EL ARTE DE VIVIR Y DE MORIR por Pedro Motas. Veterano de España

La eutanasia no puede considerarse un derecho sino la constatación de un fracaso social; Hay aspectos deficientes de la ley, algunos de los cuales probablemente merezcan la consideración de inconstitucionales; por ello hay que proponer, no sólo que “vivir es un Arte”, sino también un “Arte de morir” alternativo al que ofrece hoy en día el marco normativo español.

Todos queremos que nos reconozcan nuevos derechos. Ensanchan la libertad, abriendo horizontes de felicidad para nuestra vida. El problema es que muchas demandas que no son, en realidad, derechos (sino, más bien, lo contrario), se revisten de esa condición para recabar el favor ciudadano. La eutanasia es un caso paradigmático. Se puede defender la eutanasia por muchas razones, pero no resulta evidente que pueda ser defendida como un derecho. Que la ley orgánica reguladora de la eutanasia se presente como un derecho hace sospechar que, para convencer a la opinión pública sobre algo extraordinariamente problemático, se ha optado por el recurso fácil de cubrirla con la bandera legitimadora de los derechos.

La aprobación de una ley de eutanasia en la coyuntura que vive España no supone consagrar un nuevo derecho sino sancionar un fracaso social. En primer lugar, porque no parece que la respuesta del Gobierno ante la pandemia que sufrimos deba consistir en aprobar una ley que permita dar muerte a los más mayores, enfermos y dependientes, los mismos con los que se ha cebado el virus en los últimos meses. No hay país en el mundo que, en medio de la pandemia, haya considerado prioritario regular la eutanasia. En segundo lugar, porque se ha aprobado una ley que decide desproteger la vida humana en sus etapas de mayor fragilidad, sin que los ciudadanos hayan tenido la oportunidad de reflexionar y deliberar sobre las razones que justifican o no ese cambio.

Debemos reconocer que, desde el momento en que se acepte la eutanasia, las personas con enfermedades crónicas o terminales van a sentir todos los días en sus oídos el susurro de la insidiosa pregunta: ¿seguro que te sigue valiendo la pena vivir en esas condiciones? Antes de poner a nadie en esa situación, ¿no será mejor promover una cultura social que afirme con contundencia que la vida de todo ser humano vale siempre y que, por ello, vamos a dedicar todos los esfuerzos necesarios para que las personas puedan morir cuidadas, en paz y sin dolor?. Debemos reconocer que es extraordinariamente difícil distinguir entre una genuina demanda de eutanasia y el grito desesperado de quien querría pedir ayuda para sobrellevar el tramo final de la vida, pero solo se ve capaz de pedir que acaben con su vida. Quien piense que es fácil discernir uno y otro mensaje, ni conoce al ser humano, ni cómo funciona la medicina protocolizada actual.

En otoño del año pasado el Comité de Bioética de España publicó un extenso informe sobre la eutanasia y el final de la vida. Sus conclusiones principales, adoptadas por unanimidad de sus miembros, fueron las siguientes: Primera, no se puede decir que exista el derecho a la eutanasia; más bien es lo contrario a los derechos de la persona. Segunda, urge universalizar unos cuidados paliativos integrales, capaces de atender hasta las situaciones más difíciles, como el llamado sufrimiento existencial refractario.

El informe aborda, además, el impacto que la eutanasia tendría sobre los profesiones sanitarios, que se verían obligados a incorporar entre sus fines, no solo el de curar y cuidar de la vida frágil, sino también el de acabar con la vida humana cuando concurran determinadas circunstancias. Quizá, por eso, los representantes de esas profesiones hayan tendido a rechazar esa opción y a subrayar la importancia del cuidado integral hasta el final. Aprobar una ley de eutanasia sin el imprescindible debate ciudadano; sin haber asegurado antes una cobertura universal de los cuidados paliativos; y cuando muchas de las personas que murieron en la primera fase de la pandemia carecieron de la asistencia sanitaria que les podía haber salvado la vida, no supuso reconocer un derecho, sino sancionar un fracaso social.

Lo primero que llama la atención de esta ley es el momento en que ha sido aprobada: en plena pandemia por Covid-19. No parece que sea una muestra de sensibilidad del legislador presentar la eutanasia como alternativa satisfactoria para los futuros sufrimientos de los mayores próximos a morir y de los enfermos crónicos, quienes han sido más castigados por la pandemia. ¿No habría sido incomparablemente mejor tramitar en este momento una ley que garantizara la protección socio-sanitaria de las personas mayores y otra de cuidados paliativos, en lugar de apresurarse con una ley de eutanasia? ¿Tendrá algo que ver el hecho de que las dos primeras requieren de muchos recursos económicos para su implementación mientras que la tercera los ahorra?.

Tampoco la voz de los profesionales sanitarios fue tomada en consideración en ningún momento de la tramitación de la iniciativa legislativa. De hecho, la Organización Médica Colegial de España se vio obligada a manifestar su rechazo a la ley cuando estaba a punto de aprobarse: El médico tiene el deber de intentar la curación o mejoría del paciente siempre que sea posible. Cuando ya no lo sea, permanece la obligación de aplicar las medidas adecuadas para conseguir su bienestar, aun cuando de ello pudiera derivarse un acortamiento de la vida. El médico nunca provocará intencionadamente la muerte de ningún paciente, ni siquiera en caso de petición expresa por parte de éste. El Dictamen de la Comisión de Justicia sobre la Proposición de Ley Orgánica para la regulación de la eutanasia en España supone avalar por Ley que la eutanasia es un “acto médico”. Esto es contrario al Código de Deontología Médica y contradice los posicionamientos de la Asociación Médica Mundial.

La ley aprobada ofrece una regulación tan permisiva como la más permisiva de las leyes sobre eutanasia aprobadas en el mundo hasta el momento. En España se ha hecho directamente y sin adoptar las garantías suficientes para evitar que la persona sea objeto de la eutanasia en contra de su voluntad. Se ha incorporado este supuesto directamente, sin escuchar la voz del colectivo de las personas con discapacidad. Para colmo, España es el país en que menos desarrollados están los cuidados paliativos de todos los que tienen regulada la eutanasia hasta el momento. En consecuencia, la eutanasia no aparece como un último recurso cuando la persona considera que los cuidados paliativos recibidos ya no son suficientes para sostener su vida, sino como única alternativa garantizada al sufrimiento insoportable.

El problema del envejecimiento consiste, por tanto, en que la persona lo acepte, comprenda su sentido y lo haga realidad. Pero aún hay que añadir otra cosa: es mucho lo que depende de que también la sociedad acepte por su parte la vejez y le reconozca honrada y amablemente el derecho a la vida que le corresponde. Hoy en día observamos por todas partes el fenómeno de que solo se considera valiosa para el hombre la vida joven, mientras que la edad avanzada se ve como un proceso de decadencia y descomposición.

Mientras, como sucede ahora, solo se considere valiosa la vida joven y productiva, la sociedad no aceptará la vida anciana, en la que solo se verá decadencia y descomposición. La consecuencia es que los propios ancianos sentirán cada vez más difícil encontrar el sentido de su condición. El anciano se verá a sí mismo como el ser despreciable que, de joven, veía en los ancianos. El discurso del envejecimiento activo y saludable está parcialmente imbuido de este prejuicio: como solo importa lo hermoso, saludable y productivo, las opciones de la persona mayor por mantener su reconocimiento social pasan por que se afane desesperadamente en mantener esas condiciones. En cuanto las pierda será él mismo el primero que estime su vida indigna de ser vivida. Pero no habrá llegado hasta ahí por su libre autodeterminación sino por el ineludible condicionamiento social.

Una sociedad incapaz de aceptar y reconocer el valor de las personas ancianas no solo es un peligro para ellas, sino también para la propia sociedad. Frustra la plena realización del ser humano a lo largo de todas las etapas de su vida, impide el encuentro intergeneracional que tan fecundo es para cada generación, renuncia a la sabiduría que aportan quienes ven retroactivamente cada una de las etapas de la vida, y consagra un orden regido por la fuerza, en el que uno solo es pesado en función de lo que hace y no de lo que es.

De ser el Estado el que determinaba las vidas merecedoras de ser vividas, hemos pasado a que sea el individuo quien, en el momento en que incumpla con los estándares de productividad exigidos por la sociedad, quiera dar el paso adelante y pida que se acabe con una vida que carece de sentido. La eutanasia no va de derechos sino de engaños: del hacerrnos creer que nuestra vida no merece la pena y se convierte en una carga insoportable para los nosotros y los otros cuando deja de cumplir con ciertos estándares. Ese es el espíritu que alienta la reciente ley española de eutanasia, que envuelve con el lenguaje de los derechos la definitiva e irreversible muestra de autoexplotación.

¿Queda, entonces, lugar para la esperanza? Sin duda, porque la sociedad necesita de los mayores y los discapacitados y volverá a reconocerlos no por sus capacidades sino por ser quienes son. Entre tanto, procede vigilar para que se reforme en aquellos aspectos que van claramente contra la Constitución (por ejemplo, los que tienen que ver con la eutanasia mediante testamento vital, la eutanasia por discapacidad o la obligatoriedad para los profesionales sanitarios); para que la ley se desarrolle y aplique con todas las garantías que contempla, en especial, las relacionadas con la deliberación con el paciente; y, sobre todo, para que se universalicen los cuidados paliativos porque, mientras no lo estén, que no se engañe nadie: las solicitudes de eutanasia estarán mayormente condicionadas por la falta de cuidados.

Pedro Motas. Veterano de España

Blog: generaldavila.com

6 junio 2021

11 pensamientos en “EL ARTE DE VIVIR Y DE MORIR por Pedro Motas. Veterano de España

  1. Muy respetado y querido D. PEDRO MOTAS,
    ENHORABUENA POR TAN MAGISTRAL EXPOSICION DE TAN ACTUAL TEMA CON IMPORTANCIA VITAL.
    Ha reflejado desde la óptica INSUPERABLE DE UN SÓLIDO CONOCIMIENTO DEL TEMA el OBJETIVO PRIMORDIAL concatenando los pros y los contras que suscita “LA EUTANASIA”.
    Comienza con lo que ha supuesto EL FRACASO SOCIAL.
    También alude al aparente ensanchamiento de libertades en un horizonte paradigmático de felicidad. Precisamente se defiende como derecho cuando es :
    i) Ley que da muerte a:
    – los mayores
    – enfermos y
    -dependientes
    ii) Desprotege la vida humana en su etapa más frágil.
    No es capaz de romper la eterna pregunta ¿Merece la pena seguir viviendo en tan nefasta condiciones?
    Me adhiero a la medicina protocolizada actual y a las indicaciones del Comité de Bioética que detalla con precisión:
    a) No se puede afirmar que exista derecho a la eutanasia.
    b) Universalizar los cuidados paliativos integrales capaces de afrontar el sufrimiento existencial refractario.
    Muestra la falta de un debate ciudadano y la falta de concordancia con el CODIGO DEONTOLOGICO MEDICO.
    Precisa la antigua merecedora existencia que el Estado potencialmente vinculaba a la particular existencia del hombre y que ahora el propio hombre trata de despejar sin la debida proyección. Así se llega AL GRAN ENGAÑO que la Ley entraña.
    Por último resurge . ¿QUEDA LA ESPERANZA?
    LA RESPUESTA LA DA DON PEDRO MOTAS CON :
    ¡LA UNIVERSALIZACION DE CUIDADOS PALIATIVOS CADA VEZ MAS EFICACE QUE POR TANTO CONLLAVAN ENORME EFICACIA Y EFICIENCIA!
    Muy AGRADECIDO y reitero inmensas FELICIDADES.
    Abrazos y a la orden.
    A la orden de V.E
    VIVA EL REY
    VIVA SANIDAD MILITAR
    VIVA Y ARRIBA ESPAÑA

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  2. Buenos días, don Pedro, y todos. Análisis de esta (pen) última jugarreta de esos que hacen como que gobiernan, aprovechando la Pandemia que, dice la OMS, NADIE ha encargado a los chinos; entre las numerosas virtudes que lucen esos que dicen gobernar, figura la de estar hechos unos Mengueles.

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  3. Mi respetado y muy querido D.PEDRO MOTAS,
    Creo pasarme de rosca y en vez de EFECTIVIDAD = EFICACIA Y EFICIENCIA, he puesto por la velocidad al escribir : EFICACIA = EFICACIA y EFICIENCIA.
    Apelando a PARACELSO : ” El buen médico es el que corrige rápido el errado diagnóstico”.
    Muchas gracias .
    A la orden de V.E
    VIVA EL REY
    VIVA SANIDAD MILITAR
    VIVA Y ARRIBA ESPAÑA

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  4. La eutanasia es un proyecto que raya en lo criminal
    ———————————————————————–
    En el arte de la vida
    caminamos a la muerte
    entre las rosas y espinas,
    los sosiegos y las fatigas
    que nos llevan sus corrientes.

    La eutanasia es un proyecto
    que raya en lo criminal
    liderado por el esperpento
    de los seres más siniestros
    en esta llamada libertad.

    España es una Nación
    que abierta al libertinaje
    se hace ver la condición
    del desbarajuste feroz
    dirigido por el bandidaje.

    De políticos sin conciencia
    dados a los desacatos
    que pace la desvergüenza
    despreciando la inteligencia
    entrañada en los recatos.

    Es la decadencia humana
    de este hoy tan despectivo
    llevado por la voz ufana
    que a la humanidad profanan
    y luego son aplaudidos.

    En las artes de la vida
    el indefenso es cautivo
    del corrupto y el homicida
    que haciendo pus en la herida
    se sienten fortalecidos.

    España día 6 de junio de 2021

    Ramón Lencero Nieto

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  5. Mi General: Hoy un tema candente,, “EUTANASIA”, tema candente. Para empezar doy mi opinión : No quiero pasarme, pero de buena gana diría “asesinato”, no es así, y solo, por matices lo retiro.
    Pedro Motas, lo desmadeja perfectamente, sabe lo que dice y nos alivia algo.
    Tiene toda la razón cuando cita a la PANDEMIA, cuantos errores se cometieron, cabría pensar que estaba preparado ?, no lo creo pero……..
    Cuidados Paliativos: Mejorarlos, aumentarlos…..están los hospitales y todos los médicos, preparados?. En sus manos estaremos al final.
    Tengo una edad………que me hace ser muy suspicaz.
    Como “antiguo” deseo que esta ley sea anulada. Lo hará el PP, con VOX.?
    Gracias Pedro Motas, un abrazo. Ya sabes, y sino, te lo digo ahora.🇪🇸🇪🇸🇪🇸

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  6. Buenas tardes D. Pedro y a todos los que estén leyendo este importante y trascendental artículo de hoy y los comentarios que va suscitando.

    En este tema de la eutanasia hay unas líneas muy tenues, a veces demasiado sutiles, que ya no se refieren a una ley que la autorice, más bien afectan a la conciencia del profesional que tenga que aplicarla, y ahí reside el problema. Si tienen creencias religiosas profundas, no se prestarán a ello nunca por mucho que la ley lo autorice, y si nos las tienen basta que sea una persona con una conciencia ética para que en un caso desesperado, sin solución, y viendo al enfermo sufrir horriblemente, por simple piedad le suministre alguna sustancia que evite el dolor hasta que la muerte llegue por si misma .¿Cual es la diferencia? Pues justamente esa es la línea a la que me refiero.

    Y le hablo desde la experiencia, porque tengo dos casos en la familia que me hacen dudar sobre ésta cuestión. Uno, mi propia madre, que murió cuidada hasta el máximo, con una leucemia sin solución, a los 91 años, pero cuyos últimos días de vida fueron un auténtico martirio porque nos negamos a que le proporcionaran, como nos propusieron, una dosis letal de morfina que le habrían evitado al menos esa última semana en la que ya no era capaz de tragar, había perdido por completo la conciencia, y yo realmente no se si ella era capaz de sentir o pensar, siempre me quedará esa duda, y si lo era, me parece terrible que esos días, sabiendo que su muerte era inminente, su sufrimiento hasta que por fin le falló el corazón mereció la pena, por mantenerla en vida a base de suero. La idea de que ella fuera consciente aunque no fuera capaz de articular palabra me atormenta, porque recuerdo perfectamente su mirada, y era una mirada de auténtica desesperación. Pero el negarme a precipitar su muerte era mi obligación como católica, de lo que tengo mis dudas es si esa decisión fue caritativa. Sinceramente no lo se, porque si no hubiera sido por las constantes transfusiones de sangre y todo lo que tuvimos en nuestras manos para alargar su vida, hubiera muerto posiblemente un año o quizás más antes de llegar a ese extremo. Por tanto ese periodo de vida fue posible gracias a esos cuidados paliativos de los que habla, y realmente no se si no hubiera sido mejor para ella morir de una forma natural sin esos cuidados médicos que finalmente sólo significaron un poco más de tiempo, y si ese tiempo a ella le mereció la pena o fue sólo un acto de egoísmo por tenerla conmigo hasta que ya no hubo nada que hacer.

    El otro fue una tía, que había padecido un ictus grave, pero cuya calidad de vida era soportable, porque no tenía dolores ni sufría, incluso era capaz de pasear un rato cada día incluso por la calle, pero sufrió un segundo ictus que le produjo una hemorragia interna de la que ya los médicos dijeron que nunca se recuperaría, y que quedaría como un vegetal hasta que le fallaran los órganos vitales. No puedo decirlo con seguridad, pero tengo la sospecha de que su propio nieto(médico) autorizó esa dosis de morfina a la que yo me negué en el caso de mi madre, y murió en menos de 48 horas sin el menor rictus de dolor, con una paz en su rostro que ya me hubiera gustado ver en la cara de mi propia madre. No se si a eso se le puede llamar eutanasia, pero si pudiera volver atrás posiblemente hubiera elegido esa opción cuando me la ofrecieron.

    Pero claro, aunque un médico te diga que el estado del paciente es irreversible, si la familia no autoriza que se ponga fin a su sufrimiento, se juega su carrera y su futuro, y ha habido casos y creo que todos los conocemos, que justamente por aplicar ese método sin la debida autorización un médico relativamente famoso fue a juicio y lo perdió, aunque no se las consecuencias que para su propia vida tuvo aquel juicio. Por eso digo que el hecho de que la eutanasia sea legal es una simple cuestión de conciencia, del profesional que tenga que aplicarla. Y eso es lo más complicado de regular, si lo hace como un gesto caritativo cuando no ve ninguna posibilidad de recuperación y para evitar sufrimientos que no llevan a ninguna parte, o si se aplica por la medicina privada y llega a ser un mero negocio por intereses de la propia familia o cualquier otra circunstancia que no lo justifiquen. Eso es lo realmente peligroso, y le doy la razón totalmente cuando dice que se debería haber consensuado entre los ciudadanos y un consejo de médicos de acreditada solvencia ya no sólo profesional, sino moral.

    Que una persona relativamente sana pida su propia muerte sólo porque esté sola y con falta de medios para subsistir es terrible, y legalizarlo me parece totalmente insufrible, y más cuando se trate de alguien incapacitado que no puede decidir por si mismo, si no hay sufrimiento insoportable ni peligro inminente de muerte.

    Todo su artículo me ha traído a la memoria los casos que relato, y créame que no es un asunto que sea nada agradable de recordar, pero me veo en la necesidad de serle sincera y realmente hay ocasiones que, si no confrontan con nuestra creencias religiosas, es justificable. Lo malo es que uno ya no sabe si prefiere conservar al ser querido el máximo de tiempo posible a nuestro lado por una cuestión moral o por simple egoísmo porque no queremos que desaparezca de nuestra vida. esté como esté.

    Un afectuoso saludo y muchas gracias D. Pedro por traer a éste blog una cuestión que alerta de manera particular todo nuestro universo interno, nuestra conciencia y nuestra ética.

    Margarita Alvarez-Ossorio

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  7. Buenas noches, D. Pedro Motas:

    Verdad aplastante, y muy claro, lo que nos escribe sobre la Eutanasia, y las circunstancias en las que las podemos vivir, desgraciadamente, si no se soluciona poco a poco, los cuidados paliativos, para los que los necesiten. Infinitas gracias, por todo ello.
    Muy buenos todos los comentarios, de los que aprenso siempre. Saludos a todos.

    Afectuoso saludos, con gratitud.

    Josefa del P. S. López del Moral Beltrán

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  8. A las órdenes de V. E., mi General.

    Muy admirado Don Pedro. Excelente y magistral lección moral y científica, y cuestión más oportuna, el valor de la vida, no la hay en estos momentos en que se nos están imponiendo a la fuerza, y además hasta por ley, una serie de cosas, que lo más benévolo que se puede decir de ellas es que son antinatura.

    Resulta que la izquierda mundial, en ataque sistemático y perfectamente coordinado, está asaltando todas las instituciones de todos los países y algunas internacionales con tres frentes abiertos y activos simultáneamente. Uno, el aborto. Otro, la eutanasia. Y el tercero, lo de la homosexualidad y el adoctrinamiento sobre el cambio mental de género a los niños desde el parvulario, con todo tipo de trucos y subterfugios, y hasta ensalzando y enseñándoles en qué consiste la masturbación. Prefiero no exponer aquí, por respeto, los juicios de valor que me merecen estos extremos de perversión por parte de hasta algunas autoridades locales concretas. “Ay de quien escandalizare a uno de mis más pequeños….”

    Lo peor es que se aducen supuestos derechos que no existen en absoluto. Decir, por ejemplo, que el aborto y la eutanasia son un derecho de las personas, que tiene que estar contemplado y protegido en la legislación, es tanto como decir que cualquiera tiene también el derecho a matar o pagar a un asesino a sueldo que lo haga, a otra persona por el simple motivo de que no le cae bien o no le es simpática. Es decir, rizar el rizo del absurdo, la estupudez y el ridículo. Es como si alguien dijera que los genocidios de millones de criaturas que se dieron en la Alemania Nazi y en la URSS de Stalin, aprovechando reorganizaciones, experimentaciones diabólicas y la guerra, eran legítimos y también un derecho de aquellos gobernantes, a los que sin ser conscientes del todo, o siéndolo por completo, se está emulando y superando en estos tiempos. Con respecto a aborto y la eutanasia, se está pretendiendo forzar una ley que no permita al personal sanitario ni ejercer el derecho fundamental, este sí, a la objeción de conciencia.

    Es imposible superar este grado de perversión.

    He pasado, hace año y medio, por la prueba terrible de que en la UCI de un hospital me deshauciaran a mi esposa y me dijeran que la trasladaban a una habitación en planta “para que muriera en unas horas” en paz y acompañada por la familia. No les discutí nada, pues podría haber dicho tonterías al ser un lego total en cuestiones médicas. Tanpoco me senté a llorar “mi mala suerte”, ni a asumir hecho tan dramático así como así y sin recabar una “segunda opinión”, y me fuí a exponer la cuestión a una doctora especialista en el tipo de problema que tenía mi esposa. Dio literalmente un salto de la silla, dejó la consulta, y me acompañó hasta la habitación, llegando en el preciso momento en que introducían a mi esposa aparentemente inconsciente e irrecuperable por un teórico envenenamiento con carbono y ausencia de oxígeno en sangre. Irreversible y en fase terminal según la opoinión en la UCI. La doctora comenzó a dar órdenes y a pedir urgentemente una máquina suministradora de oxígeno asociada a otra que se encarga de expandir y comprimir rítmicamente los pulmones. , Y para no alargarme más en algo tan doloroso, en veinte interminables días días, luchando a brazo partido con la muerte a base de ensayar configuraciones de ambas máquinas, consiguió revertir el proceso, haciendo ella personalmente todo el trabajo y dedicando hasta su tiempo libre. Desde entonces, mi esposa está en una muy buena residencia, dependiente, eso sí, de una asistencia y ayuda por personal especializado durante las veinticuatro horas, pero disfrutando de estar viva, de ver, sentir, respirar, y felíz dentro de sus circunstancias. Lo único es que esta traumática e inesperada separación, agravada por las medidas para prevenir contagios, aunque ahora ya puedo visitarla y sacarla a pasear alrededor del edificio dos días a la semana durante media hora, ha supuesto otra prueba muy difícil y dolorosa, pues la sensación era como de estar muertos en vida.

    Tengo también uno de mis dos nietos, ya con ocho años cumplidos, que va camino de ser un Apolo, superdotado en inteligencia para su corta edad, que cuando mi hija lo estaba gestando, en una prueba obligatoria que hacen en Estados Unidos a todas las embarazadas, saliero unos números que no cuadraban, parece, con los estándares deseados, y le ofrecieron a los padres la opción de aborto gratuíto porque el niño podría nacer con síndrome de Down. Se negaron ambos, ella y mi yerno, y nació una criatura que es una joya.

    De modo que, estas son mis dos experiencias con la industria de la muerte. Porque al final, lo disfracen como lo disfracen, el aborto y la eutanasia son un gran negocio para multinacionales de la muerte, y de alguna manera, en votos para los políticos que lo promueven y legalizan.

    Siento haberme tenido que extender tanto, y más introduciendo cuestiones tan personales personales. Pero habrá merecido la pena si con ello, a alguien de fuera que pudiera leerlo, le hiciera meditar y abrir los ojos.

    ¡¡¡Viva España!!!

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  9. Pasada ya la media noche, solo me queda agradecer los “me gusta” y los valiosos comentarios pensamientos de los que han intervenido en el enriquecedor debate a mi humilde artículo, que como bien ha manifestado Doña Margarita:
    “En este tema de la eutanasia hay unas líneas muy tenues, a veces demasiado sutiles, que ya no se refieren a una ley que la autorice, más bien afectan a la conciencia del profesional que tenga que aplicarla, y ahí reside el problema. Si tienen creencias religiosas profundas, no se prestarán a ello nunca por mucho que la ley lo autorice, y si no las tienen basta que sea una persona con una conciencia ética para que en un caso desesperado, sin solución, y viendo al enfermo sufrir horriblemente, por simple piedad le suministre alguna sustancia que evite el dolor hasta que la muerte llegue por sí misma… una cuestión que alerta de manera particular todo nuestro universo interno, nuestra conciencia y nuestra ética.”
    Y reconociendo la dureza de todo lo que se ha manifestado aquí, reciban un fuerte abrazo de este, su compañero y amigo.
    Pedro Motas
    Veterano de España

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