REFLEXIÓN SOBRE EL PROBLEMA DEL MAL EN EL MUNDO Y SU CAUSA ÚLTIMA. Pedro Motas

En nuestra vida cotidiana, el mal es una realidad difícil de entender y vivir. Es un problema que muchos no resuelven nunca y otros solucionan responsabilizando a terceras personas o a causas ajenas a ellos mismos. Entre los creyentes se oye demasiadas veces esta lamentación: ¿por qué Dios lo ha permitido?, ¿por qué me castiga a mí?, ¿qué habré hecho?… Otras personas se plantean que si existe el mal es porque Dios no es todopoderoso o no es bueno… o no existe.

“El mal es una realidad que, en una o en otra forma, envuelve a los hombres y, en cierto modo, al universo entero” Así pues, se enfoca el problema del mal desde “una perspectiva estricta y exclusivamente metafísica”, esto es, el mal como realidad. Ni se pretende averiguar qué cosas son buenas y malas, ni tampoco determinar cómo ha de evitarse o de superarse el mal. Es importante aclarar que el bien y el mal no son opuestos entre sí, como si el bien fuera un valor positivo y el mal un valor negativo. Porque si se afirma que el mal es lo contrario del bien, también deberíamos aceptar que el bien es lo contrario del mal.

La realidad

Si constatamos que el mal es una realidad, será importante dilucidar “qué es y cuál es la realidad del mal”. Se va a exponer por separado los cuatro tipos de mal que se pueden dar, de acuerdo con la estructura misma de la realidad; son los siguientes: el maleficio, la malicia, la malignidad y la maldad. Es muy importante recalcar que el uso que se hace de estas palabras es técnico, por lo tanto, nos debemos desprender del significado de estas palabras en su uso cotidiano y entenderlas estrictamente en los términos que se nos plantea.

  1. a) El maleficio

Dentro de la terminología, denominamos maleficio a aquella categoría del mal que nos desequilibra a nivel físico o psíquico. Es, por tanto, la primera etapa o el primer escalón del mal. Cada persona vive una realidad física y psíquica propia.

Las cosas a las que nos enfrentamos a lo largo de nuestra vida, no son ni buenas ni malas. Es el modo en que las tratamos, nos relacionamos e interaccionamos con ellas, lo que las hace positivas o negativas, lo que les puede dar, por tanto, un sentido maléfico.

Podemos sufrir los maleficios consciente o inconscientemente. Cualquier acontecimiento tendrá una traducción negativa en nuestra vida en tanto que no seamos capaces de asumirlo o resolverlo de modo que no nos desequilibre como personas.

  1. b) La malicia

Dentro de las diferentes categorías del mal, la malicia es el aspecto más intransferible y personal de la maldad, ya que está ligado a nuestra propia libertad como personas y al uso que hagamos de ella.

Más allá de sus realidades físicas y psíquicas, el ser humano, dentro de los límites de su libertad, tiene la capacidad de escoger. Ahí está la grandeza de su dignidad. Desde este punto de vista, somos una realidad moral.

Al ejercitar nuestra capacidad de elegir, estamos realizando un acto de carácter inequívocamente moral. La idea de malicia, tiene mucho más que ver con la intención, la voluntad que tenemos al realizar una acción, que con el resultado de la acción en sí.

La vida es un constante elegir y descartar opciones. Lo que va a determinar nuestra bondad moral o nuestra malicia es lo que hagamos de una forma coherente o incoherente, conforme a unos postulados moralmente correctos o inmorales.

  1. c) La malignidad

Siguiendo con las ideas desarrolladas anteriormente acerca del uso negativo de nuestra libertad como generadora del mal, hay que admitir que podemos usar nuestra libertad para inducir a otros a hacer el mal. Se describe como malignidad.

A través de este concepto damos un salto cualitativo en el mal uso de nuestra libertad, donde la elección negativa va más allá de nosotros mismos y arrastra a otros individuos hacia una actuación moralmente negativa.

El protagonista de la malignidad lo va a ser de forma reduplicativa, porque aparte de la malicia del acto propio de una persona desde su libertad, está la malicia que en este caso también produce el otro.

  1. d) La maldad

El concepto de maldad encarna el mal compartido y producido por el grupo. Por consiguiente, una conducta maliciosa y la incitación a que otros la sigan (malignidad) desencadenan la maldad, hacer del mal un efecto colectivo.

Por tanto, la maldad es la dimensión social del mal. El mal que nos sobrepasa a nivel individual y adquiere dimensiones grupales. De modo que podemos observar la maldad dentro de la historia del ser humano.

Las relaciones

El maleficio, la malicia, la malignidad y la maldad están interrelacionadas. Uno de los grandes males que ha marcado a lo largo de la historia y sigue marcando el devenir del ser humano, tanto en su colectividad como en el plano individual, es la xenofobia.

Todo comienza por el maleficio, entendiendo por tal una o varias circunstancias que nos desequilibran a nivel físico y, sobre todo, a nivel psíquico. El maleficio, la circunstancia personal o coyuntura negativa puede darse de muchas formas.

La incapacidad para dar una respuesta sana, coherente y madura al maleficio, puede abocarnos fácilmente a la malicia. Busco otras personas más débiles que yo. Y descargo en esos otros la responsabilidad de mis males, o los utilizo para desahogarme y resarcirme de mis derrotas y miserias personales.

Más tarde, doy el paso de la malicia (mis elecciones individuales moralmente negativas) a la malignidad, es decir, busco incitar a otros a que sigan mis pautas de conducta. Ya que, si otros hacen lo mismo que yo, de alguna manera yo me siento menos responsable de  mi modo de actuar.

Y, finalmente, de la malignidad (mi intento por extender mi conducta maligna a otros individuos) a la maldad (el movimiento colectivo que asume, más allá de los individuos, las conductas inmorales), hay sólo un paso. También es verdad que no todos los individuos tienen el mismo grado de responsabilidad en la maldad colectiva final.

La causa última

Partimos de “que efectivamente hay un Dios creador y personal del mundo”. Supuesto esto, y como el mal existe en el mundo, es lícito preguntarnos por el problema del mal desde la perspectiva de Dios. Y articulamos su estrategia a través de tres preguntas a las que intentaré dar respuesta:

Primero: en tanto que Dios es causa universal del mundo, y en el mundo tiene el mal una realidad, ¿es Dios causa del mal? Segundo: Dado que no lo fuera, y supuesto que el mal existe, ¿es, cuando menos, aceptado por Dios? Tercero: supuesto que no lo fuera, ¿cuál es entonces la razón de ser del mal?

  1. a) ¿Es Dios la causa del mal?

En primer lugar, tendremos que entender que toda la realidad es creada, es finita y procede sólo de Dios y es para Dios su gloria. Aquí la gloria es pura y simplemente la realidad misma existente, en tanto que finita. Podemos comprender, desde una visión antropomórfica, que la realidad creada supone para Dios una satisfacción, el orgullo por aquello que ha surgido de sus manos y, por tanto, es la realidad creada su propia gloria.

Se insiste en que “la realidad finita, en tanto que, producida por Dios, tiene el sentido de ser gloria y la condición de ser un bien”. Por tanto, “la realidad creada: no sólo es esencialmente buena, sino que su bondad consiste pura y simplemente en ser realidad”. Porque lo que Dios ha querido es que nosotros mismos seamos capaces de constituirnos en lo que vamos siendo. La libertad es la participación finita en la grandeza e independencia de Dios. Por tanto, ya podemos ver que Dios de ninguna manera es causa del mal.

  1. b) ¿Acepta Dios el mal?

Se plantea el problema de la razón de ser del mal desde la perspectiva individual: razón biográfica del mal y desde la perspectiva social y colectiva: razón histórica del mal.

El ser humano desde que nace se va desarrollando como persona. En ese crecimiento que cada persona experimenta, el maleficio juega un papel importante. Porque nos supone una serie de problemas cuya resolución nos puede hacer crecer, si sabemos buscar las respuestas adecuadas a los conflictos que se nos plantean. Así pues, se trata de un mal que nos da opción a crecer y a alcanzar un bien superior.

Del mismo modo, la malicia nos enfrenta a una disyuntiva de carácter moral que nos hace evolucionar como personas, a través de optar dentro de nuestra libertad por una posibilidad u otra.

Además de la influencia que pueden tener tanto el maleficio, como la malicia en nuestra vida, el hecho que Dios los permita, testimonia bien a las claras que las personas somos dueños de nuestros actos. Por consiguiente, se establece que Dios no acepta el mal, pero lo permite, y esa permisividad está motivada por la naturaleza del ser humano, como agente libre y con responsabilidad moral.

  1. c) ¿Cuál es la razón de ser del mal?

Por consiguiente, podemos llegar al convencimiento que, “por donde quiera que se le tome, como maleficio, como malicia o como maldad, el mal tiene su razón de ser en estar ordenado precisamente a un bien superior”. Dios no se ha limitado a testificar su conformidad con el bien y a permitir el mal, sino que precisamente desde Cristo ha querido incorporarse personalmente al curso de la historia de la humanidad.

Dios no hubiera permitido jamás el mal si no hubiera tenido ante sus ojos la posibilidad y la realidad decidida de una Encarnación y de una Redención. En este sentido, el bien no simplemente es un bien, sino que es una condición distinta del hombre, es justamente gracia. Por lo tanto, el dualismo del bien y del mal es un dualismo entre gracia y pecado.

 1. d) Conclusión

Así pues, podemos concluir que la reflexión realizada sobre el problema del mal nos permite reconciliar el compromiso de Dios con el respeto a la libertad humana, por un lado, y con la salvación de la humanidad, por otro. Y, sobre esta base, se nos invita a entender los diferentes aspectos del mal, tal como se dan en nuestra realidad individual y colectiva, poniendo el énfasis en el ejercicio de nuestra libertad y la posibilidad de que mediante la superación del mal, nuestro proyecto vital y nuestra realidad moral se desarrolle de una manera más plena.

Pedro Motas.

Blog : generaldavila.com

27 septiembre 2022

10 pensamientos en “REFLEXIÓN SOBRE EL PROBLEMA DEL MAL EN EL MUNDO Y SU CAUSA ÚLTIMA. Pedro Motas

  1. Buenos días, don Pedro, y todos; el mal, las malas acciones, y la mala fortuna . Unas dependen del BUEN o MAL uso que cada cual haga de su libre albedrío, otras como los Terremotos, dependen de las Chapuzas Geológicas de quien sea que coloque las piedras, o como las enfermedades, que pueden depender, o bien de chapuzas biológicas, o bien de nuestros hábitos y comportamientos, buenos o malos, otra vez según nuestro libre albedrío, opinion muy de moda en los modernos hospitales: la culpa es SIEMPRE del paciente, al que por cierto harían mejor llamar padeciente. Pura y dura malignidad. Prefiero el bien, o por lo menos me conformo con una neutral o neutra y aséptica indiferencia, digo que el que es, el o los que sean, apunten a otro lado.

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  2. A las órdenes de V. E., mi General.

    Muy admirado Don Pedro. Extraordinaria lección y exposición sobre algo tan antiguo como la existencia del ser humano desde el mismo momento de su creación. No en vano fue Caín, dando muerte a su hermano Abel, por pura envidia y celos, quien inauguró la costumbre hoy ya tan extendida y en plena acción.

    En un magnífico y acertadísimo párrafo nos da la clave de la razón de la existencia del mal. Nos dice:

    «Busco otras personas más débiles que yo, y descargo en esos otros la responsabilidad de mis males o los utilizo para desahogarme y resarcirme de mis derrotas y miserias personales».

    En el centro de la diana, clavado el dardo. Un servidor diría que todo comienza en la primera infancia, y hasta entre los mismos hermanos. Si se observa a los niños en los colegios, se puede ver la maldad innata de algunos, que muy cobardemente, por cierto, azuzan a un grupo para hundir a otros críos más tímidos, o mejor educados. A eso ahora le llaman «buling», que en español se entiende como «acoso». Y no sólo se da entre los niños, sino que es «normal y habitual» entre los adultos en el ámbitolaboral principalmente, por cuestines de intereses, bien sean económicos o de promoción profesional.

    Un servidor, en la vida civil, ha visto y lidiado mucho con esas envidias y maldades, y como buen Quijote por cuna y crianza, luchó con todas sus fuerzas y recursos contra eso tan deleznable y de cobardes. Hasta el extremo de que en su última actuación en defensa de una víctima, tuvo que acu dir a la resolución y reparación final del caso, cuando llevaba ya meses jubilado. Porque si no lo hubiese hecho, el éxito no habría estado garantizado.

    ¡¡¡Viva España!!!

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  3. Muchas gracias Dn Pedro, por su excelente escrito, el cual despeja muchas dudas que pasan por nuestras cabezas. Por mi parte, siempre he pensado, que Dios no hace libres y que cada individuo elige el camino a seguir, nos gustará más o menos, pero es su libertad, ahora cuando ya no respeta tu forma de ser, ideas etc, yo veo que es una intromisión de intolerancia y hacer el mal. Antes no creía en el mal, ahora sí. Saludos para todos.

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  4. Buenas tardes D. Pedro y a todos

    Muy buena referencia filosófica y teológica sobre el bien y el mal, muchas gracias.

    Si no he entendido mal, viene a resumir el libre albedrío que todos poseemos desde nuestro nacimiento, que proviene de Dios nuestro creador, y que, por tanto teóricamente está en nuestras manos inclinarnos por el bien o por el mal.

    No se hasta que punto nos condicionan primero, nuestra genética, y más tarde nuestra formación, dos puntos a tener muy en cuenta sobre nuestro comportamiento en ésta vida.

    Yo defendí durante años que era este segundo elemento el que realmente importaba, pero los años y la experiencia me han hecho dudar sobre la importancia de una o de la otra, aunque es bien cierto que incluso con una genética negativa, una buena formación puede corregir defectos o actitudes que vengan originados por la genética, pero no me cabe duda de que ésta marca no sólo nuestro físico, también muchas veces nuestras tendencias. La verdad es que sigo en la duda, porque quién tenga hijos podrá comprobar que aunque intentemos darles una misma formación y lógicamente los mismos valores, muchas veces entre ellos existen diferencias notables, y no sólo entre el bien y el mal, sino en otros muchos aspectos, y me pregunto si, en definitiva, tenemos un total control sobre ese libre albedrío.

    Me gusta mucho Spinoza, y he procurado estudiarlo a fondo, y según sus teorías siempre tenemos la opción de escoger el bien, no importan nuestras circunstancias. Ojalá fuera así, porque eso significaría que quién se inclina por el mal es totalmente culpable, aunque como bien dice, Cristo nos ofreció la Redención, y por tanto la posibilidad del perdón y la rehabilitación hasta el mismo momento de nuestra muerte, porque la misericordia divina es infinita, gracias Le sean dadas, y ese fue el verdadero descubrimiento maravilloso de Su venida a éste mundo, y el fundamento del cristianismo.

    Desgraciadamente el mal está más extendido que lo contrario, y por eso yo en el fondo estoy convencida de que el infierno es justamente la vida que nos toca vivir aquí en éste mundo, y que nuestra esperanza si tenemos Fe está en el otro, y que en ese exista de verdad la Justicia, la bondad, y la solidaridad entre todos los seres que logren alcanzarlo. Amén

    Cordiales saludos a todos

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  5. Atentamente y con el debido respeto

    DON Pedro Buena reflexión sobre el problema del mal del mundo. Mas. NO creo que esto lo lean los políticos, y mucho menos que reflexionen por un mundo mejor para el conjunto de la sociedad decente. Ya que ellos NO entran en esa sociedad.

    España día 27 de septiembre de 2022

    Ramón Lencero Nieto

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  6. Queridos compañeros y amigos del Blog de nuestro querido General: Una frase de agradecimiento es un enunciado que expresa una persona cuando siente gratitud y necesidad de reconocer a otra u otras por una acción específica o un gesto amable; expresa buenos modales desde el punto de vista social y esta capacidad se relaciona con la humildad y la gratitud que siempre está asociada con una demostración de afecto y reconocimiento.
    Existen muchas situaciones en las que se genera en un individuo el sentimiento o deseo de agradecer; pero en esta ocasión, ya cerca de la media noche, con la culminación del día, quiero agradecer los “me gusta” y los excelentes comentarios que enriquecen mi humilde artículo.
    Y, como siempre, y hasta mi próximo artículo, buenas noches con un fuerte y afectuoso abrazo de vuestro compañero y amigo que no se cansa de decir: ¡¡¡ VIVA ESPAÑA !!! y ¡¡¡ VIVA LA LEGIÓN !!!

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  7. Mi General : Magnífica la lección de hoy sobre el Bien y el Mal.
    Gracias, D. Pedro Motas, poco puedo añadir, sería un iluso si lo intentara.
    Porqué, nos crearon así , “ buenos y malos”, eso está claro, no
    resultaría.
    Es más fácil que un “bueno “, se pase a “malo”, que al revés .
    No puedo continuar, llegaría a dudar “De Dios”y eso sería algo peligroso.
    Pido desde aquí, al Pater Huidobro , que me ayude . Hay temas muy peligrosos, y conviene saber defenderse de ellos.🇪🇸🇪🇸🇪🇸
    ¡¡¡ TODO POR LA PATRIA,!!!

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  8. Con la benevolencia de V. E., mi General.

    En varios comentarios se menciona el «libre albedrío» que nos concedió Dios al crearnos. Y eso es cierto y está teológicamente comprobado y aceptado. Ahí está la explicación de que Dios no puede ser responsable de nuesrras malldades; pensar eso sería tanto como negarle a Dios su omnipotencia e infinita sabiduría.

    Modestamente, y para tranquilidad de quien sienta zozobra, la culpa de nuestros errores o maldades es exclusivamente de cada cual, pues cuando peca, y hacer daño al prójimo es pecado, lo hace con un mal uso de la libertad de acción recibida de Dios.

    Si Dios, bondad infinita, pudiiera ser culpable de nuestros actos, no sería Dios sino una especie de ser mitológico inventad al estilo de los de las distintas mitologías que existen.

    ¡¡¡Viva España!!!

    Le gusta a 2 personas

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