LA RELIGIÓN Y LA CALIDAD. Pedro Motas

Que esta pasando? Carne mechada, medicamentos, aceite y …

Algo esta fallando desde la base, por un lado los errores o negligencias de las empresas y la falta de controles de calidad, pero por otro las carencias de control, supervisión y vigilancia de las administraciones públicas. ¿Hasta que punto es una coincidencia? ¿Nos llega por ausencia de otras noticias en el verano?

Quizá si las empresas invirtieran algo en Gerencia de Riesgos y Calidad, podrían evitar este tipo de situaciones. Se trata de identificar, analizar, mitigar o reducir esos riesgos y si procede transferirlos al mercado asegurador. No se trata de ahora indemnizar a los perjudicados con cargo a seguros de responsabilidad civil se trata de evitar estas alarmas sociales.

Desde hace casi cuarenta años estoy relacionado, de una forma o de otra, con la calidad, y sin embargo, desde que tuve la certeza (gracias alseñor Pareto) de que “el 20 por ciento de los directivos, aquellos que permanecen quietos,… originan el 80 por ciento de los parados”, yo he mantenido un único y permanente objetivo en el ejercicio de mi profesión: motivar a todas las organizaciones, su conversión a la religión de la calidad.

Todas las religiones exigen creer en un dios, la Calidad propone idolatrar al señor cliente. Todas las religiones tienen reglas fundamentales, mandamientos que es obligatorio cumplir, la Calidad tiene determinados principios que es indispensable practicar. Todas las religiones utilizan una cierta liturgia, la Calidad propone unas concretas formas de trabajo habitual, el uso de determinadas técnicas y herramientas para la gestión empresarial.

Pero no crean ustedes que son únicamente estos sencillos argumentos los que me permiten mantener (cuerdamente) mi tesis. Existen muchas otras razones de más profundo calado, que me inducen a pensar en la calidad como si de una religión se tratase.

Si consideramos por un momento una nueva religión cuyos misioneros actuaran diferente a lo que pregonan, ¿creen ustedes que conseguirían muchos conversos?. La calidad (que no tiene nada de novedosa) requiere que la dirección de la compañía que desee implantarla en su organización, ejerciendo su liderazgo, sea la principal referencia y se convierta en el patrón a seguir como primer y mejor practicante. Si los promotores del proceso de implantación de la Calidad no son los primeros en bautizarse, no cambian su viejo estilo de hacer las cosas adoptando las nuevas técnicas, la nueva liturgia, es muy difícil encontrar argumentos para que los demás cambien y se conviertan. El conocido mensaje de la Ilíada: “las palabras conmueven, pero el ejemplo arrastra”, sigue manteniendo una llamativa vigencia,… con lo que ha llovido desde entonces.

Todas las religiones se amparan en la fe, en determinadas creencias que se deben asumir sin poderlas comprobar fehacientemente. También la Calidad necesita de una buena dosis de fe para poder ser abrazada y adecuadamente desarrollada en una empresa, puesto que es muy difícil convencer a los demás de una idea en la que no se cree. A lo largo de los años me he encontrado con alguna frecuencia con ejecutivos de compañías de todo tipo y condición, que más o menos directamente me planteaban su paradigma: “Que me implanten la Calidad en mi organización y cuando se vean los resultados, tendré confianza en este modelo de dirección y administración”. En otras palabras, lo que estos excelentes profesionales de la clásica (y obsoleta) gestión empresarial me transmitían inconscientemente era: “Que me resuciten al muerto, conviertan el agua en vino,… y yo creeré en esta religión y comenzaré a practicarla y pregonarla”. Como dicen en mi añorado pueblo: “¡no te fastidia,… después de levantarle el rabo garantizaba que era vaca!”.

Con la comparación entre la fe de las religiones y la necesidad de la ciencia y compromiso previos de la dirección de la empresa reclamado por la Calidad, no se terminan las similitudes; hay muchas otras, como por ejemplo, el que todas las religiones manejan algún tipo de sistemas de motivación y de recompensa para sus esforzados y fieles practicantes; el sistema excelentemente diseñado de cielo, purgatorio o infierno, es bien conocido por la mayoría de nosotros. La Calidad, por supuesto, también dispone de un sistema comparable: esta singular religión nos propone, que si una organización es capaz de satisfacer a sus señores clientes, que aunque les parezca simple es su primer y fundamental mandamiento, logrará alcanzar un maravilloso estado de competitividad permanente. ¿Puede haber mejor cielo para una empresa que se precie de serlo? Me parece que hablar del purgatorio o del infierno de las compañías que no practiquen la Calidad (pérdida de cuota de mercado, reestructuraciones traumáticas, despidos, etc.) resulta obvio.

Antes de que mi desesperado intento por justificar la tesis de partida me precipite a terrenos resbaladizos y comience a establecer comparaciones entre los obispos o ayatolas y los directores de división de compañías que intentan convertirse a la religión de la Calidad (y que seguro que por su amabilidad me disculparían esta broma), o a buscar similitudes entre la labor de apostolado que practican los párrocos  o los lamas y la función que deberían desempeñar los jefes de departamento, quiero concluir este arriesgado divertimiento comparativo, identificando el único aspecto destacable que he encontrado en el que se diferencian muchas religiones con la Calidad: el tratamiento del pecado.

La mayoría de religiones asumen la debilidad humana de sus participantes y el que se pueda caer en la tentación. Para resolver este grave problema que podría afectar sensiblemente a la competitividad de las diferentes iglesias como organizaciones productivas, gran parte de las mismas tienen previsto el arrepentimiento, y por lo tanto, resulta técnicamente sencillo conseguir el perdón.

Esta situación no tiene clara analogía en la religión de la Calidad. En los pecados de las empresas contra la Calidad (no trabajar en equipo, tomar en vano la voz del señor cliente, no gestionar a través de los procesos, no desplegar las políticas, etc…) puede haber perdón cuando el arrepentimiento es muy rápido, el propósito de enmienda real, y el pecado muy venial, pero la triste realidad en la mayoría de los casos, es que la penitencia tiene tanta dificultad y requiere tanto tiempo, que desgraciadamente el señor cliente, ese pagano dios de la Calidad, no suele dar una segunda oportunidad a la empresa pecadora para que vuelva a idolatrarlo. La competencia, siempre a la expectativa de la más mínima debilidad, permanentemente agresiva y desleal, seguramente se habrá entrometido y ocupará ya el puesto del penitente, en el corazón del que antes era su cliente.Estoy seguro de no haber conseguido evangelizar a muchos de ustedes, consiguiendo un buen número de conversos y futuros misioneros de la calidad en sus empresas. Es lógico, por que este ídolo al que debemos reverenciar, el señor cliente “es cada día más astuto, difícil y menos indulgente; está programado para ser cínico, desleal e ingobernable y está enseñado para exigir cada día más Calidad por menos dinero”. Con un dios así, tan poco atractivo,… comprendo la dificultad de este catecismo, del que como apóstol menor (en todos los sentidos), les acabo de lanzar un pregón.

Tengo la íntima esperanza de que algunas de las virtudes que adornan el temperamento español, facilitarán que cada vez sean más los empresarios que se den cuenta de que, “o cambiamos o nos cambiarán”; yo desde luego, si estuviera en mi mano, adoptaría la primera de las opciones, Sin embargo y por desgracia, también estoy seguro de que continuarán existiendo directivos que seguirán gestionando sus empresas igual que se hacía hace 40 o 50 años atrás, con la misma concepción tayloriana y sin haber sido promotores de más transformaciones que las puramente tecnológicas.Estoy convencido de que continuarán quedando durante algún tiempo gestores empresariales que no son capaces de comprender que su resistencia al cambio, su concentración en el día a día, su dedicación a lo urgente y no a lo importante, su falta de pasión por adoptar los nuevos métodos de gestión promovidos por la Calidad,… es un gran pecado inconfesable. De todas formas, si usted amable lector perteneciera casualmente a este grupo de ejecutivos, tampoco se preocupe demasiado; puede seguir practicando el tiempo que el mercado y su competencia le permite, lo que un afamado gurú denominó “la dirección por olor” y que yo mal traduje (más que libre, libertariamente) como “la gestión a huevo”; no le otorgue ninguna importancia a este insignificante sermón, pues somos muy pocos los que le podríamos pedir responsabilidades, y yo desde luego, no tengo ni intención, ni derecho alguno para hacerlo.

Sir Winston Churchill, tuvo la excepcional lucidez de afirmar ya en 1925, lo que algunos afamados profesores del “management” creen haber inventado en la década de los 90: “Mejorar es cambiar; ser perfecto, es cambiar a menudo”.

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

7 septiembre 2019

11 pensamientos en “LA RELIGIÓN Y LA CALIDAD. Pedro Motas

  1. De acuerdo en todo. Yo aplicaría este “control de calidad “, a la política, y estoy convencido de que serían muy pocos los que darían la talla y poquísimos los válidos. El nivel de calidad en la Política es bajísimo. Si los políticos funcionaran medianamente, los empresarios ya se espabilarían.🇪🇸🇪🇸🇪🇸

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  2. Con permiso de Vuecencia, mi General, y de D. Pedro Motas. Si tenemos noticias de intoxicaciones, envenenamientos, accidentes mortales por fallos tecnológicos, manipulación, etc. está claro que a algunos empresarios o directivos les importa poco la calidad en sus productos, solo les interesa obtener grandes beneficios. Como consumidor de diferentes productos ya sean alimentarios, farmacéuticos, maquinaria, etc. y aunque deje de ser cliente, cuando me siento engañado, y cambie de suministrador, y teniendo en cuenta la falta de controles de calidad que estamos sufriendo, siempre desconfiaré de los productores, aunque muchos se acojan a las buenas practicas. Como dice D. Luis Martin-Pinillos, los políticos deberían preocuparse y practicar toda clase de controles de calidad, para eso están los diferentes Ministerios, por ejemplo el de Fomento, Sanidad, etc. ¡Arriba España y viva La Legión!. Julio de Felipe

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  3. Estimado D. Pedro:

    Muchas gracias por otro estupendo artículo. Les animo al General Dávila, a los demás ponentes y Vd. a publicar sus excelentes artículos en forma de un libro.

    Hay mucho ” gerente” sin otra visión e interés más allá de lo que el “PowerPoint” pueda transmitir para el siguiente trimestre, no son más que una “muestra” de lo que hay en la sociedad… una total falta de valores y de liderazgo… es muy duro navegar por esos mares.

    @ Estimados General Dávila y D. Pedro: Con su permiso y sin relación directa con el articulo, quiero en primer lugar expresar el más sentido pésame a la familia del Comandante del Ejército del Aire D. Francisco Marín, Q.E.P.D. así como a sus amigos, compañeros y al Ejército del Aire.

    En estos momentos, quiero mostrar mi total e incondicional apoyo a la Armada española y a la dotación y Comandante del cazaminas Turia. No conozco a nadie de la dotación, pero sin pensarlo ni un segundo, embarcaría con ellos e iría hasta el fin de mundo!

    Un fuerte abrazo y Viva España!!

    Benigno Castro

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  4. Buenas tardes, D. Pedro Motas:

    Muy buen articulo, como siempre nos tiene acostumbrado. Gracias
    Un afectuoso saludo

    !Viva España ! !Viva el Rey ! ! Viva la Legión !

    Josefa López del Moral Beltrán

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  5. El problema, bajo mí humilde punto de vista, tendría su solución, si desde el principo de la cadena de producción, distribución y hasta su final, el consumidor, se aplicara, la norma de…
    “Lo que quiera, cuando lo quiera, donde lo quiera y como lo quiera” aplicado en la mayoría de las actividades de comercio…
    Pero, esta norma , no se aplica, porque, el consumidor, no es exigente.
    Cuando empecemos a mirar con lupa, etiquetados, registros sanitarios, etc etc. y no compremos productos, verificados, por empresas que garanticen, su calidad, estado etc etc, siempre habrá lugar a que algunos, se salten una u otra norma , ya sea sanitaria o de otra índole.
    Existen empresas para verificar calidades , de muchos productos, apliquemos este buen hacer al 200% a los productos alimentarios y entonces, será muy difícil, que sucedan este tipo de ” accidentes ” o ” negligencias “.
    Termino con el conocido dicho…
    ” El que paga exige…”
    Pues exigamos estos controles, en ello va nuestra salud…

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  6. Las exigencias de calidad no sólo se nos imponen sino que las exigimos. Para acceder a un puesto de trabajo son necesarios niveles de calidad superiores a los de cualquier otro candidato si no queremos ser descartados y cuando pagamos por un servicio exigimos el mayor índice de calidad, sea un desayuno o un coche.

    Pero cuando se trata de los políticos, esos seres generalmente improductivos, frecuentemente incompetentes y excepcionalmente admirables, en cuyas manos está nuestra supervivencia y felicidad, la cosa cambia. No solamente no ofrecen el nivel mínimo exigible para desempeñar su trabajo sino que tampoco se lo exigimos. Acceden a su cargo sin selección profesional previa, basta con ser lamebotas o ciego defensor de una ideología para disfrutar de un cargo para el que habría miles de españoles más capacitados para desempeñarlo. Así, puede pasarse de ser cajera en un supermercado a aspirar a la vicepresidencia del Gobierno de España.

    Según “elEconomista.es”, cada empleo público innecesario que se crea en España ha impedido la creación de al menos un empleo productivo en el sector privado, según numerosos estudios. Pero este ratio 1/1 podría dispararse en el entorno político de las Comunidades Autónomas.

    La situación es especialmente grave si se comparan los niveles salariales en las que se mueven los nuevos empleados que acceden al mercado laboral del sector privado y el sueldo de cualquier político medio: multiplica por cinco los salarios ‘seiscientoseuristas’ de muchos nuevos trabajadores. Cualquier cargo medio puede cobrar 50.000 o 60.000 euros al año, como la hermana de la reciente alcaldesa de Móstoles, enchufada a dedo.

    ¿Tiene cura? Solo una: la desparasitación de la Administración Pública. Las cifras comparativas del número de funcionarios con otros países, incluyendo EE.UU., son de vergüenza.

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  7. Buenas noches;

    Sr. Motas, su artículo de hoy es sorprendente, al menos para mi, por lo original de los planteamientos. Nunca se me hubiera ocurrido comparar una empresa con una religión, pero bien pensado, y leyendo atentamente lo escrito, hay similitudes evidentes, aunque dicho aquí, entre nosotros, casi me parece irreverente reconocerlo, pero es real.

    Recuerdo haber leído, hace muchos años, un librito que editó el Opus Dei, escrito por su fundador. Muchas veces he sido invitada a participar en conferencias (ellos los llaman retiros) y otras tantas me he negado, aunque tengo muy buenas amigas que son parte de La Obra, y a las que admiro porque, como usted dice, compruebo que persiguen la excelencia (al menos la mayor parte) en su vida diaria y en su trabajo. Y de eso se trataba precisamente el librito al que aludo. De perseguir siempre la excelencia, no importaba en qué campos de actividad, ya fuera profesional, doméstica o personal. Si nunca llegué a integrarme con ellas, y así lo repetí en muchas ocasiones, es porque en definitiva sobre el papel todo cuela, pero en lo práctico, el Opus me resultaba de un machismo exasperante, y me lo sigue pareciendo, lo que no quiere decir que no esté de acuerdo con la teoría del dichoso libro, que viene a coincidir con sus criterios, o al menos eso me parece.

    Perseguir la excelencia (o la calidad si usted lo prefiere) debe ser el objetivo, y no importa si el éxito no llega a corto plazo. Si se aplica con perseverancia es seguro que llegará más tarde o más temprano, y lo que sirve para una empresa sirve también en todos los órdenes, aunque en el terreno personal nos llegue sólo para tener paz espiritual, y digo sólo y tendría que decir que es el todo desde mi humilde punto de vista.

    Un agradecido y cordial saludo D. Pedro

    Margarita Alvarez-Ossorio

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  8. Doña Margarita, solo decirle que mi artículo se basa en otro que hace años realicé para alumnos universitarios posgrado y empresarios dentro de un programa Nacional de Calidad del Ministerio de Industria y siendo Vicepresidente para las Autonomías de la Asociación Española para la Calidad (A.E.C.) y profesional de Calidad en la gran empresa; y, por supuesto, nada que ver con el Opus Dei, del que respeto pero no comparto.
    Un cordial saludo.
    Pedro Motas

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  9. Pues estamos exactamente en la misma línea, yo respeto pero tampoco comparto, y creo que ha quedado claro en mi comentario. Y ni por lo más remoto se me ha ocurrido que usted forme parte de esa organización, o como prefiramos llamarla . Lo siento si esa es la idea que ha podido deducirse de mis palabras, me excuso si daba esa impresión.

    Un cordial saludo

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  10. Sr. Motas le felicito por su analogía, es original y bien traída.
    He pasado más de 20 años trabajando en Control de Calidad de una fábrica y para mí está claro que el nivel de exigencia del control de calidad lo fija la Dirección y que el trabajador, bien aleccionado, en general tiene ese deseo de perfección… lamentablemente la Dirección no siempre fija un buen rumbo y eso desalienta en muchos casos al operario que llega a la conclusión “a mí no me pagan para pensar” y pasa por completo.
    Los españoles pasamos fácilmente del “No importa” al “No me importa”.
    Ciñéndome a la pregunta con que inicia el artículo “¿Qué está pasando?” y en referencia a la carne mechada en Andalucía me haría varias reflexiones:
    ¿La falta de control ha sido debida a desidia, descuido o incapacidad de los operarios?
    ¿Ha sido debida al frío cálculo económico o a la necesidad de rebajar los controles para salvar una empresa que se hunde?
    La acumulación de infracciones me da para pensar en esto último y me encantaría escuchar lo que pudieran decir los trabajadores. Es seguro que saben el trasfondo real.
    En cualquier caso, además de la Dirección de la empresa el Gobierno andaluz tiene toooda la responsabilidad.
    ¿Cómo es posible que una empresa de alimentación sólo cuente con el permiso provisional de puesta en marcha?
    ¿Cómo es posible que Sanidad no se haya personado en todos estos años a realizar una inspección?
    ¿Cómo es posible que haya funcionado sin ningún control efectivo de ninguna clase?
    Creo que sólo hay dos posibilidades: una completa desorganización/ineficacia de los organismos públicos o una oportuna cobertura desde los mismos.
    ¿Existe alguna sintonía familiar, económica, política entre la Dirección de la empresa y el cargo clave de la Administración?. Sería muy interesante explorar esta posibilidad.
    Digo esto último porque después de trabajar en la industria lo hice en la construcción y tuve que hacer una reforma en un local de una calle importante de una gran población, que exigía de determinadas licencias que, por tiempo o conveniencia, no se pudieron sacar.
    “Oiga, que si pasa la policía municipal se nos cae el pelo”.
    “No importa” – me contestaron- “No pasará”… y no pasó ni una sola vez: a pesar de ser una calle principal el coche patrulla rodeaba la manzana y no pasaba por delante.
    ¿ Por qué?: El dueño tenía la agarradera oportuna.
    De nuevo, mis felicitaciones Sr. Motas. Estoy de acuerdo con usted.
    Alberto Sandoval

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