LA INTIMIDAD COMO RIQUEZA INTERIOR Pedro Motas (Veterano de España)

Una reflexión como Introducción:

¿Tiene algún sentido hablar hoy de intimidad cuando lo que se lleva es cultivar la imagen?; ¿no es la intimidad un residuo último de una época pasada en donde el hombre tenía muy reglamentada la vida con los demás?

Si, pero hoy día, lo que se valora es la espontaneidad, la naturalidad, la imagen, la moda, las entrevistas agresivas en televisión, los culebrones,… por ello, ¿de verdad sigue teniendo interés escribir sobre la intimidad del ser humano como riqueza interior, como valor?

A mi, sinceramente, sí me lo parece; y por eso aquí estoy, una vez más, para intentar dar sentido, humildemente, a algo que considero esencial en la época que vivimos de tanta insolidaridad, enfrentamiento, ideología, hipocresía, falsedad, engaño, egoísmo, pasotismo,… y que han provocado en mi una reacción contraria, una vuelta a los orígenes, a lo más profundo, a lo más íntimo, a lo más personal.

Tal vez  sea, también, porque la elegancia sale de dentro a fuera; pero ¿y qué es ese dentro?. De ahí mi interés por la intimidad, observando cierta forma remansada de vivir, que parece inspirada en una filosofía interior que consiste en una especie de coincidencia consigo mismo. Y quizás otra razón esté, frente al ruido y los constantes desplazamientos, en un amor hacia ciertos espacios rodeados de soledad y silencio, provocados por la actual pandemia.

Lo que está claro es que el hombre no se resuelve en un coctel de imagen-moda-espontaneidad-cuerpo; detrás de eso, si uno lo intenta, puede entrever que en la vida del ser humano hay otros elementos constitutivos interesantes, que quien los descubre y se apropia de ellos de una forma reflexiva, consigue hacer de su vida una aventura verdaderamente humana.

Pero la tarea de búsqueda de la propia intimidad no es fácil, entre otras cosas, porque hace falta inteligencia para percatarse de ese mundo que no se puede tocar ni oler; y además de esa inteligencia se necesita educar y acrecentar la sensibilidad, porque sin sensibilidad el delicado paisaje de la intimidad es interpretado bajo la clave del aburrimiento.

Inteligencia, sensibilidad… ¿no estaré poniendo muy difícil el acceso a este mundo que no acabamos de ver en qué consiste?. Porque estas condiciones de las que la intimidad necesita, nos hacen ver de una vez que el ser humano es mucho más que su cuerpo: es inteligencia, es voluntad, es memoria, es imaginación, es espíritu, es cultura, es sensibilidad, es…

Si es todo eso habrá que salir a su encuentro, para conocerlo, para descubrir sus implicaciones, para saber exactamente qué función cumple cada uno de estos elementos y cómo se relacionan entre sí; y será también necesario preguntarse si hay una instancia superior que los integre para dirigirlos a una meta, que dé sentido, luz y orientación a ese mundo interior, que exteriorizándose a través de un cuerpo no se reduce a él.

¿Tendrá que ver el mundo interior con la felicidad? ¿o más bien la felicidad anida únicamente en el cuerpo del ser humano? ¿Todos los mundos interiores son iguales? Desconocer esta parte del ser humano que es su intimidad es renunciar a conocer lo que en el ser humano hay de interesante.

Por lo tanto, hablar de intimidad supone hablar de espacios interiores, de lugares recónditos, de cosas queridas, de vivencias personales: es decir, de toda una analítica existencial cuyo perímetro gira entorno al ámbito más nuclear del yo personal; pero supone también, y este es el peligro, perderse, quizá, por corredores oscuros de los que no se sabe muy bien cuál es el origen, a la vez que se ignora cuál es su destino, para volver otra vez al punto de partida sin haber clarificado la noticia inicial que se tenía en torno a ese yo antes de emprender la incursión; o tal vez hablar de intimidad suponga, en ocasiones, simplemente un conocimiento reservado de la propia vida.

Es decir, la palabra intimidad, significa la zona espiritual reservada de una persona, también de un grupo o de una familia; y hace referencia, siempre, a las personas, a los seres racionales, que son los únicos que tienen un yo y tienen conciencia de ser un sujeto irrepetible. La intimidad se sitúa, pues, en el núcleo oculto de cada persona, donde se fraguan las decisiones más propias e intransferibles, vinculándose especialmente con la amistad, por eso aplicamos con frecuencia el adjetivo íntimo al amigo muy querido y de confianza.

La intimidad como coincidencia con uno mismo:

La intimidad con uno mismo debe ir dirigida a que los momentos en que uno coincide consigo mismo sean más frecuentes y, a la vez, más duraderos; pero ¿en qué consiste esa coincidencia consigo mismo?. Al reflexionar sobre este enunciado, lo primero que hay que señalar es que el vivir la vida no supone automáticamente tener una conciencia personalizada de vivirla. Entre vida y conciencia de la propia vida se da de  una forma usual un desacoplamiento, que hace que el ser humano viva su vida más desde el ámbito del espectador que del actor.

Ver la vida desde la barrera, sentirse espectador de la propia acción, vivir de una forma automatizada, son actitudes que se colocan fuera de lo que es tener intimidad consigo mismo. Por el contrario, tener una conciencia viva de la acción que se está realizando, subrayar el aspecto voluntario de las propias decisiones, es situarse en un marco de coincidencias entre el yo y la acción, en donde entonces el sujeto se reconoce a sí mismo a través de la acción.

En la medida en que en un sujeto la vida se traduce en vivencia, la trama biográfica de su propio yo adquiere una contextura mayor, y mejora la calidad de vida. No es suficiente vivir, porque si no se le añade su propia reflexión, se agota en sí  mismo. En cambio, cuando la reflexión incide sobre lo vivido, atravesándolo, incorpora la vida a la propia biografía del individuo. Por lo tanto, es necesario que el ser humano recupere su propia vida, a la vez que la vive, a través de una aprehensión volitiva consciente y asumida. No se trata tanto de sentirse responsable de las propias acciones como de saberse protagonista de su vida.

Las modas, las costumbres, los usos establecidos, el mimetismo, son factores todos ellos que dificultan la espontaneidad original y originaria en el actual ser humano consigo mismo, es decir, su propia intimidad. Pero lo más corriente es que lo que se hace, se dice, se interponga como una pantalla entre el yo conciencia y el hombre acción, y se viva una vida, si no enajenada, sí al menos vacía de resonancias personales, de identificaciones. Y vamos siendo uno más que no se distingue, que pasa inadvertido y confundido en la masa anónima, mal mezclado con los otros.

Emotional, depression, pensive and mental health concept. Vector illustration

Aunque siempre en el fuero interno hay una voz que se levanta sofocada por tanta imposición para reclamar por sus territorios perdidos, acudiendo al tan usado “habría que matizar…”, “yo no me identifico del todo con…”. Son gritos que nacen estériles cuando todo el paisaje de nuestro mundo interior ha sido aplanado, igualado y roturado en función del ser humano despersonalizado, estereotipo del hombre moderno, del que en este momento de la historia se lleva

La intimidad como apertura a los otros:

Como este mundo interior pertenece al ser humano, y él es de naturaleza social, igualmente su mundo interior tendrá por necesidad que abrirse a los otros. Todo ensimismamiento es legítimo siempre que no cierre su puerta a los otros. De esta forma se erradica cualquier matiz de narcisismo en esa justificada llamada a cultivar el mundo interior. El ser humano no puede diseñar su vida de espaldas a los demás, ni puede desinteresarse de los otros, porque paradójicamente se desinteresa también de sí mismo, ya que en cierto sentido podríamos decir que si somos solos, no somos.

Todo ser humano siente un fuerte deseo de comunicación, y no sólo de intercambiar opiniones sobre cuestiones ajenas al propio yo, sino que también desea compartir sus vivencias más profundas para darse a conocer y hacer partícipe a los seres queridos de su realidad más íntima. De esta forma, de una manera espontánea se establece entre nuestra intimidad y la de los otros un puente a través de la palabra.

La palabra cuando es auténtica, sincera y veraz, nace desde lo más profundo de nuestro yo, aunque como es lógico no siempre desvele aspectos de nuestra intimidad. De la calidad de la palabra dependerá, en gran parte, que podamos hacer partícipes a los otros de nuestro mundo interior.

Pero ¿quienes son los otros?… aquellos que no son yo pero no me son del todo ajenos; es decir, entre yo y los otros se da alteridad y distinción, pero no extrañeza. Los otros comparten conmigo la misma vocación de ser humano. Hay entre todos los seres humanos, pues, una afinidad que nos lleva a sentirnos iguales y respetarnos. Los demás comportamientos son forzados, artificiales y, además, falsos.

Cuando entre los otros y nosotros hacemos una distinción que nos sitúa en dos realidades heterogéneas, estamos equivocando el planteamiento, y rompemos el equilibrio que debe estar presidiendo las relaciones interpersonales. A veces, con más frecuencia de la debida, se oye decir “es que la gente…”, como si se tratara de otros seres que nada tienen que ver con nosotros. Y aunque la reflexión parece obvia “la gente somos nosotros”. Y es desde ese presupuesto, y sin hacer distinciones donde no las hay, desde donde hemos de abrirnos a ese nudo de comunicaciones que constituyen las relaciones humanas entre las que discurre gran parte de nuestra vida.

Pensemos, pues; meditemos sobre nuestra vida íntima, sobre nuestra relación con los demás, para enriquecer nuestro interior y poder, así, transmitirlo a los otros.

Pedro Motas

18 octubre 2020

Blog: generaldavila.com

 

9 pensamientos en “LA INTIMIDAD COMO RIQUEZA INTERIOR Pedro Motas (Veterano de España)

  1. A las órdenes de V,. E., mi General.

    Excelente lección, Don Pedro. En mi modesta percepción, por la experiencia de tantos años vividos y trabajados forzosamente en equipo, dentro de grupos numerosos, estructurados jerárquicamente y en base a una disciplina imprescindible, y no me refiero únicamente a los años de activo en el Ejército, sino también a los de la profesión civil, lo que nos ha ocurrido desde muy atrás, desde la explosión masiva de los medios de comunicación, sobre todo con la aparición de la televisión, es que hemos pasado a depender unos de otros de una forma forzada y antinatural que nada tiene que ver con el concepto de la relación de amistad. Hemos perdido la noción del respeto, no solo a los demás, sino, lo peor, a nosotros mismos.

    Y así se ha creado y fomentado una competencia feroz por el protagonismo, el narcisismo, el poder y el dinero, y se vende y se compra absolutamente todo, hasta el alma al diablo, y de sobra contemplamos cómo hay cada vez más personas, de todas las edades y condiciones, que viven exclusivamente de vender sus intimidades, físicas y espirituales, al primero que las compre en ese inmenso zoco de la televisión, la radio, la prensa amarilla, internet y las mal llamadas redes sociales. Ese es el inframundo y el fango de metano en el que nadan como pez en el agua, principalmente los políticos, magos de la mentira, el chanchullo, la componenda y el engaño.

    ¿Y que se puede esperar de cualquier ensayo en ese magma de cultivo?. Solamente podredumbre y hedor a muerte.

    Ya lo dijo el místico: “Qué descansada vida,/ la del que huye del mundanal ruido /y sigue la escondida senda/ por donde han ido los pocos sabios/ que en el mundo han sido”-

    ¡¡¡Viva España!!!

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  2. Valores que se perdieron, que quizás NO volverán
    —————————————————————————
    Le comprendo amigo mío,
    y valorando su integridad
    siento calor ante el frío,
    las corrientes de estos ríos
    que ahogan la humanidad.

    Valores que se perdieron,
    que quizás NO volverán,
    y los que en ellos se hicieron
    con los valores siguieron
    por el doquiera que van.

    Aún viéndose despreciados
    por estas modernidades
    de unos tiempos maculados
    que idolatrando el pecado
    exaltan las contrariedades.

    Que nos trajeron al abismo
    de este oscuro acontecer,
    donde pondera el cinismo
    que hace frente al altruismo
    ofuscado en el contender.

    Tan ridículo y afrentoso
    como impúdico y criminal,
    este hoy es tan doloroso,
    tan inhumano y venenoso
    que se aplaude la maldad.

    La inteligencia y sensibilidad
    son cualidades humanas
    desechadas por la sociedad
    DE LA NUEVA SUBNORMALIDAD
    que enmudecen las campanas.

    Mas. NO podrán arrancar
    de los nobles intelectos
    los conceptos de libertad,
    el progreso y el bienestar
    que quedaron en desiertos.

    Esperando que redoblen
    en las torres del porvenir
    las esperanzas de los logres
    ¡¡¡SIN LOS SENTIMIENTOS PROGRES
    QUE NOS TRAJERON HASTA AQUÍ!!!

    España día 17 de octubre de 2020

    Ramón Lencero Nieto

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  3. Buenos días Mi General. Impresionante comentario muy apropiado para el tiempo que nos ha tocado vivir. La intimidad es la mejor medicina para conocernos a nosotros mismos, y de esa forma entender a los demás. Siempre he entendido, que preservar nuestra intimidad es lo único que tenemos de valor, incluso, decía Jesús, que había que rezar en lo escondido. Pero ahora se da más valor, a pregonar todo, sobretodo lo malo. Que pase un buen día y muchísimas gracias por estar ahí, siempre en la brecha. Saludos para todos.

    Le gusta a 4 personas

  4. Magnifico, Pedro el escrito de hoy, que comparto totalmente. Lo leeré más veces. Gracias.
    Saludos Pedro, con afecto y agradecimiento.
    Josefa López del Moral Beltrán.

    PD: no se que le pasa hoy a mi ordenador, perdí primero la forma de contestar, y lo he hecho como he podido. y aquí, una vez, podido acceder, se me ha borrado varias veces.
    Soy aragonesa y testaruda, así que he escrito varias veces, según se borraba.
    Pido disculpas..
    Josefa López del Moral Beltrán

    Le gusta a 3 personas

  5. No me considero capacitado, para comentar con conocimiento, su lección magistral.
    Quizás debería terminar aquí, pero cuanto más leo lo escrito, más me gusta.
    La intimidad individual, y luego la colectiva , es inaudito y a la vez muy lógica.
    Gracias, D.Pedro Motas, su lección me abre puertas, que desconocía.
    🇪🇸🇪🇸🇪🇸

    Le gusta a 2 personas

  6. Es muy loable, D. Pedro, su consejo de intentar interactuar con las personas de nuestro entorno, quizás se refiera a personas queridas y respetadas por nosotros, parte de ese mundo interior al que usted llama intimidad.

    Pero supongo que habrá observado que la visión de las personas que creen conocernos difieren totalmente unas de otras, y en general, nada tienen que ver con lo que nosotros llegamos a percibir de nuestro propio yo.

    Hace mucho tiempo que leí a una psicóloga-terapeuta canadiense, que basada en su experiencia como tal, decía que todos vamos por el mundo con una coraza de la que no logramos desprendernos ni siquiera ante nosotros mismos. Es más, ni siquiera somos capaces de percibirla porque justamente esa coraza es la que nos permite sobrevivir a nuestras frustraciones, y sin ella estaríamos expuestos con el alma desnuda a heridas que no podríamos resistir y que podrían dañarnos hasta hacernos morir de desesperación. Ella señalaba cinco, y decía que se podían reconocer simplemente observando el aspecto físico de las personas adultas. Parece casi absurdo ¿verdad?, pero a lo largo de mi vida he ido intentando aplicar esa teoría cuando conocía a alguien, y créame, pude comprobar que era cierto en un tanto por ciento muy elevado.

    A lo que pretendo llegar, D. Pedro, es que nuestro auténtico mundo interior es el gran desconocido para una gran mayoría de nosotros, y ahí no influye la inteligencia, únicamente y no siempre, el conocimiento general de la psicología humana, si conseguimos mirarnos desde el exterior y juzgar nuestros comportamientos como si fuéramos extraños, y eso es muy difícil, yo diría que casi imposible.

    Podemos controlar nuestros actos, y si tenemos tendencia al bien no nos será difícil actuar como buenas personas, sentir empatía con el dolor ajeno, ser solidarios, ayudar siempre que nos sea posible, y eso ya es otra cuestión, pero conocernos o reconocernos en nuestra intimidad aunque sólo sea ante nosotros mismos, eso es tarea de héroes.

    Pero intentarlo es obligado, por supuesto.

    Gracias y un afectuoso saludo

    Margarita Alvarez-Ossorio

    Le gusta a 4 personas

  7. Pasada ya la media noche, gracias a los que habéis tenido la amabilidad de poner los “me gusta” y, cómo no, a los que habéis enriquecido mi humilde artículo con los comentarios.
    Un abrazo a todos y buenas noches con un ¡¡¡ Viva España !!! y un ¡¡¡ Viva La Legión !!!
    Pedro Motas
    Veterano de España

    Le gusta a 1 persona

  8. Excelente artículo, absolutamente de acuerdo con el punto de vista expresado en él.

    “El ser humano no puede diseñar su vida de espaldas a los demás, ni puede desinteresarse de los otros, porque paradójicamente se desinteresa también de sí mismo, ya que en cierto sentido podríamos decir que si somos solos, no somos.” – A algunas personas les gusta esta forma de vida “sin otros” o, mejor dicho, otras necesitan solo necesitan quejarseles. Sí, algunas personas tienen serios problemas con esto y tienen poco control sobre sí mismas, pero a algunas simplemente les gusta sufrir, es mejor no interferir con esas personas, porque no importa cuánto trates de ayudarlas, no aceptarán ayuda.

    Le gusta a 2 personas

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