España en el mundo, su grandeza y la automutilación HERMANN TERTSCH

HOY ESCRIBE CON NOSOTROS

HERMANN TERTSCH

¿Es necesario presentar a Hermann? Ustedes lo conocen de sobra. Un valiente. No es fácil en los tiempos que corren enfrentarse a la verdad sin tapujos ni mediocridad. Hay que contar lo que se ve y lo que se sabe con la convicción del que conoce lo que cuenta y sabe contarlo. Hermann Tertsch del Valle-Lersundi, nos hace el gran favor de la veracidad. No corren tiempos buenos para la verdad. Ni para las ganas de asumir el coste de contarla.

Fue corresponsal en Viena, Bonn y Varsovia en tiempos difíciles; enviado especial por todo el mundo, conoce a fondo Europa, los complejos trasfondos de aquella Europa dividida… y de la actual. Con seriedad. Entre otras cosas las guerras yugoslavas que nos retrotraen a un mundo demasiado próximo como para no aprender sus lecciones.

Fue subdirector, corresponsal, enviado especial y analista de El País, ha pasado por prácticamente todas las televisiones y radios como tertuliano o comentarista, dirigió el informativo de autor de Telemadrid y desde hace una década escribe en ABC siempre enfrentado a toda corrección política y a la desmemoria…

Escritor profundo, entre sus libros nos deja “La Venganza de la Historia”, “Libelo contra la Secta” o “Días de ira”, novelas como Cita en Varsovia, acusada personalidad y la entrega a su lucha por la libertad. Se lee y relee con placer y asintiendo constantemente.

En su artículo nos deja escrito lo que muchos pensamos y no sabemos expresar. Lean despacio. Saquen conclusiones y divulguen. Emocionante y vibrante. Párrafos para aplaudir al terminarlos. Les va a gustar.

Gracias amigo Hermann por tu generosidad. Nos gustaría seguir contando contigo.

 

España en el mundo, su grandeza y la automutilación

Los sentimientos cotizan muy baratos en estos comienzos del siglo XXI. No solo en España. Una mayoría en las nuevas generaciones en el mundo desarrollado solo cree en sus derechos individuales y en la razón incuestionable de sus emociones personales. Que priman sobre los hechos, tantas veces sobre el derecho y siempre sobre el sentido común. El presente que hemos construido -o hemos dejado que se construya- con la chatarra cultural del neomarxismo reciclado en sesentayochismo y posmodernismo se basa ante todo en el desprecio al pasado. Y por supuesto de la resultante manipulación de la historia para adecuar el relato de lo sucedido como convenga a lo que se pretenda que acontezca en el presente para definir el futuro. Los hechos se equiparan a opiniones. Y todo es maleable, modulable y transformable por la voluntad política. El relativismo ha calado ya tan profundamente en la forma de pensar de nuestros contemporáneos que lo mismo vale una revelación mística que la alegría por un gol del equipo favorito, el cariño a un perro que la defensa de la familia, un piano Bösendorfer que una flauta ovejera, Mozart que Wyoming, las opiniones de Gregorio Marañon, Isaiah Berlin o Karl Popper que las de Alberto Garzón o Bibiana Aido. Vale menos la vida de un niño no nacido que la de una colonia de ranas, menos las víctimas del comunismo que víctimas de accidentes, menos el honor que la fama, la honradez que el éxito, el medro que el prestigio, el capricho que el compromiso, menos el patriotismo que la pasión por un cantante o el equipo del barrio.

Creer en que estamos todos hechos a imagen de Dios confería durante siglos la inviolable dignidad al ser humano que ha sido decisiva y necesaria para “pensar” nuestra civilización judeocristiana hacia la sociedad de hombre libres que pretendemos ser. Hoy, sin dios, todos han pasado a considerarse su propio dios caprichoso, lo que excluye el sacrificio, desde el más pequeño al supremo que sería la entrega de la vida por algo que creemos superior a nosotros, nuestro Dios o nuestra Patria. Con todas las excepciones que se quiera, los jóvenes en el Primer Mundo no contemplan ningún sacrificio que no pueda interpretarse como inversión. Y sin sacrificio asumible por una masa crítica deje deja de ser defendible y posible la libertad, la soberanía, la propia Nación y Patria.

Eso es así en todo el mundo occidental y particularmente en Europa. Como tantas veces en la historia, en España las evoluciones políticas y culturales perversas se presentan a veces prematuramente, a veces con retraso, pero siempre de forma especialmente aguda. La chatarra neomarxista de la escuela de Frankfurt que hoy domina culturalmente el mundo occidental, ahora ya con formas de expresión tan dramáticas, violentas y totalitarias como es la corrección política, nos llegó tarde a España por avatares del siglo XX. Pero cuando lo hizo fue con redoblado impulso debido a una transición de la dictadura al sistema de partidos que muy pronto quedó dominada por la mentira. Que es precisamente el mejor alimento de ese mantra hegemónico que sostiene que la realidad y el hombre son transformables de forma prácticamente ilimitada, que no tiene ni alma ni núcleo esencial sino es un animal más moldeable de principio a fin. Toda la izquierda ha asumido ese mensaje del hombre transformable

En España ha sido letal para la libertad y el pensamiento, para la probidad política, la mentira antifranquista por la que se rompió el pacto de la Transición que asumía que las dos Españas habían sido culpables de la tragedia del fracaso de la república y la guerra. Muy pronto, la izquierda comenzó la manipulación histórica que convertía al Frente Popular en una fuerza democrática, a la república en un régimen impecable y a las fuerzas que se levantaron contra la república como un mero manojo de militares fascistas con cuatro curas y Hitler. Con esa grotesca simplificación se avanzó rápidamente hacia la plena caricaturización aunque tuvo que llegar en 2004 Rodríguez Zapatero, el peor felón en la historia de España desde Fernando VII, para imponer ya la radical mentira de la España buena “demócrata” y la España mala “fascista”. La cobardía de la derecha española, acomplejada esta y aterrorizada por la mera idea de ser tachada de “franquista”, facilitó la imposición de aquella mentira como la verdad incuestionable. Bajo riesgo de ser señalado y represalias social y políticamente.

El miedo a ser tachados de franquistas y ser marginados sirvió como instrumento de eficacia implacable. El riesgo era cierto. Paulatinamente todo el que defendía una visión de la historia mínimamente alejada de la mentira quedaba expuesto y represaliado. Y todos comenzaron a refugiarse en el mantra antifranquista. De aquel “Todos somos de derechas” que ridiculizó Mingote pasamos a “Todos fuimos antifranquistas”. Todo lo que había que desacreditar era “facha” y todos hacían lo indecible por no ser tachados de fachas. Así se fue “escribiendo” una nueva “historia” con las más obscenas falsedades que todos asumieron por el bien de la armonía y por miedo a significarse en oponerse, aun conscientes de la mentira. Trágico y decisivo fue que en la “España buena” de la mentira antifranquista estaban los nacionalismos periféricos, esos inventos decimonónicos -catalán y vasco especialmente-, surgidos al rebufo del romanticismo y el carlismo. Los nacionalismos, esencialmente antiespañoles y por tanto obligadamente desleales a la Nación, consiguieron un estatus especial de consentimiento y privilegio que jamás habrían tenido en otro país. Cierto que en parte a lomos de la violencia terrorista. Como conseguidores de mayorías fueron logrando por negociación y chantaje que los partidos grandes españoles asumieran ya como hábito el entregar parcelas de soberanía a cambio de votos en Madrid. Lo cual garantizaba además la aceptación de su mensaje hostil a España que siempre se reforzaba con la identificación de España con Franco y el franquismo.

La izquierda hizo suyo el mensaje antiespañol muy pronto. Adoptó su lenguaje y llevó su complicidad con los nacionalismos hasta adherirse a la militancia que consideraba cualquier expresión de la Nación es sospechosa de ser “franquista”, “nostálgica”, “casposa”, “autoritaria” o lo que fuera. Hay cien mil epítetos insultantes y descalificadores utilizados por la izquierda como por los nacionalista contra España como nación, contra su historia y sus símbolos. La hegemonía de la izquierda en los medios, graciosamente fomentada por la derecha, hizo el resto. Nada es explicable sin el derrotismo, la indolencia y la cobardía de la derecha española. El entreguismo del PP a la idea dominante nacionalista tanto en Cataluña como el País Vasco tuvo efectos devastadores. La entrega de la educación en estas autonomías al mensaje separatista y antiespañol se complementó pronto con la idea antiespañola y cada vez más revanchista de la educación pública bajo la hegemonía de la izquierda en el resto de España. Así han crecido dos generaciones en el desprecio a la Nación Española. En su identificación con todo lo que se les presentaba como despreciable y condenable. Después llegó la Memoria Histórica y ahora se avanzan otras leyes como la LGTBI para completar el blindaje de las mentiras y la amenaza a todo intento de articular verdades históricas o presentes. Pero la deriva de la mentira ha llegado a su fin por pleno agotamiento. Las fuerzas antiespañolas habían llegado ya al punto en que su siguiente paso lógico era la muerte de la Nación Española, la ruptura de España que ahora mismo intentan. Todo esto no es irreversible pese a que a simple viste a mucho se les antoje. La posibilidad de que se produzca una enmienda general se nutre de la certeza de que seguir por esta senda nos lleva a la catástrofe. Por eso no debe excluirse que comience un movimiento pendular hacia la verdad y la liquidación de estas servidumbres a ideologías extremistas que corrija esta bárbara evolución que tuvimos. Por supuesto que llevará mucho tiempo si acaso se logran. Lo cierto es que todos los españoles están llamados a ello porque que todos somos responsables en alguna medida. Nuestras desgracias nos las hemos ganado a pulso. Por cobardía, frivolidad, falta de honradez intelectual o no.

Es una labor primero de líderes reales y después de dos o tres generaciones de políticos convencer a los españoles, también en Cataluña y en el País Vasco, de que no hay perspectiva más noble, atractiva y gratificante que recuperar la convivencia sobre la ley, la verdad y la unidad en el suelo patrio de España. Que es una de las naciones más relevantes y sin duda la nación que mayor labor civilizadora -solo quizás comparable a Roma- ha tenido en la historia de la humanidad. La Nación española ha sido capaz de las mayores grandezas, de esa mayor gesta colectiva de la humanidad que es el Descubrimiento y la Conquista de América. Y de las mayores miserias como sus enfrentamientos cainitas y su automatización frívola e irresponsable. España ha sido siempre su peor enemigo. Que nunca ha sido leal y agradecida a sus mejores defensores. Y que ha promovido como ninguno de sus rivales la Leyenda negra que ninguneada sus mejores logros y magnificaba sus errores y abusos. En ese sentido, el proceso de autodestrucción inaudito que ha vivido España en estas décadas de bienestar material y libertad es reflejo de otros anteriores. Probablemente España hoy corra un peligro de autodestrucción como nunca desde 1808. Nunca tuvo tantos enemigos internos movilizados. Y unos defensores tan poco resueltos y conjurados entre sí. Con todo, hay pocas naciones con tantos recursos para una reactivación de su vigor histórico.

Formado en una casa en varias lenguas, abuelos de orígenes diversos y enorme vocación histórica por padre y madre, he tenido una formación alemana con la historia austriaca y centroeuropea como trasfondo al tiempo que he disfrutado de mi madre, hija de una vieja familia española y vasca que me inculcó siempre el amor a una patria, España, con sus debilidades abismales, sus grandezas conmovedoras y su vida de pueblo sabio de romanización temprana y vida tan trágica como dramática. Con mi nombre raro, germanizado de origen eslavo, muchos enemigos míos me creen recién llegado y no saben de mi madre Felisa del Valle Lersundi ni nuestros orígenes vascos, luego españoles, documentados desde hace muchos siglos. Ambos, padre y madre, me enseñaron a querer lo propio sin odiar lo ajeno, a nada ni a nadie. A saber que los seres humanos somos capaces de lo mejor y lo peor y hay que luchar porque lo peor no sea posible y lo malo evitable. A emocionarme con los lazos íntimos entre quienes tenemos un pasado común, una cultura común, un sentido cristiano de la trascendencia, seamos o no creyentes. Para una reactivación del citado vigor histórico de España es necesario primero la convicción de que las otras sendas nos deparan catástrofes. Y la voluntad de defender estos valores, legado de nuestros antepasados que tenemos el deber de ceder enriquecidos a nuestros descendientes, ese hogar del espíritu que se llama Patria.

Hermann Tertsch

Blog: generaldavila.com

 

LA JURA DE BANDERA General de División de IM. Juan Chicharro Ortega (R.)

El próximo día 21 de octubre los Caballeros Cadetes de primer curso de la Academia General Militar pondrán a Dios por testigo, o prometerán por su honor,  obedecer y respetar al Rey y a sus Jefes, no abandonarles nunca y derramar, si fuera preciso, en defensa de la soberanía e independencia de la Patria, de su unidad e integridad territorial y del ordenamiento constitucional, hasta la última gota de su sangre.

Todos los años se celebra el mismo ceremonial, más este año reviste para el que les escribe una circunstancia especial porque entre los jurandos se encontrará , Dios mediante, un vástago de mi sangre : un nieto. Sí, un joven casi imberbe que pudiendo haber encaminado su vida por otros derroteros más confortables ha decidido dedicar su vida al servicio de sus conciudadanos, por su Patria, en el ejercicio de las armas. Luce ya esos cordones rojos que ya portaron sus ancestros hace más de 150 años y  seguro que desde el cielo experimentaran la satisfacción de ver como se perpetúa su legado.  Un legado regado con sangre, vertida en Cuba, Marruecos y, también, en las estepas rusas. Algunos cayeron tan jóvenes que ni siquiera alcanzaron la edad del presente Caballero Cadete. Lucharon y murieron por una España mejor y, hoy, cuando vemos que España se debate de nuevo ante enemigos deseosos de romper nuestra vieja nación, el impulso de su recuerdo, el de que su sacrificio no fue en vano, nos da alas y fuerzas para desde el puesto que hoy ocupamos seguir en la brecha firmes e inasequibles al desaliento en la defensa de la unidad de España.

El patriotismo, el amor a nuestra tierra, el respeto al legado de nuestros padres, no es para nada patrimonio de  los que vestimos uniforme. Ni muchísimo menos y buena prueba de ello la estamos observando en este humilde BLOG donde a lo largo de este mes de septiembre han podido Vd,s leer, artículo tras artículo, como relevantes personalidades de la sociedad civil : periodistas, embajadores, deportistas, políticos y más de un militar, nos han aleccionado y dado muestras de su amor a España. Gracias a todos ellos. Tomamos buena nota de su ejemplo.

JURA DE BANDERA

Ante la próxima Jura de Bandera, citada al principio de estas líneas, el veterano y retirado soldado procede a desempolvar el viejo uniforme y las humildes condecoraciones ganadas a lo largo de 45 años ininterrumpidos de servicio a España, en tierra y en la mar. Imposible no relacionar esta tarea con viejos recuerdos de camaradería y recordar las caras de aquellos soldados con quienes  un día compartiera riesgos y sacrificios, aquí en España pero también en Africa, América o Centroeuropa. Larga es la hoja de servicios de un veterano, más por viejo que por otra cosa, pero es imposible olvidar que siempre lo hacíamos pensando en nuestra Patria, simbolizada por nuestra Bandera, esa que hoy ultrajan impunemente en algunas zonas de nuestro territorio nacional. Al viejo soldado que todo lo ha dado, mejor o peor, por lo que simboliza esa enseña roja y gualda, se le rompen las entrañas ante lo que ve. La traición de unos y la desidia de otros nos ha llevado a una situación que jamás pensé pudiera llegar a ver. Y recuerdo aquellos magníficos soldados catalanes y vascos que tuve a mis órdenes tantas veces en unidades de buceadores y la gallardía de los marineros gallegos y a tantos otros  de todas las regiones de España quienes apartados de su vida familiar por el servicio militar, que entonces imperaba, todo lo daban sin queja por la Patria común. Políticos sólo atentos a la cosecha de votos para su interés partidista lo destrozaron todo y ese amor a España que les inculcábamos, ¿dónde está? ¿En qué fallamos?

Hace días escribía en esta página un artículo titulado “¿Dónde estás España que no te veo? y me preguntaba dónde están los españoles que forjaron aquella Patria que un día conquistó el mundo.  Hoy, veo un leve resurgir y buena prueba son aquellos que escriben este mes con nosotros y también en otros medios, más todos nos vemos inhábiles ante la traición manifiesta del Gobierno catalán en rebeldía. El Gobierno con el Sr. Rajoy a la cabeza parece despertar e insta a la justicia a actuar pero tal parece que es ya tarde y lo vemos cuando todas estas disposiciones judiciales son simplemente ninguneadas; pero si incluso el TC que ha admitido a trámite las leyes sediciosas se niega a inhabilitar a los autores dejando claro el msg  al Sr. Rajoy: a ver, mójate tú de una vez y deja de ampararte en nosotros.

El día 21 de octubre acudiré, Dios mediante, a la jura de Bandera de mi nieto y no sé cuál será la situación entonces pero en cualquier caso tendré en mi mente con esperanza las palabras del Gral. Franco cuando se disolvió la AGM al advenimiento de la II República : “la máquina se deshace pero la obra queda” y la obra serán/son esos 200 cadetes que besarán nuestra Bandera.

General de División de IM. Juan Chicharro Ortega (R.)

Blog: generaldavila.com

Abuelo, ¿Por qué lloras? Antonio de Jesús Ulled Merino

Hoy escribe con nosotros

ANTONIO DE JESÚS ULLED MERINO

Arquitecto superior. Escuela Técnica Superior de Arquitectura 1968-1975. Universidad politécnica de Madrid.

Experto en Planificación Urbana, en Edificación Asistencial y en Arquitectura y Reingeniería Sanitaria.

Ha sido Profesor titular por oposición libre de la Teoría del Dibujo en Instituto de Formación Profesional del Ministerio de Educación.

Autor de varios libros profesionales entre los que destacan:

-“MADRID: de la restauración singular de un edificio a la rehabilitación integral de la ciudad”.

-“Algunos estudios integrales de restauración”.

-“Recuperación histórica de edificios para usos turísticos. La experiencia española”.

Con una gran experiencia en el mundo de la arquitectura y empresa hoy se adentra en la gran preocupación que a cualquier español de bien preocupa y ocupa: la independencia de Cataluña.

De manera sencilla, vibrante, nos ofrece un relato que esperamos les llegue a emocionar como a nosotros. En este blog tenemos la norma de ser breves en los artículos, pero hemos hecho esta excepción porque estamos seguros que el cuento de don Antonio, por su intensidad, se les va a hacer muy breve. Lo van a sentir de principio a fin.

 

ABUELO ¿POR QUÉ LLORAS?

“El futuro no está escrito, porque sólo el pueblo puede escribirlo”

(Adolfo Suárez, 10 de octubre de 1976, Presentación del proyecto de la Ley de Reforma Política)

-Abuelo, ¿Por qué lloras?

-¡Qué cosas tienes Daniel! No estoy llorando, solo me lagrimean los ojos desde hace unos días.

-¡Venga ya, abuelo! Dime que te pasa.

-Ven aquí, Daniel. Siéntate un rato en silencio a mi lado y mira esta belleza que nos circunda.

Estaban sentados en la terraza sur de la casa que el abuelo había comprado cuando se jubiló y decidió apartarse lo más posible de ese mundo que ya no entendía ni le interesaba. Era su rincón preferido porque desde allí podía ver salir el sol por detrás del Peñón y ponerse tras las montañas que formaban una muralla de norte a sur de la cala, su cala.

Daniel se acomodó en la butaca cercana al abuelo mirando el cerco rojo que coronaba en ese momento el perfil montañosos que protegía ese rincón mediterráneo que su abuelo había descubierto un verano en uno de sus largos paseos, esos que aún gustaba hacer a pesar de su edad, sus rodillas, sus pies y otras limitaciones, que no eran pocas.

El chico sabía que cuando su abuelo le invitaba a sentarse a disfrutar de un momento de silencio realmente le esperaba una larga charla que por lo general le cautivaba y envolvía. A Daniel le gustaba estar con su abuelo.

-¿Sabes hijo? Hoy hace quince años que no hicimos lo que teníamos que haber hecho y que fue el inicio de lo que hoy somos aquí. Extranjeros en nuestra propia tierra.

Cuando compré esta casa vivíamos –con eso quiero decir todos los españoles salvo unos pocos, muy pocos- orgullosos de lo que habíamos conseguido, y te aseguro que teníamos razones para estarlo.

Mi generación nació muchos años después de la guerra civil que desagarró a los españoles y vivió toda su juventud bajo el férreo control de los diversos gobiernos del General Francisco Franco. De eso ya hemos hablado otras veces. Aunque esos gobiernos fueron abriendo la mano y tolerando una vida más próxima a lo que se vivía en el exterior todos sabían que al fallecimiento del General era necesario encontrar una salida pacífica que nos permitiera incorporarnos a todas las organizaciones occidentales dejando atrás definitivamente ese cruel enfrentamiento entre hermanos. Pero no era tarea fácil, nada fácil y todos teníamos miedo y preocupación.

Sin embargo, la inteligencia del General o de sus consejeros o de todos ellos les hizo negociar con el heredero natural de la Corona Española, Don Juan, su abdicación en su hijo Don Juan Carlos e inventarse una forma de gobierno que diera continuidad al existente al fallecimiento del General. Y así fue como comenzó lo que hemos llamado La Transición, con la generosa renuncia de un gran hombre a sus derechos.

Fuimos capaces todos los españoles, al ver ese generoso acto y conducidos por unos hombres excepcionales, de sacrificar algunos de nuestros ideales e ideas para lograr ponernos de acuerdo y recrear de nuevo España. Unos habíamos corrido delante de los grises –recuerda que ya te conté una vez que llamábamos así a los policías nacionales por el color de su uniforme- perseguidos por asistir a manifestaciones legales –todas lo eran-, otros habían estado en la cárcel o perseguidos por pertenecer al partido comunista u otras organizaciones ilegales –todas lo eran- y otros eran franquistas convencidos conformes con el Régimen.

Pues todos conseguimos ponernos de acuerdo y escribir una nueva Constitución que nos sirviera de paraguas a todo el espectro de colores que era nuestra patria España.

-¿Y los franquistas aceptaron eso?

-Sí. Y realmente se ha hablado siempre poco de ellos pero en realidad fueron, por obligación o convicción, los más generosos pues, dicho de forma gráfica, se hicieron el “harakiri” cuando en la última sesión de Las Cortes franquistas votaron su disolución y abrieron el camino a las primeras elecciones democráticas de España después de 40 años de …, déjame que lo llame así, dictadura.

-Pero, entonces, ¿qué pasó?

-No nos dimos cuenta. Fuimos generosos pero también cobardes ante la idea del fantasma de la guerra civil y el enfrentamiento.

-No entiendo, abuelo. ¿Tuvisteis miedo de los franquistas?

-No nos dieron miedo los franquistas aunque hubo unos meses de acciones violentas en las calles por parte de grupos de ultraderecha. Quisimos que las partes de España más beligerantes, Cataluña y País Vasco, no se opusieran y se plegaran a la Constitución y les concedimos mucho más de lo que debíamos haberles dado. En la propia Constitución sembramos sin intención las semillas de la discordia.

Luego, durante decenas de años, todos los partidos centralistas, tanto de izquierdas como de derechas, por conveniencia política y de estabilidad de su propio gobierno y mera supervivencia personal de sus líderes, no pararon de hacer más concesiones a esas dos autonomías, cediendo vergonzosamente el control de las llaves de la puerta principal.

-Quieres decir que no supieron gobernar sin ceder … -el abuelo se anticipó sin dejarle terminar.

-Se les dio el control de la cultura, de la educación, la sanidad, la justicia, la policía, la seguridad … Todo o casi todo, pero querían más.

-Y ¿Por qué lo permitisteis?, ¿Por qué el pueblo lo permitió?

-No se lo permitimos. Fue mucho peor. Se lo concedimos los españoles con nuestra pasividad y aborregamiento de una sociedad acostumbrada al bienestar social a la que le aterraba perder sus privilegios. Nos dejamos engañar por el gobierno central de derechas, por la oposición de izquierdas y por la perversa y astuta trama que los separatistas catalanes habían urdido durante muchos años.

La derecha y su barbado líder quiso usar, y lo hizo hasta el final de su gobierno y su vida política, un talante caballeroso y repitió hasta la saciedad que todo lo tenía controlado su gobierno, que no habría división de la unidad de España y que responderían siempre a las amenazas separatistas con  proporcionalidad y conforme a la ley. ¡Menuda estupidez, hijo!

Y la izquierda quiso nadar y guardar la ropa en los diversos territorios de España con lo que su discurso era siempre fragmentado y falso con lo que se inventaron un nuevo concepto. Para justificar que defendían la unidad de España al mismo tiempo que apoyaban a determinados partidos separatistas crearon el concepto de la plurinacionalidad española. Aún sigo intentando entender que demonios querían conseguir con esa majadería. ¡Qué pobreza de líderes en la izquierda! Sí, tienes razón, no me mires con esa cara de reproche. En la derecha tampoco florecieron lumbreras. Y así nos fue.

Mientras en ese juego de ambos extremos los nacionalistas forjaron acuerdos con grandes grupos de inversión, industriales y financieros, con el apoyo de un conocido magnate centro europeo sin patria y sin escrúpulos.

El gobierno de España y la oposición aseguraban que Cataluña saldría de la Unión Europea y que Naciones Unidas no la reconocería como nación si se declaraba independiente de forma unilateral –bonita manera de esconder la sedición en el discurso galante del gobierno- y la Generalitat respondía que eso era falso y entraba intencionadamente en la discusión cuando en realidad sus planes eran bien distintos.

Por eso reían los dirigentes catalanes separatistas cuando les acusaban de no ser realistas, de que Europa no les aceptaría, que se quedarían fuera del euro, que les iría muy mal, y bla, bla, bla.

Paró el abuelo un rato pues de repente le preocupó estar aburriendo a su nieto con estas historias que sucedieron cuando era un bebé. Le miró y sonriendo le hizo un gesto indicándole que le echara un poco de agua de la jarra. Bebió un largo trago y tras observar que Daniel seguía con atención la historia prosiguió.

-Tenían los muy canallas una hoja de ruta muy bien analizada y elaborada hasta el último detalle y escondieron sus cartas hasta el último instante, cuando ya era irremediable el cacareado y por ellos siempre pretendido choque de trenes. Y ya lo creo que chocaron.

-Sin embargo, abuelo, al final estamos bien ¿no?

-Si con eso quieres decir que nuestra familia, y en general la mayoría de los españoles –los que quedamos- tienen trabajo, llega a fin de mes, se puede ir de vacaciones como ahora tu mismo, e incluso puede permitirse algún que otro dispendio, que el paro en España –insisto lo que ha quedado de ella- y los otros tres o cuatro países ahora independientes y que se desgajaron uno tras otro de aquella, se ha igualado al de Europa y que la economía crece de forma razonable, te respondería que tienes razón, que estamos bien.

-¿Entonces?

-Tu, Daniel, como el 30% de los españoles hoy, has crecido en este periodo de cambio y lo que fue España te es muy lejano y lo sabes más por lo que yo te cuento que por lo que te enseñan en la escuela y dicen los libros de texto pues todos quieren ahora tapar la verdad y desean olvidar y que olvidemos la vergüenza de lo que sucedió y desde luego no quieren mancharse ni siquiera con el recuerdo. Pero como sabes porque me lo has oído decir muchas veces “Vox veritatis non tacet”. ¿Te acuerdas qué significa?

-¡Claro! –respondió orgulloso el chaval- La voz de la verdad no se esconde.

-¡Exacto! –dijo más orgulloso aún el abuelo- pero ellos lo ignoran.

Para mi, y estoy seguro que para tus padres, es muy penoso cada vez que venimos a esta casa que tengamos que hacerlo pasando dos fronteras, cambiar de moneda, de ese euro que dijeron los mentirosos que nunca perderían, a esta estúpida moneda que se inventaron ante lo inevitable, el doblón catalán, y los otros el florín valenciano o el impronunciable urrezko dolarea.

O el tener que entenderme en inglés con gente nacida en la tierra de mis abuelos, tus antepasados, porque les prohibieron la enseñanza del español.

O que todos los años se nos penalice por tener propiedades aquí sin aceptar su tonta nacionalidad y sin renunciar a ser de España.

O que nuestra bandera esté prohibida incluso para uso personal y dese luego no admitan que ondee en ningún mástil de instituciones o entidades.

O que …

Y cada vez que seguía relatando esos agravios se iba excitando hasta el punto de que Daniel se dio cuenta que esa tensión lo devoraba por dentro y armándose de valor le interrumpió.

-Abuelo, lo he entendido y comprendo tu enojo pero cálmate por favor.

Algo más calmado pero con evidentes signos de cansancio el abuelo continuó.

-Hemos destruido 500 años de historia y hemos hecho renacer reinos de taifas regidos por mediocres gobernantes a los que solo priva su poder y control de las tierras que han hecho suyas.

Hablo en plural, hijo mío, porque me siento tan responsable como esos necios del gobierno de 2017 y su oposición de pacotilla. Opuestos solo para echar al otro de sus sitio y ocupar su lugar. Poco les importaba o eran capaces de ver lo que se nos venía encima.

Suspiró largamente el anciano observando los grandes y bellos ojos de expresiva comprensión de su nieto, y tras exhalar completamente el aire de sus gastados pulmones le susurró si no se encontraba cansado de escuchar estas viejas cuitas que sucedieron al poco de su nacimiento.

-Para nada, abuelo. ¿Quieres que te traiga tu cafetito?

-Estaría bien. Dormir bien es de las pocas cosas que la vida no ha conseguido arrebatarme y ya sabes que aunque me tome café a esta hora –miró su reloj de cadena- al filo de la medianoche, diría que casi me ayuda a dormir, y si me lo acompañas con un chupito de …

-Ya se, ya se abuelo. Ahora vengo, pero no te me duermas.

Al quedarse solo intentó cerrar los ojos queriendo recordar esos turbios años que vinieron tras la declaración de independencia de Cataluña pero la belleza de los azules que la luna llena de septiembre pintaba en el cielo y en las tranquilas aguas del mar dejando en la sombra al Peñón que cobijaba bajo su manto de grises el pequeño puerto le ensimismó en los recuerdos de la primera vez que pasó con su esposa una noche en la casa recién adquirida.

Pasó unos minutos acariciando con la vista el ficus benjamina que su mujer trajo de la capital donde languidecía en un tiesto en el interior del salón y ahora, casi veinte años después, se había convertido en un bellísimo árbol rodeado en cortejo alegre por unas exuberantes buganvillas malvas, blancas y azules. ¡Qué tiempos! Se dijo cuando ya se acercaba su nieto con dos tazas de café y un chupito en una gran copa helada con su Courvoisier. Había tomado la costumbre de despedir cada día, que podía ser el último, aunque fuera tan tarde como esa noche con un sorbito frío de su coñac preferido. Creía recordar que lo tomo así por primera vez en su primer viaje a Moscú. Le ayudaba a dormir.

-Entonces, abuelo … -y dejó en suspenso la frase.

-Pues se nos fue todo de las manos. Los separatistas catalanes declararon la independencia después de tres acontecimientos económicos de primer orden y que tenían perfectamente preparados.

El financiero europeo que te mencioné al principio, que sin piedad presumía de haber derrocado gobiernos, haber hecho caer a monedas fuertes intocables y provocado terremotos financieros de efectos internacionales haciéndole aún más rico, pudo entonces ponerse otra medalla. Iba a conseguir destruir un pueblo de 500 años de historia y crear 3 o 4 países vecinos que por supuesto le rendirían pleitesía por la ayuda prestada – a alto interés por cierto.

Tres días antes, con gran montaje escenográfico y repercusión en medios, se confirmó que Barcelona sería la nueva sede europea de varios bancos internacionales de Asia, América e incluso de varios bancos suizos que nunca habían salido de su pequeña tierra.

Dos días antes y de igual manera se anunció que varias empresas de Silicon Valley iban a invertir auténticas fortunas en un nuevo complejo tecnológico donde se crearían institutos y universidades ligadas a la Pompeu Fabra.

Y un día antes el propio presidente de la Generalitat anunció que cuando Cataluña consiguiera ser independiente –calló lo que ya sabía pues la fecha estaba decidida- se convertiría en una república fuera de la Unión Europea, a la que renunciaría expresamente, con fuertes lazos e intereses compartidos con países como Andorra, Suiza e incluso probablemente el Reino Unido, convirtiéndose en un nuevo paraíso financiero.

A estos tres mazazos ni el gobierno de España del torpe PP ni la inculta zafiedad de los líderes de la oposición supieron reaccionar de modo que cuando el 27 de septiembre de 2017 se asomó Don Carles Puigdemont al balcón de la plaza de San Jaime y proclamó la nueva República de Cataluña todo estaba ya consumado pues los separatistas habían ocupado las calles, los mossos controlaban las principales instituciones catalanas y la algarabía de señeras y cánticos era tan abrumadora que los españolistas en Cataluña quedaron desconcertados, más aún ante la inoperancia de la continua verborrea del gobierno quedándose una gran mayoría en vergonzoso silencio acobardados por ese avasallamiento justificándose que podía ser que las nuevas medidas económicas recientes serían buenas para todos.

Me duele recordarlo Daniel. Pero esa vergüenza nos acompañará siempre.

En el resto de España por supuesto hubo muchas más reacciones pero la continua línea de discurso legal del gobierno paraba absurdamente la lógica indignación de los españoles que veían como les quitaban algo que también era suyo.

Cuatro generales que habían comenzado años antes a oponerse a las tesis separatistas y habían sido acusados de golpistas por simplemente hacer una lectura cabal de la Constitución acaudillaron una defensa activa de la unidad de España dentro de la ley pero exigiendo a los ministros responsables y al presidente del gobierno que se dejaran de verborrea legalista y aplicaran las leyes actuando con rigor y contundencia. El purismo en que quería moverse Don Mariano Rajoy para demostrar que su gobierno defendía la unidad de España con la legalidad española y europea sin dejarse llevar por arrebatos le hizo cometer el gravísimo error de incluso detener por 24 horas a los citados generales lo que acabó por sembrar el desconcierto total y favorecer internacionalmente las tesis separatistas.

 

Se sucedieron días y semanas convulsos en los medios y en la calle, y la cada vez más evidente debilidad del gobierno fue finalmente interpretada por muchos países como síntoma de la posible razón que podía apoyar a los separatistas que en menos de un mes consiguieron que internacionalmente se les escuchara y en muchos caso se les apoyara.

A partir de ahí fue un ir cuesta abajo hacia el irreversible desmembramiento de España. Consolidada la separación de Cataluña, que los sucesivos gobiernos de España nunca reconocieron y hasta hoy siguen peleando en los tribunales internacionales (Estrasburgo, Naciones Unidas, etc.), otras autonomías no tardaron en seguir la misma senda y así el País Vasco, Andalucía, Galicia y recientemente los Países Valencianos -que hubieron de perder tiempo para librarse de la deseada unidad que los catalanes pregonaban- se fueron desgajando de nuestra vieja patria.

Por eso me viste llorar.

Lloro muchas noches en estas fechas de septiembre porque no fuimos capaces de reaccionar, porque no salimos a la calle a defender lo nuestro, pero sobre todo lloro, y me duele decirlo, por soberbia. Sí, hijo, porque me encorajina no haber descubierto la gran mentira que usó el separatismo ocultándonos la estrategia económica y la cantidad de instituciones financieras que apoyaban la independencia de Cataluña. No vimos ese enemigo y por eso no supimos defendernos. Aún hoy no comprendo como no supe verlo yo que como tantas veces me has oído recomiendo siempre leer entre líneas y ver detrás del bosque. Pues no lo vi. No lo vimos y nos vencieron.

Y lloro porque me apena sentirme extranjero en esta tierra en la que ahora estamos los dos y que como te he dicho nacieron y murieron nuestros antepasados.

Lloro por la impotencia de lo irreversible.

El abuelo se calló cansado recostándose en los mullidos almohadones de su butacón de mimbre valenciano cerrando los ojos para dulcemente dormirse tras sentir como Daniel le cubría tiernamente con su manta.

Unas horas después la voz de su hija le rescató poco a poco de un sueño agitado que le hizo despertar agarrándose con fuerza a los brazos de su butaca mientras abría lentamente los ojos comprobando que ya no estaba en la terraza del sur sino en el mirador del salón. Desconcertado miró a su hija que le decía

-Papá, papá, vaya sueñecito que te has echado. ¿Así me cuidas a tu nietecito Daniel?

Miró el abuelo a su lado y vio en la cuna durmiendo plácidamente boca abajo al pequeño y se sonrió mientras le besaba en la cabecita y le decía ante la perplejidad de su hija

-Daniel, eso no pasará. ¡Aún estamos a tiempo!

Antonio de Jesús Ulled Merino

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Vista larga, paso corto y no fiarse ni del compañero de pareja ¡¡VIVA HONRADA LA GUARDIA CIVIL!! General Adolfo Coloma Contreras (R.)

Hace unos días visité en el Museo Cerralbo de Madrid una exposición de fotografías de Carlos Saura que lleva por título “España años 50”; una excelente colección de imágenes, todas en blanco y negro, que me transportaron a los duros y difíciles años de nuestra posguerra. A través de la colección pude apreciar hasta qué punto ha cambiado la sociedad española en poco más de medio siglo. Los paisajes, las calles, las caras, las actitudes, poco o nada tienen que ver con las que estamos acostumbrados. Yo diría que ése es precisamente el mensaje: cómo ha cambiado España. ¿Todo?  -Pues no -. En una foto, una única foto, aparece enjuto, serio, adusto, con el uniforme impecable y tricornio sobre la cabeza un guardia civil. No, – no todo ha cambiado – concluí

Ayer como hoy, la presencia de la Guardia Civil es sinónimo de seriedad, de orden y de eficacia. Cuando uno se encuentra por la calle a la archifamosa “pareja”  le invade una sensación de seguridad y confianza, excepto aquellos que se saltan las normas, ya sea por exceso de velocidad, por conductas ilícitas o por mandamiento judicial.

No ha mucho, un personaje ya retirado de la vida política catalana, pero que todavía conservaba sus influencias en los círculos del poder preguntaba en alta voz a micrófono abierto –“¿Pero quién es la UCO? En una clara muestra de desprecio a los guardias de esa unidad que habían investigado su turbio pasado y puesto tal información a disposición judicial.

Y estos días, en esa misma tierra, otros guardias han sido llamados por otros magistrados para que, ejerciendo labor de policía judicial, fueran a recabar pruebas y conducir ante los instructores a testigos o imputados en hechos cuya presencia era requerida por  los togados. Hasta ahí todo bien. Por desgracia es una escena harto común en nuestros telediarios últimamente. Pero ¡Ay amigo! Estas actuaciones se producen en medio de una situación límite provocada por unos que conculcando abiertamente el ordenamiento legal, usan a la propia población a la que deben proteger como medio de movilización. Es muy fácil hacer un uso torticero de las redes sociales. Se sabe que han llegado antisistema de muchas partes. Ya son sobradamente conocidos de muchas policías europeas. Y a ellos hay que sumar esa rancia y extrema grey marxista que ha encontrado acomodo en los recovecos de nuestra permisiva legislación. El choque está servido.

Y lo hemos vivido casi en directo. Whatsapp con imágenes, videos y audios. Twitter alarmantes, que a muchos nos han impactado. La Guardia Civil se deja llevar un coche, con material, con comunicaciones y tal vez, hasta con armamento ¡Esto sí que se pone serio! Le entran a uno ganas de pensar ¿Qué hay después?

Seguro que a muchos de vds, les habrá pasado ¡Los guardias civiles desbordados! Y tal vez hayan pensado en la necesidad  uniformes de otros colores. Pero a poco que uno reflexione con la serenidad que permite tan alarmante situación, tal vez le haya pasado como a mí. ¡Qué coño! Es el momento de apoyar a la Guardia Civil. Y quien dice a la Benemérita dice lo mismo de los policías nacionales y de tantos servidores del orden que se mantienen al lado de la ley, en estos momentos tan difíciles.

Difíciles son los momentos que estamos viviendo como fácil es imaginarse la colección de consignas restrictivas con las que les habrán enviado a cumplir sus tareas. Ayer mismo, desde este mismo blog pedíamos, ante la gravísima situación que atravesamos “apoyar decididamente al Presidente del Gobierno, al Gobierno de España, a la Justicia y a las Fuerzas de Seguridad” y entendemos que la prudencia es la clave. Hoy nos reafirmamos en ello, pero cuando pedimos apoyar a las fuerzas de seguridad, apostamos indiscutiblemente porque se les envíe a cumplir sus misiones con las necesarias garantías. Medios y procedimientos los hay, en cualquier sociedad democrática.

No crean que no, también los soldados entendemos de estas cosas. Hemos tenido que enfrentar situaciones parecidas, con la población por medio, en el Sahara, en Irak, en Afganistán y en los Balcanes. Muchos recordarán la difícil tarea de los soldados de KFOR en  el puente de Mitróvica, sobre el Río Ibar en Kosovo. Claro, que los soldados actúan bajo el peso de las llamadas “Reglas de enfrentamiento” (ROE) Pero la primera de ellas deja a las claras que no hay regla alguna que impida la autoprotección de los soldados que se sientan agredidos y sobre los que pese una amenaza real.

A los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado se les está negando el pan, la sal y el asiento a la lumbre. Se desplazan hacia previsibles focos de tensión y se les niega hasta el alojamiento. Tienen que hacerlo en buques fletados en compañías extranjeras, en condiciones probablemente más espartanas que los propios inmigrantes ilegales. Moverse por calles en las que hasta los niños de los colegios son utilizados como medio de presión y escudo.

¡Claro que nos indigna la imagen de un vehículo de la Guardia Civil, saboteado y desvalijado! o la bandera de una casa cuartel (donde, por cierto, también viven familias y niños) arrancadas. Todo esto nos repugna, como también nos ha indignado la imagen del Jefe del Estado vituperada en un estadio o una pitada al himno nacional, que nos representa a todos como también nos representa la bandera – no de combate – que han arrancado de la Comandancia de la Guardia Civil de Manresa.

Pero no, no es este el momento de pedir responsabilidades a los guardias que no disponiendo de material antidisturbios, han permitido que les roben el armamento antes que hacer uso del mismo con las catastróficas consecuencias que hubiera tenido. Es el momento de apoyar a los guardias, a los policías, a sus familias. Es el momento de confiar en que el gobierno, tomará buena nota de lo que está sucediendo y autorizar unos operativos robustos que permitan el cumplimiento de las misiones encomendadas a los agentes de su autoridad  con la seguridad adecuada para los que tienen que desempeñarlas. Es el momento de gritar

¡VIVA HONRADA LA GUARDIA CIVIL!

Y LA POLICIA NACIONAL

Y TODOS CON ELLOS

Adolfo Coloma

GB (R) del ET

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LA UNIÓN HACE LA FUERZA Ramón Moya Ruiz. Presidente H.N. Antiguos Caballeros Legionarios

Hoy escribe con nosotros

Ramón Moya Ruiz.

Coronel Presidente de la Hermandad Nacional de Antiguos caballeros Legionarios

El coronel Ramón Moya Ruiz es un Caballero legionario curtido en las filas de la Legión desde su juventud y que se resiste a dejar su puesto en formación. Después de muchos años de legión, vivida intensamente, posee una experiencia que no podía ser desaprovechada. Pura historia legionaria hoy ocupa un puesto de especial relevancia y responsabilidad. La presidencia de la Hermandad Nacional de Antiguos legionarios hace que por su sede pasen cientos de legionarios buscando el espíritu de sus entrañas y el abrazo de los viejos camaradas. Allí está el coronel con su equipo para brindar camaradería, viejos recuerdos y amistad legionaria. Un lugar unido al mando de la Legión y que marca doctrina al resto de las Hermandades  legionarias. Un vínculo necesario ya que Legión solo hay una, la que fue, la que es y será. Siempre unidos veteranos y jóvenes en el Credo Legionario. La Hermandad es el lugar sagrado para convertir en realidad el compañerismo, amistad, Unión y socorro.

Mi coronel este humilde blog lleno de espíritu legionario te cede la palabra:

LA UNIÓN HACE LA FUERZA

El próximo día 12-O se cumplirán 525 años del descubrimiento de  América por  Cristóbal Colón, empresa patrocinada por los Reyes Católicos. Dicha efeméride muestra al  mundo la grandeza de  España y es sin duda el acto inicial de la proyección internacional  de nuestra Patria, ESPAÑA pues fue el inicio de ese imperio en el que nunca se ponía el sol, pero ante todo era la expansión de nuestra cultura y costumbres.

Y en enero de 2017 se cumplieron 525 del fin de la Reconquista, la toma de Granada, y lo que es más importante el nacimiento de España como NACIÓN, gracias a los Reyes Católicos y al insigne Cardenal Cisneros.

Desde entonces  los distintos  avatares de  nuestra  Historia como  Nación nos descubre, que  nunca  hemos llegado  tan alto que cuando  hemos  permanecido  unidos en nuestro  sentimiento de pueblo, España. España y Patria son términos que debemos utilizar con normalidad, porque no son exclusivos de nadie, tampoco de los militares, son de todos. España, Patria, españoles, repitámoslo con seriedad y con serenidad, porque debemos mostrarnos orgullosos de lo que somos, de nuestro pueblo, de lo que hemos hecho juntos. Y hemos hecho más y mejor, y hemos sido más grandes cuando mas unidos estábamos.    LA UNIÓN HACE LA FUERZA.

Lo triste es que el separatismo , no ha surgido de  repente, sino que estaba latente y esperaba el  momento de  “atacar”, y eso a pesar de nuestra  Historia  más reciente, que viendo  los resultados de  las  experiencias más  o menos  independentistas y federalistas habidas en las  experiencias republicanas, apostar por el llamado  Estado de las Autonomías  que regula el Título VIII de  nuestra Constitución y que vino a  implantar, de forma enmascarada y disimulada un sistema de  federalismo, si a eso le  unimos  la falta de decisión y energía que debe acompañar a todo buen gobernante, para al menos controlar que el federalismo no conlleve la  destrucción del estado, tenemos la receta del  problema  actual, que nos es otro, que algunos  grupos políticos han antepuesto  sus intereses partidistas al bien común de España y han venido permitiendo que  no se  izase la Enseña Nacional en Ayuntamientos; retirada del retrato oficial del Rey de España; que no se  asistiese  por parte de los Presidentes Autonómicos a los Actos conmemorativos de la  Fiesta  Nacional, pitidos al Himno Nacional, y así un largo  etcétera. Echamos en falta unas leyes que proporcionen un mayor apoyo a nuestros  símbolos nacionales que deben ser siempre respetados y amparados por leyes de obligado cumplimiento. Eso no es nada con lo ha venido después.

Nuestra  Carta Magna, en su artículo segundo: La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. Por tanto, es evidente la clara alusión a la Unidad Nacional, que no puede vulnerarse, independientemente que también se aluda a la autonomía, que no independencia, de  las regiones que la conforman.

Sobre el  peligro de  nuestra  Unidad  Nacional, debe atenderse a lo preceptuado en el artículo 8.1 CE , referido a las Fuerzas Armadas como “defensoras de la  integridad  territorial y el ordenamiento constitucional”, no pretendo transmitir que la  primera  medida  sea la intervención activa de las Fuerzas  Armadas, pero sí, si fuera necesaria, Francia lo hace, y máxime cuando  se pretende  la formación de un “ejército  catalán”,  ha de abortarse desde su  mismo origen, con claridad y contundencia, no solo por su ilicitud , sino  lo que es más  importante, evitar  un posible  conflicto armado, que sería volver a las andadas.   Ante la rebeldía flagrante, se impone impedir el golpe con prioridad insoslayable, es el momento de la UNIDAD NACIONAL AL GRITO DE VIVA ESPAÑA.

Ramón Moya Ruiz. Presidente de la Hermandad Nacional de Antiguos Caballeros Legionarios

PD/ La Hermandad de Antiguos  Caballeros Legionarios vive con gran preocupación  los últimos acontecimientos que ponen en peligro la Unidad de la Patria, y permanece atenta, con el mismo espíritu y amor a España que siempre  demostró , como si aún vistiéramos el glorioso uniforme de la Legión, caminando hacia el Centenario de su fundación.

Blog: generaldavila.com

 

 

FIRMEZA CONTRA EL GOLPE DE ESTADO (Equipo de redacción)

Ante la gravedad de la situación en Cataluña, que amenaza con extenderse a otras partes de España, por razones de lealtad institucional, eficacia y patriotismo, es el momento de apoyar decididamente al Presidente del Gobierno de España, a la Justicia y a las Fuerzas de Seguridad. Es decir apoyar con firmeza la voluntad de pueblo español del que emana la Ley y la justicia.

Ni un paso atrás. Es la hora del Estado, de la Nación española.

‹‹El referéndum ya no se puede celebrar. Eviten males mayores››. Eso quieren los españoles.

Pero ¡ojo!, lo peor viene después. Firmeza. No hay razones ni para ceder ni para asustarse. Nada va a ocurrir mientras se permanezca dentro de la legalidad.

Firmeza. Prudencia. Nunca debilidad.

Es la hora de la grandeza de la política y es la hora de descubrir las traiciones. Firmeza en la actuación y en la unidad contra los delincuentes que quieren romper España. No puede haber concesiones. Los partidos políticos que critican la actuación del Gobierno se retratan con claridad. Podemos. Otegui es una representación vergonzante, pero a la vez una muestra de lo que hay detrás de todo este proceso que pretende la independencia. Es bueno analizar los signos que lo rodean. Es el presagio de la tormenta que pretenden. Todo está dicho y visto. Era de esperar. Solo quieren destruir España. Como sea.

En estos momentos la firmeza exige una rotunda y clara postura. De todos los partidos. La tibieza no es la forma. Claridad, unidad y rotundidad ante la amenaza, sin fisuras y sin buscar réditos partidistas.

Es la hora del Estado. La hora de la Nación española. La de los españoles.

Nuestro total apoyo al Presidente del Gobierno.

Por la Unidad de España. Hoy y mañana. Por España, siempre.

Equipo de Redacción del blog generaldavila.com

Les debería dar vergüenza (Juan Carlos Rodríguez Ibarra)

Hoy escribe con nosotros

JUAN CARLOS RODRÍGUEZ IBARRA

La defensa de la unidad de España y de la igualad en derechos y obligaciones de todos los españoles, no es patrimonio ni de las izquierdas ni de las derechas. Es una cuestión que compete a todos los españoles. A todos por igual.

Un buen exponente de ello es la personalidad que hoy acogemos en nuestro blog y nos honra presentar, Don Juan José Rodríguez Ibarra.  Cuando acudimos a él, no lo dudó. Extremeño por los cuatro costados, en los más de veinticuatro años que ha ejercido la Presidencia de la Junta de Extremadura, cargo que ha simultaneado con el de Secretario de General del PSOE de Extremadura, ha hecho siempre gala de su orgullo de ser español. En las instituciones y foros a los que ha pertenecido siempre se ha manifestado en pro de la igualdad entre los españoles, de la mayor solidaridad entre las distintas Comunidades Autónomas que conforman España y entre las Regiones de la Unión Europea, de la que fue  Vicepresidente de su Comité de Regiones.

Al dejar sus altas responsabilidades políticas, se reincorporó a  labores docentes en la Universidad de Extremadura. Pero fue llamado en numerosas ocasiones a prestar otros servicios dentro de la región, en España y en el extranjero. Entre sus numerosísimos galardones y condecoraciones con que ha sido distinguido, no podemos dejar de mencionar que está en posesión de la Gran Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco. Es en la actualidad, miembro del Consejo de Estado.

Fiel a sí mismo, impulsó en el año 2011 una prestigiosa fundación, a la vez centro de estudios, que lleva su nombre, desde el que trata de impulsar la modernidad de Extremadura y de España.

Este es a vuela pluma, el perfil de quien, como el mismo se define, ha pasado la vida “rompiendo cristales” y a quien tenemos el honor de darle la palabra en nuestro blog.

LES DEBERÍA DAR VERGÜENZA

Les debería dar vergüenza. Las declaraciones del Sr. Puigdemont, el pasado día 10 de septiembre, asegurando que “el Tribunal Constitucional (TC) no puede suspender la Ley del Referéndum porque hay una nueva legalidad catalana amparada en las elecciones del 2015”, y el comportamiento de la presidenta de la Mesa del Parlamento catalán y de los diputados independentistas, podrían hacer pensar a los poco avisados que los cargos que ahora ostentan estos sediciosos no se deben a la Constitución española que votamos afirmativamente la inmensa mayoría de los españoles. Y, por cierto, fue en Cataluña donde esa Constitución, reconocedora de los hechos diferenciales, de la singularidad de los territorios españoles y de la descentralización, fue votada con más fe y votos en el referéndum constitucional de diciembre de 1978.

No hace falta que se recuerde que si la presidenta del Parlamento catalán, el presidente de la Generalidad y los diputados independentistas ocupan los cargos y responsabilidades  que ocupan, no es como consecuencia de la supuesta y ficticia nueva legalidad, sino de los poderes que el Estatuto de Autonomía de Cataluña, en vigor y no derogado por ninguna ley estatal, y surgido de la Constitución Española, que les permitió celebrar elecciones libres y democráticas para que, antes Artur Mas, y después el Sr. Puigdemont, hayan podido convertirse en los representantes del Estado en la Comunidad Autónoma de Cataluña.

Y por eso, y solo por eso, lo del pleno del Parlamento catalán del pasado 6 de septiembre no tiene otra forma de calificarse que como traición. Traición a los electores que votaron de acuerdo con el Estatuto y no con una “nueva legislación”. Traición a la Constitución y traición al resto de los españoles. La vergüenza y la ética no son precisamente virtudes que adornen la moral de esas personas que, si están donde están, lo es por su vileza.

Claro que la traición no es algo que no conozcan algunos independentistas ya que El gobierno de la II República tuvo que luchar contra la insurrección militar franquista, contra el fascismo italiano y alemán, y contra la indiferencia francesa y la hostilidad británica, promotora del vergonzante Comité de No Intervención. Pero en la retaguardia tuvo que luchar contra los independentistas catalanes conservadores y de izquierda, que aprovecharon la guerra civil, como siempre han aprovechado los momentos de crisis y debilidad de los gobiernos de España,  para proclamar la independencia de Cataluña. Ya lo dijo el catedrático catalán Vicenç Navarro en el diario Público del 24 de junio de 2010: “Las clases dominantes de las diferentes naciones de España se aliaron para derrotar a la República, siendo los nacionalistas conservadores y liberales catalanes de los años treinta los mayores promotores en Catalunya del golpe militar que persiguió con mayor brutalidad la identidad catalana”. Azaña denunció que en el alzamiento militar los catalanistas conservadores se pusieron decididamente al servicio de la “Junta de Burgos”, como antes al servicio de la dictadura de Primo de Rivera.

Si el Sr. Puigdemont y su corte tuvieran vergüenza, tendrían que haber dimitido de sus escaños y de sus responsabilidades institucionales que obtuvieron con las leyes que ahora están traicionando. Hacer esa traición, desde las instituciones constitucionales y estatutarias, es seguir el ejemplo de Hitler, de Mussolini y, más recientemente, de Maduro, quienes desde dentro del sistema trataron y consiguieron destruir la democracia y la libertad.

El final del pleno del día 6, con sus cantos y los abandonos de quienes no piensan como ellos, era el final que buscaban los traidores. Por eso, aquellos que ilusamente se han mostrado equidistante durante todos estos años, en los que la traición apareció con toda su crudeza, deberían pensar si no contribuyeron con su tibieza y con su reparto de culpas a envalentonar a los que llevan años tratando de aprovecharse del Estado cuando toca la cobardía y el silencio, y de retarlo cuando aparece la libertad.

Muchos de los que nos sentimos ciudadanos de izquierdas tenemos problemas a la hora de comprender cualquier deslegitimación, no de la España en abstracto y patriotera, sino de la España actual, democrática, constitucional, plural, diversa y descentralizada donde, por primera vez, la izquierda y los progresistas hemos podido y podremos plantear y llevar adelante proyectos políticos de igualdad, libertad y solidaridad para todos y entre todos, igual que se hizo tras la aprobación de la Constitución.

Quienes han seguido los pasos de la traición que el separatismo cometió con la II República, recibieron el castigo que la Justicia les impuso. La República fue implacable con los sediciosos. ¿Qué hará la democracia con los herederos de la traición?

Juan Carlos Rodríguez Ibarra

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