NUEVO CANAL DE YouTube. General Dávila.

Nuevos vídeos y comentarios a la actualidad cada vez más compleja.

«DONDE EL CORAZÓN ME LLEVE» …desde  una playa del  mediterráneo. Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver

El herraje es una tradición de tradiciones pues tiene mucho de mito y de leyenda, retazo de historia; fragmento del pasado que se ha forjado al amor de la lumbre y es que el sonido de una bigornia, tan puro como el de un esquilín, es un tintineo lleno de encanto producido por el más bello de los trabajos técnicos.

Para que mi futuro no sea tiempo de desolación sino de esperanza, vuelvo a vivir en mi interior regresando al recogimiento. (Hoy muchos gritan, y yo solo quisiera hablar) ¿Que es lo que ha pasado?. No se trata de que añore el “hermoso tiempo pasado”, que tal vez, al fin y al cabo no fuese tan hermoso, sino de comprender el cambio que ha sufrido.

Y es que hoy en muchos jóvenes veo que no manda la inquietud, sino la pasividad. La inquietud es síntoma de formación, la pasividad, por el contrario es el indicio de la rendición.

Si casi a mis 88 años soy capaz de flexionar mi espalda, quiere decir que también seré capaz de retorcer mis pensamientos. Y en esa lucha estoy, pero como bien sabemos, las guerras no acaban cuando se firma el armisticio.

En la antigua cultura japonesa, los espejos y todo aquello que brillase, estaba desprovisto de valor. Eran como objetos nuevos, y todo lo nuevo no había sido todavía enriquecido por la nobleza de su uso. Una taza de té desportillada, era una taza que había vivido junto a ellos y a la que le dedicaban presencia y atención, objeto que en su tiempo se encargó de algunas de sus necesidades y los complació con su servicio.

Para no tirarla, a sus dueños le sobraban dos sentimientos: paciencia y fidelidad. Dice la novelista italiana Susanna Tamaro que la primera se parece a un ladrillo, con ellos se construye y es el antídoto de la prisa; la segunda, la fidelidad se asemeja a una raíz, y gracias a ella se crece.

El próximo mes me caen 88 años, y recuerdo un libro de primaria donde vi a San Silvestre, anciano de barba blanca, con un saco muy lleno de vivencias a la espalda, y caminando junto a él, a un niño que llevaba un saco vacío. El anciano, el año que se va, tenía un aire cansino, en tanto el niño, el año que me viene, sonreía triunfante.

Hoy, mi sensación es como las que puedan tener los ocupantes de un transporte público, guiado por un conductor enloquecido, al que nada le importa llevar de forma irregular a niños, mujeres y ancianos. Lo único importante es que el autobús solo vaya a donde él loco diga y quiera.

En este mundo, cada vez más alejado de la verdad, a menudo parece que la vejez ya no existe, sobre todo en las televisiones, en las revistas de papel satinado, y en la imaginación de aquellos que ahora son jóvenes.

Escribir en el blog, fue para mí la forma más simple para aclarar mi interior y dejar un pequeño recuerdo de mi existencia ¡Que es lo que queda después de largas horas de conversación telefónica? Aparte de la factura, casi nada. Que distinto es en cambio, el placer de leer artículos de compañeros y amigos con sus comentarios al margen.

Hoy paso el día yendo de la TV al ordenador, y me acuerdo cuando de chaval lo hacía de la bicicleta al balón.

“Me da un poco de rabia haber nacido demasiado pronto” ¡decía mi abuela! Pero por otra parte agregaba: “también experimento una sensación de alivio, pues el futuro no me da ánimos ni alegrías, ¡solamente me da miedo!.

Para mí, el futuro no es mañana ni dentro de un año, sino hoy, y dentro de mi parece que oigo ¡despierta, que la vida está aquí!. En vez de huir, ¡cógela con fuerza!.

Y aquí estoy cogiendo el libro del granadino José Dueso, repasando muchas de las hazañas y aquelarres de las bruxas y bruxones de Aragón, desde Trasmoz al pie del Moncayo en Tarazona, pasando por las brujas de Gallocanta en Campo de Daroca, las sesenta legiones de demonios y una endemoniada en el Monasterio de Piedra en la Comunidad de Calatayud, las dos brujas de Riglos en la Hoya de Huesca, la cueva de las Güixas en la Jecetania, las de la sierra de Albarracín, para acabar en Laspaúles en la Ribagorza de Huesca conocido como el “Salem de Aragón”.

Escribí sobre  mi vida cotidiana con caballos. De mis preferidos, los herradores os contaba que fueron durante muchos años, la encarnación misma de la técnica, y en un determinado momento estuvieron muy cerca de los alquimistas. Me parecieron hombres no solo llenos de saber, sino también una especie de titanes o dioses, y fui tras las huellas de esa peculiar y curiosa mezcla de historia y leyenda, o tal vez de una combinación de verdad y mentira, bien que lo de verdad tampoco me parece que lo sea del todo.

El herrero de Fornillos de Ilche, en el somontano de Barbastro, que murió a principios del siglo XX, pues era una persona real, vamos, de carne y hueso, fue uno de los más grandes bruxones, y el mejor que han conocido en Huesca. Uno de los prodigios de ese hombre fue cuando cierto día en su pueblo se hirieron gravemente en la era, trillando con el trillo, las dos mulas que un vecino tenía  para separar el grano de la paja.

Los animales se habían cortado los tendones y ligamentos de las dos manos, y aunque parecía no haber esperanza, según manifestó el veterinario de Alcolea que les dijo que ya las podían tirar al muladar de uso ecológico. Aún así, avisaron al herrador de Fornillos, que al día siguiente se personó para realizar una cura que nadie dudó en calificar de milagrosa. Y es que lo único que hizo fue trazar con su  dedo índice, unas cuantas cruces sobre los tendones de los animales, al tiempo que rezaba una oración que nadie entendió y asegurar al término de la operación que las yeguas estarían listas para el trabajo pasados veintiún días.

Todos los escépticos se volvieron admiradores al comprobar que las yeguas pasados esos días, estaban aptas para el trabajo

En fin, estos pensamientos ligeros y otros menos, siempre quise describirlos con sencillez, sin velos, como se habla en un círculo de amigos. Hoy miro hacia dentro, y veo que hay un tiempo para todo, para escribir, para pensar, y aunque no halla llegado el tiempo de la soledad y el silencio, si el de espaciar mi presencia en el Blog. Cada vez me cuesta más sacar nuevos temas, y no me gustaría que de tanto repetirlos me tildarais de  “Perdigón”.

Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver

Zaragoza agosto 2026.

Blog: generaldavila.com

Publicado en el Diario La Región de Orense. General Rafael Dávila Álvarez

https://www.laregion.es/opinion/ceuta-indignacion-rey_1_20260807-4377415.html

Ceuta nos ha ofrecido en un relámpago de finales de julio toda la tragedia de una guerra híbrida. Cerca del centenar de muertos y la invasión de una ciudad española han sido el balance de una operación planeada desde instancias superiores. Una invasión con un ejército constituido por inocentes que huyen del hambre, el desempleo, las malas condiciones de vida; que solo buscan un futuro digno. Los responsables del reclutamiento se han aprovechado de la miseria con la que alimentan a su pueblo para enviarlos a cruzar la frontera por el hábil recurso de las redes sociales y bajo el engaño de un futuro mejor. Les han facilitado el transporte, la dirección, toda la logística necesaria, pero el objetivo de los autores intectuales era simplemente dar un aviso a España y recordarnos lo que repiten cada día, cada hora, cada minuto: “Recuperaremos las ciudades ocupadas de Ceuta y Melilla”.

Han organizado un ejército invasor con inocentes y han colocado entre ellos a militares, espías y agentes secretos directores de la invasión. Todo ha sido muy rápido. Bien organizado, con un planeamiento digno de un Estado Mayor que conoce muy bien los procedimientos de la guerra híbrida.

Lo han ocultado bajo una niebla espesa que consiste en señalar como culpables a la sentencia del Supremo con su efecto llamada, a nuestra relación con Argelia, el Sahara Occidental, o la crisis migratoria procedente del África subsahariana. No. Eran todos marroquíes. Detrás de las razones se esconde solo una: dominar el estrecho de Gibraltar, a día de hoy máximo valor estratégico y político, dominar el acceso al Mediterráneo, ser la clave de la relación África-Europa y para ello los puntos a batir son Ceuta, Melilla y Peñones. Canarias será un objetivo posterior. En definitiva algo con lo que algunos de los llamados aliados están de acuerdo: dominar el estrecho de Gibraltar y arrebatárselo a España de la que un día puedes fiarte y al día siguiente no. No se cede impunemente Gibraltar.

Nos hemos quedado solos y sin apoyos. Ni Europa ni la OTAN. Todos nos miran con recelo.

Marruecos no va a atacar militarmente a España. No habrá tanques ni misiles. Los drones no llevarán cargas explosicvas. No los necesitan.

La respuesta de España ha sido pobre, insuficiente, diremos que irrisoria. Este Gobierno no ha hecho nada, no ha reforzado nada. Ni tropas ni helicópteros; ni buques de la Armada. Nada. Los pocos soldados que alli tenenos hacen de guías del tráfico humano perdidos en su incomprensible misión. ¿Disuasión? Hacemos todo lo contario, los atraemos y señalamos por dónde y cómo deben acabar con nuestra fortaleza. ¿Es que nos vamos a creer que todo esto ha sido improvisado? Ha sido un rayo que nos ha fulminado antes de oír el trueno. No sabemos por qué el Gobierno de España lleva tiempo tapándose oídos y ojos ante Marruecos. Tratar estos hechos como una crisis migratoria cuando han entrado un número de personas casi equivalente a los habitantes de la ciudad autónoma es no asumir el problema y dejarse invadir. Esa es la amenaza, una invasión sin armas, un aviso preparatorio e intimidatorio. Si no es hoy será mañana.

Dicen que el rey está indignado y que exige al Gobierno que el Estado evite que se repita.

A pesar de la restrictiva interpretación que este Gobierno hace de las facultades constitucionales del rey y que él prudentemente viene aceptando, ha sido el único que ha salido en defensa del Estado y que tiene visión histórica del problema. Además de tener el poder de ser el símbolo que nos une.

Me consta que el rey es muy consciente del momento que vivimos y no deja de serlo de la esencia histórica de lo que representa.

Ceuta, Melilla esperan la visita del rey de España. Sin demora y sin indignación. Sin tener que pedir permiso a nadie ni de un lado ni del otro. Así se verá que aquellas tierras son España. Pronto lo demostrará.

https://www.laregion.es/opinion/ceuta-indignacion-rey_1_20260807-4377415.html

El general Dávila sobre Ceuta. Para Res Hispánica

INVADEN TERRITORIO ESPAÑOL: CEUTA. General Dávila en Antena3

LA SOBERANÍA NO SE NEGOCIA. General de División (R.) Infantería de Marina Juan Chicharro Ortega

La guerra es una tragedia. Es el fracaso definitivo de la convivencia humana. Sus efectos no se agotan en los campos de batalla ni en las estadísticas de muertos; se arrastran durante generaciones, envenenando la memoria colectiva, destrozando familias y dejando cicatrices que el tiempo apenas cubre. He vivido y conocido de cerca los efectos de la violencia en Nicaragua y en Bosnia-Herzegovina. Sé de lo que hablo. He visto cómo la destrucción de un orden, por breve que sea, deja tras de sí un poso de odio, desconfianza y empobrecimiento que tarda décadas en diluirse. Por eso no escribo estas líneas con ligereza.Nadie en su sano juicio aboga por la guerra.

Mientras redacto estas palabras, el reino de Marruecos ha lanzado una ofensiva híbrida contra la ciudad española de Ceuta, con intentos menores también en Melilla. Ha utilizado como carne de cañón a decenas de miles de jóvenes traídos de todas partes del país vecino, emulando la Marcha Verde de 1975 contra el Sáhara español. No se trata de una invasión militar clásica con tanques y banderas, sino de una avalancha humana calculada: entre 50.000 y 70.000 personas cruzaron en pocos días, la mayoría nadando o bordeando los espigones, provocando casi un centenar de muertos y el colapso temporal de una ciudad de 80.000 habitantes. La mayoría regresó rápidamente, pero el mensaje quedó claro.

Ceuta y Melilla, así como los peñones e islas adyacentes, son de soberanía española desde tiempo inmemorial. No son colonias. Son parte integrante del territorio nacional, con historia, instituciones y población española que se remonta a siglos antes de la existencia del Estado marroquí moderno.

Marruecos, con el placet más o menos explícito de potencias como Estados Unidos y Francia, atenta directamente contra algo tan sagrado como la soberanía nacional española. ¿El control del Estrecho de Gibraltar como fondo estratégico? Es una hipótesis que no se puede descartar a la ligera.

Ninguna nación digna de ese nombre puede permitir que se la humille de esta forma. Si España, otrora creadora de un gran imperio y forjadora de una civilización que abarcó continentes, no reacciona con firmeza ante esta afrenta directa, habrá caído en el deshonor. Y responsables serán todos sus líderes: desde el Rey hasta el último de los políticos que prefieren mirar hacia otro lado o hablar de “excelentes relaciones” mientras se vulnera la integridad territorial.

Ante una nación que, a la luz de los hechos recientes, se comporta como enemiga e insiste en apoderarse por la fuerza o por la presión migratoria de lo que no es suyo, no cabe otra opción que hacerle frente con todos los medios disponibles. Son muchas, muchísimas, las opciones que tiene España, siempre partiendo de la diplomacia y de la legalidad internacional, para hacerle ver al monarca marroquí que esa aventura imperialista no le compensa en absoluto. El control de las divisas que envían a Marruecos el millón y medio de ciudadanos marroquíes que residen en España es solo un ejemplo. El control del tránsito de cientos de miles de marroquíes que atraviesan territorio español cada año hacia su país de origen es otro. Existen herramientas económicas, sociales, consulares y de cooperación que pueden activarse o restringirse. Es necesario hacerle comprender al sultán —o al rey, como prefiera titularse— que lo que realmente conviene a su pueblo es una relación estable, respetuosa y mutuamente beneficiosa con España, no la reiteración de gestos de presión que generan tragedia humana y desconfianza.

Si a pesar de todo ninguna medida económica, diplomática o social lograra disuadirle de sus intenciones de hacerse con territorio de soberanía española, será necesario hacerle comprender que España se aprestará a la defensa, a la guerra, con todos los medios a su alcance. Las Fuerzas Armadas marroquíes de hoy no son ya las débiles de hace medio siglo; se han modernizado y poseen un potencial apreciable. Pero cualquier devolución de golpes con España tendría un precio muy alto para Rabat, un precio que dudo mucho que le compense la aventura. La disuasión creíble no es belicismo; es la única garantía de paz cuando el interlocutor interpreta la moderación como debilidad.

Claro que España necesita un líder fuerte que le plante cara. Ya no está, ni se espera, un general Franco al que temían y respetaban en las cancillerías. Nuestros gobernantes actuales más parecen, en demasiadas ocasiones, conniventes con la política de hechos consumados de Marruecos. Los Conde Don Julián o Bellido Dolfos de cada época vuelven a campar por estos lares. La historia de España está llena de ejemplos de traición interna que facilitó la agresión externa. Y también de recuperaciones heroicas cuando el pueblo decidió no resignarse.

Queda, no obstante, la duda de fondo: ¿recuperará el pueblo español los genes que hicieron a esta nación grande entre las grandes, o por el contrario ya no queda nada de aquello y, como dijo Joaquín Costa tras el Desastre del 98, “hay que cerrar definitivamente el sepulcro del Cid con siete llaves”? La respuesta no está escrita. Depende de si, ante la afrenta de Ceuta, se impone la resignación o la dignidad. La soberanía no se negocia. La historia no perdona a los pueblos que olvidan esa verdad elemental.

General de División (R.) Infantería de Marina Juan Chicharro Ortega

6 agosto 2026

Blog: generaldavila.com

LA INDIGNACIÓN DEL REY DE ESPAÑA. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Dicen que el Rey está indignado por la gestión de la invasión, ocupación, ataque, llámenlo como quieran, todo es válido menos lo de crisis migratoria. Aquí la invasión procede solo de una nación: Marruecos. Unos se quedan y otros se van, pero la vida ya no seguirá igual. Han movido -y este Gobierno ha aceptado que lo hagan-  los cimientos más sólidos en los que se apoya la soberanía y la integridad territorial de una nación. Incluso los pilares básicos y elementales de nuestra historia: Ceuta, Melilla, Peñones, Canarias (?), sin olvidar Gibraltar. Es decir: nos hemos dejado invadir por el sur.

Volvamos al inicio.

Dicen que el Rey de España se ha mostrado «indignado» por la gestión del Gobierno en la invasión de Ceuta.

Dicen que el Rey ha pedido  (¿exige?) al Estado (?) que esto no vuelva a repetirse tras la lamentable imagen internacional que hemos proyectado. «El Rey, indignado por lo ocurrido en Ceuta y Melilla, exige al Gobierno que el Estado evite que se repita».

Dicen que dice; y así me hago eco. Claro que por otro lado algún medio (¿portavoz no oficial?)) se expresaba así:  «Si el Rey considerara conveniente enviar un mensaje a la Nación por los acontecimientos excepcionales que se están viviendo en Ceuta, necesitaría el refrendo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez«. Es un peligroso comentario, además de falso e inapropiado, ya que pone en duda la utilidad de la Monarquía en la defensa de la integridad de España que es precisamente su verdadero valor. Un comentario contraproducente y desafortunado ya que el Rey no es que pueda expresarse, sino que debe hacerlo.

El Consejo de Seguridad Nacional (CSN) tiene como misión fundamental «Dirigir y coordinar las actuaciones de gestión de situaciones de crisis». Debería reunirse cuando las circunstancias que afecten a la Seguridad Nacional lo requieran. Presidido por el Rey.

El Consejo de Defensa Nacional de España (CDN) es el órgano colegiado, coordinador, asesor y consultivo que asiste al Presidente del Gobierno en la dirección de conflictos armados y en la gestión de las situaciones de crisis que afecten a la Defensa.

Debería reunirse cuando las circunstancias pueden calificarse de «situaciones de crisis que afecten a la Defensa«.

Pues resulta que, a la vista está, la invasión de Ceuta afecta de manera muy grave a la Seguridad Nacional y a la Defensa Nacional. Nadie ha recibido a nadie. Ni el Rey, símbolo de la unidad de España, ni el Parlamento, sede de la soberanía nacional y del que emanan los poderes del Estado han sido informados ni consultados de manera presencial y directa. Por lo tanto tampoco han podido expresarse.

Dicen que el Rey se ha mostrado «indignado». No hay comunicado oficial de la Casa del Rey, pero cuando el río suena es que alguien ha levantado las compuertas y quiere que se escuche el rumor que trae el agua.

En mi escaso conocimiento político y constitucional, la función del Rey no es indignarse, sino moderar y arbitrar. Sin poder ejecutivo no significa que no tenga poder. Lo tiene y mucho.

Arbitra y vigila el correcto funcionamiento de los poderes del Estado.

-Actúa como el máximo representante de España en el ámbito internacional.

-Ostenta el mando supremo de los Ejércitos.

-Sanciona las leyes, convoca elecciones y propone al candidato a la presidencia del Gobierno tras las consultas políticas.

Indignarse no. El Rey Felipe VI fue más Rey, si cabe, cuando se expresó, sin indignación, con moderación y cumplimiento de su deber constitucional de vigilancia del funcionamiento de los poderes del Estado.

Me refiero a sus palabras el 3 de octubre de 2017 ante el golpe de Estado dado en Cataluña. Claro que la respuesta a sus palabras ha sido: indulto y amnistía.

A pesar de la restrictiva interpretación que este Gobierno hace de las facultades constitucionales del Rey y que Él prudentemente viene aceptando, ha sido el único que ha salido en defensa del Estado y que tiene visión histórica del problema. Además del poder del símbolo que nos une.

La pregunta es obvia. Me la plantea quien sabe.

¿No debería el Rey haber pedido la reunión urgente del Consejo de Defensa Nacional? También la del Consejo de Seguridad Nacional.

Eso entra dentro de su misión constitucional como lo sería hacer saber su resultado. Tanto si se hace caso a Su petición como si no.

Indignarse no, ya que eso, unido a que alguien diga que está atado de pies, manos y boca, deja en muy mal lugar a la Monarquía. Porque además el Rey es el Mando Supremo de las Fuerzas Armadas que han sido utilizadas (o mal utilizadas) frente a la invasión.

Estamos hablando de Seguridad y Defensa Nacional -que volverá a repetirse en Ceuta o cualquier otro lugar- no de un suceso sin importancia.

Es evidente que una invasión de tal calibre que pone en riesgo el territorio español es una cuestión de Estado y no de Gobierno.

Tratar estos hechos como una crisis migratoria cuando han entrado un número de personas casi equivalente a los habitantes de la ciudad autónoma es no asumir el problema y dejarse invadir. Esa es la amenaza, una invasión sin armas, un aviso preparatorio e intimidatorio. Si no es hoy será mañana.

La situación solo tiene el precedente de la «Marcha Verde«.

No habrá ataque armado porque no es necesario ante quien no tiene voluntad de vencer, sino de aceptar la derrota. No hemos sabido disuadir, no tenemos credibilidad armada y este es un Gobierno débil y manejable a antojo del invasor.

No es la sentencia del Supremo, no es una crisis migratoria, no es la relación con Argelia, no es el Sahara, no es cuestión de EEUU; hay una única razón: dominar el estrecho de Gibraltar, máximo valor a día de hoy estratégico y político, dominar el acceso al Mediterráneo, ser la clave de la relación África-Europa y para ello los puntos a batir son Ceuta, Melilla y Peñones. Canarias será un objetivo posterior. En definitiva algo con lo que algunos de los llamados aliados están de acuerdo: dominar el estrecho de Gibraltar y arrebatárselo a España de la que un día puedes fiarte y al día siguiente no. No se cede impunemente Gibraltar.

No esa admisible que Marruecos cada vez que pretende anexionarse territorio español acuda a procedimientos tan poco dignos de una nación civilizada y mire para otro lado como si ellos no tuviesen responsabilidad alguna.  Pero sabe a quién ataca. A quién no responde y cede, a quién se rinde antes de ser atacado porque hace como que no se entera y deja pasar página. Hasta la siguiente.

Me consta que el Rey es muy consciente del momento que vivimos y no deja de serlo de la esencia histórica de lo que representa. Historia de la Monarquía que es la de España siempre con ese sentido de Nación, engarzada su unidad a través del vínculo Rey y pueblo por encima incluso de los poderosos.

Ceuta, Melilla esperan la visita del Rey de España. Sin demora y sin indignación. Sin tener que pedir permiso a nadie ni de un lado ni del otro. Así se verá que aquellas tierras son España. Con el apoyo y refrendo del Rey. Pronto lo demostrará.

Por último un ruego: no defendamos nuestra integridad territorial con la pobre disuasión consistente en el uso de las porras y escudos como armas de combate para nuestros soldados. La disuasión o es creíble o no es nada. Los hechos lo evidencian.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

4 agosto 2026

 

LAS CESIONES TERRITORIALES DE ESPAÑA. INVADEN CEUTA. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Estrecho de Gibraltar: ¿Cercados? ¿O lo hemos entregado?

Este artículo fue publicado en febrero de este año. Nada nuevo, sino constatar lo que decía. No se dejen engañar. Es muy grave lo que está ocurriendo y está recogido en el artículo 8 de la Constitución.

Claro que la ministra de Defensa, señora Robles, dice: «Esto no es una guerra. Son seres humanos que vienen engañados y hay que darles un tratamiento adecuado». Señora ministra: cumpla con su deber y si es en silencio mejor. «España os lo agradecerá y premiará y si no, os lo demandará».

INVASIÓN DE CEUTA

El mayor valor estratégico que tiene España es el estrecho de Gibraltar que unido a Canarias vertebran a España como una nación muy poderosa en el ámbito internacional. El Estrecho es dominio y las Canarias son poder. Todo en lugares cada vez de mayor valor en todos los aspectos importantes en esta apuesta por el futuro. La posición geográfica marca las relaciones geopolíticas. Hay que hacerse valer y dominar esa circunstancia con la fuerza  que te da lo militar y económico. Es decir la política. Si esta falla los otros dos son como una montaña rusa.

Quizá llegamos ya tarde al haber dilapidado nuestra política exterior y militar de manera inexplicable además de no apostar por ese factor económico que significa inversión.

En la zona estratégica no estamos solos y no es que compartamos nuestra posición, sino que la hemos cedido al vecino y a un usurpador.

Conviene recordar que el estrecho de Gibraltar es uno de los pasos estratégicos más importantes del mundo para el tráfico marítimo, camino casi insustituible del  Atlántico hacia el Índico por el Mediterráneo. Nada nuevo y además, solo por recordarlo, ahora se juega una gran batalla por dominar el acceso desde el Mar Negro. Trazos de la Ilíada.

Estamos hablando de las puertas del Atlántico a Europa, África, Oriente Medio, Índico. No solo son los más de 110.000 buques que anualmente lo cruzan,  sino todo lo que sus aguas esconden como gasoductos o cables de fibra óptica con todo tipo de información.

Eso es el estrecho de Gibraltar. ¿Alguien da más?

En este blog hemos dedicado muchos artículos a detallar la situación del Estrecho y la presencia de España en ambas orillas junto a Marruecos en la sur. También hemos dado sobrada cuenta de cómo está incrustada en territorio español una base militar del Reino Unido llamada Gibraltar, un auténtico polvorín,  refugio incluso de submarinos nucleares anglosajones y que a ciencia cierta no sabemos muy bien qué esconden en ella. Casi todo lo que se sabe es gracias a la pericia, a la atenta mirada y vigilancia del Capitán de navío Ángel Liberal que aquí nos lo cuenta.

Lo último que nuestro Gobierno ha tenido como ocurrencia es conceder barra libre para que desde Gibraltar se entre y salga sin control alguno a la Península y extienda su poder, junto al estadounidense, a Morón, Rota e incluso al aeropuerto de Málaga que se va convirtiendo también en su base de operaciones. ¿A esto le llamamos integridad territorial?

Añadamos la constante presión de Marruecos sobre nuestros territorios de Ceuta, Melilla y Peñones sin olvidar la mirada puesta en Canarias, para así completar el panorama del Estrecho y su angostura.

¿Qué hace España ante la preocupante situación? Nada. Ceder territorio.

La simple inspección del mapa que les muestro nos deja ver quién manda en el estrecho de Gibraltar y como, poco a poco, o mucho a mucho, nos retiramos del punto débil que España tiene y que militarmente debería ser su gran preocupación. Por lo que se ve otros lo hacen por nosotros.

No me voy a extender en consideraciones estratégicas que hemos tratado en ocasiones en este blog. Solo me gustaría que nos hiciésemos una pregunta:

¿Qué ha hecho España en los últimos años por Ceuta y Melilla, Peñones y Canarias? En lo militar, en lo económico y en lo político. Nada.

Marruecos se arma. En lo militar y económico.

En lo militar es socio preferente de los Estados Unidos y de Israel. Su presupuesto de Defensa ensombrece a España. Su flujo poblacional hacia la Península es notable, muy preocupante y sus autoridades lo controlan. La cesión del Sáhara por nuestra parte es humillante y da cuenta de nuestra insignificancia. El tráfico de personas y droga está aumentando de manera exponencial convirtiéndonos en un objetivo para narcos y traficantes que se ríen de nosotros.

En lo económico (también militar) Marruecos no se duerme. El puerto de Tánger (Tánger Med) inaugurado en el año 2007 y solo a 20 kilómetros de Ceuta, tiene una ubicación estratégica envidiable y es un punto clave en las rutas marítimas comerciales de Europa, América y por supuesto África. A finales de este año se inaugurará el puerto de Nador (Nador West Med), a 15 kilómetros de Melilla que, cerrada la normalidad del paso fronterizo hace ya cuatro años, asfixiará aún más a la ciudad española.

Los dos puertos (¿comerciales?) desde el punto de vista económico y militar son preocupantes.

Son golpes estratégicos muy bien pensados a los que España mira sin querer mirar como diciendo «todo tuyo».

Canarias espera, pero Ceuta, Melilla y Peñones están más cerca de…

Gibraltar está perdido. Una vergüenza y una sacudida a la integridad territorial de España.

General de División Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

 

GIBRALTAR: EL MURO QUE NO CAE Y LA HERIDA QUE SIGUE ABIERTA. Ángel Liberal Fernández, Capitán de navío (R)

Tras largas negociaciones, el Reino Unido (RU) y la Unión Europea (UE) han llegado a un acuerdo sobre la relación futura entre la UE y Gibraltar por el que, en la práctica, el RU ha conseguido meter a su base militar en Schengen y en la UE sin que la Potencia Administradora de la colonia pertenezca a uno o a otra. En consecuencia, España ha tenido que retirar los controles en la verja. Esto ha dado lugar a varios eslóganes efectistas, llamativos, fácilmente digeribles, vacíos de contenido y, en cualquier caso, engañosos.

Los más socorridos son los que se refieren al «derribo de la verja» y el relativo a la «prosperidad compartida». A estos dos, tan atractivos y con poder «narcotizante», se ha unido en los últimos días un tercero, no menos atractivo y engañoso, como es el del «cierre de una herida de 300 años».

A la denominada «prosperidad compartida» le dedicó un extenso y profundo trabajo Pilar Rangel, Profesora de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad de Málaga, con un grupo de sus alumnos de dicha Universidad. A este trabajo le dedicamos un artículo en este mismo blog[i].

El eslogan del «derribo de la verja» dio a luz a otro eslogan todavía más llamativo y seductor pero también más engañoso. Es el que se refiere a la «caída del último muro en la Europa continental»[ii].

Al supuesto «derribo de la verja» que se anunciaba le dedicamos otro artículo[iii] en este blog el 17-10-2025. Conviene repasarlo para entender mejor lo que está pasando ahora.

El 15-07-2026 se celebró en La Línea de la Concepción el desmontaje de la puerta española que doblaba la puerta británica de la verja. Recordemos que esta primera verja (cronológicamente hablando), la empezaron a construir los británicos en 1908 y la terminaron en 1909; partía en dos el istmo que es español en su totalidad y continúa con su mitad sur ocupada ilegalmente por los militares del RU. En este mes de Julio resonaron una y otra vez los eslóganes sobre la «caída del muro» y el «cierre de la herida», expresiones a las que dedicamos el texto que sigue.

La «caída del muro»

Seguramente sin querer queriendo, los nuestros compararon implícitamente la verja de Gibraltar con el muro de Berlín.

El muro de Berlín tenía 155 km de longitud y rodeaba la mitad occidental de la ciudad citada; 43,1 km marcaban el límite entre la zona Oeste y la zona Este de la que había sido la capital de Alemania; 11,9 km rodeaban al resto de Berlín occidental aislándolo de la República Democrática de Alemania (RDA)[iv]. Lo levantaron los comunistas el 13-08-1961. Era de hormigón armado y 3,6 m de altura; se completaba con vallas metálicas, cables de alarma, zanjas, concertinas, minas antipersonal, barreras anti-tanque, perros, más de 300 torres de vigilancia etc. Tenía un solo paso para las personas procedentes de la Alemania comunista (el Checkpoint Charlie). Tuvo cuatro grandes ampliaciones y modernizaciones.

Murieron 192 personas por disparos y otras 200 resultaron heridas al intentar cruzar de este a oeste el que oficialmente el gobierno de la RDA denominó «muro de protección anti-fascista».

Una estructura similar recorría la frontera completa entre la República Federal de Alemania (RFA) y la RDA.

Cayó a medianoche del 09-11-1989. Alemania se reunificó el 03-10-1990. El muro fue demolido en su totalidad dejando algunos metros como recuerdo para la memoria histórica.

La verja de Gibraltar se extiende en el istmo a lo largo de 1.200 m, de levante a poniente. Marca el límite –que no frontera- de la expansión ilegal británica hacia el norte a partir del establecido en el 1713 en el tratado de Utrecht. En realidad y como explicamos en el blog citado de 17-10-2025, actualmente existen varias capas sucesivas de verja /valla hasta llegar a la pista de aterrizaje del aeródromo militar de RAF Gibraltar.

Estas verjas /vallas son de tela metálica. La situada más al norte tenía una consistencia tal que permitía hacer boquetes por su parte inferior para facilitar el paso de cajas de tabaco exportadas por Gibraltar. Su altura, de unos 3 m, estaba coronada por alambre de espino. En algunos puntos permitía el paso de bolsas con tabaco lanzadas por el aire.

En toda su historia no se han conocido víctimas mortales ni heridos al intentar cruzarla; tampoco se ha conocido una hipotética presencia de minas, ametralladoras, torres de vigilancia etc.

Existe un acceso para personas y vehículos y, otro para mercancías. Su paso lo controlaban exclusivamente los británicos; todas las noches cerraban la puerta y la abrían a primera hora de la mañana para la entrada de los trabajadores. En 1954, el general Cuesta Monereo dobló la puerta británica privándoles de  la exclusividad del control de paso.

El 1969 el gobierno español se vio forzado por el británico a cerrar la puerta (española). Fue el último recurso del que pudo disponer para frustrar el camino hacia la independencia que el RU estaba dispuesto dar a Gibraltar con el aval de la ONU. Como es notorio el gobierno español tuvo éxito. No obstante, los británicos fueron adaptando sus recursos para disponer en el futuro de palancas con las que impedir que el gobierno español volviese a tomar una decisión semejante. Entre ellas se encuentran la organización de los trabajadores españoles en Gibraltar y la de los empresarios españoles con intereses en la colonia así como el Centro Financiero; éste fue organizado a partir de la Ordenanza de Sociedades de 1967,  hecha para atraer capital y empresas extranjeras que, como se vería posteriormente, serviría a los evasores fiscales españoles. Recordemos que «el dinero es el único dios sin ateos».

En relación con lo anterior conviene tener en cuenta a dos grupos creados ex profeso:

La «Asociación Sociocultural de Trabajadores Españoles en Gibraltar» (ASCTEG) fue fundada en 1987 para informar y defender los derechos de los trabajadores transfronterizos en la Comarca del Campo de Gibraltar.

El «Grupo Transfronterizo» fue fundado en 2010, uniendo a sindicatos y asociaciones empresariales de Gibraltar y del Campo de Gibraltar, para fomentar la cooperación socioeconómica y defender los intereses de los trabajadores de ambos lados de la verja. Está patrocinado por la Cámara de Comercio de Gibraltar y cuenta con el apoyo de las Cámaras afines de Cádiz y Algeciras así como de los sindicatos españoles UGT y CCOO.

En 1982, el gobierno de Felipe González se vio forzado por el británico a abrir la puerta para eludir la amenaza del veto británico a la entrada de España en la UE; la puerta estuvo cerrada más tiempo después del fallecimiento del general Franco que antes de su muerte. Desde entonces sólo se cerró durante 13 horas el 03-11-2003 debido a un brote vírico a bordo del crucero Aurora, atracado en Gibraltar con 550 afectados y sin que el gobierno británico proporcionase información alguna; volvió a abrirse cuando dieron la información requerida.

El 15-07-2026, el gobierno español desmontó la puerta que había puesto el general Cuesta Monereo en 1954, así como la infraestructura de control de paso. De esta forma suprimió lo único de que disponía España -en el paso por la verja- para frenar los abusos británicos en Gibraltar y su expansión hacia el norte.

La verja no desaparece y consolida el control británico del istmo ocupado

En realidad, lo que ha hecho la Potencia Administradora en virtud del acuerdo UE/RU es suprimir la verja más al norte (la de 1908), dejando el resto de verjas /vallas que recorren el istmo de este a oeste en capas paralelas hasta llegar a la pista de aterrizaje del aeródromo militar de RAF Gibraltar (notificado para su uso por la aviación civil). Han dejado expedito un tramo de 150 m comprendido entre la terminal del aeródromo y la vía de entrada / salida de Gibraltar. Si bien no existen obstáculos físicos en estos 150 m, este tramo se ha reforzado con equipos de última generación que incluyen, entre otros, cámaras de reconocimiento facial, sensores, iluminación y mayor presencia policial.

Como puede verse en la fotografía, en la ubicación de la verja desmontada han dejado los pilotes de hormigón que formaban su estructura de soporte. A continuación está la calzada para los vehículos de patrulla. Tiene unos 7 m de ancho en su zona más estrecha y justo a su lado, está la verja de protección perimetral de la autovía Kingsway; tiene su parte inferior reforzada para impedir los boquetes de trasiego de cajas de tabaco. Esta verja, junto con las que le siguen hacia el sur, completa el perímetro de seguridad del aeródromo de la RAF y por ello, no puede desmontarse.

Cualquiera diría que lo que han hecho los británicos es jugar al trile en el que la verja ha hecho de «bolita». Llevados por su entusiasmo, los estafados –que como corresponde lo han sido a cambio de nada- no han sido capaces de ver dónde estaba la «bolita», es decir, la verja. Eso sí, como en la vida real, el trilero ha contado con los imprescindibles «ganchos» que también se han beneficiado de la estafa. Es más, ha habido quienes llevados por sus obsesiones o ignorancia echaron la culpa de la existencia de la verja al general Franco que tenía poco más de 16 años cuando empezó a construirse.

El estafado se creía que ya no había verja pero en realidad ha reaparecido unos metros más al sur. Estaba oculta detrás de un tupido conjunto de paños metálicos y concertinas; no fue capaz de verla como tampoco fue capaz de ver que tenía enfrente a un profesional del trile rodeado por varios «ganchos».

 

La verja de Gibraltar en 2014. Al fondo se ven edificios de La Línea de la Concepción. Fotografía de ALF

La verja de Gibraltar en 2014. Concertinas y boquetes. Fotografía de ALF

La verja de Gibraltar en Julio de 2026. Tomada a unos 350 m de la costa de levante. Fotografía de ALF

La verja de Gibraltar en Julio de 2026. Tomada a unos 350 m de la costa de levante. Fotografía de ALF

Gracias a su habilidad con el trile, los británicos han conseguido el desmontaje de la puerta española de 1954 sin tocar el resto de las verjas / vallas, excepto la original de 1908/1909. Gracias a su jugada queda abierta la posibilidad de su expansión hacia el norte para ocupar lo que ya, ahora, denominan No man´s land (Tierra de nadie) como demostración de la importancia que tiene la «guerra de las palabras» en el Contencioso. Lo harán a partir de la línea de postes sin más que ir hollando el terreno adyacente con sus vehículos de patrulla, como hicieron los centinelas británicos en el istmo a lo largo del siglo XIX. Esto se verá facilitado por la inexistencia de recursos españoles que lo impidan in situ y por el afán de algunas de nuestras autoridades de dar toda clase de facilidades a empresas con capital de Gibraltar para que se instalen en esa zona; al fin y al cabo es una forma de expansión territorial repetida con éxito en otros muchos lugares a lo largo de la Historia.

Recordemos que la caída del muro de Berlín supuso su desmantelamiento desde el mar Báltico hasta el límite de la frontera entre la RFA y la RDA. Once meses después se reunificó Alemania. No parece probable que los autores del eslogan que sugiere la relación entre Berlín y Gibraltar, hayan estado pensando que, en realidad, este «muro» va a caer en su totalidad en los próximos meses, como el de Berlín. Caerían las diferentes verjas /vallas hasta llegar a la pista de aterrizaje que tendría que desaparecer. Mientras tanto seguiremos acostumbrándonos a esta nueva imagen de la verja de Gibraltar.

Se cierra una herida de 300 años

Los ingleses ocuparon Gibraltar en 1704 en nombre del Archiduque de Austria, pretendiente al trono de España con el nombre de Carlos III enfrentado a Felipe V, de la casa de Borbón. Así pues, los ingleses tomaron Gibraltar como aliados de uno de los dos bandos españoles enfrentados en la Guerra de Sucesión; bando al que traicionaron cambiando al poco tiempo la bandera del Archiduque por la inglesa. Esa herida abierta en 1704 por nuestros aliados de entonces y ahora es la que sigue sangrando hoy día.

Durante la Guerra de Independencia, el 25-02-1810 los tropas de Napoleón estaban en San Roque. Los británicos alegaron que si los franceses seguían adelante podían tomar la Línea de Contravalación –española, que cubría y bloqueaba todo el istmo- y desde ella atacar Gibraltar. Aprovecharon la ocasión y con la colaboración de sus aliados españoles, destruyeron la Línea. A partir de entonces pudieron expandirse por mar y tierra sin fuerzas españolas que se les opusiesen. Después de la derrota francesa los británicos consideraron casus belli la reconstrucción de la Línea de Contravalación española. No se retomaron sus funciones hasta 1940, 130 años después.

La verja levantada por los británicos entre 1908 y 1909 sigue en pie con sus distintas modalidades adaptadas a su recorrido y a las necesidades operativas. Tiene 118 años, y ahí continúa.

No está claro a qué herida de 300 años se referían nuestras autoridades pero sí está claro que la provocada por la ocupación británica sigue ahí.

No parece probable que los nuestros se refiriesen a una hipotética retirada británica y su devolución a España, de acuerdo con numerosas resoluciones de Naciones Unidas incumplidas sistemáticamente por Londres; retirada hipotética que por alguna razón habrían mantenido en secreto como ha sido toda la negociación entre la UE y RU.

La caída de un Imperio

El 29-05-1453, por un descuido de los bizantinos, se quedó abierta la Kerkaporta en las murallas de Constantinopla, facilitando la entrada de los soldados otomanos y acelerando la caída del imperio bizantino.

Cuando cayó el muro de Berlín en noviembre de 1989, once meses después cayó el sistema comunista en la RDA que fue quien lo levantó. Aquí, por ahora, no ha caído la verja ni ha desaparecido la presencia de una base militar colonial británica en el sur de la Península, que es la verdadera razón de la herida.

La expansión del Gibraltar británico empezó en 1704 y siguió después de la firma del tratado de Utrecht. Su único freno fue, primero la Línea de Contravalación y luego, la verja construida por ellos mismos. Justo al norte de ésta empezaba la línea de fortificaciones de la frontera sur (sistema de búnkeres de la Segunda Guerra Mundial) construida en los años 40 del siglo pasado. Toda esta zona del istmo era militar, desde la verja hasta el límite urbano de la ciudad de la Línea de la Concepción; esta zona desapareció a partir de los años 70 pero quedó la puerta de Cuesta Monereo de 1954 cumpliendo el papel fundamental que hemos señalado y que es el que ahora ha desaparecido gratis, por la habilidad de los trileros británicos y de sus «ganchos».

El futuro nos dirá qué papel atribuye la Historia a la desaparición de la puerta española de 1954 y de la infraestructura de control del paso, algo que ha sido tan celebrado en Gibraltar como por algunas autoridades españolas.

Cabe preguntarse de qué recursos prácticos –más allá de la inútil retórica política habitual– dispondrá España para frenar el próximo abuso británico desde Gibraltar. Lo habrá, pueden estar seguros. Cuentan con la valiosa colaboración de los conocidos Godoy y Conde Don Julián de nuestros días, dispuestos a hacer caja. Sabemos dónde lo harán pero no sabemos cuándo.

Ángel Liberal Fernández, Capitán de navío (R)

[i] La paradoja de la «Prosperidad compartida» con «El País de las Maravillas» (Gibraltar). Ángel LIBERAL. Publicado en el Blog del general Dávila. 02-01-2026

https://generaldavila.com/2026/01/02/la-paradoja-de-la-prosperidad-compartida-con-el-el-pais-de-las-maravillas-gibraltar/

[ii] La referencia a la «Europa continental» puede deberse a la existencia del muro que parte en dos a la república de Chipre.

[iii] Gibraltar: El enigma del derribo de la verja. Ángel LIBERAL. Publicado en el Blog del general Dávila. 17-10-2025.

https://generaldavila.com/2025/10/17/gibraltar-el-enigma-del-derribo-de-la-verja-angel-liberal-fernandez-capitan-de-navio-r/

[iv] Es geschah an der Mauer. Rainer HILDEBRANDT. Verlag Haus am Checkpoint Charlie, Berlín. Agosto 2007.

Blog: generaldavila.com

29 julio 2026

Los incendios forestales: cuando el bosque nos pide cuentas. Julio Serrano Carranza. Coronel de Aviación (R). Ejército del Aire y del Espacio

Los incendios forestales: cuando el bosque nos pide cuentas

«Los incendios forestales no se apagan en verano. Se apagan en invierno.»

Hay tragedias que sorprenden y otras que, sencillamente, se anuncian.

Los incendios forestales que cada verano asolan España pertenecen, desgraciadamente, a esta segunda categoría. Cambian los nombres de las sierras, los pueblos desalojados o las provincias afectadas, pero el drama se repite con una fidelidad desesperante. Ardieron ayer Guadalajara, Sierra Bermeja o la Sierra de la Culebra; hoy son Cataluña, Galicia, Extremadura, Andalucía o cualquier otro rincón de nuestra geografía. Mañana será otro paisaje. Otro pueblo. Ojalá no otra familia.

Las llamas cambian de escenario, pero el guion permanece inalterable.

Terminada la emergencia llegan las visitas institucionales, las promesas de reconstrucción, los homenajes a quienes lo dieron todo y el inevitable compromiso de que «esto no volverá a ocurrir».

Sin embargo, vuelve a ocurrir.

Y vuelve porque seguimos afrontando el problema desde el final de la cadena y no desde su origen.

La pregunta es tan sencilla como incómoda:

¿Qué estamos haciendo mal?

Las lecciones aprendidas

En las Fuerzas Armadas existe un principio que jamás debería abandonarse. Tras cada operación, con independencia del resultado, se realiza un análisis de las lecciones aprendidas. No para buscar culpables, sino para comprender qué funcionó, qué falló y cómo mejorar. Esa cultura profesional ha permitido salvar vidas, perfeccionar procedimientos y aumentar la eficacia de nuestras unidades generación tras generación.

Cabe preguntarse si España aplica ese mismo principio tras cada gran incendio forestal.

Porque, si realmente aprendemos de ellos, resulta difícil comprender por qué verano tras verano seguimos encontrándonos con los mismos problemas: montes abandonados, acumulación de combustible vegetal, accesos deficientes, dificultades de coordinación y la necesidad de recurrir una vez más a todos los recursos extraordinarios del Estado.

No parece el resultado de unas lecciones aprendidas.

Parece, más bien, el resultado de unas lecciones olvidadas.

El incendio comienza mucho antes del humo

Existe una idea profundamente equivocada.

Pensamos que un incendio empieza cuando alguien llama al 112.

No.

El incendio comenzó meses antes.

Comenzó cuando el monte dejó de gestionarse; cuando desaparecieron los aprovechamientos forestales tradicionales; cuando el sotobosque se convirtió en un inmenso depósito de combustible; cuando los cortafuegos dejaron de mantenerse; cuando los caminos forestales se hicieron intransitables; cuando la despoblación vació el medio rural y desaparecieron miles de ojos que conocían el monte mejor que nadie.

La primera llama únicamente pone fecha a una tragedia que llevaba años preparándose.

España sabe apagar incendios

Sería profundamente injusto afirmar lo contrario.

Nuestro país dispone de algunos de los mejores profesionales del mundo en la lucha contra el fuego. Bomberos forestales, agentes medioambientales, ingenieros de montes, pilotos, brigadas helitransportadas, Guardia Civil, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, voluntarios y tantos otros servicios constituyen un ejemplo permanente de entrega y profesionalidad.

Disponemos de modernos medios aéreos, avanzados sistemas de coordinación, observación por satélite y una Unidad Militar de Emergencias (UME) cuya capacidad operativa es reconocida internacionalmente.

España ha aprendido a combatir el fuego.

Lo que todavía no ha conseguido plenamente es impedir que alcance dimensiones catastróficas.

Existe una enorme diferencia entre apagar incendios y gestionar el territorio para que esos incendios no lleguen a convertirse en monstruos incontrolables.

Ahí reside, probablemente, nuestra principal asignatura pendiente.

La medicina antes que el sepulturero

Nadie esperaría que un médico actuara únicamente cuando el paciente ya ha fallecido.

Primero llega la prevención.

Después el diagnóstico.

Más tarde el tratamiento.

Sólo cuando todo lo anterior fracasa aparece el sepulturero.

Sin embargo, con demasiada frecuencia parece que con nuestros bosques invertimos el orden lógico de las cosas.

Dedicamos enormes recursos económicos y humanos a combatir incendios gigantescos mientras seguimos prestando una atención insuficiente a impedir que esos incendios alcancen semejante magnitud.

La prevención cuesta dinero.

La extinción cuesta mucho más.

La reconstrucción cuesta infinitamente más.

Y las vidas humanas no admiten valoración económica alguna.

La prevención necesita los doce meses del año

Los incendios no entienden de campañas estivales.

La prevención tampoco debería entenderlas.

Quizá haya llegado el momento de replantear nuestro modelo de gestión forestal.

Muchos de los excelentes profesionales que cada verano arriesgan su vida combatiendo el fuego podrían desarrollar durante el resto del año labores de limpieza de montes, mantenimiento de cortafuegos, quemas prescritas, restauración forestal, vigilancia preventiva, educación ambiental y apoyo a los propietarios forestales.

Sería la mejor manera de aprovechar una experiencia profesional difícilmente sustituible.

Porque quienes mejor conocen el comportamiento del fuego son, precisamente, quienes cada verano luchan contra él.

Mirar al futuro aprendiendo de los mejores

No hace falta inventar nada.

Basta con observar.

Portugal, tras la tragedia de Pedrógão Grande; Canadá; Estados Unidos o Australia han reforzado durante las últimas décadas la gestión preventiva del combustible forestal, las quemas prescritas, la selvicultura preventiva y la planificación del territorio.

No son modelos perfectos.

Ninguno lo es.

Pero todos parten de una misma convicción: el mejor incendio es siempre el que nunca llega a producirse.

España también posee una larga tradición forestal. Generaciones de ingenieros de montes, guardas y agentes forestales dedicaron décadas a repoblar montañas, ordenar aprovechamientos y proteger un patrimonio natural que hoy disfrutamos.

No se trata de idealizar el pasado.

Se trata de recuperar aquello que el tiempo ha demostrado eficaz y adaptarlo a los conocimientos, la tecnología y las necesidades del siglo XXI.

La buena gestión nunca pasa de moda.

¿Y la UME?

Cada vez que España atraviesa una gran emergencia aparece la misma imagen.

Los hombres y mujeres de la Unidad Militar de Emergencias.

Y, una vez más, cumplen con ejemplaridad.

Pero precisamente por respeto a su extraordinario trabajo conviene recordar que la UME fue concebida como una capacidad estratégica del Estado para intervenir cuando la emergencia supera la respuesta ordinaria.

No para convertirse, verano tras verano, en el recurso habitual cuya presencia todos damos por descontada.

Los militares acudirán siempre.

Jamás preguntarán de quién es la competencia.

Cumplirán con su deber.

Pero convertir lo extraordinario en cotidiano suele ser el síntoma de una planificación insuficiente.

Y esa reflexión conduce inevitablemente a otra pregunta.

¿Qué papel corresponde desempeñar a Protección Civil y a los servicios forestales permanentes de las distintas administraciones? ¿Estamos dedicando suficientes recursos humanos, materiales y presupuestarios a la prevención, o seguimos concentrando la mayor parte del esfuerzo cuando el incendio ya resulta incontrolable?

La UME debe seguir siendo lo que siempre ha sido: una fuerza de excelencia para situaciones excepcionales, no el remedio permanente a las carencias estructurales del sistema.

Una auténtica política de Estado

Los incendios forestales ya no constituyen únicamente un problema medioambiental.

Son un desafío para la seguridad nacional, la economía, el abastecimiento de agua, la biodiversidad, el mundo rural y la cohesión territorial.

Su prevención exige una estrategia nacional en la que participen todas las administraciones. Los ministerios para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, del Interior, de Agricultura, Pesca y Alimentación, de Defensa, junto con las comunidades autónomas, diputaciones y ayuntamientos, deben actuar con un objetivo común: gestionar el monte antes de que el fuego obligue a gestionar la emergencia.

Porque el fuego no entiende de competencias administrativas.

Sólo encuentra combustible.

Y donde encuentra combustible, termina imponiendo su ley.

La última reflexión

Hace veinticinco siglos, el estratega chino Sun Tzu escribió en El arte de la guerra una máxima que conserva hoy toda su vigencia:

«La suprema excelencia consiste en vencer al enemigo sin necesidad de combatir.»

No hablaba únicamente de ejércitos.

Hablaba de inteligencia, de previsión y de estrategia.

También los incendios forestales pueden contemplarse desde esa perspectiva.

La mejor operación de extinción no es la que moviliza más hidroaviones, más helicópteros o más efectivos sobre el terreno.

La mejor operación es aquella que nunca ha sido necesaria porque el monte estaba limpio, gestionado y vigilado.

España puede sentirse orgullosa de quienes, cada verano, arriesgan su vida para defender nuestros bosques. Su entrega merece el reconocimiento permanente de todos los españoles.

Pero precisamente por respeto a ellos deberíamos aspirar a que algún día su heroísmo fuera menos necesario.

Hace décadas una campaña institucional dejó grabada en nuestra memoria una frase que aún conserva toda su fuerza:

«Cuando un bosque se quema, algo suyo se quema.»

Es verdad.

Pero hoy, después de tantos veranos de ceniza, quizá debamos completarla.

Cuando un bosque se quema, no sólo arden árboles. Arden años de abandono, decisiones aplazadas y oportunidades perdidas para haber evitado que ese incendio llegara a producirse.

Los árboles volverán a crecer.

La naturaleza, paciente y generosa, terminará regenerándose.

Lo que no debería regenerarse nunca es nuestra capacidad para olvidar las lecciones aprendidas.

Porque los bosques no nos pertenecen.

Los administramos en nombre de quienes aún no han nacido. Cada hectárea que hoy salvemos será la herencia que mañana reciban nuestros hijos.

Y un país que sólo prepara excelentes bomberos, por admirables que sean, mientras olvida preparar excelentes montes, está condenado a seguir librando cada verano la misma batalla.

Porque la mayor victoria sobre un incendio forestal no consiste en apagar la última llama.

Consiste en impedir que esa llama llegue a prender.

 Julio Serrano Carranza. Coronel de Aviación (R). Ejército del Aire y del Espacio

Blog: generaldavila.com

 

 

¡GIBRALTAR ESPAÑOL! Por General Dávila. Publicado en el Diario La Región de Orense

La Región (Diario de Orense)

 

https://www.laregion.es/opinion/gibraltar-espanol_1_20260724-4362939.html

¿Está prohibido por este grupo que ahora gobierna España gritar: ¡Gibraltar español!?

Rodri Hernández, el mejor jugador del mejor equipo, ganador del mundial, coreó junto a Álvaro Morata en la Eurocopa 2024 “Gibraltar es español”. Fueron sancionados con un partido, pero eso no fue lo malo, sino que las protestas que les llevaron a ser sancionados viniesen de una colonia militar británica en suelo español.

Ahora nos hablan de un tratado que conlleva derribar la verja, aquella que la soberbia británica puso en 1909. Ese es el talante negociador del Gobierno de España. Entregarse y entregar si es necesario Cataluña, Gibraltar o Ceuta y Melilla. Tiempo al tiempo. ¿Recuerdan octubre de 2017? Desde entonces un prófugo de la justicia, a punto del regreso para reirse un rato más de nosotros, maneja la política española con la finalidad de proclamar la independencia de Cataluña. Cada vez queda menos de España.

¿La selección de fútbol? ¡Enhorabuena!, pero a mi ese desfile de banderas autonómicas con las que se envolvían algunos jugadores no me gustó. Aquí ganó España y no una Comunidad Autónomica determinada, esto no es una nación de naciones y lo importante no es donde hayas nacido, sino ser español. Eso siginifica serlo del País Vasco de Cataluña o de Madrid. Unidos todo lo ganamos y en todo destacamos.

A lo que vamos. Es importante que no se apague el grito: ¡Gibraltar español! ¿De guerra? Para la Marina Real Británica, el Ejército o la Real Fuerza Aérea lo es porque esa colonia solo existe y se mantiene por su interés militar, por las armas que guarda, los depósitos de munición que esconde, los misiles que apuntan y los submarinos nucleares que ponen en riesgo nuestras vidas y hacienda, sin olvidar que allí se esconde una red de espionaje (Echelon) de señales e interceptación de comunicaciones para controlar todo lo que se mueve dice por arriba por abajo o por los abismos del mar.

No se dejen engañar. Este tratado que se ha firmado entre Europa y el Reino Unido, donde nadie del Gobierno ha puesto el dedo y sí la traición es una infamia y una entrega de soberanía. Además de convertir Gibraltar en la metrópoli de la Baja Andalucía. Poco a poco se extenderá su dominio por el sur de España a base de comprar terreno y trapichear con fondos opacos. Llevan años robándonos terreno y seguiran  porque el tratado, como en lo militar, mira para otro lado. Llegarán hasta Despeñaperros.

El Parlamento español no se ha enterado de nada del tratado. La oposición calla y no sabe. El pueblo habla de las facilidades para los trabajadores españoles en vez de señalar a los gobiernos que les han dejado en manos inglesas sin apoyo alguno, empobrecidos y dependientes de la colonia militar.

Para colmo nada va a cambiar. La verja seguirá existiendo y el único control que habrá lo impondrá el Reino Unido que nos ha robado el dominio del estrecho de Gibraltar y roto el Eje Canarias-Estrecho-Baleares, nuestro más preciado tesoro geopolítico. La culpa solo es nuestra.

Ya saben: campeones del mundo, pero como griten ¡Gibraltar español! se quedan sin jugar.

¡Gibraltar es español!

Rafael Dávila Álvarez

UNA PROVOCACIÓN DESDE DEFENSA CON LA DIRECTORA GENERAL DE LA GUARDIA CIVIL. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Veo con asombro que desde el Cuartel General del Ejército se ha politizado el acto de entrega de la Gran Cruz de la Orden Militar de San Hermenegildo y la Gran Cruz de la Orden del Mérito Militar. Una vez más quien está para servir se sirve en un acto que debería ser de exclusividad militar, aunque solo sea porque no parece justo, equitativo ni saludable que alguien que no tiene esa condecoración y que jamás podrá acceder a ella, como es la Orden de San Hermenegildo, se permita el lujo de imponerla. Pero eso sería una minucia al lado de lo que realmente nos provoca asombro y rechazo.

La Real y Militar Orden de San Hermenegildo es una distinción militar y una orden de caballería española creada por Fernando VII al terminar la guerra de la Independencia, en 1814, con el fin de recompensar y distinguir a los oficiales generales, oficiales y suboficiales del Ejército de Tierra, de la Armada, del Ejército del Aire, de los Cuerpos Comunes de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil, por su constancia e intachable conducta en el servicio a tenor de lo que establecen las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas.

El Rey es el soberano de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo y, como tal, cada dos años preside la reunión del Capítulo que tiene lugar en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. La Asamblea vela por el cumplimineto del Reglamento y analiza la conducta intachable en el servicio. En este caso allí no estaba ninguno de su miembros.

Pero vayamos al fondo de lo escenificado en el acto. El asombro, que denunciamos, no es porque la Real Orden de San Hermenegildo haya estado ausente en el acto, sino por la presencia de la Directora General de la Guardia Civil que convierte el acto en una pura parodia de blanqueamiento a la Directora imputada por un delito continuado de prevaricación y otro de obstrucción a la Justicia.

El acto entra en la línea de la provocación cuando esta condecoración se entrega a los militares «por su constancia e intachable conducta en el servicio a tenor de lo que establecen las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas». La Directora General de la Guardia Civil no es la condecorada ni creemos que haya tenido la osadía de imponer ninguna de las condecoraciones, pero su presencia crea inquietud al ser una invitada «tan especial» imputada en delitos muy graves que no tiene la humildad, ejemplaridad y vergüenza de apartarse de estos actos mientras esté bajo sospecha ¿O es precisamente por ello la exhibición «por qué aquí la que mando soy yo y vosotros a tragrar?

Inquietud y malestar ha provocado este acto que parece un show en el que la ministra de Defensa rodea -¿arropa?- de generales y almirantes a la Directora General de la Guardia Civil imputada por graves delitos. Buena protección que nunca debería escenificarse.

Nuestra pregunta es si estando imputado un general, por ejemplo, le sería concedida la Gran Cruz de San Hermenegildo, o la Gran Cruz del Mérito Militar. Porque la alarma social existiría; muy sonora. Tomen nota y ejemplaricen. Todos y todas. La ley de la Carrera Militar en su artículo 111. dice claramente que se puede acordar la suspensión de funciones por la alarma social producida.

Aquí no se suspende en funciones a nadie ni nadie se aparta, sino que a los imputados se les exhibe allí donde se premia «la constancia e intachable conducta en el servicio». No es una tomadura de pelo. Es una ofensa y  grave provocación.

Un poco de decoro es exigible en un acto como este a no ser que haya sido preparado con la astucia que Saavedra Fajardo indicaba: «Su actitud imita el curso de la culebra torciéndose a una parte y otra con tal incertidumbre, que aun su mismo cuerpo no sabe por dónde le ha de llevar la cabeza; señala el movimiento a una parte, y le hace a la contraria, sin que dejen huellas sus pasos ni se conozca la intención de su viaje».

Faltaba el DAO.

No se puede dirigir y menos mandar desde la sospecha. Alarma social no; algo más: presuntamente…

No solo serlo, sino también parecerlo con una conducta ejemplar digna de imitación. «Más quiere llevar el soldado, los ojos en las espaldas de su capitán, que tener los ojos de su capitán a sus espaldas. Lo que se manda, se oye. Lo que se ve, se imita» (Francisco de Quevedo).

No sé por qué me viene a la cabeza cuando estaba encima de la mesa, en discusión socialista, la Laureada Colectiva al Regimiento de Caballería Alcántara por su acción heroica en la retirada de Annual (1921). El ministerio de Defensa socialista dijo: ¡No! Siempre es igual, meterse en lo que no es suyo para mostrar que todo es suyo. Tuvo que cambiar el Gobierno para lograrlo. Siempre es igual, desmilitarizar lo militar y que todo sea socialista. Los militares no somos suyos, sino de España para servir a los españoles y no al partido del Gobierno. No nos debemos a quién nos nombra, sino al juramento que hicimos y a nuestra misión clara y rotunda en la Constitución.

Somos fáciles de engañar con estrellas, fajas, fajines y bandas cruzadas.

Nada que esperar del favor ni temer de la arbitraridad: «Propiciará, con su actuación, que la justicia impere en las Fuerzas Armadas de tal modo que nadie tenga nada que esperar del favor ni temer de la arbitrariedad» (Artículo 18 de las Reales Ordenazas para las Fuerzas Armadas).

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

23 julio 2026

 

 

Hoy en programa TV Cuatro “En boca de todos”

General Dávila

Blog: generaldavila.com

Cuando se pretende quebrar el honor de España. Julio Serrano Carranza. Coronel de Aviación (R). Ejército del Aire y del Espacio

 

La Guardia Civil no es un problema de Estado; es uno de los pilares que sostienen el Estado.

«El honor ha de ser la principal divisa del Guardia Civil; debe, por consiguiente, conservarlo sin mancha. Una vez perdido, no se recobra jamás.»
Duque de Ahumada – Cartilla del Guardia Joven

Hay instituciones cuya grandeza no se mide por el poder que ostentan, sino por el sacrificio silencioso de quienes las sirven. Instituciones que han sobrevivido al paso del tiempo porque fueron levantadas sobre los cimientos del honor, del deber y de la lealtad a España. La Guardia Civil es, sin duda, una de ellas.

Hoy, cuando la actualidad sitúa a la Dirección del Cuerpo bajo el foco de actuaciones judiciales, corresponde exclusivamente a los tribunales esclarecer los hechos y determinar, en su caso, las responsabilidades que pudieran existir. Así funciona un verdadero Estado de Derecho y así debe seguir siendo. Nadie puede ni debe situarse por encima de la Ley, con mayúsculas.

Pero tampoco nadie debería aprovechar las circunstancias de sesgo mediático para erosionar el prestigio de una Institución que, durante más de ciento ochenta años, ha sido uno de los pilares sobre los que descansan la seguridad, la libertad y la unidad de España.

La Guardia Civil no pertenece a un Gobierno. No pertenece a una ideología. Ni siquiera pertenece a quienes, de forma transitoria, ocupan sus puestos de dirección. La Guardia Civil pertenece al pueblo español, que la ha visto acudir allí donde otros no llegaban; que la ha contemplado socorriendo al náufrago, buscando al desaparecido, consolando al anciano, persiguiendo al delincuente, protegiendo nuestras fronteras, velando por nuestros pueblos y defendiendo la ley hasta sus últimas consecuencias.

Quien haya tenido el privilegio de vestir el uniforme verde sabe de sobra que, si bien, el hábito no viste al monje, dice mucho de él. Sabe que es más que una prenda, es un compromiso de lealtad y servicio a los demás que es asumido para toda la vida.

Ya lo enseñaba el Duque de Ahumada en la inmortal Cartilla del Guardia Joven, auténtico catecismo moral de la Benemérita. No era un simple reglamento disciplinario; era una manera de entender el servicio a España.

El honor, la disciplina, la lealtad, la austeridad, la abnegación y el espíritu de sacrificio han guiado a generaciones de guardias civiles. Todos ellos han compartido una convicción que constituye la esencia misma de su vocación: no existe mayor recompensa para un guardia civil que la íntima satisfacción del deber cumplido. Esa satisfacción silenciosa, que nunca busca aplausos ni reconocimientos, ha sido siempre la verdadera condecoración de quienes sirven bajo el emblema de la Benemérita.

Durante generaciones, miles de guardias civiles hicieron suyo ese mandato. Lo cumplieron en las montañas, en los caminos, en los pueblos más aislados y en las ciudades más difíciles. Lo cumplieron sin preguntar quién gobernaba, porque su único compromiso era con España y con los españoles.

Cuando ETA declaró la guerra a nuestra Nación, fueron los guardias civiles quienes ocuparon la primera línea del combate. Durante décadas soportaron atentados, amenazas y asesinatos. Muchos salían de sus casas sabiendo que podían no regresar. Sus hijos crecieron escoltados por el miedo. Sus familias aprendieron a convivir con la incertidumbre.

Y, sin embargo, jamás cedieron.

Aquellos hombres y mujeres derrotaron al terrorismo no con discursos altisonantes, sino con perseverancia, profesionalidad y un heroísmo cotidiano que pocas veces recibió el reconocimiento que merecía. Sobre la sangre de cientos de guardias civiles asesinados se cimentó la victoria de la democracia frente a la barbarie.

La historia de España tiene con ellos una deuda de gratitud impagable.

Hoy el enemigo adopta otras formas.

El narcotráfico desafía al Estado en nuestras costas con medios cada vez más sofisticados y con una violencia que hace años parecía inimaginable. Allí vuelven a estar los guardias civiles, embarcando de noche, patrullando el Estrecho, enfrentándose a organizaciones criminales que no dudan en matar para proteger sus negocios. También allí la sangre del uniforme verde ha vuelto a teñir de rojo nuestras aguas.

Y mientras tanto, miles de actuaciones anónimas continúan produciéndose cada día sin ocupar una sola portada: un rescate en la montaña, un niño encontrado, una mujer protegida de su agresor, una red criminal desarticulada, un anciano auxiliado, una carretera segura, un pueblo tranquilo.

Ese es el verdadero rostro de la Guardia Civil. No les gusta la notoriedad, su pasión es España y su divisa el honor.

Precisamente por ello resulta tan preocupante el clima de desgaste institucional que vivimos. Porque quienes aspiran a debilitar el Estado saben perfectamente que las naciones no se destruyen únicamente atacando sus fronteras. Se debilitan desacreditando las instituciones que garantizan la libertad de sus ciudadanos.

Los enemigos de España, los que pretenden erosionar los fundamentos de nuestra convivencia y dinamitar los pilares del Estado de Derecho, saben perfectamente cuáles son los bastiones que sostienen nuestra democracia: una Justicia independiente, unas Fuerzas Armadas leales a la Constitución y unas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado profesionales, imparciales y entregadas al servicio de la ley.

Si alguna vez consiguieran quebrar la confianza de los españoles en esas instituciones, habrían avanzado en su verdadero propósito: sustituir el interés general por el interés partidista, debilitar la Nación para fortalecer sus propios proyectos políticos y convertir las instituciones en instrumentos al servicio del poder y no del ciudadano.

Por eso defender a la Guardia Civil no significa cerrar los ojos ante los errores que puedan cometer determinadas personas. Significa algo mucho más importante: preservar el prestigio de una Institución que está muy por encima de quienes, de manera transitoria, ocupan puestos de responsabilidad.

Los españoles no podemos permitir que la sombra de unos hechos concretos eclipse la luz de ciento ochenta años de servicio ejemplar.

Porque la Guardia Civil no son unos despachos.

La Guardia Civil son los miles de hombres y mujeres que esta noche patrullarán nuestras carreteras, navegarán nuestras costas, custodiarán nuestras fronteras, investigarán delitos y acudirán allí donde un ciudadano necesite ayuda.

Ellos siguen siendo fieles al juramento que un día pronunciaron.

Ellos siguen llevando por bandera el honor.

Ellos siguen creyendo que servir a España constituye el mayor privilegio que puede asumir un servidor público.

Y continúan sabiendo, como tantas generaciones antes que ellos, que no existe mayor recompensa que la satisfacción del deber cumplido.

A ellos debemos nuestro reconocimiento.

A ellos nuestro respeto.

Y, sobre todo, nuestro respaldo.

Porque cuando una nación deja de proteger a quienes la protegen, comienza a perder una parte de sí misma.

Hace casi nueve siglos, el poeta anónimo del Cantar de Mio Cid legó a la Historia una sentencia que ha transcendido a generaciones: «¡Dios, qué buen vasallo, si oviese buen señor!»

Hoy, al contemplar el sacrificio silencioso de miles de guardias civiles que, lejos de los focos mediáticos, continúan sirviendo a España con la misma lealtad, el mismo honor y la misma vocación de servicio que heredaron de quienes les precedieron, resulta inevitable que aquellas palabras vuelvan a resonar con fuerza.

Porque España sigue teniendo buenos vasallos.

Hombres y mujeres que no preguntan por la conveniencia del servicio, sino por el deber; que no buscan reconocimiento, sino cumplir con su juramento; que no reclaman privilegios, sino el respeto debido a una Institución que ha escrito algunas de las páginas más nobles de nuestra historia contemporánea.

Que nunca le falten a España gobernantes con la altura moral necesaria para comprender que la Guardia Civil no es patrimonio de ningún poder político, sino uno de los grandes patrimonios morales de la Nación.

Que nunca le falten dirigentes capaces de proteger su independencia, preservar su prestigio y honrar el sacrificio de quienes han dado, y siguen dando, lo mejor de sus vidas por España.

Porque mientras exista una pareja de la Guardia Civil recorriendo nuestros caminos, vigilando nuestras costas, socorriendo al necesitado o velando por la seguridad de los españoles, seguirá latiendo el espíritu que el Duque de Ahumada sembró hace más de ciento ochenta años.

Y mientras ese espíritu permanezca vivo, España conservará uno de los pilares más firmes de su libertad, de su unidad y de su esperanza.

Porque las naciones no mueren cuando pierden sus riquezas. Empiezan a desaparecer cuando dejan de honrar a quienes las defienden.

Instituto gloria a ti

Por tu honor quiero vivir

Viva España, viva el Rey, viva el orden y la ley

Viva honrada la Guardia Civil

Julio Serrano Carranza. Coronel de Aviación (R). Ejército del Aire y del Espacio

Blog: generaldavila.com

 

18 DE JULIO DE 1936: UN TENIENTE DE LA LEGIÓN INICIA EL ALZAMIENTO (Del libro: La guerra civil en el norte.. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto. La Esfera de los libros)

A las 1600 horas del 17 de julio de 1936, en la Comisión de Límites de Melilla, se encontraban reunidos los máximos representantes del alzamiento en la ciudad. Ante la llegada de las Fuerzas de Asalto enviadas por el general Manuel Romerales Quintero, que sospechaba desde hacía días que se produjese un posible levantamiento, el teniente de la Legión, Julio de La Torre Galán, llama a sus legionarios:

— ¿Representación de la Legión?… ¿eres el sargento Sousa?… Soy el teniente la Torre. ¡Rápido, con todos los legionarios que tengas a la Comisión de Límites!

Los sitiadores al ver llegar a los legionarios se rinden y se unen al alzamiento que acaba de comenzar en España y cuya chispa se enciende en Melilla con un pelotón de la Legión.

Por la noche de este día ya en Madrid se comenta que algo ha pasado en Melilla; se habla, en voz baja, pero corre por toda la ciudad que la Legión y los Regulares se han alzado contra el Gobierno. Los ministros tratan de quitar importancia a la cosa. Al fin y al cabo solo saben que en Melilla hay una insurrección militar que, por el momento, no se ha extendido.

Hay gran inquietud y algo de desconcierto en todas las Guarniciones.

El día 18 el General Mola da la orden al Coronel Solchaga de que por la mañana temprano del día 19 declarase el estado de guerra. Mola aguantó las presiones que desde distintos lugares le hacían para que declarase el alzamiento. Mola observa las reacciones, sin precipitarse, tranquilidad, metódica visión del conjunto, coordinación y mando. Probablemente el general Mola está viendo como se mueven las piezas de su ajedrez. Es para él muy importante ver si al empezar la partida alguna pieza se queda en el cajón. Aquella transición entre la noche del 18 al 19 de julio de 1936 fueron una prueba. ¿O una hábil maniobra para ver la reacción del Gobierno de Madrid? Seguramente las dos cosas.

Desde el día 17 hay un pequeño compás de espera hasta el día 19 cuando ya es público el alzamiento.  Mola soporta la tensión, Franco actúa con irritante lentitud, el resto también está expectante.

¿Qué esperaba Mola? ¿Qué esperaba Franco? Las tropas africanas ya habían dado el paso al frente. ¿Ellos?

El alzamiento se inicia en Melilla y, simultáneamente, en todas las guarniciones españolas del norte de África. ¿Casualidad, oportunidad, un aviso?

Puede que el levantamiento en Melilla no fuese tan casual como a simple vista parece. Cuenta el general Kindelán (ABC, Sevilla, 18 de julio 1961) que en uno de sus viajes a Pamplona, Mola le encargó que advirtiera a Yagüe que los generales Sanjurjo, Franco, Goded, Fanjul, Queipo y otros habían delegado en él la fijación del día del Alzamiento  y por tanto él dejaba a Yagüe en libertad para elegir hora y fecha dentro de un periodo de ocho días, del día 15 al 23 de julio, y que deberían ser simultáneos los de Tetuán, Melilla, Ceuta y Larache. Según Kindelán el mismo día de la iniciación deberían comunicárselo en telegrama cifrado que enviaría a tercera persona con cualquier texto y lo único que habríamos de tener en cuenta era el número de letras del nombre y el de las del apellido. El primero sería la hora, el segundo el día. Así se hizo y el telegrama se firmaba con un ficticio nombre y apellido que sumadas las letras, eran el día y la hora del alzamiento. Llegado el momento Kindelán no pudo recibir el telegrama por estar ausente y lo hicieron Valentín Galarza, Paco Herrera y Carlos Salamanca que comunicaron con Mola. Debería ser Yagüe el que iniciase el alzamiento, pero al tener que intervenir una sección del Tercio en defensa de los impulsivos oficiales en Melilla reunidos, rodeados en la casa de la Comisión Geográfica por Guardias de Asalto, hizo inaplazable la hora. Eran las cuatro de la tarde del día 17 de julio de 1936, una hora antes de lo previsto.

No hubo vacilaciones en ninguna de las plazas de soberanía ni del Protectorado. La población indígena a la que las autoridades de la República habían ignorado se puso del lado de los alzados.

El príncipe Muley El Hassan, el gran Visir, Sidi Ahmed Ben Hach Abdelkrim, incluso el kaid beni urriaguel Solimán el Jatavi, ofrecieron su apoyo a Franco aquella noche del 17 de julio. Este último le remitió un mensaje poético:

« ¡Por la gloria de Dios! ¡Por la fuerza y el poderío que residen en Él! Al glorioso héroe, tan afortunado de mano, alma y corazón, al general Franco. ¡Que las bendiciones divinas sean sobre ti y los que contigo combaten en la buena senda!».

Un avión Focker enviado por el Gobierno de Madrid sobrevuela el barrio moro de Tetuán y lanza varias bombas que causan trece muertos y provoca la indignación de la población. Fueron momentos de enorme riesgo para el alzamiento en aquellas tierras. Tuvo que ser el venerable Gran Visir Sidi Hamed Ganmia el que valerosamente se dirigió a la manifestación musulmana para convencerles que aquello era obra solo de los españoles sin Dios y que para castigarles llegaría Franco.

La Junta de Defensa de Burgos le concedió la Cruz Laureada de San Fernando que el propio Franco le impondría.

Decía el Decreto de concesión:

«…En la tarde del 18 de julio de 1936, un avión pirata bombardeó el barrio moro de Tetuán, alcanzando dos mezquitas y causando quince muertos indígenas. El estupor, el pánico, la indignación se apoderó del pueblo musulmán. Las gentes, que poblaron las calles, iniciaron manifestaciones tumultuosas y la muchedumbre, aturdida y presa del terror, intentó invadir la Plaza de España, para dirigirse a la Alta Comisaría. Por razones de orden moral no era conveniente emplear la fuerza y, por otra parte, la autoridad del jefe que interinamente actuaba en Tetuán, hubiera sido precaria cuando el Alzamiento Nacional, estaba todavía en sus comienzos. En estas gravísimas circunstancias se recurrió a las autoridades marroquíes, encontrando el apoyo más decidido y activo en el Gran Visir Ahmed Ganmia, el cual, a pesar de sus setenta y seis años y deficiente salud, acudió a Tetuán desde su casa de campo, se lanzó a caballo por las calles, y con gran riesgo de su vida, de su prestigio y de su cargo, contuvo por completo la explosión popular, aquietando los ánimos, reduciendo a los exaltados y consiguiendo que todos regresasen pacíficamente a sus casas. Tal actuación representa un acto de extraordinario valor, de capital importancia para el éxito del Movimiento Nacional, al salvarle de las dificultades interiores que en la zona se crearía de haber tenido que emplear las armas para restablecer la tranquilidad en la ocasión referida…».

Es reseñable que las maniobras de Llano Amarillo pusieron en contacto a muchos mandos del Ejército y que Yagüe llevó la voz cantante. al día siguiente escribía a Mola y de su misiva es reveladora la frase: «Solo necesitamos mando y barcos».

Terminaba su carta repitiéndolo: «Mando, barcos y ¡adelante! ¡Viva España!»

Del libro: La guerra civil en el norte. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto. La Esfera de los libros.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com