«TOLEDO Y SU ALCÁZAR» Resumen del artículo publicado en la Revista Ejército No960.-abril 2021 «Toledo, el Alcázar y la Academia. Ayer y hoy». Ángel Cerdido Peñalver Coronel de Caballería ®

En esta ciudad con más de 2000 años de historia y en extremo castrense que es Toledo y debido a su privilegiada situación, todo lo construido sobre una de sus colinas, desde el primitivo castro romano, la posterior alcazaba, hasta el actual Alcázar, fue siempre lugar de gran valor estratégico militar con la misión fundamental de defender a la ciudad, lo que le llevó a sufrir en primera persona las violentas tensiones de los tiempos. Los asedios, guerras y los incendios padecidos hicieron que lo que fuera en su día: fortaleza, palacio, cárcel, cuartel, academia y muchas veces ruina, sea hoy un símbolo de la historia de España.
En Toledo, donde la Historia sale a nuestro encuentro a cada paso, empiezo con una de las muchas leyendas de su casco histórico: La de «la ermita o iglesia del Cristo de la Luz», anteriormente mezquita de Bab al-Mardum (Valmardón).
…Unos dicen que atravesó la muralla por la parte oriental, una vez pasado el puente de Alcántara; otros aseguran que nada más tomar Toledo, Alfonso VI y su séquito la cruzaron por la Antigua o Vieja Puerta de Bisagra, y dejando atrás el barrio del Arrabal subieron la empinada cuesta que conduce a la Puerta de Valmardón, de las más antiguas de Toledo en recodo con la muralla (estilo árabe militar), y tras rebasarla vieron la mezquita del mismo nombre. Se detienen y el monarca comenta la belleza del pequeño templo a sus acompañantes más próximos: Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador y don Bernardo, el que fuera su antiguo profesor de letras, entonces obispo de Palencia y su confesor.
Dice la leyenda que al reanudar la marcha, el caballo del Rey se arrodilla, lo mismo hacen Babieca la yegua del Cid y la mula torda (blanca) donde cumpliendo la tradición se encaramaba el obispo. En vano tratan de izarlos, pues cuando a uno levantaban el otro se arrodillaba, creen que es un hecho sobrenatural o señal divina que proviene del interior y ordenan hacer un registro del templo. Por una pequeña grieta reciben un destello luminoso y al profundizar encuentran la imagen de un crucificado ahumada por una lamparilla de aceite, que había permanecido encendida junto a ella durante los 370 años de la dominación sarracena en Toledo sin que nadie la alimentase. A partir de ese día la mezquita musulmana es conocida como la del «Cristo de la Luz».
Pero desgraciadamente y a pesar de toda su brillante historia, la «Toletum» romana, la noble y vetusta «capital visigoda», la «Toledoth judía», capital de Sefarad también llamada «Jerusalén de Occidente», la «Tulaytulah» de los árabes, la «Tolétho» mozárabe, la de «las tres culturas» donde convivían árabes, judíos y cristianos durante siglos con sus propias costumbres y en relativa paz, la ciudad considerada como «centro religioso de la Iglesia hispana», sede de la Catedral Primada, y hasta la «ciudad querida de Carlos V», por desgracia durmieron con el paso de los años el sueño de la decadencia.
Llegaron tiempos en que no resonaban ya en sus antiguos templos los ecos majestuosos de los 18 concilios allí celebrados durante los 300 años de la dominación visigoda, ni agitaban el polvo de La Vega Baja los cascos de los caballos árabes y españoles. También desapareció el entusiasmo de los valientes comuneros, que al grito «comunidad» y liderados por el hidalgo general toledano Juan de Padilla, protestaban ante el «Rey Emperador» por el desvío de impuestos, dando así la voz de alarma a otras ciudades castellanas.
…Y así, poco a poco, el soplo devastador de los siglos pasó por ella, cambió su modo de ser, convirtiendo en ruinas su grandeza, en tumbas sus tronos, y solo le quedaron los ojos para llorar sobre el pasado en medio del aislamiento del presente y ante la vaguedad del porvenir.
De todo esto, testigo de excepción fue siempre el hasta ese momento abandonado Alcázar, milenario vigilante de la ciudad, situado en una de las siete colinas, en que a semejanza de Roma se asienta la ciudad imperial y al que cada mañana la Catedral, colocada a su mismo nivel, le saluda al son metálico de sus campanas. Hacia el cielo te elevas torre orgullosa, porque de sobra sabes que eres hermosa.
Pero al final llegó el gran momento del Alcázar, Carlos V pensando en llevar a Toledo la capital del imperio; decidió convertir en palacio moderno la antigua vivienda real de Alfonso VI «el Bravo», la que posteriormente fuera transformada en fortaleza, primero por Fernando III «el Santo» y más tarde por su hijo el toledano Alfonso X «el Sabio», que hicieron de ella el primer Alcázar de planta cuadrada con torreones en las esquinas.
Gracias a ello Toledo mantuvo la capitalidad desde 1519 hasta el año 1561, pero a pesar de todo lo bueno realizado durante esos años, en Madrid parecían ignorar las buenas condiciones en que allí se vivía. Cuando los madrileños carecían de alcantarillas, en Toledo seguían funcionando las cloacas que construyeron los romanos. Tampoco valoraron que por carecer el Alcázar de pozos, en pleno siglo XVI y después de 25 años de estudios y seis de trabajo, el ingeniero cremonés Juanelo Turriano, que fuera relojero de Carlos V y Felipe II, salvando un desnivel de casi cien metros, subiera con su «artificio» 17.000 litros diarios del agua del Tajo al enorme aljibe del Real Alcázar primero, y desde allí a las fuentes de los patios toledanos.
A pesar de todo eso, se acercaba galopando el día en que la ciudad imperial perdería para siempre su influencia en los destinos de la Nación. Carlos V siempre estuvo en contra del traslado, por lo que no fue hasta 1561 cuando Felipe II, ya con su padre el Emperador muerto, trasladó la capitalidad a Madrid.
A partir de esa fecha, el Alcázar ya no volvió a cobijar bajo su techo a ningún monarca español, y la ciudad, herida de muerte, cayó en un estado de postración del que le costaría salir. Muerta para la vida activa, halló nueva vida en su sepulcro, y fue más grande en su abatimiento que lo era antes cuando tomaba parte en las mezquinas peleas de los hombres.
Cuando todo parecía perdido, de lejos surgió el sonido de una fuerte ráfaga de viento, que retumbó en los oídos toledanos; era la rebeldía de los soñadores, la voz gigantesca de los primeros años de la década de los 80 del siglo XIX que saludaba a la tumba sagrada de tantas generaciones. El acento vigoroso de la civilización acababa de despertar a Toledo y Dios quiso que se salvara de la fatalidad que parecía haberla condenado a ser destruida como a su Alcázar, el que tantas veces renació cual ave fénix de sus cenizas.
Ni aquella voz gigantesca del modernismo que les despertó, ni el repique diario de los campanarios, producían en Toledo el desagradable ruido que se oía en otras ciudades. Era el silencio de los conventos y patios toledanos, que nos contó Gregorio Marañón en «Elogio y nostalgia de Toledo». Silencio que nos recuerda la lírica popular antigua: «Campanitas de Toledo, oigo os y no os veo»
En esos conventos, el torno servía para pasar objetos de una parte a otra y permitía la comunicación de las monjas con el exterior salvaguardando las normas de su clausura. La madre tornera siempre saludaba con un «Ave María Purísima» bendito gozne entre dos universos ocultos que se acompañan, y que debía ser contestado con un «sin pecado concebida», símbolo circular de la vida que regresa tras la vida que se acaba.
Volviendo al mundanal ruido y siguiendo con las siete colinas, siempre oír decir que entre las dos Romas, la oriental del Tevere y la occidental del Tajo, existían puntos de semejanza .
Quiero pensar que el Vicus Novus de Roma (actual vía del Corso) sería la calle de Barrio Nuevo de Toledo; Campo de Marzio (Campo de Marte) correspondería a La Vega Baja; y el Forum Maius (Foro Romano), a los pies del Alcázar sería Zocodover, nombre de  origen árabe que significa literalmente  «mercado de bestias», y que a través de la historia actuó como Plaza Mayor, donde se celebraron: duelos a muerte y a primera sangre, los autos de fe de la Inquisición, cucañas, corridas de toros, mercado de ganado y también sirvió de patíbulo para algún que otro ajusticiado.
A destacar que en el centro de la plaza hasta 1814, se encontraba instalada el «clavicote» o jaula de los muertos. En su interior se exponían los cadáveres de ahogados y fallecidos sin familiares. Tenía adosados unos cepillos para recaudar limosnas y costear sus sufragios y enterramientos.
Antes de todo esto, Felipe II en una visita que hizo a Toledo en 1550, había manifestado al ver ese Zocodover, que su estado «ofendía a la vista» urgiendo a Juan de Herrera su total reconstrucción. Era el presagio que anunciaba el final de la capitalidad toledana.
Dejo el Tíber, y vuelvo al Tajo recordando que todo esto ya en 1952, en las clases de literatura del Instituto, nos lo tenía advertido nuestro profesor. En su libro «La Iglesia Toledana» leíamos, que ese largo recorrido por iglesias, conventos, catedral, sinagogas, basílicas, capillas, ermitas, hospitales, monasterios y santuarios, lo daba por bien empleado pues era como haber hecho:
«Un rosario monumental, realizado con toscas piedras humildes y gastadas, y ladrillos limados por el tiempo, deseando que las palabras de esta, mi primera oración, alcance al menos los cien metros de la torre de la Primada».
La catedral de Santa María, llamada también Catedral Primada, es el templo católico considerado por algunos como la obra maestra del gótico en España, el título de Primada le corresponde por haber sido siempre sede del primer arzobispo de España.
Pese a todo, Toledo siempre será como dijo Cervantes: «la gloria de España y luz de sus ciudades», la Roma occidental del Tajo, la de las siete colinas, la capital del reino visigodo, la de las tres culturas: judía, árabe y cristiana…y por encima de todo, para muchos, la eterna «capital de Sefarad».
Cuando los musulmanes ocuparon Toledo en el año 711, tal vez contaron con la convivencia de los judíos que en ella se encontraban. Se acogieron a la política de tolerancia religiosa que aquéllos aplicaban, por lo que pudieron permanecer en la ciudad, en la que se les asignó un espacio la «Madinat al-Yahud», el cual, en el año 820 fue delimitado por una muralla, convirtiéndose así en la base territorial de la futura judería. En 1085 Alfonso VI entra en Toledo y desaloja de manera definitiva a las fuerzas musulmanas del emir Al-Qádir.
Cuatro siglos después, tras el Edicto de Granada de los Reyes Católicos sobre la expulsión de los judíos de España, donde se decretaba que debían abandonar las tierras castellanas antes del 31 de julio de 1492. Muchos habitantes de la entonces judería toledana, después de once siglos, decidieron convertirse al cristianismo y quedarse, dando lugar al fenómeno de los conversos, pero otros se unieron a la diáspora y marcharon camino del exilio.
En la actualidad Toledo ha sabido como nadie, por un lado rehabilitar y revitalizar su casco histórico, donde hoy todo es antiguo y nada huele a viejo; por otro, haber tenido a la vez un espectacular crecimiento en sus terrenos extramuros.
Resumiendo la enseñanza militar en Toledo, creemos que empezó en 1340 cuando el rey Alfonso XI «el Justiciero», decretó la fundación de una escuela de «donceles», bajo la dirección de un magnate palatino al que tituló como «Alcaide de donceles».
Años más tarde, se establecen: primero en 1846 el Colegio General Militar y en 1868 el de Infantería, que posteriormente sería disuelto por el General Prim. En 1871, en el breve reinando de D. Amadeo de Saboya, se establecen una especie de Academias de Infantería en cada una de las capitales de los diversos Distritos o Comandancias Generales Militares.
Tres años después, se refunden todas en Madrid bajo el nombre de «batallón de cadetes», y por fin en 1876, la Academia de Infantería, en esta su «primera época» se instaló en el Alcázar.
Esta fortaleza Toledana de planta cuadrada, con torreones en las esquinas y delimitado por sus cuatro fachadas: la plateresca norte de Covarrubias, la churrigueresca sur de Juan de Herrera, la renacentista oeste y la del este o del saliente con vestigios medievales, (torreones semicirculares incrustados en sus muros), es «la cuna y crisol de la Infantería española».
En los años siguientes la Academia sufre, primero el incendio de 1887 y poco después se incorpora a la recién creada Academia General Militar. Más tarde, «segunda época», cuando la General se disuelve en 1893, vuelve a ser Academia de Infantería fusionándose en 1931 con las Academias de Caballería e Intendencia hasta el año 1936.
Una vez acabada la Guerra Civil, en 1943 comienza la conocida como «tercera época» de la Academia de Infantería. Tras pasar de forma provisional por Zaragoza y Guadalajara, en el curso 1948-1949 se inauguró en Toledo la nueva Academia frente a nuestro conocido Alcázar, al otro lado del Tajo junto al castillo de San Servando, y desde entonces está plenamente integrada en la ciudad que la acoge, apoya y la siente como suya. La Academia de Infantería y Toledo, parece que no quieren vivir la una sin la otra.
Y así llegamos a 1988 que es cuando se inaugura en la última planta del Alcázar de Toledo, la magnífica Biblioteca Regional de Castilla la Mancha, y desde el año 2010, es el maravilloso Museo del Ejército el que también tiene aquí su sede siendo fiel reflejo de sus antecesores: el Real Museo Militar de Madrid, creado a instancias de Godoy en el palacio de Monteleón, y posteriormente del también madrileño Museo Histórico Militar instalado en principio en el palacio de Buenavista y, desde 1940 y bajo el nombre de Museo del Ejército, en el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro de Madrid.
Acabo, tranquilo y con el futuro asegurado, con el «Ardor Guerrero» o «La Fiel Infantería» himno oficial de la Infantería Española desde el año 2003 ya con la última estrofa renovada respecto al primer himno de la Academia de 1911.

Y éstos que en la Academia Toledana
sienten que se apodera de sus pechos
con la épica nobleza castellana
el ansia altiva de los grandes hechos
te prometen ser fieles a la historia
y dignos de tu honor y de tu gloria.

Por donde quiera que se fije la vista se encuentra la huella de las generaciones que pasaron; en Toledo, más que en ninguna parte, acuden a mis labios las palabras del poeta: «el polvo que pisamos vivió un día»
… Los que un día nos fuimos de Toledo, nos fuimos para no irnos nunca.

Ángel Cerdido Peñalver
Coronel de Caballería ®

Blog: generaldavila.com

Zaragoza mayo 2022

9 pensamientos en “«TOLEDO Y SU ALCÁZAR» Resumen del artículo publicado en la Revista Ejército No960.-abril 2021 «Toledo, el Alcázar y la Academia. Ayer y hoy». Ángel Cerdido Peñalver Coronel de Caballería ®

  1. Buenos días a todos.
    Mi coronel, un gran articulo. Lástima que el Museo del Ejército parezca el «museo de la Srta. Pepis», exponiendo sólo 1/4 de lo que se mostrava en Madrid…
    Desde Bcn escribo con pena pues aquí simplemente se echó el cierre sin más al querido Museo Militar de Montjuic simplemente por odio a España y sus Ejércitos.

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  2. Buenos días, mi General, y todos. Guardaré este articulo del Coronel Cerdido con intención de releerlo antes de volver a Toledo, ciudad que visité por última vez en 2008; ahora mismo no puedo viajar, pero quizá pueda hacerlo algún día, y si no es así, procuararé que mis nietos lo lean, cuando alguno de ellos, o todos, visiten la ciudad, para mejor comprender las maravillas históricas que muestra a quien las quiere ver. Un saludo, y muchas gracias por reproducir este magnífico artículo.

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  3. Gracias, querido Ángel por tu recorrido, forzosamente breve pero que sentido desde adentro y embriagado de tu toledanía has dedicado hoy a tu tu Toledo. También desde la mía sólo adoptiva me he sentido cautivado por esta ciudad; muestra de ello es un trabajo que le dediqué y que fue, quiero recordar que incompleto, publicado en este blog; algún día lo completaremos.

    De momento permíteme continuar el homenaje que a tu pueblo has dedicado transcribiendo el primer cuarteto de un soneto de aquel que titulé «Intenciones»:

    Heme aquí, amarrado al duro banco,
    tal Góngora diría, mi paisano,
    tan sólo de adopción, yo toledano,
    preocupado iniciando el primer tranco.

    Sigo con «Esperanza» , que creo refleja el sentir de tus palabras

    ESPERANZA
    (Soneto)

    Peñascosa, te veo, pesadumbre,
    desde el Tajo, en la su orilla opuesta,
    composición para un pintor perfecta,
    buscando en ti la fama que lo encumbre.

    De dignidad modelo y reciedumbre
    ganó tu poderío un día la apuesta,
    manteniendo en el tiempo la que es ésta,
    tu manera de ser, tu mansedumbre

    que te llevó en parte de la Historia
    a, en ti recogerte ensimismada,
    de tus tiempos, nostálgica, de gloria.

    Y que ahora, briosa, esperanzada,
    del progreso por no perder la noria,
    trabajas con afán, ilusionada.

    Y termino con el último terceto de la serie, que no podría ser sino de agradecimiento a este privilegiado lugar al que tanto debo.

    Mi gratitud -mi vida has ensanchado-
    a Toledo quisiera hacer presente;
    … y al lector, por haber aquí llegado.

    Enhorabuena; y un abrazo.

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  4. Muchas gracias Mi Coronel. Precioso su recorrido histórico por la ciudad Imperial, es impactante visitarla,, y sentir la cantidad de historia que ha pasado por allí. Saludos para todos.

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  5. A las órdenes de V. I., mi Coronel.

    Precioso artículo y entrañable la historia de Toledo, corazón de España y de muchísimas de sus glorias. Es una delicia visitarla y recorrerla a pie y sin prisa, para poder empaparse de tanta historia en todos sus rincones.

    Un servidor solía hacerlo con mucha frecuencia desde Madrid, pero ya hace muchos años que no he podido volver. Siempre que me tocaba atender a colegas de Control Aéreo extranjeros con los que intercambiábamos visitas de trabajo a Centros de Control de Europa, los llevaba a Toledo, les enseñaba el Alcázar, y ya en el despacho del Coronel Moscardó, pedía a la persona encargada, algunos antiguos defensores, pusiera en Inglés la reproducción de la conversación telefónica con su hijo. Muchos quedaban alucinados, otros, profundamente impresionados, y alguno manifestó no ser capaz de imaginar cómo reaccionar ante una disyuntiva así. A esos les contaba, de paso, lo de Guzmán El Bueno en Tarifa. No sé si pensaría que los españoles estábamos todos locos, o si es que éramos superhombres por naturaleza.

    ¡¡¡Viva España!!!

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  6. Maravilloso su artículo de hoy, y buenas tardes, Coronel D.Angel Cerdido Peñalver y a todos.

    Por supuesto que yo también lo imprimiré y lo guardaré, pueda o no visitar Toledo como llevo intentando desde hace años, antes de la pandemia. Ahora las cosas han cambiado, por desgracia, y ya no se si lo conseguiré, pero esa historia tan bonita, tan detallada y magnífica, me consolará porque usted la ha descrito desde los ojos del alma, que llega directamente al corazón.

    Una vez más gracias por sus artículos. Tengo guardados prácticamente todos los que ha escrito desde que entré por primera vez en este blog y le aseguro que son un alimento para el alma cuando los releo, incluso cuando habla de guerras y de sus consecuencias. Por su tono siempre sereno, como buen caballero que es lo que es.

    Un afectuoso saludo mi Coronel. No pierda nunca ese talante que es un relajo para el alma de quién lo lee.

    Margarita Alvarez-Ossorio

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