LA LEGIÓN CAMINO DEL CENTENARIO (26) VIVIENDO CON UNA PENA Damián Roku-Epitíe Monreal. Policía de la Comunidad Foral de Navarra

Tenía 11 años cuando vi por primera vez, en una televisión en blanco y negro, desfilar a La Legión. Era el año 1978, yo estaba interno en un colegio en Guadalajara. Mi gran momento fue, cuando viendo el desfile, llegó La Legión, y algo se me revolvió por dentro. Hoy sé, gracias a youtube, que era la Primera Bandera del Tercio Gran Capitán Primero de La Legión, y que no lo hicieron con su vertiginoso paso. Pese a ello, me quedé fascinado, porque no sé como, se me metió en el corazón.

Afortunadamente para mí, en el año 1983 se celebró en la ciudadela de Pamplona el VI Festival de Música Militar y claro está yo sabía que acudiría la Banda de Guerra de La Legión y que cantarían el Novio de la Muerte, por supuesto no me lo podía perder. La Legión en Pamplona, en vivo. Fui solo. Ninguno de mi cuadrilla me quiso acompañar.

Camino de la Ciudadela, pasé junto a unos autobuses estacionados en la Avenida del Ejercito donde llegaban los soldados de las diferentes bandas que iban a actuar. En la puerta de uno de ellos había tres legionarios. ¡Tres legionarios! Era la primera vez que veía legionarios fuera de la televisión. Se trataba de tres gastadores. Y estaban allí a mi lado. A punto estuve de quedarme plantado, quieto, avasallarles a preguntas, pero me dio vergüenza y seguí caminando. En las explanadas nos agrupábamos mucha gente que escuchábamos la música que interpretaban abajo. Con el paso de las horas, los que estábamos de pie nos fuimos cansando, hasta que prácticamente todo el mundo permaneció sentado de cualquier forma. De pronto, se escuchó el toque de corneta: ¡Legionarios a Luchar Legionarios a Morir! y fue como si a todos nos hubieran puesto un fuego debajo, saltamos de golpe hacia arriba medio empujándonos los unos a los otros buscando la mejor vista. Todos para ver a La Legión. Ni que decir que fue increíble, los sonidos de la banda de guerra, los gastadores, el porras. El Novio de la Muerte se me metió hasta los huesos. Yo quería ser como ellos. Yo quería servir en La Legión. Pero la vieja idea de que allí van los peores de cada casa surgía en mi círculo.

Sin embargo, yo seguí pensando en ir. No sabía como pero quería ir. Para mi desgracia, desarrollé, por diversas causas, una obesidad muy importante que sabía que jugaba en mi contra.

Cuando tras acabar la carrera de Derecho, tenía que ir a la mili, no tuve valor para oponerme a mi entorno y no pedí, como primera opción, destino en La Legión. En el sorteo me tocó Ainzoain, junto a Pamplona. Pero yo, arrepentido, me dirigí al Gobierno Militar para indicar que quería cambiar mi destino y que quería ir a La Legión. Ya era tarde. Quien me atendió me dijo que lo mejor era esperar a que vinieran en captación. Además tenía que superar el tema de mi obesidad. Adelgacé 17 kilos y me incorporé al Regimiento América 66 en Aizoain (Navarra). Yo llegué un miércoles. No hacía más que pensar en cuando iban a venir en captación. El viernes, tras el control médico me dijeron que debido a mi peso me mandaban el lunes al Hospital de Burgos. No comí nada desde el desayuno del viernes hasta el lunes buscando estar lo más delgado posible. En el autobús que nos llevó a Burgos había gente que cuando se paró para almorzar, se bebió botellas de refresco de dos litros, sin ir al baño, para pesar lo más posible.

En Burgos, la enfermera que me pesó me dijo que estaba excluido total, yo le dije que quería hacer la mili en La Legión y ella me dijo textualmente que yo era tonto. Le dije que iba a adelgazar más, creo que supliqué,pero le faltó reírse de mí abiertamente. No obstante, me dijo que podría hacer alegaciones en el Tribunal médico. Allí no me dejaron hablar. Cállese, siéntese. Yo les veía con sus batas blancas y sus estrellas. Ninguno me miraba. Solo me decían que excluido total. Hasta que me harté, les interrumpí y les dije que yo quería hacer la mili. En ese momento se miraron entre ellos sorprendidos y   me miraron. ¿Por qué quiere ir a la mili? – me preguntó uno. Y yo dije que quería ir a La Legión y opositar con el tiempo al cuerpo jurídico militar. Pero de todas formas me echaron. Y se me negó mi derecho a servir a España en las Fuerzas Armadas.

Llevaba tres días y medio sin comer, y lloraba porque mi vida se había ido a paseo. Llegué a Pamplona abatido. Al día siguiente adiós al cuartel, donde hubo una pequeña conmoción, porque como me dijo un Comandante: para uno que quiere venir, lo echamos.

Por la edad que tenía entonces, no podía presentarme a profesional. Así que al poco perdí otros 17 kilos y saqué las Oposiciones de Policía Foral de Navarra. Pero llevo dentro esa gran pena, y ese cariño infinito hacia La Legión, sobre todo a medida que se han desarrollado cada vez más misiones internacionales, donde cada muerto ha sido para mí un mazazo. Allí hubiera ido yo.

Eso sí, siempre que tengo ocasión hablo de La Legión, hago leche de pantera y con unos amigos cantamos en ocasiones memorables El Novio de la Muerte. Afortunadamente, conseguí entraren la Hermandad de Antiguos Caballeros Legionarios, donde se me concedió el Diploma de miembro de Honor por la difusión de La Legión que hacía en el mundo de la moto, una de mis aficiones.Pero, no soy legionario y vivo con esa pena. Pese a ello, he intentado servir a España lo mejor que he podido, con mi trabajo o en mi tiempo particular apoyando a las Fuerzas Armadas.Y cuando flaqueo en mi vida,repito los espíritus de la Legión, porque la vida es una lucha.

Damián Roku-Epitíe Monreal. Policía de la Comunidad Foral de Navarra.

Artículo perteneciente a los “testimonios legionarios” publicados en el Blog: generaldavila.com con motivo del Centenario de la Legión.

21 ABRIL 2019