POLÍTICA, HUMANISMO SOCIAL Y RESPUESTA AL MIEDO Pedro Motas Mosquera

Queridos amigos:

Se ha dicho que sobre el hombre moderno recaen grandes amenazas que hacen que viva con miedo. Amenazas sobre su trabajo, la política, los políticos, los excesivos impuestos, España… Temor por nuestro futuro inmediato, por el futuro de nuestros hijos, a perder o a que nos quiten lo que hemos conseguido con tanto esfuerzo.

Estas amenazas pueden convertirse de manera imprevisible en objeto de “alienación”, término muy querido por las teorías marxistas. El drama de la existencia humana consiste en que los frutos del trabajo, de nuestro espuerzo, que es la parte esencial de nuestra vida, son entregados y no sabemos su destino ni si han merecido la pena.

El humanismo social y cristiano tiene respuesta a este drama.

1º. El verdadero sentido del progreso técnico es que vaya de acuerdo con el progreso moral y espiritual del hombre; es el que hace avanzar (progresar, no en el sentido que le da la izquierda), y no retroceder; es el que hace prevalecer el bien sobre el mal en el mundo; es el que hace crecer el amor social y el respeto a los derechos ajenos; es el que promueve la generosidad frente al egoísmo; y es el que promueve el amor a la patria frente a los nacionalismos  radicales.

2º. El orden moral tiene unas exigencias que implican la prioridad de la ética y la moral sobre la técnica; la prioridad de las personas sobre las cosas; la prioridad del espíritu sobre la materia. El desconocimiento o el incumplimiento de esta sencilla escala de valores, explican los males que aquejan al hombre, en nuestra querida España y al mundo.

3º. La confrontación entre humanismo y materialismo se pone de manifiesto en que aquel propugna librarse de la esclavitud de quienes miran a “tener” más que a “ser” más. El humanismo defiende que el hombre vale más por lo que es que por lo que tiene. Y ello es así porque la dignidad del hombre está en ser persona, y porque en la tenencia de bienes materiales, todos los hombres valemos lo mismo.

4º. El sentido esencial de los poderes públicos es actuar para el bien común o los intereses generales a través de la participación de la sociedad concretada en elecciones libres; y no en interés particular, ideológico o de partido. En la relación bien del ciudadano/bien común, deben rechazarse las abstracciones del segundo en detrimento del primero. El bien de las personas en su dimensión comunitaria se concreta en programas, sistemas o regímenes políticos.

5º. La solidaridad debe buscar instituciones y mecanismo adecuados, tanto en los intercambios (guiados por una sana competencia), potenciación de la clase media, como en una amplia e inmediata redistribución de la riqueza, para que los pueblos y las regiones en vías de desarrollo puedan colmar sus exigencias vitales básicas y avanzar gradualmente.

6º. La conversión de mentalidades y de corazones, que es una constante del pensamiento y de la doctrina cristiana, requiere el compromiso de políticos, de hombres y de pueblos libres.

7º. El desarrollo económico tiene una perspectiva universal que no puede desconocerse. Si se desconoce, la mera categoría de progreso económico se convierte en una categoría superior que subordina el conjunto de la existencia humana a exigencias parciales y concretas, disgregando la sociedad que acaba ahogándose en sus propias tensiones y excesos.

Y ahora os preguntaréis, queridos amigos, si estas siete respuestas son aplicables en los momentos políticos y económicos que vivimos, no sólo en España sino en Europa. Os diré que sí los son, pero que no se aplican, por eso nos va como nos va. Esperemos que el futuro inmediato que nos espera sea, por lo menos, normal, sosegado y el que nos merecemos como país.

Un fuerte abrazo con el grito de ¡¡¡ Viva España !!!

Pedro Motas

Blog: generaldavila.com

5 mayo 2019

“HUMANISMO Y POLÍTICA” El humanismo, su formulación moderna y la respuesta Pedro Motas Mosquera

Queridos amigos:

Llegados a este punto de los artículos sobe “Humanismo y política”, me parece necesario hacer una especie de balance o síntesis de las ideas y valores esenciales del humanismo cristiano, para que vosotros mismos podais responder a la cuestión de lo que sea este humanismo en nuestros tiempos.

La formulación más antigua consideraba el humanismo como un espíritu, una voluntad y un método. Un espíritu de optimismo, de medida y de adaptación; una voluntad de ser hombre que avanza hacia la perfección; y un método de filosofía moral que apela a todas sus virtudes y a todas sus posibilidades.

La moderna formulación del humanismo cristiano es el hombre: “Es por consiguiente el hombre, pero el hombre todo entero, cuerpo y alma, corazón y conciencia, inteligencia y voluntad, que será objeto central de las explicaciones que van a seguir”.

El hombre integral, el hombre fenoménico con estas palabras: “el hombre trágico en sus propios dramas; el hombre y superhombre de ayer y de hoy y, por lo tanto, frágil y falso, egoísta y feroz; luego el hombre descontento de sí, que ríe y que llora; el hombre versátil, siempre dispuesto a declamar cualquier papel, que piensa, que ama, que trabaja, que está siempre a la expectativa de algo; el hombre sagrado por la inocencia de su infancia, por el misterio de su pobreza, por la piedad de su dolor; el hombre individualista y el hombre social; el hombre que alaba los tiempos pasados y el hombre que sueña en el porvenir; el hombre pecador y el hombre santo”.

Existe un hombre interior y un hombre social. El hombre interior es un ser creado a imagen y semejanza de Dios, constituido de alma y cuerpo, dotado de inteligencia y capacitado para la verdad y el conocimiento. Posee una conciencia moral que, a modo de ley escrita en su corazón, le permite distinguir entre el bien y el mal. Es un ser libre y el uso de su libertad es inherente a su dignidad. En función de él se ordenan los bienes de la tierra. Su vida es una lucha dramática entre el bien y el mal, entre la vocación sublime y la miseria profunda, entre la gracia y el pecado. Pero ha sido creado para un destino trascendente más allá de la vida.

El hombre social se caracteriza por tres notas. Primera, es la única criatura que Dios ha amado por sí misma y no puede encontrar la plenitud de su vida si no es en la entrega sincera a los demás. Segunda, tiene derecho a la igualdad y a no ser discriminado respecto a sus semejantes. Tercero, tiene derecho al respeto a su persona.

El hombre que os he descrito, queridos amigos, en los párrafos anteriores está sometido en nuestros días a paradojas, cambios, discrepancias, desequilibrios e interrogantes, lo que no implica una visión pesimista sino la constatación de unas realidades que no son suficientes para anular la visión optimista y esperanzada.

Entre las paradojas cabe señalar que, mientras el hombre amplía extraordinariamente su poder, no siempre consigue someterlo a su servicio; que conoce con profundidad creciente su intimidad social y espiritual, pero se siente con frecuencia más incierto e inseguro; que descubre paulatinamente las leyes de la vida social, pero duda de la orientación de esta, del destino al que nos lleva; que nunca tuvo el género humano a su disposición tantas riquezas, pero gran parte de la humanidad sigue en la miseria; que nunca ha tenido el hombre un sentido tan intenso de su libertad, pero surgen nuevas formas de esclavitud económica y sicológica; que hayan aumentado los medios de comunicación, pero los conceptos más fundamentales revisten significados diversos y se comunican de manera diversa según el medio; y que se busque un orden temporal más perfecto, un nuevo orden mundial, pero no se avance de manera paralela en la mejora del orden espiritual.

Entre los cambios os destaco que estamos en permanente cambio, en la técnica, en el orden social, moral o sicológico, y sobre todo político. No teneis más que ver los eslóganes de las campañas electorales, todos prometen el cambio.

Lo anterior nos lleva a unos desequilibrios entre la inteligencia práctica moderna y una forma de conocimiento que no consigue ordenar todos los que se reciben; entre el afán por la eficacia práctica y las exigencias de la conciencia moral; entre las condiciones de la vida colectiva y las exigencias de un pensamiento personal y propio; y entre la especialización profesional y la visión global de las cosas.

De los desequilibrios surgen las discrepancias en la familia; entre las generaciones; raciales y sociales; entre los países ricos y los países pobres; entre las instituciones supranacionales y el egoísmo nacional; entre las pretensiones regionales y la unidad de los países.

Ante este panorama de paradojas, cambios, desequilibrios y discrepancias se plantea los grandes interrogantes de la vida: ¿qué es el hombre?, ¿cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte?, ¿qué puede el hombre ofrecer a la sociedad en la que vive y que puede esperar de ella?,  ¿qué hay después de esta vida temporal?

La respuesta del humanismo cristiano lodefine: “el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”.

Os costará, queridos amigos, entender esto. Paraos a pensarlo detenidamente, porque es la respuesta a aquellos interrogantes. Y además si la comparais con cualquier otra respuesta que podais encontrar en otras creencias o ideologías, vereis que esta tiene mayor valor y ventajas. Significa que Cristo, muerto y resucitado, da al hombre su luz y su fuerza a fin de que pueda responder a su vocación personal; que no se la ha dado a la humanidad, en contra de los mitos revolucionarios, otro nombre para lograr la salvación; que la historia humana encuentra se explicación y su fin en Cristo, Señor y Maestro; y que bajo todo lo cambiante hay cosas que permanecen porque encuentra su fundamento en el Cristo de hoy y de siempre.

No busquéis en ningún programa electoral ni en ninguna ideología política esta respuesta. Pero no por ello la rechaces. Guardadla para vosotros y si os fuera posible la difundéis, aunque con ello os enfrentéis a la corriente de opinión dominante, porque esta cambiará y, sin embargo, vuestra respuesta será permanente.

Recibid un cordial abrazo de

Pedro Motas

Blog: generaldavila.com

30 marzo 2019

Humanismo y política en Felipe VI Pedro Motas Mosquera

El Rey Felipe VI con gorrillo legionario

Queridos amigos:

Rompo la norma que me había impuesto de no dejarme influir por los acontecimientos a la hora de seleccionar el contenido y la programación de estos artículos. Pero es que la proclamación de un Rey de España no es un acontecimiento cualquiera.

Por descontado que no voy a hacer una valoración de la abdicación del Rey anterior, ni de los actos y trámites parlamentarios que se han sucedido desde su anuncio y proclamación. Mi intención es aplicar la perspectiva del humanismo a estos sucesos,

Y de entre todas las ideas, propósitos y objetivos que se ha impuesto el nuevo Monarca quiero fijarme solamente en uno, porque resumen y sintetiza todos ellos: la ejemplaridad. La mencionó el nuevo Rey en su discurso ante las Cortes Generales. El texto literal fue así: “Hoy más que nunca los ciudadanos demandan, con toda razón, que los principios morales y éticos inspiren, y le ejemplaridad presida, nuestra vida pública”.

En anteriores artículos os he hablado de la condición del gobernante, de su pasión por el poder, de su honestidad, de su integridad y de la esclavitud de la propia imagen. Además os añadía que no hay honestidad en la política sin políticos honestos.

En este artículo os digo que la ejemplaridad es el principal principio moral y ético y la virtud más importante para salir de la crisis moral que nos azota.

La ejemplaridad no solo afecta a los políticos. Los ciudadanos en general se fijan también en nuestros grandes deportistas, artistas, cantantes, hombres y mujeres de la prensa rosa. Aquí el escándalo, es decir, la  falta de ejemplaridad, está a la orden del día: los ingresos millonarios, los desarreglos familiares, la falta de un mínimo mensaje a la juventud del esfuerzo que cuesta llegar, el lujo y despilfarro, la golfería y degeneración poltica, etc.

Pero la ejemplaridad le es exigible, especialmente, al hombre público. Por ello hemos de felicitarnos de que el nuevo Rey Felipe VI considere que los ciudadanos demandan que la ejemplaridad presida nuestra vida pública. Y desde la perspectiva humanista hay que ir más allá: la ejemplaridad debe presidir no solo la vida pública del gobernante, sino además su vida privada.

Si pudiesen sintetizarse los principios morales y éticos que deben presidir la vida pública, seleccionaría la virtud de la honestidad. El político honesto tiene una pasión sana por el poder, rechaza la corrupción, tiene conciencia de los límites de la propia imagen y es íntegro. Pero no se puede ser honesto en la vida pública si no se es también en la vida privada. Hay quien disocia y “respeta” la vida privada de los políticos, y la dejan fuera de la “plaza pública”.

El humanismo no está de acuerdo con esta disociación. Y siendo la ejemplaridad el núcleo básico de la honestidad, hay que concluir que no se puede ser ejemplar en la vida pública, sin serlo también en la privada, por lo que debe presidir una y otra.

Por otra parte, queridos amigos, vemos en el nuevo Rey ciertos rasgos que le acercan al perfil del hombre humanista. Así, es un hombre culto (carrera universitaria, carreras militares, postgrados en el extranjero, y hasta años ha tenido el privilegio de una preceptora como Carmen Iglesias, que, entre otras cosas, le ha inculcado el amor a los libros y a la historia). Está preparado profesionalmente para la tarea que realiza y que le espera. Es un hombre leal, amante de la  familia y de los amigos. Y, sobre todo, es un hombre utópico, porque ello no significa soñar con lo imposible, sino con lo difícil.

Tomás Moro enseñó que el gobierno es, antes que nada, ejercicio de virtudes, y desde este imperativo moral gestionó las controversias sociales, tuteló y defendió con gran empeño a la familia, promovió la educación integral de la juventud, y mantuvo un profundo desprendimiento de honores y riquezas, una humildad serena y jovial, un equilibrado conocimiento de la naturaleza humana, el buen humor y la ironía, y una seguridad en sus juicios y convicciones basada en la fe.

Ejemplaridad pública y privada y virtudes humanistas son dos ejes en que debiera seguir apoyándose el reinado del nuestro Rey.

Recibid un cordial abrazo de

Pedro Motas

Blog: generaldavila.com

12 merzo 2019