Profundo agradecimiento a mi admirado General Veterinario Retirado Excm.Sr. Luis Ángel Moreno Fernández-Caparrós, de su profesor en la Academia General Militar de Zaragoza en su etapa de «aspirino», por los muchos datos proporcinados de su documentadísimo libro «HISTORIA DE LA VETERINARIA MILITAR ESPAÑOLA», que va desde sus inicios,con las hipoambulancias de la campaña de África, hasta la contemporánea veterinaria castrense, pasando por esa cruz azul, como distintivo internacional, en la sección de camiones hipo móviles de evacuación y demás vehículos de la guerra civil española, sin olvidar su destacada actuación en la División Azul, donde al acabar la batalla del Vóljov, en la Orden General de la División, firmada por el General de Caballería Lindemann, comandante del 18º Ejército Alemán, hizo constar que Unidades de Veterinaria Española, también tomaron las armas no quedando atrás de las tropas combatientes ni en valor ni en decisión.
En toda mi vida, civil y militar, siempre estuve al lado del caballo. Profesor de equitacion en la Academia General Militar de Zaragoza; Capitán de Campo en la Yeguada Militar de Jerez de la Frontera; alumno de la Escuela Militar de Equitación de Madrid, y posteriormente al mando de la misma; jefe del 5º Depósito de Sementales de Zaragoza y más tarde del Centro de Reproduccioón Equina; Delegado de Cria Caballar en Aragón; jinete de saltos desde teniente a coronel; como jockey (gentlemen rider) en una de las mejores escuelas veterinarias que existen en España, el hipódromo de la Zarzuela de Madrid; presidente de la Federación Hípica Aragonesa; especialista en Cría Caballar; entrenador el equipo español de Pentatlon Moderno en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988….
Sí, estuve en maravillosos lugares donde la mayor parte del día solo hablabamos de caballos, es decir, de cosas vivas y concretas que olían a campo y sol, donde no se comprendía el absentismo, fenómeno social que como saben, trata de la fuga del campo a la ciudad. Al contrario, nosotros procuramos siempre ir de lo abstracto a lo concreto y por eso siempre nos planteamos el tema vivo campero, soleado y nervioso del semoviente.
Si, el caballo, lo que hoy todavía mantiene a pesar de nuestros plíticos destinados en la sede oficial el Parlamento Europeo de Estrasburgo, el nombre de nuestra querida España en el corazón de Europa, con el picadero de la Josef-Place de Viena, en la Escuela Española de Equitación, donde en el pasado nos requirieron nuestros sementales PRE (Pura Raza Españoles), con el fin de refrescar sangres y asegurar anatomías.
El caballo es una decantación de logros estéticos y filtraciones históricas y, que como tantas otras cosas, empezó como recurso de utilidad y hoy se ha convertido en deporte y ocio.
Dentro de ese mundo, lo del español, a pie y a caballo, siempre fue arriesgar, comprometerse, eludiendo defensas y ventajas, por eso popularmente se reserva la denominación exótica para todo lo que es hacer las cosas a medias o aliviándose. Así, convidar a la inglesa pagando a escote, no es convidar; despedirse a la francesa y marcharse «sans adieu» (sin decir adiós), no es despedirse. Pero «trotar a la española» sí es sentir el caballo, al hacer con él un bloque perfecto, sin introducir en el esfuerzo, el alivio que significa el tiempo en suspesión del británico aire.
Hoy me dirijo a mis amigos veterinarios, y con el convencimiento de saber que han elegido la más difícil de las carreras, intentaré contar nuestros encuentros, siempre desde el doble punto de vista militar y jinete.
Basándose en el magnífico trabajo que desde 1489 venían hacíendo los Herradores–Albeitares, en 1784 fueron enviados a la segunda Escuela de Veterinaria de Francia (la primera se creó en Lyon en 1762), en los alrededores de París en el Château d’Alfort, a fin de perfeccionar sus conocimientos, los mariscales D.Segismundo Malats y D. Hipolito Estévez que mandaban los Regimientos de Caballería Lusitania y Dragones de Alfambra. En 1788 regrasaron a Madrid y redactaron un plan de estudios, del que fueron ponentes ante el Consejo Real, el príncipe de Monforte Inspector de Caballería y el conde de la Cañada, Gobernador del Consejo de Castilla..
Hoy aquella Escuela Nacional de Veterinaria de Maisons-Alfort, es una de las cuatro escuelas que ofrecen educación veterinaria superior en Francia, está bajo la administración del actual Ministerio de Agricultura, Soberanía Alimentaria y Bosques francés, y como dato curioso hacer notar que tiene un centro de atención gratuito para los animales en peligro.
Más tarde los citados mariscales, por orden del Rey Carlos IV, son nombrados Director y Vicerector del recién creado Real Colegio-Escuela de Veterinaria, cuya primera ubicación fue próxima a la Puerta de Recoletos, en un edificio de la antigua Congregación de San Felipe Neri, localizado donde hoy se encuentra la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico, cerca de la actual Plaza de Colón. Hacía la número 16 de las escuelas entonces existentes en Europa.
Según Godoy: «Siendo yo ministro abrimos la escuela el 18 de octubre de 1793, empezamos con 42 alumnos, 30 militares y el resto civiles. La milicia, el Arma de Caballeria, la agricultura, la salubridad de los ganados, el comercio, la industria, y la trajinería sufrirían mucho por esta falta. (Otros historiadores lo fechan en el 23 de febrero de 1792).
Para el ingreso se pedía la fe de bautismo, certificado de buenas costumbres y según Zabala en su Historia de España, alguna tintura má o menos superficial de la lengua latina y algunas nociones de Lógica, Metáfisica y Moral…,no mucho más de lo que se exigía por aquel entonces para ingresar en cualquier facultad.
Hoy, como siempre, el tiempo no borra las muchas y buenas enseñanzas, las hace más bien innumerables y más reales, y las precipita, en una palabra, que creo nunca reciben suficientemente los que han sido maestros de nuestras vidas: ¡Gracias!.
Y es que Carlos IV, además de su afición a los relojes, mantenía la constante real de la dedicación a los caballos, y si no veamos cómo Alquier, primer embajador de Napoleón en Madrid, describía una jornada cualquiera del Rey de España: «Se levanta a las cinco en punto de la madrugada en cualquier época del año, oye dos misas seguidas, desayuna y baja a los talleres. Después va a las cuadras, acaricia a los caballos y habla familiarmente con los mozos y cuando está de mal humor, les pega con la fusta».
De aquel entonces nos llegaron tantas cosas… hasta el nombre de una de las capas de los caballos, el «Perla Isabela»,que es igual que la del bayo, cuerpo color amarillento, pero con los cabos -crin, tupé y cola- más claros o blancos, y la leyenda nos explica el origen de esta denominación: Cuando la princesa Isabel Clara Eugenia, duquesa de Brabante y condesa de Flandes, hija de Felipe II que llevó en dote a su matrimonio los Estados de Flandes, se encontraba allí al lado de su esposo el Archiduque Alberto, hizo voto de no mudar la camisa hsta la toma de Ostende, que dicho sea de paso, opuso una prolongada resistencia, y de resultas del color que tomó la tela en tan prolongado sitio adquirió el nombre de su dueña isabela.
Pero cuando se habla de historia no se puede galopar alegremente, sin grave riesgo de pecar de ligereza e inexactitud, por lo que me veo precisado a echar pie a tierra y seguir con el tema relacionado con el binomio veterinario-jinete.
La mala costumbre de no compartir bienes, ideas o sentimientos que puede existir entre el veterinario y el jinete es cuestión de punto de vista. Uno quiere, ante todo, nada más que la curación, el otro aprovecharse y llevarlo a la pista lo antes posible, pero la experiencia nos dice que la distancia entre ambos disminuye en proporcion de lo que cada uno sabe del oficio del otro.
Como tengo el convencimiento de que no existe profesión más difícil, pues solo teneís los elementos de juicio que proporciona el examen y la obsevación del caballo enfermo, sería muy conveniente que ámbos nos uniésemos para atajar sus males, y hacer frente, entre otras cosas, al sórdido refrán hípico a este respecto: «Si te quieres arruinar, compra caballo para curar».
En medicina si el enfermo va al médico y no le habla, ni le dice donde y cuando le duele… lo que realmente necesita ese enfermo mudo es un veterinario, pues eso.
Hoy en la alta competición, al trio: caballo, jinete y veterinario, se ha sumado el mozo o moza de cuadra (llamado groom), donde hay mayoría de mujeres. Tienen una gran importancia por ser quien mejor conoce al caballo al pasar la mayor parte del tiempo con él. No se limitan únicamente a la limpieza, sino que abarcan la gestión integral, el bienestar, la salud, acompañar en los transportes, tomar parte de la preparación física y estética del caballo o yegua. Detectan los posibles cambios de comportamiento, atienden al caballo antes y después de la competición, coordinan las visitas del veterinario y herrador, controlan y cuidan la distribución de las raciones alimenticias, el mantenimiento de equipos, los cuidados básicos de salud (detección de cólicos o heridas) .
En Francia su formación, que tiene una duración de dos años, se desarrolla dentro del IFCE (Instituto Francés del Caballo y de la Equitación), que cuenta con dos sedes principales: Haras du Pin (Normandía) y Saumur (País del Loira), y desde 2010, tienen entre sus objetivos convertir a los aspirantes en mozos de cuadra internacional. Son las caras que casi nunca se ven, pero que siempre están ahí, al pie del cañón.
En Inglaterra, la institución de referencia para la obtención del título, es la British Horse Society (BHS), situada en Stoneleigh Deer Park cerca de Birmingham, donde ofrecen títulos reconocidos mundialmente, desde niveles iniciales hasta el BHS Groom Certificate avanzado, enfocados en el cuidado profesional, manejo y bienestar del caballo de deporte. Es la referencia para trabajar como mozo de cuadra a nivel internacional en el circuito de la alta competición.
Con parecido criterio, y con su gran autoridad, lo exponía el célebre veterinario francés Marcel Jacoulet, que siendo profesor de la Escuela Militar Francesa de Caballería de Saumur, en 1896, les decía a sus compañeros veterinarios desde las columnas del Boletín de Medicina Veterinaria: «¡Cuanto más eficaz sería nuestra misión, más completa y agradable, si con nuestros medios científicos estudiáramos el caballo practicándolo o al lado del que lo monta!! Mi convicción es que, en vosotros, el jinete debería igualar al veterinario.
Veterinarios y militares tenemos mucho en común, empezamos juntos allá por 1800 y puede que sea hoy cuando más alejados estemos, acerquémonos ya, no tardemos tanto como en la toma de Ostende, pues corremos el peligro de que el color rosa optimista, se transforme como entonces en «perla isabela».
Desde el 15 de junio de 1845, fecha de creación del Cuerpo de Veterinaria Militar, fue la reina Isabel II la que firmó el decreto fundacional que el general Narváez le presentó, la colaboración de las Fuerzas Armadas con la veterinaria, se extiende hasta nuestros días, ejercida principalmente por veterinarios militares de gran prestigio, tales como Castejón, Respaldiza y Ovejero, por citar solamete, a guisa de ejemplo, a profesores ya desaparecidos.
Hoy en España prestan servicio unos 130 veterinarios militares, de los que el 13% son mujeres. La primera mujer oficial médica veterinaria se incorporó a filas en 1989.
Que estas reflexiones sirvan de colofón a todos esos años, que pasaron como galopada en campo abierto, en los que fui feliz montando a mis caballo, y en los que no tuve problemas con ninguno de los muchos veterinarios que conocí.
Y con eso lo digo todo.
Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver.
Zaragoza marzo 2026.
Blog: generaldavila.com

























