Una pequeña reflexión sobre el nuevo milenio y la Calidad. Pedro Motas Mosquera

Queridos amigos: España se encuentra en una tesitura compleja, entre la complacencia de unos ante los éxitos logrados y la autoflagelación de otros ante la insuficiencia de lo alcanzado. Esto conduce bien al inmovilismo, al cabreo, o bien a la búsqueda de atajos para anticipar los beneficios que sólo un valor sano en lo macro y flexible en lo micro pueden proporcionar: la Calidad humana. Esta es una lección que parece haberse olvidado y cabe esperar que no sea necesaria otra crisis para recordarla.

En nuestro Blog, últimamente se abordan temas actuales e interesantes, como son: Un referendo contra los toros, Gibraltar y el Brexit, El plagio de Sánchez, Izquierdistas y secesionistas, Los lazos amarillos, Franco… y, hasta aquí, el gravísimo riesgo al que los políticos han llevado y están llevando a nuestra querida España. Pero detrás de todo riesgo siempre hay alguna oportunidad: la esperanza en la Calidad humana.

Por eso, hoy os propongo un tema distinto, algo que siempre comentaba a mis queridos alumnos cuando me dirigía a ellos, como director, al inicio de un master de Calidad:

 Una pequeña reflexión sobre el nuevo milenio y la Calidad

        Parece evidente que el progreso, la calidad de vida de un país depende, fundamentalmente, de su potencia científico-técnica y del apoyo moral y económico que ciudadanos y gobierno den a la Investigación en Ciencia, al Desarrollo en Tecnología y a la Calidad que llevan asociada. Algunos, pese a problemas y obstáculos, han venido impulsando el concepto de la Calidad; ganando, calladamente, batallas en este sentido. Ello nos compromete ahora a divulgar con el ejemplo las diversas plasmaciones de la Calidad. Y en particular de la Calidad de Vida.

Uno de los logros del siglo se plasma en la frase “El hombre mide al Mundo”. Porque sobre esas medidas se basa el conocimiento, el control y la utilización, cada día mejores, de ese Universo que Dios nos regaló.

La Implantación de la Calidad exige la participación de todas y de cada una de las personas involucradas. Pero uno de sus requisitos es empezar por asegurar la Calidad en la propia actuación profesional de todos y hacer bien todas las cosas a la primera. Lo que creará una autoestima en cada colaborador, no sólo a nivel directivo sino, sobre todo, de los ejecutores de los procesos. Parece que ello será sólo posible cuando todos actuemos como agentes de la Calidad, como creadores de valores. Y nos sintamos ya íntimamente retribuidos al hacer nuestro trabajo todo lo bien que sea posible. La Calidad no sería entonces sólo un atributo de los productos o servicios sino un valor humano. ¡Hemos de ser capaces de vender, con nuestro ejemplo, estas ideas!

Pero vivimos un mundo de humanos con los que nos hemos de integrar contribuyendo a crear, cada día, un ambiente de unidad y de comprensión. Ello implica Calidad en las relaciones interpersonales, en la comunicación que estimula la relación personal. Para lograrla hay que salir, con talante humilde, de nuestro “castillo interior”, de nuestra parcela intelectual y social. Hay que conocer y comprender a todos. Hacerles saber que todos y cada uno de ellos nos son precisos. Esta forma de sentir ha de ser incorporada a los programas para el presente y el futuro.

El don de la libertad es patrimonio de todo ser humano, mientras no lo limiten los demás. Ello implica, en todas nuestras actuaciones, la responsabilidad de tomar decisiones con Calidad. Para evaluarla precisamos de comparar la especificación, el deseo de lo que se espera de cada acción, con una medida del resultado y comprobar “si vale o no vale”. Esto es normal en Calidad, pero hemos de practicarla desde la duda sistemática, rechazando la ciega seguridad en nosotros mismos, la autosuficiencia. Y en todo tipo de actividades hemos de anteponer el juicio y el interés de los demás al nuestro. Sólo así seremos todos libres.

Para terminar, ¡hagamos uso de nuestras capacidades y libertades con Calidad! Busquemos la comunicación con los demás promoviendo la reconciliación. Limitemos nuestro consumismo y promovamos la mutua Calidad, especialmente en el uso de recursos disponibles. Así, nuestro libre albedrío dará sus mejores frutos: Paz, Esperanza y Calidad. Son los mejores bienes que posee el ser humano y los únicos que le pueden acompañar siempre, en el presente y en el futuro.

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

24 septiembre 2018