HUMANISMO SOCIAL Y POLÍTICA(Pedro Motas Mosquera)

Compromiso

Queridos amigos:

Una de las ideas más importantes para comprender la noción de humanismo es la de compromiso. La persona, además de nacer en el seno de una comunidad social, lo hace también dentro de una comunidad política, por lo que el desarrollo de su vida se lleva  a cabo en un marco definido por los elementos y caracteres de ambas comunidades. No es lo mismo nacer en una comunidad libre, que en una comunista o sin libertad.

Si a la altura de los tiempos que vivimos no puede discutirse que el hombre tiene una naturaleza social por necesidad, ya que aisladamente no podría conseguir su desarrollo como persona, hay que aceptar, en consecuencia, que junto a la necesaria propensión comunitaria, exista también en el hombre un egoísmo instintivo, o si se quiere, una permanente afirmación del “yo”.

Entre estas dos propensiones aparece la idea de compromiso.

Ante todo, sirve para superar la del automatismo de la inserción del hombre en la comunidad política. No se trata de un determinismo o fatalismo sin posibilidad de alternativa. Desde la perspectiva moral, el hombre se compromete con la comunidad en que se encuentra inserto, como decisión que asume personal y libremente.

La idea humanista de compromiso no significa que se acepte simplemente cumplir las obligaciones o ejercer los derechos que lleva implícito la pertenencia a una comunidad determinada. A eso se llamaría “cumplir con los deberes de ciudadano”. Pero el ideal humanista de compromiso va más allá.

Significa que, por encima de la condición de ciudadano, se asume un “plus”, algo más de lo que imponen las leyes. Significa un propósito de plenitud personal superador de los derechos y obligaciones normales y comunes. Significa que esa plenitud se quiera alcanzar, de forma directa o indirecta, más o menos explícita, mediante una adicional entrega a los demás o al servicio de la comunidad.

El humanismo no se limita a la preocupación por el bienestar material del ciudadano, sino que trata de infundirle un estímulo positivo, un mensaje de solidaridad, y una invitación a la perfección social, además de la personal, porque mientras los derechos o deberes nos son otorgados o exigidos por el hecho de pertenecer a una comunidad, el humanismo quiere conducir al hombre, a través del compromiso, a una voluntad de superación de tales niveles comunes, mediante el servicio a los demás no exigible legalmente.

Pero si el compromiso le es exigible a cualquier persona ¡fijaros, queridos amigos, el juego que estas ideas pueden dar en el compromiso político! El político imbuido de los ideales del humanismo no puede aspirar a desempeñar un cargo público pensando simplemente en cumplir las cargas u obligaciones del mismo, o ejercer los derechos y potestades (autoridad pública) que les sean otorgados, o disfrutar de los privilegios o medios excepcionales anejos al cargo.

El compromiso político, en los términos del humanismo, es ir más allá de todo eso. Significa entregarse al servicio de la comunidad para atender y resolver las necesidades de los ciudadanos, más allá de aquellas obligaciones, o derechos o privilegios. Significa entregarse hasta el agotamiento diario físico e intelectual. Significa renunciar a horas de descanso y convivencia familiar. Significa renunciar a la privacidad e intimidad de la vida privada, para estar expuesto, permanentemente, a los focos en la plaza pública. Significa, en fin, llegar al final de la etapa que le toque servir, con la plena convicción de haberse entregado sin reserva alguna, aunque sepa de antemano que nadie lo va a reconocer, ni mucho menos agradecer.

Actitudes humanas

Y ahora os hablo de actitudes humanas como distintas de las actitudes políticas, aunque como vereiss al final de este artículo, sería deseable que aquellas se proyectaran sobre estas. Las actitudes políticas son susceptibles de multitud de criterios de clasificación, como por ejemplo, los que diferencian las actitudes reaccionarias, las conservadoras, las progresistas, etc.

Pero a las que yo me refiero ahora son a las actitudes vitales del ser humano, es decir, las que contemplan la condición humana desde el punto de vista personal.

La primera actitud humana a la que me refiero es la del sentido de la reflexión, del análisis de los problemas y acontecimientos, y de la meditación. No puede negarse que el hombre actual se ve acosado, prácticamente, las veinticuatro horas del día por todo tipo de noticias, datos, informaciones, opiniones, tertulias, reportajes, valoraciones, e-mails, mensajes; y, además, a través de todo tipo de medios: radios, TV, medios escritos, semanales, móviles. Sin prestar especial atención, es posible que una misma información o noticia sea recibida en siete u ocho ocasiones a lo largo del día, y repetidas al siguiente.

Frente a lo anterior se impone, vitalmente, la búsqueda de la autonomía personal, de la formación de un criterio propio, de tener una opinión diferente. Y ello solo puede hacerse mediante la reflexión, el análisis y la meditación.

En segundo lugar, el humanismo preconiza una actitud ilusionada ante la vida, a medio camino entre el realismo y la utopía. Pero estaros atento. Para la actitud conservadora el realismo sirve de pretexto al inmovilismo; mientras que para la actitud progresista, el realismo es el pretexto y argumento para descalificar a quien se oponga a su propia posición.

Además, la utopía (al margen del marxismo, que hace de ella un mito totalitario) ha de ser defendida como la esperanza en un mundo mejor. En definitiva, la ilusión hace más humanos nuestros objetivos y propósitos, permite el descubrimiento progresivo del quehacer de la humanidad y acompaña siempre a quien se “compromete” con la comunidad.

Una tercera actitud, está en relación con el trabajo, y es el sentido del esfuerzo. La pérdida de este sentido lleva a consecuencias a cual más rechazable: la falta de responsabilidad, la injusticia de retribuciones iguales para quien sí la mantiene, el desinterés por cualquier tipo de ideal, la falta de calidad y productividad, etc. No es infrecuente el caso de quien se esfuerza con gran sacrificio por alcanzar una meta, y una vez lograda, abandona toda su energía para dejarse “flotar”. Para el humanismo, el esfuerzo es consustancial con la vida y con el trabajo, y es el signo distintivo de un “compromiso” personal.

Finalmente, en esta primera aproximación a las actitudes humanas, os prevengo, queridos amigos, contra la tentación de la flojedad. El humanismo no consiste en amontonar esquemas de derechos, facultades o reivindicaciones. Y tampoco en insuflar en el hombre sentimientos de abandono, de “pasar”. Ni es una doctrina idílica que ignora los problemas, las tensiones y los conflictos.

Por el contrario, el humanismo consiste en afirmar que la reciedumbre es condición necesaria en el ser humano, es decir, la entereza para exigir el ejercicio de los derechos, para enfrentarse al dolor, para ayudar a los demás, para servir a la comunidad, porque la justicia, el desarrollo de los pueblos y la paz social siempre demandan sacrificios, tomar decisiones difíciles y energía personal.

¡Ojalá, queridos amigo, pudiéramos encontrar en todos nuestros políticos reflexión, análisis y meditación;  una actitud ilusionada entre el realismo y la utopía; el sentido del esfuerzo; y la reciedumbre!

Recibid un cordial abrazo.

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

14 febrero 2018

5 pensamientos en “HUMANISMO SOCIAL Y POLÍTICA(Pedro Motas Mosquera)

  1. Muy interesantes consideraciones sobre la importancia del “humanismo” para la salud de la sociedad.
    Leyendo sus consideraciones, me ha venido de inmediato a la mente lo que preconizan las Reales Ordenanzas: “El contentarse con hacer lo preciso de su deber, sin que su propia voluntad adelante cosa alguna…. son causa de gran desidia e ineptitud para la carrera de las armas”. Nada pues tiene de extraño “Que ese ejército que ves…vago al frío y al calor, la república mejor es y la más política del mundo”.
    En consecuencia, que las virtudes militares, entroncan con el humanismo y su importancia para la salud social. Lo sabemos muy bien los militares y los que como usted, D. Pedro Motas, llevan el espíritu militar cosido al alma.
    Con mi enhorabuena, reciba un fuerte abrazo.

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  2. Buenas tardes D. Pedro Motas, :

    Magnifico escrito , desarrollo y consideraciones, sobre ” el humanismo ” y sobre todo, de todo ello, la conclusión final de su análisis , como deseo, para la actuación de los politicos , y en la politica actual, en la situación en la que nos encontramos, me ha gustado mucho..

    Enhorabuena , e infinitas gracias ,pues, hoy también he aprendido un poco más.

    Un cariñoso saludo.

    Josefa Lopez del Moral Beltran..

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  3. Estimado Pedro:
    De tu estupendo artículo me quedo con el último parrafo porque comparto ese mismo deseo, aunque mucho me temo que no lo veremos cumplido. Y lo digo con pena. Porque penoso es ver la actitud, partidista y contraria al sentido común y al sentir de la mayoría de españoles, de los politicos en el conflicto de Cataluña.
    Y con tu permiso voy a expresar también yo un deseo:
    Ojalá que este estupendo blog siga aumentando su número de seguidores. Tal vez así consigamos que nuestros políticos se “esfuercen, reflexionen, analicen y mediten”.
    Un fuerte abrazo.

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  4. Muy interesante planteamiento. Pero me temo que exponer estas reflexiones y hablar de humanismo a nuestra clase política actual, es, como dice una canción, echar margaritas a determinados animales.

    Europa se forjó y evolucionó con el humanismo cristiano y esas son sus raíces. Y de España, que decir si hasta los Reyes llevaban el apelativo de católicos. Pero los políticos, desde hace cuarenta años como mínimo, lo primero que hicieron fue prescindir de Dios y desterrarlo comenzando por la escuela. Y nadie, excepto alguna voz suelta clamando en el desierto, movió un músculo para pararles los pies.

    Ahora, la solución es más difícil aunque no imposible. Todo es cuestión de recuperar el control de la cultura y la enseñanza.

    Que viva España y Dios nos marque el camino.

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  5. Admirado Pedro : Todo lo que señalas nos viene a decir que la ignición, el motor que hace tirar hacia adelante es ese grupo organizado de personas al que llamamos partido político, nación, ONG, u organización de cualquier tipo, que suele desenvolverse en torno a un líder (podría hablarse de los problemas de poder en la vida social), aunque en muchas de ellas hay de todo menos humanismo, algo muy nocivo para la salud; y se sigue ignorando en muchas capas.

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