El humanismo y su formulación moderna (Pedro Motas Mosquera)

La formulación más antigua consideraba el humanismo como un espíritu, una voluntad y un método. Un espíritu de optimismo, de medida y de adaptación; una voluntad de ser hombre que avanza hacia la perfección; y un método de filosofía moral que apela a todas sus virtudes y a todas sus posibilidades.

La moderna formulación del humanismo cristiano considera el hombre todo entero, cuerpo y alma, corazón y conciencia, inteligencia y voluntad; el hombre trágico en sus propios dramas; el hombre y superhombre de ayer y de hoy, frágil y falso, egoísta y feroz; el hombre descontento de sí, que ríe y que llora; el hombre que piensa, que ama, que trabaja; el hombre individualista y el social; el hombre que alaba los tiempos pasados y el que sueña en el porvenir.

Existe un hombre interior y uno social. El hombre interior es un ser creado a imagen y semejanza de Dios, constituido de alma y cuerpo, dotado de inteligencia y capacitado para la verdad y el conocimiento. Posee una conciencia moral que, a modo de ley escrita en su corazón, le permite distinguir entre el bien y el mal. Es un ser libre y el uso de su libertad es inherente a su dignidad. Su vida es una lucha dramática entre el bien y el mal. Pero ha sido creado para un destino trascendente más allá de la vida.

El hombre social se caracteriza por tres notas. Primera, es la única criatura que Dios ha amado por sí misma y no puede encontrar la plenitud de su vida si no es en la entrega sincera a los demás. Segunda, tiene derecho a la igualdad y a no ser discriminado respecto a sus semejantes. Tercero,  tiene derecho al respeto a su persona.

El hombre que se ha descrito está sometido en nuestros días a paradojas, cambios, discrepancias, desequilibrios e interrogantes, lo que no implica una visión pesimista sino la constatación de unas realidades que no son suficientes para anular la visión optimista y esperanzada.

Entre las paradojas cabe señalar que, mientras el hombre amplía extraordinariamente su poder, no siempre consigue someterlo a su servicio; que conoce su intimidad social y espiritual, pero se siente con frecuencia más incierto e inseguro; que descubre las leyes de la vida social, pero duda de la orientación de esta, del destino al que nos  lleva; que nunca tuvo el género humano a su disposición tantas riquezas, pero gran parte de la humanidad sigue en la miseria; que nunca ha tenido el hombre un sentido tan intenso de su libertad, pero surgen nuevas formas de esclavitud económica y sicológica; y que se busque un nuevo orden temporal más perfecto, pero no se avance de manera paralela en la mejora del orden espiritual.

Entre los cambios es de destacar que estamos en permanente cambio, en la técnica, en el orden social, moral o sicológico, y sobre todo político. No tenemos más que ver los eslóganes de las campañas electorales, todos prometen el cambio.

Lo anterior nos lleva a unos desequilibrios entre la inteligencia práctica moderna y una forma de conocimiento que no consigue ordenar todos los que se reciben; entre el afán por la eficacia práctica y las exigencias de la conciencia moral; entre las condiciones de la vida colectiva y las exigencias de un pensamiento personal y propio; y entre la especialización profesional y la visión global de las cosas.

De los desequilibrios surgen las discrepancias en la familia; entre las generaciones; raciales y sociales; entre los países ricos y los pobres; entre las instituciones supranacionales y el egoísmo nacional; entre las pretensiones regionales y la unidad de los países.

No busquemos en ningún programa electoral ni en ninguna ideología política esta respuesta.

Voy a sintetizarse, humildemente, los pilares en que creo se apoya la respuesta:

  1. El humanismo cristiano tiene solicitud por el hombre. Significa que procura lo que sirve a su bien verdadero o lo defiende de las amenazas; y que lucha porque esta vida sea lo más conforme posible con su dignidad y sea cada vez más humana.
  2. Hablamos del hombre integral y concreto, en toda su verdad, en su plena dimensión. No se trata de algo abstracto, sino real, histórico. Es una realidad humana irrepetible, en la que permanece la imagen y semejanza de Dios.
  3. La concepción humanista del hombre no está petrificada, sino adaptada al signo de los tiempos: miedo a que los productos de su trabajo puedan convertirse instrumentos de deshumanización, más que medios de dignificarle; desequilibrio entre el desarrollo de la técnica y el progreso de la ética del comportamiento, etc.
  4. Una tajante declaración de la prioridad de la ética sobre la técnica, de la persona sobre las cosas, de la superioridad del espíritu sobre la materia.
  5. La crítica sin paliativos a la sociedad de consumo, que pone en desequilibrio el exceso de los bienes en unos y la carencia en otros; que pone en tela de juicio las estructuras y mecanismos que rigen la economía mundial; que se revela incapaz de paliar la injusticia de las estructuras sociales heredadas del pasado y de enfrentarse a los desafíos y exigencias de la ética.
  6. La aplicación del principio de solidaridad (moderna expresión de la caridad cristiana) a la distribución más justa de la riqueza; y la apelación a una conversión de las mentalidades para poder, después, transformar las estructuras económicas.
  7. La afirmación de que los derechos humanos contenida en la “Declaración de los Derechos del Hombre”, deben interpretarse de acuerdo con su espíritu.
  8. La convicción de que la obligación principal de los poderes públicos es la promoción del bien común, y no el poder por el poder; y la de que el bien común se realiza cuando los ciudadanos reciben los servicios y prestaciones a los que tienen derecho.

Sé que se estará pensando que en el mundo en que vivimos, sucede todo lo contrario a lo que en tales puntos se dice. Y se tiene razón. Por ello nos va como nos va. Pero cuando nos decidamos a cambiar las cosas, ahí tenemos el camino más seguro.

Recordando de dónde venimos y lo que somos, he querido resumir la moderna formulación del humanismo cristiano; para que se pueda comprobar que, a pesar del tiempo transcurrido, sus valores siguen siendo de plena actualidad, aunque no los encuentremos encarnados en nuestros políticos.

Recordando la historia, en los siglos XIV al XVI se produce en Italia el Renacimiento. Abarcaba un sistema de ideas, creencias y formas de vida, una concepción del poder y del Estado, una forma de vida social y un mundo de valores estéticos y morales. Todo ello suponía el desarrollo del individuo afirmando su dignidad, un espíritu profano, aunque no antirreligioso, ennoblecido por un extraordinario desarrollo de las bellas artes, una nueva visión del hombre, de su destino como yo individual, de la búsqueda de la verdad a través de la razón y del estudio y conocimiento de los clásicos greco-romanos.

Pero junto a este Renacimiento hubo otros Renacimientos en países del resto de Europa. Era un Renacimiento de inspiración cristiana y no greco-romana, una corriente de pensamiento que vio en el ejercicio de la razón, en el saber erudito y científico, en el sentido común, en la moderación y en la imitación de Cristo (como vía de perfección), los fundamentos de la virtud y de la moral, así como los fundamentos de la vida pública y del ejercicio del poder.

Este Humanismo buscaba definir desde la razón, la crítica y la erudición la esencia espiritual del cristianismo y construir la base ética de la sociedad europea. El Humanismo así concebido pudo ser el pensamiento rector y la razón espiritual del mundo del Renacimiento europeo. Y disponía de importantes centros de pensamiento como las Universidades, así como de la imprenta y de los libros que empezaban a difundirse.

A pesar del drama de la Reforma y de la Contrarreforma, los ideales de este humanismo supieron atravesar los siglos y llegar a nuestros días en los que la inspiración cristiana en el comportamiento personal o público, el uso de la razón, el sentido común, la moderación, la preparación profesional, siguen siendo los deseables fundamentos  de la virtud y de la moral personal, así como de la vida pública y del ejercicio del poder.

Si se me pidiera ahora que resumiera en un párrafo cuales son las dos características del humanismo cristiano, que le diferencian de otros humanismos, lo haría así: una, la creencia en la trascendencia del hombre; y otra, la defensa de todos los derechos naturales de la persona, que ahora se llaman derechos humanos.

Podemos considerar que el humanismo así concebido es una auténtica ideología, entendiendo por esto, una concepción del mundo y de la vida. Pero, desgraciadamente, ningún partido político la encarna. Para ellos son más importantes las encuestas de opinión. Por eso la defensa de esa ideología solo puede hacerse desde la sociedad civil.

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

14 marzo 2017

5 pensamientos en “El humanismo y su formulación moderna (Pedro Motas Mosquera)

  1. Muy acertado su empeño, Don Pedro, de movilizar a la sociedad civil desde la cordura, la moderación y los valores del humanismo cristiano. Puede que sea predicar en el desierto, pero hay que hacerlo.
    Adolfo Coloma

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  2. Has dado en el clavo Pedro Motas y no en la herradura. Sin embargo, por desidia o, peor indiferencia o ignorancia, hay ciertas ideologías, que ya se nos han introducido hasta en las Instituciones (con mayúscula) mejor valoradas como es el Ejército. ¿No habrá quien reaccione, para suprimir lo que se nos ordena?

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  3. Creo que casi todos l hemos leído la famosa trilogía de Jean Lartegui; Los mercenarios, Los centuriones y Los pretorianos ,sobre la despiadada guerra de independencia de Argelia, en la que dejaron a cargo de los paracaidistas franceses una de las misiones más difíciles como era la limpieza de la capital, Argel , A la sazón , cita a un joven capitán de Dragones Paracaidistas, procedente de la vieja tradición militar francesa, que ante los expeditivos procedimientos que para adquirir información estaban usando los propios franceses manifestó a sus superiores, su preocupación moral: si nos hacemos iguales a ellos ¿para qué luchamos?. Ahora, en España y muy reciente, podemos observar que todos los partidos políticos están dispuestos a ofrecer y satisfacer a los futuros votantes con las promesas de contenido más aberrante que el embrutecimiento de las masas considera un avance para su supuesto bienestar: aborto, educación corruptora de menores y falta de exigencia y excelencia para los jóvenes, y poner a su alcance legal todas las lacras que están destruyendo muchos valores que en otros tiempos nos hicieron ser ejemplares como personas y como nación. En cuanto a la destrucción moral de la sociedad cada día que pasa se identifican más PP,s , PSOE,s y demás.Se pude afirmar que forman una especie de “gran coalición” satánica en contra de la dignidad humana, Ya no queda refugio en el que pueda depositar su voto la gente decente.
    Siempre fue confusa la simplista división entre lo que se llama izquierda y lo que se ha llamado derechas. Dentro de los múltiples análisis de las distintas opciones políticas, a mi se me quedó en las vivencias de la memoria un artículo escrito hace unos 40 años en la revista “Cuadernos para el Diálogo”; lamento no recordar el nombre del autor, pero exponía algo así de sencillo , y, al menos para mí, bastante atinado. Para él, había una derecha que representaba los intereses económicos del capital y otra derecha que llamaba “ideológica” en la que incluía a las personas de orden, de respeto a las tradiciones, de acendrado patriotismo y vinculada a los sentimientos religiosos de los que siempre en una u otra forma o con mayor o menor intensidad hemos participado en la mayoría de los españoles. Por otra parte, distinguía una izquierda de intereses que abarcaría tanto a los más desfavorecidos como al resto de la población que, formada en la verdadera doctrina de Jesucristo, es partidaria de un mas justo reparto de los recursos disponibles.Una izquierda ideológica que quiere borrarlo todo. Todo lo antiguo: religión , patria, familia son instituciones “reaccionarias” que , según ellos, impiden la felicidad del hombre. Con un gran cinismo, niegan el rastro de muerte, hambre y odio que han dejado sus experimentos y que todavía estan latentesen este mundo. Ahora podemos observar indefensos como dominan la situación una especie de sutil alianza entre la derecha de intereses y la izquierda ideológica. El capital ahora se quiere presentar como derecha progresista y democrática, pero sin escrúpulos para asumir la devaluación de los sentimientos de patria de tradición, de tradición y del valor del individuo como persona trascendente. Todo vale mientras respeten mis dividendos. Al mismo tiempo, los “iconos” de la izquierda ideológica no tienen reparo en amasar enormes fortunas por caminos no siempre claros, así como algunos propagandista mediaticos que no tienen reparo en usar paritorios en los hospitales más caros de Los Ängeles en Estados Unidos, por ejemplo. O disponer en propiedad de televisiones y periódicos para seguir corrompiendo la sociedad. Mientras tanto el cada vez más extenso núcleo de sufridos ciudadanos de esta sociedad miserable en el sentido moral, se ven ser sometidos a la degradación del paro, de los empleos inseguros y de los salarios notoriamente insuficientes, mientras que los líderes sindicales se hacen cruceros por los fiordos noruegos.

    En estos días la lideresa madrileña de la derecha está vendiendo “la muerte digna”. Conozco bien los sentimientos y la moral de la inmensa mayoría de los médicos españoles así como de sus estrechos colaboradores los licenciados en farmacia. Todos los miembros de mi familia son discípulos de Hipócrates o de Esculapio. Por mi edad, y por la de mis amigos y compañeros me veo obligado a frecuentar hospitales. Al mismo tiempo que es admirable la actual formación de nuestros profesionales de la medicina, tampoco me ha pasado inadvertido la delicadeza y el buen sentido que tienen para informar a los familiares cuando para un enfermo terminal sería aconsejable aliviarle de su dolor cuando no existe ninguna posibilidad de recuperación física ni de la consciencia.

    Todo apunta a que esta indigna manipulación- en la compiten todos los partidos- con apariencia benefactora, no es otra cosa que abrir animadamente el camino a la eutanasia. Dentro de la especie humana contemporánea ya la aplicaron los nazis con los disminuidos y los comunistas con los enfermos “mentales” de disidencia ideológica. Ahora estamos bajo la dictadura de la economía, en mi opinión, ni muy inteligente ni mucho menos santa. No llega a las capas más debiles y vulnerables de nuestras gentes
    . A los viejos de momento se le está echando de su casa y trasladándolos a los asilos o residencias de ancianos, unas veces-justas y lógicas- porque necesitan unos cuidados que ya no es posible prestarle en el ambiente familiar. Y otras, simplemente, por comodidad de quienes más les deben. A estos hábitos , se ha sumado recientemente un “gran avance social”, al que nuestra lideresa del PP madrileño vendería como “vejez digna” eufemismo.antesala del de la eutanasia.

    Yo aconsejaría a los que vamos alcanzando lo que se ha llamado una edad provecta y estén cobrando su retiro, de su propio dinero, de los muy saqueados fondos de la seguridad social, que se anden con cuidado de no toser en público y ante testigos, que puede terminar sus días en el cuartel de transeúntes al más allá. En el forntispicio anunciará: “El Mundo Feliz”

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