FILOSOFÍA DE LA ESPIRITUALIDAD PARA TIEMPOS DE CRISIS ¿Compatibilidad con la razón? Pedro Motas

Los tiempos que estamos viviendo, tan duros y difíciles para la mayor parte de nuestra sociedad, nos pueden llevar a desilusionarnos y abandonar los esfuerzos por construir una sociedad más fraterna, justa y solidaria, perdiendo a la vez el motor de la esperanza. Y una sociedad sin esperanza es una sociedad moribunda. La esperanza se recupera con la práctica de la solidaridad, la ternura, el cuidado, la cercanía la empatía… Por lo tanto, para contrarrestar tanto abatimiento, apatía y desilusión, yo creo que no hay más remedio que reforzarnos interiormente, para superar cualquier dificultad saliendo, a la vez, renovados. Para eso, creo que es imprescindible alimentar la espiritualidad, la interioridad que llevamos dentro cada uno de los seres humanos que habitamos esta España. La espiritualidad no sólo se debe nutrir de las experiencias y realidades buenas y felices de la vida, sino también de la realidad de dolor, sufrimiento y muerte que contemplamos a nuestro alrededor.

Se presenta la posibilidad y la necesidad de un nuevo giro filosófico, que extienda su mirada hacia la dimensión espiritual de la vida humana. Con ello se refiere a la vida interior de la conciencia que es posible ejercitar y desarrollar, y que desde hace siglos ha permanecido relegada filosóficamente, debido a los prejuicios del racionalismo moderno. Sin embargo, la dimensión espiritual constituye la fuente y el origen de las intuiciones básicas que han dado lugar a todo un sistema de ideas filosófico, religioso, político o utópico. Constituye la base de la creatividad en cualquier ámbito de la experiencia humana. Pero esta nueva comprensión de la espiritualidad humana es posible, a condición de que no se confunda espiritualidad y religiosidad, ni la filosofía quede reducida únicamente a su alumbramiento moderno, mental-racional.

Hablemos de vida espiritual y hablaremos de la vida interior. Vida de la conciencia. Y si hablamos de vida de la conciencia, nos referimos a una actitud determinada, una perspectiva propia, una mirada irrepetible. Conciencia es perspectiva consciente. Pero también, nos referimos a un particular y concreto nivel de desarrollo de la conciencia. Conciencia es la actualización singular aquí y ahora de un potencial de vida. Puede estar más o menos actualizado. Así se muestra y se expresa. De manera que este desarrollo puede acompañarse de un trabajo interior. Un trabajo espiritual que ejercite ese potencial de conciencia siempre presente en nosotros y lo vaya desplegando más y más. Nosotros hablaremos sencillamente de ejercicios filosóficos para aprender a vivir mejor toda nuestra profundidad de ser. Ese vacío fértil. Ese silencio creador y vivo.

No estamos hablando de nada extraño, inaudito, nada alejado, más allá de lo que hay. Nada iluminado. Irracional, en el sentido de que vaya contra la razón, absurdo para el entendimiento. Nada contra la razón, en todo caso contra el racionalismo, que es una creencia. Pero también -si se quiere- contra el vitalismo, que es otra creencia. Solamente las ideas y las creencias pueden ser irracionales, ir contra una lógica particular en una situación determinada. Nunca son irracionales las potencias, las capacidades, las cualidades, que únicamente son. Hablando de la racionalidad: ésta forma parte de la mente, pero la mente no es lo único que hay. Está el cuerpo, está la mente con sus razonamientos, comparaciones, asociaciones, sus clasificaciones, pero también, a través de la mente, la vida del espíritu.

Estamos hablando de algo que puede ser entendido, discernido, algo consciente y dador de sentido. La conciencia de sí mismo. Pues la dimensión espiritual del ser humano uno mismo la vive. Las emociones se sienten en el cuerpo, pero los sentimientos los somos. Un sentir que no cambia tanto, que no difiere tanto, que nos identifica más acá de las evoluciones y variaciones de la conciencia mental. La vida del espíritu puede experimentarse y compartirse. Es nuestra parte más inter subjetiva. Eso común y universal de nosotros, que a veces encontramos, se nutre de nuestra parte espiritual; y es capaz de conectarse de individuo a individuo, con todo el cosmos.

También, aunque parezca muy complicado, usando las palabras. Indicando así al menos una dirección. Esa parte tan desconocida y repudiada -en nuestra cultura moderna- de nosotros mismos, que siempre está presente, operando. ¿Cómo, si no, podríamos comunicarnos entre nosotros cualquier relatividad, cualquier duda? ¿Cómo lo sabríamos, que algo es dudoso o que es relativo? ¿No estamos apelando continuamente a algo común y universal en nosotros mismos? Las paradojas y las aporías moran en el nivel de la mente. Sólo necesitamos situarnos en nuestro centro; centrarnos para ver. De ahí han surgido las más valiosas y creativas aportaciones filosóficas; no ha sido del nivel mental, que es subsidiario y herramienta para la manifestación existencial de lo que realmente somos.

La espiritualidad humana soporta desde hace tiempo un prejuicio y una desconfianza filosófica. Pero, a la vez, la filosofía y sus filósofos se han ocupado de la espiritualidad. No ha sido nunca obviada porque se ha buscado “de otro modo”, diferente a como ha sido “encontrada” por parte de cada filosofía en su propia época. Y ésta es una faceta fundamental del problema filosófico con respecto a la espiritualidad: que se ha buscado, como se busca la verdad, el bien y la belleza, desconociendo que ya está en nosotros, que basta salir a su encuentro. Dejar que se exprese. Apartar lo que sobra, las capas superpuestas, lo que obstaculiza y oculta, para que resplandezcan -sin tener que ser tratarlos de una manera discursiva- la verdad, el bien, la belleza. El ser. Los entes abiertos del ser ocultan el ser, si se toman de un modo excluyente, reductivo.

Pues bien, empezando por los grandes filósofos conocidos, lo que éstos han rechazado -por regla general- ha sido una forma cultural e histórica de plasmar la espiritualidad de este mundo. Y, a continuación, han buscado su propia expresión de la espiritualidad, la que han considerado más “auténtica”. La auténtica experiencia filosófica que abriría un mundo nuevo, una comprensión naciente. Y a esto le han dado diversos nombres, a través de categorías diversas. Sin llamar a esta intuición originaria, casi nunca, “espiritual”.  Quizás a la espiritualidad no se la pueda expresar conceptualmente del todo, de una manera solamente racional, sino más bien sentirla, experimentarla; la razón filosófica, en el sentido tradicional/moderno vendría luego a organizar, articular, analizar, desglosar, clasificar, dar nombre e idea a una experiencia originaria de rango espiritual. Este suceso es algo humano, demasiado humano.

El hombre religioso accede, o más bien, irrumpe en él una visión acerca del mundo existente, y acerca de sí mismo como individuo más allá del individuo; acto seguido esto se “carga” religiosamente, se va dejando acompañar de la experiencia de otros que comienzan a seguir un credo -no, muchas veces, la experiencia misma, sino las creencias sobre ella-, un credo que se institucionaliza y se cierra sobre sí, a toda otra posibilidad, a todos otros credos y perspectivas. Aparecen los rituales y los mitos, y aparece una religión organizada con el pasar del tiempo, cada vez más olvidada de su propio origen. Igualmente -aunque no sea lo mismo- el filósofo obtiene una intuición que expresa filosóficamente, con sus propias herramientas conceptuales y lógicas, que más tarde se institucionaliza -dicha expresión prefilosófica- dentro de la comunidad de filósofos, dando lugar a una escuela, a una corriente de pensamiento; esto proporciona verdades que se excluyen y se oponen entre sí, propiciando que afloren unas determinadas verdades dominantes, imposibilitando así la emergencia de otras verdades. Cada apertura del ser oculta el ser. Lo espiritual forja esa intuición, esa visión o revelación originaria que hace posible todo lo demás, según sea el contexto de aparición, filosófico o no filosófico.

Es posible que, de este modo, pueda hablarse sin provocar excesivo rechazo de “experiencias filosóficas de origen espiritual”. Nos referimos a esas intuiciones, fruto de la conexión con el ser, con el todo como unidad, con el mundo, como quiera llamarse lo que hay. Esta conexión se efectúa a través del fondo que somos, nuestro centro, nuestra fuente, de la que irradia la periferia de ideas, acciones, emociones, decisiones, demandas, metas o valores que reconocemos como nuestras o de nuestro tiempo. Entonces, el modo de conectar con el ser consiste en despojarnos de lo que no somos, nuestro personaje y sus automatismos, sus condicionamientos, las capas superpuestas personal, histórica y culturalmente. Es aquello que recoge tan acertadamente el término griego alétheia para referirse a la verdad: lo no oculto, lo que ha sido descubierto. La contemplación directa de lo verdadero y real, que necesita un previo desbroce de lo que no es. Esta es la función de la duda, la finalidad de la investigación filosófica.

Un sistema filosófico no es más que el despliegue de esta verdad intuitivamente descubierta. ¿Supone esto introducir lo irracional en lo racional? No es así, en absoluto. La fuente de las razones no es racional, pero tampoco es “irracional”. Esta es una valoración mental efectuada desde la razón, que es una función mental entre otras. Los axiomas o postulados, que son la base para un razonamiento, no son demostrables pero permiten realizar demostraciones. Dado A, se llega a B. Es la dianoia platónica o pensamiento discursivo. Más allá -a través de la práctica dialéctica- la mente puede acceder a una “ciencia” que no se basa en supuestos: la noesis o inteligencia. “Razonar es un puro combinar visiones irrazonables”. Pero, aparte del razonamiento, está la visión, la observación, el discernimiento mediante atención consciente. Aquí y ahora, momento a momento. Presencia presente. Esta capacidad de la mente ya nos empieza a conectar con nuestro fondo no mental, no racional, no irracional. Espiritual. Y la espiritualidad nos urge para estar al lado de las víctimas. Es, quizá, la única forma que tendremos de “salvarnos” para renacer. Porque la espiritualidad nos invita a convertirnos, a cambiar.

Ánimo y un abrazo a todos de Pedro Motas

Blog: generaldavila.com

25 marzo 2020

9 pensamientos en “FILOSOFÍA DE LA ESPIRITUALIDAD PARA TIEMPOS DE CRISIS ¿Compatibilidad con la razón? Pedro Motas

  1. Buenos días, mi General, Pedro:
    Aporia: “Enunciado que expresa o que contiene una inviabilidad de orden racional”
    Noesis: “Visión intelectual, pensamiento”.
    Salvando las abismales distancias que me separan de Sócrates: “Yo solo sé que no sé nada”.
    Afortunadamente estoy mucho más cerca de ti, sobretodo en el terreno espiritual, porque en el terreno filosófico me sigues ganando por goleada.
    Enhorabuena, Pedro.
    Un fuerte abrazo desde mi confinamiento jerezano.
    José Manuel del Pozo

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  2. A mi me gusta acercarme a los temas trascendentes desde la razón , desde el conocimiento de la realidad en la que vivimos , sin abandonar la fe en la que he podido crecer.En la escala del espacio y del tiempo universal somos mas pequeños, y duramos menos, que las chispas que se desprenden durante una soldadura.Pero aún así ,en ese cortísimo periodo de tiempo que es nuestra vida, casi llegamos a comprender qué es y cómo se ha formado el paraíso del que, inexplicablemente, formamos parte.Esto es un regalo de valor incalculable que se nos ha dado, tan valioso , tan inmenso que forzosamente nos obliga a pensar cuál debe ser nuestra respuesta ante tanta gratuidad.

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  3. Magnífica exposición, que llega en un oportuno momento, al menos para mí, en estos tiempos de incertidumbre y de “desierto intelectual”.
    “”La esperanza se recupera con la práctica de la solidaridad, la ternura, el cuidado, la cercanía la empatía…”. Qué gran verdad y qué oportuna su llegada a mi vida.
    Gracias.

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  4. Tengo que leerlo muy despacio y muchas veces, para intentar asimilarlo. Gracias por esta, profunda, lección.
    “ La Esperanza es lo último que se pierde “, y ahora lo aplico a España.
    Y copio a mi anterior comentarista, J.Manuel Del Pozo. “Solo se que no se nada “.
    Artículos como este de hoy, vienen bien, para hacernos pensar y meditar, nos creemos que todo lo conocemos y nos falta humildad, y aprender de los que de verdad saben.🇪🇸🇪🇸🇪🇸

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  5. Muchas gracias D. Pedro, por la magistral exposición de la espiritualidad y esperanza. es lo único que nos queda, como dijo San Pablo, Lo único que permanecerá para siempre, será la fe
    la esperanza y el amor. Es lo más adecuado en estos momentos tan crispados. Saludos para todos.

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  6. La espiritualidad, D. Pedro, esa parte tan importante de nuestra mente y de nuestro ser que a veces enterramos en la cotidianidad del día a día casi sin darnos cuenta, y que sólo recuperamos por desgracia en el sufrimiento y el dolor.

    Tiene toda la razón. Tenemos que acudir a ella para empatizar, para volver a nuestros principios, para emplear no sólo nuestra inteligencia, también nuestra verdad más interna. No se si he logrado entenderle, pero yo lo he traducido de esa manera. Espero no haberme equivocado.

    Gracias por ponernos, una vez más, delante del espejo de nuestra realidad. Ojalá que todos sepamos acudir a la espiritualidad tal como usted la describe, que no siempre es posible. No cabe duda de que la Fé ayuda, precisamente porque no es racional.

    Afectuosos saludos

    Margarita Alvarez-Ossorio

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  7. Queridos compañeros y amigos: cerca ya de la media noche, finalizo mi intervención pidiendo humildemente disculpas por la dificultad de mi artículo a la hora de transmitir una reflexión echa y fruto de la intensidad de concentración, silencio y soledad en la que me encuentro.
    Prometo no volver a caer en lo mismo.
    No obstante, agradezco la comprensión, los “me gusta” y las intervenciones echas al respecto.
    Y, como siempre, ánimo, feliz noche y un abrazo a todos.
    Pedro Motas

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