la dignidad de la persona deriva de aquello a lo que se sirve, de aquel a quien se ama y de aquellos para quien se vive. Pero la despersonalización del trabajo, la globalización de las relaciones sociales y la condición intercambiable de sujetos y cosas lleva a una esterilización, cuando no destrucción, de la conciencia de la dignidad personal.

libertad-de-la-persona

LIBERTAD

Su libertad

La libertad es el presupuesto indispensable para el desarrollo del hombre en todas las manifestaciones de su vida, supone que el hombre tiene facultades para alcanzar los fines o metas que se propone y constituye el mínimo común a todos los hombres derivada de una naturaleza humana también común.

De esta naturaleza humana común se deducen una comunidad de derechos que han de considerarse como “un orden superior” a toda decisión individual, y superior también a los poderes públicos, que lo han de tener como medida y límite de su actuación. El respeto a este “orden superior” es la forma política de la libertad, cuyo contenido es la convivencia y la socialidad humana, que implica el respeto a la libertad de los demás. La libertad política debe tener dos objetivos prioritarios: la protección del ciudadano frente a las agresiones y el fomento de su ejercicio en la búsqueda del bien común.

Para el humanismo cristiano la libertad se inserta en la condición espiritual del hombre junto a otras capacidades: capacidad de crear, de amar, de esperar, de utilizar la razón o de trabajar. Todo ello configura al hombre como persona y le confiere la dignidad que le diferencia del “individuo”.

Del concepto que se tenga del hombre, dependerá el concepto que se tenga de su libertad.

Para la humanismo cristiano la libertad es un don y una responsabilidad, que consiste en buscar lo que objetivamente es bueno, en buscar la verdad sobre las personas y sobre nuestro mundo, y ser capaz de organizar lo que nos rodea de acuerdo con esa verdad, usándola sin abusar de ella. La libertad, por tanto, no es hacer lo que queramos, sino poder elegir libremente lo que es realmente bueno.

Pero no hay libertad sin responsabilidad. No hay libertad sin el reconocimiento de ese “orden superior”. Porque reconocer la existencia de valores que no son manipulables, ni adaptables a la situación de cada momento, es la garantía verdadera de la libertad, que podrá desarrollarse y ejercerse “respondiendo” ante ese orden superior, ante un bien mayor. No hay alternativa: o cada uno hace lo que quiere o todos respondemos ante valores superiores y objetivos que nos garantizan el uso y el respeto recíproco de nuestra libertad.

Hoy día la libertad de la persona se ve amenazada, coartada o limitada por muy diversos poderes y situaciones: el intervencionismo de los poderes públicos, el monopolio de los partidos políticos, los grupos de presión con intereses sectoriales, las técnicas de inmisión en la intimidad, la libertad de elección de centro educativos o centros de salud, las limitaciones a la expresión de la propia opinión, la dialéctica entre la igualdad y la libertad, el repudio a un “orden superior” común, el egoísmo personal, las transferencias de responsabilidad, etc.

Desde el humanismo se sostiene que es exigible a los poderes públicos el respeto a la libertad de las personas por ser el núcleo esencial de su dignidad y de condición de ciudadano, y que los límites y restricciones que se impongan, sean los mínimos indispensables para cumplir los fines de interés general conducentes al bien común.

la-persona-y-la-igualdad

IGUALDAD

La igualdad

Lo primero que quiero es prevenirte sobre el peligro del principio de la igualdad, cuando se le utiliza demagógicamente o cuando se desborda y desnaturaliza, como ocurre, por ejemplo, con las modernas “ideologías de género”.

Para el humanismo, existe una igualdad básica (ante Dios y ante la ley), lo que no significa que todos seamos iguales, ni como objetivo. Eso no sería igualdad sino igualación. Entre los hombres existen diferencias por razón de raza, sexo, lengua, religión, nacionalidad, educación, herencia genética, posición económica, clase social, etc. El reconocimiento de la existencia de estas desigualdades es la clave para la comprensión del problema.

Y la cuestión esencial radica en que el objetivo de la igualdad se logra mediante la lucha contra las desigualdades injustas o las discriminaciones arbitrarias. No se trata, por tanto de intentar abolir las desigualdades (de sexo como pretende la ideología de género), lo cual sería contrario a la naturaleza, sino de luchar contra la injusticia basada en la desigualdad, o contra la arbitrariedad basada en la discriminación.

La igualdad debe conciliarse con la libertad creándose un clima favorable a la igualdad de oportunidades, especialmente en el ámbito de la educación, y preservando las ideas de esfuerzo, riesgo, responsabilidad y derecho a vivir la propia aventura personal.

No podemos desconocer el panorama desolador de desigualdades injustas que ofrece nuestro mundo y la vida cotidiana, desde las personales hasta las económicas, o entre personas, familias y clases sociales, y entre países y zonas del mundo.

La lucha contra las desigualdades es una tarea permanente para los políticos y para los Gobiernos y puede constituir el sustrato y base común de la mayor parte de las políticas sectoriales. Ello constituye el más noble empeño de la política. También corresponde a los organismos internacionales, a la sociedad civil, a la Iglesia y a cada persona con capacidad de influencia.

Pero quiero también prevenir para que no se caiga en el abismo del colectivismo o de la sociedad sin clases: los sistemas totalitarios ofrecen igualación o igualitarismo, pero no igualdad real y verdadera.

Para el humanismo, luchar contra las desigualdades injustas, crear un clima de igualdad de oportunidades, combatir las discriminaciones arbitrarias y suprimir las raíces generadoras de tales situaciones es empeño prioritario.

Pedro Motas Mosquera

7 pensamientos en “Sobre la persona, su dignidad, su libertad y la igualdad (Pedro Motas Mosquera)

  1. Querido Pedro:
    Puede que te sientas como una vara que se agita en el desierto, pero tus serenas reflexiones nos invitan a mirar dentro de nosotros mismos y a revisar cosas que dábamos por sentadas o sobre las que no habíamos profundizado.
    Gracias, amigo.
    Adolfo Coloma

    Me gusta

  2. Un extraordinario despliegue despliegue de Humanismo. TODOS, cada uno donde se encuentre, con máxima responsabilidad reflexiva hemos de poner nuestro granito de arena en hacer o construir un mundo más humano y digno de ser vivido con máxima intensidad, esos sí¡ hemos de ir acostumbrándonos a salir del estado de confort (…) y pensar siempre en el “otro”.

    Me gusta

  3. Artículo profundo y, por lo tanto, hay que analizarlo y digerirlo tras una compacta meditación. Cuando esto se materialice llega el momento de las conclusiones, de las postrimerías, del epílogo. En este caso, este discreto opinador tiene que manifestar que se lo va a releer. Ya he cumplido con lo primero -que cito-, su análisis; y ahora llega la digestión, que es cuando se disfruta más de su contenido; dándole paso a las conclusiones definitivas, que auguro, como no podía ser de otra manera, plausibles. ¡ Muchas felicidades, don Pedro.!

    Me gusta

  4. Como desde el pasado jueves he estado de viaje en Madrid por un asunto familiar grave; hoy, recién llegado a casa, no quiero pasar la ocasión de agradecer todas las participaciones y comentarios a mi humilde artículo.
    Mis queridos Generales, como siempre, son muy generosos conmigo; y por eso, una vez más agradezco su generosidad.
    Un fuerte abrazo a todos.
    Pedro Motas

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s