ESPAÑA FRENTE AL NARCOTRÁFICO: UNA GUERRA QUE YA NO ADMITE TIBIEZA. Julio Serrano Carranza. Coronel de Aviación (R). Ejercito del Aire y del Espacio

 

La tragedia vuelve a golpear a la Guardia Civil. La muerte en acto de servicio del capitán Jerónimo y del agente Germán del Servicio Marítimo de la Guardia Civil destinados en la Comandancia de Huelva ha reabierto una herida que España jamás cerró tras el brutal asesinato de dos guardias civiles en Barbate el pasado 9 de febrero de 2024. Aquella noche, una narcolancha embistió deliberadamente a los agentes que trataban de hacer cumplir la ley. España entera contempló con estupor unas imágenes impropias de una nación europea del siglo XXI. Sin embargo, pasado el impacto mediático, la sensación generalizada entre muchos miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado fue amarga: los homenajes fueron numerosos, pero las soluciones reales siguieron siendo insuficientes.

Hoy, nuevamente, la sangre derramada de servidores públicos nos obliga moralmente a hablar con claridad. No estamos ante hechos aislados. No estamos ante simples delincuentes comunes. Lo que está ocurriendo en el Campo de Gibraltar, en la costa de Huelva y en otras zonas del litoral andaluz constituye una amenaza directa al Estado, a la seguridad nacional y a la convivencia democrática. Nos encontramos frente a organizaciones criminales extraordinariamente poderosas, con recursos económicos ilimitados, con capacidad de corrupción, con armamento de guerra cada vez más sofisticado y con una creciente sensación de impunidad.

España debe decidir si quiere afrontar esta realidad con firmeza o resignarse a perder territorios sociales y morales frente al narcotráfico.

El Estrecho de Gibraltar: la gran autopista del narcotráfico

El Estrecho de Gibraltar siempre ha sido un enclave estratégico. Por él transita buena parte del comercio mundial. Une dos continentes y conecta el Atlántico con el Mediterráneo. Pero esa posición geográfica privilegiada también ha convertido a esta zona en una de las principales puertas de entrada de droga hacia Europa.

Durante décadas, las mafias han perfeccionado sus métodos. Lo que comenzó como contrabando tradicional evolucionó hacia estructuras criminales de enorme complejidad. Primero fue el hachís procedente del norte de África; posteriormente llegaron la cocaína, las redes internacionales de blanqueo de capitales, las conexiones con organizaciones balcánicas e hispanoamericanas y, finalmente, la profesionalización total de las bandas criminales.

Hoy los narcos operan con auténtica logística militar. Emplean embarcaciones de gran potencia, vehículos de alta gama, sistemas avanzados de comunicación, drones, visión nocturna y sofisticados mecanismos de vigilancia y contrainteligencia. Conocen perfectamente los movimientos policiales, disponen de colaboradores infiltrados en numerosos ámbitos y manejan cantidades ingentes de dinero capaces de corromper voluntades y comprar silencios.

No exageramos si afirmamos que ciertas organizaciones criminales del narcotráfico presentan características propias de grupos narcoterroristas. Imponen el miedo en determinadas localidades, desafían abiertamente a las autoridades y utilizan la violencia extrema como mecanismo de intimidación.

Las imágenes de Barbate, donde una narcolancha arrolló a unos guardias civiles indefensos, simbolizan la degradación de una situación que muchos llevan años denunciando.

Nuestros agentes: héroes con medios insuficientes

Resulta imposible no formular una pregunta incómoda: ¿tienen nuestros agentes los medios suficientes para combatir esta grave amenaza nacional?

La respuesta, aunque duela, es evidente: no.

La Guardia Civil y la Policía Nacional realizan una labor heroica en condiciones muchas veces precarias. Sus integrantes trabajan con una enorme profesionalidad, pero frecuentemente carecen de recursos adecuados para enfrentarse a delincuentes que disponen de mejores medios técnicos y económicos.

Las asociaciones profesionales llevan años alertando sobre embarcaciones obsoletas, falta de personal, escasez de combustible para patrullas, sistemas de vigilancia insuficientes y ausencia de apoyo estructural estable. Mientras tanto, las mafias aumentan exponencialmente su capacidad operativa.

Es difícil explicar a la ciudadanía cómo puede suceder que organizaciones criminales dispongan de lanchas más rápidas y potentes que las utilizadas por quienes deben perseguirlas. Es difícil comprender cómo agentes que se juegan la vida diariamente continúan reclamando equipamientos básicos, chalecos adecuados o refuerzos suficientes.

Aún más grave resulta comprobar cómo determinadas decisiones políticas parecen ignorar la dimensión real del problema. Durante años se trasladó la idea de que el narcotráfico era un fenómeno policial controlable mediante actuaciones ordinarias. La realidad ha demostrado exactamente lo contrario.

En algunas zonas del Campo de Gibraltar se ha generado un ecosistema criminal profundamente arraigado, donde ciertas redes delictivas ejercen una peligrosa influencia social y económica. La normalización del dinero fácil, la intimidación constante y el miedo de muchos vecinos configuran un escenario extremadamente delicado.

Los agentes destinados allí no solo combaten delincuentes. También sufren presión psicológica permanente, amenazas directas y riesgos constantes para ellos y sus familias.

Familias bajo amenaza

Pocas veces se habla suficientemente de las familias de los guardias civiles y policías destinados en zonas especialmente conflictivas. Sin embargo, constituyen una de las dimensiones más dolorosas de esta realidad.

Muchos agentes viven con preocupación permanente. Sus hijos acuden a colegios donde determinados entornos simpatizan con el narcotráfico. Sus parejas soportan amenazas veladas, seguimientos o intimidaciones indirectas. En pequeñas localidades todos conocen quién es quién, y eso incrementa enormemente la presión.

No se puede exigir heroísmo continuo sin proporcionar protección integral.

El Estado debe garantizar no solo medios materiales y respaldo jurídico, sino también apoyo psicológico, protección social y condiciones de seguridad dignas para quienes sirven en primera línea. La lucha contra el narcotráfico no puede recaer exclusivamente sobre el sacrificio individual de unos pocos hombres y mujeres extraordinarios.

Cuando un guardia civil o policía nacional sale de servicio, sigue siendo objetivo potencial de las mafias. Esa realidad no puede minimizarse.

¿Están suficientemente respaldados legalmente?

Otra cuestión fundamental merece un análisis profundo: ¿cuenta la Guardia Civil y la Policía Nacional con un respaldo jurídico adecuado frente a esta amenaza?

Existe entre numerosos agentes una sensación creciente de inseguridad legal. Muchos consideran que el marco normativo actual no siempre protege suficientemente a quienes deben actuar con rapidez y contundencia en situaciones extremadamente peligrosas.

España es un Estado de Derecho y debe seguir siéndolo. Nadie cuestiona que toda actuación policial deba ajustarse estrictamente a la legalidad. Pero también es cierto que las leyes deben adaptarse a amenazas cada vez más violentas y sofisticadas.

No puede producirse la paradoja de que el agente dude más de las consecuencias jurídicas de su intervención que el delincuente de cometer sus crímenes.

La Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana constituye un instrumento importante para preservar el orden público, pero el fenómeno actual del narcotráfico exige probablemente una actualización más ambiciosa del marco legal y operativo. Del mismo modo, la legislación penal debería endurecer determinadas conductas vinculadas a agresiones contra agentes de la autoridad, uso de embarcaciones para atentados y pertenencia a organizaciones criminales de especial peligrosidad.

Quien embiste deliberadamente una patrullera o una embarcación de la Guardia Civil no actúa como un simple delincuente. Está ejecutando un ataque frontal contra el Estado. Y el Estado debe responder con toda la contundencia legítima que nos permite nuestro estado democrático.

Narcotráfico y seguridad nacional

Durante demasiado tiempo se ha considerado el narcotráfico exclusivamente como un problema policial. Ese enfoque resulta hoy claramente insuficiente, marcadamente obsoleto, lejos de la realidad.

El narcotráfico constituye una amenaza estratégica para la seguridad nacional.

La Ley de Seguridad Nacional establece que corresponde al Estado proteger la libertad, los derechos y el bienestar de los ciudadanos, garantizando la defensa de España y sus principios constitucionales. Así mismo, la Estrategia de Seguridad Nacional identifica expresamente el crimen organizado como uno de los principales riesgos contemporáneos.

No hablamos únicamente de droga. Hablamos de corrupción institucional, blanqueo de capitales, violencia estructural, trata de personas vulnerables, penetración económica, degradación social y debilitamiento de las instituciones democráticas.

Las mafias no solo trafican con sustancias ilegales. Compran voluntades, infiltran sectores económicos y erosionan la confianza ciudadana en el Estado. Pudren todo aquello que tocan, minando los cimientos de un Estado de Derecho como es el Reino de España.

Por ello, la lucha contra el narcotráfico debe abordarse desde una perspectiva integral de seguridad nacional, con todo el personal y medios disponible del Estado.

El papel de las Fuerzas Armadas

Aquí surge un debate inevitable: ¿deben participar las Fuerzas Armadas en esta lucha?

La respuesta exige serenidad, rigor jurídico y sentido estratégico. Evidentemente, la seguridad ciudadana corresponde principalmente a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Sin embargo, determinadas amenazas híbridas y de gran dimensión requieren mecanismos de apoyo interinstitucional más amplios.

Las Fuerzas Armadas españolas poseen capacidades logísticas, tecnológicas y de vigilancia que podrían resultar extraordinariamente útiles en determinados escenarios relacionados con el control marítimo, la detección temprana, el apoyo de inteligencia y la protección de infraestructuras estratégicas.

No se trata de militarizar la seguridad ciudadana ni de sustituir a la Guardia Civil o a la Policía Nacional. Se trata de entender que las amenazas modernas requieren cooperación entre todas las estructuras del Estado.

Cuando organizaciones criminales desafían abiertamente al poder público, emplean medios y tácticas semimilitares y generan impactos directos sobre la seguridad nacional, la respuesta debe ser proporcional a la gravedad del desafío.

España ya utiliza a las Fuerzas Armadas en numerosas misiones de seguridad cooperativa, vigilancia marítima, control del espacio aéreo y apoyo ante amenazas complejas. Misiones internacionales contra la piratería en internacional como la Operación Atalanta de la UE frente a las costas de Somalia y el Golfo de Guinea, son buena prueba de ello. Nadie debería escandalizarse por explorar fórmulas legales y operativas que permitan reforzar la lucha contra el narcotráfico desde una visión nacional coordinada y de cooperación entre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y las Fuerzas Armadas.

Porque el narcotráfico mata. Además de a nuestros servidores públicos en acto de servicio, lo hace de forma callada a nuestros jóvenes mediante la droga. Mata barrios enteros destruyendo oportunidades, el futuro de nuevas generaciones y corrompiendo las estructuras que sustentan nuestra democracia, la libertad y bienestar de nuestros ciudadanos.

La profesión de riesgo: una deuda vergonzosa

Resulta profundamente indignante que todavía no se haya reconocido plenamente a policías nacionales y guardias civiles como profesión de riesgo.

Pocas actividades profesionales en España implican un nivel de exposición semejante. Pocos trabajadores afrontan diariamente amenazas armadas, persecuciones, violencia extrema y riesgo real de muerte.

Cada intervención puede convertirse en una tragedia. Cada patrulla puede terminar en una emboscada. Cada operativo puede acabar en un asesinato. Y, sin embargo, el reconocimiento institucional sigue siendo insuficiente.

No hablamos únicamente de una cuestión económica o administrativa, aunque también lo sea. Hablamos sobre todo de dignidad, justicia y respeto moral.

Reconocer la profesión de riesgo significa admitir públicamente que estos hombres y mujeres asumen peligros excepcionales al servicio de todos los españoles. Significa proteger mejor sus derechos laborales, sus jubilaciones y sus condiciones de vida. Significa enviar un mensaje claro: España no abandona a quienes la defienden. A quienes le sirven con dignidad y honor.

La demora en adoptar este reconocimiento resulta incomprensible y ofensiva.

El fracaso del buenismo frente a las mafias

Conviene hablar sin complejos. El narcotráfico no se combate con ingenuidad. Las organizaciones criminales no interpretan la debilidad como tolerancia democrática; la interpretan como oportunidad.

Cuando el Estado transmite vacilación, las mafias avanzan. Cuando las penas resultan insuficientes, reinciden. Cuando las fuerzas de seguridad carecen de respaldo político claro, los delincuentes se sienten fortalecidos.

La defensa de la legalidad democrática exige firmeza. Y la firmeza no es incompatible con el respeto absoluto a los derechos fundamentales. Precisamente porque somos un Estado democrático debemos proteger a los ciudadanos frente a quienes pretenden imponer el miedo y la corrupción.

No cabe el buenismo frente a estructuras criminales que destruyen vidas, amenazan y acaban con la vida de agentes y desafían abiertamente al Estado.

Europa ha aprendido dolorosamente que determinadas amenazas requieren respuestas contundentes y sostenidas en el tiempo. El crimen organizado no desaparece solo. Se combate mediante inteligencia, medios, coordinación internacional, reformas legales, presión económica y voluntad política firme.

O el Estado impone su ley, o serán las mafias las que impongan sus ataduras a toda la sociedad española a través de la violencia, el miedo y la corrupción.

Una batalla cultural y social

La lucha contra el narcotráfico no puede limitarse únicamente al ámbito policial. Existe también una dimensión educativa, cultural y social imprescindible.

En algunas localidades especialmente castigadas, el dinero del narcotráfico ha generado una peligrosa admiración hacia determinados delincuentes convertidos en falsos referentes de éxito. Coches de lujo, ostentación económica y sensación de impunidad crean modelos profundamente destructivos para muchos jóvenes.

El Estado debe combatir también esa narrativa.

Es necesario reforzar la educación, las oportunidades laborales, la presencia institucional y los programas sociales que impidan que generaciones enteras caigan bajo la influencia del crimen organizado.

Porque cuando un joven admira más a un narcotraficante que a un guardia civil, la sociedad empieza a perder una batalla moral decisiva.

La importancia de la cooperación internacional

El narcotráfico es un fenómeno global. Ningún país puede enfrentarlo en solitario.

España debe reforzar permanentemente la cooperación con Marruecos, Francia, Portugal y los organismos europeos e internacionales especializados en crimen organizado. El intercambio de inteligencia, las operaciones conjuntas y la coordinación judicial resultan fundamentales.

Pero esa cooperación exterior debe ir acompañada de determinación interna. No basta con grandes discursos institucionales si después faltan recursos concretos sobre el terreno.

Los agentes necesitan embarcaciones modernas, drones, sistemas de vigilancia avanzados, helicópteros suficientes, refuerzos humanos, cobertura jurídica y apoyo político inequívoco.

Necesitan sentir que toda España está detrás de ellos.

El silencio del luto oficial

Existe además una cuestión moral imposible de ignorar.

Muchos ciudadanos se preguntan legítimamente por qué no se decretan jornadas oficiales de luto nacional o reconocimientos institucionales de mayor magnitud cuando agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado son asesinados en acto de servicio.

La muerte de guardias civiles en acto de servicio defendiendo el orden y la ley no es una tragedia privada. Es un ataque contra toda la nación. Es un luto nacional.

Estos hombres no fallecen accidentalmente. Son asesinados. Mueren sirviendo a España.

Por ello merecen no solo homenajes puntuales, sino memoria permanente, reconocimiento público y gratitud institucional inequívoca. Honor y gloria a los que dan su vida por nuestra querida España.

El sacrificio de quienes entregan su vida por la seguridad de todos debería unirnos por encima de cualquier diferencia ideológica.

No hacerlo transmite una preocupante banalización del espíritu de sacrificio, valores y amor a España.

Honrar a nuestros héroes

La Guardia Civil representa una de las instituciones más respetadas y queridas de España. Desde hace más de siglo y medio, sus hombres y mujeres han servido con lealtad ejemplar en las circunstancias más difíciles: terrorismo, narcotráfico, catástrofes naturales, rescates, seguridad rural, lucha contra el crimen organizado, defensa de nuestras libertades y del orden constitucional.

Muchos han dado su vida por España. Otros continúan arriesgándola diariamente en silencio, lejos de los focos y del reconocimiento mediático.

A ellos les debemos mucho más que palabras.

Les debemos medios.

Les debemos respaldo.

Les debemos justicia.

Les debemos memoria.

Y les debemos unidad nacional frente a quienes pretenden convertir determinadas zonas de España en territorios sometidos a delincuentes de organizaciones criminarles.

España aún está a tiempo

Todavía estamos a tiempo de revertir esta situación. España dispone de magníficos profesionales, excelentes unidades policiales y una larga tradición de servicio público ejemplar. La Guardia Civil y la Policía Nacional han demostrado innumerables veces su capacidad operativa y su entrega.

Pero necesitan apoyo real.

No basta con discursos emotivos tras cada tragedia. No basta con medallas póstumas ni minutos de silencio. Todo ello es importante, pero insuficiente. No podemos consentir ningún sepelio más de servidores públicos.

Hace falta una estrategia nacional integral contra el narcotráfico que combine:

  • Incremento sustancial de medios humanos y materiales.
  • Modernización tecnológica urgente.
  • Refuerzo legal y judicial.
  • Reconocimiento efectivo de profesión de riesgo.
  • Protección integral a las familias de los agentes.
  • Coordinación entre administraciones.
  • Participación estratégica de capacidades de defensa nacional.
  • Acción educativa y social contra la cultura del narco.
  • Cooperación internacional reforzada.
  • Voluntad política sostenida y sin complejos.

Porque esta batalla no afecta solo al Campo de Gibraltar. Afecta a toda España.

Una reflexión final

Cuando un guardia civil o policía nacional cae en acto de servicio, España entera debería sentir que pierde a uno de sus mejores hijos. Y cuando esos asesinatos se producen a manos de organizaciones criminales cada vez más violentas, el Estado tiene la obligación moral de reaccionar con firmeza.

No podemos normalizar estas muertes.

No podemos acostumbrarnos a contemplar cómo nuestros agentes son atacados por mafias que actúan con creciente descaro campando por sus respetos.

No podemos permitir que quienes protegen nuestras calles, nuestras costas y nuestras familias se sientan solos.

La historia demuestra que cuando el crimen organizado percibe debilidad institucional, avanza. Y cuando avanza, recuperar el terreno perdido resulta muchísimo más difícil.

España debe decidir qué mensaje quiere transmitir.

Si el mensaje es tibieza, las mafias seguirán creciendo.

Si el mensaje es firmeza democrática, unidad nacional y respaldo absoluto a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, todavía podremos ganar esta batalla.

Porque esta es una batalla por la seguridad, por la libertad y por nuestro bienestar.

Pero también por la dignidad nacional.

Que descansen en paz el capitán Jerónimo y el agente Germán, muertos en acto de servicio. Que Dios los acoja en su seno. La muerte no es el final. Que sus familias encuentren consuelo en el cariño y gratitud de todos los españoles. Y que sus compañeros tengan la seguridad que millones de ciudadanos reconocen y admiran su sacrificio.

España y los españoles nunca olvidan a sus héroes. Honor y gloria a los que dan su vida por nuestra querida España.

¡Viva España, viva el Rey, viva el orden y la ley, viva honrada la Guardia Civil!

 Julio Serrano Carranza. Coronel de Aviación (R). Ejercito del Aire y del Espacio

Blog: generaldavila.com

10 mayo 2026

 

 

 

LAS COSAS DE DON EUFEMIO. Coronel de Infantería (R.) DEM Félix Torres Murillo

EL INICIO DE UN ROMANCE CON LA REINA. Publicado en La Región de Orense por General Dávila.

https://www.laregion.es/opinion/inicio-romance-reina_1_20260508-4267819.html

En la visita oficial del rey Carlos III de Inglaterra a los Estados Unidos de América, el entrelazado de manos de las parejas protagonistas ha tenido un gran eco mediático y ha sido aireado con intenciones varias. La pareja real y la presidencial se daban la mano y dejaban de dársela. Las cámaras estaban en el detalle y no se lo perdieron. Carlos III, que rechaza la mano de Camila; Melania, la de Trump, imágenes que han recorrido el mundo de las interpretaciones, esas que son tan libres como, en su mayoría, falsas.

Cuando una pareja entrelaza sus manos no cabe duda de que hay una especial conexión, complicidad, incluso una comunicación de mayor profundidad que las palabras. Si no lo hacen o hay rechazo por una de las partes, el mensaje es claro.

Les contaré una anécdota real. El que fue ayudante de nuestro rey, don Felipe, el general de Infantería de Marina, José Antonio Alcina, narra en su libro “Felipe VI. Así se formó el príncipe heredero” una anécdota que nos contaba repetidas veces y que describe muy bien el mundo real británico y el protocolo que ahora presenciamos que tanto nos seduce.

Nuestro rey, don Felipe, entonces príncipe de Asturias, después de las prácticas de navegación embarcado en el buque escuela Juan Sebastián Elcano continuó su periodo de formación como oficial de la Armada española embarcado en la fragata Asturias. Al inicio del viaje por el norte de Europa fue invitado a un almuerzo con la reina Isabel de Inglaterra. Al arribar a Portsmouth, el embajador de España entregó al príncipe una nota con los detalles del almuerzo y el riguroso protocolo británico, de manera que, acompañado exclusivamente de su ayudante militar, debería estar en el castillo de Windsor a las 12:55 horas y despedirse entre las 14.15 y las 14.30.

Lo que parecía el inicio de un romance inesperado quedó en un simple juego de manos perrunas

El reino de las formas es aquel que llena sus fondos con sabiduría.

Después de los saludos iniciales se sentaron en una mesa para siete comensales situada en una terraza que daba a un hermoso jardín.

La reina de Inglaterra ocupaba una de las cabeceras, con el príncipe Felipe a su derecha y el ayudante de don Felipe, general J.A. Alcina, a su izquierda; el príncipe Andrés y Sarah Fergusson, en una banda de la mesa, y el príncipe Eduardo en la otra. Cerraba la mesa, en la otra cabecera, el secretario de la reina.

A la hora de los postres, los camareros dejaron sobre la mesa unos platitos con galletas y barquillos. En un momento de esos silenciosos de los que se dice que ha pasado un ángel, la reina levantó ligeramente el brazo para coger una galleta y lentamente, con sigilo, metió la mano engalletada por debajo de la mesa hasta la atura de la rodilla del ayudante de don Felipe. ¿Qué hacer? ¿La reina de Inglaterra con la escusa de la galleta iba a hacer manitas con el ayudante de don Felipe?

Nos contaba el general Alcina su sorpresa y desconcierto y, aunque nos reíamos, todos comprendíamos el mal rato que en décimas de segundo tuvo que pasar. Se desvaneció su asombro cuando el ayudante, ya a punto de deslizar su mano para coger la galleta y así no desagraviar a la reina, notó que uno de los muchos perrillos que deambulaban por debajo de la mesa, saltó ágilmente y se hizo con la galleta que la soberana le ofrecía.

Lo que parecía el inicio de un romance inesperado quedó en un simple juego de manos perrunas. Menos mal que no mordían.

No lo olviden: debajo de la mesa nunca sabrán quién se esconde.

Rafael Dávila Álvarez.

Diario La Región de Orense

«CON EL ESCUDO O SOBRE ÉL». General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Nos olvidamos de la guerra, cuando la guerra nos visita de nuevo. Mientras más extendemos los derechos humanos, el respeto a la vida, la igualdad, la fraternidad, más conflictos surgen, todos bajo el gran riesgo de la explosión definitiva.

La guerra, sus profesionales, filósofos, entendidos y charlatanes, coinciden: ciencia y tecnología mandan en la guerra. El futuro está en la capacidad del hombre para evolucionar en esos campos.

Ha desaparecido la maniobra bajo el cielo de la tecnología. Otro cielo más arriba, más tecnológico, ya en marcha, acabará con aquel y de nuevo surgirá la maniobra: fuego, movimiento y choque. Como fue toda la vida.

Sin cambios temporales. La falta de mando y control de la Primera Guerra Mundial trajo la Segunda, fruto de la revancha y locura del hombre. Siempre un hombre al que siguen muchos enfervorizados y henchidos de promesas.

En cualquier caso desde Troya las guerras las decide el factor humano. Sin hombres no hay guerras. Los expertos en las guerras del futuro miran a las fábricas, los laboratorios, a los científicos y se olvidan de los vientres de las mujeres y la posterior educación de los que nacen. Cualquier guerra depende de la demografía y de la evolución del pensamiento, la educación. Ello nos lleva a analizar estos factores con rigurosidad. Ambos son escasos y la población se mueve sin fronteras por culturas que en nada se asemejan. Las virtudes que nosotros conocemos se modifican o cambian por otras. Las fronteras se resisten a lo inevitable: hambre y sed de justicia.

En las guerras empiezan a preguntarse por qué y para quién luchan. Se abre un abismo entre el ayer y el futuro. Hay quien ya no identifica y por tanto no se identifica con ningún lugar. Hasta el concepto de lazos familiares está derivando en uno u otro sentido, distintos.

En la tipología del guerrero tenemos el modelo de Aquiles, Ulises o Ayax. Surgen nuevos modelos con virtudes, si es que así se pueden llamar, distintas. Hoy hasta las piedras se convierten en virtud. Todo depende de su valor. Material.

Hubo una evolución de la guerra llamada la nación en armas. El futuro puede estar en otra cosa que no reconoce ni a la nación ni a las armas.

En un futuro podría ser que nos encontremos sin ejércitos, sin que nadie quiera coger un arma y entablar una guerra. Se quedarán las fábricas y los científicos solos, porque ellos las crean, pero no las manejan por miedo.

Todo esto está en vías de suceder, más rápido de lo que nos creemos, ya que dos o tres generaciones no son nada en la evolución.

En cualquier caso parece probable que el cambio se produzca después de la explosión. Se borrará de la faz de la Tierra todo vestigio: «Con el escudo o sobre el escudo» y ya no habrá nadie para tomar escudo y lanza. ¿En qué sustentar el combate, en qué fundamentar la entrega hasta la muerte? ¿En qué se fundamenta el espíritu militar?

El interrogante se abre de par en par, como un planteamiento imposible, ofensivo para una sociedad, estado o nación, pero cuando no existe esa base, casi religiosa, de dar la vida por ese conjunto social, cuando el sistema social se aleja no dispuesto a otra cosa que el obligado cumplimiento de la ley, cuando la obligación de las armas sea una imposición y no un compromiso espiritual, cuando hasta la religión política de Napoleón se venga abajo porque no hay creencia alguna, ni en lo divino ni en lo humano. Podría darse el caso de que los ejércitos no tengan una sociedad a la que servir, una nación que reconocer, una bandera a la que seguir. Podría.

Canto II, comienza la Ilíada y cuando todo está preparado para la lucha surge el primer aviso de lo que ahora está por llegar: Tarsites : «A casa por lo menos regresemos…», se encara con Agamenón y Ulises le golpea, la ley del cetro.

O Jenofonte: «Entonces Sotéridas de Sición replicó lo siguiente: No estamos en igualdad de condiciones, Jenofonte. Tú vas a caballo y yo estoy completamente destrozado a fuerza de llevar el escudo”.

«Cuando Jenofonte oyó sus palabras, se bajó del caballo, lo arrastró fuera de la fila y, arrancándole el escudo, prosiguió las marcha con él en las manos lo más deprisa que pudo, todavía llevaba encima la coraza de jinete, con lo que soportaba un enorme peso» (Anábasis III 4.46-49).

Desde entonces, tan despacio,  algo está cambiando y la prueba es  que llevamos camino de forzar tanto la guerra que acabará  con ella misma.

Es un peso que empieza a no ser soportable al convertir un arte en la propia destrucción de unos para el negocio de otros.

Esa es la guerra de hoy, ¿mañana? Se impone la nanociencia y la nanotecnología, también en esto de la guerra. Nada sabemos, pero está en camino.

Habrá que pensar en ello. Sin miedo. Quítenselo de encima porque es nuestro mayor enemigo. Sobre el escudo si es necesario siempre que haya una bandera a la que seguir.

General Rafael Dávila Álvarez (R.)

Blog: generaldavila.com

13 septiembre 2024

¿QUIERES SER SOLDADO? General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Sirvieron como soldados de España Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Alonso de Ercilla, el Cabo Noval, Eloy Gonzalo, Juan Maderal Oleaga, (último laureado de las Fuerzas Armadas) y junto a ellos millones de héroes incógnitos que dieron y siguen dando su vida por la patria. No son hombres reducidos a la historia sino los forjadores, entre otros muchos españoles, de ese sentimiento de identidad llamado patriotismo.

Que el primer y más fundamental deber del soldado sea la disposición permanente para defender a España, incluso con la entrega de la vida cuando fuera necesario, no es baladí. Ser soldado no es un capricho, ni siquiera una afición. Es una vocación cuyo atractivo reside en la virtud. La disposición permanente del alma para las acciones conformes a la ley moral. Una vida inspirada en el amor a tu patria, en el sacrificio reconfortante de ese espíritu que te lleva a mantenerte en tu puesto de honor cuando el amor a la vida te dice al oído que te separes del peligro. Ese espíritu que unas veces es valor, otras abnegación, entusiasmo por la profesión, siempre afán de esplendor para tu patria.

Será el patriotismo como virtud tu valor principal, tu deber, y cumplirlo tu íntima satisfacción. Apréndelo pronto: tu patriotismo consiste en amar a España, es decir, cumplir con tu deber siempre. Esa íntima satisfacción del deber cumplido será tu premio y única aspiración.

El honor deberá presidir cada una de tus actividades, estando solo o en compañía, sin buscar el elogio o el aplauso. A él ajustarás siempre tu conducta. En la soledad de la noche o con las luces del día debes ser coherente entre lo que debes hacer y lo que haces. El honor será la virtud que te lleve al cumplimiento de tus deberes respecto del prójimo y de ti mismo.

Al patriotismo y al honor siempre debe acompañarles el valor. En la milicia el valor no es bravuconería sino una firme disposición, constante preparación física y moral, para vencer el miedo y llegar más allá incluso de lo que el deber te exige. Tu valor ha de ser sereno sin alardes inútiles, comúnmente innecesarios, has de tender a conservar durante el mayor tiempo y en el más alto grado tus energías morales y físicas para utilizarlas al máximo y en toda su plenitud en el momento decisivo. Debe adornarse el valor con entendimiento para obrar con sabia destreza y no estrellar su denuedo contra la ignorancia. Valor estoico, y heroico si el combate lo requiere. En silencio, sin exhibiciones ni lamentos.

La disciplina será factor de cohesión que regule todas tus relaciones en la milicia. Exigida y exigible para el que obedece y más, si cabe, para el que manda. Respeto y obediencia moral que te lleve a la observancia de las leyes y normas, te distinguirá como buen soldado.

Recorre despacio el camino, con humildad y paciencia. Recuerda que la guerra es el arte a cuya cumbre no se vuela, súbese poco a poco y con discurso de tiempo. Pero no olvides que aquí el esfuerzo y dedicación nunca están de vacaciones.

Todo lo que te cuento es más sencillo de lo que puedas pensar, pero solo se consigue si de verdad quieres ser soldado, un bello oficio que te descubrirá pronto su tesoro que reside en la camaradería y la fraternidad que forja unidades muy sólidas donde cada miembro se sacrifica individualmente en beneficio del grupo.

Compañerismo, abnegación, solidaridad, amistad, unión y socorro.

Sin alardes y con el silencio del deber cumplido como compañero. En las duras y en las maduras. Cumple, obedece y calla. Habla solo cuando se te pregunte. Tiempo tendrás de pasar de actor a profesor. Será el momento si has cumplido.

¿Quieres ser soldado? Solo tú tienes la respuesta. Esto no es algo comparable ni compartible. Tampoco vas a ser mejor que otros, simplemete servirás sin pedir nada a cambio, te lo deberán todo sin que nada material recibas. Solo compañerismo, amistad, unión y socorro, no como los da el mundo, sino como la vida militar exige.

Conocerás lo que es el «Mando» que ahora pretenden sustituir por «Liderazgo» y que con verdadero peligro nos acerca  a aquello de «Qué guay…» […] «mi colega o bro». Es un cambio dirigido a socavar los mismos cimientos de los principios del  arte de la guerra para crear otros con cemento aluminoso. Convine estar vacunado contra los «desármenes artísticos». Esto es otra cosa, es compañerismo, unión y socorro, amistad y combate, de hombres bravos que hay que demostrarlo cada día. No es colegueo, es no abandonar a un hombre en el campo hasta perecer todos.  En la vida militar siempre hay un jefe que ejerce el mando, que consiste en concebir, decidir, preparar y dirigir. Para ser jefe, para mandar con autoridad, son necesarias cualidades morales, intelectuales y físicas. No sé si al hablar de liderazgo estamos hablando de lo mismo o es una moda. Entre nosotros, entre soldados, lo que hace falta es un jefe que mande. Aquí no se lidera: se manda. La forma como ha de ser, desde el Cabo al General, es hacerse querer y respetar, no disimulando las faltas, infundiendo amor al oficio y mucha exactitud en el desempeño de las obligaciones. Firme en el mando, graciable en lo que pueda, castigar sin cólera y ser medido en sus palabras, aún cuando reprenda.

Puede que el mundo anglosajón esté lleno de líderes que olvidaron. No necesitamos enseñanzas ajenas al propio estilo. Nuestros ejércitos conocen desde tiempos inmemoriales esa forma de mandar hombres en combate que nos distingue. Escuela de soldados. Shakespeare no fue soldado. Lo fueron Cervantes y Calderón.

Por sus obras los conoceréis. Aquí el idioma es cortesía, buen trato, verdad, la firmeza, la lealtad, el honor, la bizarría, el crédito, la opinión, la constancia, la paciencia, la humildad y la obediencia.

Me viene a la memoria una Europa que no tendrá ejércitos, como los que definió en inigualable columna en ABC Ruiz Quintano, «de tíos jóvenes, físicamente aptos, dispuestos a comer barro, a marchar cuarenta kilómetros con cuarenta kilos a la espalda y a clavar una bayoneta en la garganta del enemigo». Eso no existe en Europa. Solo forman filas entre el descontento y el despliegue incomprensible, más que aburrido e inútil.

«Almas humanitarias podrán concebir fácilmente que exista una inutilización, un desarme artístico del adversario sin causarle demasiadas heridas, y que tal sea la verdadera tendencia del arte de la guerra. Por muy bello que esto nos parezca, nos vemos obligados, sin embargo, a destruir tal error, pues en asuntos tan peligrosos como lo es la guerra, los errores que se dejan subsistir por benignidad son, precisamente los más perjudiciales». ¿Quién será ese desconcido Clausewitz, tan anticuado, de tan insoportable lectura?

‹‹Un acto revolucionario, una resolución oportuna y útil, no califican para mandar. Si el ranchero impide que su batallón se subleve o el buzo de un acorazado logra que la oficialidad no se pase al enemigo con el barco, déseles un premio, pero no me hagan coronel al ranchero ni almirante al buzo. No sabrán serlo. Perderemos el batallón y el barco›› (Azaña. La velada en Benicarló). Ya sabes colega… ¡Fíjate quién lo dijo!

Una insensata prudencia nos llevó a una guerra mundial y fueron otros los que tuvieron que salvar a Europa. Estar en combate no es gratuito. Si una organización armada se retira de su misión militar es que nunca debió estar allí. Se va a combatir o a evitar que otros lo hagan.

Todo esto tiene más derivadas y desarrollos. Cuando la orden y la regla es política todo se complica de tal manera que es difícil distinguir y explicar. La disciplina marca el camino, nada más. Tenemos ejemplos muy recientes del mal uso, por no decir abuso, de las Fuerzas Armadas para misiones muy lejos de las que les corresponden. Ahora proliferan y habrá que cambiar el rumbo antes de ser derrotados sin siquiera combatir.

Señalar la responsabilidad política en ciertas misiones alejadas de lo militar, de lo que como soldados les corresponde, es obligado porque la acción militar en esos casos es muy compleja y requiere una exactitud, planeamiento y ejecución en ocasiones de mayor exigencia que el combate. Lucha la disciplina intelectual con la exigida por las ordenanzas. Es indiscutible la alta capacidad que deben tener mandos y tropa para ejecutar misiones tan complejas y hacerlo con precisión militar. Nosotros ya hemos aprendido en varias ocasiones.

Alejandro Magno estando consciente de su gravedad de muerte sentenció: <<En la situación en la que me encuentro, nada valen los remedios lentos ni los médicos indecisos. Me es preferible morir con arrojo a tardar en curarme. Así pues, si los médicos tienen algún recurso o alguna destreza, han de saber que, más que un remedio a la muerte, lo que busco es un remedio a la guerra>> […]. <<Cuando llegó a oídos de Darío la noticia de la enfermedad de Alejandro, avanzó hacia el  Éufrates con toda la rapidez que le permitía la magnitud de su ejército>>.

Escribo esto porque no tengo la menor duda de que nuestra situación ha llegado a oídos de Darío, Alejandro está enfermo de muerte.

La OTAN es la torre de Babel. Six-seven. Ya saben. Sin querer queriendo. Cosas de Shakespeare, como decía, más que de Calderón.

Nos entendemos demasiado bien y no creo necesario engañar a nadie haciéndole creer que estamos para lo que no estamos. Aunque lo hagamos mejor que nadie.

Llegan tiempos recios y habrá que estar preparados, pero de nada valdrá el esfuerzo militar si la acción política que todo lo organiza desde la retaguardia no está en condiciones de hacer un buen uso de sus ejércitos. La clave funciona: desmilitarizar lo militar desde temprana edad.

No hay gloria futura sin sacrificio inmediato junto al exacto cumplimiento del deber hasta morir: «No abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos«.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

5 mayo 2026

«EL VIAJE DE MI PADRE» Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver  

Cubierta del libro. Del fotógrafo valenciano Agustí Centelles Ossó, propiedad del CDMH.-Centro Documental de la Memoria Histórica. (Archivo estatal dependiente del Ministerio de Cultura ubicado en Salamanca)  

En una reciente visita que Pepe, el pequeño de mis hermanos, me hizo a Zaragoza, me trajo un libro maravilloso. Como quiera que en muchas partes del libro vi reflejado el viaje que también hizo mi padre entre 1936-1939, hoy os cuento parte del mismo, mezclado con algunas de las misiones reflejadas en  su hoja de servicios que coinciden y  son, de alguna manera, viajes a la memoria de la Guerra Civil Española.

Que, ¿cómo se llama el libro? Y de que va:  No es  del ayer, ni  del mañana, y aunque debería llamarse «Elhoy», el autor es Julio Llamazares y el libro se titula: «EL VIAJE DE MI PADRE» de la editorial Alfaguara 2025.

La gran diferencia que hubo entre ambos, es que al padre del autor según sus palabras, en una noche amoratada, le creció un fusil entre las manos, y con los zapatos sucios de miedo y tristeza, se marchó a pisar aquella España llena de sangre y odio; mientras que el mío, con su vocación militar de siempre y las botas relucientes, se empeñó en limpiar la piel de toro de pillos, maleantes y de los aventureros foráneos que la querían destruir, y a todos aquellos que nadie había dado vela en nuestro propio entierro.

Mi padre murió pronto, un 29 de septiembre con setenta y siete años en 1977, (iba con el siglo) y sus recuerdos quedaron en en ese limbo de la memoria en el que se desvanecen las vidas de los que nos precedieron y a los que no escuchamos lo poco que contaban, cuando estaban vivos. Luego nos arrepentimos de ello y, como yo ahora, tratamos de reconstruir sus pequeñas historias con los retazos de lo que se quedó en el aire, y que torpemente aún hoy alcanzamos a recordar, pero cuando uno busca un camino suele acabar encontrándolo, no sé si me me sucederá a mí, ¡ojalá salga victorioso frente a esa lluvia amarilla que es el olvido!.

Lo poco que viajó casi siempre fue por obligación y de uniforme: Galicia, Marruecos, Jaca, Madrid, Sevilla, Mahón… El último viaje le llevó a cruzar la península ibérica desde su Galicia natal al Mediterráneo, con la columna gallega, pasando por Asturias, Navarra, Aragón (Teruel), y Valencia (Castellón)… que lo marcaría para siempre, pues fue para ir a la guerra, de la que volvió  milagrosamente, ya que le tocó participar en algunas de las peores batallas de la contienda civil española: como las de Teruel y Castellón, con su punto de inflexión en la sierra de Espadán, espina montañosa que desciende hasta el mar desde Teruel separando las provincias de Valencia y Castellón.

Como aperitivo a lo que se le venía encima, el 30 de junio de 1932, estando destinado en el Regimiento de Infantería nº1 de Madrid, parte con su batallón de la estación de Atocha de Madrid dirección a Sevilla, con el objeto de sofocar la intentona revolucionaria anarquista continuación de la matanza acaecido en Casas Viejas (Cádiz). Llegan a Sevilla el día 11 de agosto donde toman y desfilan por el centro de la ciudad sin pegar un solo tiro. Del 12 al 19 presta los servicios de vigilancia asignados a su batallón para el mantenimiento del orden público y regresan a Madrid el día 31.

El 17 de julio de 1936, sale de Madrid con su mujer y un niño de siete meses para «disfrutar» el permiso de verano en La Coruña, donde se presenta en el Gobierno Militar el día 20, fecha en que se declara el estado de guerra en la ciudad de los cantones, y ese mismo día nuestro resabiado teniente, se presenta en el Gobierno Militar y al subir su espectacular escalera llenas de bellas vidrieras de colores, se cruza con un capitán que encañona con su pistola la nuca de un coronel, y de repente vienen a su memoria los recuerdos de Jaca,… pero de esto hablaremos otro día.

El Gobernador Militar de La Coruña le agrega al Regimiento de Infantería Zamora nº29, y el día 15 de agosto de 1936, sale con su batallón en dirección al Cinturón de Oviedo formando parte de la Columna Gallega al mando del general Aranda. Asturias, Navarra, Teruel y Castellón serían su zona de acción los años 1936, 37 y 38.

En 1937, guarneciendo las posiciones de Olivares (Oviedo), al mando de su unidad rechaza los fuertes ataques del enemigo los días 21, 22, 23 y 24, de febrero, siendo felicitado en unión de todos los jefes de unidad por S.E, el Generalísimo con  fecha del 1º de marzo, y pocos días más tarde por el general  Martín Alonso.

Mientras se consumaba la maniobra sobre Santander, el general Aranda prepara la campaña de Asturias, después de tantos meses a la defensiva, llegaba la hora de la ofensiva para su unidad y sus siguientes objetivos serían Castropol, Luarca, Oviedo…, más tarde embarcó en tren hacia Calahorra…, hasta que queda destacado con su compañía  en Zuera, y de ahí a pasar unos días en Zaragoza como descanso del guerrero, antes de entrar en el frío Teruel por Santa Eulalia.

Y de pronto se encuentra en plena batalla de Teruel, una de las más terribles de la guerra civil  donde aquel invierno el viento  rugía cada día a más de ochenta kilómetros por hora,  nevaba con fuerza y  el suelo  se convertía en hielo.

Formando parte de la División 83 al mando del general Martín Alonso una vez roto el frente y ocupando todas las posiciones enemigas, al amanecer del día  7 de enero de 1938, su compañía en vanguardia alcanza el objetivo marcado, la margen derecha del rio Alfambra, y después de acampar en el pueblo siguen su camino dirección a Pata de Sallina, Cerro Gordo…, pero es en  Cuevas de Vinromá, el pueblo, donde hoy las huellas de la Guerra Civil están más presentes, no en vano ese pueblo fue el centro de la resistencia que detuvo el avance de los nacionales durante un mes, mientras las fuerzas republicanas intentaban organizar la defensa de Castellón.

Siguiendo ese camino, también, quizá encuentre algunas de las pocas historias que mi padre me contó, como el frío pasado en aquel invierno terrible del año 1937 en  Calamocha, un pueblo que, junto con Molina de Aragón, al oeste, y Teruel, al sur, delimitan el llamado triángulo del frio, o como combatían en su unidad el escorbuto a base de las naranjas de Castellón…, historias  a las que yo no prestaba atención como haría hoy si pudiera.

Hace poco, estando yo en Jaca, uno de sus suboficiales me contó que en esos años de guerra sus hombres le adoraban, y como siempre casi sin palabras, sólo con su ejemplo y conducta los empujaba. En su compañía, el termómetro que marcaba de manera inequívoca las acciones en que ese día se verían envueltos, era su cabeza, más concretamente, si al amanecer aparecía con ella protegida con el casco y no con el gorro cuartelero, pues debido a su eterna calvicie, le resultaba muy incómodo llevar siempre puesto aquel obsoleta prenda sin forro interior. Solo se lo ponía cuando preveía un día agitado. Todos lo sabían y enseguida le imitaban.

La geografía y los paisajes conservarán  aún flotando como una pátina sobre él, pues la historia permanece en los lugares en los que sucedió como las palabras bajo la memoria.

Recuerdo que un día me contó algo de su paso por Morella, esa joya medieval amurallada y uno de los pueblos más bonitos de España, coronada por un imponente castillo a más de 1000 m de altura. Hasta puede que ahí comprase un paquete de sus famosas  cerezas, y que hoy a unos pocos, llegada esta época, les gusta recordar; «cuando llegue el tiempo de las cerezas,/el alegre ruiseñor y el mirlo burlón estarán de fiesta,/las mujeres hermosas tendrán la locura en la cabeza/ y los enamorados sol en el corazón…»

El que fuera himno de los revolucionarios de la Comuna de París, la canción que, según la leyenda, un soldado le cantó a una enfermera antes de morir. Pero en la guerra no hay tiempo para la poesía, me hubiera dicho.

Durante el mes de abril de 1938 en Castellón y debido a su intrincada orografía, el avance de su unidad era de cota a cota, para no aburrirles: El día 23 su unidad toma las Lomas de los Árboles, el 24 la de los Vértices, el 25 Montecanico, y el 26 la tristemente famosa cota 300, después de rechazar continuos ataques enemigos.

El día 3 de mayo de 1938,  reanuda el avance hacia  Cuevas de Vinromá. Al día siguiente en el avance a Casa Roja cuando iba con su unidad en vanguardia del Batallón, es herido por bala enemiga en la pierna derecha de pronóstico grave, siendo retirado en camilla al puesto de socorro y de allí al día siguiente 5 de mayo, evacuado a Zaragoza donde permanece en el hospital hasta el 8 que es evacuado a Pamplona, permaneciendo en este hospital hasta el 16 del mismo mes que fue evacuado a La Coruña, la ciudad de donde inició este viaje.

Tras atravesar España de punta a punta arrastrando toda suerte de peligros y desdichas, al final no pudo ver este mar Mediterráneo, que le hubiera parecido un sueño y que le habría recordado a la ría de Vigo, la más profunda y meridional de las Rías Bajas de  su querida Galicia.

Su batallón continuó hasta Vinaroz, donde el general Camilo Alonso Vega se santiguó con agua del mar mediterráneo, emulando lo que Cristóbal Colón hizo al llegar a América.

Hace poco pensando en Vigo, la ciudad donde nació, si alguien me hubiera preguntado si lo hacía para  recordarlo, le contestaría con un vocabulario digno de un profesor o maestro de los antiguos tiempos, «No, vengo a recibir órdenes».«¿Órdenes de quien? Me preguntarán «De mis antepasados». Le contestaré, y es que fueron en total 48 años 3 meses y 5 días de permanencia en el Ejército, de los cuales 4 años 5 meses y 29 días como abonos de campaña, entre  África, la Revolución de Asturias y la Campaña de Liberación Nacional.

Hoy me consta que siempre estuvo a gusto con el ejército romántico y no materialista en que vivió, y de sobre siempre se sintió recompensado, tanto en el aspecto de premios como en la cantidad de dinero que cobraba. (Nunca le oí decir ni una sola palabra de ambos temas). Seguro que conocía lo que Napoleón ya comentaba:«No se paga el valor con dinero», y en cuanto a trabajos que el militar pudiera ejecutar que, «No serían asalariados,ni podrían serlo nunca, es una deshonra  decía, ya que sólo por honor el soldado, ciertos trabajos haría».

Hoy en España muchos quieren comprar y conocer  este libro y a estos hombres, los que se sobrepusieron a la fatiga y al cansancio…, pero siempre reciben la misma respuesta: Lo siento, están agotados.

Hace casi 50 años que murió mi padre y ahora que me voy haciendo viejo, poco a poco voy conociendo su vida militar, y a medida que en ella me adentro le admiro más que nunca y le quiero como siempre.

A mi hermano, a la vez que le agradecía su visita y su regalo, le contesté con este ovillejo, aunque el rigor métrico de los versos que lo componen deje mucho que desear.

 

Con cota de malla, yelmo, peto y espaldar

espada al cinto, y empuñando la alabarda,

por Toledo, en Semana Santa, desfiló,

«Armado».

Después de interpretar una canción,

parcheando la prestación económica,

pasando la pandereta en París con la tuna de aparejadores triunfó,

«Tuno»

Disfrutando en San Isidro con su abono en Las Ventas

por la Puerta Grande salió,

«Torero»

Recuerdos de vuestra visita que nunca olvidaremos:

«Armado»,«Tuno» y «Torero».

Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver

Zaragoza Mayo 2026.

LA AUSENCIA DEL EJÉRCITO EN LA CONMEMORACIÓN DE LOS HECHOS DEL 2 DE MAYO 1808. General Dávila (R.)

Termina el Dos de Mayo. No es una celebración de Madrid. Es de España (debería serlo). Algo que rehuye un Gobierno que lo hace de España.

¿Cómo se prohibe al Ejército, protagonista junto al pueblo de este efemérides, no participar en los actos conmemorativos en recuerdo del 2 de mayo de 1808?

La presidenta de la Comunidad Isabel Díaz Ayuso: «Y mientras esperamos a que el Ejército vuelva a su plaza, a esta Puerta del Sol que tanto le echa de menos y cuyo eco resuena en España entera, celebramos que nuestra otra legión, el pueblo de Madrid, esté representado por la recreación histórica que vamos a presenciar a continuación»; y refiriéndose a la sociedad madrileña la ha definido como «otro ejército que, sin mandos ni galones, camina unido sobre todo si se le pone a prueba y ha de responder en defensa de su libertad» […] «una sociedad que no se dejará controlar por nada ni por nadie» […] «Quien lo intente, volverá a encontrarse con una digna y rotunda respuesta».

Lo dije el año pasado y lo repito este año.

Para el que quiera entender.

LA AUSENCIA DEL EJÉRCITO EN LA CONMEMORACIÓN DE LOS HECHOS DE 2 DE MAYO 1808

Creo que no hay antecedentes de algo parecido. Que el Gobierno se permita el lujo de negar la participación de los Ejércitos en un acto como es el 2 de mayo en España se escapa a sus atribuciones y es un uso partidista de las Fuerzas Armadas. Abuso. Dudo hasta de su legalidad.

La utilización en modo caprichoso de las Fuerzas Armadas es propio de lo que somos: una democracia asistida, en la unidad de cuidados intensivos, más próxima a Cuba y Venezuela que a la libertad. España se bate entre comunidades, no adversarias, sino enemigas. O eres de los míos o ni agua. Es evidente lo de la Comunidad de Madrid.

Esto en democracia no puede darse. Los Ejércitos no son moneda de cambio. Sus generales en la Cúpula no deben jamás aceptar esta manipulación, sí obedecer y asesorar, pero demostrando que hay límites, que no todo es válido. Irse a tu casita una vez explicada la situación es todo un honor derivado de cumplir con tu deber. Claro que se está muy bien en el pódium y además detrás de ti hay mil que esperan a que te vayas. Eso, (tal que así-con perdón-), decía a sus compañeros quien más manda. No dimite.

Podría enumerar los actos en los que participan las Fuerzas Armadas y que no entran entre sus misiones, cívicas o no. Participar en un acto como el 2 de mayo en la Puerta del Sol de Madrid es obligado y pertenece a la riqueza cultural y a la esencia de una nación ejemplo de libertad.

Mis palabras están muy alejadas de la lucha política. No me acerco a ninguna ideología, ni apoyo a unos ni a otros. Las Fuerzas Armadas no son de ninguna y no hay opción política, por muy en el Gobierno que esté, que pueda hacer uso de su destino que no es otro que el que la Constitución le otorga y no el mandato de un partido político.

El 2 de mayo es una conmemoración única para demostrar lo que significa pueblo y Ejército, Ejército y pueblo, el sentido auténtico de soberanía nacional, integridad territorial y respeto a la Ley y tradiciones. Ese significado nunca puede inducir a temor ya que siempre es la medida de lo que es España. Libertad.

Ya en la DANA vimos claras señales de incumplimiento de la neutralidad política por parte de algún miembro de las Fuerzas Armadas, lo vimos con la COVID y son signos de evidente preocupación. Lo hemos visto de nuevo en la riada de Valencia.

La opción política de un militar es solo la de respeto y disciplina. Respeto a la Ley y obediencia a las órdenes, gusten o no, pero nunca dejarse arrastrar por la escalilla ni por la puerta giratoria.

Aquí la más principal hazaña es obedecer… y sin mirar cómo nace se mira cómo procede. Con lupa.

Llevamos ya demasiado tiempo sin saber quienes son las Fuerzas Armadas, en un silencio de su Cúpula obligado y manipulado, mal pagadas y mal utilizadas. Ha habido suficientes situaciones de riesgo para que nos hubiesen informado de primera mano. Nunca ha sido así. En Europa nos sonríen y en la angostura de Estrecho nos torean y cortan nuestros circuitos, pero las puertas se nos cierran; no nos dejan entrar ni oír.

Se prohíbe políticamente la presencia en la Puerta del Sol del Ejército de todos los españoles en el gesto más ruin y antidemocrático que hemos visto y padecido. Madrid no es enemigo de nadie, sino la Capital de España y el 2 de mayo representa a todos los españoles envueltos en la libertad. ¿Es eso lo que molesta?

Un buen momento para que la Cúpula militar hubiese dimitido, aunque haya miles detrás para ocupar su lugar. Aquí todos nos conocemos. Obedecer no siempre es complacer.

Los símbolos se alejan. Bajan al lugar que no les corresponde. Pierden su irrenunciable lugar, que es de todos y no de su exclusividad. Al que se deben. La ruptura es evidente. El símbolo se cae y con ello la nación.

Por mucho Estado que se crean ser. Quizá se trate de eso y no nos hayamos enterado de que están todos de acuerdo.

El pueblo es solo eso: pueblo. Nada más; y nada menos.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

2 mayo 2026

Blog: generaldavila.com

LAS COSAS DE DON EUFEMIO. Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería (R.) DEM

Son muchos los años que sábado a sábado el Coronel Félix Torres Murillo nos deleita con su sabiduría en modo soneto. Hay un lugar en el ser humano donde reside el secreto para poder decir lo que nadie sabría hacerlo con seriedad y profundidad, sea lo que sea y más o menos delicado: la poesía.

Hay que ser un verdadero maestro para escribir un soneto. Los del Coronel Torres son imprescindibles para acercarse a la actualidad y esbozar una difícil sonrisa a la vez que uno se adentra en el pensamiento serio y profundo de sus sonetos.

Sé que su poesía no pasa desapercibida y todos esperamos esos versos cada sábado.

En lo que a mi como director de este blog concierne solo debo darle las gracias y rendirme ante sus sonetos de los que, no pocas veces, copio ideas para mis artículos.

Gracias mi querido Coronel.

General (R.) Dávila

2 DE MAYO ¿QUÉ PODEMOS HACER POR ESPAÑA, NUESTRA NACIÓN? AHORA O NUNCA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Todos estamos preocupados. España está enrarecida, en una situación impredecible; vivimos entre la confusión y el escándalo. Cada uno mira por lo suyo y el conjunto se diluye.

A diario nos llegan numerosos comentarios y preguntas, con desasosiego, algo de indignación, y clara desorientación; siempre la misma pregunta: ¿Qué podemos hacer? Pregunta obligada; respuesta desconocida. Al menos yo solo sé que en la vida, pase lo que pase, lo único decente es actuar con rectitud y sin hacer daño a nadie. Es difícil, tanto que a eso se le llama ser santo, pero se puede intentar el camino, sobre todo en momentos de crisis.

Los partidos políticos no llenan nuestro vacío, no hay nadie que destaque por su sensatez y grandeza de miras, que haga propuestas más allá de la desilusión, que no mienta, que no oculte, que no se esconda, que no robe, que no engañe, que legisle con la cabeza, sin usar las vísceras, que tienda la mano sin garfio, que mande fiel a sus principios, y a su programa, que tenga programa y principios, que renuncie si no sabe, admitiendo sus errores, que se baje del pedestal, de la soberbia y del coche oficial que siempre conduce al mismo lugar. Es difícil gobernar para todos, pero es muy tentador gobernar sobre la cabeza de todos y contra todos.

¿Qué podemos hacer ante los gravísimos acontecimientos que están sucediendo en España que se enfrenta a una de las crisis de identidad moral e histórica más graves de su historia?

Lo importante es el diagnóstico, acertado y riguroso, sin más interés que salvar la vida del enfermo que requiere, como primera medida, que el propio enfermo admita su enfermedad y se deje atender, algo muy difícil de lograr cuando está cubierto por una nebulosa de complacencia y de continuo recibe los resultados falseados.

Da vértigo comprobar que estamos ante un  problema grave, muy grave y concreto en España. No es la economía, Europa, la justicia o la injusticia; no es la corrupción, moral y la otra, el paro o las pensiones, el trabajo, las empresas, las leyes y decretos, ni la historia, o la memoria histórica, la juventud o la vejez, las redes sociales y antisociales, la violencia. De todo esto se habla, está en la calle, es el día a día, pero después de tantas cosas solo hay una cosa que todo lo emponzoña y culmina, el problema: los partidos políticos, la política concreta, la que hacen y rellenan  a diario las páginas de los periódicos, los  de papel y los digitales, las televisiones dirigidas e ideologizadas, no satisfacen a la gran mayoría que permanece ajena  o sin manifestarse al hundimiento de la Nación. A partir de ahí cualquier cosa. Si no admitimos esto erramos en el diagnóstico.

Percibo que las élites siguen creyéndose tales cuando hace tiempo que dejaron de serlo. Este pueblo ha sufrido mucho. Hizo una transición limpia, en paz y con ilusión en el futuro. Fue muy duro soportar tantos asesinatos de ETA y ver la solución política, ver como el veneno seguía enquistado en la sociedad mientras nadie, nadie, movía un dedo por extirpar el mal en el quirófano. Se sucedieron las frivolidades del juego de naciones. Empezó enseguida el engaño, el juego de la bolita que esconde el trilero, nada por aquí, nada por allí, ¿dónde está la bolita? Fueron muchos años, pero acabamos adivinando el truco. Este pueblo ha sufrido mucho; hasta arrancarle de cuajo su sentido de nación y su presencia en la historia de Europa y del mundo. No somos nadie y vamos camino de desaparecer. No son alarmismos ni exageraciones. Cataluña está dividida y enfrentada y dentro de poco se contagiará al resto. El País Vasco espera que llegue su momento mientras mueve su bolita.

Hubiésemos aguantado a esas élites que decían conducir, gobernar, escribir, informar y hasta gestionar nuestros dineros, pero fueron demasiado lejos, tontos hay pocos, pacientes muchos, hasta que te toman el pelo en demasía y se hace urgente poner remedio. En todo este tiempo se han encargado muy mucho de hacer desaparecer todo aquello que una sólidamente, que ilusione al conjunto, que suene a España, sean los símbolos o el orgullo de ser español.

Han querido acabar con la Nación y convertirnos en rivales. Empezando por el idioma, eje vertebral, y que bien saben la importancia que tiene para desunir, que es para lo que vergonzosamente se ha utilizado.

LA NACIÓN

¡Ah, la Nación! ¿Quién habla de la Nación? ¿Quién hace pedagogía de Nación? Ese debe ser el comienzo. Reunir y unir alrededor de un concepto que tiene más fuerza que el poder, más que el dinero, y eso es casi imposible que exista, pero existe y nos lo cuenta la historia, la de verdad, la que conocemos de rigurosas fuentes al margen de las impositivas leyes.

De ahí tenemos que partir. De una idea que una, que ilusione, que tenga la fuerza imparable de la verdad, la virtud, la rectitud y el buen obrar, por ella y para ella. Tiene nombre y apellidos: España es su nombre y sus apellidos se pierden en su historia, en todos y cada uno de los españoles que dieron algo, lo mejor, o lo que pudieron y supieron por ella y su grandeza, unos más otros menos, es igual, nada te pide, nada te exige, como madre, sentimiento de ser y estar, solo que la reconozcas como tal.

Ese es el problema y no hay más. Empecemos por la pedagogía, la educación y la enseñanza. Enseñemos lo que es nuestra Nación, a amar a España. ¿Qué cómo se hace eso? Sin teorías ni complicadas lecciones; sabemos hacerlo, cómo se hace y también sabemos por qué no se hace.

¡España está en peligro!, recordando al alcalde de Móstoles, que por cierto eran dos, Andrés Torrejón y Simón Hernández. Aquel bando del 2 de mayo de 1808 terminaba diciendo: <<…no hay fuerza que prevalezca contra quien es leal y valiente, como los españoles lo son>>.

En aquella ocasión España estaba defendida por españoles y una fuerza los unía por encima de todo: su Nación, España. Hoy surgen dudas. No sabemos, al menos yo no lo tengo claro, si la invasión ya se ha producido sin que haya habido reacción alguna por nuestra parte.

No sé por qué me da que asistimos al hundimiento de la Nación y no veo alcalde o regidor que valga para arrastrar con su bando a los españoles.

<<No hay fuerza que prevalezca contra quien es leal y valiente, como los españoles lo son>>. Es hora de empezar de nuevo. Ahora o nunca.

¡Retírense y dejen paso al 2 de mayo!

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

CAÑONES O MANTEQUILLA. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Viñeta del gran Mingote

Hace tiempo que lo que ocurre en Ucrania es como si lo habitual fuese eso: la guerra. A todo se acostumbra el ser humano. Resiliencia. Más que nunca.

Nada parece que nos ocupa ni preocupa cuando la guerra está a las puertas de casa y puede ser preludio de  otras mayores y definitivas.

Nadie es capaz de adivinar el futuro de Europa, pero hay datos preocupantes al ver las decisones que toman líderes que se nos antojan con información privilegiada; que no nos transmiten. No solo eso, sino que es tan evidente que la táctica del avestruz no nos va a librar de los peligros que se atisban.

Hace unos días en Alemania un diario descubrió que la nueva Ley de Servicio Militar, que entró en vigor el 1 de enero de 2026, obliga a los hombres a partir de los 17 años a pedir una autorización al centro de orientación profesional correspondiente de las Fuerzas Armadas si desean pasar estancias en el extranjero de más de tres meses. Esta norma se aplicaría siempre, tanto en momentos de conflicto como en situaciones de paz. Nadie se había dado cuenta de lo que  la ley decía y al descubirse el escándalo ha sido de tal calibre que el ministro de Defensa ha tenido que admitir el error (?) y declarar: «En la paz actual no habrá procedimientos de autorización. Suspenderemos la obligación mientras el servicio militar sea voluntario».

Como suelo decir: ¿Fue sin querer queriendo?

Alemania se muestra preocupada y sus dirigentes saben lo que otros sospechamos y callamos por falta de información, aunque a la vista estén las causas de nuestros temores.  La última decisión de su Gobierno nos pone en guardia.

«Alemania recorta significativamente su estado del bienestar para financiar un rearme militar histórico». El gobierno del canciller Friedrich Merz ha descrito el sistema social actual como financieramente insostenible y ha reorientado las prioridades presupuestarias hacia la defensa ante las amenazas geopolíticas actuales.

Recortes sociales en sanidad y seguridad social por valor de 30.000  millones y un aumento del gasto militar que se eleva a 108.000 millones de euros para hacer frente a la amenaza rusa y cubrir el déficit defensivo que supone descolgarse de la actual dependencia de los Estados Unidos.

¿Qué pensar? ¿Es capaz un Gobierno de adoptar medidas de tanta gravedad y calado social sin que haya una razón de peso que la respalde? ¿Qué responde la Unión Europea ante esta decisión?

Nadie va a tirar del carro. En Francia se presenta el mayor programa de recortes de los últimos años. Lo mismo sucede en Reino Unido. Y la Comisión Europea no tiene otra solución que iniciar los recortes.

Nos lo esconden, pero regresa aquello de cañones o mantequilla. Descolgarse de la defensa que finaciaba Estados Unidos nos va a costar muy caro. Nos lo decía, con rigor y crudo realismo, nuestro anterior Jefe de Estado Mayor de la Defensa, General de Ejército Fernando Alejandre: <<Me parece temerario mantener vivo el debate de si hay que invertir en Defensa o en gasto social, me parece temerario hablar de cañones o mantequilla. A mi juicio es un debate injusto e imprudente, probablemente demagógico y algo populista. Hay que invertir en mantequilla, pero también en cañones, porque sin ellos no hay libertad, porque sin ellos no hay seguridad>>. Creo que más claro no puede expresarse. La libertad no es gratis y cuando se comparte hay que hacerlo con todas sus consecuencias. La otra alternativa es que la guerra se te eche encima y enterarte a la vez que la libertad se te va de las manos.

Claro que tuvo que llegar la invasión de Ucrania para que Europa empezase a darse cuenta de que esto de la Defensa no era una broma. El Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, entonces el señor Borrell, reunió a todos los embajadores de la UE y les dijo:

«Confiamos nuestra seguridad a los Estados Unidos y nuestra comodidad y bienestar a Rusia y China, y ese mundo ya no existe».

Es el coste de pertenecer a una Alianza y no darte por enterado a la hora de pagar.

Termino con Hobbes: <<Los pactos sin la espada son solo palabras>>.

Y sin pasar por caja. Ahora hay que pagar; y mucho. Le hemos visto las orejas al lobo.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

29 abril 2026

CERRAR LA OTAN Y TIRAR LAS LLAVES POR AGUAS DE GIBRALTAR General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

 

«No existe en efecto ningún maestro de estas cuestiones más eficaz  que la necesidad, la cual a nosotros nos ha instruido incluso con demasida exactitud. Ellos se han entrenado también en la fatiga de llevar las armas, que han sido inventadas de modo que sean lo más manejables posible para todos los hombres, en cambio nostros, nos hemos visto obligados a caminar y correr con grandes cargas, de modo que a mi ahora me parece el peso de las armas más parecido a alas que a una carga». (Ciropedia. Jenofonte).

Nunca hemos estado más necesitados de auténticos soldados como ahora; desde el empleo de soldado al de general se requiere vivir preparado para el combate que es la mayor de las obligaciones militares. Sin interferencias, sin admitir falsas o equivocadas vocaciones. Sin permitir el engaño político que trueque el oficio de la espada por el de las cañas (Troquemos las de veras por las de burlas…).

Europa se muere como tal y España se diluye tragada por un imparable vendaval que lleva detrás olas gigantescas. Solo hay que esperar a que la marea baje para invadirlo todo. Cuando las aguas lo hagan no habrá tiempo para el embarque.

La OTAN se ha desmilitarizado y ya se cantan canciones de jóvenes excurionistas de acampada. No hay una estructura militar combinada sino intereses políticos. El Atlántico norte no está amenzado por nadie. Mejor será atender el Atlántico sur, el Mediterráneo, el Mar Negro, el Báltico… y el estrecho de Gibraltar. Para este último la OTAN ha preferido que sean Fabián Picardo y José Manuel Albares los que jueguen a las cartas para que los ases los tenga el Reino Unido y sus misiles. En la OTAN nunca se habló español y Ceuta y Melilla suenan a lejanos lugares así, por tanto, jamás un militar español fue Presidente del Comité Militar de la OTAN. Convendría explicar por qué.

Ahora estaríamos más cerca de conseguir ese cargo cuando la OTAN cada vez es menos OTAN y más un azucarillo que se disuelve en la indefensión política de unos cuantos.

Las tensiones militares afloran por el Este y con ello alianzas militares de las de verdad.

En cuanto se ha oido el ruído de los cañones la OTAN ha ordenado retirada. De entrada en Irak. Palabra maldita para España; para su ministra de Defensa un alivio: retirada.

El ruido de los cañones o de los drones estaba demasiado cerca y era mejor la retirada. En eso tenemos unos políticos muy expertos y avezados en saber conducirse bajo presión enemiga.

En Europa nadie está al mando de la Defensa. Nadie. En España es peor. No es necesario repetirlo. Sabemos de qué hablamos. No lo que deberíamos defender. Eso lo saben, pero lo rehuyen.

La absoluta dejadez y entrega al enemigo en una contemplación que hace temblar los cimientos de la Defensa. ¿Para qué la necesitamos?

Comprendo las dificultades de los Jefes de nuestros  Ejércitos para conducir los suyos en momentos de tanta incertidumbre como los actuales. Soy consciente del esfuerzo que hacen para mantener vivo ese contacto entre ejércitos como el americano, el francés, el portugués… (no sé si hablan con los del Reino Unido en alguna de sus visitas a Gibraltar).

La influencia del mando en las tropas es de tal magnitud que de ello dependen ser o no ser. Convertirte en un Ejército con moral y capacidad o ser simplemente gente vestida con diferentes uniformes conlleva estar en condiciones de defenderse o no. Deberíamos plantearnos la duda. ¿Nadie tiene agallas para hacerlo? ¿Qué enseñamos a nuestras tropas? .

El Mando es militar, pero ya no lo es. Ahora hasta el pelotón parece mandado por ese personaje que presume de querer mucho a los militares y predicar sus bondades, pero siempre sin pronunciar la palabra guerra no sea que descubran su aversión a todo lo militar.

Leo con estupor y enorme tristeza en un diario digital la crónica de un oficial español que relata la retirada de las tropas OTAN, y entre ellas las españolas, de Irak. Ahora le llaman exfiltración, palabra que no veo en el Diccionario de la RAE y que jamás existió en la Doctrina militar española. No se atreven a llamar a las cosas militarmente por su nombre. De la crónica del oficial español me preocupa el lenguaje utilizado (¿relato?) que hasta ahora no conocía entre los soldados. Con dolor y rabia extraigo algunos párrafos de su artículo en el que se refiere a las tropas, entre ellas las españolas:

«Algunos empiezan a actuar extrañamente: dejan de dormir, empiezan a dormir en un búnker, se desplazan con el casco puesto hoy, con el fusil en la mano mañana, el brillo de sus ojos se apaga, deambulan un poco sin rumbo… Están nerviosos, asustados, ansiosos». […] «Un pequeño esfuerzo intelectual basta para caer en la cuenta de que seguimos sin ser objetivo de ningún actor, pero el cansancio y los nervios impiden a muchos hacer ese esfuerzo y crece su nerviosismo, su miedo, su ansiedad« […] «Más de una vez percibí arrobo en los ojos de los que le miraban y recibían su ayuda» […] «y las animaron, cuidaron y consolaron».

La negrilla es mía: ¿Asustados, nerviosos, miedo, ansiedad… entre soldados?

No reconozco este lenguaje en un soldado. Pero sí reconozco que el error es mío, que me he quedado anclado en aquello de «Jamás abandonar a un hombre en el campo hasta perecer todos»; y cosas así de raras.

¿La OTAN militarmente? Cerrarla y tirar las llaves por el estrecho de Gibraltar. De lo nuestro prefiero no hablar, aunque creo haber dicho bastante.

¡Ay! la necesidad.

General de División (R.)  Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

27 abril 2026

 

LA DEFENSA DE LA FNFF Y LOS PRINCIPIOS DE LA GUERRA. Juan Chicharro Ortega General de División de Infantería de Marina ( R )

El General de División (R.) de Infantería de Marina, compañero de Armas y buen amigo me pide la publicación de este artículo que hago encantado permitiéndome un comentario inicial.

En unos de mis libros El Nuevo Arte de la Guerra, traté en vano de aplicarme en los nuevos retos que se ofrecen ante lo que llamamos guerra., un «nuevo arte de la guerra». Aplicación baldía. No hay arte. Guerra es todo y sus actores no son guerreros, sino falsos y traidores imitadores de un arte que se ha extinguido con el dominio de las mentes, lo que llaman inteligencia artificial que en este caso es simple manipulación de las mentes dóciles y humildes ante un poder invencible a primera vista. No son los militares los protagonistas de las actuales guerras. Han aparecido con la tecnología desconocidos virus que hacen del enfrentamiento humano desde sus ideas una forma de hacer la guerra de manera que ya no exista esa continuación de la política con las armas, sino que sea la misma política el arma de destrucción masiva: la de hacer esclavos. Solo queda una verdadera definición dada hace cerca de tres mil años por Sun Tzu: «La guerra es el arte del engaño». Este es su momento. Ahora toda la guerra está presidida por una imagen pacífica que engaña a las almas cándidas que, al margen de su pensamiento y cultura, deben someterse a la esclavitud de la dependencia empezando por la más elemental supervivencia individual a la del conjunto, desde el pedazo de pan de cada día hasta la energía que nos sustenta; todo depende de esos poderes que hacen la guerra a través del dominio político y donde los rebaños son guiados a apacentar en sus ideológicos prados. Sin rechistar porque dependen de esos pastores para todo y sus centinelas disparan ideología al menor movimiento en contra. Disparan con una ley o con un movimiento callejero, pero disparan.

Esto es lo que tenemos. Guerreros sometidos a armas invisibles que les venden municiones panfletarias. Hemos de someternos a esos mensajes falsos que emiten generales convertidos en directores generales, falsos estrategas y peligrosos lanzadores de envenenados mensajes.

Estos son los principios que pretende introducir la guerra actual, aunque veremos si son válidos y eficaces contra los que mantienen sus ideas y principios y no se rinden ante los falsos profetas. En la guerra y en la paz el vencedor siempre es el que no abandona sus principios morales y respeta su historia, tradiciones y no abandona nunca a un hombre hasta perecer todos.

Mira por donde viene bien recordar aquella frase atribuida a D. Miguel de Unamuno en el paraninfo de la Universidad de Salamanca: «Venceréis, pero no convenceréis».

Las cañas que hoy quieren ser lanzas son inútiles armas porque les faltan raíces, no nacieron de la tierra. Son malas artes y la guerra es un arte que los generales aprenden en los principios morales. Eso les falta a los nuevos guerreros de la política española.

General (R.) Dávila

 

 

LA DEFENSA DE LA FNFF Y LOS PRINCIPIOS DE LA GUERRA

El Gobierno socialista comunista que preside Pedro Sanchez lleva ocho años intentando ilegalizar o extinguir la Fundación Nacional Francisco Franco ( FNFF ). Sí, ocho años. Hasta ahora infructuosamente.

Cuales son las claves del éxito, siquiera sea provisional, de la estrategia seguida hasta ahora por la Fundación Nacional Francisco Franco ?

Son muchas las personas que se dirigen a mí y me preguntan si aplicamos una estrategia acertada en nuestra defensa, si tanto en el ámbito mediático o jurídico estamos actuando correctamente. No es fácil dar una respuesta sobre todo a aquellas personas que no se encuentran cercanas al desarrollo de los acontecimientos ni metidos en el día a día del conflicto que libra la FNFF contra el Sr Sanchez desde que , como he dicho antes , hace ocho años, anunció ostentosamente en RTVE que iba a ilegalizar la FNFF hasta el ultimo anuncio del comunista Urtasun el pasado día 14 de abril. Diversas son las respuestas que podría dar . El propósito de estas líneas es analizar esta defensa desde una perspectiva, sin entrar desde luego en detalles, que a algunos les extrañará.

Pudiera ser la aplicación metódica de los clásicos principios de la guerra en un conflicto no específicamente militar ?

La aplicación de los principios clásicos de la guerra a contextos políticos y culturales  distintos al del conflicto armado ofrece un marco analítico interesante para comprender cómo un grupo minoritario, en este caso la FNFF,  organiza su defensa frente a decisiones institucionales que percibe como amenazas. En este caso, la reacción ante la intención del gobierno socialista de extinguir la FNFF puede interpretarse, desde un punto de vista teórico, a través de conceptos estratégicos desarrollados por pensadores como Clausewitz o Sun Tzu. Aprendí de la vieja doctrina del Ejército de Tierra de 1980 que los principios de la guerra han demostrado, a lo largo de la historia, una notable resistencia al paso del tiempo. Desde los enfrentamientos de la Antigüedad hasta los conflictos contemporáneos, marcados por la digitalización y la inteligencia artificial, existe un conjunto de fundamentos que permanece esencialmente inalterable. Estos principios no dependen de la tecnología disponible ni del contexto geopolítico específico; son, más bien, expresiones de la naturaleza misma del conflicto humano. Aunque los medios y procedimientos evolucionan, su vigencia sigue siendo incuestionable. La clave está en comprender que estos principios no son recetas rígidas, sino guías conceptuales que orientan la toma de decisiones en entornos complejos e inciertos. Su aplicación exige juicio, experiencia y adaptación al contexto. No se trata de seguirlos de manera mecánica, sino de interpretarlos correctamente en función de la situación concreta. Aplicar los principios clásicos de la guerra a fenómenos sociales y culturales puede resultar útil para entender dinámicas de resistencia, cohesión y supervivencia en contextos no estrictamente militares. En el caso de la defensa de la FNFF, es posible identificar paralelismos interesantes con esos principios, siempre entendidos en un sentido amplio y analítico. En primer lugar, el principio de unidad de propósito resulta clave. Los que defendemos determinados elementos asociados a la memoria del régimen de Francisco Franco articulamos nuestra acción en torno a una narrativa común: la preservación de una interpretación histórica concreta y la oposición a lo que percibimos como una relectura crítica o revisionista del pasado. Esta cohesión ideológica actúa como elemento aglutinador, permitiendo mantener una base de apoyo relativamente estable incluso en contextos sociales y políticos adversos. Otro principio relevante es la economía de medios. A diferencia de actores institucionales o mayoritarios, la FNFF  cuenta con recursos limitados —tanto en términos materiales como de influencia política—. Sin embargo, nuestra capacidad para focalizar esfuerzos en objetivos concretos (acciones legales, presencia mediática puntual, movilización en fechas simbólicas) nos permite maximizar el impacto de sus recursos. No buscamos abarcar todos los frentes, sino concentrarnos en aquellos donde podemos obtener mayor visibilidad o resultados tangibles.

La economía de medios resulta clave. En estrategia militar, implica utilizar los recursos disponibles de la forma más eficiente posible. Trasladado a este caso, se hace necesario el uso intensivo de canales digitales, donde el coste de difusión es bajo pero el alcance potencial es alto. A través de campañas bien dirigidas, se puede influir en la agenda pública sin necesidad de contar con grandes estructuras organizativas. La concentración de esfuerzos también se manifiesta en momentos clave. Por ejemplo, ante decisiones gubernamentales relacionadas con iniciativas legislativas sobre memoria histórica, intensificamos nuestra actividad, generando campañas, recursos judiciales o actos públicos. Este comportamiento responde a una lógica de “superioridad puntual”: no se trata de mantener una presencia constante en todos los ámbitos, sino de actuar con intensidad en momentos decisivos. El principio de la iniciativa, adaptado a este contexto, se refleja en la capacidad para marcar agenda en determinados debates. Aunque no siempre logremos imponer nuestra visión, sí conseguimos, en ocasiones, condicionar el ritmo o el enfoque de la discusión pública. La FNFF , por ejemplo, ha recurrido en distintas ocasiones a la vía judicial o a la producción de contenidos propios para sostener su narrativa y evitar quedar completamente a la defensiva. Por otro lado, la seguridad —entendida como la protección frente a amenazas externas— se traduce aquí en estrategias de blindaje legal y discursivo. La utilización de marcos jurídicos, como la defensa de derechos fundamentales (libertad de expresión, asociación, etc.),  nos permite  operar dentro del sistema legal, reduciendo el riesgo de disolución o marginalización total. Este “anclaje” institucional es una forma de proteger nuestra continuidad.

Otro principio clásico es el conocimiento del terreno. En este contexto, el “terreno” no es físico, sino jurídico, mediático y cultural. Los defensores de la fundación nos apoyamos en argumentos legales —como la libertad de asociación o de expresión— y enmarcamos nuestro discurso en términos de pluralismo democrático. Este dominio del entorno normativo nos permite plantear nuestra defensa en escenarios donde consideramos  que tenemos mayores posibilidades de éxito, como los tribunales o determinados foros de opinión.

Asimismo, la moral y la cohesión interna —elementos centrales en la teoría clásica de la guerra— juegan un papel importante. En la FNFF mantenemos una narrativa de resistencia que refuerza la identidad colectiva y el compromiso de sus miembros. Esta dimensión emocional puede compensar la falta de poder material, manteniendo la movilización a lo largo del tiempo. Sin embargo, existen limitaciones en la aplicación de estos principios. La falta de flexibilidad estratégica, por ejemplo, puede dificultar la adaptación a cambios sociales profundos. La evolución de la sensibilidad colectiva en torno a la memoria histórica en España ha generado un entorno cada vez menos receptivo a ciertas posturas, lo que reduce nuestra capacidad de influencia a corto plazo. En términos clásicos, podría hablarse de una dificultad para ajustar la estrategia al “terreno” cambiante. Es importante subrayar que, al igual que en el ámbito militar, la correcta aplicación de estos principios no garantiza el éxito. La pervivencia de la FNFF responde también a factores legales, políticos y sociales más amplios, que no controlamos. En definitiva, analizar estos fenómenos desde la óptica de los principios de la guerra permite entender mejor cómo un grupo social relativamente pequeño, en este caso la FNFF,  puede mantener su actividad, preservar su identidad y ejercer cierta influencia. No implica una equivalencia entre conflicto armado y debate social, sino el reconocimiento de que ciertas lógicas estratégicas —cohesión, concentración, iniciativa— son aplicables a distintos tipos de confrontación, incluida la simbólica y cultural.

Y termino expresando que el principio esencial de la defensa de la FNFF no es otro que la aplicación rigurosa de la voluntad de vencer : firme propósito del mando y de las tropas de imponerse al adversario en cualquier situación, por desfavorable que esta sea . Implica fe en el triunfo, tenacidad para alcanzarlo y actividad insuperable en la ejecución . Supone una acendrada identificación con los valores patrios, un arraigo, un perfeccionamiento y una exaltación de cuantos valores morales animan y conducen al logro de la victoria.

La batalla continúa pero no nos rendiremos, lucharemos hasta el final y le auguro al Sr Sánchez y a su vasallo comunista Urtasun un sonoro fracaso.

Juan Chicharro Ortega General de División de Infantería de Marina ( R )

Blog: generaldavila.com

26 abril 2026

LAS COSAS DE DON EUFEMIO. Coronel de Infantería (R.) DEM Félix Torres Murillo

ANORMALIDAD INSTITUCIONAL Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

 

«España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político».

«La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado».

«La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria».

Todo eso que acaban ustedes de leer está en la Constitución española. La realidad es otra y España a día de hoy es una interrogación.

Si acudimos al artículo 2 las dudas son aún mayores: «La Constitución española se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española».

Resulta que el símbolo de la unidad y permanencia es el Rey (Constitución. Art. 56).

A Él acudimos cuando vemos que la unidad y permanencia corren grave riesgo. ¿A quién acudir si no es a Él? El Poder Judicial podría intervenir, pero se encierra en la mera interpretación de unos «magistrados» elegidos por los mismos que ponen en riesgo la unidad y permanencia. ¿El Legislativo? Se confunde con el Ejecutivo.

¿Qué puede hacer el Rey?

Según establece el artículo 56.1 de la Constitución española, el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes.

Es decir «Todo: símbolo y árbitro». A la vez nada porque no tiene poder más allá del símbolo que siendo mucho no deja de ser dependiente.

Quizá la Constitución embarulla términos a la hora de hablar de Corona, Monarquía y Rey.

Monarquía es la forma política del Estado. La Corona es la institución que ostenta la jefatura del Estado. El Rey es la persona que encarna o materializa la institución en cada momento.

No hay duda: España ha asumido la Monarquía parlamentaria. La Corona representa la unidad y permanencia del Estado, es hereditaria (sucesión según el orden de primogenitura y representación) y trasciende a las personas concretas que ocupan el trono. El Rey es la persona que encarna o materializa la institución de la Corona en cada momento.

Es decir que muchos piensan que cuando España se disuelve entre independentismos y homenajes  a los que utilizaron las pistolas y las bombas para lograr  su actual puesto político, el Rey algo podría hacer como representación de la unidad y permanencia.

España es un interrogante de futuro. Porque la contradicción es evidente. El Gobierno depende del independentismo, incluso de un prófugo de la justicia española, y hay Regiones convertidas ya de hecho en naciones.

La Monarquía se mostró garante de la unidad constitucional en momentos históricos como el 23F de 1981 con D. Juan Carlos o el 3 de octubre de 2017 con D. Felipe. En los momentos claves la Corona siempre aparece como lo que simboliza: una unidad bajo la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo.

Vivimos momentos de difícil comprensión para todos aquellos que van más allá de la rutina del día a día y ponen el futuro de la nación por encima del suyo propio. A muchos españoles les preocupa y se preocupan por el pasado, el presente y el futuro, lo que les lleva a pensar y luchar por una España unida y en convivencia. En momentos de incertidumbre como los actuales donde la política todo lo abarca dividida en sectores enfrentados visceralmente que incluso pone en riesgo nuestro futuro como nación, es lógico mirar más allá. Al símbolo de nuestra unidad. Allí donde parece encontrar la última esperanza.

¿Cómo sustentar esa esperanza??

Famosos juristas, constitucionalistas y letrados han tratado de explicarlo, pero finalmente ninguno ha sabido traducirlo a román paladino.

No soy yo el más indicado para hacerlo, aunque me atreva a dar una pincelada sobre ese poder Real que se me antoja solo posible desde el momento en que haya un principio de acuerdo entre la clase política: el de la unidad de España. Si no es así entiendo que la función de la Corona pierde su valor constitucional lo que equivale a decir que la Constitución deja de ser el marco de convivencia que nos hemos dado y la monarquía parlamentaria no encuentra encaje como forma de gobierno del Estado.

La Constitución se enfrenta a su incongruencia: una Monarquía parlamentaria, símbolo de la unidad y permanencia, junto a las nacionalidades que, como nadie sabe muy bien lo que eso significa, se interpreta como la posible «España como nación de naciones». Un desbarajuste constitucional que permite al independentismo situarse como árbitro de la política de Estado.

Ese es el orígen del problema al que se enfrenta la Monarquia como unidad y permanencia. Constitucionalmente es; a la vez que no es. Lo cual da lugar a una permanente interpretación de su lugar y posición que depende del Gobierno de turno en un difícil equilibrio para evitar interferencias y malos entendidos lo que, en momentos cruciales, puede hacerla frágil e endeble.

Diagnosticado el problema de nosotros depende la solución, del sentido de nación que tengamos y de la influencia mediática con la que nos impregnen. Dado que no parece que se abra un camino constitucional para evitar que dependamos de partidos independentistas o herederos del terrorismo habrá que buscar otra vía. Está en nuestras manos.

Me parece innecesario decir cómo hacerlo ya que en el enunciado del problema está la solución. Constitución es unidad y permanencia. Como lo es la Monarquía. No debemos admitir una cosa y la contraria, aunque nos la vendan como legal o la interpreten así sabios magistrados elegidos para apoyar intereses ideológicos.

Cuando el Gobierno interfiere en la acción constitucional de la Corona e interpreta sus cometidos o le asigna o exige funciones que no le corresponden, la anormalidad institucional cala en el pueblo y las señales de alarma saltan por todas partes. Algo no funciona o lo hace distorsionado. Es por eso que en momentos de incertidumbre se lanza la mirada por encima de la acción política. La unidad de España está en evidente riesgo. La Monarquía tambien. No es un Rey u otro. El Rey es la persona que encarna o materializa la institución en cada momento.

Es la propia forma política del Estado, la Monarquía parlamentaria, la que está en riesgo al estarlo la unidad de España.

La solución en nuestras manos va más allá que depositar una papeleta cada cuatro años. Hay que ejercer el sentimiento de unidad de España en cada momento y acontecimiento.

Mientras el Rey presidía la final de la Copa del Rey de fútbol asistimos al lamentable espectáculo, permitido, incluso alentado desde las administraciones, de la pitada al Himno Nacional, al Rey símbolo de la unidad y permanencia de la nación española. Debió de suspenderse el partido. Eso no es libertad de expresión. Eso es ruptura y enfrentamiento, un claro ataque a España.

El debate de la libertad de expresión está muy manido y se recurre a él cuando se pretende ocultar hechos delictivos. Pero el problema es de mayor calado. Se trata de romper con la unidad de España y para ello nada mejor que atacar a su mayor poder: el símbolo, sea este el Himno, la Bandera o el Rey.

«Las ofensas o ultrajes de palabra, por escrito o de hecho a España, a sus Comunidades Autónomas o a sus símbolos o emblemas, efectuados con publicidad, se castigarán con la pena de multa de siete a doce meses» (Art. 543 del Código Penal).

¿Que más dá si todo es interpretable?

Circunloquios, medias verdades, próceres reunidos, galanes de troperías que te miran con desdén después de leer tomos y tomos jurídicos, tontos entrando por la Puerta de Alcalá. No caben más en Madrid, todavía capital de España.

Le llaman normalidad institucional al descalabro del régimen ¡Hablen claro! Digan lo que está pasando. Un amigo me dá la clave: España postrada.

Repetimos. Monarquía es la forma política del Estado. La Corona es la institución que ostenta la jefatura del Estado. El Rey es la persona que encarna o materializa la institución en cada momento.

El Rey Don Juan Carlos asistía en la Real Maestranza de Sevilla a la tradicional corrida de toros del día de Resurrección. La Real Maestranza se puso en pié.

¡Viva el Rey!

No ocupó el Palco Real, sino el de la Real Maestranza. El Palco Real, que tantas tardes ocupó su madre Doña María de las Mercedes, queda vetado para Don Juan Carlos. Presuntamente el Rey había pedido autorización para ocuparlo entendiendo que era  el lugar que le correspondía. Presuntamente le fue denegado.

España está huérfana de historia.

En París, en la Asamblea Nacional Francesa, entregaban al Rey Don Juan Carlos el Premio Especial del Jurado del Libro Político por sus memorias Reconciliación. «Nadie es profeta en su tierra». Estuvo acompañado por sus hijas las Infantas Doña Elena y Doña Cristina. La Reina Doña Sofía, presuntamente, mostró su voluntad de asistir, pero…

El pasado fin de semana se celebró en Valencia la reunión de las cinco Reales Maestranzas de Caballería que suele presidir el Rey o algún miembro de la familia del Rey. Las Maestranzas de Caballería surgieron en Andalucía a finales del siglo XVI, siendo la primera de todas ellas la de Ronda (1573), seguida de la de Sevilla (1670), Granada (1686), Valencia (1697) y Zaragoza (1819). La misión de las Reales Maestranzas de Caballería ha evolucionado desde su origen militar en el siglo XVI hacia una labor centrada en el mecenazgo cultural, la asistencia social y la conservación del patrimonio. Mantienen un vínculo histórico con la Monarquía española; el Rey es siempre su Hermano Mayor.

En esta ocasión la agenda del Rey no estaba disponible e iba a presidir la reunión de las Reales Hermandades la Infanta Doña Elena. Hubo repentino cambio: que no asistiese. Presuntamente. ¿Algo que ver con los actos de Sevilla y París?

Presuntamente sí.

En España hablar de anormalidad institucional no puede hacerse en singular porque lo raro y anormal es la normalidad. Todo el discurrir político en los últimos años discurre via anormalidad, pero si solo fuese lo que vulgarmente entendemos por político podríamos darnos con un canto en los dientes. Lo malo es que la anormalidad pase al plano institucional.

¿A qué llamamos plano institucional?

Por ejemplo.

Un señor que ocupa el cargo de ministro de Cultura se dispara con correntía mental: «La única cosa que tengo que decir sobre el rey emérito es que lo que tiene que hacer es pedir disculpas y rendir cuentas por todo lo que ha hecho en España».

Es un problema estar dirigidos o manipulados desde la indigencia intelectual.

Lo cuento presuntamente como todo en la Constitución española: presunto e interpretable.

Así nos luce: desde la postración en la que está España y la gran mayoría de españoles. Desde el mayor de los símbolos hasta el último nacido.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

24 abril 2026

 

 

¿QUÉ SECRETOS OCULTAN NUESTROS GOBIERNOS QUE NO ACIERTO A ADIVINAR? General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

¿QUÉ SECRETOS OCULTAN NUESTROS GOBIERNOS QUE NO ACIERTO A ADIVINAR? General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

 

Leo con preocupación que el exministro de Defensa Federico Trillo (PP), que lo fue con José María Aznar, atribuye los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en Madrid a comandos “enviados por Marruecos” y “bajo control y coordinación de los servicios secretos franceses”.

El Centro Nacional de Inteligencia CNI en aquellos momentos estaba adscrito al ministerio de Defensa y su director era Jorge Dezcallar. ¿No se enteraron de nada?

Algo debe saber el señor Trillo para decir lo que dice. ¿O no? Es por lo que su afirmación agrava los hechos ya que debería poseer una información de la que carecemos la mayoría. Más grave es, como dice, que la actuación del ejecutivo fue «no mala, lo siguiente». Por lo que se ve un reinante caos.

A todo esto habría que añadirle aquello de la cosoberania de Gibraltar y la invasión de Perejil, todo junto en 2002. ¡Ay el día que todo lo sepamos!

El asunto es de máxima gravedad y de una oportunidad política que no acertamos a adivinar cuando han pasado más de veinte años de aquellos hechos que tuvieron una repercusión tan grave que nos han llevado a los actuales momentos de incertidumbre.

11M2004. No es la matrícula de un coche. Es el registro oficial de la mayor catástrofe ocurrida en la historia de España. La inolvidable fecha  que acabó con la poca fe política que nos quedaba: 11 de marzo de 2004.

Empezó lo que acabó.

Todo tiene una explicación en la historia, unos antecedentes y sus consecuencias. Nada queda entre paréntesis discontinuos en la narración y todo está hilvanado, con esmero a veces, con dolor, casi siempre. Pero hay explicación. El tiempo aclara lo de uno y otros levantando las nieblas de los peores acontecimientos; hasta de los más oscuros. Todo se sabe de lo que se puede saber.

El 11M2004 es lo más terrible que ha sucedido en nuestra historia. Por inexplicable. No encaja ni se explica. Nadie ha sabido contarlo. Nos persigue y lo hará siempre. Por los siglos de la historia. Sería terrible que alguien supiera y no desvelara lo que sabe. La sospecha nos persigue.

De repente ni más ni menos que el entonces ministro de Defensa abre la caja de Pandora y nos sumerge en una duda aún mayor.

Hay algo en el subconsciente que permanece desde aquel día. Queremos olvidar, pero no podemos. Quisiéramos que nunca hubiese ocurrido y ocurre todos los días. ¿Por qué nos cuenta ahora el que era ministro de Defensa algo tan sospechoso? ¿Aguien sabe más y no lo cuenta? ¿Tendremos que esperar otros veinte años?

Un fracaso colectivo. Al menos institucional. Del poder y de los poderes.

Fracaso político, judicial, policial… de investigación, de analistas, de pensadores. Por no saber, por no querer, por saber, porque no era posible que aquello sucediese.

Nada es igual en España desde aquel terrible día: 11 de marzo de 2004. Ni nosotros somos los mismos. Es el peor día de la historia de España porque nadie sabe nada ni hay explicación que alivie el sufrimiento. ¿O sí?

Ahora el sufrimiento aumenta cuando a los interrogantes se le echa más interrogaciones.

Esto no puede ni debe quedar así. El señor Trillo hace estas declaraciones a la hora de presentar un libro. ¿Es un refugio? Podría serlo para otros, nunca para quién tenía en sus manos toda la Defensa de España y los servicios de Información, nada más y nada menos que al Centro Nacional de Inteligencia.

Lo peor de todo esto es darnos cuenta de que estábamos ciegos, sordos y, lo que es peor, mudos. ¿La Justicia se enteró de algo?

Alguien debería rendir cuentas porque lo sucedido desde aquel día es una incógnita que nos precipita a un lugar que nunca los tiempos imaginaron para España.

Conviene no olvidar ni refugiarse en la falsa esperanza que oculta la fatídica realidad. Sigamos analizando y manteniendo viva la clave: ¿Por qué? ¿Quién? Ha quedado una huella imborrable. Casi un dilema kantiano:

¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué puedo esperar?

Como entonaba el coro de Antígona en la tragedia de Sófocles:

“Hay muchas terribles maravillas, pero ninguna más terrible que el hombre”.

Todo empezó y acabó el mismo día. Algo inexplicable sucedió y nadie ha sabido, querido o atrevido a contarlo. ¿Qué podemos esperar?

Ahora la herida sangra de nuevo.

Bienvenida sea la verdad, aunque sea a trozos y después de tanto tiempo. Es valiente pero insuficiente.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

22 abril 2026