Reflexión sobre: El rostro de soledad y la angustia de vacío de la victima de terrorismo verdugo. Pedro Motas

Los otros

Realmente los otros nos hacen un favor, al margen de sus intenciones respecto de nosotros. No sólo enseña el buen ejemplo, también el mal ejemplo puede enseñarnos mucho. Y algo parecido cabe decir de la muerte: no sólo una “buena muerte” nos impresiona, también una muerte desgraciada o fatal puede ayudarnos a anticipar la nuestra.

La luz que nosotros recibimos de los otros nos permite verlos porque son visibles. No es que la luz nos los haga visibles: es su propia visibilidad natural la que los hace luminosos. Son tan visibles su pecado y su muerte, es tan vergonzosa su desnudez, tan estremecedora su soledad, que nos saltan a la vista y no podemos no verlos. Su misma luz nos envuelve.

También ellos nos ven a nosotros sumidos en desnudez y soledad antes que nosotros podamos verles a ellos así. Uno puede creer que el otro es culpable de su propia soledad, pero en el culpable hay vacío, no vacío de palabra sino de soledad. El vacío de soledad es el que inspira todas las palabras que se dan a la mirada y no al oído del que pueda recibirlas.

La Soledad

Hay palabras que se dan sólo a la mirada. Ni el oído puede percibirlas ni la visión escucharlas. Ambos están ya demasiado lejos para entender esta especie de palabras, lenguaje de la soledad que sale de sí misma con la secreta esperanza de no ser vista ni notada. En el culpable hay vacío, pero no vacío de palabra sino de soledad. A veces, el odio es más rápido que la soledad en la posesión del corazón.

Uno no puede habérselas de frente con el otro como un tú sin haber caído en la cuenta  de su propia caída: lo que hablamos de los otros cuando ellos no están, lo que hablamos de su pecado y de su muerte, no nos sirve ya cuando estamos ante ellos. Solo desde la soledad se puede mirar la soledad. Y, sin embargo, lo que sí queda después de la palabra es el vacío de una soledad sin consuelo.

El hombre sólo llega a la conciencia de sí mismo, a la conciencia de su propia soledad y, por tanto, a la relación auténtica consigo mismo, a través de la reciprocidad de las conciencias, del nosotros, revela el carácter ilusorio de las fronteras entre las almas.

La angustia del vacío

El verdadero enemigo del silencio no es el ruido sino el vacío, el no tener de qué hablar. El vacío desaloja el silencio de la vida humana. Cuando no se tiene de qué/quién hablar se va en su busca y, si no se encuentra, se huya de la compañía humana. Se huye de la compañía de uno mismo, en la que el mal y la muerte de los otros puedan volver a aparecer con la visión de una conciencia expropiada por el resentimiento, el dolor antiguo de haber roto con los otros o con uno mismo en ellos.

El resentimiento, el vacío del resentimiento, es el único adversario del recogimiento y  de su silencio. La vida rota por el resentimiento es la que se dispersa en habladurías para no sentir el vacío en el que ha venido a morar. Hay, sin embargo, situaciones en la vida en las que el vacío de soledad al que nos precipita el uso habitual de la tercera persona ya no nos es indiferente. Si la condena fuera la última palabra de la justicia no llegaría siempre con retraso.

Las penas impuestas a los delitos no pueden “deshacer un delito ya cometido”, pero el fin de la pena no es otro sino “impedir al reo hacer nuevos daños a sus conciudadanos y aparta a los demás de cometer otros iguales. Más que la pena o condena “merecida”, habría que buscar, pues la pena “eficaz” o “útil” desde el punto de vista preventivo-ejemplificador. La pena justa se define por su utilidad o eficacia para evitar delitos futuros, a parte de la exigencia de pedir perdón.

Nadie podrá devolver la vida a la víctima de un homicidio, ni podrá consolar de su muerte a quienes lo han perdido para siempre. El dolor de la pérdida es común a cuantos han perdido a un ser querido. El vacío de soledad en que los allegados a la víctima de un homicidio quedan no es común, sin embargo, a cuantos han perdido a un ser querido. De la memoria de la víctima nunca podrá desprenderse el vacío en el que la ha dejado su propio verdugo.

La víctima y el verdugo nunca podrán separarse ya en la memoria de quienes recuerdan a su ser querido y lo que le pasó. El que infligió el daño y el que lo sufrió no pueden dejar de existir ya sino el uno en el otro. Sin verdugo nunca habría habido víctima. El verdugo, el perverso el desequilibrado, el fanático, el reo de muerte, poco importa ya los móviles del execrable, ha hecho la víctima, se ha condenado en ella.

La memoria de los difuntos atrae el pensamiento del bien con más intensidad que el pensamiento del mal.

Aun antes de ejecutar su crimen ya la había hecho arrancándole a aquella persona su rostro humano y dejándola en la pura desnudez de una identidad cualquiera, de una identidad cuya misma existencia no quedarían en peligro por la desaparición de uno de los suyos. Sin rostro humano, todos somos los otros. La victima indudablemente no hace al verdugo, pero se condena también en él; se condena en el sentido de que, con su desaparición del mundo, desaparece un tú: la condena consiste en verse privada de la manera mundana de encontrarse con os suyos.

Intranscendente o intranscendible

Una forma humana sin rostro es el semblante del condenado en su verdugo o en su víctima. Realmente el rostro del verdugo es para la víctima, para los deudos de la victima, la imagen vacía de un ser sin rostro. Coma tal imagen es moralmente intranscendible. Lo mismo sucede, en realidad, con el rostro de la víctima. No debemos olvidar que también para el verdugo el rostro de su víctima es una imagen vacía, la imagen de un ser sin rostro que merece morir.

Víctimas y verdugos, con sus respectivos allegados o simpatizantes, se hayan implicados en un círculo infernal del que moralmente no pueden escapar. Si pudieran hacerlo dejarían de ser lo que son, renunciarían a sus principios, a sus aspiraciones, al sentido que pretenden dar a sus vidas; en suma , a su identidad. Ningún hombre mata como una bestia feroz. Todo hombre, cuando mata, se comporta peor que una alimaña. Y esto porque una alimaña mata para defenderse.

El hombre, en cambio, mata no solo para defender su vida sino también para defender  lo que cree ser, esto es, su identidad. Aunque su identidad, su modo de entenderse a sí mismo sea descabellado o absurdo. Todo hombre necesita una razón para matar, aunque esta razón sea absurda. Aunque esta razón no sea, en realidad, más que sinrazón.

Algo aproximadamente semejante cabe decir, a la inversa, del hombre que muere como víctima de un verdugo. Todo hombre necesita una razón para vivir y una razón para dar la vida. Ningún hombre da su vida si no es por una razón. El mundo está, por desgracia, demasiado lleno de víctimas y de verdugos como para que nuestras identidades queden a salvo de este infierno. Es demasiado visible la existencia de víctimas y de verdugos.

Yo pienso que no es nada fácil mantener en pie las fronteras  entre os ámbitos de la intranscendencia y la intranscendibilidad moral. Creo que efectivamente hay infierno, ya en este mundo, porque hay personas sin rostro humano, persona que en nuestro corazón engrosan las filas de los condenados ya aquí. Se trata de personas que nunca han mirado el rostro de sus víctimas.

Creo, también, que hay personas a las que su desesperanza ha precipitado desde la instranscendente multitud de rostros que les rodea en la imposibilidad moral de tanscender el rostro de otros, de quienes no son de los suyos porque su propio pecado se lo impide. El pecado extremado hasta el sumo pecado, intranscendible, infernal: el pecado de ser verdugo. Y la muerte extremada también hasta el grado de la suma muerte: la de la víctima inocente. Entre estos dos extremos se extiende la luz de la mirada humana, su modo propio de transcendencia.

“Perdono pero no olvido”

Es ciertamente muy difícil, moralmente imposible, alcanzar esta libertad cuando el perdonado no ha pedido perdón , cuando es él mismo quien retiene para sí la libertad de olvidar el daño que produjo en el delirio de su odio. Mirar al pecador como quien ve más allá de su pecado en la dirección de su muerte o mirar al mortal como quien ve más allá de su muerte en la dirección de su pecado, para llegar a olvidarlo, es un acto de libertad. Y la libertad se posee cuando se recibe de quien nos la da, de quien no nos la retiene. Nadie se posee a sí mismo en libertad con una libertad que no haya recibido de otro.

Pedro Motas.

5 octubre 2022

Blog: generaldavila.com

7 pensamientos en “Reflexión sobre: El rostro de soledad y la angustia de vacío de la victima de terrorismo verdugo. Pedro Motas

  1. A un asesino, sólo lo puede perdonar TOTALMENTE el muerto; el perdón de los supervivienes, familiares, allegados, sólo puede ser PARCIAL, en la parte en que individualmente, se les haya causado dolor o perjuicio, por la cada una de estos asesinatos. Y lo más importante, la ÚNICA que NO tiene obligación, ni mucho menos DERECHO a PERDONAR, es el Estado, ni ninguna de sus muchas Administraciones o Instituciones. Buenos días, don Pedro, y todos.

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  2. Buenos días todos, mi General:
    Por todo lo que dices, amigo Pedro, es todavía más execrable la actitud del actual gobierno respecto de los presos etarras y su total ausencia en cualquier acto de las víctimas del terrorismo. Algo que, por cierto, sería solo hipocresía dados sus pactos con Bildu en el Parlamento.
    Saludos cordiales.

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  3. Muchas gracias Dn. Pedro, por tan excelente escrito, con el cual estoy completamente de acuerdo. Espero y deseo que escriba más, pues sus escritos son muy edificantes. Saludos para todos.

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  4. Lo siento, y estoy seguro que mi Señor me exigirá cuentas por eso, pero ni olvido ni perdono a esos seres frios cuya alma congelada y mentes desviadas por influencias radicales, les llevan al cobarde asesinato por la espalda siempre o aprovechando el momento vulnerable de la víctima elegida para procurarse una huida asegurada, o bien, sin el menor remordimiento por las victimas inocentes causadas como consecuencia de el atentado a una colectividad. No, ni los perdono, ni olvido sus execrables hechos. Merecen a mi juicio el máximo castigo que la Ley dispone sin conmiseración ni otorgamiento de gracia alguna. Son hienas, no seres humanos y como tales deben de ser tratados.
    ¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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  5. En este día especial
    me despido de esta etapa,
    porque ha llegado a su final;
    y es hora de partir
    pero antes de irme
    algo os quiero decir:

    Gracias por los “me gusta”,
    los comentarios y afecto;
    esta noche espero ver
    las estrellas como ayer,
    para acostarme contento
    y dulces sueños tener.

    Y sabiendo perdonar
    al que hace el mal,
    no puedo olvidar
    esa soledad y vacío
    que produce la muerte
    de un ser querido.

    Buenas noches a todos, con un abrazo legionario;
    y, como siempre, con mi exclamación:
    ¡¡¡ VIVA ESPAÑA !!! y ¡¡¡ VIVA LA LEGIÓN !!!

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  6. Mi General : El relato hoy de D.Pedro Motas, no tengo palabras para escribir, solo le darle las gracias y un fuerte abrazo . La segunda parte (. El verso), si es una despedida, te diré que aquí tienes, para siempre un amigo .🇪🇸🇪🇸🇪🇸
    ¡¡¡TODO POR LA PATRIA,!!!

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  7. Querido Luis: gracias por tu generosidad hacia mi humilde persona; la despedida sólo es de la jornada con de este artículo, pero seguiré Dios mediante con más artículos para mis compañeros y amigos, que con sus comentarios me motivan para mejorar en mis reflexiones. Gracias y un fuerte abrazo.

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