¿BANALIZAMOS LA ÉTICA EN LA SOCIEDAD ACTUAL? Pedro Motas

A modo de introducción:

Queridos compañeros y amigos del presente Blog: la situación política, la sanitaria, la personal, la de incertidumbre del presente y futuro, la del día a día descrito por mi querido General Dávila y mis compañeros colaboradores, hace que vivamos en constante inquietud interior; pero creo que es necesario, de vez en cuando, algo de reflexión, de interioridad, de análisis que nos haga comprender algunos comportamientos sociales de nuestra España actual.

Es sabido que tras mi segunda carrera teológica, realizada en mi etapa reciente de madurez y jubilación, descubrí mi enamoramiento por la filosofía, siendo los contactos que tengo recientemente con personas de ese ámbito, lo que me anima a participar en eventos y debates reflexivos; y que me ayuda a sobrellevar los problemas sociales y políticos que invaden y acosan a nuestra querida España.

Por eso, quiero compartir, esta vez con vosotros, una humilde reflexión sobre comportamientos éticos actuales que hacen falta se asuma por parte de la clase política, por el sistema educativo y, en general, por la sociedad que nos ha tocado vivir; y para ello, comienzo con la siguiente pregunta como título del artículo:

¿BANALIZAMOS LA ÉTICA EN LA SOCIEDAD ACTUAL?

¿No solemos mencionar a la Ética en vano, como si fuera una especie de conjuro, en lugar de tomarla en serio y rendirle el culto que se merece? ¿Por qué no acompaña nuestro sistema educativo desde la secundaria? Solemos utilizarla para vendar heridas, en vez de hacerla orientar nuestros planteamientos políticos e investigaciones científicas? ¿Acaso banalizamos la ética convirtiéndola en el fetiche de una liturgia inoperativa?

Se diría que la palabra ética está de moda y tiene un uso inflacionario tendente al abuso. Se invoca su nombre a todas horas, como si fuera una especie de conjuro y bastara mencionarla para tenerla entre nosotros. Nada más lejos de la realidad.

Su omnipresencia en los medios de comunicación, en la política, en la sociedad y en los giros coloquiales cotidianos muestran justamente que a lo peor brilla más bien por su ausencia. Parece que se la echa de menos, y esa sería la razón de ponerla como adjetivo a cuánto se nos antoje, a modo de mantra, en lugar de tenerla por el objetivo a perseguir como guía de nuestro obrar en general.

Una omnipresencia que delata su ausencia

Indudablemente hay nuevas disciplinas, como la bioética , que son imprescindibles y realizan una labor impagable.

Convendría que la orientación ética guiase cualquier avance científico y tecnológico, tal como demanda muy en particular la Inteligencia Artificial General. Sin embargo, no dejan de promocionarse cosas tales como la denominada “banca ética”, la “ética del deporte”, “la ética política” o la “ética de los negocios”, para distinguir lo que cuenta con ese marchamo de los demás bancos, deportes, política y negocios que se asumirían entonces como desprovistos de talante ético.

De igual modo, proliferan por doquier los “códigos éticos” que se aprestan a encargar y suscribir todo tipo de gobiernos, cargos públicos, entidades privadas, partidos políticos, asociaciones profesionales, ONGs o lo que se tercie, porque casi resultaría más fácil señalar aquello que no se precia de tener su propio código ético para presumir y alardear del mismo, en vez de acatarlo sin alharacas. Todo esto no es tan buena noticia como podría parecer a primera vista.

Si a la ética se le rindiera de veras el culto que merece, no haría falta mencionar su nombre a cada paso, ya que sencillamente se daría por sentado que preside nuestras pautas de conducta y moldea nuestro comportamiento en cualquier ámbito donde actuemos.

Ética aplicada

 En este contexto se han impuesto las denominadas “éticas aplicadas”, cuya labor no puede ser más meritoria y resultan extremadamente útiles en muchos campos. Con todo, esa denominación no dejaría de ser en cierto modo un pleonasmo, porque la Ética sin apellidos no merece tal nombre si no cabe aplicarla a una praxis que nos permita lidiar con los dilemas morales de nuestra convivencia. Sus planteamientos no admiten atajos ni tampoco grandes rodeos.

El problema de tender a codificar la ética con tanto detalle y para tantas cosas es que se le hace transitar hacia un terreno coercitivo que no es el suyo. Se le hace jugar un papel subsidiario al desempeñado por el derecho y su normativa jurídica, cuya misión es consignar lo correcto y sancionar lo que no se atiene a las normas.

Esta coerción externa no es algo propio de la ética, que no puede recibir ese nombre, si no se interioriza y la hacemos algo nuestro. El tribunal de la conciencia no está compuesto por magistrado ni jurado exterior algunos y copa en solitario nuestro fuero interno.

De poco vale recurrir a la ética como un barniz que oculte bajo una fachada presuntamente saneada una estructura raída. Maquillar nuestro aspecto dejando en el desván un tenebroso retrato sólo puede añadir a los desmanes una dosis de hipocresía.

Las leyes que se inscriben en el mármol de poco sirven y sólo cuentan las que depositamos en el seno de nuestros corazones, quedando allí grabadas a fuego y de manera indeleble, al margen de cualesquiera contingencias.

Nuestras costumbres

Nuestras costumbres nos hacen ser como somos y, para comportarnos ética o moralmente, hemos de albergar, desdeñar o cambiar nuestras costumbres. Eso requiere una revolución interior que no puede verse suplida por un cúmulo de códigos éticos o manuales de buenas prácticas. Esas guías deberían tender a propiciar su propia desaparición como mejor signo de lograr la meta que se persigue.

Dejemos de maltratar a la Ética y recurrir a ella sólo cuando ya es tarde, utilizándola para camuflar un orden de cosas que más vale prevenir. La ética hay que frecuentarla durante nuestra etapa de formación, desde la enseñanza secundaria, haciéndole acompañarnos en todos nuestros estudios, con una presencia transversal junto a la filosofía.

Educación en el pluralismo

Esto no significa en modo alguno adoctrinar a la población, como pretenden hacer algunos credos ideológicos que quieren inocular desde muy temprano su verdad excluyente, porque las provisionales certezas éticas tan sólo se templan en la forja del diálogo y el pluralismo, lo que permite fortalecer nuestro sistema inmunitario cognitivo, para ser ciudadanos vacunados contra el virus de la desinformación planificada y las patrañas puestas en circulación por los demagogos de turno.

Tributemos a la Ética el homenaje que realmente se merece, sin tomar en vano su nombre hasta banalizarlo mediante una inflación carente de toda solvencia. Evitemos caer en el falso dilema de amoldar nuestras convicciones a ciertas responsabilidades o rehuir estas por considerarlas incompatibles con aquellas.

La moral del éxito no debe traicionar las intenciones y, ciertamente, siempre cabe negarse a secundar lo injusto. A ver cuándo podemos acceder al inédito titulado “Ética del decir que no”.

Pedro Motas

Blog: generaldavila.com

10 marzo 2021

10 pensamientos en “¿BANALIZAMOS LA ÉTICA EN LA SOCIEDAD ACTUAL? Pedro Motas

  1. Mi respetado y muy querido GENERAL,
    Agradezco con entusiasmo que en la zozobra de la actualidad, reflexionemos analizando la acción moral. Tengo varios amigos que como D. PEDRO MOTAS optaron por acercarse a LA TEOLOGIA. Les ha dado a todos un baño de serenidad interna que resplandece en su personalidad. “ALGO TIENE EL AGUA CUANDO LA BENDICEN”. La caligaxía también ha sido una disciplina de permanente actualidad y se fue adaptando como cualquiera de las que la imperiosidad del desarrollo humano va trazando.
    Mezclar la Ciencia de la Supervivencia con la Teología de la Liberación. Retroalimentar la MÍSTICA en los momentos actuales y pasar de un código HAMMURABICO a los CÓDIGOS ÉTICOS, DECÁLOGOS DE CALIDAD, PERFILES DE RELACIONES HUMANAS PARA ELIMINAR PIES FORZADOS ETC…es enfocar resolución problemática desde ópticas diferentes.
    Cuando decimos “ACTITUD PERMANENTE DE LA MEJORA CONTINUA CON ORDEN Y LIMPIEZA” ¿se encauzaría en la METAÉTCIA en la ËTICA NORMATIVA Ó EN LA ÉTICA APLICADA.?
    Es posible que se banalice más de la cuenta. Sin embargo nunca inventa los problemas morales sino que trata de resolverlos. Lo que ocurre es que el hombre sigue incesantemente escribiendo en mármol LEYES, CÓDIGOS NORMATIVAS Y ESPECIFICACIONES para que los PIOS (PUNTOS DE INSPECCIÓN OFICIAES) nadie asome la lupa porque son copia muy distantes de la realidad operativa del lugar.
    Le FELICITO sobre todo porque ES NECESARIO de vez en cuando acercarnos a los EJERCICIOS DE SAN IGNACIO. Muchas gracias y a sus ordenes.
    A la orden de V.E
    VIVA EL REY
    VIVA EL CLERO CASTRENSE
    VIVA Y ARRIBA ESPAÑA

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  2. Buenos días Dn. Pedro. Magnífico su relato sobre la Ética, me quedo con el siguiente párrafo. Tributemos a la Ética el homenaje que realmente se merece, sin tomar en vano su nombre hasta banalizarlo mediante una inflación carente de toda solvencia. Evitemos caer en el falso dilema de amoldar nuestras convicciones a ciertas responsabilidades o rehuir estas por considerarlas incompatibles con aquellas. Muchas gracias y saludos para todos.

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  3. A las órdenes de V.E., mi General.

    Muy admirado Don Pedro, en mi modesta percepción, pero sí considerable experiencia de vida, humana y profesional, he podido constatar que el vocablo ética y sus derivados han pasado de ser un concepto sagrado al que se rendía verdadero culto, como al honor, la lealtad, etc., y era norma fundamental de vida en todas las actividades, pues desde niños en el colegio, nos explicaban e inculcaban esos valores tan fundamentales.

    Hoy, esas palabras permanecen en el diccionario y en el lenguaje cotidiano, pero ya vacías de contenido y fuera de su contexto, porque, entre otras razones, quienes las tienen en los labios a todas horas, “porque suenan bien”, ignoran su verdadero significado, y se abusa tanto de ellas, como del vocablo “democracia”, por mera propaganda y por aparentar una inteligencia y una cultura que no se tienen. Y es, además, típico del discurso político, uno de los más falsos, si no el que más, de todos los que existen en una lengua tan rica en recursos como es el castellano o español; que por eso está siendo perseguido y sentenciado a muerte, para ser sustituído por una torre de Babel en la que sólo puedan conversar pastores y labriegos.

    Reza un adagio: “Dime de qué presumes, y te diré de lo que careces”. ¿Qué crédito puede tener un Pedro Sánchez, un Pablo Iglesias, un Echenique, o cualquier otro político, salvo alguna honrosa excepción, al pronunciar la palabra “ética”?.

    ¡¡¡Viva España!!!

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  4. Lamento 1.010
    ———————————————-
    En esta expaña de ahora
    la ética es tan subnormal
    como los que la descoloran
    y en impudicia se atoran
    bailando en la impunidad.

    Que los hace tan perversos
    como aciagos y ofensivos
    estos seres tan inversos
    al bienestar del progreso
    que lo mantienen cautivo.

    Vergüenza, pena y coraje
    se mezclan en los adentros
    al pensar en los personajes
    tan entregados al corretaje
    que enmierdan los estamentos.

    De los que en ellos presumen
    cagándose en los asientos
    mientras que España desunen
    de las formas que consumen
    la venganza y el desencuentro.

    España día 9 de marzo de 2021

    Ramón Lencero Nieto

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  5. Pues la verdad, D. Pedro, que yo escucho poco o nada la televisión y por tanto me evito el sonrojo de escuchar la palabra ética en labios de quienes la evitan hasta el hartazgo, aunque según usted ellos traten de hacernos creer que se rigen por ella. ¿Es posible que el cinismo de la clase política llegue a esos extremos?

    Como posible, lo acepto, porque si usted lo dice será verdad, pero tengo la impresión de que no se utiliza ni siquiera cuando pudiera estar justificada. No recuerdo con exactitud los diferentes discursos que hemos escuchado de nuestro Rey, pero no me pareció que utilizara el concepto “ética” como base fundamental de ellos, precisamente porque él sí se rige por ese concepto, y todos los sabemos y lo damos por hecho, lo que viene a confirmar aquello que otro comentarista aludía, “dime de qué presumes y te diré de qué careces”

    No es necesario, aunque siempre resultaría conveniente, conocimientos de Teología para sentir y actuar con un sentido ético en la vida. Basta con saber diferenciar el bien del mal, practicar el primero y evitar a toda costa el segundo, como bien dice, aprendiendo a decir NO en muchas ocasiones.

    La ética está incluida en nuestro sentido de la moral, de la honradez, de la sinceridad y del respeto a los demás, y todas juntas forman un concepto bastante aproximado de lo que llamamos ética, incluso en las personas con menos cultura, porque es posible tener y actuar con ética sin conocer ni siquiera el significado de la palabra.

    Y tengo un ejemplo viviente en mi empleada (también podría llamarla amiga sin faltar a la verdad), ucraniana para más señas, y católica sin alardes, que podría dar lecciones de ética a la inmensa mayoría de las personas que conozco y trato españolas y en su mayoría con una cierta cultura.

    Usted nos ha brindado un magnífico artículo, que ayuda a serenar los corazones en éstos inquietantes momentos para nuestro País, pero que mucho me temo que sería para una mayoría – que seguramente no llegarán a leerlo – como dar de comer margaritas a los cerdos, que ni siquiera sabrían lo que están comiendo.

    Un cordial saludo

    Margarita Alvarez-Ossorio

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  6. Queridos amigos y compañeros, pasada ya la media noche, es de rigor agradecer los “me gusta” y los enriquecedores comentarios a mi humilde artículo.
    Y deseando tengan un feliz descanso, reciban un fuerte abrazo.
    Pedro Motas
    Veterano de españa

    Le gusta a 3 personas

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