HUMANISMO SOCIAL Y POLÍTICA: RACIONALISMO Y ESPERANZA (Pedro Motas Mosquera)

Humanismo y racionalismo.

En la línea de mis intervenciones anteriores sobre humanismo, en la que prevenía de la flojedad o de la falta de esfuerzo, en este artículo quiero prevenir de una corriente reduccionista que limita al hombre al mero uso de la razón. Entiéndanme bien, no les prevengo contra el uso de la razón, sino contra quienes quieren limitar al ser humano a su uso exclusivo.

El racionalismo es a la razón lo que el historicismo es a la historia. En definitiva, la exaltación de las realidades por encima del valor que tales realidades tienen. Con ello no quiero que piensen que menosprecio la razón. Al contrario, he aprendido de Juan Pablo II (que por ser el Papa de la Iglesia Católica, debería poner la fe por delante de la razón), que la razón nos permite llegar a conocer la existencia de Dios, pero que necesitamos de la fe para conocer sus potencias creadoras y redentoras.

Lo que quiero decir es que el hombre no se reduce solo a razón, sino que en su propia personalidad tiene sentimientos y afectos, emociones y depresiones, voluntad de hacer o de renunciar. Dicho de otra manera, el hombre es capaz de hacer lo irracional, sin que ello signifique una valoración peyorativa.

Es cierto que la explotación de los sentimientos no racionales, cuando se hace con demagogia, puede llevar a los totalitarismos y a las dictaduras. Ejemplos sobrados de ello tenemos en la historia más reciente. Pero también lo es, que es igualmente rechazable un racionalismo que lleve a la frialdad, a la imperturbabilidad, a la indiferencia o a la frigidez.

El humanismo considera como propio de la condición humana que el hombre -y los pueblos- se emocionen, se alegren, lloren, rían, se exalten con moderación, porque, en definitiva, es lo propio de las naturalezas normales, corrientes, esto es, bien formadas.

El racionalismo frío, ajeno a toda emoción, niega la trascendencia de la persona, excluye el sentimiento profundo de la amistad, ignora la esperanza como virtud social, enfría la vida comunitaria, y, por ejemplo, considera la economía como el contenido exclusivo de la historia. Por eso el humanismo, como humanismo integral, considera al hombre en su conjunto, con su razón y con su fe y con sus sentimientos. La sola razón termina por generar excesos.

Y ahora, queridos amigos, les proyecto estas ideas sobre la política.

Desconfiemos del político que no es capaz de emocionarse sinceramente, o que es incapaz de emocionar, alguna vez, a quienes le escuchan. E igualmente desconfiemos de quienes utilizan y aprovechan la emoción para manipular sentimientos y lograr arteramente otros objetivos.

Les digo por experiencia propia, que uno de los pocos momentos de plenitud íntima que encuentramos en la política es cuando nos emocionamos al ver izar nuestra Bandera en “tierra extraña” escuchando el Himno Nacional, o al ver el dolor de las personas cuando entregan a las familias los restos de los que han caído sirviendo a España.

La razón en política es necesaria, si, pero también los sentimientos.

Humanismo y esperanza

Continuando con el análisis de las actitudes humanas que preconiza el humanismo en este artículo hablo también de la esperanza.

Se ha dicho desde ámbitos de la investigación antropológica que la esperanza es el icono esencial de la condición humana. Es posible, pero yo prefiero pensar que, aunque no sea el signo decisivo y único, la esperanza sí es una realidad y una virtud que condiciona a la persona.

Más aún, para el humanismo cristiano, la esperanza tiene un significado mayor, esto es, la esperanza trascendente, la esperanza en el más allá, en la salvación eterna que, aunque esperanza teologal, no por ello desplaza o excluye las esperanzas humanas o de esta tierra. Ambas, no solamente conviven, sino que estas últimas, las terrenas, se ven fortalecidas e iluminadas por aquella, la gran esperanza.

La esperanza no es una actitud vacía, sino que es un poderoso instrumento frente a los problemas y dificultades de la vida, frente al dolor y las enfermedades, frente a las incertidumbres y los desconciertos. Por eso, en la actitud humanista de la esperanza va incluido, como contenido propio, tanto la voluntad para luchar contra tales dificultades, como el deseo de ser ayudado y apoyado por los demás. Cuando hacemos todo lo posible, todo lo que está en nuestras manos, estamos ejerciendo la actitud de la esperanza.

Lo anterior explica que el humanismo considere la esperanza como una actitud necesaria. En una comunidad social, debidamente estructurada, la esperanza del hombre debe partir del propio esfuerzo, al que me he referido en artículo anterior, y desarrollarse cuanto sea preciso, con la ayuda debida, es decir, la que corresponda en justicia y solidaridad de los demás miembros de la misma comunidad.

El político, no está excluido de la actitud de la esperanza. Y no solo eso, el político puede encarnar perfectamente las condiciones que hemos propuesto para constituir su contenido.

Ante todo, debe estar convencido de que puede alcanzar los fines y objetivos que se ha propuesto. Sin ese convencimiento su tarea sería un mero “dejar pasar”. Luego se encontrará innumerables dificultades en su tarea, desde las dificultades técnicas o financieras,  o las que surgen de la incomprensión o la demagogia, hasta las críticas injustas o posiciones partidistas de los medios. Contra estas dificultades ha de enfrentarse con la esperanza de que no le impedirán estar convencido de que puede alcanzar sus objetivos y que no va a renunciar a ellos.

Y en su lucha, el político tiene que buscar ayudas. Ayudas de los hombres y ayudas de la comunidad. Si hay algún ámbito de la vida donde no sobrevive el “lobo estepario” es en el ámbito de la lucha política.

La esperanza nos ayuda, queridos amigos, a avanzar por la vida, puede, incluso, que sin darnos cuenta. Pero si nos paramos un momento a reflexionar, en todo cuanto nos proponemos, está implícita la esperanza de conseguirlo, que nos obliga a poner los medios necesarios y a demandar, en su caso, la ayuda de los demás.

Reciban un cordial abrazo de

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

19 diciembre 2017

4 pensamientos en “HUMANISMO SOCIAL Y POLÍTICA: RACIONALISMO Y ESPERANZA (Pedro Motas Mosquera)

  1. Francamente grandiosa y autorizada lección que nos ayudará en nuestro desconcierto y estupor por lo que ocurre, que no por previsto y temido es menos aterrador.

    De todo el artículo, me aferro a la esperanza.

    Muchas gracias.

    Con más emoción y preocupación que nunca hasta este momento,

    ¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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  2. Buenos días, mi general y D. Pedro Mota Mosquera:

    Magnifica exposición muy necesaria, más que nunca, en estos días, y de ahora en adelante.. tal como se avecinan las cosas.. me duele España. También estoy preocupada.

    personalmente, me quedo con la ” Esperanza Trascendente ” para seguir adelante, mejorando en todo lo posible con inteligencia , y buen hacer.

    Infinitas gracias por su magistral escrito, D. pedro, un afectuoso saludo..y !Feliz Navidad.!

    Un afectuoso saludo mi General.

    !! VIVA ESPAÑA !!

    Josefa López del Moral Beltrán

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  3. Artículo pleno de riqueza antropológica, no exenta de matices, donde la conjunción humanismo y esperanza avanzan paralelamente y sin entorpecerse; a pesar de los predicados que los neocolonialistas de la política utilizan, revestidos de “teóricos”, y cuyas intenciones, nada racionales, no entiendo a comprender, al estar incluidas en una especie de ceremonia de confusión, cuyo objetivo es arrebatar, sin ética y estética, nuestras señas propias de identidad. Con mis respetos y disciplina hacia nuestro General, un abrazo navideño, revestido de felicitación sincera, como procede en este tiempo de expectación por la llegada del nacimiento del Hijo de Dios.

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