Feliz Día de la Fiesta Nacional, antes llamado Día de la Hispanidad.
Celebramos hoy un día extraño, no por su sentido, sino porque nadie se preocupa de explicar y fomentar el espíritu que encierra esta celebración.
¿Qué celebramos? ¿Por qué el 12 de octubre es el Día de la Fiesta Nacional? ¿Qué significado tiene esta fecha para España y los españoles? ¿Por qué hay un desfile militar? ¿Es el Día de las Fuerzas Armadas?
Un día festivo, un desfile, una recepción y asunto liquidado. Con lógica, el pueblo se pregunta: ¿qué celebramos, el Día de las Fuerzas Armadas?
Los mismos gobiernos de turno se han encargado de dispersar el lenguaje para crear ese caos en el sentir, de manera que no sea a España y a nuestra hermana América a quienes se dedique este día, sino a un sentimiento etéreo y abstracto que nadie sabe muy bien en qué consiste. «Fiesta Nacional» en 1892, «Fiesta de la Raza» en 1918, «Día de la Hispanidad» en 1958, «Día de la Fiesta Nacional de España y de la Hispanidad» en 1981 y, por fin, «Día de la Fiesta Nacional» en 1987. Adiós a la Hispanidad. Ni siquiera se la menciona en la denominación de un día que va más allá y nos lleva a la hermandad que nos conforma como conjunto y comunidad de los pueblos hispanos. España es Hispanidad: «carácter genérico de todos los pueblos de lengua y cultura hispánica», algo que incluso trasciende la lengua para enraizarse en el alma; es el camino que nos lleva más allá.
Espero que algún día este sentimiento sea común, incluso en lugares donde hay partidos cuya razón de ser parece ser la contraria: partir y repartirse España. La nación aún permanece y hoy es su día, el Día de la Fiesta Nacional. Lo será para siempre, a pesar de quienes hoy gozan de privilegios ganados a fuerza de querer romper la nación. Paradoja nacional.
Pero hoy, 12 de octubre de 2026, la celebración es distinta, alejada de la normalidad e incluso más allá de la paradoja nacional a la que nos referíamos. Nuestro pensamiento está, inevitablemente, en ese trozo de España ocupado y asediado que mañana será visitado por SS. MM. los Reyes de España.
Ceuta. Ahí está España y no precisamente de fiesta nacional.
No será esta visita la que marque el final del asedio ni el inicio de la normalidad. Ceuta seguirá en el más absoluto abandono por parte de la idea nacional mientras no terminemos con la fragilidad y el miedo a defenderla y se adopten medidas que la sitúen en las mismas condiciones que cualquier otro territorio español. Ceuta y Melilla no deben estar amenazadas permanentemente por las palabras del rey de Marruecos, de su Gobierno o del majzén. Llegar a esa situación requiere recorrer un largo camino que aún no se ha emprendido, en el que las cesiones no sean la principal forma de negociación, sino en el que la firmeza, la historia y el apoyo internacional demuestren hasta dónde llega España. Ceuta y Melilla no pueden vivir a la espera de una nueva invasión ni llevar una vida expuesta a los intereses del vecino o al capricho del propio Gobierno. Con Ceuta y Melilla amenazadas, no hay celebración que valga más allá de comprobar cómo se trabaja para devolver a nuestras ciudades la tranquilidad y la normalidad que cabe exigir a la nación, materializada en sus instituciones o, dicho de otra manera, en sus poderes. Los juegos con la soberanía o la integridad territorial acaban siempre convirtiéndose en juegos de guerra o de traición.
En expresión taurina, hay que cambiar la seda por el percal.
Porque la invasión de Ceuta es consecuencia del abandono, del olvido, de la descentralización de la seguridad y la defensa, de los juegos entre lo orgánico y lo operativo, de no saber quién manda ni con qué medios cuenta; de pensar que un delegado del Gobierno cree más en su misión que en su partido; de una defensa basada en el miedo a la respuesta. Es consecuencia de la indefensión política, militar y económica. Ceuta y Melilla no son un problema para España, sino víctimas del abandono de una política que oculta intereses espurios.
La visita de SS. MM. los Reyes es necesaria, pero insuficiente.
Es inaceptable la postura del Gobierno que, por boca de su ministro de Justicia, responde a la pregunta de si el presidente del Gobierno acompañará a los Reyes con estas palabras: «El presidente ya ha estado en Ceuta». Un desprecio inasumible. Estar es otra cosa.
Van los Reyes. Una visita necesaria, imprescindible, esperada desesperadamente. Ansiada y, a la vez, intencionadamente retrasada. Pero no es suficiente.
Ceuta y Melilla no son negociables, y mucho menos, chantajeables. Son, en este momento, la proa de España, porque España navega proa al sur, donde están su interés y su futuro. Ese es el camino que la abrió a la Hispanidad, del Mediterráneo al Atlántico, en busca de la hermandad, y donde quedó anclada su historia.
No podemos consentir que Ceuta y Melilla sean víctimas de nuestra debilidad, de una política errática, del abandono de la unidad de España, de nuestra pusilanimidad o de la manipulación de nuestro poder militar y diplomático.
La integridad territorial sigue amenazada y hay que decir: ¡basta!
No debemos volver a la amenaza. Ceuta y Melilla deben ser respetadas y sus fronteras, inviolables. Desde este momento, hay que ponerse manos a la obra y dejar de escudarse en males supuestos o imaginarios.
El Día de la Fiesta Nacional debe entenderse como el día de la hispanidad, de la soberanía y la independencia de España, de la defensa de su integridad territorial y del ordenamiento constitucional.
Fiesta Nacional de España, Día de la Virgen del Pilar Patrona de la Hispanidad y de nuestra gloriosa y honrada Guardia Civil.
Feliz día, Ceuta. Feliz día, España.
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez
Blog: generaldavila.com
12 octubre 2026














