ÉTICA PARA LA POLÍTICA (Día Mundial de la Filosofía) Pedro Motas

Después de cuatro elecciones generales en cuatro años, de idas y venidas, de dimes y diretes, de desconfianza, parálisis e incertidumbre en la vida pública española, parece que habrá un gobierno en breve. Sin embargo, este trasiego nos ha dejado un poso de enorme desconfianza hacia los políticos, de descrédito de la cosa pública, de cansancio y agotamiento de una actividad, la política, imprescindible para la convivencia y la organización de la vida social.

Por ello, reivindicamos la ética para la política. Esta reclamación tiene un sentido amplio. La política debe ser ética, pero también debe velar por que sus ciudadanos tengan herramientas para la propia reflexión ética, si aspira a lograr una sociedad sana y una convivencia pacífica.

Probablemente estemos en un tiempo en el que hablar de “ética política” parezca una contradicción en sus propios términos. Es esta ética y política una pareja extraña y actualmente ambas parecen caminar por senderos separados.

Lo relevante de la cuestión no es que esta aparente escisión sea un hecho hoy por hoy; lo más peligroso es que se asuma como natural. Seguramente no sea una tarea fácil encontrar ejemplos en los que la ética justifica la actividad política. Pero aunque las relaciones entre ambas son complejas y difíciles, resulta ineludible reflexionar sobre el alcance y límites éticos de la acción política y la gestión pública.

Ello es indispensable porque, de lo contrario, los intereses partidistas necesariamente se imponen y ganan la batalla al Bien Común. Pensar un ethos de la política no es confundir la visión moral del mundo y las exigencias de la acción política. La cuestión es cómo formular los deberes éticos de la política sin caer en el error de pensar que con eso ya hemos garantizado una buena política.

Hablar de “ética política” es en realidad hablar de “ética pública” o “ética para la política y la administración pública” y, por tanto, referirnos a ese ámbito de la ética aplicada relativa a los asuntos del gobierno y de las administraciones.

Por ello, cabe también definirla como la ética de las instituciones y organizaciones del sector público. Esto implica volver a reivindicar la vinculación necesaria entre la ética y la política. La reflexión política orientada al bien común, que es el encargo que la sociedad hace a sus representantes, debe ser ética.

Hablamos entonces de una misión ética de la política y la gestión pública pues éstas se orientan al Bien Común (interés general) y a la protección y capacitación de los ciudadanos. La forma en la que entendamos no ya quién es un ciudadano, sino qué es un ciudadano demarcará toda una lógica de la acción política.

El ciudadano contemporáneo perteneciente a un Estado democrático de derecho no es únicamente aquél que tiene capacidad de participación política, sino que es ante todo un ser humano, con sus límites y esperanzas. Esta condición de “humanidad” en el terreno político a menudo queda desdibujada, como si la persona que es ciudadana y que, por tanto, posee dimensión política, fuera un sujeto abstracto independiente de su limitación natural, que es precisamente dicha condición humana.

Y es por ello por lo que no hay que olvidar que la condición básica del ser humano es su vulnerabilidad, su susceptibilidad de ser herido, sufrir daño o perjuicio, recibir lesión física o moral. La realidad es que compartimos una identidad universal en el sufrimiento, el dolor y la vulnerabilidad.

No obstante, aparte de esta vulnerabilidad subjetiva, existe otra vulnerabilidad social, hoy llamada precariedad, asimétricamente distribuida, con individuos y grupos especialmente desvalidos donde el daño, el sufrimiento, el dolor, la crueldad, el abandono y la indefensión son fruto de situaciones, estructuras, procesos y factores sobre los que se puede intervenir y que pueden ser cambiados.

La acción de gobierno debe desarrollarse precisamente sobre ellos y a ellos deben dirigirse las políticas públicas de manera primordial. Esta afirmación implica dotar de un nuevo matiz singular a toda política que se pretenda ética.

Y es que para impedir, minimizar o mitigar el daño y el sufrimiento debemos cuidar. La vida humana es inviable sin ello y precisamente la ética del cuidado ha puesto en el centro de la reflexión filosófica la misma noción de cuidado.

Somos una especie social, con vínculos recíprocos (derechos y deberes), con compromisos de cuidado y responsabilidad social. No somos un grupo de individuos solitarios cuyas obligaciones mutuas se limitan a no invadir el espacio de los otros.

La vulnerabilidad y fragilidad del ser humano (y de nuestro entorno animal, social y natural) implican aceptar que una antropología relacional es condición sine qua non de nuestra supervivencia y viabilidad humana frente al individualismo de muchos modelos sociales contemporáneos.

El reconocimiento de la vulnerabilidad supone una crítica al mito de un sujeto independiente y descorporizado, un sujeto etéreo que no nace, ni enferma, ni envejece, ni pierde facultades, ni está limitado. En definitiva, un sujeto que no existe. Por el contrario, el estado que mejor nos caracteriza como miembros de una comunidad social es la interdependencia.

De estas consideraciones cabe afirmar que la noción de cuidado debe conformar y orientar la acción de gobierno. Ello implica dos cosas: por una parte, el desarrollo de la empatía, ponerse en el lugar del otro y, por otra, la exigencia de la responsabilidad: esto es, actuar con fuerza, coraje y eficacia, características propias de una buena gobernanza.

El hecho de que el ser humano sea un animal social, no proviene únicamente de que posea el logos, como anunciara Aristóteles en su Política, sino de su verdad íntima, su condición de ser vulnerable. Debemos aceptar que, en consecuencia, existen obligaciones sociales positivas de minimizar la inestabilidad y su distribución desigual. Existen obligaciones de cuidado que especialmente el Estado debe proporcionar.

Estas obligaciones se dirigen a la necesidad de desarrollar políticas públicas. Atañen directamente a las obligaciones de quienes integran el gobierno y a los funcionarios que se encargan de la gestión pública. Y se deben observar con el fin de reducir en lo posible el daño que se deriva de la condición vulnerable del ser humano.

Algunas de esas obligaciones son tan básicas y elementales como las de proporcionar alimento, agua potable, vivienda, atención sanitaria, educación, movilidad, libre expresión, etc. Estas expectativas de cuidado no se limitan a una esfera íntima o familiar, en función de una ideología de la naturalización de los sentimientos de compromiso, como acciones caritativas, estigmatizantes y voluntaristas, sin ningún tipo de responsabilidad social más allá de la responsabilidad individual o familiar.

Los deberes de cuidado tienen una dimensión social, pública e institucional, de modo que la ética del cuidado conforma el buen gobierno en una suerte de “solidaridad organizada” que configura lo que se denomina como una “ética pública del cuidado”, presupuesto de una “ética política” coherente.

El cuidado requiere del gobierno y la gestión pública dos roles entrelazados: la protección y el empoderamiento.

La protección se entiende no solo como aquella dimensión de la seguridad encarnada por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, sino también la incorporación de suficientes garantías sociales. Algunas de estas son seguridad social, prestación por desempleo, subsidios por incapacidad, salud pública, alimento y agua seguros, protección laboral y del consumidor, prevención de desastres o cuidado del medioambiente. Incluso protección en relación al poder del gobierno y la administración, para lo que son indispensables elementos de buena gobernanza como la transparencia, la apertura, la rendición de cuentas o la participación.

El empoderamiento consiste en la maximización de la libertad para alcanzar las metas y proyectos de vida de los ciudadanos. Comprende acciones como las comunicaciones, la educación pública, la intermediación financiera o el sistema legal y remite a la profesionalidad, eficiencia e innovación en las políticas públicas como facilitadoras necesarias de la realización personal y del desarrollo humano sostenible de la comunidad.

El objetivo de una ética política es conseguir una comunidad cohesionada y solidaria, desde el compromiso con el Bien Común y con la eliminación de todo aquello que erosiona y favorece la desigualdad en la sociedad. Solo una comunidad de este tipo puede garantizar la estabilidad necesaria para que los ciudadanos puedan llevar a cabo sus proyectos de vida en condiciones de libertad y dignidad.

Pedro Motas

Blog: generaldavila.com

23 noviembre 2019

14 pensamientos en “ÉTICA PARA LA POLÍTICA (Día Mundial de la Filosofía) Pedro Motas

  1. CVV
    Don Pedro, le estoy muy reconocido por sus aportaciones a este sitio.
    En síntesis, pienso que la política ha de procurar dar a cada uno lo suyo, es decir, lo que le corresponde. Para éste objetivo
    el imperio de la ley es fundamental: todos iguales ante ella, sin distinción.
    El hombre es vulnerable, pero más aún es vulnerador.
    En política medran los que no tienen escrúpulos: Sánchez.
    La preeminencia del bien común solo puede ser garantizada mediante la ética cristiana.
    VERL

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  2. Don Pedro. Nuevamente le felicito, aunque a decir verdad, hay algo que no lo sé interpretar, quizás como debería ser. Y hoy también le vuelvo a decir ¿Cómo es posible que habiendo gente tan preparada y honrada para llevar las riendas de ESPAÑA por cominos de bonanzas y prosperidades justicieras. Cómo es posible que sean estos cabestros y cabestras sin sentido del honor, y mucho menos de Nación los que la dirigen por los atajos que nos llevan al abismo más profundo y negro del que ya padecemos?

    ¿DÓNDE ESTÁ LA RAZA AQUELLA QUE ANTE EL MUNDO SE HIZO VER CON EL RESPETO Y LA ADMIRACIÓN PARA LOS PROPIOS Y EXTRAÑOS.

    ARRIBA ESPAÑA Y ABAJO LOS MALOS GOBIERNOS HABIDOS Y POR HABER

    Atentamente: Ramón Lencero Nieto=Rogaciano Goana Nelson

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  3. A las órdenes de V.E., mi General.

    Magnífica disertación y lección la de Don Pedro. Y así debería ser el proceder de los políticos en España. Esto sería una balsa de aceite.

    Pero, para comenzar, el nivel cultural e intelectual de más de la mitad, o más exactamente de la inmensa mayoría de ellos, es tan pobre, que en infinidad de sujetos ni existe, y de ahí la recurrencia al plagio y la copia literal descarada. El vocablo y el concepto de ética les suena a chino. El único objetivo que les mueve es el medro y el enriquecimiento fácil y rápido a costa del sudor de quienes sí tienen una formación y trabajan, más en beneficio de la comunidad que económico propio. Hablar de ética a quienes están convencidos de que “todo vale y el fin justifica los medios”, y venderían y traicionarían a su propia madre para satisfacer su soberbia y su ambición y erótica de poder, es un ejercicio intelectual admirable pero baldío.

    Llevamos tantos años de experiencias amargas en este sentido, que ya es imposible creer en esta casta de ladrones desalmados y farsantes, con las pocas y honrosas excepciones de aquellos de más reciente aparición que aún no han tenido la oportunidad de tocar poder, a los que, como en el Ejército, el “valor” se les supone pero no han tenido ocasión de acreditarlo.

    Lo más terrible es que sus fechorías y latrocinios a escala planetaria y sus acciones dictatoriales continuada a lo largo de tantos años, no sólo no son castigadas con el rigor legal que correspondería a la magnitud de sus desmanes, sino que ni se les exige la devolución de lo robado, ni sus formaciones políticas, ni ellos mismos, sufren el menor castigo en las urnas, y ya es difícil saber quién es más culpable, si ellos o quienes les continúan votando y perpetuándolos en el poder.

    Tenemos el ejemplo muy reciente. Todo el PSOE, comenzando por sus “viejos y nuevos generales”, tendría no solamente que haber dimitido, sino haberse hecho el “harakiri”, como los Almirantes y Generales japoneses tras la derrota. Y absolutamente nadie de sus mismos compañeros, que a lo largo del proceso se han desgañitado negando lo que era evidente, recuera haberlos conocido siquiera. ¿Dónde está la ética, si esta gente son capaces de traicionarse entre sí con tal de no asumir responsabilidades que son colectivas de su partido?.

    ¡¡¡Viva España!!!

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  4. Respetado Sr. MOTAS, y queridísimos amigos:
    – Enhorabuena por el brillante trabajo que, hoy también, aporta al blog del Gral. Dávila.
    – Escapa a la brevedad del espacio de réplica, la respuesta a toda su colaboracion, Sr. MOTAS, asi que intentaré sintetizar:
    – Como no soy dechado de nada, desde mi punto de vista, me atrevo a señalar que solamente desde la fuerza moral que da el CARISMÁTICO EJEMPLO, se puede acreditar la ética politica (y de todo tipo), vertebrada por la rectitud de intenciones, consecuente de la intrínseca BONDAD.
    – No se quiere lo que se desconoce, por lo anterior, el pueblo, la sociedad de la nación a representar, tiene que ser consciente que quién la dirije, es capaz de sufrir y padecer (vuelvo al EJEMPLO) cualquier sacrificio que tenga que pedir a quién tiene el HONOR de representar.
    – Se trata de vivir (y estar dispuesto a morir, también) por los ESPAÑOLES, y no aprovecharse de ellos.
    – Un gobernante sin espíritu de SACRIFICIO, no tiene fuerza moral para imponerse frente a los enemigos de nuestra amada PATRIA; ESPAÑA.
    ¡¡ POR DIOS Y POR ESPAÑA A MIS REYES SERVIR HASTA MORIR, VIVA LA LEGIÓN !!

    Esperanza González de Fonseca Marco

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  5. CVV
    Permítame Don Pedro, sugerirle que escriba algo dedicado a su contrario: no a la ética para política, sino a la “antiética en la política”
    Porque abunda más la tiranía, el ejercicio despótico del Poder, la conculcación del Derecho y la violación de la Ley, y ello por quien y quienes (personas e instituciones) más deberían velar por su cumplimiento. Escriba sobre el legítimo derecho de rebelión contra el tirano. Le leeré con suma atención.
    VERL

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  6. Con permiso de Vuecencia, mi General. D. Pedro Motas, no tengo por menos que aplaudir y felicitarle por tan estupendo artículo. Desde que se suprimieron las asignaturas de Formación del Espíritu Nacional, Filosofía y Religión, los políticos no saben lo que es el Bien Común. Con esos mimbres España se dirige a la hecatombe. ¡Arriba España y viva La Legión con todas las Fuerzas Armadas!. Julio de Felipe

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  7. Sin duda, sobre la ética ya lo ha dicho todo D. Pedro.

    La enorme desconfianza hacia los políticos y su descrédito tienen mucho que ver con la actitud ciudadana, que echa de menos esa ética política que permitiría a los partidos mantener la cabeza alta cuando se habla de corrupción, manipulación y sectarismo.

    Por el contrario, en lugar de ética lo que vemos es desfachatez y poca vergüenza. El PSOE se ha venido permitiendo señalar al PP como el paradigma de la corrupción hasta el punto de echar a Mariano Rajoy del poder cuando resulta que el socialista es el partido más corrupto que jamás hayamos conocido.

    Según los expertos, los 800 millones robados por los que ha sido condenado el PSOE de Andalucía es sólo lo que la juez Alaya había podido probar hasta que fue apartada del caso. La cifra real se estima en unos 2.500 millones robados a los parados. El mayor robo político de Europa y de nuestra historia.

    Y no sólo exhiben su falta de ética en estos casos. Acordar que los comunistas bolivarianos junto con los separatistas, todos ellos enemigos de España, formen parte del Gobierno y decidan nuestro futuro es de una falta de ética inconmensurable. Generalmente lo que se antepone al bien común son los intereses partidistas, pero en este caso sobre todo priman los intereses personales de un individuo cuya urgente prioridad no era dar un techo a los que duermen en la calle sino sacar a Franco de su tumba para llevarlo a un sitio menos relevante.

    En mi pueblo a estos retos tan estúpidos de los que quieren conseguir lo imposible y destacar con arrogancia machista los llaman “una machada”.- Pero una machada del tonto del pueblo que, como afirma el dicho, no hay nada más peligroso que darle un arma a un tonto.
    Y este se encontró con todas las armas que pusimos a su disposición a través del Gobierno, pero no para esto sino para que nos sacara de la mediocridad y la pobreza.

    Que no vuelvan a hablar de ética y si lo hacen que alguien los calle para siempre, que argumentos no faltan.

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  8. Magnifico escrito, sobre “ÉTICA PARA LA POLÍTICA” D. Pedro Motas, le felicito.
    Saludos a todos lo que participan , pues sus comentarios son muy buenos.
    Un afectuoso saludo. D. Pedro Motas.
    !Viva España ! !Viva el Rey ! ! Viva la Legión !
    Josefa López del Moral Beltrán

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  9. Estimado y admirado D. Pedro Motas; cuando usted escribe sobre ética o sobre humanismo uno no puede dejar de pensar que en ambos conceptos es un maestro incontestable, que los describe con magnífica claridad comprensible para todos, que leerle es como reposar sobre la paz y la espiritualidad.

    Desgraciadamente cuando uno observa la realidad de los hechos despierta sobresaltado.

    !Qué magnífica utopía su artículo de hoy! Que más quisiéramos que no ya sólo los políticos, sino todos los ciudadanos del mundo se sintieran concernidos por esas premisas, pero usted sabe, como lo sabemos todos, la tendencia general a justo lo contrario de lo que debería ser.

    Parece tan fácil seguirlas, que uno no entiende cómo hemos llegado al lugar en el que estamos, infelizmente. Puede que la naturaleza humana sea imperfecta, de hecho sabemos que lo es, pero que se haya alejado hasta el punto que lo está haciendo de lo que sería justo y necesario es casi la perversidad.

    Mejor no señalar, nos faltarían dedos. Pero es un consuelo, siempre que usted escribe, saber que todavía existen personas que ven claro, y que señalan el camino.

    Ojalá fuéramos capaces de seguirlo.

    Gracias. Una vez más

    Un afectuoso saludo

    Margarita Alvarez-Ossorio

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  10. En una situación inconcebible hace unos años,hoy la inseguridad juridica y el futuro de la nación española es mas cosa de brujos que de un planteamiento de país civilizado.Francia se constituyo como nación política ,porque en cuanto a raza,religion ,lengua ,territorio ,etc , tiene muchas pegas(al menos en nuestro concepto de nación),y nadie le discute y mucho menos los representantes del estado francés.Sin formación previa y muchos sin la dignidad suficiente(falsifican títulos,engañan y dudan de un dia para otro).Esto lleva a la desigualdad,desprecio y discriminación de los nacionales,falta de protección de las fops,y de las fas mejor no hablar,y tolerancia (mas bien ocultacion)de la delincuencia hasta niveles demenciales(hoy El país,organo oficial del poder exterior,habla de los menores y su %,de llorar,y ayer circulaba un WhatsApp del juez Calatayud (defensor del menor muchos años)reconociendo la situación y los abusos;la solución simple actuar como Rumania(fte rumano)y menos culpas a la UE,que no debería legislar de memoria y al bulto.Y en elecciones menos electrónica y mas interventores…y no sigo

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  11. Maravilloso alegato D. Pedro Motas, real una falta de ética la que se está viviendo en estos momentos.
    Preguntar por ética política ahora es difícil con lo que oímos y vivimos a diario en nuestro sistema político actual.
    Ojalá todo cambie y como dices miren por el bien común y por ayudar a España, no a sus bolsillos y a su propio ego.
    ¡Enhorabuena como siempre Pedro!

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  12. Queridos amigos: permitidme que de la bienvenida, en este Blog, a mi amiga Ivonne Torregrosa de “Poetas en la noche” y daros las gracias a todos por vuestras aportaciones al artículo.
    Un fuerte abrazo a todos.
    Pedro Motas

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