LA CRISIS ESPAÑOLA Y LA INCERTIDUMBRE DE FUTURO Pedro Motas Mosquera

Aunque la mayoría prefiera las ilusiones falsas a la realidad, España se desliza hacia un desastre económico y social sin precedentes, cuyo momento culminante será la quiebra de las cuentas públicas, a partir de la cual nos espera, “un largo valle de sombras”, donde van a hacer agua todas las grandes conquistas sociales de los últimos años, desde la clase media, al sistema de pensiones, pasando por sistema nacional de salud y las prestaciones a los parados. Es evidente que la incompetencia oceánica, el sectarismo radical, y la carencia absoluta de sentido del Estado han acelerado el proceso, pero no es el único culpable. Nuestra ruina comenzó mucho antes.

Y entonces, ¿cuándo empezó todo? El origen es claro e inequívoco: el pactismo, la frivolidad y la mediocridad de los padres de la Transición, plasmados en la locura colectiva del “café para todos”, que dio paso a un modelo de Estado económica y políticamente inviable, en el que se inventaron 17 autonomías, contrarias en su mayoría a la realidad histórica y objetiva de España; a una partitocracia totalitaria que impide la separación de poderes y somete al Ejecutivo el resto de poderes del Estado; y a un sistema electoral no representativo de listas cerradas, que prima a las minorías nacionalistas, y permite a las oligarquías partidistas, confiscar  la soberanía nacional y expoliar a los ciudadanos sin que estos tengan  posibilidad de defenderse.

El programa con el que el actual gobierno ganó las elecciones era incorrecto. Abogaba por el cambio de un modelo económico insostenible con sus decretazos. Dedicado a tiempo completo a la involución de España, a enfrentar a los españoles, a fomentar la homosexualidad y el aborto, al ataque sin tregua al cristianismo utilizando para ello el islamismo que aspira reconquistar Al-Andalus, a destruir el sistema de enseñanza pública que ha dejado de ser el ascensor social que fue en el pasado, y a la liquidación, en suma, de la nación española, “algo discutido y discutible”. Y así las cosas, los indicadores de oferta, consumo de las familias y mercado laboral, en lugar de estabilizarse, muestran nuevos retrocesos, y en el futuro inmediato se culminará la mayor subida de impuestos de nuestra historia, cuyo efecto negativo sobre el PIB, como demuestran la evidencia empírica y los modelos teóricos, habrá sido tres veces mayor consecuencia del multiplicador ¿sabrán los señores ministros qué es eso?, lo que nos hundirá de nuevo en una profunda recesión, que ya no podremos arreglar emitiendo más deuda o con menores tipos de interés.

En poco tiempo podemos estar como un país tercermundista, con el doble de tasa de paro, más del doble de funcionarios por mil habitantes (debido al aumento de interinos y asesores de libre designación), el sistema financiero quebrado y unas cuentas públicas desbocadas, un % elevado fuera del control del gobierno. Da igual lo que diga el gobierno interino y en funciones, o que muchos cierren los ojos esperando un milagro. No habrá milagro alguno. El futuro llegará inexorable, mientras la mayoría silenciosa está más silenciosa que nunca, contemplando cómo destruyen su futuro, el de sus hijos, nietos y el de las próximas generaciones.

Una de las ideas para superar la crisis es reinventar la gestión en las organizaciones. La crisis que vivimos y sufrimos en nuestros días ha hecho y está haciendo plantearse a las organizaciones numerosos interrogantes, y ha provocado que numerosas formas de gestión afloren con el fin de permitirles superar con éxito estos momentos difíciles.Uno de los pilares, a la hora de enfrentar este panorama, es el propio capital humano que tienen las organizaciones, ya que es imprescindible ser capaces de adaptarse a los cambios que, cada vez más frecuente, se producen en nuestro entorno. Es por eso que la crisis económica debe servirnos como una oportunidad para retener y cuidar, más que nunca, el talento del referido capital humano.

Las personas son el motor y resultado de las organizaciones, y por ello se deben potenciar sus habilidades y capacidades a través de la formación, la cultura organizativa, la comunicación interna, el liderazgo, la gestión del cambio y la conciliación de la vida laboral y personal.Otro de los pilares, para poder superar este tiempo de incertidumbre, es la cultura innovadora, que aunque reside en cada persona, necesita mecanismos que le hagan ser eficaz y que permitan potenciar la organización.Estos mecanismos pasan por crear climas propicios de trabajo, asignar tiempo y recursos suficientes para innovar, implementar nuevas tecnologías relacionadas con nuestros procesos claves y tener una plantilla de gente diversa pero con vocación y calidad de servicio.

El último, pero no menos importante de estos pilares, es el cliente ya que éste sigue siendo el rey (con crisis o sin ella) y, para conseguir ser eficaces y eficientes, necesitamos la demanda de los clientes satisfechos a los que podamos ofrecerles productos y servicios de valor añadido por el que reconozcan más del valor total que tienen dichos productos y servicios.Por tanto, una cosa que debemos tener clara es que el resultado de la salida de la crisis no será una vuelta al pasado, por lo cual debemos romper las ataduras a situaciones y experiencias pasadas y llevar a cabo los cambios necesarios para afrontar con firmeza ese nuevo trazado al que nos aboca la situación actual.

Todo lo anterior es válido para todo tipo de organizaciones políticas, sindicales, entidades y empresas (públicas y privadas), y por ello también a las instituciones que tienen la responsabilidad formativa: Universidades, Fundaciones Universidad-Empresa, Escuelas de Negocios, etc. Pero todo ello no será posible con una incertidumbre política como nos está tocando vivir en la actualidad, provocada por políticos incompetentes, inútiles, de bajo nivel y solo preocupados por el puesto, el sueldo, el poder y su ideología… olvidándose de lo que debería ser su prioridad: El bien común, España y los españoles.

Un fuerte abrazo a todos. Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

2 octubre 2019

MI REFLEXIÓN SOBRE VIVIR SENCILLAMENTE… Y ENVEJECER Pedro Motas

¿Qué se requiere para llegar a ser feliz? No mucho. En realidad, nada que no esté ahí desde hace muchísimo tiempo: Dios, un alma y un instante. Los tres están siempre ahí. El simple hecho de existir es una maravilla; vivir, sencillamente, es bueno. Únicamente esas tres cosas son decisivas para una vida con sentido, y no se requiere nada más.

Mas, tres cosas bastan para que la vida se logre como es debido: dejar las preocupaciones, sintonizar con uno mismo y vivir sencillamente. Estos principios o actitudes ante la vida son inseparables y se condicionan mutuamente.

Para sintonizar conmigo mismo debo dejar las preocupaciones, pues éstas tienen la rara virtud de atormentarme. Amenazan con desgarrarme. Me impiden llegar a ser uno conmigo mismo. Por eso debo deshacerme de ellas, alejarlas de mí. Sintonía y sentido tienen la misma raíz. Se trata de lo uno y simple, del sonido uno que suena sencillamente, y del arte de hacer que muchos tonos se conviertan en uno solo. Quien unifica en sí los muchos tonos en un único sonido se ha vuelto sencillo: se ha hecho finalmente uno con el sonido originario. Y a partir de ese ser uno vive sencillamente, como uno y como una persona sencilla que se ha hecho en sí misma clara, íntegra y transparente a causa de lo uno.

Quien vive sencillamente, sin segundas intenciones, es un bien para las personas que conviven o se encuentran con él. No tiene que hacer gran cosa por los demás, ni siquiera en situaciones verdaderamente difíciles. Simplemente, está ahí, junto a quien necesita su presencia. Es alguien que, sencillamente, aguanta junto a él, sin palabras, sin interpretaciones con frases hechas, sean las que sean. Se limita a estar ahí. Quien se encuentra desesperado sólo quiere tener a alguien que se limite simplemente a estar ahí, sin decir nada, sin dar explicaciones, sin presionar con falsas expectativas de que el mal y la tristeza han de mitigarse necesariamente.

Quien se limita a estar ahí, sin intereses personales de ningún tipo, es también un bien para la creación. Está en sintonía con ella. No la utiliza para sí, no la explota. Sencillamente, es, con la creación y en ella. En su calidad de parte de la creación, florece con esa persona única e irrepetible. Se convierte en bien para su entorno.

Quien vive sencillamente no está desgarrado. Está sano y entero. Vive con todo cuanto es. Vive plenamente. Está totalmente en sí. No está determinado por el mundo. Se pertenece a sí mismo. El mundo no tiene poder sobre él. La palabra parecido tiene como términos derivados cercano, cómodo y placentero. En el ámbito del cercano me siento cómodo y protegido. Para mí, la frase vivir sencillamente significa: vivo completamente en el momento presente. Esto me libera del poder del mundo, del poder de las pasiones e instintos, del poder del afán desmedido de reconocimiento y éxito. Esta vida sencilla tiene lugar en el cercado, en la protección de Dios. Allí se está cómodo. Allí me siento en casa.

Descansar significa cesar en el trabajo. Este descanso me libera del impulso de tener que hacer algo. Puedo disfrutar del hecho mismo de estar ahí. Me limito, sencillamente, a estar ahí. Cuando vivimos sencillamente, tenemos parte en el descanso divino, libres de toda preocupación, en sintonía con nosotros mismos y con el momento presente. Así, dejar las preocupaciones nos conducirá a una vida en armonía con nosotros mismos, al sencillamente, vivir. Nuestro corazón ansía este descanso, esta satisfacción interior. ¿Y qué otra cosa significa, en el fondo, la felicidad, sino este descanso del corazón?

“Incluso una puerta pesada no tiene necesidad más que de una pequeña llave”. La frase indica que algunas palabras son como una llave que abre algo en nuestra alma. Despejan un espacio de libertad. Vivir, sencillamente, satisfacción y claridad: he ahí un camino hacia la armonía interior que nos vivifica. Deja todas tus preocupaciones y para de dar vueltas entorno a ti mismo. Entonces el mundo entero te pertenece. Todo se convierte en un regalo. Y la vida pasa a ser un lugar para el agradecimiento, para la felicidad…

Conocer la manera de envejecer es la máxima sapiencia y uno de los capítulos más difíciles del arte de vivir. El otoño es símbolo de la edad madura y sus colores son más suaves y variados que en el resto del año. Es una enseñanza que nos imparte la naturaleza: envejece de manera saludable el que se hace más suave no solo en sus juicios, sino en la totalidad de su ser.

Envejecer no es una cosa estática, es un movimiento. El hecho de ser mayor en edad significa que ya no tiene que rendir más, ahora disfruta del puro ser, hay aquí un individuo presente, es totalmente él mismo.

El día de nuestro nacimiento empezamos ya a envejecer, un proceso a lo largo de la vida, un proceso de maduración, una tarea. Hasta la edad más avanzada pueden existir posibilidades y medios positivos de crecimiento, de maduración y de desarrollo de la perfección.

El verdadero arte de ir envejeciendo consiste en reducir a unos pocos el número de objetivos, en poner todo el empeño en conseguirlos y en buscar los adecuados recursos internos y externos de compensación.

Solo se vive una vez. La vida de cada individuo es única. Cada ser humano es irrepetible. Porque no tenemos más que una vida, la vida es siempre el ahora presente, caminando con los ojos bien abiertos por el mundo y sabiendo que debemos dejar marcadas en él las huellas de nuestra existencia.

El arte de vivir consiste precisamente en el arte de saber ir envejeciendo; y el arte de envejecer es un esfuerzo en la búsqueda de la propia melodía en todos los acontecimientos de la vida, incluso en todas sus disonancias. Esa melodía dejará las tensiones posibles dentro de nosotros.

La vejez es la última etapa del desarrollo humano. Nacemos totalmente, pero nunca estamos totalmente terminados. Necesitamos completar nuestro nacimiento realizando nuestra existencia, abriendo caminos, superando dificultades y dando forma determinada al camino de nuestra vida. Siempre estamos en proceso de hacernos.

La vejez es la última oportunidad que ofrece la vida para completar el proceso de crecer, de madurar y finalmente de nacer. En definitiva, no se vive para permanecer siempre joven, sino para llegar a viejo, o mejor, a mayor.

Las fotos corresponden a mi juventud y a mi madurez actual… todo un proceso de experiencias en vivir y aprender a envejecer.

Un abrazo a todos.

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

14 septiembre 2019

LA RELIGIÓN Y LA CALIDAD. Pedro Motas

Que esta pasando? Carne mechada, medicamentos, aceite y …

Algo esta fallando desde la base, por un lado los errores o negligencias de las empresas y la falta de controles de calidad, pero por otro las carencias de control, supervisión y vigilancia de las administraciones públicas. ¿Hasta que punto es una coincidencia? ¿Nos llega por ausencia de otras noticias en el verano?

Quizá si las empresas invirtieran algo en Gerencia de Riesgos y Calidad, podrían evitar este tipo de situaciones. Se trata de identificar, analizar, mitigar o reducir esos riesgos y si procede transferirlos al mercado asegurador. No se trata de ahora indemnizar a los perjudicados con cargo a seguros de responsabilidad civil se trata de evitar estas alarmas sociales.

Desde hace casi cuarenta años estoy relacionado, de una forma o de otra, con la calidad, y sin embargo, desde que tuve la certeza (gracias alseñor Pareto) de que “el 20 por ciento de los directivos, aquellos que permanecen quietos,… originan el 80 por ciento de los parados”, yo he mantenido un único y permanente objetivo en el ejercicio de mi profesión: motivar a todas las organizaciones, su conversión a la religión de la calidad.

Todas las religiones exigen creer en un dios, la Calidad propone idolatrar al señor cliente. Todas las religiones tienen reglas fundamentales, mandamientos que es obligatorio cumplir, la Calidad tiene determinados principios que es indispensable practicar. Todas las religiones utilizan una cierta liturgia, la Calidad propone unas concretas formas de trabajo habitual, el uso de determinadas técnicas y herramientas para la gestión empresarial.

Pero no crean ustedes que son únicamente estos sencillos argumentos los que me permiten mantener (cuerdamente) mi tesis. Existen muchas otras razones de más profundo calado, que me inducen a pensar en la calidad como si de una religión se tratase.

Si consideramos por un momento una nueva religión cuyos misioneros actuaran diferente a lo que pregonan, ¿creen ustedes que conseguirían muchos conversos?. La calidad (que no tiene nada de novedosa) requiere que la dirección de la compañía que desee implantarla en su organización, ejerciendo su liderazgo, sea la principal referencia y se convierta en el patrón a seguir como primer y mejor practicante. Si los promotores del proceso de implantación de la Calidad no son los primeros en bautizarse, no cambian su viejo estilo de hacer las cosas adoptando las nuevas técnicas, la nueva liturgia, es muy difícil encontrar argumentos para que los demás cambien y se conviertan. El conocido mensaje de la Ilíada: “las palabras conmueven, pero el ejemplo arrastra”, sigue manteniendo una llamativa vigencia,… con lo que ha llovido desde entonces.

Todas las religiones se amparan en la fe, en determinadas creencias que se deben asumir sin poderlas comprobar fehacientemente. También la Calidad necesita de una buena dosis de fe para poder ser abrazada y adecuadamente desarrollada en una empresa, puesto que es muy difícil convencer a los demás de una idea en la que no se cree. A lo largo de los años me he encontrado con alguna frecuencia con ejecutivos de compañías de todo tipo y condición, que más o menos directamente me planteaban su paradigma: “Que me implanten la Calidad en mi organización y cuando se vean los resultados, tendré confianza en este modelo de dirección y administración”. En otras palabras, lo que estos excelentes profesionales de la clásica (y obsoleta) gestión empresarial me transmitían inconscientemente era: “Que me resuciten al muerto, conviertan el agua en vino,… y yo creeré en esta religión y comenzaré a practicarla y pregonarla”. Como dicen en mi añorado pueblo: “¡no te fastidia,… después de levantarle el rabo garantizaba que era vaca!”.

Con la comparación entre la fe de las religiones y la necesidad de la ciencia y compromiso previos de la dirección de la empresa reclamado por la Calidad, no se terminan las similitudes; hay muchas otras, como por ejemplo, el que todas las religiones manejan algún tipo de sistemas de motivación y de recompensa para sus esforzados y fieles practicantes; el sistema excelentemente diseñado de cielo, purgatorio o infierno, es bien conocido por la mayoría de nosotros. La Calidad, por supuesto, también dispone de un sistema comparable: esta singular religión nos propone, que si una organización es capaz de satisfacer a sus señores clientes, que aunque les parezca simple es su primer y fundamental mandamiento, logrará alcanzar un maravilloso estado de competitividad permanente. ¿Puede haber mejor cielo para una empresa que se precie de serlo? Me parece que hablar del purgatorio o del infierno de las compañías que no practiquen la Calidad (pérdida de cuota de mercado, reestructuraciones traumáticas, despidos, etc.) resulta obvio.

Antes de que mi desesperado intento por justificar la tesis de partida me precipite a terrenos resbaladizos y comience a establecer comparaciones entre los obispos o ayatolas y los directores de división de compañías que intentan convertirse a la religión de la Calidad (y que seguro que por su amabilidad me disculparían esta broma), o a buscar similitudes entre la labor de apostolado que practican los párrocos  o los lamas y la función que deberían desempeñar los jefes de departamento, quiero concluir este arriesgado divertimiento comparativo, identificando el único aspecto destacable que he encontrado en el que se diferencian muchas religiones con la Calidad: el tratamiento del pecado.

La mayoría de religiones asumen la debilidad humana de sus participantes y el que se pueda caer en la tentación. Para resolver este grave problema que podría afectar sensiblemente a la competitividad de las diferentes iglesias como organizaciones productivas, gran parte de las mismas tienen previsto el arrepentimiento, y por lo tanto, resulta técnicamente sencillo conseguir el perdón.

Esta situación no tiene clara analogía en la religión de la Calidad. En los pecados de las empresas contra la Calidad (no trabajar en equipo, tomar en vano la voz del señor cliente, no gestionar a través de los procesos, no desplegar las políticas, etc…) puede haber perdón cuando el arrepentimiento es muy rápido, el propósito de enmienda real, y el pecado muy venial, pero la triste realidad en la mayoría de los casos, es que la penitencia tiene tanta dificultad y requiere tanto tiempo, que desgraciadamente el señor cliente, ese pagano dios de la Calidad, no suele dar una segunda oportunidad a la empresa pecadora para que vuelva a idolatrarlo. La competencia, siempre a la expectativa de la más mínima debilidad, permanentemente agresiva y desleal, seguramente se habrá entrometido y ocupará ya el puesto del penitente, en el corazón del que antes era su cliente.Estoy seguro de no haber conseguido evangelizar a muchos de ustedes, consiguiendo un buen número de conversos y futuros misioneros de la calidad en sus empresas. Es lógico, por que este ídolo al que debemos reverenciar, el señor cliente “es cada día más astuto, difícil y menos indulgente; está programado para ser cínico, desleal e ingobernable y está enseñado para exigir cada día más Calidad por menos dinero”. Con un dios así, tan poco atractivo,… comprendo la dificultad de este catecismo, del que como apóstol menor (en todos los sentidos), les acabo de lanzar un pregón.

Tengo la íntima esperanza de que algunas de las virtudes que adornan el temperamento español, facilitarán que cada vez sean más los empresarios que se den cuenta de que, “o cambiamos o nos cambiarán”; yo desde luego, si estuviera en mi mano, adoptaría la primera de las opciones, Sin embargo y por desgracia, también estoy seguro de que continuarán existiendo directivos que seguirán gestionando sus empresas igual que se hacía hace 40 o 50 años atrás, con la misma concepción tayloriana y sin haber sido promotores de más transformaciones que las puramente tecnológicas.Estoy convencido de que continuarán quedando durante algún tiempo gestores empresariales que no son capaces de comprender que su resistencia al cambio, su concentración en el día a día, su dedicación a lo urgente y no a lo importante, su falta de pasión por adoptar los nuevos métodos de gestión promovidos por la Calidad,… es un gran pecado inconfesable. De todas formas, si usted amable lector perteneciera casualmente a este grupo de ejecutivos, tampoco se preocupe demasiado; puede seguir practicando el tiempo que el mercado y su competencia le permite, lo que un afamado gurú denominó “la dirección por olor” y que yo mal traduje (más que libre, libertariamente) como “la gestión a huevo”; no le otorgue ninguna importancia a este insignificante sermón, pues somos muy pocos los que le podríamos pedir responsabilidades, y yo desde luego, no tengo ni intención, ni derecho alguno para hacerlo.

Sir Winston Churchill, tuvo la excepcional lucidez de afirmar ya en 1925, lo que algunos afamados profesores del “management” creen haber inventado en la década de los 90: “Mejorar es cambiar; ser perfecto, es cambiar a menudo”.

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

7 septiembre 2019

Diario de un veterano. Comandante Ángel Canales López ¡Presente!(Pedro Motas Mosquera)

El 12 de diciembre de 2017, publicaba en el presente Blog un artículo con este mismo título y dedicado a un compañero, amigo, héroe de Ifni y referente de todos los Legionarios Paracaidistas de mi querida BRIPAC, con motivo de un homenaje que le hicimos los veteranos amigos y compañeros a Ángel Canales López, hoy fallecido a primeras horas de la mañana, tras su traslado al Hospital y cuyo funeral será mañana a las 11,30.

Dicho homenaje fue el miércoles 22 de noviembre de 2017 a las 10,30 horas, como un miércoles por mes,nos reunimos los Veteranos Legionarios Paracaidistas para almorzar en el Club de Tenis de Murcia. Pero esta vez se trataba de un acontecimiento importante para todos nosotros: hacerle un homenaje a nuestro querido compañero Ángel Canales López.

El almuerzo, que duró hasta las 12,30, fue todo un repertorio de suculentos platos, alegría, camaradería, recuerdos,… y cariño, amistad, admiración y respeto a nuestro compañero homenajeado.

Y para recordar los datos históricos del homenaje, hago alusión a un pasaje de “Aquellos tres años”, diario de mi querido amigo Alfredo Prieto Villota Q. E. D. Compañero de Ángel.

Las Banderas Paracaidistas en Ifni, los primeros incidentes. El origen legionario de la Agrupación de Banderas Paracaidistas las predestinaba, tarde o temprano a guarnecer nuestras posesiones en el África Occidental.

El envío de esta Unidad a las provincias africanas no obedecía tanto al temor por parte de las autoridades españolas a posibles incidentes, en unos momentos en que todo el norte de África bullía de fervor nacionalista, como a una tendencia natural a mantener a las unidades legionarias fuera del territorio metropolitano.

“8 de mayo de 1957: Había lanzamiento en Tiliuin de varias patrullas. Me lo había perdido por mi baja por lesión en la rodilla izquierda en el noveno salto con T6R a 400 m. Me hacía ilusión saltar, a pesar del miedo, pero tenía que conformarme. Estaba de baja y los servicios del cuartel lo cubríamos los rebajados. Yo estaba de cuartelero.

A las nueve y media de la mañana se oyó un gran ruido al extremo sur del campo de aviación de Sidi-Ifni, de donde salían los Junquer para su lanzamiento en Tiliuin. Desde la puerta del cuartel, vimos una gran columna de humo elevarse. ¡Algo había pasado! Empezaron a llegar noticias. Al despegar uno delos Junquer, algo había fallado, y se vino a tierra explotando. Todo el mundo corría hacia el lugar del accidente. Yo estaba de servicio. El avión siniestrado era el Junquer 36-15. ¡Era el que a mi me hubiera tocado para saltar! No podía tratarse de un milagro, pues, aunque yo me había salvado, habían llegado noticias de que aquel accidente había costado la vida a doce personas, contando entre ellas a los operadores del avión y un comandante del Grupo de Tiradores que había solicitado ese viaje para presenciar un salto paracaidista. ¡Tantos compañeros y, entre ellos, quizás, el que me suplió dada mi baja!

Los nombres de esos compañeros caídos, que en paz descansen, son: teniente D. José Cañada Armengod, cabo primero Juan Vargas Hidalgo, C. L. P. de primera José Cuesta Manzano, C. L. P.Luis Cobo Hidalgo, C. L. P. José Benítez García, C. L. P. Ramón Tabarés Vargas, C. L. P. JoséGómez Pazos (ferrolano), y C. L. P. Carlos Ramos Suárez de Urbina, que murió en el hospital.

Varios heridos con quemaduras, entre ellos, nuestros antiguos instructores, cabo José María Álvarez Cortón y Santiago Santos del Bosque, que salvaron sus vidas al ser lanzados fuera del avión al encontronazo con el suelo, por una de las grandes grietas producidas en el puro del aparato.

Es digno de mención el cabo primero Ángel Canales López, que perteneciendo a la siniestra patrulla,está herido en el interior del incendiado aparato con terribles quemaduras en la cara y manos, y que, a pesar del equipo de salto y armamento, sale al exterior, y una vez desprovisto de la impedimenta,vuelve a entrar en el avión, éste un completo brasero, donde se oye el estallido de la munición que en cartucheras iban atadas al cinto de los paracaidistas, ello debido a la alta temperatura que había en el

interior del avión, y logra sacar fuera a su compañero Juan Vargas, que expiraría minutos después. El avión está a punto de estallar, pero Ángel Canales vuelve a su interior y sacó al C. L. P. Luis Cobo Hidalgo. Exhausto, Canales cae al suelo y casi carbonizado es llevado urgentemente al hospital. Nadiecreía que sobreviviría, pero a pesar de sus quemaduras, horribles quemaduras que vi cuando fui a visitarle, ya fuera de peligro, dos días después, durante el reconocimiento de mi pierna, este héroe sobrevivió. Se había ganado una medalla y, tarde o temprano, se la concederían.”

Fue entonces cuando lo vio el teniente Sáenz de Sagaseta y al comprobar su estado solicitó una camilla para que fuese retirado de inmediato. Pese a su insistencia en seguir ayudando, el cabo 1º. Canales tuvo que obedecer la orden de su superior. Por su valor y desprecio del peligro fue condecorado con la Medalla Militar Individual.

Aunque la Guerra de Ifni ha sido la Guerra olvidada; nosotros, como Veteranos Caballeros Legionarios Paracaidistas, no olvidamos a nuestros muertos ni a nuestros héroes, porque es nuestra Gloriosa Historia, que se distingue por seguir un Credo Legionario y un Ideario Paracaidista.

Sirva este artículo para rendirle un homenaje póstumo a un militar ejemplar,un jefe justo y equilibrado, una gran persona humana donde las haya, gran compañero y amigo,… todo un Caballero Legionario Paracaidista ejemplar.

Que en Paz descanse y que el Cristo de la Buena Muerte legionario y de Ánimas de Ciegos paracaidista lo tenga en su Gloria.

Un fuerte abrazo a todos.

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

24 mayo 2019

HUMANISMO Y POLÍTICA: El proyecto reflexivo Pedro Motas Mosquera

Queridos amigos:

Hasta ahora he participado con mis humildes artículos en este Blog, prioritariamente, sobre humanismo; y quiero seguir haciéndolo para concluír mi objetivo de reflexionar y compartir con vosotros los valores que representa el humanismo en nuestra sociedad y concretamente en la política, que tan desprestigiada está en nuestra querida españa.

Estaréis de acuerdo conmigo en que no resulta sencillo explicar en qué consiste el humanismo. El término y el concepto han sido apropiados o secuestrados por escuelas de pensamiento y doctrinas de muy diverso signo.

Tampoco lo es demostrar que, no obstante el desconocimiento y la ignorancia actual de su significado, el humanismo sigue teniendo la fuerza inspiradora de soluciones a los problemas de nuestra sociedad.

Vemos con frecuencia el uso del término en muy diversos contextos, pero pocas veces lo vemos desarrollado o explicado.

HUMANISMO

Sintetizar el contenido del humanismo a lo largo de la historia del pensamiento, concretar su formulación en nuestro tiempo, y hacer el ejercicio de comprobar cómo esa formulación puede resultar aplicable a los problemas de nuestra sociedad, constituye el esquema básico de lo que han sido, son y serán estos humildes artículos, intentando un método reflexivo,  pedagógico y no erudito.

En la primera parte de ellos se ha echo referencia a los orígenes del humanismo, a sus diversas formulaciones históricas, a la crisis de ciertos humanismos, a sus documentos básicos, a la persona y su dignidad, libertad e igualdad, a las relaciones entre persona y comunidad, a los fines del Estado, al papel de la comunidad internacional, a sus relaciones con los temas de la familia, el trabajo, el ateísmo, la empresa, la juventud, la vivienda, el sentido del más allá, la cultura, la moral y la ética, las ideologías, los derechos humanos, el laicismo y el relativismo, la vida pública, la convivencia, la confrontación ideológica, el terrorismo, el Estado, la libertad, etc.

En la segunda parte se abordó las cuestiones de relación entre humanismo social y política, con la misma intención. Entre otros, abordé los temas de la relación del humanismo con el compromiso, con las actitudes humanas, con el racionalismo, con el sentido del esfuerzo, con la esperanza, con los derechos y deberes en la comunidad, con la intimidad, con la amistad, con el heroísmo, con la familia, en la antítesis  sociedad-Estado, con los programas electorales, con la condición del gobernante, con la integridad del gobernante, con el totalitarismo, con la paz social, etc.

En la tercera parte, se abordó las relaciones del humanismo con los diversos sectores de la actividad profesional: sanitarios, artistas, artesanos, trabajadores, científicos, emigrantes, periodistas, profesores, deportistas, políticos, agricultores, fuerzas armadas y de orden, etc.

No quiero ocultaros, queridos amigos, que el presupuesto del que parto, es el de los valores e ideales del humanismo cristiano. Y tampoco que mis propósitos, además de transmitiros mis reflexiones personales, es el de contribuir, aunque sea modestamente, a dar contenido parcial a las ideologías de los partidos políticos en España, tan necesitadas de que los españoles sepamos qué es lo que defienden, sin que haya recibido encargo alguno para ello.

En los próximos artículos seguiré, para concluir, con la aproximación a lo que es el humanismo y representa en nuestra compleja sociedad.

Recibid un cordial abrazo de

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

30 enero 2018

Una pequeña reflexión sobre el nuevo milenio y la Calidad. Pedro Motas Mosquera

Queridos amigos: España se encuentra en una tesitura compleja, entre la complacencia de unos ante los éxitos logrados y la autoflagelación de otros ante la insuficiencia de lo alcanzado. Esto conduce bien al inmovilismo, al cabreo, o bien a la búsqueda de atajos para anticipar los beneficios que sólo un valor sano en lo macro y flexible en lo micro pueden proporcionar: la Calidad humana. Esta es una lección que parece haberse olvidado y cabe esperar que no sea necesaria otra crisis para recordarla.

En nuestro Blog, últimamente se abordan temas actuales e interesantes, como son: Un referendo contra los toros, Gibraltar y el Brexit, El plagio de Sánchez, Izquierdistas y secesionistas, Los lazos amarillos, Franco… y, hasta aquí, el gravísimo riesgo al que los políticos han llevado y están llevando a nuestra querida España. Pero detrás de todo riesgo siempre hay alguna oportunidad: la esperanza en la Calidad humana.

Por eso, hoy os propongo un tema distinto, algo que siempre comentaba a mis queridos alumnos cuando me dirigía a ellos, como director, al inicio de un master de Calidad:

 Una pequeña reflexión sobre el nuevo milenio y la Calidad

        Parece evidente que el progreso, la calidad de vida de un país depende, fundamentalmente, de su potencia científico-técnica y del apoyo moral y económico que ciudadanos y gobierno den a la Investigación en Ciencia, al Desarrollo en Tecnología y a la Calidad que llevan asociada. Algunos, pese a problemas y obstáculos, han venido impulsando el concepto de la Calidad; ganando, calladamente, batallas en este sentido. Ello nos compromete ahora a divulgar con el ejemplo las diversas plasmaciones de la Calidad. Y en particular de la Calidad de Vida.

Uno de los logros del siglo se plasma en la frase “El hombre mide al Mundo”. Porque sobre esas medidas se basa el conocimiento, el control y la utilización, cada día mejores, de ese Universo que Dios nos regaló.

La Implantación de la Calidad exige la participación de todas y de cada una de las personas involucradas. Pero uno de sus requisitos es empezar por asegurar la Calidad en la propia actuación profesional de todos y hacer bien todas las cosas a la primera. Lo que creará una autoestima en cada colaborador, no sólo a nivel directivo sino, sobre todo, de los ejecutores de los procesos. Parece que ello será sólo posible cuando todos actuemos como agentes de la Calidad, como creadores de valores. Y nos sintamos ya íntimamente retribuidos al hacer nuestro trabajo todo lo bien que sea posible. La Calidad no sería entonces sólo un atributo de los productos o servicios sino un valor humano. ¡Hemos de ser capaces de vender, con nuestro ejemplo, estas ideas!

Pero vivimos un mundo de humanos con los que nos hemos de integrar contribuyendo a crear, cada día, un ambiente de unidad y de comprensión. Ello implica Calidad en las relaciones interpersonales, en la comunicación que estimula la relación personal. Para lograrla hay que salir, con talante humilde, de nuestro “castillo interior”, de nuestra parcela intelectual y social. Hay que conocer y comprender a todos. Hacerles saber que todos y cada uno de ellos nos son precisos. Esta forma de sentir ha de ser incorporada a los programas para el presente y el futuro.

El don de la libertad es patrimonio de todo ser humano, mientras no lo limiten los demás. Ello implica, en todas nuestras actuaciones, la responsabilidad de tomar decisiones con Calidad. Para evaluarla precisamos de comparar la especificación, el deseo de lo que se espera de cada acción, con una medida del resultado y comprobar “si vale o no vale”. Esto es normal en Calidad, pero hemos de practicarla desde la duda sistemática, rechazando la ciega seguridad en nosotros mismos, la autosuficiencia. Y en todo tipo de actividades hemos de anteponer el juicio y el interés de los demás al nuestro. Sólo así seremos todos libres.

Para terminar, ¡hagamos uso de nuestras capacidades y libertades con Calidad! Busquemos la comunicación con los demás promoviendo la reconciliación. Limitemos nuestro consumismo y promovamos la mutua Calidad, especialmente en el uso de recursos disponibles. Así, nuestro libre albedrío dará sus mejores frutos: Paz, Esperanza y Calidad. Son los mejores bienes que posee el ser humano y los únicos que le pueden acompañar siempre, en el presente y en el futuro.

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

24 septiembre 2018

Humanismo, peregrinación y política (Pedro Motas Mosquera)

Queridos amigos:

El anterior artículo de mi querido General Dávila, titulado “El Pórtico de la Gloria y la Catedral de Toledo”, ha sido el que me ha motivado el presente artículo como pequeña reflexión.

Si se dice con frecuencia que la vida es una peregrinación por este mundo, merece que nos detengamos a reflexionar en el significado humanista de la peregrinación, y si podría ser aplicado a la política.

No tendrás dudas de que todos los hombres, en lo más íntimo de sus conciencias sienten que están en camino, buscando algo, o queriendo llegar a alguna parte, o queriendo alcanzar alguna meta o posición. En términos filosóficos y morales podría decirse que está en busca de la verdad.

Peregrinar significa ir avanzando en el tiempo y en el espacio, encontrar a personas muy diferentes a lo largo del recorrido, cansarse, encontrar problemas, y llegar a la meta fijada. Pero también significa avanzar hacia el interior de uno mismo, reflexionar, dar gracias por lo mucho que recibimos sin apreciarlo, y pedir perdón.

La verdad que busca el peregrino puede tener contenidos muy variados. Desde la verdad con mayúscula que solo se encuentra en Dios, hasta las verdades humanas como ejercer una profesión, crear una familia, educar a los hijos, se leal con los amigos y ser generoso con los menos favorecidos.

Para el humanismo la búsqueda de la verdad, tanto en las cosas más elevadas como en las más cotidianas, es la condición de la auténtica libertad. Sin aspirar a la verdad, o a la justicia o a la libertad, el peregrino se perdería en el camino.

Vivimos tiempos en que se quiere hacer de Dios el enemigo del hombre y de su libertad, y se quiere hacer silencio publico de la realidad primera y esencial de la vida del hombre. Pero la peregrinación no es solamente una aventura individual. La humanidad también peregrina.

En Santiago de Compostela, el mejor icono de la peregrinación, Benedicto XVI dijo que Europa ha de abrirse a Dios, salir al encuentro sin miedo, trabajar con su gracia por aquella dignidad del hombre que habían descubierto las mejores tradiciones, no solo la bíblica, sino también la época clásica, medieval y moderna, de las que nacieron las grandes creaciones filosóficas, literarias, culturales y sociales del continente.

En esta peregrinación por el camino que recorre la dignidad del hombre, el Papa pidió que le dejásemos proclamar una vez más la gloria del hombre y advertir las amenazas a su dignidad por el expolio de sus valores y riquezas originarias, por la marginación o la muerte infligidas a los más débiles o indefensos. Para él, la Europa de la ciencia o de la tecnología, de la civilización y la cultura, tiene que peregrinar hacia una Europa abierta a la trascendencia y a la fraternidad con otros continentes.

Como os anticipaba al comienzo de este artículo, nuestra cuestión es saber si la idea o la imagen de la peregrinación, en el sentido humanista, que te he expuesto, resultaría aplicable a la política.

No os quepa duda de que hay muchos puntos de conexión.

El político tiene que proponerse alcanzar una meta. No me refiero a sus legítimas ambiciones de alcanzar el poder, sino a la meta de servicio a los intereses generales o de bien común, que es su razón de ser y estar en la política.

Con frecuencia alcanzar esa meta exige un largo y duro caminar que en el argot se llama “travesía del desierto”. Durante ella se suelen hacer muchos amigos, y siempre serán mejores que los que se hacen desde el poder.

La meta es la verdad del político, cuando se sirve con lealtad, honradez, entrega y sacrificio. Esta verdad se desvirtúa cuando se pretende alcanzar mediante la deslealtad, la corrupción, la incompetencia y la pura ambición del poder, por el poder mismo.

La cuestión que os dejo planteada es si el político, una vez alcanzada la meta, debe retirarse a su vida privada, o permanecer toda la vida en la peregrinación de la política.

Recibid un cordial abrazo.

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

5 septiembre 2018

Una pequeña reflexión sobre los Valores del líder político (Pedro Motas Mosquera)

Hace solo unos días publiqué en el presente Blog un artículo sobre la necesidad urgente de un líder en nuestra querida España y posteriormente se publicó otro artículo de Don Juan Ignacio Salafranca titulado “Valores ¿Militares?”, que bien podrían ser asumidos por la sociedad civil; por ello, hoy quiero unir los dos términos/conceptos e ir más allá con el presente artículo:

 Una pequeña reflexión sobre los Valores del líder político

Es en los momentos complejos y difíciles cuando más se necesitan líderes políticos que ejerzan su función con la máxima responsabilidad y seriedad e independientemente de su signo político; teniendo así que tener el reconocimiento de gran parte de los ciudadanos, al encarnar una serie de valores necesarios en este tiempo difícil y convulsivo, como el coraje, el patriotismo, el sacrificio o el esfuerzo que permita superar con rapidez una dura crisis de valores.

En España podemos recordar los momentos de la Transición, que actualmente se quiere dinamitar. Una serie de líderes políticos de distinto signo, tuvieron el acierto de responder a los intereses del país mostrando valores como la tolerancia, el respeto o la solidaridad, que permitieron en general, e independientemente de la ideología de cada uno, tener de todos ellos una imagen aceptable de sus personas y vencer las enormes dificultades que se presentaban.

Hoy esto se ha perdido con este gobierno radicalmente ideológico que va contra España y sus valores de siglos. Cuando más necesitamos el liderazgo político en el país, en las autonomías o en los ayuntamientos para salir de la crisis, nos encontramos que, según las encuestas, los ciudadanos situamos a nuestros representantes a un nivel de preocupación importante y dramática. Esta pérdida de confianza y de imagen no es fruto del azar, tiene nombres propios. Se debe a los comportamientos que muchos políticos están mostrando con sus representados.

Un dirigente que solo se apoya en el valor del voto sin llegar a ser reconocido por el valor de sus comportamientos y sus decisiones no está capacitado para ejercer el cargo. Esto es un gran fallo en nuestra sociedad española, la escasa importancia que damos a los valores y a los comportamientos como códigos de conducta. Cualquier organización, para que funcione y progrese, necesita apoyarse en valores y en estos momentos no se transmiten desde el gobierno ni desde el Congreso.

Los pilares de una sociedad, de una nación o municipio se sustentan en los valores que tienen, porque esos valores se adquieren y aprenden en gran parte a través de los comportamientos que vemos los ciudadanos en nuestros dirigentes.

Muchos de estos comportamientos de la clase política como la intransigencia, la soberbia, la falta de respeto hacia el adversario y la historia son otras formas de actuar entre los políticos y de estos comportamientos sabemos mucho los ciudadanos. Hoy tenemos tendencia a no discutir de política entre los amigos o compañeros porque actuamos con la misma radicalidad que lo hacen nuestros representantes y deterioramos la relación con aquellos con los que nos unen vínculos de amistad.

No solo son conductas nocivas para la sociedad las realizadas por los políticos y sancionadas por la justicia. Hay muchas otras a diario que resultan ser declaraciones ‘graciosas y gratuitas’, que corroen poco a poco los buenos valores.

Una sociedad que pierde valores presenta un déficit social importante y significa un mal clima entre los ciudadanos, una perdida de eficacia en la gestión de la crisis y conflictos entre diferentes colectivos.

Pienso que de este tema de valores saben poco muchos políticos actuales que se creen líderes, pero solo son derrapados de pacotilla sin ética, sin moral y sin valores; posiblemente porque no trabajan por vocación y compromiso con los ciudadanos, de atender sus expectativas, porque nunca se han propuesto llegar a ser líderes, porque no actúan con responsabilidad social, lo hacen desde una visión ideológica y partidista de atender a su círculo de personas cercanas y derrotar al contrario para perpetuarse en el poder.

Estos comportamientos lo muestra nuestra clase política que no se escapa de la podredumbre moral que aqueja, la desaprobación de la población por parte de sus instituciones y gobernantes, la poca o nula vocación de servicio público hacia la colectividad. En este caso se pierde el valor de la solidaridad que es un valor humano que se practica a lo largo de la historia de la humanidad, pero que lamentablemente no se ve reflejado en la realidad.

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

25 agosto 2018

España necesita, urgente, un líder; porque lo que hay… deja mucho que desear. Pedro Motas Mosquera

El liderazgo es la esencia de la gestión de las organizaciones en la sociedad, en el mundo empresarial, en la política.

Una definición que corresponde al sentido generalmente aceptado de líder es la de aquella persona capaz de influir en otra para mejorar, no para empeorar. Por tanto, se puede decir que liderazgo es influencia en positivo, no en negativo. Nada más y nada menos.

El liderazgo se erige como uno de los factores clave en la gestión de las organizaciones y en la política. Es un hecho constatable que éstas necesitan líderes con visión y credibilidad, con ética y moral, que inspiren confianza y que se constituyan como motores de cambio a corto, medio y largo plazo.

Sin embargo, en nuestros días aún no se tiene definido un modelo de liderazgo, o este es incompleto, dejando un aspecto tan clave para el desarrollo de la organización política en manos de la ideología y la improvisación, como ocurre con el actual Gobierno. En consecuencia, la gestión y desarrollo de nuevos modelos de liderazgo se muestra como uno de los grandes retos a abordar durante los próximos años por líderes que estén preparados, sepan y quieran gobernar decentemente.

Se puede afirmar que no existe un estilo de liderazgo ideal para todas las situaciones y todas las personas. Es necesario tener la habilidad de identificar qué tipo de liderazgo se tiene que emplear en cada momento. Los líderes deben tener la capacidad para adaptarse a las circunstancias del entorno y a las características de sus colaboradores y de sus organizaciones, “En este ciclo histórico con incertidumbres, la modernidad sin seguridades fluye y en esta vacilación en la que se nos obliga a vivir, la flexibilidad se convierte en una condición indispensable para la supervivencia personal e institucional”.

El estilo de liderazgo debe tener en cuenta el nivel de madurez que tienen sus colaboradores, o ministros, para realizar las tareas asignadas.

El líder ideal no existe…, pero un líder eficaz es ante todo un líder que se adapta a circunstancias cambiantes y a menudo ambiguas, porque como dijo Miguel de Unamuno “el progreso consiste en el cambio”. Un líder debe saber cambiar de estilo para adaptarse a cada nueva situación porque no debemos olvidar que un estilo eficaz para unos pocos puede convertirse rápidamente en ineficaz para muchos, como está ocurriendo en la actualidad.

En cualquiera de los estadios de madurez es necesario dar la oportunidad y la confianza a los que nos gobiernan, pero esto ya se ha hecho; y se está demostrando el fracaso de esa confianza que se convierte, día a día, en desconfianza.

Este nuevo paradigma supone un desafío intelectual y actitudinal puesto que hay que pasar de utilizar simplemente herramientas ideológicas para la gestión y cambiarlas con instrumentos de liderazgo consciente y de servicio a los demás.

“Para ser un gran líder, primero hay que ser un gran ser humano”; pero ¿lo que tenemos en la actual España está a la altura de las circunstancias, o es una aberración humana?.

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

14 agosto 2018

Una pequeña reflexión sobre: Humanismo y amistad (Pedro Motas Mosquera)

Queridos amigos:

No podía faltar la amistad entre las actitudes que conforman el humanismo. Es otro signo o icono de la verdadera condición humana.

La amistad, como el amor, tiene algo de secreto o incomprensible. ¿Porqué con unos sí, y con otros no? Pero tiene la ventaja de que puede amparar y cobijar otras actitudes, como por ejemplo, la lealtad. La lealtad en sentido horizontal, pero también ascendente, hacia nuestros superiores, y descendente, hacia los inferiores, lo cual se olvida con demasiada frecuencia.

La amistad, como una de las manifestaciones del amor, se caracteriza por la preocupación, por el interés y por la solicitud hacia el amigo, por la predisposición a entregarse en actos singulares (favores) y por la solidaridad. Todo ello constituye un bien moral de primera magnitud. Se dice que quien tiene muchos amigos tiene un tesoro en la tierra. Y también lo tiene en el cielo. El Diccionario de la Academia de la Lengua la define como “afecto personal, puro y desinteresado, ordinariamente recíproco, que nace y se  fortalece con el trato”.

Para el humanismo, la amistad reúne sus dos condiciones características: el enriquecimiento de la condición personal y la capacidad de integración comunitaria. Además la generosidad que implica la amistad es algo consustancial. No hay amigos que no sean generosos entre ellos.

Vives y Moro. La amistad en tiempos difíciles

No son pocas las dificultades que el mundo moderno presenta para el desarrollo de auténticas amistades, especialmente en las grandes ciudades. Pero es que la verdadera amistad es un proceso inagotable que empieza en las primeras fases de la convivencia educativa. Cada una de ellas tiene su propio grupo de amigos. ¡Qué alegría cuando se producen los reencuentros!

Luego son las relaciones de convivencia y de trabajo las que ensanchan nuestro círculo. Pero no confundamos nunca estas relaciones sociales con la auténtica amistad. Repasemos y examinemos nuestro círculo de “conocidos” y veremos como pocos de ellos son nuestros amigos verdaderos e íntimos.

La amistad es muy exigente, pues no solo produce el disfrute de la compañía, sino que con frecuencia demandará nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, nuestra iniciativa, nuestro sacrificio para que no se extinga, y el vivir y compartir con el amigo sus dificultades y desgracias.

En política es difícil que haya verdaderas amistades. Por lo pronto se excluye a aquellos “amigos” que se hacen cuando se ejerce cargo público. La mayoría  abandona al día siguiente del cese, y el resto al poco tiempo. Por ello hay que desconfiar de quien se declara  amigo mientras se está en el poder.

También es difícil la amistad entre los políticos de una misma tendencia ideológica. Solo un tiempo prolongado de “travesía del desierto”, puede hacer buenos amigos, pero esa amistad estará siempre expuesta a tensiones, discrepancias, intereses y, cuando no, traiciones. Por ello la sabiduría del dicho popular que reza: ¡guárdame Dios de mis amigos, que de mis enemigos me guardo yo!

Sin embargo, en la milicia es algo sagrado; decía mi querido General Dávila en uno de sus artículos sobre “Amistad y Compañerismo: No son buenos tiempos para la amistad… Ojalá que nunca traicionemos la amistad ni al compañerismo. Para un soldado sería como perder el valor y el honor”.

Feliz verano y recibid un cordial abrazo de

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

8 agosto 2018

“LA ESTANCIA” EN EL MONASTERIO DE SILOS” Pedro Motas Mosquera

 

Biblioteca de Silos

Llegado a Silos, contemplo el claustro con su ciprés. Los cipreses se sucedieron uno tras otro, ante la mirada curiosa de las figuras esculpidas en capiteles y relieves. Hace más de cien años, se plantó el de ahora, que ha sentado escuela y leyenda. Por su prestancia, le dieron el mote de “el arcipreste”. Se yergue solitario en un ángulo del claustro románico y apunta al cielo, es decir, vive tejas arriba. Nuestro ciprés mide treinta metros de altura y es colmena de pájaros, valga la licencia. Al pie del árbol se amontonan las cacas blanquinegras que lo alimentan. Es el tributo que pagan las avecillas a cambio del hospedaje que reciben. Pocas cosas han suscitado tantos poemas como el ciprés de Silos:

“¡Oh ciprés misterioso, alto, noble y austero,

compañero del monje, dulce y fiel compañero!.

Viejo ciprés del claustro, que en los días de oro,

lleno de luz, de alas y de salmos del coro,

esponjas el ramaje, vibras como un salterio,

y eres el corazón del viejo monasterio…”.

 

Silos es rico en aguas. Esa es, a buen seguro, una de las causas de su emplazamiento. De ellas depende la vida. Silos reunió siempre esta exquisita condición, no sólo en cantidad sino en calidad.

La huerta del monasterio se extiende a lo largo del pabellón donde se encuentran las celdas de los monjes y, formando un siete, flanquea también el patio de entrada presidido por la sequoia. Rodeada por el alto muro, tiene senderos interiores que separan unos cultivos de otros. Uno de aquéllos es un verdadero y cómodo camino que va de un extremo a otro, comenzando en un portón y terminando en un crucero de piedra. Cumple, entre otras misiones, esta vía, la de ser muy apta para deambular, y la pisan hombres con las manos atrás o metidas en los bolsillos que piensan en sus cosas.

Una huerta benedictina no es una huerta cualquiera. Todo lugar debe dejar espacio para las flores y los árboles de puro adorno y sombra. Los rosales crecen a lo largo del gran camino (el que termina en el crucero) y en una pérgola que completa los encantos del paraje. En ésta, unos bancos facilitan el reposo y la reflexión. Los frailes no se limitan a las rosas: dalias, margaritas y narcisos completan el cuadro, entre otras flores.

Silos. La hora de comer

Mis hermanos, los benedictinos de Silos de todos los tiempos, se han tomado siempre muy a pecho eso de la hospitalidad. Lo manda su regla y cumplen el precepto de muy buena gana. La hospedería de Silos es un lado entero de la casa, justamente el de la fachada principal, en cuyo patio se alza la gran sequoia. La hospedería de Silos vive la magia de ciertas constantes. Una pieza clave de la condición de huésped es la llave que se le presta. Con ella se abre casi todo y, entre otras cosas, facilita a cada cual el acceso a lo recóndito: el claustro nuevo, el claustro viejo y famoso, la iglesia, la huerta,… ¿para qué más? Esto hace que el huésped pueda moverse como Pedro por su casa, lo mismo hacia los rincones sagrados que hacia los árboles, hortalizas y rosales que pueblan la huerta. Igual da. Uno puede obrar a su antojo que allí nada se impone. Se ruega o recomienda ser consecuente con las horas y respetar el descanso ajeno.

Conozco los aposentos de la hospedería como cosa propia. Están reservados sólo para varones, dada la familiaridad de la hospedería con la clausura. Aquellos aposentos son sencillos, pero amplios y con todo lo necesario para pasar un fin de semana o una semana entera. Están compuestos del dormitorio propiamente dicho, cuarto de baño completo, un gran armario y lugar para el estudio o lectura. Los goces de la hospedería no acaban con la cordial acogida y la llave milagrosa que todo lo abre. Allí pasan cosas dignas de recuerdo, sobre todo cuando vienen señoritos de las ciudades. En primer lugar, todos se visten de huésped. Declinan el honor de la corbata y en los meses frescos se visten con jerseys, chaquetas de lana o cuero, bufandas y camisas de tela gorda, muchas veces a cuadros. En el cálido verano abundan las camisolas. Al cambiar la indumentaria, parece que cambian ellos mismos.

Silos. La Iglesia

Cada cual debe hacer su cama y limpiar su aposento. Individuos que no han ejecutado jamás este menester, (o, a lo sumo, en sus tiempos de escolar o de soldado) se afanan en él con celo ejemplar. Pero no todos obran así. Y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga… De este modo imitan una cosa tan tierna y doméstica cual es la madriguera de los conejos silvestres. Por la noche, todos duermen como leños, tanto los ordenados como los cucos, sin que los ronquidos que atruenan el pasillo puedan atribuirse exclusivamente a unos u otros. Después, el sol sale para todos.

En el comedor ocurren cosas curiosas. Gentes que en su vida cotidiana, ni siquiera por prescripción facultativa, prueban la mantequilla, la comen aquí con fruición durante el desayuno. Aunque la pensión que se paga es modesta, la comida es sana, abundante y hecha con amor. Este es el reino de las verduras, legumbres, pescado, tortillas,… frutas y, como proteína típica, el pollo. Todo sabe a gloria y los huéspedes comen mucho más de lo que acostumbran. Rige una cristianísima coparticipación: las fuentes o bandejas que por una casualidad sobran en unas mesas se pasan a otras más voraces. He visto comer abundantes acelgas a ejecutivos que no las prueban jamás. Piden a los compañeros que no se lo digan a su mujer, ya que en casa tienen prohibido que les den hortalizas. Es la gloria de la huerta, donde cada mañana se cogen las verduras que han de consumirse durante el día. Los domingos y fiestas de guardar se obsequia a la grey hospedera con el néctar de la casa: el licor benedictino. Una sola copichuela, pero deliciosa. Esto tiene su historia. Dicha bebida es la propia y exclusiva de Silos. Otros tienen sus licores o licorzuelos pero no el mismo “benedictino”. En Silos, se hace exprimiendo docenas de especies de hiervas aromáticas que tan pródigamente se crían en los montes cercanos. Todo ello, claro es, debidamente dotado de alcohol que hace al caso. El resultado es exquisito.

El licor se escancia con rigurosa medida. La petición de repetir es cortés y enérgicamente rechazada, con la mejor de las sonrisas. No ocurre lo mismo con el vino que, durante las comidas, queda a disposición de los huéspedes. Es un tinto aragonés y de mucho cuerpo, apto no solo para el trago sino, además, para mojar pan. Los monjes también lo beben.

Las cosas de la hospedería. He contado solo unas pocas de las más visibles. Unos vienen a ella solo o en corta compañía, por su cuenta. Otros hacen jornadas del espíritu llevándose al cura puesto. Y, otros, las tienen con la ayuda de un monje de la casa. Hay quien se va a Silos para rematar un libro o una tesis. También vienen huéspedes que huyen de alguna cosa que les atosiga. Otros con la esperanza de librarse de los temores que pueblan su alma. Pero lo más llamativo son los debates que se organizan espontáneamente por los más interesados en ello. En Silos, cada huésped hace de su capa un sayo porque allí se encuentra el soñado reino de la libertad

Silos. Habitación

La zona del Tabladillo, donde Silos se asienta, es rica en yerbas aromáticas y medicinales. La miel de silos es exquisita y se aleja de la comercial al uso, tan líquida. Aquella es espesa, maciza y reconfortante, aunque apta para disolverse en la leche caliente o comerse a bocados sobre una rebanada de pan o una galleta. También es curativa: el monje aconseja, contra el catarro, miel disuelta en agua caliente con limón.

En definitiva: Silos no es un coto cerrado para quienes tienen el don de la fe, aunque allí puede fortalecerse con las cosas sencillas que le son tan propias. También es buen puerto para quienes la desean, punto muy próximo a tenerla. Pero Silos es, a su vez, morada para quien busca simplemente la paz. No interroga a cerca de lo que se cree. Ofrece lo que tiene y, entre otras cosas, la calma. Convertirla en paz es cuestión de cada uno. Silos pone el clima. Los fríos y sudores del espíritu son problema muy personal. Tampoco demanda una mente selecta y cultivada. Basta, tan sólo, con la sensibilidad o, menos aún, con el afán de tenerla.

El hombre está más necesitado de silencio que en ningún otro tiempo de la historia. Allí puede encontrar, si de verdad lo desea, la liberación del estruendo que le ensordece y de los ruidos que le aturden. La oferta inmediata de Silos es la consecución de la paz. A esto cabe sumar cosas tan excelentes como el ejercicio de la sensibilidad y la búsqueda del misterio. ¿Qué más se puede pedir?

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

14 julio 2018

“EL VIAJE” AL MONASTERIO DE SILOS Pedro Motas Mosquera

Queridos amigos del Blog: como complemento a algunos artículos que he realizado en anteriores fechas y con el permiso de mi querido amigo el General Dávila, escribo dos artículos que conmemoran mi 25 aniversario de asistencia al Monasterio de Santo Domingo de Silos en estas fechas; y que durante tantas jornadas estuve disfrutando de los Días Grandes del año en la hospedería del Monasterio; sus títulos son: “El viaje” y “La estancia”, artículos-vivencias que me ha parecido oportuno compartir con vosotros.

Un fuerte abrazo.

Pedro Motas

“EL VIAJE” 

Meses antes hago la reserva en la hospedería, pues es tanta la demanda que uno se arriesga a quedarse sin plaza. Uno de los secretos es que más que un centro religioso, es un centro espiritual internacional y de intelectualidad, pues no solo acuden católicos, sino anglicanos, ortodoxos, protestantes, budistas,… no solo creyentes, sino agnósticos, ateos,… no solo gente normal, sino políticos, artistas, científicos…

Me acerco a Silos y distingo la inconfundible silueta de su ciprés, que señala al cielo y al futuro. Y es que estoy en uno de los lugares más venerados y venerables de nuestra tierra. Un lugar de recogimiento y de fe, de armonías y silencios, de historia y de un arte del que se ha dicho que no tiene tiempo ni paga tributos al espacio porque, como toda obra de espíritu, se ubica en la eternidad. Solo en algunos lugares privilegiados, como Silos, ese arte se hace tiempo y se hace espacio.

Más de mil años han transcurrido desde que Silos se situara en la estela de la historia a través de tres elementos esenciales como son la piedra, la armonía y la palabra. Los profundos significados que encierran esos tres elementos han hecho que Silos constituya una parte esencial de ese patrimonio cultural de España que tanta importancia reviste para identificarnos como pueblo.

Silos, desde luego, representa muchas cosas pero, como español siento especialmente cercano su significado como expresión sublimada de un impresionante pasado y símbolo de lo que somos y, sobre todo, de lo que todavía podemos llegar a ser. Un símbolo reflejado, una vez más, en la figura de ese ciprés que nos señala al cielo y al futuro.

 Los benedictinos son de suyo estables y quedos en sus monasterios, los mueven los estudios, las conferencias, los debates, etc. Sin embargo, los hijos de San Benito han tomado en ocasiones memorables la decisión de mudarse de lugar con tal de ensayar formas de vida presuntamente más puras o más fieles al espíritu originario.

Los visitantes, cuando penetran en el zaguán de entrada habilitada para ellos, pueden ver un relieve prendido en el muro que representa a un monje entre pensativo y escribidor y conmemora el nacimiento de la lengua castellana. Porque Silos tiene que ver con el nacimiento de ese idioma que es, por antonomasia, el idioma español.

Silos tuvo también su escuela de copistas que tanto contribuyó a la propagación de la cultura, de modo que San Benito ha podido ser llamado, a causa de ella, entre otras cosas, padre y patrón de Europa. Sucesivamente, muchos fueron los monjes de Silos que brillaron en tareas literarias y artísticas. Hoy, sigue siendo un testimonio de cultura; siendo la biblioteca la que mantiene la guardia de la inquietud cultural.

El monje de Silos es con frecuencia sorprendente. El huésped tarda poco en averiguar que aquel fraile que limpia los retretes destinados a los visitantes, es un excelente organista; que aquel otro monje que se pone el mandil para servir la sopa, rige la biblioteca con excelente técnica y que, en general, ni la recogida de hortalizas, ni el barrido y fregado de los pasillos o cualquier otro menester manual, por enojoso que sea, priva o exime a cada uno del estudio y de los trabajos del espíritu.

Puede creerse también que alguno de los viejos monjes (ya se sabe, ¡aquellos tiempos!) son sacerdotes de concisa formación y no excesivas letras, hombres procedentes de las aradas y poblados que recibieron cuatro latines y salmodias. Después, se descubre que aquel hijo de labriegos, es el traductor de una obra de historia, el paciente recopilador de asombrosos datos o el experto en liturgia.

Tampoco son pequeña sorpresa el porte y solemnidad con que llevan las vestimentas litúrgicas y la excelencia con que cantan el nada fácil gregoriano aquellos hombres que hemos visto a lo largo del día con un mono de trabajo. Puede que Silos no sea un convento de crisóstomos, pero sí una familia humana cuyos miembros hablan bien, cosa cada vez más rara en este mundo.

Son capaces de escuchar un extenso rollo acerca de una materia como si nada supiesen de ella, complaciendo al erudito que se despacha, y uno averigua más tarde que el oyente se las sabe todas al respecto. Por las mañanas transitan por el claustro camino de la iglesia, calada la capucha. Sus negras siluetas se recortan sobre la piedra dorada de los muros, interrumpidas por las columnas de los arcos. Llevan las manos bajo la cogulla. Su paso es ligero.

Los frailes predican en la misa dominical con pulcritud y, además, están de parte del público: no se exceden en la longitud de sus sermones y dicen lo que tienen que decir. Nada de interpolaciones o improvisaciones. Practican la sana costumbre de la homilía única en cada misa, de manera que el oficiante no se reitera con repetidas intervenciones oratorias.

No hay agobio. Es el lujo que se pueden permitir los que no paran de trabajar. Toman tiempo. Para ellos parece hecha la frase “sin prisa y sin pausa”. Cada uno sabe lo que tiene que hacer y lo hace. Es el gran secreto benedictino: la paciencia proverbial, una lección difícil de aprender porque sólo la poseen los hombres con esperanza.

Dicen los ignorantes que los monjes, por estar lejos del mundo, poco tienen que decir a quienes del mundo vienen. Se equivocan, su palabra no es un repertorio de recetas, sino que está cerca de lo esencial. Una y otra vez aparecen las ideas mágicas: alegría, paz, amor. Un monje define el amor de cien maneras y, entre ellas éstas: “Amar consiste en oír los problemas de tus hermanos… Amar es disculpar”.

No son coros angélicos, sino humanos y, más concretamente, viriles. El canto gregoriano, que es la música de los monjes, atrapa el espíritu y lo aquieta para elevarlo después. No hay retorno posible para quien penetra en su melodía. Es música para Dios capaz de cautivar, incluso, a quienes son extraños a la fe. Son himnos de paz. Jamás se ha pasado tan suavemente del silencio a la voz y de la voz al silencio.

Son los salmos los que señaladamente nutren el cuerpo de los cánticos. Por eso los salmos son alimento cotidiano del espíritu monástico. El salmo, a través del canto gregoriano, se hace presente de siglo en siglo y de generación en generación. Ya no hay cítaras y arpas. El órgano, suena, en efecto, pero la esencia de esa música es la voz del hombre.

Con lo dicho va de suyo que una de las cosas que debe aprender un monje benedictino es a cantar. Ellos han grabado sus cánticos (gregorianos y mozárabes) en discos que la gente se lleva de la tienda del monasterio con la mayor ilusión. No queda defraudada. El mejor momento es el de vísperas, cuando cae la tarde, como si los monjes, conjurados con los ángeles, hiciesen un esfuerzo supremo y cotidiano.

Quien se familiariza con la vida monacal se da cuenta de que no hay tristeza y que la felicidad personal de los monjes los sitúa muy por encima de aquella simple explicación que se resume en el refrán castellano de que “sarna con gusto no pica”.

El silencio se hace cada vez más comprensible, y hasta adorable, para el hombre de fuera que viene con la cabeza aturdida de tanto ruido o, si se prefiere, de tanto parche y tanto pito. Ya no se habla, se grita o se ruge. Cambian hasta las interjecciones tradicionales. Muchas veces cuando se habla,la palabra, se asemeja al ladrido bien por su agresividad, bien por su tono tan fuerte que ensordece.

No se desprenda de lo dicho anteriormente que los monjes de Silos practican el silencio absoluto. Aquí es otra cosa: es el silencio discreto no exento de cruce de palabras y conversación con propios y extraños. El necesario para la paz y para evitar la sinfonía del enjambre que es ruidosa y estéril. Y aquí paz y después gloria. El benedictino no está mudo, sino que habla poco.

En Silos no se oyen ruidos, sino sonidos como el de los pájaros, el de las campanas o el del viento. En Silos, el silencio no es sólo razonable práctica de monjes, sino también oferta. Los silencios de Silos son uno de sus tesoros. El huésped ve en el silencio un bien escaso que sólo puede gozar por unos días. Quizás no espera la Voz, pero se protege del vocerío que, bajo cien formas, le acosa y destruye cotidianamente en su vida ordinaria.

El claustro de Silos es el ombligo de la casa y camino que media entre el cuerpo que forman las celdas y la hospedería y la iglesia del monasterio. Por lo demás, el claustro no sólo es tránsito sino plaza mayor. Los monjes lo usan a su modo y los huéspedes también. Allí, la piedra, la fuente, el ciprés y los pájaros atrapan a cuantos buscan asilo en el viejo monasterio.

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

9 julio 2018

Humanismo, política y paz social. Pedro Motas Mosquera

Queridos amigos:

En nuestros tiempos se habla mucho de la paz porque también se habla mucho de la guerra. Pero no voy a referirme en este artículo a los conflictos armados o guerras cuyo fin implica la paz. La paz de que quiero hablaros no es lo contrapuesto a la guerra, sino que es de la paz social, contrapuesta a los conflictos sociales.

La paz social es esencial y es de esencia para que exista una comunidad verdadera basada en la solidaridad, la cohesión y la organización. Lo contrario no es comunidad sino muchedumbre.

Con demasiada frecuencia vemos en nuestras calles a la muchedumbre, sin que exista causa verdadera que lo justifique. Se utilizan los gritos, los tumultos, los enfrentamientos físicos, la violencia y las manifestaciones con fines ajenos a lo que proclaman. Cuantas veces estas alteraciones de la paz social solo buscan dañar políticamente a determinadas personas o a determinadas medidas. Es cierto que esa muchedumbre no suele ser muy numerosa, pero de manera sorprendente goza siempre de una amplia cobertura de los medios afines que la amplifican y multiplican, transmitiendo una imagen que no se corresponde con la realidad.

La comunidad debe dar respuesta a las posiciones encontradas en los conflictos por vías pacíficas. Antes de llegar a la algarada existen otras vías que deben respetarse por las partes en tensión. Se trata de los arbitrajes independientes, imparciales y objetivos, que no tienen por qué ser exclusivamente jurídicos, porque los conflictos sociales surgen de situaciones de confrontación que, en muchas ocasiones, no están previstas legalmente.

Los conflictos laborales manifestados en huelgas, incluso las salvajes, podrían evitarse si las partes tuviesen conciencia de comunidad y aceptasen esas mediaciones basadas en el conocimiento real de la realidad  (y no de su manipulación), tales como los niveles salariales, las jornadas laborales, la importancia del correcto funcionamiento de los servicios públicos, los niveles de precios, etc.

No se trata, en muchos casos, de aplicar técnicas jurídicas ni esquemas rígidos de derechos y obligaciones. Se trata más bien, de aplicar la equidad ponderando los elementos en presencia y las consecuencias sociales de los desencuentros. Se trata de evitar a toda costa que el conflicto degenere en desorden, porque en éste es donde acampan y salen ganando los manipuladores, los pescadores en río revuelto y los arbitristas, y sale perdiendo la paz social.

Cuando un gobernante no hace concesiones a la demagogia, ni tiene miedo a manifestarse con transparencia sobre la realidad de los hechos, debe reconocerse que el mantenimiento del orden es su obligación. No es cuestión de la preferencia del orden sobre la justicia o al contrario, porque ambos son imprescindibles en la comunidad. Se trata de que si un gobernante se avergüenza de imponer el orden y no lo utiliza como instrumento de bien común, será incapaz de implantar la justicia. En tal caso, siempre prevalecerán quienes más gritan, pero no quienes tienen más razón.

Para ello es necesario que a los políticos y a los gobiernos se les exija “liderazgo”.

En la imagen ideal de líder se suman valores y virtudes de naturaleza variada, pero también un largo conjunto de habilidades, de destrezas y de competencias; por eso los ciudadanos reclamamos líderes políticos moralmente ejemplares y estrechamente vinculados a la ética; y todo ello porque el gran número de palabras que se asocia un liderazgo así es muy disperso pero ejemplar y práctico: transparencia, ejemplaridad, servidumbre, prudencia, justicia, audacia, humildad, sencillez… ¿es mucho pedir esto en nuestros políticos?.

En toda organización, un buen gobierno puede ser un gobierno eficiente, diligente, competitivo y beneficioso para sus accionistas, pero no por ello tiene que ser necesariamente un gobierno ético, especialmente cuando para alcanzar los objetivos de los accionistas se prevarica, se explota laboralmente, se esconde información, se comete espionaje o simplemente se practica el agravio comparativo y el nepotismo.

Cada vez que un gobernante sustituye el orden debido por concesiones indebidas, el desorden es “compensado” con la injusticia, complementándose ambos.

Para el humanismo la búsqueda de la justicia implica el valor moral de afirmar el orden con la energía que exijan las circunstancias, especialmente en estos tiempos en que el conflicto se utiliza a escala global con los fines más variados. Ni la reivindicación puede servir de pretexto al desorden, ni el orden puede servir de pretexto para mantener las injusticias. Toda reivindicación debe tener su cauce y debe ser satisfecha teniendo en cuenta las demás reivindicaciones, esto es, el conjunto de necesidades y de posibilidades de interés general de la comunidad.

Nunca nos dejemos engañar, queridos amigos, por los profesionales de la algarada y del grito.

Recibid un cordial abrazo de

Pedro Motas Mosquera

Blog generaldavila.com

19 mayo 2018

Humanismo y política: terrorismo y esperanza Pedro Motas Mosquera

Queridos amigos: últimamente se habla de terrorismo en el ámbito judicial, político y social por los hechos acaecidos en Alsasua como la agresión brutal a los guardias civiles; y es por ello que todavía existe esa lacra en nuestro tiempo actual y en zonas concretas, aunque sea camuflado y justificado por indeseables.

Seguro que teneis una idea propia de lo que es y significa el terrorismo, entre otras cosas porque en España lo padecemos desde hace más de medio siglo, y porque desde el atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York se ha convertido en un problema de escala mundial.

En esencia, los terroristas quieren alcanzar unos fines políticos que, saben, no podrán alcanzar nunca por vías democráticas, pues no tendrán las mayorías suficientes, por lo que usan la violencia extrema, es decir, el terror.

Para el humanismo, el terrorismo es lo opuesto a la ley y a la razón, y es la antítesis de la democracia, porque si los terroristas llegasen alguna vez a alcanzar sus fines, seguirían utilizando el terror para conservarlo, y nunca concederían libertades públicas a los ciudadanos.

El terrorismo nunca puede estar justificado en una sociedad democrática (ni en una no democrática). Supone un ataque cobarde a la libertad y, en muchos casos, a la vida de seres inocentes e indefensos. En un discurso ante el Cuerpo Diplomático, el 15 de enero de 1983, el Papa Juan Pablo II (víctima del terrorismo) dijo que el terrorismo es siempre una manifestación del odio, que la violencia engendra violencia, que al asesinato no se le puede llamar con otro nombre que asesinato, que no es un medio para construir nada, y que ofende a Dios, a quien lo sufre y a quien lo practica.

El problema del terrorismo no es solo su propia existencia, sino el apoyo social que encuentra para mantenerse.

Pero es también problema el de su final. En este punto solo hay dos salidas: la derrota o la negociación. Sin embargo, toda negociación implica, por principio, alguna cesión, por pequeña que sea, por lo que el resultado de la negociación sería que los terroristas han alcanzado por medio de la violencia esa cesión. Como esto resulta intolerable e inasumible en términos democráticos, la conclusión es que el final del terrorismo solo puede producirse con su derrota.

La derrota del terrorismo implica que se lleve a cabo utilizando los medios policiales y el sometimiento a la justicia, dentro de las normas del Estado de derecho, lo que supone excluir cualquier tipo de la llamada “guerra sucia”.

Por su parte, la negociación plantea la cuestión del precio a pagar, es el llamado “precio político”, expresión que se utiliza con frecuencia para designar lo que se estaría dispuesto a dar a cambio del abandono de las armas. Como es comprensible, las negociaciones con una organización terrorista nunca son públicas, por lo que sus resultados solo se conocen cuando se ha llegado, en su caso, a un acuerdo.

¿Qué es el precio político? Si nos limitamos al caso de la organización terrorista ETA, por ser el más cercano a nosotros, se pagaría precio político: si se consiente que el País Vasco y Navarra constituyan una misma entidad política; si se acepta que se convoque un referéndum para la autodeterminación del País Vasco; si se libera a los presos de ETA al margen de la normativa penitenciaria vigente y la interpretación que de la misma han hecho los tribunales; si se permite que los miembros de ETA en el extranjero vuelvan a España sin someterse a los procesos penales que tengan pendientes; si se promueve la legalización de los Partidos declarados ilegales conforme a la normativa vigente, e incluidos en las listas europeas de entidades terroristas; si se concede subvenciones a los terroristas excarcelados durante cierto tiempo para favorecer su “reinserción social”; si se admite que el Estado de Derecho ha entrado en “tregua”, y el propio Gobierno, el Ministerio Fiscal, el Poder Judicial, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y la Administración Penitenciaria dejan de cumplir escrupulosamente las Leyes en vigor y; si se niega a las víctimas del terrorismo el papel que deben representar en el proceso y no se les reconoce el sufrimiento y el sacrificio por los que han pasado y que su dignidad y la justicia demandan; si se olvida a los miles de ciudadanos vascos que abandonaron el país víctimas de las amenazas y extorsiones contra ellos y sus familias y no se les ofrece las justas reparaciones; si el resultado final al que se llega implique, directa o indirectamente, el reconocimiento y la legitimación de más de medio siglo de terrorismo.

Como fácilmente comprenderéis, queridos amigos, ninguno de esos puntos puede ser objeto de negociación ni de concesión, pues implicaría, como antes os dije, que los han conseguido con la violencia, lo que es inaceptable desde la perspectiva del humanismo.

Pero continuando con el análisis de las actitudes humanas que preconiza el humanismo, y dejando la desesperanza que en las lineas anteriores hablaba del terrorismo, haciendo un esfuerzo por mi parte, os hablo ahora también de la esperanza, esperanza en que en un futuro no lejano llegue la cordura y la sensatez a la sociedad y a la política.

Se ha dicho desde ámbitos de la investigación antropológica que la esperanza es el icono esencial de la condición humana. Es posible, pero yo prefiero pensar que, aunque no sea el signo decisivo y único, la esperanza sí es una realidad y una virtud que condiciona a la persona.

Más aún, para el humanismo cristiano, la esperanza tiene un significado mayor, esto es, la esperanza trascendente, la esperanza en el más allá, en la salvación eterna que, aunque esperanza teologal, no por ello desplaza o excluye las esperanzas humanas o de esta tierra. Ambas, no solamente conviven, sino que estas últimas, las terrenas, se ven fortalecidas e iluminadas por aquella, la gran esperanza.

La esperanza no es una actitud vacía, sino que es un poderoso instrumento frente a los problemas y dificultades de la vida, frente al dolor y las enfermedades, frente a las incertidumbres y los desconciertos. Por eso, en la actitud humanista de la esperanza va incluido, como contenido propio, tanto la voluntad para luchar contra tales dificultades, como el deseo de ser ayudado y apoyado por los demás. Cuando hacemos todo lo posible, todo lo que está en nuestras manos, estamos ejerciendo la actitud de la esperanza.

Lo anterior explica que el humanismo considere la esperanza como una actitud necesaria. En una comunidad social, debidamente estructurada, la esperanza del hombre debe partir del propio esfuerzo, al que me he referido en artículos anteriores, y desarrollarse cuanto sea preciso, con la ayuda debida, es decir, la que corresponda en justicia y solidaridad de los demás miembros de la misma comunidad.

El político, no está excluido de la actitud de la esperanza. Y no solo eso, el político puede encarnar perfectamente las condiciones que hemos propuesto para constituir su contenido.

Ante todo, debe estar convencido de que puede alcanzar los fines y objetivos que se ha propuesto. Sin ese convencimiento su tarea sería un mero “dejar pasar”. Luego se encontrará innumerables dificultades en su tarea, desde las dificultades técnicas o financieras, o las que surgen de la incomprensión o la demagogia, hasta las críticas injustas o posiciones partidistas de los medios. Contra estas dificultades ha de enfrentarse con la esperanza de que no le impedirán estar convencido de que puede alcanzar sus objetivos y que no va a renunciar a ellos.

Y en su lucha, el político tiene que buscar ayudas. Ayudas de los hombres y ayudas de la comunidad. Si hay algún ámbito de la vida donde no sobrevive el “lobo estepario” es en el ámbito de la lucha política.

La esperanza nos ayuda, queridos amigos, a avanzar por la vida, puede, incluso, que sin darnos cuenta. Pero si nos paramos un momento a reflexionar, en todo cuanto nos proponemos, está implícita la esperanza de conseguirlo, que nos obliga a poner los medios necesarios y a demandar, en su caso, la ayuda de los demás.

Recibid un cordial abrazo de

Pedro Motas Mosquera

Blog generaldavila.com

25 abril 2018

CALIDAD DE SERVICIO Y HUMANA: OBJETIVO SOCIAL Pedro Motas Mosquera

Cuando yo era pequeño siempre comprábamos en la tienda de la esquina. Los productos no eran muy buenos: el arroz, el azúcar y los garbanzos los pesaban en grandes cucuruchos de papel marrón y áspero. Las piezas de bacalao se cortaban con una máquina que tenía la sal incrustada en todas sus rendijas y el aceite chorreaba por unos aparatos accionados a manivela.

Y, sin embargo, el tendero conocía  a todos los vecinos: aquel que tenía dificultades momentáneas (…,apúntame las patatas), los olvidadizos crónicos (…,mamá dice que me des los huevos, que se los ha dejado aquí encima) y todo aquel mundo de idas y venidas, siempre bajo la supervisión del tendero quien conocía y llamaba a cada persona por su nombre. Aunque no lo supiéramos, había Calidad en el Servicio.

Más tarde pusieron un supermercado. Todo era más aséptico. Los paquetes perfectamente colocados en las estanterías; las luces de neón proyectando su frialdad sobre los productos; las cajeras, serias, en su papel de no pasar nada, de no conocer a nadie para que nadie pidiese un favor… Y así, perdimos al tendero. Durante muchos años, deslumbrados porque cada vez había más novedades a nuestro alcance, no nos dimos cuenta de lo que habíamos dejado en el camino: la amabilidad, la profesionalidad y el interés por el trabajo bien hecho quedaron prácticamente en el olvido.

Los productos que comprábamos eran cada vez mejores. Al principio todo lo bueno venía del extranjero y había una diferencia abismal con lo que se producía aquí: las radios tenían que ser holandesas o alemanas; los coches americanos y el chocolate suizo. Y nos fue entrando el gusanillo de la Calidad, aunque no tuviéramos conciencia aún de lo que había detrás de aquella palabra.

Pasó el tiempo, ya podíamos permitirnos el lujo no solo de comprar, sino también de elegir lo que queríamos comprar. No teníamos que esperar meses y buscar una recomendación para conseguir un coche, puesto que ahora el único problema que teníamos ¡además del precio! era qué marca y qué color elegir. Y las lavadoras no se rompían a las primeras de cambio… Y las cosas funcionaban.

Además de recibir turistas en cantidades industriales, a su vez nosotros también nos convertimos en turistas, empezamos a comprobar que “por ahí fuera” cuando utilizábamos un servicio: hoteles, transportes, restaurantes, etc., éramos tratados como personas, como Clientes, que teníamos unos derechos y nos eran respetados (la mayoría de las veces); que si comprábamos un producto y teníamos un problema con él, la reparación o devolución era rápida y sin hacernos sentir culpables.

Entonces empezamos a entender lo que significaba la Calidad del Servicio y lo difícil que era conseguirla. Pero, en realidad, ¿era tan difícil conseguirla?. No. Lo único que teníamos que aprender era a ponernos en el lugar de la otra persona, de aquél que se traía su problema, o su deseo, y luego, ayudados por el sentido común y por unas poquitas reglas, conseguiríamos que el Cliente fuese el Rey.

Y el cliente, efectivamente, es el rey de nuestro negocio, porque sin él, aunque fabriquemos los mejores productos, o ideemos los servicios y tengamos el sol más brillante, al final fracasaremos.

El gran problema del Servicio es su intangibilidad y que su prestación y consumo son simultáneos. Por lo tanto no basta con aplicar las técnicas de gestión de calidad desarrolladas por la industria. Había que utilizar los principios de la Calidad en el Servicio, entre los cuales están: “Escuchar lo que quiere el cliente. Sus opiniones son las únicas válidas a la hora de juzgar un servicio y siempre podremos sacar conclusiones para próximas actuaciones”. “Las excusas no son válidas. Pueden ayudar algo, pero el cliente ya se habrá formado una mala opinión”. “Los clientes siempre pedirán un poquito más de lo que les damos, por tanto tendremos que tender siempre a la excelencia”. “¡Cuidado con las promesas!. La diferencia entre el servicio prestado y las expectativas generadas, debe ser mínima”. “Cumplamos siempre con los compromisos”. “El servicio, intangible y llevado a cabo por seres humanos, puede y debe estar guiado por unas normas de Calidad que tiendan a conseguir cero fallos”. “La Calidad en el Servicio comienza atendiendo a los pequeños detalles”.

…Tú me aportas la calidad de tu servicio, y yo te pago, a cambio, con un precio justo, con actividad, con mi confianza, con mi fidelidad… Se olvida el precio de una cosa, se olvida el tiempo esperado en esperarla pacientemente… Pero se recuerdan los servicios que ésta nos ha prestado o negado. Porque el precio sólo se paga una vez, la entrega sólo se hace una vez, pero el uso es diario…

Nuestro desafío hoy está en la aplicación de estos principios a los sofisticados servicios del mundo moderno. ¿Por qué será que, al cabo de los años, todavía me acuerdo del tendero y de su tienda de la esquina?..

Y lo anterior, queridos amigos, no es más que añoranza de una calidad humana que se haga presente como objetivo social haciendo unas reflexiones serias sobre un tema que hoy día nos afecta a todos y, de alguna forma, también a la calidad de trabajo, a la de la relación laboral y en definitiva a la calidad de vida, que a costa de lo que sea tenemos que recuperar, para así conseguir la calidad humana que tanto necesitamos.

No hace demasiados años que el triunfo profesional era fruto de una dedicación, de un esfuerzo, de una superación continua de uno mismo,… y ello era motivo de un legítimo orgullo que el profesional sentía de si mismo y de su trabajo. Existía un reconocimiento por el trabajo bien hecho, un respeto por la dedicación del trabajador y por tanto una relación calidad-reconocimiento entre directivos, mandos y trabajadores que hacía que el profesional no cayese en la apatía laboral, en el aburrimiento cotidiano, o en el…”para qué me voy a esforzar, si no va a valer para nada”. La calidad era una continua  búsqueda de la mejora.

Hoy día, ocurre todo lo contrario; las relaciones se han materializado, el nivel de profesionalidad importa menos que el nivel de titulación, ya que el título que se posea tiene más importancia que la capacidad de gestión, la preparación del individuo. Somos el País de Europa que más fiebre de titulitis padece y… “en eso sí estamos a la cabeza”. Eso hace que al frente de puestos de responsabilidad existan personas inexpertas, por la falta de experiencia e inmaduras por haber conseguido un puesto determinado sin esfuerzo alguno, ¿como se puede valorar algo que no cuesta esfuerzo en conseguir?, ¿estamos en la supremacía de lo teórico sobre lo práctico?, ¿está reconocida, hoy día, la experiencia?.

El hombre tiene espíritu de cazador, y como tal valora lo que le ha costado conseguir la pieza deseada, eso desde nuestros orígenes. Y no hemos cambiado, nuestro ego se engrandece cuando es reconocido nuestro esfuerzo y nuestra constancia y eso es lo que hace que día a día aumentemos el nivel de Calidad en nuestro espíritu, en nuestras relaciones, en nuestro que hacer cotidiano. Trabajando con calidad defendemos nuestro futuro.

No perdamos el sentido de la responsabilidad, el orgullo legítimo del trabajo bien hecho, “bien a la primera”; la calidad no se improvisa, se hace día a día. Hagamos que ese reconocimiento sea superior a lo estrictamente materialista y económico, recuperemos la profesionalidad de la persona y su reconocimiento, por encima del corporativismo y la titulación, no caigamos en la trampa de engañarnos a nosotros mismos con falsos reconocimientos que no ayudan en nada a conseguir la “calidad humana” que deseamos.

Que nuestro objetivo social, laboral y como individuo, sea conseguir lo que el arquero con espíritu deportivo: Manejar el arco con habilidad y destreza, fruto de la práctica cotidiana y experiencia, para que la flecha salga segura a su destino, que no es otro que el centro de la diana, que no es otra cosa que la calidad de vida y una forma y un estilo de vivir: “la forma natural de hacer las cosas”…

Un fuerte abrazo a todos.

Pedro Motas Mosquera

Blog: generaldavila.com

14 marzo 2018