LA LEGIÓN CAMINO DEL CENTENARIO (32) La apuesta Francisco Cejudo Gasco Comandante de Sanidad Militar (R)

El legionario, saliendo de su pensamiento, se dio prisa por coger un muslo de pollo asado que quedaba en la cazuela de barro, impregnada de ajolio.

Se fijó en un galafate que andaba de un lado a otro pendiente a todo, con ojos de comadreja, más fino que el coral haciéndose pasar por un vilordo.

–Atención bolsas –dijo Martín, –que este es el nombre del legionario. A éstos y otros pícaros debes conocerlos. La bolsa que tengas, si no te andas con recaudo, pronto será suya.

Le decía Martín a su compañero Centella, llamado así por la velocidad que alcanzaba cuando corría.

– La bolsa que tengas, si no te andas con recaudo, pronto será suya.

Prosiguió comiendo y entre dentelladas, de vez en cuando, se limpiaba la boca con la manga. Hablaba al mismo tiempo y sin dejar de roer tornó a decir:

–Se me hace en la cabeza un lío, que a cuento viene, de cosas atadas y atrasadas, cuando el día… no me acuerdo, de cada año, se festeja en mi pueblo la fiesta de San Marcos. Acuden gentes de los alrededores de toda clase y condición. Se hacen corrillos entre familiares amigos y vecinos y se comen el hornazo, que es torta de masa fina en forma de lagarto, de harina de trigo y aceite de oliva, cabeza de huevo guarnecida y cocida juntamente con ella en el horno con ojos de habicholones “coloraos”. Se tiene por costumbre separar el huevo de la masa cocida, y asiéndolo al unísono, se lo estrellan en la frente del primer vilordo descuidado. De chiripa, vi pasar a un hombre que yo no sabía de dónde venía; me era desconocido; si bien parecía embelecador. Se puso en el corro donde estaba mi familia reunida y dábamos cuenta de los hornazos y de una espuerta de lechugas que, de la huerta de la Puente, había cogido mi padre quebrando el alba la mañana y antes de que madrugase el astro rey. Se acercó, y después de los saludos pertinentes, percibí que el hombre era estudiante de universidad, sabio de naturaleza y versado en todo; y me propuso lo que aquí relato y expongo:

–Yo –dijo el estudiante, os hago una pregunta y si la contestas, te daría veinte duros. Si al contrario fuere o pasare, me le daréis a mí.

–Pensándolo, no le acepté el pacto y le dije:

Usted me aventaja en conocimiento ya que sois intelectual y bachiller de no sé qué universidad; y yo soy un pobre legionario, de sesos limitado, que nunca a escuela fui ni maestro hubo sobre mí, sino la experiencia de la vida. Le propongo a usted que me hagáis la pregunta, y si no os la contestara, le pagaría diez duros, más yo os haría otra pregunta y si no la contestáis y quedara sin respuesta, me daréis cuarenta duros, ya que me pasáis de largo el conocimiento.

Lo pensó el bachiller y aceptó sin más.

–¿Decidme sabéis, legionario Martín, qué significado tiene la palabra zurriburri? –dijo el estudiante.

–Yo puse mis ojos en blanco y mirando al cielo como pensando le respondí:

–Me habéis pillado, señor estudiante. Palabra como esa no ha tenido tiempo de llegar por este contorno, sitio u población. Tomad los diez duros que limpiamente me habéis ganado –le contesté yo.

–Preguntad vos ahora que dispuesto estaré a responderle –solicitó el universitario.

–Si dispuesto sois a responderme señor, decidme: ¡Cuál es el animal que sube al Almadén a tres patas y lo baja a cinco!

Se estrujó tanto los sesos que los cajones del conocimiento se quedaron vacíos y no supo qué responder.

Desencalabrinándose expresó:

–Bien veo –señor legionario–, que me habéis cazado. Tened mis cuarenta duros que desde este mismo momento u instante son sus cuarenta duros y preparaos para ésta mi nueva pregunta; que pregunta que vale tanto, merece ser conocida la respuesta. Yo os la hago de vuelta y me debéis responder: ¿Cuál es ese hipogrifo, endriago y extraño animal?

–Señor –le dije yo–, no os preocupéis; tened diez duros de vuelta. No sé qué responder.

El estudiante replicó latiniparlando en tono aireado cuando vio que me alegré riendo:

Ante omnia: risus abundat in ore stultorum. Amici, diem perdidi [1].

–Explicarme su significado no quiso; aunque me da que fue alabanza; ya que quedó admirado por mi sagacidad y sin sus cuarenta duros. Pronto se fue a otra parte.

Francisco Cejudo Gasco Comandante de Sanidad Militar (R)

[1].Antes de nada: abunda la risa en la boca de los tontos. Amigos, he perdido el día.

Artículo perteneciente a los “testimonios legionarios” publicados en el Blog: generaldavila.com con motivo del Centenario de la Legión.