REFLEXIONES DE UN VETERANO GUERRERO CON ESPÍRITU DE MONJE UNA VIDA MÁS NOBLE EN CUARENTENA. Pedro Motas

“En realidad, tras esta actitud de ‘no critiques todavía, ahora no’ se agazapa, apenas camuflada, la nostalgia de sentirse protegidos por un papá Estado bondadoso en momentos de tanta desazón”

Probablemente estos días de confinamiento no parezcan ricos en estímulos ni para el bien, ni para el mal. Pero se trata de una impresión errónea: tenemos ante nosotros un enorme elefante. Uno que camina desmandado por nuestras calles y nos obliga a refugiarnos. Tenemos ante nosotros la pandemia.

Todos los grandes acontecimientos de la historia han terminado por hacernos mejores o peores. Esta primera gran peste del siglo XXI, hasta no volvernos inmunes, tampoco nos dejará inmutables.

Tengo para mí que ahora nos topamos sin embargo ante una encrucijada enrevesada: son tres las sendas que se abren frente a nosotros. Para acabar de enredar las cosas, nada menos que un par de ellas nos extraviarían; solo la tercera guardaría nuestro rumbo. Y no es solo una mujer voluptuosa la que nos incita a descarriarnos: es todo un tropel de periodistas, políticos, asesores y activistas. Empezaré describiendo las dos salidas erradas.

En primer lugar, se erige ante nosotros la ruta negacionista. Es con la que el Gobierno de la nación, y gran parte del establishment mediático, trata de seducirte. Según ellos, nadie podía prever lo que está ocurriendo, el Ejecutivo simplemente acató lo que le decían unos expertos neutrales, no se podría haber hecho nada antes del 9 de marzo en aras de contener la enfermedad, si acaso el Gobierno tiene alguna culpa, ¿no la comparten acaso todos cuantos, hasta el pasado 9 de marzo, hicieron vida normal?.

Esta versión negacionista nos muestra a un Gobierno de España inocente, incluso benévolo, que solo actuó siempre en el momento oportuno, aunque curiosamente se le hayan anticipado en casi cualquier medida sensata las comunidades autónomas. No negaremos que esa imagen de un Ejecutivo limpio y sagaz constituye una idea reconfortante: ¡es tan lindo tener fe en que nos dirigen unos gobernantes sabios y benéficos! ¿Qué son un par de datos contradictorios con esta fe a cambio de tanto agrado? Este camino, pues, te incita no solo a que cierres los ojos ante la realidad, sino a arrellanarte en tu sillón.

Ahora bien, ten cuidado. Porque si emprendes esta senda, saldrás de esta cuarentena más mendaz, menos consciente de la realidad, más sumiso al Gobierno, menos tolerante con quienes sí recuerdan los hechos. No la tomes: te hará una persona peor.

La segunda ruta que puedes adoptar durante este confinamiento se asemeja a la primera en el último rasgo mentado: busca acallar toda crítica hacia nuestros gobernantes. Eso sí, en este caso te dará una excusa nueva para ello: “¡no es el momento aún!”. Una ventaja de esta senda es que no obliga a que te trepanes todos esos recuerdos aún demasiado vívidos y cercanos. Es decir, podrás mirar cara a cara la evidencia de que Pedro Sánchez y sus ministros lo han hecho mal, mortíferamente mal. Ahora bien, aunque tu vicio al adoptar esta vía no será la mentira, sí lo serán otros: la cobardía, la mansurronería, la pusilanimidad.

Puedes reconocer que esos son los defectos que en ti cultivas porque no existen motivos loables para asumir tal docilidad. No es verdad que un simple tuit tuyo deplorando a Pedro Sánchez vaya a dejarnos sin gobierno “en este momento tan importante para todos”. Tampoco lo es que la libertad de expresión haya de limitarse si criticas al Gobierno: ¡se inventó justo para eso! Esa libertad no es un lujo para tardes ociosas, sino la raíz de tu dignidad. Y más ridículo aún es suponer que, ahora que tanto tiempo libre tenemos todos en casa, si reprochas algo a quienes mandan “estés entorpeciendo la solución”. Como mucho, entorpeces la futura reelección de estos incompetentes; pero mientras criticas puedes perfectamente estar cosiendo mascarillas o lavándote las manos, que es lo más destructivo contra el virus que ahora te cabe hacer.

En realidad, tras esta actitud de “no critiques todavía, ahora no” se agazapa, apenas camuflada, la nostalgia de sentirse protegidos por un papá Estado bondadoso en momentos de tanta desazón. Pero el Gobierno no es tu papá. El Gobierno es Pedro Sánchez. El Gobierno no es tu mamá. El Gobierno es un filósofo al que pusieron de ministro de Sanidad porque es una cartera apenas sin competencias, porque tocaba como cuota catalana y porque “total, Salvador, si ahí nunca pasa nada y nada va a pasar”.

Quienes mandan, además, están aprovechando tu silencio para difundir otros relatos. Como: “la culpa de todo lo que está pasando son los recortes del PP”. “La culpa es de la privatización de la Sanidad”. “La culpa es del rey emérito y la monarquía”. “La culpa fue del chachachá”. Calla tú y solo a los falaces se oirá.

Si eres noble y rechazas, por tanto, esta segunda senda acomodaticia, solo te resta la más dura de todas. La vía de la verdad. La que te obliga a reconocer, y reconocerte, que justo cuando más necesidad sientes de él, estás ante un Gobierno falsario e incompetente. Un Gobierno al que siempre preocupó más su propaganda que tu salud. ¿Cómo fiarte de él ahora? No lo hagas; asume con valentía que vienen tiempos duros y que de ellos nadie te salvará. Mira los muertos, los ancianos a los que se deja morir sin tratamiento; mira a esos parientes o amigos a los que temes perder. ¿Merecen tu engaño? No, merecen que aproveches este dolor para mejorar.

Es ese el tercer sendero que tienes ante ti. No lo temas. Cierto es que, si lo recorres, probablemente perderás amigos demasiado volubles como para rehusar el pastoreo que les presta este Gobierno. No te importe: por esta calzada harás otros nuevos. Cierto es que te verás a ti mismo siendo mucho más contundente que nunca. No te desconcierte: el momento lo requiere.

Y, en los días más duros, cuando las paredes de la casa se te caigan encima y añores las caricias que quedaron fuera, deléitate pensando esto: que solo porque tomaste esta tercera senda acabarás este encierro hecho mejor persona que a su inicio. Duro con los poderosos; sediento de justicia en favor de los sufrientes. Tajante con los mentirosos; compañero de los que miran, incluso ante un espejo, siempre a los ojos. Llegará el día del triunfo y será tuya la mejor de las guirnaldas: la del que se venció a sí mismo. Será tuya la mejor de las coronas: la del que logró combatir a los viles sin envilecerse. Y entonces podrás festejar.

Ánimo y fe en que superaremos la crisis con nuestra unión, con nuestros valores, con nuestras reflexiones… y que, al final, salvaremos a nuestra querida España con una vida más noble en cuarentena, a pesar del desgobierno e ideología barata que pretende hacernos sumisos y llevarnos a la ruina.

Un fuerte abrazo a todos de vuestro compañero y amigo.

Pedro Motas

Blog: generaldavila.com

7 abril 2020