LA MUJER, LA CALIDAD y LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO Pedro Motas Mosquera

En la clasificación de las especies, aparecemos como “homo sapiens“, pero si miramos a la prehistoria habría sido más exacto decir “feminasapientis”, ya que “fue la mujer quien tuvo la sapiencia para dar el salto desde el Paleolítico al Neolítico“.

La perspicacia de aquella mujer descubrió que una semilla caída accidentalmente en la basura producía una espiga y que unos cachorrillos guardados como juguetes para los niños, se hacían adultos y podían reproducirse en cautividad. Decimos que la experiencia es madre de la ciencia: La mujer había inventado la agricultura y la ganadería. Pero su fino espíritu desarrolló también el sentido de la propiedad y del intercambio de excedentes. Así apareció un inicio de Comercio y de Servicios.

Esta revolución neolítica, debida a la sabiduría femenina y quizás a su innato sentido práctico de guardar y permutar, representó un espectacular avance en la calidad de vida del ser humano, es decir, del Hombre.

Estudios definen al Hombre como una realidad, con caracteres diferentes a los de otras realidades. Pero una realidad que tiene que ir haciéndose. Gracias a sus acciones el Hombre es persona humana frente a todo lo demás. Y esas acciones pueden y deben tender a aumentar la calidad del Universo. En particular, la calidad de los aspectos personales empezando por los más elementales, aquellos que constituyen la vida del hogar, la vida diaria. Si los varones repasamos nuestras vidas, comenzando por la infancia, caeremos en la cuenta que han sido prioritariamente mujeres quienes han contribuido a nuestro bienestar, quienes han dado calidad a nuestras vidas. Y si, al llegar a edad adulta, hemos tenido la suerte de encontrar a nuestra media naranja, podremos atestiguar aquel viejo dicho: “cada hombre llega hasta donde su mujer le impulsa”.

Cuando hablamos del Hombre como artífice de la Calidad, estamos implícitamente reconociendo ese papel que la mujer ha desempeñado y aún desempeña en la Calidad de Vida. Pero también pensamos en las numerosas mujeres que hoy trabajan por la calidad en general, a veces de una manera sencilla e ignorada, a veces de una forma clara e impetuosa. Y siempre con una supremacía sobre el varón: Su belleza, simpatía, instinto, buen saber hacer, resistencia física y síquica; en suma, la elegancia, que también refuerza la Calidad. Y no digamos si pensamos en la “producción” de la mujer, ¿Quién puede tener más calidad que una madre?

No hay duda de que la mujer nos sobrepasa en muchos aspectos, aunque tiene esa otra virtud de poder pasar inadvertida, dejándonos a los varones los laureles de lo conseguido. Y esto es también una accióncalitativa, es decir, de Calidad.

Naturalmente, los varones también hacemos calidad, quizás más aparente y menos sutil que la que ellas hacen. Al hablar del Hombre como hacedor de calidad, parece que los varones ocupamos un lugar preferente, pero es sólo porque las mujeres nos lo permiten. Ambos sabemos que, para alcanzar una auténtica calidad en nuestras vidas, necesitamos la amistad, el aprecio, la estabilidad y el amor, que sólo el otro sexo nos puede dar.

Hasta aquí la Calidad de la Mujer, calidad que conocí durante mi niñez y juventud a través de mi madre Q.E.D. y que muchos de vosotros también habéis conocido; pero vayamos a la actualidad de la ideología de género, con una calidad cuestionable:

La Ideología de Género quiere el poder, hegemónico e incuestionable y en todos los órdenes: el político, cultural, moral, social y económico. Su fin es transformar las instituciones, incluidas las leyes, para hacer efectivo su poder. Incurre en la tentación totalitaria y esto resulta extremadamente grave.

Es particularmente grave porque ya es la ideología hegemónica en España y en otros países europeos. Es decisiva en los planteamientos políticos de los partidos liberales, socialdemócratas y postmarxistas. Controla instancias burocráticas de Naciones Unidas y de la Comisión Europea. Es una confusión más sobre la que avanza.

Ella vive de la confusión a partir de la colonización del lenguaje. Para algunos, el concepto de género es una forma más fácil, incluso breve, de sustituir la palabra hombre y mujer. Hay que decir rotundamente que no es lo mismo, que no es su equivalente, y que aceptarlo equivale a propagar el marco de referencia de una ideología para la cual no existen hombre y mujeres tal y como los entendemos.

Se presenta como el marco donde se realiza un determinado feminismo. Hay que deshacer la confusión porque para esta ideología la mujer real, con sus características y condiciones objetivas concretas, no existe. Solo le interesa la mujer como: instrumento de lucha contra el patriarcado y solo en la medida en que se ajusta a su teoría. Esta es la razón por la que de la condición más mayoritaria y específica de la mujer, la maternidad, sus necesidades, situaciones de injusticia y carencias, no le interesan en absoluto. Pero sí la paridad en listas electorales y en los consejos de administración, dinero y poder.

No le interesa la igualdad real, porque instrumentaliza la realidad para que se ajuste a su teoría. Y su teoría dice que vivimos en una sociedad patriarcal dominada por los machos heterosexuales, basada en la explotación de la mujer y otros géneros. Para ello aduce desigualdades reales que sufre la mujer.

No le interesa la igualdad real porque desvía la atención de las causas objetivas de la desigualdad, las económicas, derivadas del modo de producción y las relaciones que determina, así como la desigualdad de oportunidades que se genera. El paradigma fue el Ministerio de Igualdad de Zapatero. Un gobierno socialdemócrata que creó un ministerio para la igualdad sin ninguna función económica, centrado solo en el conflicto entre la “clase mujer”, homosexuales, bisexuales, etc. contra la “clase macho heterosexual”.

Las administraciones públicas y las empresas utilizan el concepto de igualdad de género como equivalente sustitutivo de “igualdad entre hombre y mujer” pero, al asumir este lenguaje están incorporando una carga ideológica política extraordinaria. Están permitiendo que el lenguaje y, por tanto, las ideas, sean colonizadas por una ideología extraña.

En esta ideología no existen el hombre y la mujer como consecuencia de su naturaleza biológica. Solo cuenta la construcción cultural, que da lugar a sujetos cambiantes a su voluntad. Es el imperio de la subjetividad, de la desvinculación. Todo ello da lugar a una gran fragmentación. La unidad del ser humano en su especificad de hombre y mujer se ha transformado en multitud de identidades que exigen su reconocimiento político, y la existencia de derechos y prerrogativas específicas junto con los heterosexuales. Por eso, la maternidad y la familia no tienen lugar en esa sociedad de roles inciertos, movidos solo por la pulsión del deseo sexual y la destrucción del papel de la mujer y el hombre.

Es una ideología política que destruye el concepto objetivo de naturaleza humana, su fundamento material objetivo, su delimitación biológica, negando la realidad y sustituyéndola por la pulsión subjetiva del deseo sexual elevado a categoría política. Niega toda verdad a otras concepciones, a las cuales persigue por medio de la censura, la represión, la descalificación personal y mediática. Promueve el camuflaje de las causas económicas de la desigualdad, y al corroer el significado de ser humano, prepara las mentalidades para el Posthumanismo.

Es la exacerbación del yo desvinculado, porque destruye la relación fundamental de alteridad mujer-hombre, base de toda la civilidad y civilización humana, sitúa a la maternidad en un papel marginal y afirma que es posible prescindir de nuestra condición biológica. Y esta es la preparación del Posthumanismo.

En definitiva la ideología de género significa la destrucción de nuestra civilización. Una sociedad justa y su economía no pueden sobrevivir a esta confusión, desorden, arbitrariedad y persecución del hombre, porque destruyen los fundamentos de la naturaleza, su comprensión antropológica, su manifestación cultural y, con ello, las instituciones sociales que, como la familia, son necesarias para nuestra vida común.

Y concluyo con la añoranza que me produce el recuerdo de mi madre, que se adelantó a su tiempo como profesional destacada, mujer valiente y madre que supo también ocupar el puesto de mi padre, al que no conocí por nacer dos meses después de su muerte.

Un fuerte abrazo a todos.

Pedro Motas Mosquera

Blog generaldavila.com

27 febrero 2018

5 pensamientos en “LA MUJER, LA CALIDAD y LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO Pedro Motas Mosquera

  1. Buenas tardes D. Pedro Motas Mosquera:

    Preciosa su exposición, científica, con los conocimientos de la historia, desde el Paleolítico al Neolítico.. todo un desarrollo relacionándolo con la inteligencia de la mujer. Hoy he aprendido algo mas de todo ello .

    Añadiendo la gravedad actual de la ley de ideología de genero..tan desconcertante y nefasta para la humanidad.

    Y muy emotivo, con el recuerdo familiar de los valores como madre primero haciendo de padre y madre, , , como persona y como profesional, de su madre, que, D.E.P.
    Me ha gustado mucho.

    Infinitas gracias, y un cariñoso saludo.

    Josefa Lopez del Moral Beltran

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  2. Estimado Sr. Motas:

    Muchas gracias por su precioso artículo, acertadas reflexiones y emotivo final. Gracias por compartirlo.

    Comparto con Vd. lo tan acertadamente dicho, se puede decir más alto pero no más claro.

    Un fuerte abrazo y Viva España!

    Benigno Castro

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  3. Sin duda el hombre y la mujer deben ser iguales en derechos y obligaciones, pero en pocas cosas más. La Naturaleza nos hizo distintos para ejercer distintos roles. Si las feministas pudieran imponer sus condiciones al cien por cien, seríamos los hombres quienes tendríamos que empezar a reivindicar nuestros derechos. Aún no llegamos a eso y ya están cometiendo muchos abusos sobre los hombres.

    Según el feminismo, toda forma de violencia doméstica ejercida por el hombre contra la mujer cae en la categoría de violencia de género, no así la viceversa, arguyendo que el hombre lo hace por machismo –como si de una ideología se tratase– y la mujer en cambio en defensa propia. Pero está claro que no todos los hombres son cavernícolas agresivos ni todas las mujeres son princesas indefensas.

    Las políticas adoptadas en esta línea, aparte de ningunear o silenciar la violencia ejercida por la mujer, suprimen la presunción de inocencia del varón, uno de los pilares de todo estado de derecho, y a veces determinan condenas más duras para ellos que para ellas por el mismo delito, pisoteando desvergonzadamente la igualdad ante la ley.

    Si en vez de hablar de hombres y mujeres, hablásemos de personas, todos tendrían más claro el tema de los derechos. Serían realmente los mismos para unos que para otros sin tener que volcar la balanza legislativa hacia un lado sólo porque unos y otras cuentan con atributos distintos.

    Nos limitaríamos a cumplir una normativa común sin que ahora fuesen los hombres las víctimas de la discriminación. No es otra cosa la legislación que se está desarrollando.

    Pero no lo conseguiremos. A ellas, las feministas, les va bien así.

    Y si alguien cree que esto es un comentario machista, no era esa mi intención. Se trata de defensa propia.

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  4. Es cierto que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer que le sugiere, y que con su mente analítica y pragmatismo le puede guiar en las decisiones transcendentales. El hombre es más confiado y fácil de manipular porque en su exceso de confianza en sí mismo y en su supuesta fuerza de carácter y física, tiende a sentirse protegido sin analizar otros factores vitales.

    En lo que fue mi trabajo civil, el control de tránsito aéreo, llegamos a ser un colectivo de unos dos mil quinientas profesionales a mediados de la década de los dos mil, de los cuales más de un tercio (casi un cincuenta por ciento) eran mujeres. Allí, como los sueldos y emolumentos completos estaban determinados por el puesto de trabajo específico para el que cada cual estaba habilitado, incluso dentro de un mismo destino o dependencia, lo que se ganaba era exactamente igual para hombres y mujeres que desempeñaran un mismo puesto de trabajo que siempre estaba clasificado en función de factores tales como carga de trabajo o número de aeronaves a controlar, dificultad añadida si se trataba de áreas de control con tráfico en evolución en las proximidades de aeropuertos o bases aéreas más congestionadas. Ya digo, nunca nadie, por el hecho de ser mujer, o varón, fue objeto de agravio comparativo en cuanto al puesto de trabajo ni al dinero. No sé ahora, después de once años, pero durante mis cerca de cuarenta años allí, tengo que decir en honor a ellas, que mis antiguas compañeras eran un auténtico ejemplo de “patriotismo” trayendo hijos al mundo, en contra de la tendencia suicida del resto de la sociedad española, todo hay que decirlo, no solamente por egoísmo, sino también por culpa de una legislación laboral auténticamente represiva para las trabajadoras asalariadas que tuvieran el valor de quedarse embarazadas, jugándose el despido si para colmo tienen un contrato de trabajo de los llamados “basura”. Y es que, durante la primera mitad de mi vida, hasta hace cuarenta años, en España se incentivaba y premiaba la natalidad, y ahora parece que se castiga y se prefiere que los niños vengan ya nacidos o nazcan en nuestras mismas playas al llegar, y así la natalidad le sale gratis al Estado y a la empresa. Y liego, cualquier día veremos las calles repletas de unos exigiendo derechos sin haber contribuído aquí, y a los de aquí enfrente en contramanifestación, exigiendo que no se haga a costa de reducir o anular nuestros derechos consolidados como españoles. A ver en qué quedamos y qué España queremos, si es que dentro de poco queda algo de lo que fue España.

    Bueno, pido perdón por haberme salido de contexto y ponerme a filosofar que no es mi especialidad ni mi afición. Todo ha sido por intentar dejar constancia de que en España, al menos dentro de un grupo no excesivamente numeroso, la mujer no ha estado jamás discriminada, y ya de paso, rendirle un modesto homenaje por su altruismo y mérito en su función de repoblación. Era muy emocionante oir la risa, y hasta el llanto a veces, de un niño correteando por allí entre los adultos, el día que a la madre le había fallado la canguro y no tenía con quien dejarlo. Nos lo rifábamos para entretenerlo.

    ¡¡¡ViVA ESPAÑA!!!

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  5. Muy interesante e instructivo Sr. Pedro.
    Yo siempre he defendido a la mujer como persona y no como mujer. Por eso no entiendo como los Sres. Jueces todopoderosos por el mismo delito, imponen a los hombres unas condenas distintas en la mayoría de los casos superiores a los de las mujeres.
    Me cabrea hasta el límite escuchar ” VIOLENCIA MACHISTA”. Nunca he escuchado ” VIOLENCIA FEMINISTA” .
    Saludos Don Pedro.

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