Diario de un veterano (Pedro Motas Mosquera)

Con Carmen Sevilla

Esta vez no se trata de mi propio diario, sino de un pasaje de “Aquellos tres años”, diario de mi querido amigo Alfredo Prieto Villota Q. E. D.

 

8 de mayo de 1957: Había lanzamiento en Tiliuin de varias patrullas. Me lo había perdido por mi baja por lesión en la rodilla izquierda en el noveno salto con T6R a 400 m. Me hacía ilusión saltar, a pesar del miedo, pero tenía que conformarme. Estaba de baja y los servicios del cuartel lo cubríamos los rebajados. Yo estaba de cuartelero.

 

A las nueve y media de la mañana se oyó un gran ruido al extremo sur del campo de aviación de Sidi-Ifni, de donde salían los Junquer para su lanzamiento en Tiliuin. Desde la puerta del cuartel, vimos una gran columna de humo elevarse. ¡Algo había pasado! Empezaron a llegar noticias. Al despegar uno de los Junquer, algo había fallado, y se vino a tierra explotando. Todo el mundo corría hacia el lugar del accidente. Yo estaba de servicio. El avión siniestrado era el Junquer 36-15. ¡Era el que a mi me hubiera tocado para saltar! No podía tratarse de un milagro, pues, aunque yo me había salvado, habían llegado noticias de que aquel accidente había costado la vida a doce personas, contando entre ellas a los operadores del avión y un comandante del Grupo de Tiradores que había solicitado ese viaje para presenciar un salto paracaidista. ¡Tantos compañeros y, entre ellos, quizás, el que me suplió dada mi baja!

 

Los nombres de esos compañeros caídos, que en paz descansen, son: teniente D. José Cañada Armengod, cabo primero Juan Vargas Hidalgo, C. L. P. de primera José Cuesta Manzano, C. L. P. Luis Cobo Hidalgo, C. L. P. José Benítez García, C. L. P. Ramón Tabarés Vargas, C. L. P. José Gómez Pazos (ferrolano), y C. L. P. Carlos Ramos Suárez de Urbina, que murió en el hospital.

 

Varios heridos con quemaduras, entre ellos, nuestros antiguos instructores, cabo José María Álvarez Cortón y Santiago Santos del Bosque, que salvaron sus vidas al ser lanzados fuera del avión al encontronazo con el suelo, por una de las grandes grietas producidas en el puro del aparato.

 

Es digno de mención el cabo primero Ángel Canales López, que perteneciendo a la siniestra patrulla, está herido en el interior del incendiado aparato con terribles quemaduras en la cara y manos, y que, a pesar del equipo de salto y armamento, sale al exterior, y una vez desprovisto de la impedimenta, vuelve a entrar en el avión, éste un completo brasero, donde se oye el estallido de la munición que en cartucheras iban atadas al cinto de los paracaidistas, ello debido a la alta temperatura que había en el interior del avión, y logra sacar fuera a su compañero Juan Vargas, que expiraría minutos después. El avión está a punto de estallar, pero Ángel Canales vuelve a su interior y sacó al C. L. P. Luis Cobo Hidalgo. Exhausto, Canales cae al suelo y casi carbonizado es llevado urgentemente al hospital. Nadie creía que sobreviviría, pero a pesar de sus quemaduras, horribles quemaduras que vi cuando fui a visitarle, ya fuera de peligro, dos días después, durante el reconocimiento de mi pierna, este héroe

sobrevivió. Se había ganado una medalla y, tarde o temprano, se la concederían.

 

11 de Mayo: Dado de alta por lo de la pierna, entro de guardia para velar a cuatro de los compañeros muertos en el accidente del Junker 36-15, que serían trasladados a España para ser enterrados en sus respectivas ciudades. El resto de los cadáveres sería enterrado en el cementerio de Sidi-Ifni, a unos cuatrocientos metros del cuartel, hacia el sur, y cerca de la torre de control del aeropuerto.

 

25 de Junio: Limpiando una pistola “Star” a Miguel Rojas Cuesta de le escapa un disparo alcanzando a José García Rodríguez en el brazo derecho. A consecuencia de esta imprudencia, el citado herido queda inútil del brazo. Al causante se le impone un breve correctivo, cuando merecía mucho más, a mi juicio.

 

4 de Julio: Marcha desde las tres de la mañana hasta las siete de la tarde, con supuesto táctico en combinación con la sexta compañía de un Tercio de la Legión. En un descanso, aprovechando que habíamos acampado en una playa, nos dejaron bañar. Las playas de Ifini son muy peligrosas y hay que conocerlas bien para evitar ser arrastrado mar adentro. Debido a ello, se dio la orden de formar una cadena humana, a cierta distancia de la orilla, que seria intraspasable por los bañistas. Entre toda aquella algarabía y el correr y el saltar de tanta tropa, parece ser que un bañista desoyó la orden y se metió mar adentro, siendo arrastrado por las olas, las famosas “siete olas” de Ifni.

 

Alguien se dio cuenta del hecho, se propagó la voz y muchos querían ir tras él para ayudarle, pero se dio la orden de que sólo cuatro compañeros que fueran buenos nadadores saldrían en su ayuda. Hubo muchos voluntarios, pero cuatro los elegidos, en especial compañeros de su compañía, la décima paracaidista.

 

Tuvo que ser espantoso. Nadie se imaginaba en ese momento el desenlace de una imprudencia. Todos habíamos sido desalojados de la zona del mar y desde la orilla de la playa seguíamos mudos el intento de salvamento. Sólo uno consiguió llegar a la playa.

Los cuerpos de los otros cuatro habían desaparecido de la superficie de aquellas embravecidas aguas. Se pidió ayuda aérea y marítima.

 

Rastrearon durante horas. Todo fue inútil. Nunca un regreso al cuartel había sido tan silencioso, tan penoso y dolido. Tres de los desaparecidos habían sido de nuestro octavo curso, habíamos compartido sus penas y alegrías

 

5 de Julio: Aparece el cadáver de Francisco Nicolás Muñoz.

 

12 de Julio: Aparecen los cadáveres de Federico Lozano Cuartero, Francisco Rodríguez Molina y Antonio María Blanco. Apenas irreconocibles. Hubo que recurrir a efectos personales que llevaban puestos. Todos ellos fueron enterrados en el cementerio de Sidi-Ifni.

 

16 de Julio: Habiendo sido rebajado de servicio por resentirme de la fisura de mi rodilla, me dan de alta hoy, después de varios días de reposo. Hubo ejercicios de tiro.

 

18 de Julio: Desfile en las calles de Sidi-Ifni. Según comentarios, nuestra Bandera desfiló inmejorablemente.

 

Empiezan a conocerse disturbios en algunos lugares del territorio, provocados por el llamado “Ejército de Liberación”. Sabotaje en la playa de Sidi-Ifni. Arden ochenta mil litros de gasoil. Son detenidos varios pescadores moros, pero sin consecuencias, Alarma en el territorio y constantes vigilancias. Salidas frecuentes de fuerzas en misión de vigilancia. Todo es normal.

 

16 de Agosto: Afectado de una infección furunculosa, llevo varios días rebajado. Con gran sentimiento no puedo acompañar a mi compañía, que sale a las tres y media de la mañana con dirección a Tagragra en misión de reconocimiento. A las catorce treinta y en el lugar conocido por Tiguisit Ygurramen se lleva a cabo un choque con fuerzas adversarias, y después de un fuerte tiroteo, resulta herido el C. L. P. Vicente Vila Pla, con una bala en una nalga. Llevado por la rabia y creyendo al compañero muerto al verle caer, el C. L. P. Ramón Borrego Ortega sale corriendo tras el autor, moro, y con rabia le asesta un culetazo en la cabeza, dándole muerte. Esta es la versión que me

brindan compañeros: que parece ser presenciaron el hecho.

 

Con esta toma de contacto con el enemigo, por parte de la séptima compañía, mandada por el capitán Sánchez Duque, la Agrupación recibe su “bautismo de sangre y fuego”. El libro de su historia ya no está en blanco, ahora empieza en Tiguisit Ygurramen.

 

Los días van pasando sin novedad. Renace la tranquilidad, una tranquilidad aparente. Siguen saliendo patrullas de vigilancia y se establecen diversos puestos de guardia en los puntos principales de Sidi-Ifni, como la central eléctrica, el depósito general del agua, el aeropuerto, los polvorines, etc. Creo que todos pasarnos por estos puestos de guardia, como también creo que el puesto más odiado era el de la torreta en la falda del monte Bulala, a espaldas de nuestro acuartelamiento. Las dos horas de guardia en la torreta eran interminables y por la noche, eternas. Solo, en lo alto de la torreta y rodeado de obscuridad, sólo obscuridad, taladrando con la vista el reflejo de la luz de la luna sobre los lechosos arbustos. Estaba uno vendido allí arriba. Miedo, ¡mucho miedo!.

 

Atento a cualquier movimiento, a cualquier sombra que hasta te imaginabas y con el arma preparada. Son dos horas de tensión continua sólo aliviadas cuando veías avanzar al cabo y tu relevo. Han pasado varios días y no recuerdo el nombre del chaval que, nervioso, disparó a algo que se movía. ¡La que se armó al ruido del disparo! ¡Pobre camello!, al día siguiente encontramos la carne realmente dura. Se corrió la voz de que el propietario del camello se quejó; se le pagó el animal y fue a parar a la cocina.

 

Pedro Motas Mosquera

5 pensamientos en “Diario de un veterano (Pedro Motas Mosquera)

  1. Los que han servido en el Ejército, en las situaciones de ” mayor riesgo y fatiga” no piden nada a cambio. Para ellos, es suficiente el honor de haber servido a la Patria.
    Gracias , Pedro Motas y ,especialmente, a tus compañeros caídos.
    Con un fuerte abrazo. Zunzunegui

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  2. Don Pedro. Su comentario es tan triste y emotivo como hermoso y patriótico; más aún por las formas que le da a estos hechos. Con personas como esas que se entregan dando su todo; esas son las que hacen posible que esto siga funcionando, y por ellas es que España sigue aguantando; aún sabiendo que los políticos son todo lo contrario.
    Reciba el afecto que se merece de este que se emociona con estas cosas y se enfurece con lo contrario.

    Atentamente: Ramón Lencero Nieto

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  3. Gracias a todos por sus comentarios.
    Próximamente seguiré con las interesantes y emotivas vivencias de mi amigo Prieto Q.E.D. testigo de la olvidada guerra de Ifni.
    Un abrazo.
    Pedro Motas

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  4. Muy bien Pedro Motas por esos comentarios tan bien relatados. Yo estuve en ese territorio más de diez años y no tuve la suerte de entrar en combate.

    En relación al mensaje sobre el clero castrense en distintos países, publicado hace días en ese blog, me informan que en España el servicio religioso en nuestras FAS esta atendido por: 110 capellanes ( 15 de Cuerpos Eclesiásticos, 69 de SARFAS, 12 capellanes castrenses retirados,13 sacerdotes colaboradores)
    En el Seminario Castrense ” San Juan Pablo II” de calle del Nuncio nº 15, en este momento hay formándose 15 seminaristas

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