LA BIOPOLÍTICA COMO GOBIERNO DE LA VIDA HUMANA Pedro Motas

La cuestión es cuánto y hasta dónde se debe gobernar. En otros términos: el problema para una democracia liberal consiste en saber cuál es la cantidad mínima de gobierno compatible con el buen funcionamiento de la sociedad y con la libertad de las personas.

Repararemos solo en los aspectos biológicos de la vida humana: la procreación, la enfermedad, la muerte. Y nos fijaremos en ellos precisamente desde el punto de vista político. Porque es frecuente abordarlos desde una mirada bioética, pero no es esta la que nos interesa ahora: no la ética, sino la política de la vida humana. Cuando las sociedades intentan gobernar los aspectos biológicos de la humana existencia, pasan a hacer biopolítica.

La palabra biopolítica puede tener alguna otra acepción, claro está. Por ejemplo, para quien piense el estado como un gran organismo, toda política se convierte en biopolítica, es decir, en una forma de gestionar la vida de la bestia en cuestión. En otro sentido, más cotidiano, podemos hablar de biopolítica siempre que se persiga el gobierno de los seres vivos y de los ecosistemas. En la normativa sobre el transporte animal o en el manejo de los espacios naturales protegidos, por poner un par de casos, habrá biopolítica, poca o mucha. Pero centrémonos ahora solo en lo que a la vida humana se refiere.

Nos preguntamos, pues, ¿hasta dónde se hace imprescindibles que mi vida, en el sentido biológico de la palabra, sea gobernada, no por mí directamente, sino por el legítimo poder político? Buscamos aquí una biopolítica mínima, un “no gobernar demasiado”, pues pensamos que todo exceso iría injustamente en detrimento de la libertad de cada persona.

Si en algún terreno ha de procurarse la frugalidad del poder, es en este. ¿Qué es un gobierno frugal? Es el mínimo gobierno dable, siempre que quede a salvo el bien común y la libertad de las personas. Y quizá la identificación de este nivel mínimo no sea posible en abstracto, al margen del contexto concreto al que nos refiramos. Puede que se requiera una estimación prudencial, ceñida a cada aquí y ahora.

Un pueblo virtuoso y laborioso siempre podría ser ‘gobernado a bajo precio’ en un sistema republicano. De aquí parece seguirse que donde falta virtud y afición al trabajo se requerirá más gobierno, un gobierno más gravoso e intervencionista. Dicho gobierno será legítimo, no obstante, en la medida en la que promueva la virtud y la laboriosidad de las gentes, para así proceder a adelgazarse cuanto antes. Será abusivo en tanto que se aproveche del vicio y de la desidia, e incluso los fomente, para engordar aun más, para ensanchar su poder, para justificarse en su afán de regularlo y controlarlo todo. ¿En qué punto estamos nosotros aquí y ahora? ¿Cuánta biopolítica se nos hace hoy imprescindible?

Reconocimiento de la transición… Precisemos: aquí remite a España, aunque buena parte de lo que sostendré puede ser aplicado a otros países; ahora quiere decir en el momento actual, pero considerado desde la perspectiva de los últimos cuarenta años, lo cual, para el caso español, quiere decir desde la transición hasta hoy.

La transición es nuestro horizonte fundacional, con ella empezó todo. Por supuesto, hubo vida antes de la transición, pero vamos a prescindir de este detalle, pues la historia del ahora ha de ser narrada desde algún comienzo, aunque sea legendario. En el principio fue la transición, convengámoslo así. Como en cualquier tiempo fundacional, seguramente en la transición hubo un poco de todo. Pero el sabor que nos ha dejado, el retrogusto, digamos, es el de la concordia, el consenso, el mutuo reconocimiento. Nos dimos entonces recíprocos permisos para gobernar una comunidad de la cual todos nos sentíamos parte.

Posterior tensión provocada y deslegitimación del adversario. Ahora bien, la tentación de eternizarse en el poder por la vía de la deslegitimación del adversario estuvo siempre latente, como en germen. Esta semilla de discordia se fue incubando poco a poco en sucesivas legislaturas, pero eclosionó con fuerza durante los últimos gobiernos. Se trataba, entonces, de excluir para permanecer, de deslegitimar al adversario para que nunca jamás volviese a pisar moqueta.

En 2008, ardió por las redacciones la frase que aquel presidente secreteó al periodista Gabilondo ante un micrófono inoportunamente abierto: “Nos interesa la tensión”. La tensión, en efecto, fue artificiosamente forzada acá y allá, en el campo de la llamada memoria histórica, en política exterior, en economía, en las políticas territoriales, en educación, y así sucesivamente.

Ya sabemos cuál fue el método para generar la buscada tensión biopolítica. Se convirtió un problema en un dilema. Se asoció uno de los lados del dilema al progreso y el otro al retroceso. Quien optase por este segundo quedaría inmediatamente estigmatizado y deslegitimado. El problema del aborto, por ir al caso concreto, se puso en términos de dilema, y los polos del dilema se situaron en un eje temporal, con el pasado hacia un lado y el futuro hacia el otro. En un polo hallábase la libertad de la mujer para encauzar su vida reproductiva, en el otro la amenaza carcelaria.

Se da aquí una chirriante paradoja que ya debería habernos puesto sobre aviso: quien emplea el dilema para deslegitimar al adversario, y para eternizarse así en el poder, se autoproclama a un tiempo paladín de la libertad; quien pretende bloquear por décadas, o quizá para siempre, el cambio político se presenta como adalid de un dinámico progreso. Es una maniobra tosca y manida, pero sorprendentemente eficaz.

El mismo esquema se repite hoy, una década después, con la cuestión de la eutanasia. Hay quien supuestamente legisla mirando al futuro, en pro –dicen- de la muerte digna y de la autonomía del paciente, mientras que todavía alguno queda –se presume- que añora un pasado de encarnizamiento terminal. El dilema vuelve a resultar tan brutal y simplista como amedrentador y eficaz. La ley de eutanasia se ha elaborado a carreras, mientras las gentes lloraban a los muertos de la pandemia, muchos de ellos caídos en soledad; se urdió en el mismo instante en que el personal sanitario se afanaba heroicamente y casi sin recursos para salvar algunas vidas.

Es curioso que el mismo gobierno que no ha encontrado un rato para reformar las leyes de sanidad y salud pública, ni para redactar una ley de pandemias, se las haya apañado para sacar adelante una ley de eutanasia. Primero por omisión y después por acción ha logrado el mismo efecto, un exceso de biopolítica. En lugar de aplicar una modesta ley sanitaria reformada en función de la pandemia, han preferido gobernar el virus mediante estados de alarma. Inconstitucionales, sí, pero bien empoderadores para quien los ha dictado.

Si es verdad que la biopolítica ha sido instrumentalizada como vector de ruptura y de deslegitimación, también lo es que podría convertirse en un terreno propicio para el acuerdo y el mutuo reconocimiento. Esta transformación sería factible bajo unas ciertas condiciones.

En conjunto, ¿cuántas vidas podrían ser anualmente salvadas en nuestro país con políticas adecuadas de apoyo a la maternidad? Seguramente miles. Este tipo de objetivo, y los logros correspondientes, deberían formar parte destacada de la comunicación política, deberían pasar al primer plano de los programas que los partidos ofrecen a los ciudadanos.

En realidad, lo que se propone aquí es ir más allá de la mera elección formal, hacia una efectiva libertad. Que ello requiere trabajo, creatividad política e inversión es obvio, pero produce una gran ganancia a cambio. En primer lugar y sobre todo en términos de vidas salvadas y de libertad. Y también en clave de promoción del bien común, especialmente en una sociedad aterida por el invierno demográfico. Salimos ganando, asimismo, en cuanto a la educación de la sociedad en las virtudes que acabarán permitiendo un gobierno más frugal.

Pasemos ahora a considerar el problema de la eutanasia desde el punto de vista biopolítico que venimos adoptando. Cuando lo planteamos como dilema nos vemos obligados a elegir entre dos cauces de acción igualmente decepcionantes: o bien consentimos el sufrimiento del enfermo terminal, o bien aceptamos la posibilidad de que una persona dé muerte a otra bajo autorización del gobierno. Muchos pensamos que el sufrimiento del enfermo es un mal. Y tal sufrimiento puede proceder de las enfermedades que padece o incluso de un sobre-tratamiento de las mismas. Pero también pensamos que el principio general de que una persona no debe dar muerte a otra debería estar sometido a las mínimas excepciones posibles. Así, la eliminación de excepciones tradicionales, como la de la pena de muerte, nos parece a muchos un genuino progreso de la humanidad. Mientras que la incorporación de nuevas excepciones supone, en todo caso, un fracaso social.

Por suerte, no hay por qué transitar obligatoriamente por este dilema cerrado, o resignación ante el sufrimiento o resignación ante la eutanasia. En este tema, la vía creativa y laboriosa que nos saca de un mal dilema se viene desarrollando ya desde hace años gracias al trabajo de muchos profesionales. Vamos a denominarla, de un modo genérico, vía de los cuidados paliativos. En ella se incluyen también ideas y prácticas como las del testamento vital, adecuación del esfuerzo terapéutico, órdenes de no reanimación, prevención del suicidio, sedación paliativa…

Los cuidados paliativos aumentan la libertad y reducen sufrimiento; pero la ley de eutanasia, es ejemplo de mala biopolítica. Por añadidura, la existencia de una tal ley dificulta considerablemente el adecuado desarrollo de la medicina paliativa. Aquí, la influencia de la ley sobre la sociedad y sobre la comunidad médica no puede ser más nociva y desorientadora, pues contribuye a formar hábitos que nos alejan cada vez más de las deseables virtudes y que nos obligan a aumentar paulatinamente la presión política sobre el proceso de muerte.

En resumen: En biopolítica deberían evitarse los planteamientos dilemáticos y aplicar, en cambio, la creatividad y laboriosidad humanas. Se gana con ello en reconocimiento mutuo y concordia, al tiempo que se evita el vicio de “gobernar demasiado”, se fortalece la libertad de las personas así como el bien común. No se trata aquí de fabular utopías, sino de reconocer el trabajo que de hecho ya están realizando muchos de nuestros conciudadanos.

El trabajo creativo en investigación biomédica nos ha librado ya del insidioso dilema relativo al uso instrumental de células embrionarias humanas; iniciativas como Red Madre, junto con las leyes de apoyo a la maternidad, permiten salvar vidas humanas y dar libertad a muchas mujeres; la esforzada labor en cuidados paliativos llevada a cabo por sanitarios e investigadores concilia la buena muerte con el respeto a la vida y a la dignidad de las personas. Tenemos, pues, ejemplos muy orientadores, de los cuales nuestros partidos y gobiernos deberían tomar inspiración a la hora de diseñar sus propuestas biopolíticas.

Pedro Motas Mosquera.

1 mayo 2022

Blog: generaldavila.com

14 pensamientos en “LA BIOPOLÍTICA COMO GOBIERNO DE LA VIDA HUMANA Pedro Motas

  1. Buenos días
    Solo un comentario. No veo que se limite a nadie más la extensión de sus exposiciones como se hizo días atrás a dos intervinientes, a uno taxativamente por cantidad y a otro recomendando un par de párrafos y aconsejando sobre las palabras a utilizar.
    Serafín Verdejo
    TteCoronel (R)

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  2. Buenos días don Pedro, y todos; ¿Paliativos?; lo contrario de la Eutanasia, que para el caso tiene que ver mucho con la Eugenesia. Y algunos «profesionales», rizando el rizo, quiero pensar que SIN saberlo, cometen Eutanasia por medio del sobretratamiento, o «protocolos» extremistas e inacabables, de Mutilantes Cirugías, Chernobylterapias, o Quimiomicidas Tratamientos. Y ante este problema, esencialmente HUMANO y PERSONAL, cuanto MENOS Estado, mejor. Estas cosas NO son asunto de ningún gobierno, que bastante desgracias ya nos caen a las personas.

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  3. Gracias Dn. Pedro, por tan veraz escrito el suyo. Desde que entraron estos individuos a «desgobernar» España, solo hemos tenido división, ley del aborto, ley de la Eutanasia, cuando hay cuidados paliativos. Con la pandemia, no se preocuparon, la Educación está por los suelos, ya no se busca la excelencia, Sanidad …….. Quieren que dependamos de ellos totalmente, eso se da en un gobierno totalitario y este lleva ese camino. De pena. Saludos para todos.

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  4. Alguien ha hablado de la erótica del poder, y algo debe haber de eso. Y dicho esto, este gobierno propone las leyes que le interesan, y nada debería de extrañarnos. Lo que hay que pedir, no sé a qué santo ni auxilio celestial, que esta pesadilla pase pronto, y que cuando se vayan de los escombros haya algo debajo que nos permita reconstruir.

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  5. Buenas tardes D. Pedro Motas y todos

    No hay duda de que una política de ayuda a la maternidad, bien orientada y sostenida en el tiempo sería óptima. Eso si la política fuera realmente un instrumento de ayuda a la sociedad a largo plazo. Pero desgraciadamente se ha optado por facilitar el aborto en virtud de la muy cuestionada legitimidad del derecho de la mujer sobre su propio cuerpo, un buen pretexto para ahorrar dinero a las arcas del Estado a la hora de facilitar medios a la mujeres para que puedan tener hijos y criarlos adecuadamente con la ayuda de ese mismos Estado, y ahí entra de lleno también la legitimación de la eutanasia, para acabar con una población muy envejecida que no va a tener repuesto, y que permite dar muerte a un enfermo terminal, sufriente o no, para evitar los gastos que conlleva unos cuidados paliativos en camas hospitalarias, residencias para ancianos y medicación, además claro está de los cuidados médicos que representan más personal sanitario.

    El problema, más que de ética o de biopolítica, se le presenta a los políticos desde un punto de vista económico, y ya sabemos la elección ante ésta problemática. Indefectiblemente eligen el camino más corto y el más barato. Es así de simple desde mi punto de vista, porque no se trata ni nunca se ha tratado de mejorar la sociedad a largo plazo, sino de recabar votos al corto, y por eso se educa sin principios éticos ni morales y conseguir que esa sociedad elija gracias a la propaganda lo más práctico. Eliminar a los hijos no demasiado deseados, muchas veces por imposibilidad de la madre de poder criarlos adecuadamente, y aplicar la eutanasia a los ancianos que aparentemente ya no dan ningún servicio a la sociedad y son muy costosos de mantener por falta de recursos en la seguridad social.

    Es tan triste y vergonzoso lo que estamos viviendo, que ya da casi igual un sistema político que el contrario. Todos van a coincidir en dar a la sociedad lo que ésta pide, aunque ni siquiera sea consciente del suicidio que supone para ella este tipo de políticas. No se respeta ni se cuida a los ancianos, sin advertir que todos llegaran a serlo si antes no ocurre lo que nadie desea, y no se protege el futuro mediante un aumento de la maternidad que sería la única solución a ese invierno demográfico al que alude. Y veo muy difícil invertir la tendencia si no se educa a la juventud en unos valores que ahora no posee.

    Y pido disculpas por haberme extendido tanto.

    Un cordial saludo

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  6. A las órdebes de V. E., mi General.

    Muy admirado Don Pedro. Un servidor opina modestamente que si se pudiera, más que reformar, rehacer la Ley Electoral en el sentido de limitar. como mucho a ocho años y por una sola vez, la permanencia en un cargo de gobierno por elección, así como exigir, ante unas elecciones, generales, autonómicas o municipales, que cualquier acuerdo o coalición tenga que ser constituído, formulado y aprobado antes del comienzo de la campaña. Con esto, el pueblo sabría perfectamente lo que votaba, y no estaría entregando un cheque en blanco que luego se rifan o negocian entre los partidos concurrentes, resultando en una estafa a los votantes el que no pueda, en gran parte de los casos, gobernar el partido con más votos, sino que lo hagan coaliciones o grupos de amiguetes con acuerdos de conveniencia, hasta con el diablo, a la vista de los resultados de las elecciones. Y para qué hablar de que en función de circunstancias que nadie entiende, unos votos valgan más que otros.

    Con esto se evitaría que alguien estuviera, como ha ocurrido, hasta trece años en el gobierno; que aquello se había convertido en un régimen, que si no llega a ser porque se ahogó en su propia corrupción y salpicando a los gurús, todavía lo estaríamos sufriendo. O que un Zapatero, por ejemplo, ganara unas segundas elecciones con esas matemáticas, y tuviera ocho años para, prácticamente sin oposición, contarnos a su manera, las excelencias de la segunda república, la masonería, y resucitar a todos los fantasmas del pasado. Si llega a estar un día más, deroga el parte de guerra del 1 de Abril de 1.939, y proclama solemnemente el triunfo del ejército rojo, perdón, «popular».

    ¡¡¡Viva España!!!

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  7. Sintiendo la extensión y lo denso de mi artículo; como es costumbre antes de que finalice el día, quiero agradecer los “me gusta” y los comentarios enriquecedores en el debate; pero como hoy es un día especial, el Día de la Madre, no quiero despedirme sin hacer un sencillo homenaje a todas las madres que visitan este Blog de mi querido General Dávila, porque:

    Una madre es, sin ninguna duda, la persona más maravillosa que se tiene en la vida. Nuestra madre nos ha dado lo más importante que tenemos: la vida. Y no solo eso, además no se ha separado de nosotros en ningún momento, nos ha escuchado, nos ha aconsejado y nos ha apoyado en todas nuestras decisiones.

    Por ello, y aunque el Día de la Madre se tendría que celebrar todos los días del año, hoy se homenajea a quienes han estado ahí desde que nacimos. Y en este día tan especial es habitual que se les obsequie con numerosos regalos, ya sean materiales o sentimentales.

    Madre, son tus ojos la ternura,
    son tus manos mi calor,
    tu sonrisa mi alegría,
    ángel de mi corazón.

    Buenas noches a todos y un fuerte abrazo de este humilde Veterano de España
    Pedro Motas

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  8. Mi General : Co n tu permiso me dirijo directamente a D. Pedro Motas : Puedo decirte que te admiro desde hace varios años, al menos los que tiene este Blog, gracias a su Director..
    Magnífico artículo, todo él y el homenaje a la Madre, hoy es su día , pero para muchos entre ellos yo, siempre es el Día de la Madre. Gracias y un fuerte abrazo, de un viejo militar Español.🇪🇸🇪🇸🇪🇸
    ¡¡¡TODO POR LA PATRIA!!!

    Le gusta a 3 personas

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