LA LEGIÓN CAMINO DEL CENTENARIO (22). Nuestro Cristo Legionario. Miquel Giménez Gómez, Periodista, escritor y con la Legión grabada en el alma.

Avanza el Cristo de la Buena Muerte por las calles de Málaga, cantaora y guisandera, devota y de recta conducta, a hombros de unos soldados de semblante serio, duro, diríase que casi pétreo. Son sus ángeles custodios, hombres forjados en el servicio a los demás, hombres que desprecian su propio dolor en aras del dolor ajeno. Es la Legión de España, el heroico Tercio de Extranjeros, una fraternidad de almas honradas que se funden en una mística que trasciende la deuna mera unidad militar.

Ese bosque de chapiris que rodea a Jesús el Redentor, ese contingente de almas y cuerpos que viven solo para su Credo, es vitoreado por la gente que se agolpa para verlos pasar. “¡Es la Legión, es la Legión!”, dicen los chiquillos entusiasmados, pidiendo a sus padres que los alcen para poder ver mejor a esa tropa que va siempre con la camisa abierta para mejor ofrecer su corazón al servicio de España. “¡Es la Legión!”, exclaman con admiración y cariño las buenas gentes que ven en el Tercio lo que de más honorable y generoso da de sí el pueblo español. Acaso alguien entre los más jóvenes, al ver ese solemne y humanísimo espectáculo, se decida a ingresar en nuestra Hermandad. ¡Adelante, te esperamos!

Sigue avanzando el desfile y los gastadores hacen diabluras con las armas, y suena una y mil veces “El Novio de la Muerte”, y hay quien se arranca desde un balcón y entona una desgarradora saeta a ese hombre crucificado, al Hijo de Dios, que quiso ser uno más entre todos, un novio de esa muerte que sabía que iba a redimirnos a todos, igual que aquel legionario que buscaba en el fuego redención. Algún veterano que observa el paso de la compacta y disciplinada tropa de verde deja escapar una lágrima de manera casi clandestina, ocultándosela a su esposa, a sus hijos. No te cortes, legionario, que lágrimas y sudor surgen del mismo cuerpo y de ambas cosas estamos más que surtidos los que decidimos formar bandera. El hombre sorbe y se enjuga las lágrimas, pero que más da. Es Semana Santa en Málaga, que es casi como decir que lo es en la capital del mundo, pero la hidalguía legionaria resuena al unísono en puntos muy distantes del planeta, lugares donde el servicio a España y la ayuda a quien más la precisa lleva a esos hombres y mujeres que nunca piden nada, porque solo saben entregarse y darlo todo.

La Semana Santa, ese compás de tiempo en el que meditamos acerca de la entrega, del sacrificio, de dar la vida por todo aquello en que se cree es más legionaria que nunca. Tanto es así que, si Jesús decidiera volver a este mundo, estoy convencido que lo haría en ese desfile, descendería del madero y caminaría junto a los que, como el, no han dudado jamás en dar la vida por una causa justa.

Tengo por cierto que gritaría con nosotros ¡Viva la Legión!

Miquel Giménez Gómez,

Periodista, escritor y con la Legión grabada en el alma.

Artículo perteneciente a los “testimonios legionarios” publicados en el Blog: generaldavila.com con motivo del Centenario de la Legión.

14 abril 2019