Humanismo, política y paz social. Pedro Motas Mosquera

Queridos amigos:

En nuestros tiempos se habla mucho de la paz porque también se habla mucho de la guerra. Pero no voy a referirme en este artículo a los conflictos armados o guerras cuyo fin implica la paz. La paz de que quiero hablaros no es lo contrapuesto a la guerra, sino que es de la paz social, contrapuesta a los conflictos sociales.

La paz social es esencial y es de esencia para que exista una comunidad verdadera basada en la solidaridad, la cohesión y la organización. Lo contrario no es comunidad sino muchedumbre.

Con demasiada frecuencia vemos en nuestras calles a la muchedumbre, sin que exista causa verdadera que lo justifique. Se utilizan los gritos, los tumultos, los enfrentamientos físicos, la violencia y las manifestaciones con fines ajenos a lo que proclaman. Cuantas veces estas alteraciones de la paz social solo buscan dañar políticamente a determinadas personas o a determinadas medidas. Es cierto que esa muchedumbre no suele ser muy numerosa, pero de manera sorprendente goza siempre de una amplia cobertura de los medios afines que la amplifican y multiplican, transmitiendo una imagen que no se corresponde con la realidad.

La comunidad debe dar respuesta a las posiciones encontradas en los conflictos por vías pacíficas. Antes de llegar a la algarada existen otras vías que deben respetarse por las partes en tensión. Se trata de los arbitrajes independientes, imparciales y objetivos, que no tienen por qué ser exclusivamente jurídicos, porque los conflictos sociales surgen de situaciones de confrontación que, en muchas ocasiones, no están previstas legalmente.

Los conflictos laborales manifestados en huelgas, incluso las salvajes, podrían evitarse si las partes tuviesen conciencia de comunidad y aceptasen esas mediaciones basadas en el conocimiento real de la realidad  (y no de su manipulación), tales como los niveles salariales, las jornadas laborales, la importancia del correcto funcionamiento de los servicios públicos, los niveles de precios, etc.

No se trata, en muchos casos, de aplicar técnicas jurídicas ni esquemas rígidos de derechos y obligaciones. Se trata más bien, de aplicar la equidad ponderando los elementos en presencia y las consecuencias sociales de los desencuentros. Se trata de evitar a toda costa que el conflicto degenere en desorden, porque en éste es donde acampan y salen ganando los manipuladores, los pescadores en río revuelto y los arbitristas, y sale perdiendo la paz social.

Cuando un gobernante no hace concesiones a la demagogia, ni tiene miedo a manifestarse con transparencia sobre la realidad de los hechos, debe reconocerse que el mantenimiento del orden es su obligación. No es cuestión de la preferencia del orden sobre la justicia o al contrario, porque ambos son imprescindibles en la comunidad. Se trata de que si un gobernante se avergüenza de imponer el orden y no lo utiliza como instrumento de bien común, será incapaz de implantar la justicia. En tal caso, siempre prevalecerán quienes más gritan, pero no quienes tienen más razón.

Para ello es necesario que a los políticos y a los gobiernos se les exija “liderazgo”.

En la imagen ideal de líder se suman valores y virtudes de naturaleza variada, pero también un largo conjunto de habilidades, de destrezas y de competencias; por eso los ciudadanos reclamamos líderes políticos moralmente ejemplares y estrechamente vinculados a la ética; y todo ello porque el gran número de palabras que se asocia un liderazgo así es muy disperso pero ejemplar y práctico: transparencia, ejemplaridad, servidumbre, prudencia, justicia, audacia, humildad, sencillez… ¿es mucho pedir esto en nuestros políticos?.

En toda organización, un buen gobierno puede ser un gobierno eficiente, diligente, competitivo y beneficioso para sus accionistas, pero no por ello tiene que ser necesariamente un gobierno ético, especialmente cuando para alcanzar los objetivos de los accionistas se prevarica, se explota laboralmente, se esconde información, se comete espionaje o simplemente se practica el agravio comparativo y el nepotismo.

Cada vez que un gobernante sustituye el orden debido por concesiones indebidas, el desorden es “compensado” con la injusticia, complementándose ambos.

Para el humanismo la búsqueda de la justicia implica el valor moral de afirmar el orden con la energía que exijan las circunstancias, especialmente en estos tiempos en que el conflicto se utiliza a escala global con los fines más variados. Ni la reivindicación puede servir de pretexto al desorden, ni el orden puede servir de pretexto para mantener las injusticias. Toda reivindicación debe tener su cauce y debe ser satisfecha teniendo en cuenta las demás reivindicaciones, esto es, el conjunto de necesidades y de posibilidades de interés general de la comunidad.

Nunca nos dejemos engañar, queridos amigos, por los profesionales de la algarada y del grito.

Recibid un cordial abrazo de

Pedro Motas Mosquera

Blog generaldavila.com

19 mayo 2018

7 pensamientos en “Humanismo, política y paz social. Pedro Motas Mosquera

  1. Muy interesante y acertado análisis sobre el imprescindible equilibrio entre justicia y orden.
    Son las dos ruedas de un carro que permiten la correcta marcha de la sociedad como con tanta claridad nos ha explicado.
    Si falta una de ellas, o si permitimos que haya disparidad la sociedad irá dando tumbos.
    Para que exista paz social son necesarias todas las virtudes que ha enunciado en los dirigentes…. pero también en el cuerpo social y por ello es tan importante la educación.
    En fin D. Pedro, ardúo problema que una vez formulado correctamente es necesario poner en práctica…. y ese es el verdadero problema.
    Con mi enhorabuena por el artículo reciba un cordial saludo.

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  2. Admirado amigo Pedro Motas: te ruego que con tú ajustado criterio me expliques la duda que me tiene preocupado. Más que duda es indignación. Pienso que si en la legislación española no hay fundamento de derecho para meter en el calabozo a ese energúmeno etimológico ( poseído del demonio) que han nombrado presidente de la generalidad de Cataluña, con todo lo que ha insultado a España y a los españoles, una de dos: o nuestras leyes tienen graves carencias o quien tienen que aplicarlas son unos mierdas. Con fuerte abrazo. Zunzunegui

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  3. Totalmente de acuerdo. Lo que se necesitan son líderes políticos moralmente ejemplares y estrechamente vinculados a la ética.

    Estamos perdidos. Los jóvenes progresistas que mañana serán políticos estan en camino de quedar fuera del casting. La deformada ética que están mamando no augura un mañana mejor.

    Pero, claro, nadie es perfecto. Y es por eso que espero estar equivocado.

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  4. Buenas tardes, D. pedro Mota:

    Magnifico articulo, que es lo que deseamos todos que existiera..

    he tomado varios apuntes, mencionados en su escrito..como ” Paz social , Demagogia, un gobierno no hace concesiones a la demagogia, Ser incapaz de implantar la justicia.. Liderazgo y Etica de los politicos, Si esto ultimo, no existe, tenemos el nepotisno.. luego de ahí la búsqueda de la justicia y de afirmar el orden…”

    Todo eso es lo demandado por la sociedad actual, para consecución de la Paz social.. y la elección de politicos adecuados, que reúnan todos esos requisitos, que hoy carecen, tal como lo estamos viendo.. hace falta mucho.. y un cambio total y absoluto, para mejorar lo existente, hoy y lo que podemos dejar para el futuro mediante buenas formaciones educativas, y Eticas, en los jovenes actuales..

    Gracias, por su valioso escrito, y un afectuoso saludo.

    Saludos General Davila..

    !! VIVA ESPAÑA !!
    !! VIVA EL REY !!
    !! VIVA LAS FUERZAS ARMADAS Y LA LEGIÓN !!

    Josefa Lopez del Moral Beltran..

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  5. Estimado Don Salvador, mi respetado Coronel, en primer lugar gracias por su consideración hacia mi humilde persona; y en segundo lugar, mi humilde opinión es que las leyes necesitan de actualización, pero como las que las hacen son los políticos (legisladores) y el nivel es muy bajo, aparte de que están supeditados por su ideología, no hay voluntad política de reforzar y cubrir lagunas existentes.
    Si hablamos de los que tienen que aplicar las leyes, los anteriores gobiernos de izquierda dieron vía libre para que se pudiese nombrar jueces a personas de su ideología, licenciados en derecho, para que no tuviesen que hacer la dura carrera judicial como una oposición más de la carrera administrativa; y así se pueden observar anomalías y contradicciones, a veces aberrantes.
    Así se pueden ver asociaciones de jueces con tendencias e ideologías políticas que supeditan sus decisiones, etc.
    Por ello pienso que mientras se sigan nombrando y consensuando jueces, por parte de los partidos políticos, en las instancias Superiores y Constitucional, mal veo que se pueda llegar a una independencia efectiva y profesional de la justicia española.
    Y, por último, tenemos un Gobierno y un partido que lo sustenta que necesita del apoyo de otros para casi todo; y así compensar el complejo y evitar el que dirán de parte de la sociedad y partidos extremos.
    Pero lo que más me preocupa es lo que se pueda cocer secretamente para llevarnos a una división aún más radical y a una desintegración total de nuestra querida España; todo ello sin nuestro conocimiento por ser el pueblo llano que desea saber los fondos y las ocultas intenciones de unos políticos cobardes, débiles y de bajo nivel como nunca se ha conocido.
    En fin, es lo que hay y ante ello no podemos hacer nada, porque solo interesa nuestro voto para que ellos, los políticos, hagan lo que quieren. Por eso considero que nuestra democracia es débil, inmadura y partitocracia donde los partidos hacen y actúan en nombre del pueblo pero sin el pueblo; es mi humilde opinión.
    Un fuerte abrazo.
    Pedro Motas

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  6. Exacto, Don Pedro…un artículo que me gustaría que pudieran leer los que se dedican actualmente a la política. Sin estridencias, pero con un sentido humanístico que mucho me temo está, yo diría que aparte de ignorado, infravalorado por los que al menos saben de que se trata la ética, y es que por desgracia por muchos títulos que ostenten los diputados del órgano político más importante del Estado, el Congreso, esa asignatura han debido saltársela sin más.

    Ante el afán de poder que tiene hoy cualquiera que se acerque a la política, se olvidan, si es que alguna vez las conocieron, de todas esas virtudes que usted enumera.

    Infelizmente también tengo que darle la razón en cuanto al sistema judicial imperante.

    Un futuro muy negro, Don Pedro. Yo diría coloquialmente color de hormiga…

    Un afectuoso saludo y muchas gracias por su artículo. Ha sido una delicia leerlo.

    Margarita Alvarez-Ossorio

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