Humanismo social, respuesta al miedo y al heroísmo (Pedro Motas Mosquera)

Humanismo social y respuesta al miedo

Queridos amigos:

Se ha dicho que sobre el hombre moderno recaen grandes amenazas que hacen que viva con miedo. Amenazas sobre su trabajo y sobre el destino del resultado de su trabajo. Temor por la explotación de la naturaleza. Temor por el uso de armas capaces de destruir la tierra. Temor por nuestro futuro inmediato. Temor por el futuro de nuestros hijos. Temor a perder o a que me quiten lo que he conseguido con tanto esfuerzo.

Estas amenazas pueden convertirse de manera imprevisible en objeto de “alienación”, término muy querido por las teorías marxistas. El drama de la existencia humana consiste en que los frutos del trabajo, que es la parte esencial de nuestra vida,   son entregados y no sabemos su destino ni si han merecido la pena.

El humanismo social y cristiano tiene respuesta a este drama.

1º. El verdadero sentido del progreso técnico es que vaya de acuerdo con el progreso moral y espiritual del hombre; es el que hace avanzar (progresar) y no retroceder; es el que hace prevalecer el bien sobre el mal en el mundo; es el que hace crecer el amor social y el respeto a los derechos ajenos; es el que promueve la generosidad frente al egoísmo; y es el que promueve el amor a la patria frente a los nacionalismos  radicales.

2º. El orden moral tiene unas exigencias que implican la prioridad de la ética sobre la técnica; la prioridad de las personas sobre las cosas; la prioridad del espíritu sobre la materia. El desconocimiento o el incumplimiento de esta sencilla escala de valores, explican los males que aquejan al hombre y al mundo.

3º. La confrontación entre humanismo y materialismo se pone de manifiesto en que aquel propugna librarse de la esclavitud de quienes miran a “tener” más que a “ser” más. El humanismo defiende que el hombre vale más por lo que es que por lo que tiene. Y ello es así porque la dignidad del hombre está en ser persona, y porque en la tenencia de bienes materiales, todos los hombres valemos lo mismo.

4º. El sentido esencial de los poderes públicos es actuar para el bien común o los intereses generales a través de la participación de la sociedad concretada en elecciones libres. En la relación bien del ciudadano/bien común, deben rechazarse las abstracciones del segundo en detrimento del primero. El bien de las personas en su dimensión comunitaria se concreta en programas, sistemas o regímenes políticos.

5º. La solidaridad debe buscar instituciones y mecanismo adecuados, tanto en los intercambios (guiados por una sana competencia), como en una amplia e inmediata redistribución de la riqueza, para que los pueblos y las regiones en vías de desarrollo puedan colmar sus exigencias vitales básicas y avanzar gradualmente.

6º. La conversión de mentalidades y de corazones, que es una constante del pensamiento y de la doctrina cristiana requiere el compromiso de hombres y de pueblos libres.

7º. El desarrollo económico tiene una perspectiva universal que no puede desconocerse. Si se desconoce, la mera categoría de progreso económico se convierte en una categoría superior que subordina el conjunto de la existencia humana a exigencias parciales y concretas, disgregando la sociedad que acaba ahogándose en sus propias tensiones y excesos.

Y ahora nos preguntaremos, queridos amigos, si estas siete respuestas son aplicables en los momentos políticos y económicos que vivimos. Os diré que sí los son, pero que no se aplican, por eso nos va como nos va.

Humanismo y heroísmo

Tal vez parezca extraño que entre las actitudes del humanismo, que estoy comentando en estos artículos, mencione el heroísmo. Tal vez parezca extraño porque la idea que tenemos del héroe es la de un ser excepcional que ha tenido un comportamiento excepcional  y en circunstancias excepcionales.

Pero esta idea nuestra no es correcta. Nos asombraría comprobar los actos y las actitudes heroicas que se dan cotidianamente y en las circunstancias más ordinarias. Porque el heroísmo tiene una perspectiva moral que lleva a las personas a cumplir con su deber, más allá de lo que el deber exige, y es en ese “más allá” donde el deber deja de serlo para convertirse en heroísmo.

Con frecuencia se atribuye en exclusiva la condición de héroe al que da su vida por una causa, ya sea voluntariamente, ya sea inevitablemente. Ocurre así con las víctimas del terrorismo, o con los miembros de las Fuerzas Armadas, que cumplen su juramento de dar “hasta la última gota de su sangre” si lo exige la misión de guerra o la misión de paz. Pero tal condición exclusiva no es justa, porque igual condición heroica la tienen quienes viven o han soportado la amenaza terrorista, o quienes arriesgan sus vidas en aquellas misiones, aunque no la pierdan. Lo mismo podía decirse de los Cuerpos de Seguridad que velan por nuestra paz ciudadana.

Miremos con mucho respeto, queridos amigos, a quienes han soportado aquellas amenazas, a quienes viven con el recuerdo de sus seres queridos arrebatados por el terrorismo y a los profesionales que juran entregar su vida, que la arriesgan y que a veces el riesgo se hace realidad y la entregan.

En ambas situaciones, la de la vida civil o la de la vida militar, subyace la misma idea, el heroísmo, sin egolatría, dice razón del cumplimiento de los deberes que implican una cierta entrega a los demás, por encima de lo exigible como antes dije. En ese camino se recorren una serie de etapas, que no es otra cosa sino una vocación de servicio a los demás.

¡Qué pena no darnos cuenta de que vivimos rodeados de héroes!: las amas de casa, las madres de familias numerosas, las que concilian su condición con el trabajo, el profesional que no tiene en cuenta las horas ni los horarios, los que nos proporcionan seguridad a cualquier hora del día o de la noche, los que cumplen sus obligaciones con alegría contagiosa, los que encuentran su vocación y se entregan a ella sin límite, los que no dejan de mejorar el trabajo que desarrollan, los que ponen pasión y ternura en lo que hacen, los que ponen su alma en ello, los que se niegan el descanso o el ocio para que lo tengan los demás, los que cuidan y se preocupan de hacer bien las cosas que hay que hacer, los que no se abandonan para evitar caer en el abandono, los que superan la tentación de un odio justificado, o los que pasan olímpicamente de la incomprensión o de la intolerancia.

Y la pregunta que nos habrémos hecho a estas alturas del artículo es ¿son héroes los políticos?

No lo son quienes van a la política para satisfacer su ego o su afán de protagonismo o popularidad; quienes van a la política porque no saben hacer otra cosa y no tienen dónde ir; los que van a la política sin preparación; y los que van a la política a enriquecerse y a corromperse.

Pero sí lo son los que van a la política con el objetivo de servir a la comunidad, de ayudar a resolver los problemas de los ciudadanos, de colaborar con competencia y lealtad en la ejecución de un programa electoral; sí lo son los políticos que aportan su preparación profesional y su experiencia para abordar y conseguir los objetivos del bien común; y lo son los políticos que sacrifican su tiempo de descanso y convivencia familiar, su patrimonio y, en ocasiones, su salud.

Tendremos que aprender, queridos amigos, a distinguir unos de otros.

Un fuerte abrazo a todos.

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

6 pensamientos en “Humanismo social, respuesta al miedo y al heroísmo (Pedro Motas Mosquera)

  1. Buenas tardes D, Pedro Mota:

    Me ha encantado, su escrito ” Humanismo social y respuesta al miedo y al heroísmo” que és, verdad verdadera.
    Y sus matices finales, de lo que deber ser un buen politico, para buen servir a su patria y sus conciudadanos que lo votan .. así deberían ser todos.. y ahora en las elecciones próximas, estamos a tiempo de cambiar el panorama politico por uno mucho mejor, si sabemos elegir bien y votar mejor.
    Gracias, D, Pedro,por su escrito.

    Un saludo afectuoso.

    Josefa Lopez del Moral Beltran.

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  2. Estimado Sr. Motas:
    Su artículo sobre el Humanismo Cristiano es de mano maestra.
    Ha ido Ud. a tocar una de las raíces fundamentales de los males que la sociedad padece, porque nuestras generaciones se están “comiendo” -y disculpe el lenguaje coloquial- todo el neoliberalismo económico que nos lleva al precipicio del “tanto tienes, tanto vales” de la era Trump, pongo por caso.
    Revisando sus obras (algunas ni lo necesitan) habría que reeditar desde a (el orden de factores….) San Isidoro de Sevilla, Sto. Tomás, Jaime Balmes, Luis Vives, Menéndez Pelayo, Vázquez de Mella, en otro orden de cosas, (pero como no mencionarlos) D’Ors, Víctor Pradera o Ramiro de Maeztu, etc frente al materialismo de Lutero, o Shopenhawer (o como diablos se escriba, ahora no recuerdo la ortografia del nombre del autor de “Porqué no soy cristiano”), pasando por Hegel, Henguels, Marx, Trotsky, Rosa de Luxemburg, o Gramsci. Y omito a proposito, al autor de la “Critica de la razon pura” acordandome de ese conocido politologo, profesor universitario por más señas, que hablando de Kant, desconocía el nombre de su obra fetiche….
    En fin Sr MOTAS, que ha sido un gustazo leerle, pero pregunte Ud. a cualquier universitario español por los “padres” del humanismo cristiano español, y verá Ud. como le contestan diciendo que ni idea, mientras que pregúnteles Ud. por filósofos, literatos, pensadores o politólogos materialistas, o en román paladino (que a mi me gusta que todo el mundo pueda comprenderme), pregunte Ud. autores de la izquierda y verá Ud. como le mencionan nombres en cascada.
    Tengo que dejarle, pero repito, ha sido un placer leerle.
    Cordialmente le saluda
    Esperanza González de Fonseca Marco

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  3. Estas reflexiones de Don Pedro Motas Mosquera son para leerlas varias veces. Son aplicables a todos los seres humanos conscientes de serlo en su pleno significado.
    Todos tenemos la oportunidad de ser héroes: el soldado, los padres, los maestros…, en fin, cada uno en su función.
    Quisiera destacar la generosidad y justicia de Don Pedro al exaltar al deseado político heroico. Aquel al que le mueve únicamente el servicio a la comunidad sin salirse nunca de lo que pide la rectitud de conciencia. Unos dicen: la política es una selva. Otros: es el arte de lo posible. Ambas definiciones parecen justificar la elección del mal menor para conseguir objetivos justos. El político heroico y coherente nunca elegiría el mal ni mayor ni menor como peldaño para alcanzar un supuesto final feliz. Para conseguir el ejercicio del poder por muy justo y benéfico que se pretenda, jamás buscarás los votos del aborto ni de practicantes de ceremonias contra natura ni de los golfos redomados de cualquier pelaje. Por ese camino no se va a ningún equilibrio ni individual ni de sana convivencia. Amigos del PP , Ciudadanos, Psoe etc. No consiste en ofrecer un programa con menos perversión que el vecino.
    Con el panorama que presentan los noticieros, parece como si no tuviéramos otra opción que dar nuestra confianza al menos corrupto, al menos degenerado, al menos mentiroso o prevaricador…. Como si no hubiera otra cosa que estos siniestros farautes de las siete plagas.
    Los españoles estamos necesitados de buenos ejemplos. Invitaría a los “medios” a que con sus sagaces periodistas de investigación buscasen a algún político honrado y competente – que los hay, seguro- y lo trajeran a primera plana y sirviera de estímulo a nuestros jóvenes para que la Política recobrara su primigenio sentido.
    Recuerdo, honor y gratitud a todos los políticos valientes y honrados, en especial a los héroes que pagaron con su vida este generoso servicio a la comunidad

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  4. Nosotros, los mayores, hemos sido formados y hemos vivido y practicado unos valores basados en eso, en el humanismo cristiano. Esas son las raíces de Europa y en particular, de España. Europa, a pesar de las dos guerras mundiales que la asolaron, conservó parte de esos valores hasta hace unos años. Y España, que a partir de la pérdida total de los últimos jirones de su imperio, entró en caída libre hasta desembocar en el aquelarre de la Segunda República, entregada en cuerpo y alma al materialismo de los sin Dios, fue salvada in extremis a costa de ríos de sangre generosa y regenerada moralmente para cuatro décadas.

    Y a partir de ahí, comenzó de nuevo, al principio casi de forma imperceptible, otra vez la caída moral. Y de unos años a esta parte, entre la corrupción política generalizada, de la que no escapa nadie, a unos niveles jamás imaginados, el egoísmo y egocentrismo de los partidos políticos y de sus líderes y sus ansias de gobernar a toda costa, aunque sea entregando su alma al diablo y pasando por encima del cadáver de quien haga falta, sin importarles el interés común, hemos llegado a estar hoy en manos y al albur de los traidores, y ni siquiera queda un mínimo de valentía para hacer cumplir las leyes. El espectáculo al que asistimos es bochornoso. La mitad de una población está con un lavado de cerebro y un radicalismo y sectarismo muy peligrosos, y así hubiera mil convocatorias de elecciones, continuarían eligiendo lo mismo y sin desbloquear la situación.

    Y mientras tanto, una serie de reos de alta traición continúan sueltos por ahí y hasta decidiendo seguir burlando a la Justicia pretendiendo ser investidos en ausencia para gobernar desde el exterior y eludir sus gravísimas responsabilidades. Primero, y así lo dije en su momento, fue un error imperdonable convocar esas elecciones de forma tan inmediata y sin haber normalizado antes la situación con la Ley en la mano. Segundo, unas personas que tuvieron que ser destituídas por Ley de sus cargos, tendrían que haber sido ipso facto inhabilitadas para concurrir a esas nuevas elecciones. Y lo que se ha hecho ha sido reforzarlas en el apoyo de sus incondicionales. A ver quién reconduce esto ahora. Ya lo único que nos falta, puestos a hacer dejación del deber, es plegarnos a los hechos consumados, e indultar o amnistiar a todos esos delincuentes que tienen en jaque a toda la nación, y pagarles la factura de su larga excursión de clase business.

    Nunca se había visto en España, en ochenta años, ni a tanto enemigo dispuesto a destruirla, y lo que es peor, ni a tanto oportunista cobarde dispuesto a permitir felonías para salvar el pellejo.

    ¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!.

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