A petición de un seguidor de twiter y lector asiduo de mis escritos, publiqué hace unos días en su blog(http://www.lacaciasociados.es/blog/) un post que puede ser de interés en los actuales momentos. Aunque alguno ya lo habréis leído quiero conservarlo entre los artículos de mi blog y repasarlo de vez en cuando.
Hemos pasado, que no superado, la fecha del 9N en la que impunemente y con escándalo se ha vulnerado la ley máxima, la que nos permite a todos vivir en convivencia y solidaridad, la Constitución española. Después de este hecho, trascendente y grave, nada estéril, como nos quiere hacer ver el ministro de justicia, creo que es bueno meditar sobre algo tan elemental como es la responsabilidad y la ley. Ni una ni otra se han guardado ni cumplido el 9N. Incumplimiento de la Ley e irresponsabilidad.
Esto acaba de empezar… La unidad de España está en peligro.
Dijo el Presidente del Gobierno: «Siempre hemos dicho lo mismo. Vamos a defender la Constitución, la unidad de España y la ley.No va a haber referéndum. La ley se va a cumplir»….Pues no ha sido así. Ha habido referéndum, votación o como lo quieran llamar y a partir de este momento o cumplimos la ley o rompemos la baraja.
Pues sí, ha sido algo desproporcionado. Me refiero a lo dicho por el Presidente y a lo sucedido.
Midan ustedes mismos la desproporción.
Cada vez que un militar habla, los oídos se agudizan intentando analizar hasta las comas de lo que dice; incluso alguno se las compone para encontrar, donde no hay, una noticiable declaración fuera de tono. Hablar con sinceridad y honradez supone, en no pocas ocasiones, verte envuelto en emboscadas peores que las del combate. El arma utilizada consiste en tergiversar las palabras; el espíritu que acompaña a estas batallas suele ser la mala intención.
No, no nos confundamos, no son los militares los que se pronuncian amenazantes, ni de obra ni de palabra. Ya están muy lejos aquellos tiempos del “golpe de timón”. ¿Lo recuerdan? No fueron las Fuerzas Armadas ni la Guardia Civil las autoras de aquél horrendo cuadro ni son los militares los que están en poder del enigma. La trama no se gestó en los cuarteles. Sabemos que alguien tiró la piedra y escondió la mano. Las Fuerzas Armadas en su mayoría presenciaron, como todos los españoles, atónitas y avergonzadas, aquella comedia sin saber quien la representaba. En el cepo cayeron los conejos y se escaparon los zorros, aunque allí dejaran ese olor que llega hasta nuestros días.
Ahora son otros, quizás los mismos, los que ofenden y golpean en lo más íntimo del sentimiento de millones de españoles y de su Constitución. Ponen en juego, es decir, en peligro, la unidad de España. ¡Ahí es nada! ¿Quién es el responsable de permitirlo?
Las Fuerzas Armadas han hecho su transición de manera tan modélica y ejemplar que algunos deberían imitarlas. Se acabaron los tiempos de los espadones o de los salvadores de la patria; es la hora de la cordura, de la sensatez, de que cada uno cumpla con su deber, con la responsabilidad que su cargo le exige; y sin mirar para otro lado. Es la hora de la responsabilidad y de exigir responsabilidades. Es la primera obligación que, desde la más alta magistratura del Estado hasta el último de los españoles tenemos, aunque es muy distinta para cada uno. Obligación es responsabilidad, cargo moral, y de ella se derivan responsabilidades, es decir la obligación de reparar y satisfacer los errores cometidos ante la justicia, que debe aplicarse igual a todos. Pero vemos que unos son más que otros y su aplicación no es la misma para unos que para otros. Hay muchas argucias legales y se acaba teniendo la sensación de que “nada es verdad ni es mentira; todo es según el color del cristal con que se mira”.
Demasiados “dependes” penden de nuestro sistema ejecutivo, legislativo y judicial.
Es el momento del pueblo soberano, de que asuma su soberanía, la responsabilidad que le corresponde como Nación y dejarse de intereses privados o de partido. No necesitamos espadones, sino líderes que nos guíen y que, además de dialogar, apliquen la Constitución.
Pero lo más apremiante ahora, ¡ya!, es no permitir que se rompa la unidad de España. Eso tiene responsables. Unos por proponerlo y ponerlo en marcha; otros por permitirlo.
La responsabilidad no solo exige cumplir la ley, también hacerla cumplir.
General Dávila (R)


Creo mi general que el verdadero peligro para la Unidad de España no viene de las minorías separatistas, en mi opinión, está en nosotros mismos.
Sabemos que quieren ellos y como hacen uso permanentemente de aquel principio complementario de la vieja doctrina militar llamado “sorpresa” que recuerdo para los no iniciados: “emplear técnicas y añagazas desconocidas por el enemigo en momentos por él inesperados”. Lo hacen perfectamente. Lo tienen claro y en mi opinión, la iniciativa la llevan ellos aun siendo una minoría contrastada tantas veces, desde la ya lejana votación del estatuto, pasando por sus manifestaciones callejeras, hasta llegar a la charlotada jurídica de ayer.
¿Cuál es nuestro problema?… Por analogía diría que no tenemos la comunidad de doctrina imprescindible para conducir la defensa de la unidad. Fallan los principios fundamentales porque, aun suponiendo “voluntad de vencer” políticamente hablando, tanto en el Gobierno como la oposición alternante, se hace imposible la “libertad de acción” y la “capacidad de ejecución”.
Falla la “libertad de acción” porque en una democracia bipartidista la mayoría absoluta no es nunca decisiva a largo plazo cuando la oposición, aun con distinta filosofía política, no tenga una visión de estado común. Y eso no se da en nuestro sistema.
Ambos partidos reconocen imperfecciones en la Constitución y la necesidad de ciertos cambios, pero sus particulares visiones son antagónicas. Y eso hace que falle la “capacidad de ejecución”, porque como consecuencia de ello, es imposible concentrar los esfuerzos en una misma dirección, ni dar continuidad a la acción.
Cuando el mando no puede hacer sentir su voluntad mediante el fuego o la maniobra, sobreviene el fracaso y en este caso, para el político, sus fuegos son la ley y su maniobra la enmarca el derecho. ¿Cómo habría actuado el PSC de haberlo hecho así el Ejecutivo?
Ayer noche oí en TV a la representante del partido socialista catalán valorando el 9N y al igual que, con anterioridad, al Sr. Pedro Sánchez, seguramente de haber pedido la fiscalía cerrar los colegios públicos a las urnas, el PSOE se habría opuesto a ello alzando su voz en contra.
En mi opinión, este sistema, siendo como somos, nos lleva ineludiblemente a la ruptura en un futuro más o menos lejano. El antagonismo de los dos partidos alternantes es tal que viene propiciando desde hace ya cuatro décadas que los intereses generales de la nación se vean permanentemente relegados caminando incluso por el filo de la navaja del derecho. No saldremos nunca de la improvisación y del cortoplacismo y eso lleva al abismo a la nación porque inevitablemente su corolario final es la quiebra de la autoridad imprescindible para conducir grupo alguno.
La institución Fuerzas Armadas tiene asignado en el artículo 8 de la Constitución un cometido muy claro, pero el 97 impone la dirección del gobierno en la defensa del Estado. Mis dudas, porque no soy experto en derecho, es en qué momento la “legalidad de origen” queda anulada por la “ilegalidad de ejercicio” y que defensa prevalece si la de la Nación (garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional) o la del Estado que es su forma política definida en el artículo 1º.
¿Hay Instituciones que no pueden permanecer impotentes ante los desafueros? Esa es la cuestión.
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General, en mi caso se que los militares no están por un golpe de timón y lo que la Constitución por un lado les otorga, el desarrollo de las leyes por otro se lo quita, pero convendrá conmigo y millones de españoles que no es que solo estemos ante casos despreciables de corrupción y que nos están induciendo a un nuevo Frente Popular, estamos igual que en el 34, nada ha cambiado, en cualquier caso agravado.
Paro, miseria, hambre, corrupción y secesionismo galopante, y por si fuera poco, que sabemos que la justicia, no está en donde se le espera, tenemos el perpento inadmisible del )N jueces y fiscales ven medidas desproporcionadas «incautar las pruebas» la urnas y ordenadores, ¿son prevaricadores? hasta para un profano en leyes como yo, hemos visto, como una vez más la Ley «es negociable».
http://blogs.elconfidencial.com/economia/el-disparate-economico/2014-11-10/traicion-en-cataluna-y-expolio-a-la-clase-media_442936/.
Un cordial y afectuoso saludo
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Yo personalmente, llegué a pensar que Zapatero habia sido lo más nefasto que habia tenido España en su historia reciente, pero no se por qué tengo la sensación que Rajoy, con su inoperatividad y cobardia, lo ha superado.
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Un saludo y es cierto. Todo parece negociable. ¡Qué pena!
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Muy claro y preciso Enrique. Doctrina pura, militar y de la otra. Sabes como yo donde radica la respuesta a tu pregunta que haces con inteligente y sutil ironía.
En fin, Ejecutivo, Legislativo, Judicial. ¿Debería ir por ahí la respuesta a tu pregunta? Claro que sí eso es un revoltijo donde se abren puertas giratorias…
No sé, no sé….
Un abrazo.
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Ante tanta infamia, complejo, dejadez, pasotismo, mala gestión, permisividad, falta del sentido del deber,… y muchas más incongruencias, solo se me ocurre gritar: ¡¡¡ VIVA ESPAÑA !!! Y ¡¡¡ VIVA SU EJÉRCITO !!!
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Un abrazo
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