LA REPRESIÓN FRANQUISTA EN LOS LIBROS DE TEXTO (Quiero ir a la cárcel si es por la libertad) Rafael Dávila Álvarez

En España cada vez hay más fascismo y para que se den cuenta de lo que digo solo hay que acudir a la tercera acepción del término que recoge el Diccionario de la RAE: «Actitud autoritaria y antidemocrática que socialmente se considera relacionada con el fascismo»; y el mismo Diccionario define al fascista, entre otras cosas, como alguien «excesivamente autoritario».  A mí que un partido adopte una actitud autoritaria me da igual ya que es un problema de sus votantes que si lo admiten es por su carácter borreguil. Otra cosa es que ese o esos partidos formen Gobierno e impongan al conjunto de la sociedad un régimen autoritario con la disculpa de que son mayoría parlamentaria y, por tanto, pueden incluso reescribir la historia.

La nueva Ley de Memoria Democrática que se cuece para nuestra desgracia —y de nuevo enfrentamiento— se encuentra en discusión en el Congreso de los Diputados español, donde mandan socialistas leninistas, comunistas, herederos de los terroristas, e independentistas (¿esa es España?). Entre las modificaciones introducidas a la atroz «ley democrática» (un sarcasmo) han pactado, el PSOE y Unidas Podemos, unas enmiendas a su proyecto: «desarrollar en los libros de texto y materiales curriculares la represión que se produjo durante la Guerra y la Dictadura». Dicen que «para que no se repita la historia», es decir que piden lo contrario, la venganza, que es a lo que conducen las dictatoriales propuestas de estos personajes.

Cuando se tiene la mayoría parlamentaria es el momento de demostrar el talante democrático de los partidos y su obligación de respetar a todos y no a su mayoría (ficticia siempre), que por supuesto no es la de un parlamento, sino la de la nación, los millones que no te han votado, que piensan de otra manera, que no piensan de ninguna, que les da igual, que están en contra. Al menos ese grupo está formado por un 50%, es decir las dos Españas, y la mejor manera de comprobarlo es enfrentarlas con lo que les llevó a encontrarse en los campos de batalla hace ya muchos años, los de la historia, impulsado por una larga lista de desaprensivos políticos que no renunciaban ni al asesinato para conseguir sus propósitos como el de don José Calvo Sotelo que hace unos días recordaba.

Sin duda no volveremos a ello, Dios lo quiera, pero mejor dejar la bicha en paz y no remover eso que huele tan mal no vaya a ser que termines hasta el cuello.

La democracia no lo justifica todo, como pretenden. No puede vivir media nación pendiente de la otra media en cuestiones vitales. No se es todo por ser presidente de un Gobierno ni por tener mayoría parlamentaria. Eso va contra la esencia de la democracia.

Debería recomendarles la lectura de Panfleto contra la democracia del maestro Gustavo Bueno. Si no fuese por lo que es, estas navidades se lo remitiría a Moncloa junto a mi libro (disculpen la ironía) La Guerra Civil en el Norte para que aprendan el significado de la be con la u.

Están convirtiendo la democracia en un panfleto. Lo define muy bien el mundo de la filosofía cuando alguno de sus grandes pensadores habla de las redes del poder. La que manda ahora en España es una de ellas, de la que desconocemos casi todo, aunque claves hay en aquello que ahora quieren reescribir por ley, ya que allí perdieron parte de esa red que ahora han reconquistado. No dejen de pensar en esto último que les digo.

Hoy se les llena la boca a esos falsos demócratas cuando dicen, como si de una declaración religiosa se tratase: «Yo soy demócrata», como el que dice «yo soy cristiano». Son los personajes constituyentes de una constitución en la que se habla de enseñanza democrática, convencidos de la existencia de una historia democrática, matemáticas democráticas y filosofía democrática. ¡Enseñanza democrática! Ahí está el truco de la mafia democrática: votar, por ejemplo, el Principio de Arquímedes y si sale «no», no existe Arquímedes ni su principio, aunque los barcos sigan flotando.

¿Qué significa todos, o muchos, en la escena política? Solo una cosa: reírse en la cara de sus votantes, decirle al de partido de al lado «ahora me toca a mí»; en definitiva: su propio beneficio.

Vuelvo a recomendarles el libro del profesor Gustavo Bueno: Panfleto contra la democracia.

Tramas de corrupción consensuadas. Con el fanatismo como motor impulsor.

¿Van ustedes a creer en las imposiciones ideológicas de los partidos políticos que hablan de memoria democrática como el que habla de matemáticas democráticas?

Represión franquista. Me suena la socialista. Comunista. Anarquista. Cenetista. Caballerista. Zapaterista. Sanchista. La que hemos sufrido bajo un ilegal Estado de Alarma, inconstitucional, único en los países democráticos, que les ha servido para someternos, para acabar con la oposición y acabar con la Nación y el Estado.

¿Represión franquista? Dictadura soberana la de un Gobierno que ha sido inconstitucional, que ha gobernado con ilegal mandato.

Ya veo que a pocos le importa. A mí sí y por ello me tomo la molestia de cada día denunciarlo a cambio de nada o si acaso de disgustos al quedar señalado. Hasta por los que menos ustedes se piensan.

Puestos así y con la nueva ley sectaria, la nueva historia, la nueva represión socialista, hago una seria reflexión: pido unos años de cárcel a cambio de ganarlos en libertad. Si me tienen que abrir las puertas de la cárcel para y por la libertad ¡ábranse las puertas!

Mientras se abren para que salgan los asesinos de la ETA entremos los que de ellos fuimos víctimas.

¿Represión franquista en los libros de texto?

Me parece percibir un peligroso fundamentalismo democrático.

Decía el profesor Gustavo Bueno que había que triturarlo. Aprendamos.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

20 diciembre 2021

 

 

LA GUERRA CIVIL EN EL NORTE. Por Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

La Guerra civil en el Norte. General Dávila

LA GUERRA CIVIL EN EL NORTE

El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto.

https://www.esferalibros.com/autores/rafael-davila-alvarez/

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12 diciembre 2021

Blog: generaldavila.com

LEY DE MEMORIA DEMOCRÁTICA (1): ANTECEDENTES Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Ley de Memoria Democrática

El tema es de tal importancia que dedicaré esta semana a articular mi opinión sobre lo que considero uno de los mayores ataques perpetrados a la democracia desde aquel añorado proceso de la Transición: la conocida como Ley de la Memoria histórica y que ahora será sustituida por la de Memoria Democrática. El 23F81 a su lado fue un juego de niños que no se sabían la lección ni militar ni histórica. El dinero se escondió cuando vio —una vez más— que «no era eso, no era eso».

En definitiva estamos ante el mayor ataque y robo a la libertad individual hasta ahora conocido. Nos separan y dividen entre buenos y malos. Por cierto; me quedo en el lado de los malos. Tomen nota de mi filiación. Llevan ya demasiado tiempo haciendo listas de unos y otros. Si es necesario moriré como Sócrates: porque se había determinado legalmente. Nunca por haber sido condenado caprichosamente.

«El 14 de abril de 1931 una nación, España, cuya forma de Estado era la monarquía, la Corona más antigua del mundo occidental, de la noche a la mañana se levanta republicana y el Rey, sin más, dice que se va, hace las maletas, se embarca en Cartagena y desembarca en Marsella. El barco que le lleva luce la bandera de España roja y gualda; en el momento en que Alfonso XIII desembarca es arriada, izándose la republicana.

Adiós a la Monarquía

Si la situación no era fácil de entender más difícil iba a ser construir a partir de ese momento el edificio del nuevo Estado que entraba en un periodo de provisionalidad que acabó en permanente inestabilidad. Hasta hoy. Aquello que parecía que iba a traer paz y sosiego, evitar el derramamiento de sangre, fue degenerando, día a día, hasta convertirse en la peor de las guerras. Después de 90 años de aquello, nos persigue políticamente, sin conseguir reducir los hechos a una lectura de la historia de la que extraigamos consecuencias, errores, y alcancemos la verdad, sea cual sea, sin arrojárnosla unos a otros, con sentido histórico y documental» (La guerra civil en el Norte… General Dávila).

Difícil reinado el de Alfonso XIII. Por todo; sobre todo por el apoyo que tuvo de los que tanto le querían. Nos vemos abocados a lo mismo.

¡Rey don Sancho, rey don Sancho!, no me digas que no te aviso…

¡Bendita España, que pare y cría los hombres armados!, exclama Francisco I de Francia, derrotado en Pavía, cuando llega prisionero a Madrid y ve por sus calles a los niños jugando con espadas de madera.

Coraje, valor y honor, nunca nos han faltado. En casi todas las ocasiones era lo único, porque espadas, ni de madera. Cuando eso coincide con la pérdida del honor se alcanzan metas como la actual.

Flandes, Filipinas, Cuba, África. Por allí han pasado las Armas y las Letras: Gonzalo Fernández de Córdoba, el Duque de Alba, don Juan de Austria, Pedro Calderón de la Barca, Miguel de Cervantes, Lope de Vega o Enrique de las Morenas y Fossi; general Martínez Campos, general Weyler, almirante Cervera, Comandante Benítez, y miles de anónimos soldados, « ¡No hay un puñado de tierra/sin una tumba española!».

Honor, coraje y valor.

Canalejas replicaba: — ¡Entonces callen tantos himnos de gloria al ejército, cantadle menos, pero respetadle más!

Hubo nombres heroicos en los dos bandos, generales con honor que entendieron lo que es una guerra y su final. Soldados todos, mientras tuvieron un ejemplo a seguir, si les hablaron de honor y dignidad, cuando no eran forajidos los que ostentaban el mando a base del pistolón que colgaba de su cintura.

Era a España: el respeto. El mismo que acaba en guerra cuando no se tuvo, cuando no se tiene.

¡Tanta gloria!, ¡tantos honrosos nombres! de nuestra historia para ahora ser pisoteados por los cerdos.

 El PSOE

El Partido Socialista Obrero Español conocido por sus siglas PSOE está dando la vuelta al calcetín de la convivencia. Quiere guerra y guerra tendrá. Los mismos que hicieron una cosa hacen ahora la contraria. Ya no les sirve la Transición. «El poder tiene recursos para todo…, ofrece muchas posibilidades. Todo el secreto está en saber manejar los dispositivos legales».

Debe verse al adversario en toda su plenitud: J.L. Rodríguez y P. Sánchez no tienen plenitud. Simples portatirsos llenos de vanidad, muy fáciles de manejar, uno desde las pasarelas de la (mal)-intencionada inclusión y el otro desde los oscuros conventos.

Bien conocido es que la repetición de la guerra, cambiar los hechos, dio comienzo con la nueva artillería manejada por los cañoneros: se fundaron medios para extorsionar —siguen en ello los accionistas— con misiles que compran los del dinero oculto; es el arma principal del combate porque todos dependen de la política, de colocar a sus generales de plomo, a caballo si es posible —que se lo crean—, en la Moncloa. El monclovita a caballo solo tiene que pasear su grotesca sonrisa y las órdenes ya las recibirá de forma permanente y oportuna para apoyar y proteger a las unidades (ahora conglomerados o algo escondido como empresa) que el dinero debe apoyar desde la acción política, que para eso se le nombra general en jefe, con sede en Moncloa. Es la interpretación nueva de la moral. Ya no sirve la de Confucio en la que «solo los caballeros son aptos para gobernar con criterios morales y competencia intelectual». Esa cualificación moral e intelectual ahora la reparten los bancos del poder en sus oscuras reuniones.

No hay futuro. El camino está marcado y solo queda seguir la senda: «Muchos guijarreros, pocos adivinos» (Zenobio, V, 75; Apostolio, XIV, 68b). Delincuentes.

«No hay que abusar de la Historia», dijo Villaverde en plena Restauración. Temía mirar atrás para agacharse a recoger piedras que lanzar. Munición falseada al dictamen.

Acaba diciendo Napoleón: «Yo vencí a los alemanes y a los italianos, vencí también a los polacos a quienes ciega su odio frente a rusos y prusianos, pero no he podido vencer a los españoles; en Europa son los únicos que conservan una extravagante afición a la libertad».

¿De qué libertad hablaba?

Comunistas, socialistas, separatistas, anarquistas y pistoleros acabaron con ella.

El 14 de abril de 1931 el Rey se marcha, abandona el ejercicio de sus funciones para evitar un supuesto y posiblemente no seguro derramamiento de sangre.

No había razón alguna; nadie había depositado en las urnas la forma política del Estado. Solo eran unas elecciones municipales. No se le había consultado nada a la República ni a la Monarquía, a nadie le habían preguntado su preferencia. Nunca se sometió a referéndum la forma política del Estado. De unas elecciones municipales manipuladas surgió la forma del Estado: República. En España, como en mayo de 1808, parece que la política se interpreta en los ayuntamientos.

Alfonso XIII, el Rey soldado, se quedó solo. Alguien le dijo que los españoles se habían pronunciado sobre la monarquía, aunque nunca dijeron nada porque nadie les había preguntado.

Ya estamos unos enfrente de otros:

«Recordad en todo momento que las páginas más gloriosas de nuestra historia las ha escrito la Infantería con la punta de sus bayonetas».

Son «Fogatas de viruta», bromea Alcalá Zamora cuando arden las iglesias y conventos. «Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano», apostilla Azaña.

«Habría que preguntarse desde cuándo empieza a deslizarse en la mente de los españoles la idea de la radical discordia que condujo a la guerra. Y entiendo por discordia no la discrepancia, ni el enfrentamiento, ni siquiera la lucha, sino la voluntad de no convivir, la consideración del “otro” como inaceptable, intolerable, insoportable. Creo que el primer germen surgió con el lamentable episodio de la quema de conventos el 11 de mayo de 1931, cuando la República no había cumplido aún un mes» (Julián Marías. La Guerra Civil. ¿Cómo pudo ocurrir?).

Ortega y Gasset dejó claro los términos del problema, pero ya era tarde: «Un Estado federal es un conjunto de pueblos que caminan hacia su unidad. Un Estado unitario que se federaliza es un organismo de pueblos que retrograda y camina hacia su dispersión».

Agenda 2030: la República

2030. La Agenda 2030, incluido su Director general de Políticas Palanca (no es tomadura de pelo, el cargo existe) no es sino el Arco Triunfal por donde entrar en los cien años de aquella República ilegal e instaurar por la misma vía la de 2031, cien años después. Quizá cambie Cartagena por Torrejón, pero el destino será el mismo: el destierro. Nadie moverá un dedo. Como ahora vemos y vimos entonces, y el dinero seguirá en los oscuros fondos: que dirigen las naciones. Quiero decir los Estados. Ya no hay naciones ni gobernantes, sino esclavos y señores. Oclocracia de Polibio, pero controlada, sin que se vea demasiado.

Llegar al poder y manejar el Congreso de los Diputados, un Legislativo así convertido en Ejecutivo, sin oposición,  es el mayor peligro porque todos, todos los poderes, los grandes y pequeños, la fuerza y la ética, la ley y la estética, el favor o la cárcel, dependen del Ejecutivo, incluso del jefe del Ejecutivo.

Paso a paso han acabado con la Transición. Y la democracia. Condenada.

¿Por qué la Monarquía es su objetivo? Porque ha dado a España una gran estabilidad desde su instauración en 1975. Y lo más importante: moderación y un lugar internacional.

Algo que va contra su objetivo. ¿Cuál es?: la conversión de España en una nueva base comunista que amenace el sur de esta meliflua Europa que cada vez está más rodeada de peligros y con menos fuerza moral y material para su defensa.

No hace falta ser un vidente para darse cuenta que Europa está inmersa en el canto del cisne y sus propios socios huyen buscando fortaleza en sus Ejércitos y en sus economías, que beneficien a su Nación (con mayúscula en este caso).

Esto, señores, se acaba. Si es necesario moriré como Sócrates: porque se haya determinado legalmente. Nunca por haber sido condenado caprichosamente. Como pretenden.

Lucharé hasta el final.

¿Me siguen? ¿Cuántos?

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

22 noviembre 2021

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL GENERAL VICENTE ROJO Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

LA GUERRA CIVIL EN EL NORTE

En mi libro La Guerra Civil en el Norte. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto pueden ustedes leer los informes que el general Vicente Rojo eleva al mando político y su visión del conflicto (páginas 358 y sigs.). Fechados en marzo de 1938 desvelan una crítica situación militar que le hace pensar en un repliegue estratégico de los frentes, incluso ceder Madrid en beneficio de la defensa de Cataluña.

EL GENERAL VICENTE ROJO

El general Rojo ve dos puntos de verdadero interés a mantener por encima del resto: Los frentes de Cataluña y el Maestrazgo, donde se va a decidir el final de la guerra que veía próximo y casi irremediable. No se ha prestado interés a este momento histórico de la guerra civil al que dedicaremos más adelante nuestra atención.

El general Rojo, en mi criterio, se equivocó, como razono en el libro, en varios episodios militares de la contienda, pero ya al final de la misma se dio cuenta de las traiciones a su ejército y el abandono al que fue sometido. Era un militar entero al que las circunstancias nada favorables para ejercer el mando le llevaron a cometer errores de bulto en su estrategia, pero nunca abandonó a sus tropas ni olvidó su carácter militar.

«Para mí la guerra ha terminado. Me he quedado sin Patria y sin casa y sin dinero» (Perpiñán, 28 de febrero de 1939. Vicente Rojo).

Era el principio y el final. Una carta que dirige el general Vicente Rojo al señor Negrín, Presidente del Consejo de Ministros y ministro de Defensa.

La carta abochorna a quien la lee, pero no debió hacerlo el destinatario (s) que pasó a la historia de la maldita memoria indigna a pesar de ser exaltado por los facciosos del recuerdo.

Hubo dos bandos enfrentados y en ambos formaban héroes que amaban a su Patria España; con su uniforme de soldado lucharon lo mejor que sabían defendiendo ideales. Deberían ser tratados, vencedores o vencidos, con el respeto que da la lucha armada y reconoce el código del honor militar.

El general Rojo se queja como jefe militar del trato y abandono de 400.000 de sus hombres y se lo reprocha a Negrín: «Es tarde para todo menos para recobrar nuestra libertad, y puesto que los derechos constitucionales han sido conculcados por quienes mayormente tenían el deber de defenderlos y las libertades del pueblo han sido arrojadas al arroyo no sólo por la conducta inhumana observada con las 400.000 almas internadas en Francia (si en parte están recogidas más se debe a la caridad pública que a la acción del Gobierno…».

AZAÑA Y NEGRÍN

El dolor del general se mezcla con una rabia infinita al ver la cobardía y traición de los políticos de la República. «Pero próximo ya el momento de la terminación de la República con la dimisión del presidente y la pérdida de autoridad del Gobierno, aquella sensación de abandono que percibimos los primeros días de nuestra estancia en Francia se han acentuado de manera tan lamentable que no estimo digno asistir a ella en silencio, por eso, antes de que esto termine y cada uno de ustedes, de los políticos y comités que han traído a nuestro pueblo a esta situación de desastre total, recoja su equipaje y vaya a discurrir a un retiro plácido —como ya lo está haciendo el señor Azaña— sobre la participación que ha tenido en el infortunio en que han sumido a sus compatriotas, yo, que nada he pedido nunca a ustedes y que nada quiero de ustedes, ni siquiera la parte de botín que puedan tenerme reservada los encargados de contabilizar los últimos despojos de nuestro pueblo, me dirijo a V.E. como lo haré a las demás autoridades de la República, finiquitadas o no como tales para hacerles presente que no participo en esta bochornosa liquidación de la dignidad de nuestro pueblo y de nuestro Ejército y de la cual protesto, de aquel hay ya abandonadas en la mendicidad algunos millares de familias muy dignas, y de este hubiera sido más digno dárselo a quien lo ha ganado como en tiempo oportuno se propuso a V.E. que el que nos abandone ahora despreciándonos».

No creo necesario en este breve artículo hacer ningún comentario. No se lo merecen aquellos que abandonaron a sus hombres y que ahora algunos quieren ensalzar. Su jefe, el soldado, el general Rojo, resume la valía de aquellos que desprecian a los que han dado su vida y hacienda para su vergonzoso enriquecimiento.

«Para mí la guerra ha terminado. Me he quedado sin Patria y sin casa y sin dinero» (Perpiñán, 28 de febrero de 1939. Vicente Rojo).

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

30 septiembre  2021

 

 

Rafael Dávila Álvarez presenta en Santander su libro ‘La Guerra Civil en el norte’ – La Esfera de los Libros

El general de división (rtdo.) Rafael Dávila Álvarez presentará en Santander su libro La Guerra Civil en el norte, del que La Esfera ha publicado 2 ediciones
— Leer en www.esferalibros.com/agenda/rafael-davila-alvarez-presenta-en-santander-su-libro-la-guerra-civil-en-el-norte/

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DEFENDER A ESPAÑA EN LA OSCURIDAD Rafael Dávila Álvarez

Son los misterios insondables que no enseñan ni en el cole ni en el otro cole llamado universidad; ni siquiera la de la vida. Aceptados e incomprendidos.

La gasolina sube (o baja) sin saber razones. Todos callados.

La luz: heredé la costumbre de ir apagando luces que otros dejaban encendidas. En los ministerios e instituciones nadie las apaga porque nadie paga: pólvora del rey. Una metáfora de España.

El alquiler de la vivienda sigue siendo un juego político, el mercado va a su aire y al del propietario de inmobiliarias enormes que controla el descontrol. Otra.

El juego es hacer impenetrable esos lugares a los que uno se debe y exigen silencio, pleitesía y adoración.

La Constitución. Ahí está el secreto. Habla de derechos individuales: vivienda, justicia gratuita (en nombre del Rey), propiedad, herencia, trabajo, elección, profesión, estudiar, y para qué seguir.

Incluso habla de la unidad de la Patria, de la integridad territorial, de la soberanía, de la voluntad popular, habla y habla tanto que hasta dice que todos tenemos el derecho y el deber de defender a España, que yo me pregunto, ¿de qué y de quién? porque aquí nadie defiende nada y menos algo tan elemental como la unidad de la Patria. Es decir que la Constitución es como un papel muy bonito que dice cosas preciosas y que queda muy bien de cara a la democracia, que dicen que somos, y luego llega el legislativo, que es como el ejecutivo pero más grande y que, entre unos y otros, eligen al judicial, y se sacan unas cuantas leyes que regulan lo que dice la Ley, pero a su manera, que si algo tiene el poder, el de la mayúscula, es que lo puede todo y de todo lo que le interesa hace ley y luego vete a preguntar, que te dicen que si no te has leído lo que dice la ley, que lo que dice la Ley vale, pero menos, que aquí lo que vale es lo que dice el alcalde en su bando y que si no lo cumples te las vas a ver con los municipales o con el juez, aunque sea de paz. Es una metáfora, ¿la Constitución?

Bueno pues ya no sé de lo que hablaba, pero he ido a echar gasolina, lo de siempre, y le he tenido que pedir al de la gasolinera que me saque del depósito unos litros porque con lo que gastaba antes ahora rebosa, quiero decir mi indignación.

En casa a oscuras o con velas. Las velas ya no son de cera, de las abejas, sino de parafina, un derivado del petróleo, y al final me he metido en la cama, como las gallinas, antes de que anochezca y haya que encender la luz.

Al acostarme he intentado analizar con quietud el tema de la luz y la gasolina, a ver si lo entiendo de una puñetera vez. Imposible. Soy una nulidad.

El presidente juega con los ratones. Debemos acostumbrarnos a ese juego del palo y la zanahoria porque él sabe que si aguanta dos años (dinero hay) tendrá las próximas elecciones ganadas. Ha llegado a su cota de máximo desgaste que era Cataluña. A partir de ahora empieza un nuevo partido. Será ganador.

España: sin luz, sin ley, sin trabajo, sin vivienda, sin unidad, sin justicia, sin ejércitos, sin…; sí eso también falta. Es una puñetera metáfora. Le falta un trozo y más.

Duermo pensando en eso de defender a España, que es un derecho y un deber. Le preguntaré al Constitucional o al Supremo, aunque la respuesta, la buena, la que vale, la de verdad, está en la Moncloa, que es todo, que el poder lo puede todo, hasta el más inútil da cuerda al reloj de España, que sigue sin funcionar.

Hágase la luz. Es demasiado cara y está en manos de especuladores de la política que no de otra cosa que la pasta. ¿La pasta o la vida? y eligió la luz. A oscuras el resto.

He soñado en defender a España, aunque sea a oscuras y sin gasolina. ¿Sueño o metáfora? ¿Quién me ayuda?

¿Para qué pondrían el artículo 8 de la Constitución? Y el 2 y el 30, y el otro, el otro, el otro.

Con haber puesto «Aquí mando yo, luego un poquito el otro, sin romper nada, y otra vez yo». Como en el 33-34 que ya ni me acuerdo. Sí, una guerra preventiva , decía el maestro Gustavo Bueno.

Aquí (Así) no hay quien viva.

Rafael Dávila Álvarez

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21 junio 2021

 

LA GUERRA CIVIL EN EL NORTE. «ES PREFERIBLE PINTAR LOS BARCOS QUE MONTARLES CAÑONES». Rafael Dávila Álvarez

GUERRA CIVIL 2

El acorazado Jaime I

Como les dije iré ampliando algunos de los datos que figuran en el libro La Guerra civil en el norte. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto y hoy dedicaré el artículo a dar una breve explicación del gran error cometido por el ministro de Marina de la República, Indalecio Prieto, al abandonar el bloqueo del Estrecho.

La participación de la Marina de Guerra española en los comienzos de la guerra civil suele ser bastante desconocida a pesar de su decisiva intervención. Muchos no entienden que estando en poder del bando rojo la mayor parte de los buques de guerra, se permitiese el paso del Estrecho por las tropas de Franco.

Los contactos iniciales entre los organizadores del alzamiento y los mandos de la Marina fueron escasos y en principio le encomendaron un papel pasivo, «primero el de impedir el traslado de las Fuerzas del norte de África a la Península, en caso de que el gobierno pensara servirse de ellas —como lo hizo en 1932—, en el segundo plan, por el contrario, que garantizara su transporte» (CN. Enrique Manera, del Servicio Histórico Armada.  Alzamiento y Revolución en la Marina, editorial San Martín).

La guerra en la mar tuvo una decisiva importancia, no siempre tenida en cuenta, ya que la economía española dependía de la posibilidad del acceso a los puertos con los suministros necesarios para alimentar la guerra y atender a la subsistencia de la población. La mar va a jugar una baza decisiva en la contienda. A su mando un hombre excepcional: el almirante Francisco Moreno y Fernández, jefe de la Flota Nacional.

La historia de la Marina española desde la llegada de la República en 1931 bien puede resumirse en la frase pronunciada por uno de los numerosos ministros que tuvo la Marina: «Es preferible pintar los barcos que montarles cañones». Ese era el espíritu que les movía.

Al proclamarse la República la flota española estaba en un proceso de favorable evolución y contaba con 2 acorazados, 5 cruceros y 3 cruceros en construcción, 15 destructores y 12 submarinos. La República hizo lo posible por paralizar el programa naval y atacó a la disciplina y unidad del personal cuando, aunque con escaso material, era una Marina de gran calidad comparable al de otras europeas. La llegada de la República supuso una paralización de todo el proceso de inversión de los programas navales. La última fase había sido aprobada por Ley de julio de 1925 y en ella se autorizaba a la construcción tres cruceros de 10.000 toneladas, tres destructores de 1.600 toneladas, 12 submarinos  de mil toneladas, 2 buques tanques y otras unidades menores así como de fuerzas aéreas embarcadas, minas y diversas instalaciones en las bases, talleres, polvorines etc. El importe era de 877 millones.

Al comenzar la Guerra Civil el 80% de la Flota quedó en manos de los rojos. Fue asesinado el 40% del escalafón de Marina quedando detenidos un 20% de sus jefes y oficiales en cárceles y campos de concentración de la zona roja.

Del lado nacional quedaron los Cruceros Canarias y Baleares, en construcción, el viejo acorazado España, el Almirante Cervera y algunos buques menores.

La Escuadra era clave para poder asegurar los abastecimientos y transportar el Ejército de Franco a la Península. Todo dependía del Ejército Expedicionario de África. Como hemos dicho la mayor parte de los oficiales fueron asesinados en los primeros momentos y quedó la Flota sin la necesaria dirección de conjunto y disciplina de combate.  Los buques eran dirigidos por Comités de cabos y marinería que sometían a votación las decisiones creando una situación insostenible desde el punto de vista estratégico.

El ministro de Marina José Giral había ordenado en un principio mantener el control del Estrecho, aunque era un subalterno del Cuerpo de auxiliares, Benjamín Balboa, quien daba instrucciones a las tripulaciones que aceptaron el bloqueo desplegando la Flota en el Estrecho.

El general Franco había logrado pasar algunos efectivos, a todas luces insuficientes, aunque sirvieron para mantener el espíritu de lucha y la fe en la victoria alimentando las esperanzas de las fuerzas peninsulares. Desde Ceuta, con gran audacia, en la noche del día 18 se logró transportar a Cádiz y Algeciras al I Tabor de Regulares al mando del comandante Oliver, y el 2º escuadrón desmontado del capitán Sanjuán; el día 19 al II Tabor de Ceuta del comandante Amador de los Ríos.

La Escuadra roja se presentó en el puerto internacional de Tánger y, aunque se remitió nota de protesta ante la Comisión Internacional denunciando el abuso y quebrantamiento de la neutralidad, no se obtuvo resultado hasta el día 23 en que burlando a la Comisión Internacional y al Comité de Control de Tánger sustituyó sus navíos por torpederos y submarinos dominadores del Estrecho desde la base de Málaga.

En la mañana del día 30 se transportaron por vía aérea 20 legionarios al mando del teniente Gassols y otros 20 por la tarde con el comandante Castejón. Así sucesivamente y con un total de 22 aviones se pusieron en la Península hasta fin de julio 837 hombres.

El general Franco en junta de jefes deliberó sobre la necesidad de lograr el transporte marítimo con fuerzas y elementos suficientes y contando con protección aérea. La decisión se ejecutó el 5 de agosto desembarcando en Algeciras dos batallones y parte de otro, una batería de 105mm., cuatro morteros, material de transmisiones y municiones. Continuaron los transportes en los meses siguientes. En agosto, y a partir del día 5, un total de 8.453 hombres con su armamento; 9.732 durante septiembre; 2.300 en octubre que con los transportados en julio se formó un pequeño ejército de unos 24.000 hombres que desde Sevilla pudo ir avanzando hacia Extremadura y Madrid equipado de artillería y aviación.

Especial mención tiene la actuación de la tripulación del cañonero Dato con su comandante don Manuel Súnico y Castedo al mando y que fue recompensado con la Medalla Militar individual. El insignificante cañonero tuvo que dar escolta a las motonaves Ciudad de Ceuta, Ciudad de Algeciras, al Aranco, Benot, y Kert. En pleno Estrecho se encuentra con el Destructor Alcalá Galiano que pudo evitar el paso del Estrecho de las tropas de Franco si no es por la valiente actuación del Dato que a pesar de su manifiesta inferioridad se enfrentó al destructor que huyó sin presentar combate con cobardía y sin honor.

Indalecio Prieto se preguntaba con su habitual retórica.

—¿A dónde van esos locos?, pregunta al juzgar ahora la actitud de los sublevados.

Esos locos solo tienen Marruecos y algunas ciudades y pueblos aislados, salvo Castilla la Vieja; en África hay 32.000 soldados que no pueden cruzar el Estrecho, bloqueado por la Escuadra. La aviación, en su gran mayoría, está con la República. El número de soldados con que cuentan en la península los sublevados es solo de 13.000. En total, con los de África 45.000 soldados.

Va a ser precisamente Indalecio Prieto quien cometa el gran error de liberar el Estrecho. Al constituirse en septiembre el nuevo Gobierno con Largo Caballero a la cabeza, Prieto es nombrado ministro de Marina y sin pensarlo dos veces envía el grueso de la Flota al Cantábrico a luchar contra los nacionales, el crucero Almirante Cervera y el viejo acorazado España, estando de acuerdo con ello los Comités de marinería. El Estrecho quedó desbloqueado y los nacionales con mayor visión estratégica enviaron al Canarias, ya en servicio, y el Almirante Cervera. Solo faltaba enfrentarse en combate y así ocurrió el 29 de septiembre en el combate de cabo Espartel en el que los barcos nacionales hundieron al Almirante Ferrándiz y con graves daños al Gravina consiguiendo el dominio completo del Estrecho. El paso estaba libre y las tropas de refuerzo a la península alcanzaron el necesario flujo para llegar a Madrid. El error de Prieto pudo significar la pérdida de la guerra..

El 29 de septiembre de 1936 los cruceros nacionales Canarias y Almirante Cervera lograron ahuyentar a la escuadra roja del Mediterráneo después de hundir al destructor Ferrándiz y averiar al Gravina. Una huida inaceptable y de ineptos como la definiría el almirante ruso Nikolái Guerásimovich Kuznetsov.

Se veía venir. No podía ser de otra manera cuando las cosas habían empezado con ejemplos de indisciplina y crueldad como el del acorazado Jaime I.  La dotación del acorazado envía a la superioridad el siguiente telegrama.

—Hemos tenido seria resistencia con jefes y oficiales en servicio, venciéndoles violentamente. Resultaron muertos un capitán de corbeta, un teniente de navío, un alférez, un cabo artillero, dos marineros. Rogamos urgente instrucciones sobre cadáveres.

El ministro de Marina responde:

—Con sobriedad respetuosa den fondo a los cadáveres anotando situación. El día 21 de julio de 1936, sobre las 10 horas, serán arrojados al mar, guardándose el protocolo de rigor.

Perdieron la guerra en la mar.  Porque allí, como dice el CN. Enrique Manera en el prólogo al libro Alzamiento y revolución en la Marina, «Hace falta una sociedad difícil, jerarquizada, en donde la convivencia está basada en la confianza mutua, la reglamentación de los usos y costumbres navales, el sentimiento íntimo del cumplimiento del deber, así como del convencimiento de que se forma parte de una gran familia animada por un fin noble y generoso, el servicio a la Patria en la mar, todo ello dentro de una disciplina rígida, muy exigente en todos su niveles».

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

15 junio 2021

SEGUNDA EDICIÓN DEL LIBRO. RAFAEL DÁVILA ÁLVAREZ

Esta semana se pone en marcha la segunda edición de mi libro: La guerra civil en el norte. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto.

No esperaba que en el plazo de un mes, que es lo que lleva el libro en el mercado, esto ocurriese, pero es la buena noticia que deseo compartir con todos ustedes. Porque gracias a ustedes eso ha sido posible. Una larga lista de seguidores del blog y lectores de mis artículos han sido la mejor promoción que ha recibido mi obra.

Ahí está pese a quien pese y aunque a algunos no guste y pretendan silenciar.

Con mi agradecimiento voy a compartir dos temas. Uno será inmediato. El otro está en marcha.

Un libro tiene sus limitaciones y en él no cabe todo. Se escribe, dice el maestro Albiac, con la navaja más que con la pluma, hay que recortar y ese es el difícil arte de la escritura.

Algunas de esas cosas que no he contado están guardadas bajo la clave de mis papeles, pero las iré convirtiendo en artículos para el blog.

Otro tema es anunciarles la próxima obra en la que ya trabajo con documentos e información. Se trata de contar lo ocurrido en España, y zona de influencia, de 1939 a 1975. Sucedieron muchas cosas, casi todas contadas o conocidas. De ellas me haré eco y desplegaré una visión panorámica que permita entender este periodo tan decisivo para España y que parece querer convertirse en cada momento en actualidad.

Para ello espero seguir contando con ustedes y su seguimiento. Pongámonos a ello.

Por ahora solo una palabra y que quede entre nosotros: ¡Gracias!

Mañana publicaré un artículo sobre uno de los capítulos más reveladores del libro y que les aconsejo lean. Aclara muchas cosas de las que luego sucedieron.

FRANCO, ¿JEFE DEL ESTADO?

«CON FRANCO NOS SALVAMOS, SIN FRANCO NOS HUNDIMOS»

Repito mi agradecimiento y espero seguir teniéndoles al otro lado de la pantalla y muy pronto vernos en directo y firmar el libro a todos los que me lo están solicitando.

¡Gracias!, por haberme ayudado a difundir mi obra y alcanzar la segunda edición.

Rafael Dávila Álvarez, General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

9 junio 2021

LA GUERRA CIVIL EN EL NORTE. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto. Rafael Dávila Álvarez

Vídeo publicado por La Esfera de los libros.

La idea convertida en realidad. Mapas y documentos no son suficientes. Hay que estudiar, analizar y exponer con verdad no exenta de pasión por el arte de contar.

Eso es: La Guerra Civil en el norte. El general Dávila, Franco ya las campañas que decidieron el conflicto. 

Un proyecto que desde un primer momento La Esfera de los Libros encontró acertado y de quien recibí el impulso e ilusión.

Solo faltaban ustedes a la cita y esta ha sido inesperada por masiva, querida y agradecida.

Siempre por ustedes.

Rafael Dávila Álvarez

7 junio 2021

 

Publicado en ABC (César Cervera) Desde el norte de la Guerra Civil con tensión: un relato inédito del bando Nacional que desmonta mitos

Rafael Dávila Álvarez desmonta en el libro ‘La Guerra Civil en el Norte‘ (La Esfera de los Libros) gran parte de lo de que tradicionalmente se ha dado por sentado sobre el proceso que llevó a Franco a hacerse con el mando único

El juego de tronos por hacerse con la jefatura del bando nacional a finales del verano de 1936 alumbró tensiones, empujones, malentendidos, patadas por debajo de la mesa y un sinfín de intereses cruzados que incluyeron el de naciones extranjeras. Por el testimonio de algunos de los presentes se ha podido reconstruir lo que sucedió aquellos días en los que Francisco Franco, un general africanista que se había suscrito al golpe a última hora, se hizo con el mando único en Salamanca, pero nunca con la nitidez con la que hoy lo hace el nieto de un testigo y protagonista directo de estos acontecimientos que cambiaron el rumbo de España.

Mientras dure la guerra y más allá

En la guarda del libro

 

El diario del general Fidel Dávila Arrondo, plasmado en el libro de su nieto Rafael Dávila Álvarez ‘La Guerra Civil en el Norte’ (La Esfera de los Libros), desmonta gran parte de lo que tradicionalmente se ha dado por sentado: si Franco salió de la ciudad como jefe de Estado no fue porque así se votara en una junta (está claro, que lo suyo no era votar), sino por lo que ocurrió luego.

«Se habló del tema en la Junta de Defensa Nacional del día 28 de septiembre y entregaron su confianza a Franco, pero realmente no le dieron el mando a nadie y no fueron capaces de ponerse de acuerdo todos esos caracteres tan fuertes y diferentes, muchos de los cuales no se llevaban muy bien. El mando lo seguía teniendo la junta de generales, lo cual es algo que no gustaba en el extranjero», aclara su descendiente, que incluye en su nueva obra estos testimonios inéditos y muchas novedades historiográficas sobre la financiación del ejército sublevado, los intereses internacionales en torno al suministro de combustible y todo lo que ocurrió entre bambalinas. «Mi abuelo tenía la costumbre de ir apuntando día a día lo que le pasaba en la vida», añade el autor de ‘La Guerra Civil en el Norte’ (La Esfera de los Libros).

Cuando Fidel Dávila y Emilio Mola repararon al día siguiente en que, a pesar de todas las conversaciones, la junta no había renunciado a sus atribuciones, empezaron a recopilar uno a uno los votos de los generales, que para ese momento «habían salido con prisas» en direcciones distintas. «Mi abuelo, que tenían un enorme prestigio en el Ejército y fama de sensato tras su paso por África, fue llamándolos, visitándolos individualmente y pudo así lograr que se redactara un decreto para nombrar a Franco jefe del Gobierno y generalísimo», señala Dávila Álvarez, hoy general de división retirado.

La 46 División de El Campesino en la ofensiva del Ebro. Quedó diezmada en Gandesa.

Pero aquello no era suficiente, no para el equipo personal de Franco. Esa misma noche, Nicolás Franco, conocido por sus horarios de búho, llamó a Dávila para expresarle que ser jefe de Gobierno limitaba mucho las posibilidades de su hermano. El africanista ofreció, como opción más avanzada, cambiar lo de jefe de Gobierno por jefe del Estado, un paso trascendental que sorprendió a muchos miembros de la junta a pie cambiada y sin comprender lo que había pasado. « Miguel Cabanellas habló todavía al día siguiente de Franco como jefe del Gobierno, no del Estado», apunta el descendiente de Dávila. El Boletín Oficial del Estado del día 2 de octubre se encargó de aclarar la confusión.

El pánico en el norte

El libro repasa la trayectoria de España y de sus militares desde la salida de Alfonso XIII del país hasta las últimas operaciones de la Guerra Civil en Barcelona, con el foco principal puesto en el frente norte donde Dávila tomó el mando tras la muerte del general Mola en un accidente aéreo. Cuando pasa casi un siglo del estallido de la guerra y muchos mitos se han venido abajo, la pregunta ya no es cómo el bando republicano pudo aguantar tanto tiempo en pie, en una suerte de David contra Goliat, sino cómo la República, con más medios financieros, la industria y las grandes ciudades en su lado de España y una parte importante de las Fuerzas Armadas leales a su causa, pudo dilapidar tan pronto sus ventajas frente a unos militares sublevados que tuvieron que improvisar a la carrera un Estado.

«El bando nacional tenía una cosa fundamental: orden, mando y disciplina. Un sistema de organización que funcionaba tanto en lo administrativo como en los campos de batalla para exprimir lo máximo los recursos tanto materiales como humanos. La diferencia entre los mandos de uno y otro bando es abismal», considera Rafael Dávila Álvarez.

‘La Guerra Civil en el Norte’ recupera un informe del general Vicente Rojo, jefe de Estado Mayor del Ejército Popular de la República, hablando en términos catastróficos de las unidades y del pánico que se respiraba en sus filas. El republicano no veía posible el repliegue estratégico y solo contemplaba aferrarse al terreno y defenderlo palmo a palmo, cosa que sabía no iba a suceder. «La opinión generalizada de que el general Rojo era un magnífico general no está justificada. Era un buen oficial del estado mayor, pero a lo largo de toda la guerra solo perdió batallas y hasta la contienda. Lo que sí se aprecia es su lucidez en los informes», argumenta Dávila Álvarez, quien recuerda que, a pesar de la rivalidad con su abuelo, la familia del republicano envió una carta de afecto y admiración con motivo del fallecimiento del general.

Otra de las novedades documentales de esta obra de la Guerra Civil, pensada para entretener, divulgar y ofrecer material nuevo a los historiadores, está en las tensiones que vivió Franco, fuera de foco, con sus colaboradores más estrechos. «En un momento dado, Franco se quejó de que sus generales llegaban tarde al frente. Un documento sugería que los oficiales debía ir más acelerados y más tempranos a sus puestos de mando», expone el autor en una anécdota, al gusto de Gila, que reviste importancia para romper con el mito del ejército completamente cohesionado y sin margen para debatir las opiniones distintas. El propio Dávila discrepó abiertamente de la orden de Franco de conquistar Valencia en vez de ir directamente a Cataluña, desde donde no paraba de entrar armamento y efectivos republicanos. «¡Pero mi general es que me vas a mandar a comer naranjas!», se quejó Dávila, medio en broma, medio en serio, a Franco.

Se calcula que hay más de 35.000 libros que tratan o mencionan algún aspecto de la Guerra Civil, uno de los episodios históricos que más interés sigue despertando hoy dentro y fuera del país. ¿Es necesario otro libro más, en este caso sobre el frente norte? Sí para Dávila Álvarez, que defiende que «hay que olvidar la guerra desde el punto de vista del enfrentamiento, pero tenemos la obligación de conocer la verdad, porque olvidar no puede significar no conocer». Profundizar, argumentar y ofrecer documentos son las señas de identidad de su libro.

ABC 3 de junio 2021 por César Cervera

Blog: generaldavila.com

4 junio 2021

ARTÍCULO PUBLICADO EN VOZPÓPULI EL DÍA 13 MAYO 2021 POR Miquel Giménez

 

De general a general (PUBLICADO VOZPÓPULI 13/05/2021)

Quisiera hablarles del libro que acaba de publicar con La Esfera de los libros don Rafael Dávila, mi general, titulado ‘La guerra civil en el norte‘. Memoria histórica, pero de la de verdad

Mi general, al que llamaré así para no confundir al lector con el protagonista del libro, su abuelo el también general Fidel Dávila, ha cometido con esta obra que recomiendo sinceramente a tirios y a troyanos un pecado de lesa progresía: describe minuciosa y limpiamente un tiempo fundamental en la historia de España y lo hace suministrando una cantidad abundantísima de datos, de nombres propios, de lugares, de fechas, de eso que los anglosajones denominan  facts y que conforma la mejor y más limpia manera de abordar el pasado.

Ahora que vivimos instalados en la mirada partidista, cuando no abiertamente odiadora, leer a mi general es una pura delicia. Yo les recomiendo que se den un paseíto por su blog y verán cómo este militar retirado no del todo ni de todo, como él mismo dice, sabe aquilatar pasión y servicio a España desde una humildad absoluta. La modestia de un hombre que ha servido en los destinos más honrosos, tales como ayudante de campo de SM Don Juan Carlos I o, ya me perdonarán que barra para casa, como general jefe de la Brigada de La Legión Alfonso XII entre otros, es meritoria en una sociedad en la que jactancia y prepotencia van de la mano de quienes ostentan los más altos peldaños del Estado.

«Mi general arroja un potente foco de luz hacia una parte de nuestro pasado que muchos quisieran oscurecer para siempre bajo la capa de la demagogia o, simplemente, de la burda mentira»

Fíjense si será recto el proceder de mi general que ni siquiera ha escrito una hagiografía de su abuelo. Nadie hubiera esperado eso de él. Memoria, sí, respeto, también, vindicación, por supuesto. Pero ni un adjetivo de más ni de menos. En las páginas del libro desfila ante nuestros ojos la ejecutoria de un general español, hijo de su tiempo y de las circunstancias que le tocaron vivir, apoyada en la documentación que por vínculo de parentesco mi general ha conseguido, además de una inmersión investigadora en libros y hemerotecas formidable. Todo lo que en él se dice está confirmado por unos y otros e igual leemos los partes de un bando que del otro que conocemos los efectivos de los que disponían estos o aquellos y quiénes se los suministraban. Mi general arroja un potente foco de luz hacia una parte de nuestro pasado que muchos quisieran oscurecer para siempre bajo la capa de la demagogia o, simplemente, de la burda mentira.

Quisiera insistir en que es un libro de historia militar igual que muchos de los que encontramos en otros países, escritos por militares con vocación literaria y científica, por un hombre que sabe discernir el grano de la paja y que acostumbrado a dar órdenes se ha ordenado a sí mismo no rebasar el límite de la prudencia. Ustedes lo notarán cuando habla de su visita a la reproducción de aquel barracón en el que se nombró a Franco Generalísimo de los Ejércitos y Jefe del Estado, aunque esto último no fuese exactamente así. Me arriesgo a pecar de osado si digo que aquí mi general vale más por lo que no dice que por lo que narra. ¿Saben por qué? Porque acostumbrados a que los libros pseudo históricos que se escriben acerca de nuestra guerra civil se parezcan más a cotilleos de prensa rosa que a otra cosa, encontrar uno que nos informa, nos da una idea clara de un frente tan decisivo como fue el del Norte y nada menos que del general Fidel Dávila, que fue su responsable, es reencontrarse con la sensatez, con el buen juicio, con eso que llamamos espíritu de servicio a la nación.

Mi general se ha visto en condiciones de darnos una historia ajustada a la verdad y no lo ha dudado. Eso, incluso los acérrimos adversarios, tendrán que reconocérselo aunque ya les adelanto que no es hombre al que el halago o la palmadita en la espalda le acomoden.

Yo simplemente he querido darles noticia de este libro, que modestamente juzgo de lo mejorcito que he leído en materia de la guerra civil, y recomendar su lectura. En especial a los más jóvenes. Verán que ni los unos iban tan descalzos como se nos pretende hacer creer ni los otros tenían de todo a espuertas. Que ni Alemania e Italia ayudaron a la España nacional, ni Rusia ni Francia se quedaron cortas. A las cifras de La guerra civil en el norte me remito.

Ténganme ustedes, queridos lectores, como me tiene mi general. Siempre a sus órdenes.

Miquel Giménez

@MiquelGimenezG1

MI LIBRO: LA GUERRA CIVIL EN EL NORTE. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

La Esfera de los Libros confió en este humilde escribidor para llevar a cabo una labor parecida a la de segar los campos con el tradicional método, hoz y zoqueta, y así evitar hacer destrozos entre el trigo y la paja. Me puse a la labor con las herramientas adecuadas en mi poder. Era necesario andar despacio y mirar los documentos, sin renunciar a ninguno, con lupa de antiguo detective para saber distinguir grano, paja y cizaña, que también abundaba. Este libro es el resultado de pasar mucho tiempo encorvado, siempre en proceso de aprendizaje como el niño en la escuela que empieza con sus primeras letras, a unirlas, a darles sentido y a descubrir que entre los papeles escritos están ocultas la mayor parte de las razones que han hecho que las cosas sean como han sido, incluso de cómo no han sido y debieran. Ese era el juego que me propuse a la hora de indagar y segar por los campos de la Guerra Civil con ánimo de aclarar algunas cosas turbias; utilicé el cedazo de los documentos.

Este libro LA GUERRA CIVIL EN EL NORTE. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto, es fruto de muchas horas de investigación en archivos, principalmente en el de mi abuelo el general Fidel Dávila Arrondo, y también de algunas casualidades que, sin en un principio contar con ellas, se han ido produciendo misteriosamente a través de personas que han depositado en mis manos papeles y hechos guardados desde aquellos tiempos.

De todo hay y, aunque un libro se queda corto, con todo ello he procurado formar un conjunto armónico y comprensible para los que conocen a fondo el tema y para los que lo hacen de oídas. Espero ofrecerles más adelante, si me brindan la oportunidad, lo que aún queda guardado.

Con estos ingredientes traducidos por mi ignorancia, aunque buena voluntad, no pretendo crear polémica, sino aportar datos para que la historia se acerque más a su comprensión. La guerra civil española es un asunto que está ahí y para nuestra tristeza no se asume con gran rigor, sino que sigue escribiéndose con letra de enfrentamiento, con inventadas y nuevas victorias y derrotas, hasta algunos quieren repetirlas e invertir sus resultados.

Cuando allá por los años 80 el perdón era el resultado, cuando los que por edad o vivencias estaban más cerca de aquella lucha decidieron darse el abrazo del perdón y sacar adelante nuestro querida España, a pesar de tantos pesares, un mal viento (tiene nombre y apellidos) se interpuso entre el perdón y la revisión puramente histórica, y nos llevó a sacar de nuevo los rencores y el arma de lo que llaman el relato que no deja de ser la agitación y enfrentamiento.

No. Esa no es la historia que yo cuento. Son los hechos históricos tal y como figuran en los papeles de aquel momento. Un punto de vista desde lo alto de la colina, desde donde se podía, casi, ver lo que había al otro lado. Soy de la opinión de que no hay que callar ni olvidar, sino todo lo contrario. Hay que hablar de lo sucedido, con verdad, sin inquina y sin venganza, sino con honradez y la buena disposición que admite los errores que todos cometieron.

Hablar, incluso acaloradamente, pero con limpieza y españolidad, con el carácter genuinamente español, pero nunca callar y sobre todo no invertir o mentir a sabiendas o por rencor.

Nadie ya debe pagar por aquello ni tampoco sentirse culpable de nada.

En cualquier proceso de construcción suele haber derrumbes y es frecuente que apuntalar no sea suficiente. El afán de terminar la obra, de seguir buscando la fortaleza en los materiales te lleva al mantenimiento y vigilancia constantes sobre ella.

Sigue el interés por la guerra civil española y espero que los nuevos hallazgos históricos ayuden a acrecentarlo. El cómo, el porqué y cuáles fueron las razones que hicieron posible la guerra y el desenlace de la misma, como señala el profesor Vicente Palacio Atard, siguen siendo interrogantes que despiertan el interés de unas y otras edades. Ojalá que en estas páginas que he escrito haya algo de luz que ilumine esos interrogantes.

No leerán ustedes únicamente el desarrollo de los combates y los esquemas de las batallas, sino que he pretendido hacer un recorrido interior por los temas más trascendentes y en los que nueva documentación puede aportar claridad.

Desde la llegada de la II República en 1931 los acontecimientos se precipitan. Desde esa fecha hasta prácticamente el final de la guerra he tratado de analizar el recorrido aportando documentos nuevos, inéditos, que puedan ofrecer puntos de vista desconocidos en la narración.

Este es mi recorrido:

Desde el Pacto de San Sebastián, las elecciones municipales y la inaudita expulsión del Rey Alfonso XIII que se desarrolla en una travesía de Cartagena a Marsella llena de amargura y tristeza. La calle que arde en violencia. «Fogatas de viruta», bromea Alcalá Zamora. Un documento inédito de la detención del general Sanjurjo que en una precipitada actuación pretende hacerse con el poder y es detenido por un guardia de seguridad que le apunta con su arma en medio de la carretera a Huelva.

Las reuniones y actividad previa al alzamiento con la presencia de Mola en Pamplona. La muerte de Sanjurjo y su posible sucesor en el mando antes de crear la Junta de Defensa, entre los que aparecen nombres hasta ahora no mencionados; la creación de la Junta de Defensa Nacional con el ingente trabajo que esta desarrolló. La presencia de don Juan de Borbón en España para combatir en el bando nacional. El estadillo de las tropas que cruzaron el Estrecho al mando del general Franco; la financiación de la guerra, una documentación inédita sobre el oro, joyas y piedras preciosas recaudados y donados para la contienda por particulares; el robo del oro del banco de España, el laboratorio del oro nacional, la munición, el carburante. Con los curiosos datos de la donación de monedas y alhajas hecha por doña Carmen Polo, esposa de Franco. El balance general de oro de las entregas efectuadas por la Suscripción Nacional (Comisión de Donativos) que alcanzó desorbitadas cifras que les muestro en los documentos.

Temas tan trascendentes como el nombramiento del general Franco como Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos de una manera un tanto casual y hasta ahora contado de manera no muy ajustada a la verdad. ¿Quiénes se reunieron en Salamanca y qué decidieron en definitiva? ¿Fue acordado nombrar a Franco Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos? ¿Hubo opositores? ¿Dónde está aquel barracón en el que se reunieron los miembros de la Junta de Defensa Nacional?

La batalla de Madrid, la muerte del general Mola, la campaña del Norte completa con sus combates y despliegues contados de manera asequible para cualquier lector; la ayuda extranjera, Brunete, Teruel, el Ebro con detalles desconocidos como los combates en la Sierra de Caballs, el avance hacia el Mediterráneo, la campaña de Cataluña y el final de la guerra.

Un informe demoledor del general Vicente Rojo y su visión del conflicto: habla de pánico en las unidades. No ve posible repliegue estratégico y solo contempla aferrarse al terreno y defenderlo palmo a palmo, cosa que sabe que no sucederá.

Los momentos de tensión que Franco tuvo con sus más directos colaboradores que en algún momento revistieron gravedad y crearon situaciones de cierta delicadeza. La correspondencia entre los generales Dávila y Franco sobre el discurrir de la guerra. Cataluña o Valencia: una decisión trascendente.

Termino con la entrada de las tropas nacionales en Barcelona y la situación en la que la ciudad se encuentra y una detallada información de las obras de fábrica destruidas y los edificios ocupados.

Todo ello acompañado de la documentación y órdenes de operaciones inéditas procedentes de los Cuarteles Generales de los protagonistas y la cartografía original por ellos utilizada así como la del Cuerpo de Tropas Voluntarias.

También se acompaña al final del libro el Diario de Operaciones elaborado día a día por el Estado Mayor del Cuartel General del Ejército del Norte, un documento imprescindible para seguir la evolución de los acontecimientos bélicos hasta el final de la guerra.

Hoy día 5 de mayo de 2021, el libro sale al público, fecha en que se cumplen 200 años de la muerte de Napoleón. Es evidente que nada que ver. Pero me gusta la coincidencia. Empezaba un tiempo nuevo. La Revolución francesa acabó siendo la mayor mezcla de libertad y autoridad conocida hasta entonces en el mundo. Revolución y Napoleón.

Napoleón terminó su vida dando una gran lección militar: ‹‹En los hechos históricos como en los contemporáneos, solo podemos encontrar lecciones, nunca modelos››.

A pesar de seguir de alguna manera viviendo sus consecuencias tenemos que aceptar que la guerra civil y todo lo que la rodea pertenece definitivamente a la historia, al pasado, o seremos incapaces de superarla.

Quisiera romper el silencio de los discretos: Muchos saben porque han oído, otros porque tienen el documento. A todos animo a construir y revelar lo oculto que por pequeño que parezca puede encerrar la clave. Para ello les ofrezco este correo y recibiré con gusto sus opiniones o más que opiniones: lahistoriadavila@gmail.com

Fotos, documentos, conversaciones, testimonios, libros, revistas, cualquier cosa puede encerrar una clave.

Deseo que este libro sea un paso más hacia el conocimiento y un lugar para la historia.

Les doy las gracias y les pido que lo lean.

Son muchos años de escritura en este blog sin pedirles nada; ahora, como contrapartida sí les pido que se hagan con el libro y si es de su interés abriremos una sección en el blog dedicada a la guerra civil desde el punto de vista histórico. Con la opinión de todos y todas las opiniones.

De antemano les doy las gracias y ¡va por ustedes!

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

5 mayo 2021

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Mi próximo libro: LA GUERRA CIVIL EN EL NORTE. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto

Les comunico la publicación en la editorial La esfera de los libros de mi libro:

La Guerra Civil en el norte

El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto

Aunque no estará a la venta hasta el 5 de mayo, aquí les mando el link en Amazon para el que quiera ojear la portada.
He puesto una enorme ilusión y trabajo en este libro; en él va volcada una extensa e inédita documentación donde se aclaran hechos históricos hasta ahora desconocidos.
Espero que les guste y más adelante informaré con detalle del contenido y presentación.
Cualquier duda me tienen a su disposición.
Muy agradecido a todos los que muestren interés por la obra.

Enlace al Libro: 

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

13 abril 2021