REFLEXIONES DE UN VETERANO GUERRERO CON ESPÍRITU DE MONJE EL TIEMPO DE LA VIDA, Pedro Motas

Queridos amigos: con motivo del acuartelamiento domiciliario al que me veo confinado, no por arresto de mis superiores en el “pelotón de castigo”, sino por las circunstancias sanitarias a las que nuestra querida España se ve confinada; estoy reflexionando continuamente sobre la situación, en lo personal y colectivo, como aprendiz a filósofo, invitando a participar en debate enriquecedor.

Me explico… con motivo de los estudios de mi última carrera de teología, donde había una carga importante de filosofía, me aficioné a esa asignatura de tal manera que mis lecturas actuales se basan en esa materia; y por ello, pertenezco a un grupo filosófico compuesto por doctores, catedráticos de diversas universidades y científicos, donde se debaten temas muy interesantes y profundos que me apasionan; y que os traslado para que sirvan de reflexión y unión entre nosotros en tiempo de crisis.

Y es por ello que he decidido compartirlo con vosotros, durante el arresto domiciliario, para así poder transmitir mis inquietudes, manera de ver la situación y forma de poderla superar, racional y espiritualmente, de forma clara, sencilla y atractiva, en unión también con los componentes de mi grupo filosófico.

Todo ello, claro está, con la frecuencia que nuestro querido General Dávila tenga a bien publicarlo, según posibilidad y oportunidad.

Un abrazo a todos.

Pedro Motas

 

REFLEXIONES DE UN VETERANO GUERRERO

CON ESPÍRITU DE MONJE

EL TIEMPO DE LA VIDA

Nos gustaría que la historia se dirigiera por los progresos del espíritu y que los seres humanos mejoráramos pensando; pero ocurre que la enfermedad, la desdicha, el fracaso o la culpa son más bien quienes impulsan la historia social y la historia individual a empujones, a puros golpes y patadas. La pandemia puede hacer volar por los aires el híbrido régimen dictatorial y va a barrer los populismos en las democracias y mejorará la política logrando que se dediquen a ella las gentes honradas que ahora no quieren ni tocarla.

Miro esa paz usurpada, esa belleza de un mundo cuyas calles se han vaciado. Tengo bastante rato para no hacer otra cosa que mirar. Estos días pasados el espectáculo era el pánico de un gentío arrastrando carros de compra y bolsas. Solo valía la pena salir al balcón para unirse a las ovaciones que una parte del barrio -solo una parte: muchas ventanas siguen cerradas y en negro- dedica a los sanitarios que no van a escucharlas pero las disfrutan y las necesitan. No había aún ninguna paz grandiosa ni había empezado la primavera. Era palpable que el miedo al dolor, a la soledad y a la muerte corría como una infección, mucho más deprisa que el virus desconocido, mutante, pegajoso, que espera dos semanas quieto en tu sangre hasta empezar a ahogarte, a destruirte.

Perdemos de vista que para al menos dos tercios de la humanidad, el día es una aventura que nadie sabe si logrará acabar. Parece que si a viva fuerza nos devuelven el tiempo y el silencio, se nos viene encima la angustia. Pascal suponía que un pobre ser humano abandonado al confinamiento solitario ve brotar de sí una fuente de horrible tedio. En estos tiempos parece que lo que sale de nosotros no tiene la calma extraña del tedio sino la velocidad enloquecida de la angustia. ¿No estábamos programados hasta hace nada para vivir noventa años y disponer de la posibilidad de probarlo todo?

Lo mejor de la filosofía contemporánea dice que, en realidad, no hay momento presente que no sea una crisis, pequeña o grande, y que está enfermo aquel que no quiere ver esto porque no puede soportarlo. De hecho, nuestros ojos se han acomodado a la morbosa visión al revés: todo es rutinario y solo muy de cuando en cuando se presenta algún desastre o se nos concede algún regalo que introduce una variación. Los casos serios no los conocemos: deben de estar guardados para un remoto futuro y quizá no vengan nunca.

La verdad es, sin embargo, que a cada instante se nos ofrece una novedad, un algo otro desconocido que está reclamando de nosotros una respuesta libre y, por eso mismo, creadora. La vida es por esencia imprevisible en la medida en que se nos da pasivamente, queramos o no; y lo es también si nos decidimos a introducir algo libre y nuestro para contestar a la incesante pregunta que nos dirige cada situación. Nuestra libertad, sin embargo, suele emplearse en el sentido de no admitir que nada ni nadie nos esté realmente preguntando o exigiendo algo y, por consiguiente, logramos hacer de los momentos presentes una masa de pasados reiterativos, de algo indiferente y que siempre sabe a lo mismo. Pero entonces es claro que si la sociedad provisionalmente nos retira de nuestros trabajos absorbentes, caeremos en la cuenta de que ni la angustia ni el tedio saben todo el tiempo a lo mismo: cambian a peor constantemente.

El caso serio es ahora, cada ahora; solo que -se diría- comprenderlo y experimentarlo fatiga mucho. En realidad, fatiga mucho más pasar por alto esta verdad continua. Esa vieja aspiración a escaquearnos consiste en querer morirse de aburrimiento o, si nos ataca la pandemia, en poder morirse de miedo. La solución no está en practicar un desapego respecto de todo que nos vuelva invulnerables a los giros tremendos de la suerte. Los cínicos, que preferían enloquecer antes que experimentar placeres, trabajaban todo el día para volverse invulnerables, autosuficientes; querían necesitar muy pocas cosas y esas pocas, necesitarlas muy poco. En efecto, quien se ha vuelto pobrísimo y prefiere vivir sin ambición alguna, puede estar movido tan solo por el ansia de que nadie lo envidie; y si nadie lo envidia, malamente será ofendido. Quien se descarta a sí mismo de toda empresa de aumento de su saber o sus talentos que pueda repercutir en beneficio público, se sentirá a salvo de que haya quien desee perseguirlo o, simplemente, calumniarlo.

Si no me vinculo absolutamente a nada, ni siquiera a mí mismo, tendré una independencia, una especie de ligereza y desembarazo -la levedad del ser…- que nadie más conoce. Nada me afectará, nada me alterará, nada me importará. ¡Qué paz la del olvidado, la del invisible, la de quien vive oculto, como recomendaba el semidiós Epicuro a sus adeptos! ¡Cuánto egoísmo puede esconderse en las renuncias de una persona que entienda mal, pésimamente mal, lo que la razón y la esperanza demandan!

El bien no nos llama de ninguna manera al desprecio de las realidades, ya sean sensibles y mundanas, ya sean de orden intelectual o espiritual. La verdad es en cambio la que expresó Blondel en una nota de su diario de juventud: El desasimiento perfecto nos ase a todo sin atarnos. Solo el ídolo ata; el amor, en cambio, está preocupado, desde luego que lo está, pero solamente por el amado, y se cuida de él. La verdad del desasimiento es vaciarse del egoísmo: quitar el yo para que solo subsista el fondo del alma, como, por ejemplo, lo expresa Tauler: fondo por el que corra entonces la vena llena de vida que es el Dios que lo ocupa.

Ninguna imagen sobre ello más poderosa que la de pensar, en este sentido, la dicha absoluta no como mi dicha, sino como el triunfo total del bien, del amor, de la eternidad: yo, casi desaparecido en medio de ese océano de belleza, recibiendo en él lo que el Dios disponga. Se hace un avance esencial cuando se comprende que no se vino al mundo para cumplir una misión que no sea, precisamente, la de haber nacido: la de ser el milagro de una vida original, secreta, mucho más real y profunda que la muerte. Este es un milagro que habla a todos de bien maravilloso, indeciblemente más grande que ninguna pretendida misión sin cuyo cumplimiento todo quede truncado, fracasado y sin sentido.

Hay que combatir el miedo con realismo, jamás perdiéndole la mirada enigmática. Claro que tenemos tasado el tiempo, y por eso es apasionante vivir; claro que puede asaltarnos el dolor y que el sufrimiento y la muerte pueden, sobre todo, atacar a las personas que más queremos. Es el reverso del gozo y del amor. La muerte no es la nada, es lo otro. Hagamos, al menos, que nuestros muertos de ahora salgan, en efecto, por la puerta grande de este mundo y no en medio de nuestro terror de adolescentes que parece que nunca han pensado en nada que no sea trabajar todo el santo tiempo. Y eso ni siquiera es trabajar…

Hasta la próxima con un fuerte abrazo.

Pedro Motas

Blog: generaldavila.com

31 marzo 2020

FILOSOFÍA DE LA ESPIRITUALIDAD PARA TIEMPOS DE CRISIS ¿Compatibilidad con la razón? Pedro Motas

Los tiempos que estamos viviendo, tan duros y difíciles para la mayor parte de nuestra sociedad, nos pueden llevar a desilusionarnos y abandonar los esfuerzos por construir una sociedad más fraterna, justa y solidaria, perdiendo a la vez el motor de la esperanza. Y una sociedad sin esperanza es una sociedad moribunda. La esperanza se recupera con la práctica de la solidaridad, la ternura, el cuidado, la cercanía la empatía… Por lo tanto, para contrarrestar tanto abatimiento, apatía y desilusión, yo creo que no hay más remedio que reforzarnos interiormente, para superar cualquier dificultad saliendo, a la vez, renovados. Para eso, creo que es imprescindible alimentar la espiritualidad, la interioridad que llevamos dentro cada uno de los seres humanos que habitamos esta España. La espiritualidad no sólo se debe nutrir de las experiencias y realidades buenas y felices de la vida, sino también de la realidad de dolor, sufrimiento y muerte que contemplamos a nuestro alrededor.

Se presenta la posibilidad y la necesidad de un nuevo giro filosófico, que extienda su mirada hacia la dimensión espiritual de la vida humana. Con ello se refiere a la vida interior de la conciencia que es posible ejercitar y desarrollar, y que desde hace siglos ha permanecido relegada filosóficamente, debido a los prejuicios del racionalismo moderno. Sin embargo, la dimensión espiritual constituye la fuente y el origen de las intuiciones básicas que han dado lugar a todo un sistema de ideas filosófico, religioso, político o utópico. Constituye la base de la creatividad en cualquier ámbito de la experiencia humana. Pero esta nueva comprensión de la espiritualidad humana es posible, a condición de que no se confunda espiritualidad y religiosidad, ni la filosofía quede reducida únicamente a su alumbramiento moderno, mental-racional.

Hablemos de vida espiritual y hablaremos de la vida interior. Vida de la conciencia. Y si hablamos de vida de la conciencia, nos referimos a una actitud determinada, una perspectiva propia, una mirada irrepetible. Conciencia es perspectiva consciente. Pero también, nos referimos a un particular y concreto nivel de desarrollo de la conciencia. Conciencia es la actualización singular aquí y ahora de un potencial de vida. Puede estar más o menos actualizado. Así se muestra y se expresa. De manera que este desarrollo puede acompañarse de un trabajo interior. Un trabajo espiritual que ejercite ese potencial de conciencia siempre presente en nosotros y lo vaya desplegando más y más. Nosotros hablaremos sencillamente de ejercicios filosóficos para aprender a vivir mejor toda nuestra profundidad de ser. Ese vacío fértil. Ese silencio creador y vivo.

No estamos hablando de nada extraño, inaudito, nada alejado, más allá de lo que hay. Nada iluminado. Irracional, en el sentido de que vaya contra la razón, absurdo para el entendimiento. Nada contra la razón, en todo caso contra el racionalismo, que es una creencia. Pero también -si se quiere- contra el vitalismo, que es otra creencia. Solamente las ideas y las creencias pueden ser irracionales, ir contra una lógica particular en una situación determinada. Nunca son irracionales las potencias, las capacidades, las cualidades, que únicamente son. Hablando de la racionalidad: ésta forma parte de la mente, pero la mente no es lo único que hay. Está el cuerpo, está la mente con sus razonamientos, comparaciones, asociaciones, sus clasificaciones, pero también, a través de la mente, la vida del espíritu.

Estamos hablando de algo que puede ser entendido, discernido, algo consciente y dador de sentido. La conciencia de sí mismo. Pues la dimensión espiritual del ser humano uno mismo la vive. Las emociones se sienten en el cuerpo, pero los sentimientos los somos. Un sentir que no cambia tanto, que no difiere tanto, que nos identifica más acá de las evoluciones y variaciones de la conciencia mental. La vida del espíritu puede experimentarse y compartirse. Es nuestra parte más inter subjetiva. Eso común y universal de nosotros, que a veces encontramos, se nutre de nuestra parte espiritual; y es capaz de conectarse de individuo a individuo, con todo el cosmos.

También, aunque parezca muy complicado, usando las palabras. Indicando así al menos una dirección. Esa parte tan desconocida y repudiada -en nuestra cultura moderna- de nosotros mismos, que siempre está presente, operando. ¿Cómo, si no, podríamos comunicarnos entre nosotros cualquier relatividad, cualquier duda? ¿Cómo lo sabríamos, que algo es dudoso o que es relativo? ¿No estamos apelando continuamente a algo común y universal en nosotros mismos? Las paradojas y las aporías moran en el nivel de la mente. Sólo necesitamos situarnos en nuestro centro; centrarnos para ver. De ahí han surgido las más valiosas y creativas aportaciones filosóficas; no ha sido del nivel mental, que es subsidiario y herramienta para la manifestación existencial de lo que realmente somos.

La espiritualidad humana soporta desde hace tiempo un prejuicio y una desconfianza filosófica. Pero, a la vez, la filosofía y sus filósofos se han ocupado de la espiritualidad. No ha sido nunca obviada porque se ha buscado “de otro modo”, diferente a como ha sido “encontrada” por parte de cada filosofía en su propia época. Y ésta es una faceta fundamental del problema filosófico con respecto a la espiritualidad: que se ha buscado, como se busca la verdad, el bien y la belleza, desconociendo que ya está en nosotros, que basta salir a su encuentro. Dejar que se exprese. Apartar lo que sobra, las capas superpuestas, lo que obstaculiza y oculta, para que resplandezcan -sin tener que ser tratarlos de una manera discursiva- la verdad, el bien, la belleza. El ser. Los entes abiertos del ser ocultan el ser, si se toman de un modo excluyente, reductivo.

Pues bien, empezando por los grandes filósofos conocidos, lo que éstos han rechazado -por regla general- ha sido una forma cultural e histórica de plasmar la espiritualidad de este mundo. Y, a continuación, han buscado su propia expresión de la espiritualidad, la que han considerado más “auténtica”. La auténtica experiencia filosófica que abriría un mundo nuevo, una comprensión naciente. Y a esto le han dado diversos nombres, a través de categorías diversas. Sin llamar a esta intuición originaria, casi nunca, “espiritual”.  Quizás a la espiritualidad no se la pueda expresar conceptualmente del todo, de una manera solamente racional, sino más bien sentirla, experimentarla; la razón filosófica, en el sentido tradicional/moderno vendría luego a organizar, articular, analizar, desglosar, clasificar, dar nombre e idea a una experiencia originaria de rango espiritual. Este suceso es algo humano, demasiado humano.

El hombre religioso accede, o más bien, irrumpe en él una visión acerca del mundo existente, y acerca de sí mismo como individuo más allá del individuo; acto seguido esto se “carga” religiosamente, se va dejando acompañar de la experiencia de otros que comienzan a seguir un credo -no, muchas veces, la experiencia misma, sino las creencias sobre ella-, un credo que se institucionaliza y se cierra sobre sí, a toda otra posibilidad, a todos otros credos y perspectivas. Aparecen los rituales y los mitos, y aparece una religión organizada con el pasar del tiempo, cada vez más olvidada de su propio origen. Igualmente -aunque no sea lo mismo- el filósofo obtiene una intuición que expresa filosóficamente, con sus propias herramientas conceptuales y lógicas, que más tarde se institucionaliza -dicha expresión prefilosófica- dentro de la comunidad de filósofos, dando lugar a una escuela, a una corriente de pensamiento; esto proporciona verdades que se excluyen y se oponen entre sí, propiciando que afloren unas determinadas verdades dominantes, imposibilitando así la emergencia de otras verdades. Cada apertura del ser oculta el ser. Lo espiritual forja esa intuición, esa visión o revelación originaria que hace posible todo lo demás, según sea el contexto de aparición, filosófico o no filosófico.

Es posible que, de este modo, pueda hablarse sin provocar excesivo rechazo de “experiencias filosóficas de origen espiritual”. Nos referimos a esas intuiciones, fruto de la conexión con el ser, con el todo como unidad, con el mundo, como quiera llamarse lo que hay. Esta conexión se efectúa a través del fondo que somos, nuestro centro, nuestra fuente, de la que irradia la periferia de ideas, acciones, emociones, decisiones, demandas, metas o valores que reconocemos como nuestras o de nuestro tiempo. Entonces, el modo de conectar con el ser consiste en despojarnos de lo que no somos, nuestro personaje y sus automatismos, sus condicionamientos, las capas superpuestas personal, histórica y culturalmente. Es aquello que recoge tan acertadamente el término griego alétheia para referirse a la verdad: lo no oculto, lo que ha sido descubierto. La contemplación directa de lo verdadero y real, que necesita un previo desbroce de lo que no es. Esta es la función de la duda, la finalidad de la investigación filosófica.

Un sistema filosófico no es más que el despliegue de esta verdad intuitivamente descubierta. ¿Supone esto introducir lo irracional en lo racional? No es así, en absoluto. La fuente de las razones no es racional, pero tampoco es “irracional”. Esta es una valoración mental efectuada desde la razón, que es una función mental entre otras. Los axiomas o postulados, que son la base para un razonamiento, no son demostrables pero permiten realizar demostraciones. Dado A, se llega a B. Es la dianoia platónica o pensamiento discursivo. Más allá -a través de la práctica dialéctica- la mente puede acceder a una “ciencia” que no se basa en supuestos: la noesis o inteligencia. “Razonar es un puro combinar visiones irrazonables”. Pero, aparte del razonamiento, está la visión, la observación, el discernimiento mediante atención consciente. Aquí y ahora, momento a momento. Presencia presente. Esta capacidad de la mente ya nos empieza a conectar con nuestro fondo no mental, no racional, no irracional. Espiritual. Y la espiritualidad nos urge para estar al lado de las víctimas. Es, quizá, la única forma que tendremos de “salvarnos” para renacer. Porque la espiritualidad nos invita a convertirnos, a cambiar.

Ánimo y un abrazo a todos de Pedro Motas

Blog: generaldavila.com

25 marzo 2020

¿LA JUSTICIA O LA INJUSTICIA SOCIAL? Pedro Motas

El pasado 20 de febrero fue el Día Mundial de la Justicia Social. Fue propuesto por la Asamblea General de las Naciones Unidas a finales de 2007 aunque su observancia data de 2009. En cualquier caso coincide con la Gran Recesión iniciada en 2008, cuyos lesivos efectos económicos y laborales, sociales y políticos perduran. Este undécimo aniversario es una buena ocasión para volver a preguntarnos en qué puede consistir la justicia social. O más bien su reverso: la injusticia. Como muy bien dice Roberto R. Aramayo, Profesor de Investigación e Historiador de las ideas morales y políticas, del Instituto de Filosofía (IFS-CSIC)

Quiero responder inicialmente a esta cuestión con los tres principios que, según el filósofo ilustrado Immanuel Kant, deben definirnos como ciudadanos, a saber: libertad, igualdad e independencia o autonomía. Estas tres condiciones no pueden verse disociadas porque se necesitan y complementan mutuamente. Estamos ante el anticipo del concepto de Egaliberté acuñado por Étienne Balibar.

La igualdad de oportunidades:

Sin igualdad no puede haber libertad. Y esto exige a su vez ser autónomo en términos económicos. Porque nadie cuya subsistencia dependa de otro podrá ejercer su libertad y disfrutar de la igualdad. En términos kantianos, la justicia social consiste en que nuestra capacitación y nuestro esfuerzo, las aptitudes que perfilamos mediante nuestras actitudes, sólo precisen de la suerte para promocionarnos.

Es decir: si los talentos y el talante, conjugados únicamente con el azar de una u otra coyuntura, no sirven por sí solos para permitir ascender –o descender– en la escala social, no podrá decirse que exista una mínima justicia social. Esta no quiere decir que todos debamos tener exactamente lo mismo. Ni tampoco que debamos obtenerlo en función de nuestras necesidades o cosas parecidas. Determina que hemos de tener las mismas oportunidades, sin que nuestras metas queden condicionadas, para bien o para mal, por nuestros orígenes y nuestro punto de partida.

El esfuerzo y el éxito:

Cuando nuestra cuna, etnia, género, diversidad funcional o cualquier otra circunstancia de partida, totalmente ajena a nuestra voluntad, sella nuestro destino para bien o para mal, esto significa que la justicia social brilla por su ausencia. No deberíamos considerar la pobreza como un estigma, ni la riqueza como algo envidiable de suyo, porque a veces esto último dista mucho de ser algo merecido, al no haberse ganado a pulso. Menospreciamos la moral del esfuerzo y sobredimensionamos la del éxito. Menoscabamos lo que depende de nosotros, y de lo que por consiguiente somos responsables, en aras de aquello que nos viene dado sin más.

Todavía se aclaman los fundamentos del Estado de derecho, pero al mismo tiempo se desmantelan las bases del Estado de bienestar. Esto es un craso error. Porque se trata de las dos caras de una misma moneda, como la libertad y la igualdad. Al finiquitar el Estado de bienestar es más fácil que se conciten los populismos de ambos signos. También se abona el terreno para la demagogia y los caudillajes. Los años treinta del siglo XX nos recuerdan cómo suelen terminar ese tipo de procesos.

Mientras que la Gran Depresión de 1929 genera nuevos contratos sociales e intenta poner coto a la improductiva especulación financiera, mediante la regulación bursátil y un reparto proporcional en el pago de impuestos, la crisis de 2008 ha buscado soluciones completamente opuestas. Basta recordar las tablas impositivas que tuvieron los norteamericanos durante décadas tras el desastre de Wall Street en 1929. Y comparar ese dato con la tendencia actual de imposibilitar o procrastinar cualquier gravamen tributario a las grandes corporaciones, al tiempo que se devalúan las condiciones de los contratos laborales y se incrementa la precariedad laboral.

Buscar el beneficio propio:

A juicio de Kant, la caridad y la beneficencia no dejan de ser una impostura, porque no debería ser necesario ejercerlas. La necesidad de hacerlo proviene de alguna injusticia social cometida previamente, al acaparar los recursos disponibles en unas pocas manos y privar de los mismos a la inmensa mayoría.

La política y la ética deben coincidir en restringir el perjuicio que podamos causar a los demás. Las reglas de juego del ámbito político no deben pretender procurarnos la felicidad. Han de establecer las condiciones en que podamos buscarla causando el menor daño a los demás al perseguir nuestro provecho y beneficio.

Imperativo de la disidencia:

Siempre nos cabe decir que no, y negarnos a secundar las injusticias, aunque no podamos instaurar aquello que consideramos justo salvo dando ese rodeo. De ahí el célebre imperativo de la disidencia, con el que se quiere actualizar la formulación kantiana de no instrumentalizar al ser humano en general.

Ante un conflicto entre nuestra propia conciencia moral y una presunta obediencia debida, siempre podemos atender a los dictados de nuestra conciencia. Lo haremos desde luego sin pretender imponer nuestro parecer por la fuerza, y apechando con las consecuencias que conlleve nuestra desobediencia, antes de acatar la obediencia debida.

Mientras quede tanto por hacer con ideales como la paz, la justicia o la democracia, no creo que nos hallemos en situación de jubilar al pensamiento utópico. Por lo que a mí concierne, declararía mi preferencia por la ‘vía negativa’ consistente en luchar por ideales como la paz, la justicia o la democracia ‘jugando a la contra’, es decir, oponiéndonos a las guerras, tratando de erradicar las injusticias y rebelándonos contra las tiranías.

Quizá el mejor modo de contribuir a instaurar y mantener la justicia social sea en efecto luchar contra las injusticias sociales desde todos los frentes y a cada paso que damos. La ventaja adicional es que, aun cuando debiera tratarse de una tarea primordial para las instituciones políticas, siempre podemos intentar atenernos contra viento y marea a ese criterio en nuestras pautas procedimentales, a nuestra cuenta y riesgo, contracorriente. Al margen de lo que piensen o hagan los demás.

Pues siempre nos cabe disentir de lo que consideremos inicuo. Por muy hegemónica que sea la rapacidad propia del robotizado homo economicus de corte ultra-neoliberal, cuya miopía cortoplacista le impide apreciar que a todos nos trae más cuenta evitar situaciones radicalmente injustas en el seno de cualquier sociedad. Parece obvio que nadie puede ganar a largo plazo con las reglas de juego del más exacerbado darwinismo social de sesgo economicista. Porque la baraja termina rompiéndose y los tahúres acaban tan mal como aquellos a quienes han timado.

Pero vayamos al grano:

España figura entre los países con peor justicia social de toda la Unión Europea, y se coloca en la posición 24 de los Veintiocho, diez puestos por debajo del lugar que ocupaba en 2008. La clasificación está encabezada por Dinamarca, seguida muy de cerca por Suecia, Finlandia, República Checa y Eslovenia. En el extremo opuesto, por detrás de España se sitúan Italia, Bulgaria, Rumanía y Grecia.

Muy mal en empleo y pobreza: De las seis dimensiones analizadas, España presenta sus peores registros en el acceso al mercado de trabajo –es el país donde más se ha deteriorado-, educación equitativa –con el segundo dato más alto de Europa en abandono escolar por detrás de Malta- y en prevención de la pobreza, donde aparece como el segundo país que más se ha degradado en ese campo después de Grecia.

Dentro de la educación, llama la atención el elevado porcentaje en España de población sin estudios secundarios, sólo superado por los de Malta y Portugal. En ambos países, sin embargo, esa tasa se ha reducido en casi 20 puntos desde 2008, mientras que en España, ha disminuido menos de 8 puntos en ese mismo período.

Además, las tasas de paro juvenil y parados de larga duración se dispararon y, pese a haberse reducido algo en los últimos años, continúan siendo de las más elevadas de Europa, sólo por detrás de Grecia en ambos indicadores.

En cuanto a la tasa de empleo, la media de la UE se sitúa, por primera vez desde la crisis de 2008, un poco superior que había antes de la recesión. España no ha recuperado el nivel de empleo previo a 2008, al igual que sucede en Italia, Croacia y Grecia.

Además, el porcentaje de españoles que trabajan con contratos temporales porque no pueden encontrar un puesto fijo es el segundo más alto de los Veintiocho, sólo superado por Chipre.

Otro indicador muy preocupante es el de los trabajadores que, pese a tener un empleo, viven por debajo del umbral de pobreza. En España, eso sucede con un punto porcentual más de los que había hace 10 años, que coloca al país en la parte baja de la clasificación, sólo por encima de Grecia y Rumanía.Según las opiniones de expertos españoles, “el impacto combinado de las dificultades económicas (crecientes tasas de paro junto a recortes en salarios y beneficios) y las medidas de austeridad (que han afectado a sanidad, educación, servicios sociales y programas de apoyo a discapacitados) ha exacerbado la marginalización”.

El Plan Nacional de Acción para la Inclusión Social del período 2013-2016 ha sido claramente insuficiente y las organizaciones sociales privadas han sido incapaces de cubrir ese hueco de prestación de servicios; al igual que el actual gobierno social-comunista, que con sus medidas inapropiadas no está favoreciendo ni la política social, ni la justicia social, ni el progreso del País, ni la inversión, ni la competitividad,… solo la pobreza, la injusticia, la división y la ruina, por primera vez, de nuestra querida España.

Un abrazo a todos. Pedro Motas

Blog: generaldavila.com

10 marzo 2020

LA ANTIÉTICA POLÍTICA ACTUAL EN ESPAÑA Pedro Motas Mosquera

Antiético: es cuando se rompe las barreras de la ética,cuando se infringe reglas de convivencia social, cuando se tiene un mal comportamiento profesional o moral, cuando se rompen valores que significan mucho para las personas; es, en definitiva, cuando no se respeta la necesidad del todo para proteger la suya.

Introducción:

Queridos amigos, hasta ahora he escrito sobre humanismo, espiritualidad, valores, ética, política, milicia,… pero alguno de vosotros habéis demandado de mi que comente la situación real que no sea lo que debería ser sino lo que es en realidad; y por eso, voy a mojarme sin tapujos, sin rodeos y sin complejo alguno.

Si no lo he hecho antes es porque no quería envenenar el ambiente más de lo que en realidad está, dando un sentido positivo y de esperanza a mis artículos; pero eso no quiere decir que ignore la situación grave que vivimos en nuestra querida España por culpa de los políticos que nos gobiernan y de la oposición que, hasta ahora, ha actuado con complejo y sumisión.

Pero sí lo he manifestado en varios comentarios hechos a otros artículos de mis compañeros colaboradores, manifestando mi cabreo, malestar y desesperanza. Pero por fin, voy a dar a conocer paso a paso mi opinión sobre la política, partidos, políticos y gobernantes que hasta ahora hemos tenido y tenemos en el panorama sombrío que nos está atormentando.

La casta política:

La mayoría de los políticos son la ruina de la nación, fabricantes de pobreza y causantes de división social, pero siempre se van de rositas sin devolver el dinero y sin responsabilidad sobre su gestión, actuando como dictadores, amparándose en una democracia que se lo permite porque es débil y deja mucho que desear; dejando a una dictadura personal plena y real en calzonesporque se comportan como otra dictadura de partido e ideología.

Por eso mismo los maldigo por todos los males causados al pueblo, a sus votantes y a la nación; los maldigo por ruines, viles, miserables, mezquinos, avaros, roñosos, mentirosos… y despreciables por siempre mientras no enmienden con urgencia sus desmanes.

Vivimos en una nación totalmente prostituida por los políticos corruptos que la explotan como chulos, la maltratan como una puta, con perdón de las putas, y la odian sin disimulo. Esta clase de políticos no nos representan, ni nos sirven como personas honestas. Se sirven de sus mafias para medrar, porque en el fondo son pura mafia; dejando al ciudadano para que lo parta un rayo.

Son incoherentes porque pactan con terroristas; los tapan, los apoyan, los liberan y los protegen porque los necesitan y los temen. No pueden vivir sin ellos y es por eso que son sus mejores aliados para mantener atemorizados a los ciudadanos.

Son ineptos porque multiplican el número de funcionarios y crean a la vez miles de puestos como asesores nombrados a dedo y con mejor retribución que los funcionarios; teniendo un dedo muy grande y una conciencia muy pequeña.

Lo malo es que en esos puestos de libre designación ponen a los más inútiles; por lo que, los más preparados tienen que irse fuera, y si no se van, les hacen la vida imposible, menospreciando así a los más capacitados simplemente porque tienen más preparación, idoneidad y ética que ellos.

Y esa es la causa de que ya casi no exista la carrera administrativa, donde se conseguía subir, por concurso de méritos, a jefe de negociado, de sección o de servicio.

La mentira, el trabajo en negro, la ignorancia:

A esa mayoría de políticos, ni les gusta pensar lo que dicen, ni se esfuerzan en decir lo que piensan; casi nunca dicen la verdad, pero se creen investidos de ella, predicando y diciendo lo contrario de lo que piensan, porque les interesa un pueblo de analfabetos. Resumiendo: primero dicen lo contrario de lo que piensan y luego hacen lo contrario de lo que dicen; pero hacen lo que piensan, que es lo suyo y sus intereses.

Trabajan en negro con trato y pago de favores, ONGs dependientes de dinero público, empresas, ley de aforamiento, cuentas oscuras y opacas, etc.

Son ignorantes porque ignoran al ciudadano, porque no están preparados para gestionar ni dirigir, se amparan en la nueva carrera y profesión que ellos mismos han inventado: la política; con suculentos sueldos, a veces vitalicio, con jubilaciones escandalosas, etc. Se agarran a ello porque en la empresa privada no servirían para nada, no pasarían de un puesto base; con perdón de los puestos base, que son muy dignos.

La carencia de ética, la demagogia y el pasteleo:

La mayoría de los políticos no son personas éticas, hacen muchos pactos antinatura en secreto y a escondidas, engañando al votante que ha confiado en ellos, son sobresalientes en traiciones, crean nuevas leyes sin cumplir con las anteriores; son una pelea a ciegas que consiste en chantaje y extorsiones mutuas.

Han creado jueces y tribunales a su medida, tan inicuos como ellos; varias décadas vulnerando el estado de derecho. Las victimas han confiado en la justicia y ésta les ha sido reacia y hostil, por el contrario es elegante y espléndida con terroristas, separatistas y violadores. Para ellos la justicia sí tiene garbo y es ágil. Dijo Cicerón: “Hacer depender la justicia de las conversaciones humanas es destruir la moral”.

Está visto que nos parecemos en mucho a los toros, por eso hay tantos políticos que lo único que saben es dar cornadas al pueblo; tal vez debido a ello, algunos han prohibido los toros, que para eso ya están ellos.

Los políticos más inútiles y menos documentados inventan numerosas palabras sin significado ni contenido alguno, para que las cosas de las que hablan sean aún más incomprensibles y para que el ciudadano de a pie se quede con la boca abierta y aplauda hasta con las orejas. En definitiva, hablan mucho y no dicen nada, son penosos; pero ya se sabe, la ignorancia es atrevida y osada, lo saben todo de todos.“En España, de cada de cada diez cabezas, una piensa y las otras nueve envisten” (Machado)

La ignorancia es ladina y zafia reservada solo a los necios, porque mientras un necio en un largo discurso no dice nada, un sabio con una sola palabra lo dice todo.“El hombre sabio, incluso cuando calla dice  más que el necio cuando habla” (Fuller).

Están de acuerdo con la ley cuando esté de su parte, cuando no, la critican o la cambian: “Cuando lleguemos al poder derogaremos esa ley”.

Los políticos, en su mayoría, tienen cara de pastel porque se reparten entre ellos las tartas que cada día llegan al congreso, la sala nacional donde se hace la fiesta.

Los días que se habla y se elaboran los presupuestos para el año entrante, son los de mayor movida e interés para llevarse las tajadas más suculentas, pero no lo que es más conveniente para los ciudadanos o para es Estado.

El dinero, como no tiene pies, los políticos le ponen ruedas y engranajes; porque el dinero no es de nadie.

Conclusión:

Si, queridos amigos, se que también hay políticos validos, formados, éticos y morales, que miran al futuro para construirlo, que tienen vocación de servicio; pero son minoría, porque la mayoría miran al futuro para llevar el odio, la división, el enfrentamiento y el resentimiento por acción o por omisión: “divide y vencerás”.

Políticos que no incitan al odio ni a la guerra fratricida para sacar tajada de ello, porque al final la guerra siempre la pierden los que la provocan; que no levantan las tumbas de los muertos de hace casi un siglo, consiguiendo crear odio y enconamiento.“Porque en un país deprimido y oprimido como el que estamos, ni los muertos pueden descansar en paz”.

Políticos que encaren la legislación con normas sencillas y con leyes claras y precisas; que promueven leyes educativas para mejorar el resultado de los estudiantes, no para premiar a los más inútiles y serviles, enseñándoles ideológicamente aberraciones y golferías.

Que buscan la paz, el progreso y la verdadera democracia, no la democracia dictatorial de partido e ideología contaminante actual que llamándola “modélica transición” se ha convertido en una chapuza hecha a medida.

Esta última década quedará marcada y recordada, en el devenir de a historia, como la de los políticos malditos porque, de momento, son los oscuros héroes de la gran derrota, de su derrota; “porque el poder solo corrompe a los corruptos y hace más golfos e inmorales a los que ya lo era antes”.

Si con este artículo he provocado molestia alguna, lo siento; pero alguien tiene que decir lo que piensa sinceramente, aunque ello sea políticamente incorrecto; y ¡qué diablos! por eso no soy político ni he querido serlo en lo que llevo de vida. Sólo soy y me considero… un “veterano de España”. Un abrazo a todos.

Pedro Motas

1 diciembre 2019

Blog. generaldavila.com

ÉTICA PARA LA POLÍTICA (Día Mundial de la Filosofía) Pedro Motas

Después de cuatro elecciones generales en cuatro años, de idas y venidas, de dimes y diretes, de desconfianza, parálisis e incertidumbre en la vida pública española, parece que habrá un gobierno en breve. Sin embargo, este trasiego nos ha dejado un poso de enorme desconfianza hacia los políticos, de descrédito de la cosa pública, de cansancio y agotamiento de una actividad, la política, imprescindible para la convivencia y la organización de la vida social.

Por ello, reivindicamos la ética para la política. Esta reclamación tiene un sentido amplio. La política debe ser ética, pero también debe velar por que sus ciudadanos tengan herramientas para la propia reflexión ética, si aspira a lograr una sociedad sana y una convivencia pacífica.

Probablemente estemos en un tiempo en el que hablar de “ética política” parezca una contradicción en sus propios términos. Es esta ética y política una pareja extraña y actualmente ambas parecen caminar por senderos separados.

Lo relevante de la cuestión no es que esta aparente escisión sea un hecho hoy por hoy; lo más peligroso es que se asuma como natural. Seguramente no sea una tarea fácil encontrar ejemplos en los que la ética justifica la actividad política. Pero aunque las relaciones entre ambas son complejas y difíciles, resulta ineludible reflexionar sobre el alcance y límites éticos de la acción política y la gestión pública.

Ello es indispensable porque, de lo contrario, los intereses partidistas necesariamente se imponen y ganan la batalla al Bien Común. Pensar un ethos de la política no es confundir la visión moral del mundo y las exigencias de la acción política. La cuestión es cómo formular los deberes éticos de la política sin caer en el error de pensar que con eso ya hemos garantizado una buena política.

Hablar de “ética política” es en realidad hablar de “ética pública” o “ética para la política y la administración pública” y, por tanto, referirnos a ese ámbito de la ética aplicada relativa a los asuntos del gobierno y de las administraciones.

Por ello, cabe también definirla como la ética de las instituciones y organizaciones del sector público. Esto implica volver a reivindicar la vinculación necesaria entre la ética y la política. La reflexión política orientada al bien común, que es el encargo que la sociedad hace a sus representantes, debe ser ética.

Hablamos entonces de una misión ética de la política y la gestión pública pues éstas se orientan al Bien Común (interés general) y a la protección y capacitación de los ciudadanos. La forma en la que entendamos no ya quién es un ciudadano, sino qué es un ciudadano demarcará toda una lógica de la acción política.

El ciudadano contemporáneo perteneciente a un Estado democrático de derecho no es únicamente aquél que tiene capacidad de participación política, sino que es ante todo un ser humano, con sus límites y esperanzas. Esta condición de “humanidad” en el terreno político a menudo queda desdibujada, como si la persona que es ciudadana y que, por tanto, posee dimensión política, fuera un sujeto abstracto independiente de su limitación natural, que es precisamente dicha condición humana.

Y es por ello por lo que no hay que olvidar que la condición básica del ser humano es su vulnerabilidad, su susceptibilidad de ser herido, sufrir daño o perjuicio, recibir lesión física o moral. La realidad es que compartimos una identidad universal en el sufrimiento, el dolor y la vulnerabilidad.

No obstante, aparte de esta vulnerabilidad subjetiva, existe otra vulnerabilidad social, hoy llamada precariedad, asimétricamente distribuida, con individuos y grupos especialmente desvalidos donde el daño, el sufrimiento, el dolor, la crueldad, el abandono y la indefensión son fruto de situaciones, estructuras, procesos y factores sobre los que se puede intervenir y que pueden ser cambiados.

La acción de gobierno debe desarrollarse precisamente sobre ellos y a ellos deben dirigirse las políticas públicas de manera primordial. Esta afirmación implica dotar de un nuevo matiz singular a toda política que se pretenda ética.

Y es que para impedir, minimizar o mitigar el daño y el sufrimiento debemos cuidar. La vida humana es inviable sin ello y precisamente la ética del cuidado ha puesto en el centro de la reflexión filosófica la misma noción de cuidado.

Somos una especie social, con vínculos recíprocos (derechos y deberes), con compromisos de cuidado y responsabilidad social. No somos un grupo de individuos solitarios cuyas obligaciones mutuas se limitan a no invadir el espacio de los otros.

La vulnerabilidad y fragilidad del ser humano (y de nuestro entorno animal, social y natural) implican aceptar que una antropología relacional es condición sine qua non de nuestra supervivencia y viabilidad humana frente al individualismo de muchos modelos sociales contemporáneos.

El reconocimiento de la vulnerabilidad supone una crítica al mito de un sujeto independiente y descorporizado, un sujeto etéreo que no nace, ni enferma, ni envejece, ni pierde facultades, ni está limitado. En definitiva, un sujeto que no existe. Por el contrario, el estado que mejor nos caracteriza como miembros de una comunidad social es la interdependencia.

De estas consideraciones cabe afirmar que la noción de cuidado debe conformar y orientar la acción de gobierno. Ello implica dos cosas: por una parte, el desarrollo de la empatía, ponerse en el lugar del otro y, por otra, la exigencia de la responsabilidad: esto es, actuar con fuerza, coraje y eficacia, características propias de una buena gobernanza.

El hecho de que el ser humano sea un animal social, no proviene únicamente de que posea el logos, como anunciara Aristóteles en su Política, sino de su verdad íntima, su condición de ser vulnerable. Debemos aceptar que, en consecuencia, existen obligaciones sociales positivas de minimizar la inestabilidad y su distribución desigual. Existen obligaciones de cuidado que especialmente el Estado debe proporcionar.

Estas obligaciones se dirigen a la necesidad de desarrollar políticas públicas. Atañen directamente a las obligaciones de quienes integran el gobierno y a los funcionarios que se encargan de la gestión pública. Y se deben observar con el fin de reducir en lo posible el daño que se deriva de la condición vulnerable del ser humano.

Algunas de esas obligaciones son tan básicas y elementales como las de proporcionar alimento, agua potable, vivienda, atención sanitaria, educación, movilidad, libre expresión, etc. Estas expectativas de cuidado no se limitan a una esfera íntima o familiar, en función de una ideología de la naturalización de los sentimientos de compromiso, como acciones caritativas, estigmatizantes y voluntaristas, sin ningún tipo de responsabilidad social más allá de la responsabilidad individual o familiar.

Los deberes de cuidado tienen una dimensión social, pública e institucional, de modo que la ética del cuidado conforma el buen gobierno en una suerte de “solidaridad organizada” que configura lo que se denomina como una “ética pública del cuidado”, presupuesto de una “ética política” coherente.

El cuidado requiere del gobierno y la gestión pública dos roles entrelazados: la protección y el empoderamiento.

La protección se entiende no solo como aquella dimensión de la seguridad encarnada por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, sino también la incorporación de suficientes garantías sociales. Algunas de estas son seguridad social, prestación por desempleo, subsidios por incapacidad, salud pública, alimento y agua seguros, protección laboral y del consumidor, prevención de desastres o cuidado del medioambiente. Incluso protección en relación al poder del gobierno y la administración, para lo que son indispensables elementos de buena gobernanza como la transparencia, la apertura, la rendición de cuentas o la participación.

El empoderamiento consiste en la maximización de la libertad para alcanzar las metas y proyectos de vida de los ciudadanos. Comprende acciones como las comunicaciones, la educación pública, la intermediación financiera o el sistema legal y remite a la profesionalidad, eficiencia e innovación en las políticas públicas como facilitadoras necesarias de la realización personal y del desarrollo humano sostenible de la comunidad.

El objetivo de una ética política es conseguir una comunidad cohesionada y solidaria, desde el compromiso con el Bien Común y con la eliminación de todo aquello que erosiona y favorece la desigualdad en la sociedad. Solo una comunidad de este tipo puede garantizar la estabilidad necesaria para que los ciudadanos puedan llevar a cabo sus proyectos de vida en condiciones de libertad y dignidad.

Pedro Motas

Blog: generaldavila.com

23 noviembre 2019

¿EXISTE UNA ESTRATEGIA MEDIÁTICA, SOCIAL, POLÍTICA Y ECONÓMICA DE MANIPULACIÓN A TRAVÉS DE LOS MEDIOS? Pedro Motas Mosquera

La distracción:

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones sin importancia.

Es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la política, la ciencia, la religión, la economía, etc. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, sin ningún tiempo para pensar.

Crear problemas y después ofrecer soluciones:

Este método también es llamado:“problema–> reacción–> solución”.

Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el demandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: declarar estado de emergencia, ley antitabaco, ley del aborto, ley de la eutanasia, dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad.

O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

La gradualidad:

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante décadas.

Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad laboral, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes. Nos suena, ¿verdad?, tantos cambios hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicados de una sola vez y no de forma gradual como se ha hecho.

Diferir:

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato.

– Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente.

– Segundo, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá a mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado.

Esto da más tiempo al ciudadano para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

Dirigirse al público como criaturas de poca edad:

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental.

Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantil. ¿Por qué? – Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción más infantil y desprovista del sentido crítico de un adulto.

Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión:

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente neutralizar el sentido critico de los individuos.

Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o a inducir determinados comportamientos.

Mantener al pueblo en la ignorancia y la mediocridad:

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud.

“La calidad de la Educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia entre éstas y la clases altas permanezca inalterable en el tiempo y sea imposible de alcanzar una auténtica igualdad de oportunidades para todos.”

Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad:

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser vulgar e inculto, mal hablado, admirador de gentes sin talento alguno, a despreciar lo intelectual, exagerar el valor del culto al cuerpo y el desprecio por el espíritu.

Reforzar la autoculpabilidad:

Hacer creer al individuo que solamente él es culpable de su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos.

Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico y social, el individuo se autoevalúa, se autoinculpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción.

Y sin acción, no habrá reacción ni revolución.

Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen:

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y los conocimientos poseídos y utilizados por las elites dominantes.

Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente.

El “sistema” ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo.

Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

En definitiva y como pregunta, queridos amigos:

¿creéis que existe una estrategia mediática, social, política y económica de manipulación a través de los medios, promovida y subvencionada por la clase política?

Como siempre, un fuerte abrazo.

Pedro Motas. Veterano de España

Blog: generaldavila.com

5 noviembre 2019

LOCURA DE VALORES (Pedro Motas)

Queridos amigos del Blog; en mi anterior artículo comenzaba de la siguiente manera:

“Desde los comienzos del presente Blog, y tras la presentación hecha por mi querido General Dávila, con el aval de otros queridos Generales a los que aprecio y respeto; la mayor parte de mis humildes artículos ha versado sobre los valores castrenses, en la sociedad civil, en la política, el humanismo, etc. Pero hoy quiero dejar patente, mediante el presente artículo, la falta de valores en nuestra sociedad, con repercusión en la política, los políticos y el paisano de a pie; que, con frecuencia, se muestra indiferente, aburrido e impotente ante lo políticamente correcto, que hoy día es lo más incorrecto de la política dominante.”

Y lo culminaba diciendo:

“Después de este artículo seguro que hay gente que piense que estoy desfasado, que no soy progresista, que vivo en el pasado, que soy un facha… pero, aun asumiendo todo ello, prefiero vivir ilusionado pensando en un mundo mejor, donde no se divida a la sociedad, donde no impere la ideología política como enseñanza a los niños, donde se respete a los mayores, donde la justicia sea igual para todos, donde los políticos actúen con vocación de servicio…

Y yo me pregunto ¿es tan difícil pensar así? ¿estaré loco y necesitaré tratamiento? Aun así, reciban todos ustedes un abrazo de este humilde loco deseoso de valores.”

Y dejándome llevar por esa locura de valores, permítanme que haga un resumen de lo que hasta ahora he escrito, referente a ello y concretamente en mi paso por la experiencia militar vivida en mi juventud, que me han servido para la vida civil.

Todo ello haciendo honor y justicia a los 100 años de La Legión y los 67 de La Legión Paracaidista.

 La amistad-compañerismo: enriquece, fortalece y ensancha el corazón del hombre y le hace invencible ante la adversidad. Es el más noble de los sentimientos y es siempre el más humilde.

El autocontrol: hacerse a sí mismo es un valor que va tomando forma en el ser humano a medida que crece en edad y en inteligencia y se va haciendo más autónomo, más responsable y maduro.

El conocimiento de uno mismo: es tarea de siempre y de todas las edades, ya que nunca termina. Nos permite averiguar lo que podemos llegar a ser sin perder la referencia y la guía de lo que debemos ser, de nuestros ideales.

La mirada hacia el interior: los hombres de hoy día viven hacia fuera olvidando el cultivo de la vida interior. La principal prueba del hombre consiste en enfrentarse consigo mismo.

La austeridad: es contentarse con lo que se tiene sin desear nada más. Cuanto más se tiene, más se desea, y en vez de llenar, abrimos un vacío. Nos lleva a compartir, nos enseña a saber disfrutar sin inquietarnos.

La disciplina: contrariamente a la opinión popular que la identifica con amenaza, humillación, castigo, etc… la disciplina significa enseñanza,  conjunto de estrategias adecuadas para despertar, alentar y motivar conductas positivas.

Esfuerzo: La verdadera decisión, el acto de voluntad sopesado y plenamente consciente, es aquel que nos alienta a un esfuerzo sin límites hasta el logro del objetivo propuesto. Hemos de elegir el éxito y no permitir las ideas de la derrota, porque quien admite la derrota ya está derrotado. Tras el esfuerzo está siempre latente la esperanza; y es en el pensamiento donde se libra la batalla definitiva del éxito o del fracaso.

Heroicidad: cada vez que se habla de heroísmo y de quienes realizan hazañas heroicas, de inmediato evocamos una situación extraordinaria y excepcional. Al decir “héroes” vienen a nuestra mente las figuras de grandes guerreros ganadores de cien batallas. Pero ser héroe consiste en ser uno mismo, el que lucha por la Patria, el que logra ejemplificar con su acción la virtud como fuerza y excelencia.

Quedan sin definir más valores como patriotismo, sacrificio,honor, etc… pero como no quiero cansar a la audiencia, termino mi locura definiendo el valor como la convicción razonada y firme de que algo es bueno o malo y de que nos conviene más o menos. Pero estas convicciones o creencias se organizan en nuestro psiquismo en forma de escalas de preferencia. Reflejando la personalidad de los individuos y son la expresión del tono cultural, afectivo, social y espiritual, marcado por la familia, la escuela, la universidad, la milicia y la sociedad que nos ha tocado vivir.

“El valor no se falsifica; es una virtud que escapa a la hipocresía” (Napoleón)

Reciban un abrazo de Pedro Motas, veterano de España.

Blog: generaldavila.com

21 agosto 2019