LOS VERSOS DEL CORONEL Félix Torres Murillo Coronel de Infantería DEM. (r)

La Inmaculada Concepción, Patrona de la Infantería Española.

 No todos, muchos sí, los lectores del blog son soldados de Infantería y no todos sabrán el por qué mi Arma, “la reina de las batallas”, tiene una vinculación tan especial y arraigada con su Virgen; no todos conocerán, muchos sí, la historia de su milagroso patronazgo. Vayan pues unos ligerísimos apuntes históricos

 Mucho antes de que por Real Orden de  1892 de la Reina Regente Doña María Cristina, la Inmaculada se erigiera oficialmente como Patrona de la Infantería, “que ya lo fue del antiguo Colegio Militar y lo es de la Academia General y de un gran número de Regimientos”, según recoge dicha Real Orden.

 Mucho antes de que el rey Carlos III firmara en 1761 un Real decreto por el que proclamaba el “Universal Patronato de Nuestra señora de la Inmaculada Concepción en todos los Reinos de España e Indias”

 Mucho antes de que el 8 de diciembre de 1585 y tras el milagro de Empel los Tercios la proclamaran como su Patrona.

 Antes, incluso de la Batalla de Lepanto, en la que los embarcados infantes españoles invocando su nombre y con el Rosario al cuello hicieron cambiar el curso de la Historia.

 … Antes ya, en 1550 llevaban los infantes a María en sus estandartes; y desde siempre y para siempre la han llevado y la llevarán en su corazón.

 Tan antigua  vinculación se  corrobora tras la proclamación de su patronazgo en el dique de Empel frente a la isla de Bomel en 1585 tal se ha señalado. Ahondemos un poco en esta historia.

<< Era diciembre de 1585. En Flandes el Tercio de Francisco de Bobadilla después de la toma de Amberes estaba bloqueado por la escuadra holandesa. Cercados y aislados, el hambre y el frío ponían a prueba la resistencia de aquellos infantes españoles. El sábado 7 de diciembre la situación era desesperada y el Maestre Bobadilla llamó a los capitanes y soldados exhortándoles «a rezar para que Dios los librase del espantoso peligro en que estaban».

«En esto, estando un devoto soldado español haciendo un hoyo en el dique para guardarse debajo de la tierra del mucho aire que hacía junto a su tienda y cerca de la iglesia de Empel, a las primeras azadonadas que comenzó a dar para cavar la tierra saltó una imagen de la limpísima y pura Concepción de Nuestra Señora, pintada en una tabla, tan vivos y limpios los colores y matices como si se hubiera acabado de hacer».

 Una inesperada e inusual gran tormenta de frío congela la superficie de las aguas, aprovechando los infantes para salir de su asedio caminando sobre el hielo sorprendiendo y derrotando a la escuadra holandesa. La imagen, entre las banderas, es llevada en procesión a la iglesia y los soldados rezan con fe a su Virgen Inmaculada.

Todos atribuyen a la milagrosa protección de la Inmaculada su salvación y victoria y allí mismo la proclaman Patrona de los Tercios de Flandes >>

 Ésta es la historia que tantas veces hemos oído y que cada 8 de diciembre se proclama en todas Unidades cuyos componentes llevan en la solapa o en el parche de su uniforme de faena una espada, un fusil y una corneta.

 Mañana volveremos a oír su referencia en el patio de armas de la academia toledana, y como Patrona de la Hispanidad y de la Infantería Española rezaremos a  la Virgen para que siga protegiendo a los infantes; y a España, en trance de perder su identidad y sus valores milenarios.

 De SONETOS DEL ARMA MÍA, (Ediciones ALYMAR, S.L. Madrid 2018) y como mi pequeño homenaje al Arma y a su Inmaculada -aquí, en una interpretación genial del griego- les traigo dos que creo representativos. En el día de nuestra Patrona:

 ¡FELICIDADES, INFANTES!

YA SABÉIS

(Soneto)

 Con frío y con sudor, hambre o fatiga,

con cansancio, por techo el firmamento,

un me aguanto, sufriendo el sufrimiento;

el oír junto a ti la voz amiga.

 

Huir de la doblez y de la intriga,

el jamás olvidar un Juramento;

el llorar, dolorido, a paso lento,

de una seda pender, nobleza obliga.

 

Con el polvo y los charcos del camino,

ampollas, el fragor de los motores;

del mortero el estruendo, la osadía.

 

Largo el trago si hay bota de buen vino:

a la Virgen, un día llevar flores.

Amigos, ya sabéis: ¡La Infantería!

  Inmaculada de Oballe  (EL GRECO)

 

 

ETÉREA

 (Soneto)

 De cohorte seráfica asistida,

tú ahí, a los umbrales de la Gloria,

que exultante ante tu convocatoria

a la belleza tal queda rendida.

 

De lo Alto por el Hálito asistida,

flamígera tu imagen de victoria,

estela tú, azul jaculatoria,

intangible, etérea tú, fluida.

 

Sobre el pecho tus manos; tu mirada

se pierde por moradas celestiales,

y una música se oye en tono quedo.

 

Y entre flores y símbolos, bañada

de ésa su única luz se ven, geniales,

caprichosas, las trazas de Toledo.

 

(Continuará, D. m.)

 

 

 

 

 

UNA REFLEXIÓN SOBRE EL MUNDO, LA SOCIEDAD Y LA VIDA Pedro Motas Mosquera

Una de las caracterizaciones más recurrentes, hoy en día, para explicar nuestra sociedad en un mundo globalizado y occidentalizado, que es casi todo el mundo que vivimos, apunta a varias cualidades: veloz, incierto, cambiante y ambiguo.

El mundo

Veloz: la velocidad en la que nos hallamos inmersos. Nuestro mundo es, efectivamente, un mundo veloz, sobre todo, los cambios tecnológicos, pero también en los de orden social, en los políticos, en los económicos -entre otros-  que se producen “a toda velocidad”. El mundo se ha acelerado y, como consecuencia, una gran mayoría de personas van aceleradas. Todo va muy rápido, quizás, demasiado rápido. Se afirma, además, que quien no se adapte a esta velocidad –sea persona, organización, institución o administración- tendrá un futuro incierto.

Incierto: La incertidumbre resulta, cuanto menos, ‘incómoda’, pues hace saltar por los aires todas nuestras seguridades y remueve nuestra ‘zona de confort’. No resulta extraño, pues, que ‘gestionar’ la incertidumbre sea uno de los requerimientos para sobrellevar a esta época. “nuestra incierta vida normal”: “No cabe duda de que hoy, la inseguridad, la incertidumbre y la vulnerabilidad forman parte de la definición de quiénes somos”.

Cambiante: Si hace unos años se sostenía que “el cambio era permanente”, ahora lo que se afirma es que “el cambio es lo único que permanece”. Parece que nos hemos instalado en el cambio. Los cambios, también, se producen tan velozmente que, difícilmente, se pueden seguir. Cuando ya se está adaptado a un cambio ya hay otro que ha emergido.

Ambiguo: Ante un dilema, no se acaba de saber muy bien si “a” o “b”; si “c” o “d”. Donde “a” o “d” vienen a ser ‘lo mismo’ o no están bien definidos. La carencia o ausencia de unos principios claros donde delimitar muy bien qué es correcto, qué no lo es, sitúa a la persona en encrucijadas de las que no sabe cómo salir o qué dirección tomar. La ambigüedad dificulta cualquier posición o decisión que se tenga que tomar.

La sociedad

Líquida o gaseosa:Desde cierta perspectiva, no puede extrañar el concepto de liquidez para referirnos a la época que vivimos, extendiendo ese concepto de líquido a casi todo: a nuestra sociedad sitiada, a la vida, al amor o a la educación. La sociedad es líquida, aunque el calificativo gaseosa parece más adecuado. Algo gaseoso, burbujeante, espumoso está en presente en nuestra sociedad: Hace falta recuperar una cierta densidad, una profundidad que no es posible sin tener algunas convicciones, sin una mínima independencia de criterio, sin libre pensamiento, sin rigor intelectual. En esa construcción de un mundo, de una sociedad mejor, la filosofía en la vida cotidiana de cada individuo que asume su responsabilidad personal, tiene un papel decisivo.

La vida

Filosofía:Es cierto que hay una filosofía desarrollada por aquellos que se dedican en ‘cuerpo y alma’ a pensar los grandes temas y las cuestiones que tienen planteadas nuestras sociedades.

Por tanto, hay toda una serie de interrogantes que la filosofía se plantea, actualmente, que están relacionados con los avances tecnológicos y científicos. Dicho en pocas palabras: el ‘impacto’ de la ciencia y de la tecnología en la condición humana y en la sociedad. Esta cuestión ha estado presente a través de la historia, pero ahora es analizada, de nuevo, a la luz de los avances que se van produciendo.

Junto con la filosofía de los ‘profesionales’, está otra filosofía, la de la gente corriente que piensa e intenta vivir una vida lograda buscando una ‘filosofía de vida’… y para la vida. Ambas se pueden entrelazar. Es más, cualquier persona puede beneficiarse en la respuesta concreta, en un día cualquiera, de aquellas grandes preguntas planteadas por la filosofía y que se vuelven a formular en clave de contemporaneidad. La filosofía anima a llevar una vida más lograda que es una vida plena que no, necesariamente, llena.

Pensamiento:La filosofía requiere pararse y alguien podría preguntar: “Pararse, ¿para qué?” “¡Para pensar!”, respuesta que saldría directa del alma. Pero, también, sugiere una pausa para observar, contemplar, mirar con atención lo que sucede a nuestro alrededor, en nuestro entorno más inmediato. La filosofía es mirar la realidad que nos envuelve de otra manera. Y en esa otra manera, la velocidad apenas tiene cabida.

Pararse, pues, para pensar, reflexionar; pararse, también, para observar. Solo desde la observación atenta, desde la mirada pausada, fijándose al detalle, se pueden realizar teorías. Los tiempos que vivimos son poco favorables, de momento, para la filosofía, pero estamos convencidos que, precisamente, por ser los tiempos como son, -¿tiempos líquidos?- poco a poco, la filosofía volverá a tener un peso -¿una densidad?- decisivo. Un primer paso, pues, que busca un tiempo de sosiego, de calma, de meditación para introducir la filosofía en nuestras vidas dentro de estas sociedades.

Tarea:Un segundo paso nos acerca a esa hermosa tarea que consiste en vivir, lo que se ha llamado “la tarea de vivir”. En sentido estricto, obviamente, la vida no es una tarea, aunque, en ocasiones, esté llena de ‘tareas’ o ‘quehaceres’. Vivir es una responsabilidad, esto es, cómo respondemos ante la vida misma (ante nosotros mismos y ante los demás). La vida es dar respuestas a los interrogantes, a las problemáticas, a las experiencias que van sucediendo.

Y para dar respuestas a la misma, nos apoyaremos en dos pilares fundamentales: el sentido común y el pensamiento crítico para poder discernir en las elecciones (decisiones). Tanto uno como otro, en nuestras sociedades, están para incorporados en la vida social. El ‘pensamiento crítico’ propio de la filosofía se reclama, en ocasiones, desde la propia sociedad como factor decisivo y freno a lo negativo que sucede en el entorno. Si la persona es poseedora de ‘pensamiento crítico’ puede que calibre mejor lo que está viviendo. Por ello, se reclama su introducción como factor crítico a lo largo de la educación de los individuos.

El ‘sentido común’ que es, también, un elemento propio de la filosofía, se mueve en un plano más sencillo pero decisivo como es el de la convivencia. Sin duda, el sentido común puede ser un facilitador de una mayor convivencia dentro de la vida social. Si se aplica el sentido común en circunstancias cotidianas puede ser un factor de cohesión social y mejora de la convivencia, pero con sarcasmo se afirma –ya se sabe- que “el sentido común es el menos común de los sentidos”. Impulsar el “sentido común” adobado de prudencia es una manera de afrontar la vida propia y la vida social.

Logro:Un tercer paso tiene que ver con ‘la vida lograda’, pero “¿qué es la vida lograda?” A mi entender, ha sido Llano quien mejor ha acotado estos términos. Dice Llano (2002):

…saber vivir equivale a tomarse las cosas con calma y sacarle partido a las pequeñas y grandes satisfacciones que el curso de la existencia nos va ofreciendo (…) Si los seres humanos empezaron haces unos años a filosofar, e incluso algunos seguimos en ello no es por otro motivo que el de aprender a vivir, el de alcanzar una vida lograda, el de ser felices. (…)…aprender a vivir sólo se adquiere con la práctica.

Por tanto, se trata de la vida, de aprender a vivir con calma y ese aprendizaje se lleva a término mediante la práctica… de virtudes. Con palabras hermosas, “…me han dado la vida, pero no me la han dado hecha”. Ahí está ese ‘quehacer’, esa ‘labor’ de ‘ordenada”, “plena”, de “construcción personal” y en “sociedad” a través de la práctica de virtudes.

La vida lograda es un anhelo, de mejoramiento continuo, de perfección. Sabemos que, como seres humanos, no somos perfectos. También sabemos que tenemos una vida (al menos, una: la nuestra) entre manos y que tenemos que ‘hacer’ algo con ella, no tan solo por y para nosotros mismos sino, también, por y para los demás. Una vida lograda tiene que ver con esa búsqueda de mejoramiento constante en nuestro vivir cotidiano.

Conclusión

 Hay mucho de responsabilidad individual –de dar respuestas desde la libertad- en la construcción de una sociedad mejor. Son muchos los retos que están planteados, pero empecemos a abordarlos en la vida de cada cual -en toda su extensión- en un día cualquiera. Por ejemplo, hoy. En lo cotidiano se muestra la humanidad -el grado y cualidad de ella- en el hombre. Tenemos la tarea de construir sociedades más humanas, un mundo más humano. Se necesitan calma, certezas, virtudes y principios. Nada más ni (tampoco) nada menos.

Con esta humilde reflexión os deseo unas feliz Navidad y un próspero Año Nuevo, con un fuerte abrazo.

Pedro Motas

7 diciembre 2019

Blog: generaldavial.com

A UN AMIGO Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Gabriel Albiac es mi amigo. Eso no es mucho: lo es todo.

A un amigo nada le pides, de un amigo nada persigues, nada esperas, ¿te parece poco la amistad? Lo dice Cicerón ‹‹No hay cosa más grande que tener a alguien con quien te atreves a hablar como contigo mismo››.

Por eso, y más, pero solo por eso, quiero dejar sus palabras encerradas en la humildad de este blog, para siempre, para todos. Que vuelen.

Son las pronunciadas en el momento de recibir de manos de Sus Majestades los Reyes el premio de ABC Mariano de Cavia.

<<Leer a Albiac supone un verdadero placer porque su prosa muestra una altura que no es frecuente, soporte además de un pensamiento honesto, sólido y erudito. Albiac ha enfatizado muchas veces que su “compromiso con el rigor de la escritura es absoluto”. Es cierto, Gabriel, siempre leal a la verdad, es uno de esos intelectuales imprescindibles. Un faro de lucidez que sigue arrojando luz en sus artículo y ensayos>>.

Es palaba de Rey.

La de Gabriel lo es.

Por eso les dejo el destello de sus palabras.

Con su permiso. Gracias amigo, maestro.

Rafael Dávila Álvarez

 

Majestades,

Autoridades presentes,

Queridas Catalina y Soledad Luca de Tena,

Querido Director, Bieito Rubido,

Queridos compañeros de ABC,

Queridas hijas, querida Susana,

Amigos.

Múltiples vidas caben en la vida de un hombre. Y, al fin, no nos asombra ver los muchos que fuimos. Sí, sospechar que algo hubo que hizo, de esos muchos, uno solo. Los místicos tienen el privilegio –aun doliente– de hallar esa unidad en Dios. Otros hemos vivido la desazón serena de verla nacer en parajes más áridos. Yo tropecé con ella, muy pronto, en la escritura. Como una ascética sin desenlace: una espera del Dios que nunca adviene. Que no debe advenir nunca.

El primero de esos muchos que fui es un niño. Que, en la pereza de la hora de la siesta, repite, sin saberlo, lo escrito por un griego cuyo nombre ignora. La ventana del dormitorio cierra muy malamente: todo existe malamente en la casa desvencijada. Es agosto en la serranía valenciana. Y el sol golpea, fuera, las paredes de cal como un espejo. Por las rendijas de postigos que no encajan, finos haces de luz proyectan en el muro una pantalla. Y, en la pantalla, sombras: son las gentes que pasan, silenciosas, por la calle. Sombras. Afiladas como figurillas de Giacometti. Las ve desfilar sobre la pared. Les finge historias, más reales que su mundo átono. Y el niño de esa tarde, en la hora de ceguera de la luz de agosto, contrae la enfermedad. Llegará el día en el que un libro, al azar de una biblioteca pública, dé nombre a eso. Y el ya adolescente sepa que un griego, dos mil quinientos años antes, lo había llamado filosofía:

«Imagina un calabozo subterráneo en forma de caverna. En él moran hombres, desde su nacimiento encadenados con la mirada fija al frente. A su espalda, centellea la luz de un fuego. Entre el fuego y los prisioneros, alguien hace pasar –como en un teatro de sombras– siluetas de hombres y animales».

El discípulo se inquieta:

–«Extraña escena cuentas, Sócrates. Y ¡qué extraños son esos prisioneros!».

Y el maestro sonríe:

«Pues, mira: en todo, esos prisioneros se parecen a nosotros. Sólo ven las sombras que el fuego proyecta sobre el fondo de la caverna, frente a ellos. ¿Tendrán acaso por real otra cosa que esas sombras?». Naturalmente que no. Realidad y sombra son, para los cautivos, lo mismo. Lo mismo, verdad y engaño.

Pues bien, esos mismos hombres somos. Nosotros. Los hijos del siglo XX.

En el gran entusiasmo que cerró los años sesenta, el joven que fui soñó darse a la filosofía. Y el hombre que, veinte años después, apostó por escribir en el vértigo de los periódicos no creyó estar haciendo otra cosa que cumplir el platónico mandato: retornar a la caverna, catalogar el guiñol de sus sombras, descifrarlas.

Hace ahora diez años, yo asistía a mi primera noche de los Cavia. Ya de madrugada, Guillermo Luca de Tena se ofreció a acercarme en su coche a mi domicilio. Cruzando un Madrid desierto, conversamos sobre los oscuros fantasmas de esta patria, de historia inmensa y trágica. Y sobre la gran tarea de nuestro presente: fundar el vínculo ético de la nación. Aquella madrugada, tuve la certeza de estar de vuelta a casa.

En ABC he encontrado el lugar en donde hacer lo único que siempre quise: escribir. Debo agradecer a cuantos aquí he cruzado el haber sido garantes de aquella fe de Don Guillermo en «la verdad y en la buena escritura». Debo agradecerlo, en primer lugar, a Catalina y Soledad, sus hijas, que siempre me abrumaron con su afecto. A Bieito Rubido, maestro riguroso de una orquesta bien afinada. A todos los que, en la redacción de esta casa, me enseñaron la aspereza y la gloria de un oficio en el cual yo siempre me supe un privilegiado. Han sido, créanme, los diez mejores años de mi vida de escritor.

Es un hombre chapado a la antigua, este que afronta hoy, intimidado, la mirada de quienes lo precedieron en el premio que ABC instituyó, hace un siglo, en honor de aquel Mariano de Cavia que había sido la firma más preciada en la cabecera de la competencia, «El Sol», porque era un tiempo decididamente más caballeroso que el nuestro. Intimidado por la mirada de esos 98 grandes. Por la mirada del Gabriel Miró, la luz de cuya prosa fue primero una música, escuchada de niño en la voz de su madre. Por la del Jacinto Benavente, en cuya severidad moral su padre le aconsejó reconocerse. Por la del Octavio Paz, cuyos «Vislumbres de la India» lo guiaron a él, un día, camino de Hyderabad y de sus hijas. Por las del áspero Cela y el lírico Vargas Llosa, que lo conmocionaron a los diecisiete… Por la de tantos amigos… ¿Cómo no sentirse abrumado por esa herencia?

«Las Ramblas, a lo lejos» nació en la evocación de una tierra herida: la Barcelona de agosto de 2017. En la evocación también de una tragedia española. La que enuncia una monja de la Nueva España en 1688: «triunfante quiero ver al que me mata, / y mato a quien me quiere ver triunfante». Quise esbozar una elegía por nosotros, todos, por estos que –con palabras de Aldana– de nuestro propio mal somos ministros. Eran mi vida y mis leyendas las que vi desmoronarse un 17 de agosto en el que el cielo de Arizona ardía con las Ramblas.

Al inicio de esa «Tercera», una voz tormentosa de mujer dejaba caer este epitafio, que es el de mi generación: «ser libre significa no tener nada». Este hombre que, en la noche de los Cavia, cierra el ciclo de los que fue para llegar aquí, percibe que no buscó nunca otra cosa en la escritura: ser libre. Y que a ello lo apostó todo.

Nada ha cambiado en eso el torrente del tiempo. Los muchos que fui son el mismo: aquel de una tarde de agosto de, digamos, 1955. Caducaron las ilusiones; la escritura sigue intacta. Pasé mi vida persiguiendo sombras: afiladas figurillas de Giacometti. Ustedes, señores del jurado, han tenido la bondad infinita de premiar a un tejedor de sueños, que nada poseyó en esta vida que no fueran las demasiadas líneas que trazó sobre las aguas. Rayas efímeras, las llama Platón: palabras.

Las palabras pasan. Todas. Quede una sola esta noche:

Gracias.

Gabriel Albiac. Premio Mariano de Cavia 2019.

ABC 3 de diciembre 2019

Blog: generaldavila.com

Desde su atalaya cordobesa: LAS COSAS DE DON EUFEMIO

Si alguien le contara al castizo que en otro país distinto de éste de las maravillas que disfrutamos, el gobierno de la región más poblada y con mayor el número de parados del mismo robara casi mil millones de euros, de momento, del dinero destinado a paliar la situación de aquellos y los repartiera -salvado sea lo de “quien reparte, reparte…- entre parientes y amiguetes…

 Si alguien le dijera que los adversarios políticos se lo han tragado, posiblemente por aquello de “hoy por ti…”, sin el menor intento de sacar un justo y legal rédito político, por supuesto.

 Si alguien le dijera que la Justicia (¿?) tiene sus escrúpulos de monja para meter de una vez en la cárcel al que, sabiéndolo lo permitió durante años, y a los que se lo gastaban en cubatas, viajes, comilonas, meretrices y cocaína…

 Si alguien le dijera que la ídem, con la misma ya redactada guardó en el cajón la sentencia condenatoria de “gente del Psoe” (Ábalos dixit)  hasta después de que fueran celebradas las elecciones…

 Si alguien le dijera que TODA la presa escrita, TODOS los digitales, TODAS las televisiones, TODAS las tertulias han enmudecido tras dar la noticia, la mayoría, con gran sentimiento…

 Si alguien le contara que por un “asuntillo menor” una frase  de una sentencia judicial (¿?) luego descalificada por el TC., sirvió como base y argumento para que con el apoyo de lo mejor de cada casa, un defraudador y mentiroso se alzara con la presidencia del gobierno…

 Es seguro que el castizo respondería: ¡Amos, anda! Pues eso.

De la prensa, noviembre 2019

 La Audiencia de Sevilla ha dado a conocer la sentencia por la pieza política del caso de los ERES.

BÁLSAMOS

(Soneto)

 Tras tal el gatuperio y robo tanto

ya comprende el común por qué, realmente,

que de un tenaz silencio, no inocente,

se extienda por doquier, tupido el manto.

 

Cerrado pronto han, a cal y canto

sus bien pagadas bocas. El ambiente

se amasó irrespirable e indecente,

cuando el cómo ni el qué, menos el cuánto

 

abría sin piedad los noticiarios

e hizo sacar por cientos las portadas,

las de acoso y derribo, deplorables.

 

Y es que el bálsamo secuaz de los sectarios

se aplica en las espaldas, ¡ay!, marcadas

por fraudes y traiciones miserables.

 

Don Eufemio, dic. 19

(Continuará, D. m.)

GOLPE DE DESPACHO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Hablaba con unos amigos de lo que todos hablamos; y poco más. Hablar es el deporte nacional; por eso se hace tan buena literatura en España. Se habla alto y fuerte, como nuestro clima; y por la sordera congénita que padecemos de escucharnos tanto a nosotros mismos.

El español es participativo y se nota en las conversaciones que comparte, con el móvil, sobre todo en los trenes (¡de qué cosas se entera uno!).

Hace unos años estaba en Chauen, visitando y estudiando, cuando sin querer queriendo, no pude evitar escuchar una conversación de una jovencísima española que desde una de las muchas tiendas para turistas hablaba por el móvil.

-Sí, mamá; León es precioso, se come muy bien y estamos pasándolo fenomenal.

En fin; Chauen, León y el resto pónganlo ustedes.

Entre los que estábamos en mi grupo surgió la definición del acto: esto es un golpe de teléfono. Alguien se la está colando a alguien.

Ojos que no ven… Entendimiento que no entiende… No es lo que parece…

Hoy, almorzábamos los mismos que estábamos aquel día en Chauen. Hace ya años. Surgió de nuevo la conversación del golpe. Como decía, lo habitual. De lo que todos hablamos.

Golpes: de Estado, claro. Muy aficionados que somos y además, como en el fútbol, cada español es árbitro y entrenador a la vez. ¿Seremos también golpistas? Más difícil, pero no por falta de ganas.

Así de repente alguien dijo: aquí, ahora, lo que hace falta es un golpe de despacho.

Bueno eso no es nuevo; dijo otro. Se dan a diario. Incluso dentro de los partidos. Ahora dicen que el pesoe lo ha intentado. Al menos intento; fallido claro.

La profundidad de la idea, dijo el más veterano, es adivinar quién es capaz de reunir a los que hay que reunir, en un despacho; sin micrófonos, sin saber sabiéndolo. Ya me entendéis.

Como si se tratase del Cónclave: cum clavis y a pan y agua. De aquí no sale nadie hasta que… Tan claro como que España era y será una. Eso debe quedar claro, clarísimo. Indisoluble.

Y si alguno se va de madre, pues como el padre: ¡¿Por qué no te callas?!

Ese sí que fue un buen golpe.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

3 noviembre 2019

 

EL CAPELLÁN MILITAR: AYER Y HOY, ARTÍFICE DE LA PAZ. JOSE FRANCISCO NISTAL MARTÍNEZ CORONEL CAPELLÁN EN RESERVA CON DESTINO

PRESENTACIÓN

Todos ustedes conocen al Páter Nistal, a Paco, nuestro querido Capellán militar. No es la primera vez que escribe en este blog y de verdad que siento que no lo haga con más frecuencia, pero su trabajo en bien de los demás siempre le tiene atareado. No es frecuente que en este blog publiquemos trabajos largos, pero en esta ocasión merece la pena no suprimir ni una coma.

Los que no han vivido la vida militar a fondo difícil es que conozcan a nuestros capellanes y la labor tan compleja y a la vez fructífera que cumplen. ¡Si ellos contasen! Hoy el Páter Nistal habla; no lo cuenta todo, casi todo, pero nos acerca a esa labor que nadie puede conocer como él. Pocos han estado tantas veces como él acompañando a nuestros soldados en misiones en el exterior. Pocos conocen como él el alma de nuestros soldados. Y pocos conocen como él la necesidad de la fe y el compañerismo, de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos.

Estuvo con mis legionarios en Irak. Según bajaba por las escalerillas del avión de regreso le coloqué un gorrillo legionario. Páter eres “Legionario de Honor”, por voluntad de mis legionarios, porque te lo has ganado y ellos te han condecorado por atender sus almas de legionarios.

Hoy 4 de diciembre festividad de Santa Bárbara, Patrona del Arma de Artillería, próxima la festividad de la Inmaculada Concepcíon, Patrona de la Infantería española, y de Nuestra Señora de Loreto, Patrona del Ejército del Aire es el día apropiado para el recuerdo y homenaje a nuestros capellanes.

¡Gracias Páter!

EL CAPELLÁN MILITAR: AYER Y HOY, ARTÍFICE DE LA PAZ

El acompañamiento de los Capellanes en los ejércitos es tan antiguo como los propios ejércitos. Las tropas medievales movilizadas para la conquista o la defensa de un territorio, afecta a ese territorio y disuelta después de la batalla, eran asistidas espiritualmente por Obispos y Sacerdotes. Así en la Batalla de la Naves de Tolosa estuvo junto a Alfonso VIII el Arzobispo de Toledo, y según la “Crónica de San Fernando” acompañaron a Fernando III en su conquista de Sevilla San Pedro Nolasco, Fundador de la Orden de la Merced, San Pedro González Telmo y el Beato Domingo de Guzmán, que con otros muchos Sacerdotes habían ido al sitio de Sevilla para ejercer su ministerio y apostolado”.

Cuando los ejércitos se hacen permanentes es cuando el Sacerdote se verá incorporado de una forma definitiva a la milicia. No tenían retribuciones fijas, ni gozaban de privilegios; dependían del Obispo del lugar donde estuvieran emplazadas las tropas y sometidos a la jurisdicción del Obispo Ordinario, con el trastorno que ocasionaban los conflictos canónicos; así, hasta la unificación de los ejércitos debida a los Reyes Católicos, con la intervención del Cardenal Cisneros.

La incorporación definitiva tendrá lugar al organizarse los Tercios de Infantería en 1532 que contará desde esa fecha con un Capellán estable y permanente tal y como consta en el primer documento que data de 1535 por el que el Emperador Carlos V, dirigiéndose al Marques del Basto, Virrey y Capitán General de Nápoles ordena “que se destine al servicio espiritual de cada Compañía un Sacerdote secular”. Posteriormente, en 1568, el Rey Felipe II ordena a D. Juan de Austria que “ha de haber en cada una de las galeras un capellán Sacerdote; en cada escuadra uno, que sea de más calidad; y cerca de Vuestra persona, uno que sea nuestro Capellán Mayor”, e igualmente al Duque de Marqueda, en Palermo, le dice “que en cada Compañía hubiere un Sacerdote, y de todos los de un Tercio, un Capellán Mayor”.

Así se irá creando una estructura que culminará con la figura del Vicario General Castrense, creada por petición del Rey Felipe II al Papa Pío V, por un Breve del 27 de julio de 1571 siendo nombrado D. Jerónimo Manrique.

Una nueva etapa se iniciará en 1762. Las reformas y reorganización del Ejército y la Armada llevadas a cabo por Carlos III solicitan de Roma un nuevo Breve al Papa Clemente XIII, que concede el 10 de marzo de 1762, nombrando, según deseo del rey y ejemplo del regalismo borbónico, al Cardenal Spinola de la Cerda, Vicario General de los Ejércitos, quien ostentaba ya el título de Patriarca de las Indias. Títulos que se unirán en una misma persona hasta el siglo XIX.

Otras épocas históricas, que no son objeto de esta conferencia, se desgranan dejando al descubierto las luces y las sombras por las que atravesó, y atraviesa, este veterano Servicio Religioso. Aquí sólo dejamos constancia de nuestra antigüedad. Y volvamos al personaje.

El tratadista militar del siglo XVIII, Coronel de Infantería D. Tomás de Puga y Rojas, hombre que compaginó la carrera de las armas con las humanidades, que fue, por tal motivo, auditor de la plaza de Ceuta, abogado de los Reales Consejos y, por último, Corregidor y Capitán a guerra de la villa de Quesada, en 1707 publico en un libro titulado “COMPENDIO MILITAR”, un capítulo con el epígrafe “Elección y calidades del Capellán de Regimiento” en el que dice de éste lo siguiente:

“El Vicario General del Ejército es la persona en quien reside la jurisdicción espiritual militar, tropas del territorio, guarniciones y campamentos; y el Capellán de Tercio o Regimiento es el que tiene el gobierno espiritual de los demás Capellanes del Cuerpo y el cuidado de las almas de todas las gentes de que se compone, como también la atención a los ejercicios devotos y que se eviten los pecados públicos y ofensas a Dios; y porque no es fácil haya para cada compañía su Capellán, como se hacía antiguamente, se suele formar en cada Regimiento el número posible de Capellanes para la celebración de las misas y administración de los Sacramentos mediante la Ordenanza 75 de la antigua.”

“La elección del Capellán mayor y demás Capellanes del Regimiento la hace, por vía de presentación, el Coronel, la cual aprueba su Majestad, y se le da la Real Patente en forma, con la cual se presentan y son admitidos al sueldo. En la elección conviene tener presente que los Capellanes sean muy celosos en el servicio de ambas Majestades y del bien de las almas, y libres de toda codicia, y personas de experimentada confianza, por la que de ellos comúnmente hacen los soldados, entregándoles dinero y otras cosas para que, en caso de fallecer en la función lo distribuyan en la forma comunicada; y saliendo bien y con vida, volverlo cabal y sin defalcación, para lo cual han de tener libro en que lo escriban con toda claridad y distinción”.

“Así mismo se debe tener presente el que sean de fervoroso espíritu y ánimo varonil para andar entre los riesgos fervorizando cuando la guerra es contra enemigos de la fe, y en todos los reencuentros fortaleciendo a los heridos, administrándoles los Sacramentos y exhortándoles en la última hora. El alojamiento se les da a proporción del Sargento Mayor, por la equivalencia que se considera en el grado”.

“Nunca hará uso de las armas, salvo para defender su vida, la de los heridos y los ornamentos sagrados; más no se engríe por valiente, pues siempre ha de ser humilde después de la batalla”.

“Cambie su traje religioso para caminar a pie o a caballo, llevando señal o insignia que denote su estado, según las órdenes de su Coronel, al que estará en todo subordinado, además del Vicario General”.

En pocas líneas el Coronel de Puga sintetiza las condiciones, los cometidos y dependencias del Capellán; pero, sobre todo, resume la calidad del Capellán militar condicionado a serlo en tanto en cuanto esté adornado de virtudes espirituales y humanas, algunas imprescindibles,. Pero quiero entender que lo que describe no es un ideario para que quede constancia de cómo han de ser los Capellanes. Más bien, está retratando al conjunto de Capellanes con los que convivió en sus años de milicia. Hombres, aquellos, descendientes de D. Quijote, vaciados en el mundo, a lomos de la Buena Nueva, nutridos de Dios, apóstoles misioneros, conquistando almas o gastando paciencia para conservar la devoción allí donde ronda el peligro, aprieta la fatiga y el sufrimiento; que son los aledaños de la muerte el terreno propicio para dar ejemplo e invitar a acercarse a Dios con la misma valentía con la que se espera lo incierto.

Dice el General BERMUDEZ DE CASTRO en un breve artículo titulado “EL PATER” (Madrid 1951) “No es fácil la misión del Padre Capellán alternado con gente joven, alegre, bromista, poco preocupada; si se encierra en torre de marfil, falta a la misión que le atañe; si se entrega demasiado a la alegría, se expone a no inspirar cierto respetillo muy necesario; desde luego que no todos los sacerdotes serían aptos para desempeñar la feligresía de un Regimiento; ¡no es fácil! Poseer la tolerancia comprensiva indispensable, no porque la gente de armas sea más pecadora que el paisanaje, sino todo lo contrario; pero su carencia de hipocresía, incompatible con el carácter militar, los ofrece más locuaces, menos circunspectos, y parecen más pecadores. Un Páter demasiado serio, reservado, sin alzar nunca los ojos del breviario y escandalizándose de algunas libertades de palabra, no podría servir en filas”.

Aquel estilo de vida tan peculiar del Capellán militar, por lo entregado y austero, hizo que se propusiese y se aceptase como reconocido lo que se llamó LA CUARTA FUNERAL. Era cuando los soldados servían siete años; tenían masita, es decir, ahorros, si eran cuidadosos con la ropa; la cuarta parte de la masita, si se moría su dueño, correspondía al Capellán.

Se cuenta del Batallón expedicionario del Inmemorial del Rey que, por fallecimiento de 857 soldados de tropa en la campaña de Méjico, el Capellán percibió 10.650 pesos fuertes, la mitad en oro, CUARTA FUNERAL del importe de las masitas de los muertos. Esta CUARTA FUNERAL desapareció al adoptarse un nuevo Reglamento de Contabilidad que suprimió la masita. Sólo se conservó en Cuba, durante la última guerra, como ventaja de ultramar.

A los Capellanes les estaba vedado acercarse a la línea de choque para que los heridos y moribundos pudieran ser atendidos y no les faltasen los auxilios de la Religión. En las Ordenanzas que los Maestres de Campo, Generales, y los Capitanes Generales, después, daban a sus tropas por medio de bandos, se recomendaba siempre a los Capellanes, en lo posible, que no se expusiesen a los riesgos, pero que tampoco se apartasen de sus compañías, condiciones que muchas veces no eran compatibles. Quienes han sentido la llamada de Dios y esa entrega específica a la vida militar reviven, cada día, la necesidad de estar junto a los suyos, ya suba o baje la rueda, y ser uno más. Así se gana la confianza, el respeto y la admiración, además del cariño. “Abonado el terreno” el “Dios con nosotros” también tiene sitio. Pero, si además de esto, sus acciones son heroicas, están llamados, con toda justicia, a la más alta gloria. La Laureada busca el pecho del militar heroico. Valga la comparación, vuela por el campo de batalla buscando el corazón del que se la gana, sea soldado o general. Sólo distingue al héroe. Aunque no es de extrañar que en su vuelo se pose más fácilmente en el que combate y en el que ejerce la responsabilidad del mando que en el Capellán, que sin dejar de ser soldado y combatiente, lo es muy “sui géneris”. Es, pues, admirable que un Sacerdote alcance esta recompensa militar tan preciada y buscada por todos, y que, en ocasiones, algunos logran como recompensa póstuma a su heroísmo, siendo galardón valiosísimo, no para su uniforme, sino para su sepultura.

Sin monumentos, ni calles dedicadas que recuerden ni sus nombres ni sus gestas, rescatados, quizás, del olvido y honrados con nuestro recuerdo, ya que glorias tan íntimas y singulares piden público reconocimiento, (y, quizás, una lápida con sus nombres en el Arzobispado Castrense como agradecimiento y estímulo para los capellanes en servicio activo); porque ellos sí hicieron realidad las palabras de San Pablo: “Que los hombres nos miren como ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios”, traemos al recuerdo los nombres de los seis primeros Capellanes militares Laureados de San Fernando y una pequeña reseña de su vida.

DON PASCUAL FLORES PÉREZ:

El primer laureado del que queda constancia acreditativa. Nació en Teruel el 18 de mayo de 1840. Ingresa en el Ejército en el año 1874. Estaba encuadrado en las fuerzas que acaudillaba Don Fernando Primo de Rivera que apuntaban a Estella, la Corte de D. Carlos, la que fuera llamada ciudad Santa del Tradicionalismo. Por tierras de Logroño,    en los altos de Montejurra, su oponente, Calderón, se defendía con sus fuerzas, pero al fin ha de retirarse. Dominadas las crestas de Montejurra, Estella queda inutilizada y la ciudad se abre al General victorioso, comenzando la deserción del ejército contrario. Pero aun persisten los actos heroicos que por ambas partes han jalonado una campaña. Entre ellos, el realizado por D. Pascual. Éste Capellán militar, impávido en el combate, abstraído a todo lo que no sea cumplir con su misión, recorre las líneas, acude ante los moribundos, anima al que está abatido por el dolor. Las almas son lo que importa. Sus hechos culminan en la acción del 30 de enero de 1876. Ese día lo recoge el Reglamento de la Orden para apreciar los actos heroicos llevados a cabo por él e incluirlo en la Asamblea de sus Caballeros y declarado benemérito de la Patria. Y junto a la Cruz de San Fernando se colocó la Cruz roja del Mérito Militar; la de Carlos III, por el mérito contraído y herida recibida en la acción de 15 de junio de 1875 y otras de las que hay constancia y que no se nombran en esta ocasión. Este Capellán falleció en Valencia el día 12 de enero de 1911, cuando se hallaba en situación de retirado. En aquella capital causaba la mayor admiración, D. Pascual, sobre cuya negra sotana resaltaban los esmaltes de una cruz Laureada conseguida previo aquilatamiento de sus    méritos. Como es preceptivo.

DON FRANCISCO FIGUERAS FERNANDEZ:

La guerra de Filipinas ardía con todo el ímpetu de fanatismos y avivamientos de independencia. En esa fase de una campaña con signo adverso para nuestra causa, otro Capellán laureado, el Capellán segundo del Regimiento de Infantería de Manila n° 74. La fecha, el 18 de julio de 1895. En el asalto fue herido de muerte el Capitán de Ingenieros D. Félix Briones. Es, entonces, cuando este Capellán no lo duda. Hay que administrar los últimos Sacramentos, ayudarle en ese trance irreparable. En el mismo talud de la brecha, blanco seguro de las armas enemigas, sin cuidarse de su vida, D. Francisco ayuda a morir al bravo capitán ingeniero. Del hecho da notoriedad el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra correspondiente al día 4 de octubre de 1896 que le concedía la Cruz de San Fernando de primera clase, con la pensión anual de 250 pesetas, señaladas en el Art. 8° de la Ley citada, y abonable desde el día 18 de julio del año en que tuvo lugar el hecho de armas.

Junto a la Laureada podía colocar este Capellán, la Cruz de primera clase del Mérito Militar con distintivo rojo, pensionada; la Cruz roja, también pensionada y la Cruz de María Cristina, entre otras. Falleció este Capellán en Madrid el 3 de diciembre de 1915. Sus restos reposan detrás de una lápida grabada con su nombre y apellidos, Teniente Vicario de 1a clase. Asesor del Cuerpo Eclesiástico del Ejército, la fecha de defunción y la edad, 50 años, nicho 99, Sección 5, Patio de la Concepción, en uno de los muros del cementerio de la Sacramental de Santa María, de Madrid, por su aspecto hace tiempo olvidada; por cierto, con huellas de nuestra pasada guerra civil.

DON ESTEBAN PORQUERAS ORGA:

En tierras filipinas también la meritoria actuación de este Capellán, el segundo de los que mereció esta codiciada recompensa en el archipiélago. Servía este Capellán en un batallón de Infantería de Marina y era el 10 de noviembre de 1896. Ese día nuestro Ejército tuvo numerosas bajas en Benicayán entre las que se contaban un jefe, un oficial y 25 de tropa, además de tres jefes, once oficiales y 81 de tropa heridos. D. Esteban mostró frente al enemigo su noble figura, actuó de modo resuelto e incansable. No sólo prestó en extrema vanguardia los auxilios espirituales a los heridos graves, yendo incesantemente de unos a otros, sino que hizo de auxiliar médico y de camillero. Ayudó a curar a los heridos, transportó en hombros a otros colocándolos fuera del alcance de los proyectiles. Su actuación no reconoció barreras. Y toda esta acción meritoria la totalizó cuando el mismo necesitaba esa ayuda médica que tanto prodigó en las horas de un combate adverso. Herido en un pie, el Capellán no buscó refugio en el botiquín, sino que desdeñó el dolor propio por disminuir el ajeno y así se mantuvo todo el día.

Estos hechos son reconocidos con fecha 24 de octubre de 1898, en que se da cuenta de que desde el 10 de noviembre de 1896 tiene derecho a la pensión reglamentaria como Caballero de San Fernando de primera clase.

FRANCISCO OCAÑA Y TELLEZ:

En Tembleque, ese pueblo de la Mancha que la autovía A. IV quiere

dejar a un lado, a donde el bueno de Sancho se desplazaba algunos agostos para cortar las enceradas espigas que aseguran tranquilidades allá por el invierno, nació este Capellán Castrense. Nació el día 1 de abril de 1871 e ingresó en el Ejército el 30 de agosto de 1895. No tardó en ser un miembro más de las fuerzas que allá en la Perla de las Antillas trataban de mantener esa preciosa isla bajo la soberanía de España. El día 8 de Diciembre, día de la Inmaculada, de 1898, D. Francisco Ocaña, que pertenece al Batallón de Álava, se encuentra en operaciones cerca de Laguna Itabo, en terrenos bajos que encharcan las lluvias, allá por donde se va ensanchando el vientre de ese caimán a que semeja el mapa de Cuba. El batallón, formado por gente de probada bravura, va bajo las órdenes del General García Aldave, cuyo nombre se haría popular después por tierras de Marruecos.

El Capellán del Batallón de Álava, muy próximo al enemigo y bajo sus ruegos, solo piensa en los deberes que su excelso ministerio le exige. Pero no se circunscribe a lo espiritual sino que ayuda a curar a los heridos, trasladándolos fuera del alcance de los proyectiles, y realiza cuanto le sugieren las críticas circunstancias del momento. Por su actuación, la Orden de San Fernando le acoge entre sus miembros, y la Reina Regente desde las columnas del Diario Oficial del Ministerio de la Guerra proclama sus méritos y le reconoce el derecho al disfrute de la pensión adscrita a la Cruz de la primera clase de esa Orden de San Fernando. Dos heridas de guerra por él sufridas testimonian su tributo de sangre. Una en Cuba; la segunda, en Marruecos, en el tristemente célebre Barranco del Lobo. Es uno de los capellanes más condecorados de la historia.

DON JESÚS MORENO ÁLVARO:

Les confieso que por este Capellán Castrense siento especial admiración. Curiosamente, el día de mi presentación en la Base Militar de Hoya Fría, en las efemérides de la Orden, se recordaba su gesta. Desde entonces es mi héroe.

Su actuación tuvo un eco inmenso en la Prensa de España que contrarresto un poco las noticias que sentenciaban el descalabro de nuestras tropas en tierras de Melilla en aquellos días de julio de 1909. En los periódicos de esos días fue recogida la estampa de ese Capellán que, pese a ser menguado de estatura, se alzó como un gigante. Estaba destinado en las filas de aquellos Cazadores, flor de la Infantería española. Para situar la gesta describiremos brevemente la situación vivida en Melilla los primeros días de julio del año 1909. El Comandante militar, General Marina solicita refuerzos al Gobierno para castigar la cobarde agresión de rífeños a obreros que trabajaban en el tendido de la vía. Por discrepancias políticas los refuerzos tardaron en llegar. Por fin, comienzan a llegar los primeros procedentes de la Brigada de Cataluña pudiendo repeler las hostilidades de las estribaciones del Gurugú. Los ataques se siguen repitiendo los días 19 y 20. Sólo, entonces, el Gobierno comprende el peligro y manda refuerzos que encuentran las primeras dificultades por los oponentes al envío de tropas, que, en la estación de Atocha, llegaron a desenganchar las locomotoras para impedir la salida de los Cazadores, la joya de la guarnición de Madrid. Cuando llegaron a Melilla, desde el barco al combate. Los incidentes de aquella jornada, en la que tuvimos gran número de bajas, merecen más el silencio que el comentario. El día 27 la vía había sido cortada y era necesario mandar un convoy a las posiciones. Se tomaron todas las precauciones. Aún así, nuestras fuerzas, que sufrieron un horroroso y certero fuego, lograron entrar en el Barranco del Lobo. Caen en él jefes y oficiales pero los Cazadores no se amilanan, calan el cuchillo y siguen por las lomas.

Entonces, cuando es imposible atravesar la muralla de balas del enemigo, surge la actuación del Capellán del Batallón de Cazadores de las Navas n° 10, Don Jesús Moreno Álvaro. Este no sólo se no aparta un momento de sus fuerzas, a las que administra los Sacramentos y ayuda a curar, sino que cuando el Batallón se halla casi desprovisto de mandos y los soldados comienzan a ceder terreno y a buscar salida por la barranquera, el Capellán toma el mando, y en todo momento actúa como un jefe, decidido, sin rehuir el riesgo. Con su actuación logró aminorar el dolor de los caídos en aquella acción que tantas bajas ocasionó a España, entre ellas un General y cinco Jefes muertos.

  1. Jesús Moreno Álvaro fue admitido el 14 de abril de 1910 en la Orden de San Fernando con la Cruz de primera clase.

DON JACINTO MARTÍNEZ VERDAZCO:

Escueto es el oficio que notifica los méritos de este Capellán castrense que facilitaron el ingreso en la Orden de San Femando: “Resultando que el citado Capellán permaneció durante el combate en la posición central, que ocupaba el Batallón de Cazadores de Madrid n° 2, al que pertenecía, auxiliando a los heridos en primera línea y sirviendo de auxiliar eficaz en la comunicación de órdenes y avisos bajo el fuego del enemigo, municionando personalmente la segunda compañía del Batallón”. Por su actuación, la Cruz de primera clase de la Orden de San Fernando a resaltar sobre su traje talar.

Con nuestro humilde recuerdo rendimos honor a la gloria de estos seis Capellanes militares ejemplares y avivamos el ejemplo para quienes tenemos el relevo.

El paso de los años hace invariable la misión del Capellán. Ayer y hoy tiene la misma urgencia y la misma actualidad el mandato de Jesús: “id y predicad el Evangelio… “. Cada época ha requerido su adaptación. La última etapa del Capellán militar volviendo a acompañar a las tropas, ahora en misiones de paz, fuera de nuestras fronteras, la deciden las últimas guerras de Europa de esta década. Concretamente, Bosnia 1992. Hubo un ensayo el año anterior con un Batallón de la Brigada Paracaidista que tuvo presencia en el frío invierno del Kurdistán iraquí.

Dejábamos las “paz” de los cuarteles e iniciábamos toda una aventura en la que el mayor alijo era la ilusión. No creo exagerar si digo que a todos, mandos y tropa, nos faltaba experiencia, que se suplió con disciplina y el buen adiestramiento que tenían las unidades; y en el entramado operativo con los ejércitos de otros países, con los que compartíamos escenario, el recelo y la desconfianza, por parte de estos, acabó siempre en admiración al ver el comportamiento del soldado español. Abnegado, sufrido, valiente, amable, generoso, entre otras, son virtudes que rebosan del atillo con el que carga a todas las horas y en todas las estaciones del año, pase lo que pase, el soldado español. Uno por uno, todos por igual, los mejores embajadores de la Patria de los últimos años allí donde estuvieren.

El Capellán también tuvo que aprender. Adaptarse al medio y a las circunstancias. A coger su maletín de campaña y a celebrar la Santa Misa mientras caían granadas en Jablanica, Mostar, Aracinovo, Diwuaniyaf o Nayaf. A escuchar conversaciones interminables en las horas de refugio en el “nido de heridos”; a compartir los 25 grados bajo cero con la guardia al amor de un bidón de ascuas, que hacía de brasero, y un café aguado; a soportar los 65 grados de temperatura y la tormenta de arena en pleno desierto. Tratándose de un patrimonio de almas como las de los soldados españoles, el aprendizaje fue fácil y rápido.

 

La actividad del Capellán en ZO. (Zona de Operaciones) tiene, a mi modo de ver, cuatro vertientes:

  • La personal,
  • La función específica con los militares a quienes acompaña,
  • Su función con ejércitos amigos (evitaré llamarles de la coalición), y españoles que desarrollan trabajos en los países donde hay presencia militar española: ONGs., periodistas, empresarios, políticos…
  • Actuación con los representantes o instituciones y población del lugar.
  1. PERSONAL:

Siendo testigos directos de las realidades más crudas y del odio más desaforado, presos como los habitantes que nos reciben, de otra forma, en destacamentos militares más o menos habitables, el bien que más se valora, como bien supremo del hombre, es el de la Libertad. Después, uno agradece a Dios la cantidad de cosas de las que disfruta; cuántas, que no son necesarias, nos atrapan en esa tela de araña de la sociedad consumista, y exigen de nosotros esfuerzos tremendos y, a veces, incómodos con personas del entorno.

De lo humano a lo divino. Si el Coronel De Puga decía de los Capellanes que “sean fervorosos”, la estancia en estos lugares son ocasiones para comprender y dar razón de lo que nunca tendrá justificación. Sólo el bien es justificable. Y ayudar a poner esperanza y confianza en Aquel que también fue víctima del odio y de la intolerancia y, que desde el trono de la cruz, da sentido a tanto sinsentido. Definitivamente, toda situación problemática humana, personal o colectiva, tratada desde la fe, adquiere, de inmediato, soluciones humanas y espirituales que no manejan ni la ciencia ni los recursos humanos. La presencia de Dios en la Historia y en las historias de los hombres no se puede eliminar. En algún momento nos topamos con El. El Capellán descubre y ayuda a descubrir a sus compañeros el rostro del Cristo doliente en esos rostros sin nombre, en esas miradas perdidas que rompen el alma, en esos cuerpos inocentes mutilados, en ese ir y venir a ningún sitio por ciudades y pueblos de los que sólo queda el recuerdo y los nombres, en esos paisajes, otrora verdes y habitables, llagados y solitarios. De estas experiencias, sin posibilidad de poder medir en porcentajes ni plasmar en tablas estadísticas, el ejército, nuestro ejército, se ha humanizado más y, también, se ha espiritualizado más. Los militares, en especial la tropa, que en España no pisan las iglesias, allí, sin pudor humano, tienen encuentros solitarios con el “preso del sagrario”, participan de las celebraciones litúrgicas, charlan amigablemente con el “Páter” y llevan, con orgullo, la medalla o el escapulario, por poner algunos ejemplos.

Al inicio de las misiones, el Capellán estaba encuadrado orgánicamente en la Compañía de la Plana Mayor, dependiendo directamente del Jefe que mandaba la gran Unidad. Sin dejar esta dependencia, hoy el Capellán, con otros Servicios, forma parte de lo que se llama “Equipo de Apoyo al Mando” (EAM). Otros, no sé con qué intención, se empeñan en llamarlos “Estado Mayor Especial”.

Lo que no ha cambiado mucho desde el inicio hasta hoy son los recursos, siempre escasos para el “Páter”. Es el único servicio, y el único de todo el Destacamento, que no tiene a nadie asignado para que le ayude en sus cometidos. Aunque nunca le faltan manos voluntarias. Conseguir un lugar, más o menos decente, como Capilla-y despacho ha dependido siempre de las influencias, del jamón y de alguna botella que otra de vino. Estos lugares, que con tanto trabajo se construyen y ornamentan, después son los más visitados por Mandos y Tropa, haciendo de ellos el refugio cálido del corazón. Por algo será.

  1. FUNCIÓN ESPECÍFICA:

La misión del Capellán es acompañar a las tropas y ofrecerles el servicio, todos los días de la misión, las 24 horas. Acompañar es estar con ellos, donde estén; conocerlos a todos, uno por uno, a ser posible por el nombre; es sentir y manifestar, contagiado, la alegría o la adversidad individual o colectiva; sentir el pulso, tanto del que tiene la responsabilidad de mandar, como de los que obedecen órdenes, para ser consejero imparcial, confidente, amigo o, al menos, compañero de todos. En esta tarea, el Capellán invierte la mayor parte del tiempo para estar muy atento, especialmente, con aquellos a los que le llega la hora del desánimo o le aprieta el problema que llega de España. La vigilancia es continua, no esperando que lleguen a él atrincherado en un despacho, si lo hubiera. Hay que recorrer todos los rincones del Destacamento todos los días para ir comprobando la temperatura anímica y moral de los compañeros. Tiene que acompañar a las patrullas que vigilan en los BMRs, de día y de noche, sin reparar en el peligro, ni en las inclemencias meteorológicas; llenar horas de cigarros y recuerdos con la guardia de seguridad; o en el puesto de mando, empujando unas manecillas de reloj que le cuestan moverse; en los talleres, con militares enfundados en monos cromados de grasa y aceite; en el botiquín, donde siempre existe esa simbiosis mágica entre el personal sanitario y el “Páter”, además de la visita de ánimo al compañero herido o enfermo; y en la partida de cartas en la que, lo que más se juega, es el honor del vencedor. Momentos especiales son, para los que se reserva y vive, cuando va a visitar los destacamentos más alejados del Puesto de Mando y les lleva, además del ánimo, noticias, encargos y, si puede ser, algún presente que les recuerde los sabores de la madre patria.

La clave del acompañamiento es la acogida. Al estilo de Jesús, el único maestro, que

  • acogía a todos los que llegaban hasta El;
  • escuchaba y,
  • cuando se iban de su lado, se marchaban aliviados en el espíritu y sus cuerpos sanados.

En definitiva, el Servicio Religioso presta apoyo humano, espiritual, religioso y moral a los militares que lo solicitan. Celebra diariamente la Santa Misa, fiestas patronales y funerales (este Capellán ha tenido que hacer las honras fúnebres y despedir a 12 compañeros caídos en Misiones de Paz). Administra Sacramentos, como el de la Penitencia o Bautismo de Adultos. Prepara para la recepción de los Sacramentos de la Confirmación y del Matrimonio. Forma coros para las celebraciones y otros actos. Da conferencias de formación religiosa y humana. Ayuda a los miembros de otras religiones o confesiones, si los hubiere, a practicar su culto. Se vale de la hoja parroquial o de la imaginación del momento para que las propuestas del Servicio Religioso tengan eco.

Habitualmente, ha sido el encargado de gestionar el Plan de Calidad y Vida de la Tropa, es decir, el tiempo libre y de ocio de los Militares, así como los recursos asignados: Biblioteca, Prensa, Películas de video, Programación de la Televisión, -incluidos los partidos de fútbol, “la madre de las batallas”-, Horarios y listas de Teléfono, cuando las llamadas a España eran de cinco minutos no todos los días, Listas de Internet, Competiciones deportivas, Viajes lúdicos y Visitas culturales. Con frecuencia se le encarga, con la célula de Asuntos Cívico-Militares (CIMIC), de coordinar o colaborar en la ayuda humanitaria.

Este “cajón de sastre” parece muy abultado. Pero en un lugar donde no hay horarios, salvo los fijos de las comidas, y todos los días del mes son lunes, primera hora, el tiempo, que allí parece que va más despacio, da para todo y aún sobra.

  1. EL CAPELLÁN MILITAR CON LOS DEMÁS…:

La figura del Capellán ha sido definitiva para las relaciones humanas y de cooperación con otros ejércitos. Éstas han surgido del buen entendimiento y amistad, además del apostolado en común, de los Capellanes de los distintos ejércitos con representación en el “teatro de operaciones”. Actos ecuménicos, reuniones periódicas, actividades culturales, han hecho fluidos los vínculos de unos con otros. El Capellán español ha prestado con bastante frecuencia servicio religioso a ejércitos de otros países que se lo demandaban. La colaboración ha dado siempre frutos positivos en todos los órdenes.

Contaré una anécdota. Macedonia, durísimo invierno del año 1999. El destacamento “El Pilar”, emplazado junto al aeropuerto de Skopje era vecino del americano. Ellos, con personal autóctono de sobra, lavaban rutinariamente sus enormes vehículos embarrados. Los españoles, de vez en cuando, aprovechando la caída de manos, colábamos alguno que otro, celebrando el agrado y buena disposición de los americanos y los macedonios. Hasta que llegó la factura, por cierto, el litro de agua al precio del de güisqui, ¡con lo que allí llovía! No había partida económica para justificar aquel gasto. Ante el agobio del Teniente Coronel, el Capellán pide la factura y va a visitar al Coronel americano. En aquel cordial encuentro, el Capellán, que les asistía religiosamente, pone precio, sólo simbólico, porque las Misas tienen un valor incalculable, a sus servicios, quedando muy en desventaja el ejército americano. Así se firmó un acuerdo por el que España podía lavar un número determinado de vehículos semanalmente a cambio de otro servicio, el Religioso.

Todo español que llega por alguna razón o de visita a Bases españolas en Zona de Operaciones, termina, sin saberse bien por qué, en las dependencias del “Páter”. Hablamos de ONGs, periodistas, etc. De esa acogida, sin preguntar credos ni ideologías han surgido largas conversaciones de lo humano y de lo divino y buenas amistades, por encima de todo.

  1. EL CAPELLÁN MILITAR Y LOS DEL LUGAR:

Hasta donde han podido y, a veces, no ha sido poco, los Capellanes han sido los mejores interlocutores para estrechar lazos de unión con popes, imanes y representantes religiosos. Con santa paciencia han tenido que soportar largas horas de reunión para escuchar un monólogo abundante de reproches y descaros, desahogos necesarios para llegar a acuerdos en otras mesas de negociación.

A    MODODE   CONCLUSIÓN:

Han sido muchos los Capellanes militares que en esta última época han acompañado a nuestras tropas fuera de nuestras fronteras en misión pacificadora y humanitaria. En algunos momentos han sido 5 a la vez, en distintos lugares, los que compartían la misma suerte. Para ellos no ha sido ni un mandato, ni una obligación, sino una necesidad que nace de la misión para la que viven y por la que sienten.

Con la mochila a la espalda, a pie de escalerilla del avión o en la propia casa, porque no había fuerzas para más, despedían a los ancianos padres y familiares cercanos a los que algunos no volverían a ver más. No toca ahora juzgar cómo lo han hecho. Cada uno de los miembros de los Ejércitos tendrá su opinión particular del Capellán o Capellanes con los que haya convivido. Pero, sin arrogancia ni vanagloria, estoy seguro que todos pusieron lo mejor de sí mismos a disposición de todos. Cada uno con su estilo y con sus peculiaridades, pero con humildad, procurando el mayor bien para todos. Esta actitud es respuesta recíproca del trato que recibe, en general, el Capellán por parte de los miembros de los Ejércitos. El Capellán se siente integrado, querido, útil y realizado entre quienes como él, han optado por una forma de vivir diferente, fieles a unos principios y convicciones, amantes como nadie de la paz y la concordia.

Todos deseamos que nuestros Ejércitos vuelvan a la rutina y al trabajo de los cuarteles lo antes posible. Cosa que parece cada día menos probable viendo el empeño de algunos intolerantes y fanáticos que, a costa de ideas seudo religiosas, amedrentan y se ensañan con la comunidad mundial. Nuestras Tropas, en ese ir y venir por caminos de paz, podrán seguir contando y confiando en sus Capellanes que, herederos del valor y la ilusión de los del pasado, bien preparados y siempre dispuestos, acompañarán con humildad a nuestros Ejércitos allá donde haga falta.

JOSÉ FRANCISCO NISTAL MARTÍNEZ

CORONEL CAPELLÁN EN RESERVA CON DESTINO

Blog: generaldavila.com

4 diciembre 2019

Desde su atalaya cordobesa: LAS COSAS DE DON EUFEMIO

Y, con la que está cayendo tiene que venir un recogedor de las nueces manchadas con la sangre  de españoles  a decir al resto de formaciones lo que tienen que hacer con un partido infinitamente más democrático, leal, constitucional y español que el suyo; que no lo es nada. Eso sí, ha sido, es el más chupón, oportunista, aprovechado, racista, cobarde  y traidor desde hace  ciento veinticinco años.

 Justo estoy redactando este comentario previo al soneto de más abajo y me entra en al móvil un aviso de mensaje. Lo abro; y aquí lo tienen: una muestra más del ingenio popular.“Con la que está cayendo” digo más arriba. ¡Qué clarito lo tiene el inefable Romerales!

 A ver si le llega al mal nacido personaje de los…cordones cuya híper representación sólo es debida a la interesada estupidez del resto de los acomodados y bien amoldados partenaires: ¡PAYASO!, éste sí.

 De la prensa, noviembre  de 2019

ORTUZAR  DEFIENDE UN CORDÓN SANITARIO CONTRA VOX.

El presidente del PNV […] ha llegado a pedir la ilegalización política y ha propuesto al resto de las formaciones políticas crear “un cordón democrático” en torno al partido de Santiago Abascal, y lamenta que “campara a sus anchas y que pudiera estar y decir en todos los sitios lo que le daba la gana”. Les insta igualmente  a que “no pinte nada ni condicione nada en la vida de las instituciones, más allá, lógicamente, de sus derechos como electos, no dándole ningún puesto ejecutivo para anular su capacidad de condicionar las políticas públicas y la acción de gobiernos y ayuntamientos” (sic)

 EN SOLITARIO

(Soneto con estrambote)

 Hay un tipo faccioso con coleta

que una dictadura comunista

ya próxima acaricia; y socialista,

el socio, que llegara por la jeta

 

y que pone en la cháchara la meta,

genuflexo y a gusto del golpista.

Y así por engrosar la aciaga lista

ni asesinos le faltan, los de ETA.

 

Tampoco escasearán, aprovechados,

los votos de mindundis do se juntan

los de todo color, raza y pelaje.

 

Y este aquelarre vil de conjurados

en la Patria romper, dice repuntan,

¡peligros!, en su mísero lenguaje.

 

En burda, la grosera y vil patraña,

peligros, que vinculan, ¡ay!, nerviosos,

con bendita la voz que, temerosos,

se alza en solitario por España.

Don Eufemio, nov. 19

(Continuará, D. m.)