“HUMANISMO Y POLÍTICA” Humanismo social y trabajo: dimensión moral, del desarrollo y real Pedro Motas

El sometimiento a los trabajadores. Los métodos científicos rigurosos. Los postulados de los clásicos. Mecanicismo de Taylor. Formalismo de Fayol.

Queridos amigos: Inicio este artículo dedicado al trabajo humano.

Preocupados, gravemente preocupados, por los millones de personas a escala planetaria y nacional que no encuentran trabajo, nos olvidamos meditar sobre su naturaleza, su valoración moral, sobre la condición laborante del hombre, su incidencia en la vida personal de cada uno, y sobre su importancia social.

Este artículo os parecerá un tanto teórico cuando tantas personas sufren las miserias del paro. Nada obsta a que tengáis unas ideas de cómo ve el humanismo social el trabajo humano. La idea esencial es que se ha pasado de la concepción bíblica del trabajo como castigo a una consideración positiva del trabajo como participación y colaboración en la obra creadora de Dios, expresada en el mandato de “dominad la tierra”.

El trabajo puede entenderse en sentido objetivo y subjetivo. En el primero, el trabajo es una realidad humana que al llevarse a cabo produce resultados tangibles que, en un sentido muy amplio, pueden considerarse como riqueza. La técnica y la electrónica son los modernos exponentes del trabajo.

En sentido subjetivo, el hombre es el sujeto activo del trabajo. Este sentido subjetivo prima sobre el objetivo, porque el mandato de “someted la tierra” está dirigido al hombre creado a imagen y semejanza de Dios; porque la dignidad del trabajo tiene su vínculo o enlace con la dignidad humana y su fundamento en el mismo hombre; porque el hombre es el que hace el trabajo y controla el que hacen las máquinas; porque la finalidad del trabajo, más que en los resultados, está en el propio trabajador; y porque la esencia ética del trabajo no tendría lugar si lo realizase alguien distinto a un sujeto moral, libre y responsable.

Se defiende el principio de la prioridad del trabajo sobre el capital, que implica el rechazo del “economicismo” (considerar exclusivamente los objetivos económicos), y la afirmación de la propiedad privada sometida a una “hipoteca social” que obliga al cumplimiento de un destino universal de los bienes.

Los trabajadores tienen derecho al empleo, a un salario justo, a sindicarse, a la huelga, así como a ayudas familiares o subvenciones, especialmente a las madres que se dedican exclusivamente al cuidado de los hijos.

Para el humanismo cristiano, el trabajo diferencia al hombre de los demás seres creados; permite al hombre realizarse a sí mismo en el cumplimiento de su vocación; ofrece una respuesta al interrogante sobre el sentido de su vida, que es el de participar en un proyecto en la medida de las posibilidades de cada uno; y explica la penosidad, la fatiga o el sacrificio inherentes al trabajo. En definitiva, junto a sus connotaciones temporales, el trabajo posee también una dimensión moral que nace de su consideración de partícipe en la obra creadora y redentora del mundo

Sé muy bien, queridos amigos, que todo lo anterior os parecerá “música celestial”, como os anticipaba la principio, preocupado al contemplar el mundo de las relaciones laborales, tanto en nuestro mundo occidental desarrollado, como en otras partes del mundo, que lo están menos, y en las que son frecuentes escenarios de auténtica esclavitud.

En los últimos años preocupa en todos los países el desarrollo o crecimiento económico porque con él se crea empleo y se reduce el paro. Pero el desarrollo económico no es solo un problema material, sino que es también una cuestión moral. Únicamente desde esta perspectiva se pueden conocer todas sus implicaciones.

Ante todo, la visión “económica” vinculada al desarrollo hace tiempo que entró en crisis, porque la mera acumulación de bienes o servicios, incluso a favor de una mayoría de la población no basta generar bienestar social o felicidad personal; y porque la disponibilidad de múltiples beneficios reales aportados por la técnica, incluida la informática y la electrónica, no traen consigo la liberación de las modernas formas de esclavitud. Antes al contrario, la experiencia de los últimos años demuestra que toda esta considerable masa de recursos puestas a disposición del hombre no está regida por un objetivo moral que se dirija al verdadero bien común del género humano, sino que, fácilmente, se vuelve contra él para oprimirle.

Por otra parte, la sociedad de consumo ha producido una excesiva disponibilidad de medios materiales de todas clases en determinadas categorías sociales que conducen a una “esclavitud” por la posesión y el goce inmediato, sin más horizonte que la acumulación o la sustitución continuada por la última versión. Los efectos de la sumisión al consumo son un materialismo craso y una insatisfacción, porque cuanto más se posee más se desea tener, ahogados en la inundación de mensajes publicitarios y ofertas incesantes, que sofocan las aspiraciones más profundas. Este tipo de sociedad es el exponente de una de las mayores injusticias de nuestro mundo pues son pocos los que poseen y muchos los que no poseen nada.

Para el humanismo social cristiano la dimensión moral del desarrollo se apoya en los siguientes criterios:

– La idea de subordinación de los bienes. Un desarrollo no solo económico se mide y orienta según la vocación del hombre y según la naturaleza propia y específica del ser humano, y no únicamente con parámetros macroeconómicos.

– El desarrollo material debe ir acompañado del desarrollo de los derechos humanos y de la viva conciencia del valor de los derechos de todos y cada uno, hombre o mujer, niño, adulto o anciano, respetando su derecho a la plena utilización de los beneficios ofrecidos por la ciencia o la técnica.

– El desarrollo es inseparable de la solidaridad y de la libertad dentro del marco constituido por esa solidaridad y libertad. No es posible un desarrollo que no respete ni observe la dignidad del hombre como ser creado a imagen y semejanza de Dios, lo que implica un desarrollo fundado en el amor al prójimo que favorezca las relaciones entre las personas y entre las sociedades.

– Por último, el desarrollo debe respetar el medio ambiente basado en la no utilización indiscriminada de los diversos seres vivos o inanimados, en la limitación de los recursos no renovables y en la calidad de vida y polución de las zonas fuertemente urbanizadas o industrializadas, porque frente a la naturaleza visible estamos sometidos no solo a leyes biológicas sino también a leyes morales.

En resumen, el desarrollo para que sea auténtico ha de ser conforme a la dignidad del hombre y de los pueblos y no puede ser reducido a un problema técnico-económico. Si se le reduce a esto, se le despoja de su verdadero contenido y se traiciona al hombre y a los pueblos a cuyo servicio debe ponerse.

Si en los párrafos anteriores he abordado la dimensión moral del trabajo y del desarrollo, lo ha sido porque lo considero como punto de partida para abordar ahora su dimensión real.

Como es indudable que el trabajo constituye un componente esencial del hombre, tampoco puede dudarse de que desde la perspectiva del humanismo social, esa dimensión real no solo no puede ser ignorada, sino que debe recibir la preocupación por aportar una visión positiva y creadora.

Además, el trabajo humano es una clave, quizá la clave esencial, de toda la cuestión social, si tratamos de verla verdaderamente desde el punto de vista del bien del hombre. Y si la solución, o mejor la solución gradual, de la cuestión social que se presenta de nuevo constantemente y se hace cada vez más compleja, debe buscarse en la dirección de «hacer la vida humana más humana», entonces la clave, que es el trabajo humano, adquiere una importancia fundamental y decisiva.

En este punto resulta ineludible la afirmación de la pertenencia del trabajo a la esfera de la dignidad del hombre. No se entendería ésta sin aquél. Ni puede comprenderse al hombre mismo sin el trabajo. El trabajo es un bien del hombre porque mediante el trabajo se realiza a sí mismo como hombre, es más, en un cierto sentido se hace más hombre. El trabajo pertenece, por tanto, a la vocación de toda persona; más aún, el hombre se expresa y realiza mediante su actividad laboral, además de su dimensión social, bien por su íntima conexión con la familia, bien por su conexión con el bien común.

Por último, la comunidad no es sólo la gran educadora de cada hombre, sino también una gran encarnación histórica y social del trabajo de todas las generaciones. Todo esto hace que el hombre concilie su más profunda identidad humana con la pertenencia a la nación y entienda también su trabajo como incremento del bien común elaborado juntamente con sus compatriotas, dándose así cuenta de que por este camino el trabajo sirve para multiplicar el patrimonio de toda la familia humana, de todos los hombres que viven en el mundo.

Y deseando que los políticos y gobernantes de nuestra querida España tomen nota de todo lo anterior, reciban todos ustedes, compañeros y amigos, un fuerte abrazo.

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

18 septiembre 2019

3 pensamientos en ““HUMANISMO Y POLÍTICA” Humanismo social y trabajo: dimensión moral, del desarrollo y real Pedro Motas

  1. Respetado, y apreciadísimo, Sr. Motas:
    – Como de costumbre, me identifico con su colaboración en el bloc.
    – Soy de esas idealistas que como ya he dicho aqui, entiende el patriotismo haciendo no ya lo posible, sino lo imposible por ayudar al resto de mis compatriotas.
    – Tengo la absoluta tranquilidad de conciencia que hasta mi jubilación producida, contra mi voluntad, hace ya cinco meses, he ayudado a los contribuyentes todo lo que pude, desde la sencilla humildad de mis responsabilidades. Sí no, que me desmientan ellos.
    – Bendito sea por las ideas que plasma en sus colaboraciones, respetuosa, y agradecida, le saludo
    ¡¡ POR DIOS Y POR ESPAÑA A MIS REYES SERVIR HASTA MORIR, VIVA LA LEGIÓN !!

    Esperanza González de Fonseca Marco

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  2. Buenas noches, Sr. D. Pedro Motas:

    Magnífico y vital escrito que, comparto totalmente, y leeré, varias veces.

    Y muy importante, en la situación de la España actual, ( que es lo que ami me preocupa..) Europa, y grandes partes del mundo.

    Un afectuoso saludo D. Pedro Motas, e infinitas gracias.

    !Viva España ! !Viva el Rey ! ! Viva la Legión !

    Josefa López del Moral Beltrán

    Le gusta a 3 personas

  3. Querido Pedro:
    Si España fuera el país que a mi me gustaría, este blog, su director y sus colaboradores, estariais dando conferencias en las universidades.
    Lamentablemente prima la opción política, conocida o supuesta. A los perro-flautas que nos “dirigen” les basta con imaginarlo. Y les da lo mismo si contáis verdades como puños.
    La “incidencia en la vida personal de cada uno” del trabajo es indudable. Y tengo pruebas bien cercanas de ello.
    Y respecto a la “esclavitud por la posesión y la sumisión al consumo” te contaré una anécdota. Yo cambio mi teléfono móvil cuando ya no me queda más remedio. Y por tanto me dura varios años. Pues bien, hace un mes necesité sustituir la carcasa de protección y me dirigí a uno de los establecimientos que las venden. Me atendió un chico de unos 19 años que no pudo evitar: “¿uyy, para “eso? Que va, es muy antiguo.”
    “Eso” era mi móvil, comprado hace 3 años.

    Un fuerte abrazo,
    José Manuel del Pozo González

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