INTEGRIDAD POLÍTICA. Pedro Motas

 

 

El  artículo  constata  el  soporte  moral  de  la  idea  de  integridad  y  lo  proyecta  sobre  el funcionamiento  y  organización  de  las  instituciones  públicas.  Asimismo,  analiza  sus implicaciones para el buen gobierno y las características de los marcos de integridad.

La  palabra  integridad  proviene  del  latín (entero)  y  es  usada  en diversas  áreas  de  conocimiento  con  significados  diversos  pero  casi  todos  ellos vinculados  a  la  idea  de  algo  no  dañado,  algo  que  no  ha  perdido  su  entereza. Cuando se utiliza  desde  la  ética,  la  integridad  se  refiere  no  sólo  a  un  rechazo a embarcarse  en  conductas  que  evaden  la  responsabilidad,  sino  también  a  una búsqueda de la verdad a través del debate o el discurso. La  integridad  requiere  la  formalización  de  tres  pasos:  1)  El discernimiento  de  lo  que  está  bien  y  lo  que  está  mal.  2)  La  actuación  de  forma coherente con los resultados del discernimiento, incluso con coste personal. 3) La declaración  abierta  de  que  se  está  actuando  de  forma  coherente  con  lo  que  se entiende como correcto. La integridad sería, así pues, una virtud que garantiza que las  acciones  se  basan  en  un  marco  de  principios  internamente  consistente.  Una persona  que  actúa  de  forma  íntegra  deriva  sus  acciones  y  creencias  del  mismo grupo  de  valores  esenciales;  en  ella  existe  una  solidez  que  se  deriva  de  su honestidad y la consistencia de su carácter. En suma, afirmamos de alguien que es íntegro/a  cuando  creemos  que  esa  persona  actúa  de  forma  coherente  con  los valores, creencias y principios que afirma sostener.

Según Aristóteles, la virtud es un hábito, una cualidad que depende de nuestra voluntad, y que está regulado por la razón en la forma que lo regularía el hombre verdaderamente sabio. La virtud es un medio entre dos vicios,  que  pecan,  uno por  exceso,  otro  por  defecto  y  que  cuando se posee permite  vivir  como  un  ser  social,  un  ser  que  facilita  la  vida  en  común.  En consecuencia, aceptando esta concepción aristotélica de la virtud, podríamos decir que la  integridad, para que sea virtuosa, debe situarse en un justo medio que le aleje de los excesos y de los defectos.

La  exigencia  de  la  virtud  “integridad”  como  una  virtud  esencial  para  los servidores  públicos  se  justifica  mejor  si  se  utiliza  para  ello  las virtudes sociales; un  marco  teórico  de  las  virtudes  exigibles  a  cualquier  forma  de  actividad humana  cooperativa. Los  seres  humanos  nos  embarcamos  en actividades  cooperativas  que  se  denominan  prácticas,  y  dentro  de  las  prácticas están las profesiones; una actividad humana es una práctica cuando reúne una serie de requisitos, como el reconocimiento social, el requerimiento de destrezas técnicas, la  complejidad,  la  existencia  de  unos  principios  y  valores  vinculados tradicionalmente a la actividad técnicamente exigible, la cooperación, etc. Estas  prácticas  ayudan  a  la  sociedad  a  funcionar  mejor  siempre  que  se respete  el  bien  interno,  la  razón  de  ser  de  esa  práctica,  lo  que  la  justifica socialmente.

Llevado este concepto al campo de las éticas profesionales, podríamos decir de éstas que son prácticas que ayudan a la sociedad, siempre que sus miembros desarrollen sus actividades de forma coherente con el “bien interno” de las mismas, con  lo  que  las  justifica  socialmente. Estos bienes internos sólo pueden identificarse y reconocerse participando en la práctica en cuestión, el bien interno es consustancial a su práctica: no existe bien interno sin práctica. Junto a los bienes internos de las profesiones existen los bienes externos; los bienes externos pueden ser alcanzados de muchas otras maneras que con  la  realización  de  una  práctica  concreta.  Son  bienes  externos  el  dinero,  el prestigio, el estatus o el poder. Si se logran, son siempre propiedad y posesión de un  individuo.  Son  típicamente  objeto  de  una  competencia  en  la  que  debe  haber perdedores  y  ganadores.  Los  bienes  internos,  por  el  contrario,  cuando  son alcanzados, producen un bien para toda la comunidad.

El problema ético aparece cuando  los  profesionales  ponen  por  delante  el  bien  externo  al  bien  interno  de  la profesión,  cuando, por ejemplo,  un médico  no  piensa en cómo curar al  paciente, sino  en  cómo  sacar  el  máximo  dinero  del  paciente,  o  cuando  un  funcionario  no piensa en servir el interés general, sino en abusar de la autoridad que se le delega para obtener ingresos que no le corresponden legalmente, por ejemplo, mediante el cohecho. La ética de los servidores públicos, en consecuencia, se basa en tener claro  el  bien  interno  de  su  profesión  –el  principio  del  servicio  público-  y  en  ser coherentes en sus actuaciones diarias con ese bien interno. Ello conlleva un triple paso,  en  primer  lugar  la  conciencia  del  bien  interno,  en  segundo  lugar  una identificación de los valores coherentes con el mismo y, en tercer lugar, la virtud de la integridad, o el hábito de actuar de forma coherente con los principios y valores asumidos. La integridad consiste precisamente en esa virtud que permite al servidor público  actuar  cotidianamente  de  forma  coherente  con  el  principio  del  servicio público  y  con  los  valores  congruentes  con  el  mismo,  como  la  imparcialidad,  la eficacia,  la  transparencia,  la  legalidad,  etc.  Eso  sí,  buscando  ante  el  ineludible conflicto de valores el justo medio, el prudente compromiso entre valores deseables.

Un gobierno íntegro es el que asume e implanta los instrumentos, procesos y órganos necesarios para prevenir la corrupción y fomentar un servicio público coherente con los principios y valores que fundamentan  su  ética  profesional  en  un  régimen  democrático.  Y,  desde  esta perspectiva,  podríamos  considerar  principios  esenciales  del  buen  gobierno:  1)  El respeto  y  promoción  de  los  derechos  humanos  en  el  marco  constitucional correspondiente. 2) El servicio al interés general. 3) El respeto al Estado de Derecho y la imparcialidad en la aplicación de las normas. 4) La búsqueda de la eficiencia y el uso  correcto  de  los  bienes  públicos.  5)  La  responsabilidad  profesional  y  la humanización  de  la  administración,  o  la  preocupación  por  los  problemas  de  la ciudadanía, evitando la distancia y la indiferencia burocrática. 6) La transparencia en la  actuación pública.  7)  La  plena disposición  a  la  rendición  de  cuentas.  Desde  la clara asunción de esos principios, la integridad de los servidores públicos -políticos y funcionarios- consistirá en actuar de forma coherente con ellos.

A estos efectos, queda fuera del debate sobre la integridad la respuesta a la pregunta  de  ¿qué  debe  hacer  un  gobierno?  Los  fines  del  gobierno  son  fruto  del debate democrático entre diversas concepciones del bien común, ello llevará a más o menos gastos de defensa, o a mayor o menor protección social, pero lo que está claro es que sin integridad en el gobierno ninguna política cumplirá su fin de servir al bien común,  precisamente porque hay opciones más importantes para el gobierno que la ética, la ética es la opción más importante.

¿Cuáles serían los riesgos para un buen gobierno desde esta aproximación de  la  integridad  democrática?:  1) La  debilidad  ; 2) La parcialidad; 3) La interferencia política excesiva  y  su  utilización  partidista;  4)  La  debilidad  de  los  controles administrativos  internos,  ya  sean  sobre  ingresos  o  gastos  o  sobre  el  propio reclutamiento de funcionarios; 5) Objetivos inalcanzables, contradictorios, ilegítimos; 6) Insuficiencia clara o inadecuación de recursos para las unidades administrativas; 7) División del trabajo defectuosa, poco clara, propiciatoria de la arbitrariedad y la desresponsabilización; 8) Excesiva y no controlada discrecionalidad; 8) Expectativas sociales inapropiadas o ilegítimas; 9) Clientelismo; 10) Captura de las políticas.

Estos marcos de integridad pueden diseñarse para evaluar el conjunto de un sistema nacional o local de  gobierno  y  ver  en  qué  medida  previene  la  corrupción  y  fomenta  la  ética profesional del servicio público. O pueden diseñarse para evaluar hasta qué punto una  organización  pública  concreta  tiene  implantados  instrumentos,  procesos  y órganos  que  incentiven  la  ética  profesional  y  desincentiven  la  corrupción.  Los marcos nacionales de evaluación incluyen en el análisis, además de al ejecutivo, a los poderes legislativo y judicial, e incorpora un análisis de la cultura cívica del país.  De  ahí  que  podamos  considerar  que  es  una  evaluación  con  una clara vocación holística  y  sistémica.  Buen  gobierno  implica  buen Estado  y  buena sociedad.

Los pilares del sistema son la voluntad política en el ejecutivo de prevenir y combatir  la  corrupción;  un  sector  público  competente,  objetivo  e  imparcial,  con adecuados sistemas de contratación y distribución de subvenciones; la existencia de un Parlamento activo en la promoción de buena gobernanza y en el combate a la corrupción; un eficaz sistema de auditoría y control contable y financiero; partidos políticos comprometidos con la lucha anticorrupción y que se financian limpiamente; un  poder  judicial  independiente  e  imparcial,  además  de  competente  en  la  lucha anticorrupción;  una  defensoría  del  pueblo  y/o  varios  sistemas  de  defensa  del ciudadano frente a abusos y mal funcionamiento del servicio público; un organismo central en la detección e investigación de la corrupción, así como en la promoción de  medidas  de  prevención  de  la  misma;  unos  medios  de  comunicación  que  se toman en serio la corrupción y la combaten con la investigación y la denuncia; y una sociedad  civil  bien  informada  e  implicada  en  la  lucha  contra  los  abusos  de  los poderes públicos y privados.

La gestión  de  la  integridad  del  marco  de  una  organización  se  refiere  al  conjunto  de instrumentos  que  fomentan  la  integridad,  tomando  en  consideración  su interdependencia, así como al conjunto de procesos y órganos que los implantan y actualizan. La integridad del contexto de una organización se refiere al conjunto de los factores, distintos de los propios de la gestión de la integridad, que pueden tener un  impacto  sobre  la  integridad  de  los  servidores  públicos  de  la  organización.  El contexto es interno y externo a la organización.

En  su  conjunto,  la  existencia  de  marcos  de  integridad  eficaces,  es  decir, marcos  que  propician  que  los  servidores  públicos  en  su  conjunto  (políticos, funcionarios,  jueces…)  actúen  de  forma  coherente  con  los  principios  del  buen gobierno, constituye uno de las apuestas más relevantes para favorecer un derecho legitimado y una democracia que mejore continuamente en su calidad.

Pedro Motas

Blog: generaldavila.com

21 septiembre 2022

6 pensamientos en “INTEGRIDAD POLÍTICA. Pedro Motas

  1. Buenos días, don Pedro, y todos. Ante la duda, ante lo provechoso y lo correcto, la gente normal, sin necesidad de heroismos, martirios, ni espavientos, escoge lo correcto; el problema está en los aprovechados, que por su condición logran importantes cuotas de Poder.

    Le gusta a 4 personas

  2. Atentamente y con el debido respeto

    No creo que los corruptos lo entiendan
    ——————————————————————–
    la integridad referida
    en el alma de su comentario
    NO creo que sea percibida
    Por la aHuRtoridad habida
    En los actuales cuadros.

    De las políticas criminales
    Que están haciendo presencia,
    En los estamentos municipales,
    Los regionales y nacionales
    Que se explaya la indecencia.

    De los que en ella pelechan
    Contrariando los preceptos,
    Las izquierdas y derechas
    Que en la corrupción se echan
    Presumiendo de talentos.

    Las virtudes que se nombran
    Son tan claras y pertinentes
    Que NO caben en la deshonra
    De los políticos que se forran
    Tan sucia e impunemente.

    Cualidades indispensables
    Que deberían de poseer
    Los llamados responsables
    Que ejercen de irresponsables
    Cuando están en el poder.

    La escritura de DON Pedro
    Es tan profunda y talentosa
    Que NO cabe en los cerebros
    De las macarras y gamberros
    Con mentes tan asquerosas.

    España día 21 de septiembre de 2022

    Ramón Lencero Nieto

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  3. A las órdenes de V. E., mi General.

    Muy admirado Don Pedro. Excelente artículo y excelente lección. Tan fácil de seguir y tan dificil de encontrar en el campo de la política, donde lo que cuenta no es la negociación honesta y la búsqueda del consenso para el bien común, que sería lo ideal, sino el vulgar trueque de favores e intereses personales o de grupo, y el dominio masivo por medio de la corrupción contagiada a los demás.

    Si muchos políticos leyeran este artículo, quizás alguno se plantearía un exámen de conciencia, y quién sabe si hasta un arrepentiniento sincero y actuar en cosecuencia.

    ¡¡¡Viva España!!!

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  4. Perdonadme si esta vez no espero a las 12,00 o más para agradecer los «me gusta» y los excelentes comentarios; porque hoy he hecho el traslado desde Cabo de palos (residencia de los tres meses de verano) a Murcia (donde hago mi vida normal el resto del año); pero si deciros que me voy a descansar con la alegría y la satisfacción que me produce vuestra amabilidad y vuestro afecto a mi humilde persona y a mis artículos. Un fuerte y afectuoso abrazo a todos con mi ¡¡¡ VIVA ESPAÑA !!! y ¡¡¡ VIVA LA LEGIÓN !!!.

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  5. Buenas noches D. Pedro

    Siento no haber leído su artículo antes, cuando mi antivirus se pone en acción normalmente me deja el ordenador inhabilitado durante horas, y después tengo que volver a integrar en el sistema a WordPress, que supongo que lo hace por el bien de todos, pero es bastante intransigente a la hora de aceptar nuestros datos. En fin, que a la hora de irme a dormir me encuentro con su artículo, y aunque me gustaría hacer un comentario amplio y coherente, tengo que conformarme con decirle que todo lo que expresa me parece excelente, tanto para bien como para mal, así que supongo que con todos los datos que nos proporciona, está claro que la integridad y la ética andan despistados en el Congreso de los Diputados.

    ¿No podría dar unas clases magistrales a toda esa pandilla de ignorantes voluntarios? A la mayoría no les vendrían nada mal, porque usted no habla de ideas políticas, sino de comportamientos que deberían seguirse sean del partido que sean, pero por desgracia eso de ganarse el pan con el sudor de la frente tampoco parece que les suene de nada…es mucho más fácil vivir de una poltrona, no importa donde esté colocada, el caso es conservarla a toda costa y el máximo de tiempo posible.

    Me pongo el cuello a que usted, escribiendo ese magnífico artículo, ha trabajado más que ninguno de ellos por el bien común, en toda su vida parlamentaria.

    Muchas gracias. Le echábamos de menos.

    Saludos cordiales y buenas noches

    Margarita Álvarez-Ossorio

    Le gusta a 3 personas

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