MUERE EN ACTO DE SERVICIO EL SARGENTO DE LA LEGIÓN JULIO LUQUE VIRUES Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

El sargento de la Brigada de la Legión Julio Luque Virues, ha fallecido este viernes al volcar el vehículo militar con el que realizaba los ejercicios preparatorios para el cumplimiento de su misión en Irak. En el accidente otros dos soldados resultaron heridos y traslados al hospital donde han recibido el alta.

Los hechos ocurrieron en el campo de maniobras Álvarez de Sotomayor, base de la Brigada de la Legión.

El vehículo era, una vez más, un viejo BMR (Blindado Medio sobre Ruedas) que sigue siendo el más utilizado a pesar de su antigüedad y los serios problemas que siempre ha originado. No es la primera vez que sufre un vuelco o accidente con consecuencias fatales.

En nuestros ejércitos el riesgo es aceptado, aunque no sé si aceptable las condiciones del material en uso.

El alto precio que supone este oficio de soldado queda compensado por una forma de vida plena alrededor de valores como el compañerismo, la lealtad, la honradez, saber que estás en una familia pobre y honrada, con sus defectos y virtudes, pero en tu familia al fin y al cabo, la militar. Por eso cuando entre nosotros se rompe una vida el dolor es inmenso… por un hermano perdido, con el adiós dolorido.

Desde este blog ha salido en varias ocasiones el comentario: «Un vuelco de un vehículo militar es siempre accidental. Las investigaciones en curso determinarán las causas, pero nada hace olvidar que, con un presupuesto adecuado, el blindado que los transportaba ya se habría renovado».

Habrá que recordar las palabras del antiguo Jemad cuando ante la Comisión de Defensa del Congreso de los diputados decía: «España no invierte en la seguridad global la parte que le corresponde y lo compensa parcialmente tratando de participar en diversas operaciones de mantenimiento de la paz a costa de un gran esfuerzo de sus militares y en cierto modo también a costa de la operatividad global de las Fuerzas Armadas».

«Llevamos diez años sin invertir lo que ha creado una situación crítica en las Fuerzas Armadas».

«A día de hoy para alistar una unidad o un sistema de armas para un despliegue o una operación determinada hay que canibalizar otras unidades o sistemas de armas que quedan fuera de servicio. Estamos al límite».

El BMR es un vehículo viejo, muy viejo, más de 40 años lo contemplan, ha dado su servicio después de múltiples reformas, haciendo lo que buenamente se puede, pero hay que pensar en otra cosa. Un vehículo que tiene en su historial demasiados accidentes y que ha costado la vida a muchos de nuestros soldados. El retraso en la adquisición de nuevos materiales, entre ellos el 8×8 (VCR 8×8), sustituto del BMR, solo se explica por la falta de interés, de adaptar el presupuesto a las misiones actuales, a la realidad actual, a las necesidades operativas y de seguridad elementales, a la modernidad de nuestros ejércitos. No se puede andar elogiando a las Fuerzas Armadas, sacando pecho en desfiles y subiéndose al pódium de los honores y no asumir con responsabilidad lo que tu cargo te exige. Se lleva un retraso en renovaciones y adquisición de nuevos materiales como mínimo irresponsable; y el futuro no es esperanzador con los socios de gobierno que tenemos.

Sabemos lo que nos espera con el presupuesto de Defensa y habrá que empezar a poner las cosas en su sitio y hablar alto y claro. Está en juego la misión y la vida de nuestros soldados.

Ya en 2008 el jefe de la Brigada Multinacional Este de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano, general jefe de la Brigada de la Legión española, le exponía a la ministra de Defensa durante la visita a la Base Miguel de Cervantes, que sus militares necesitan un vehículo blindado nuevo porque el modelo actual (BMR) «tiene muchos años».

Ni pedir ni rehusar. Lo llevamos grabado en el alma de soldado. Pero pedir es la misión más importante que algunos tienen. Diría que incluso exigir. Desde los puestos de responsabilidad hay que exponer la gravedad de la situación, como hizo el exJEMAD, y tener muy claro hasta donde podemos llegar, decir con rigurosidad y firmeza lo que se puede y lo que no se debe hacer. Tenemos muchas capacidades, pero jamás debemos olvidar nuestras limitaciones y las razones de ellas. Con el presupuesto de Defensa no se juega ni se debe actuar con demagogia ni frivolidad. A ningún jefe se le ocurrirá jamás mandar a combatir a sus soldados desnudos de moral, pero es importante también que no vayan descalzos.

Y decía el Jefe de Estado Mayor de la Defensa JEMAD: «Me parece temerario mantener vivo el debate de si hay que invertir en Defensa o en gasto social, me parece temerario hablar de cañones o mantequilla. A mi juicio es un debate injusto e imprudente, probablemente demagógico y algo populista. Hay que invertir en mantequilla, pero también en cañones, porque sin ellos no hay libertad, porque sin ellos no hay seguridad».

A ustedes señorías, que escuchan siempre la misma canción, porque no hay otra, es a los que corresponde enfrentarse de una vez por todas a los graves problemas presupuestarios que existen en los ejércitos de España.

En ello va nuestra libertad, la seguridad, la de todos, y también, no lo olviden nunca, y menos en estos momentos, la de nuestros soldados, la vida de nuestros soldados.

¿Qué no es el momento cuando acaba de fallecer el sargento Julio Luque Virues? ¿¡Cómo que no¡? Es precisamente ahora cuando hay que señalar y que cada uno asuma su responsabilidad que es mucha.

Mi querido sargento: sabes y conoces la Legión; ser Sargento de esos hombres es el honor que te llevas, nuestro respeto y admiración y un dolor inmenso que queremos compartir con tus familias.

Sargento legionario Julio Luque Virues ¡Presente!

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

1 octubre 2022

LA BOMBA ATÓMICA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Condotiero Erasmo Estéfano de Narni (Gattamelata). Donatello.

Ha sido una semana larga y compleja. Creo que no hay cadena de televisión nacional a la que no haya ido a dar mi humilde opinión sobre la guerra; incluso a las autonómicas de Andalucía y Canarias que con verdadero gusto acepté su invitación.

Agradezco tanta gentileza, pero me ha quedado una extraña sensación parecida a quien hace un examen y al salir no sabe si lo ha hecho bien o mal.

Lo entenderán: el tema de la guerra es indefinible, inabarcable y sobre todo impredecible. Hablar de ella es una temeridad; operar a corazón abierto en pleno campo de batalla y sin anestesia.

No puedo esconder que la preocupación acompaña cualquier análisis a los que a diario me enfrento, un desafío ante el enigma, imposible adivinación, laberinto donde espera el Minotauro.

Les anuncié que en breve publico un libro, El nuevo arte de la guerra, que indaga en la recámara del hombre para tratar de entender qué es eso que nos acompaña desde los primeros trazos de la literatura y que no nos abandona ni siquiera ahora cuando hemos llegado a creernos dioses: la guerra.

Les adelanto el final del interminable e imposible ensayo que jamás creo que pueda nadie abarcar: no hay solución al fenómeno de la guerra.

Este es un mundo que vive sin la dignidad del peligro; mira en otra dirección y prefiere ser sorprendido sin solución. Es incomunicable la guerra y por tanto hablar de ella es inútil; no hay escucha. Nadie sabe lo que es la vida si la muerte no ha sido tu compañera, si nunca has sentido el escalofrío del final. ¿Será eso la guerra, sentirla: un sufrimiento que si pudiese ser compartido pondría fin a las contiendas? El animal competitivo lleva su duelo hasta el final. Cuando empieza el duelo, la guerra, lo difícil es acabarla.

Simone Weil escribió un ensayo que te aprisiona en el mundo helénico y nos lo acerca con su crudeza y sencillez. No pierde vigencia: La Ilíada o el poema de la fuerza. La guerra podría ser el hombre convertido en cosa: «Que un ser humano sea una cosa es, desde el punto de vista lógico, una contradicción; pero cuando lo imposible se ha hecho realidad, la contradicción se hace desgarro en el alma».

La preocupación nos inunda y atrapa en el laberinto de la amargura:

«Nueve días yacieron en la muerte; nadie vino

a enterrarlos. Las gentes se habían convertido en piedras por

voluntad de Zeus.

Y el décimo día fueron sepultados por los dioses del cielo.

Pero ella pensó en comer, cuando estaba fatigada por las lágrimas».

Podría ser la miseria de la muerte que siente constante hambre, no se sacia, más muerte alimenta la muerte; nunca es suficiente.

No es un juego lo que se escenifica en un espectáculo en el que la razón está al servicio de la animalidad. El poema de la fuerza ha dejado de ser tal.

Podríamos estar escribiendo los versos finales, ya sin fuerza.

No vieron entrar al gran Príamo. Se detuvo,

abrazó las rodillas de Aquiles, besó sus manos,

terribles, matadoras de hombres, que habían matado a tantos

de sus hijos. (Ilíada, XXIV, 477-479.)

La pregunta —preocupación— es la bomba atómica, que es la muerte, que es el recuerdo de aquellos días en los que las moscas se alimentaban de sangre. El camino emprendido por el impulso de autodestructividad.

¿Habrá una explosión nuclear? Única sintaxis aparente. Las explosiones aún están muy lejos y no se percibe el sonido de los tambores.

El mundo griego acudía a la adivinación; como sabiduría: el enigma.

En El nacimiento de la filosofía Giorgio Colli nos sacude con el recuerdo de la violencia diferida, del dios que hiere desde lejos. Está entre nosotros y mientras intentamos adivinar la procedencia de las flechas, el pasado, para ver sus efectos, el futuro, no caemos en que el presente será una mezcla de ambos, de aquello que conocemos y de lo que intuimos. La flecha está ya en el aire y mientras discutimos si son galgos o podencos puede llegar el momento en el que no tengamos nada que temer; porque todo haya terminado.

Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.

¿Galgos o podencos?

Vuelvo al comienzo. Los análisis que se pueden hacer sobre la guerra actual dejan un poso de preocupación inenarrable.

La estrategia y la táctica quedan desbordadas cuando el espíritu de la guerra se convierte en una lucha a muerte en la que no se respetan las reglas de la guerra, cuando los generales son arrollados por la inmoralidad de sus tropas de lo que ellos son únicos responsables.

Una guerra en la que se ha roto el código del honor, donde ya no hay ética militar, puede acabar en cualquier cosa.

Podría ser una guerra a punto de acabar en algo peor. El terrible ejemplo de acabar con una explosión mayor que todas las habidas hasta el momento debería hacernos pensar más allá de los despliegues de tropas intimidatorios.

Ese momento tan cercano: «Ya no había nada más que temer».

Era la peste atómica; que puede regresar.

No fue una guerra, sino todo y nada que es la definición de la muerte moral. Física también, pero eso es un mal menor.

Salvo una batalla perdida, no hay nada tan triste como una ganada.

Nadie gana cuando se manejan ejércitos que no hacen la guerra, sino imponen pura violencia.

El nuevo arte de la guerra. En eso pensaba al escribir… y no veo arte, sino destrucción.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

29 septiembre 2022

 

UNA DE CAL Y OTRA DE ARENA Rafael Dávila Álvarez

GAL. ¡Pum! Pasó a la historia, esa que no se cuenta y hay que buscar en las hemerotecas. ¿Pagó alguien? La democracia herida. Indulto general.

Al final de la partida rey y peón van a la misma caja, pero la partida nunca acaba de jugarse y el rey sigue en sus siglas que son cetro y espada, su justicia, de partido, muy político, histórico dicen: el terror se olvida y se le da la vuelta, con él, a la historia; y eso en el caso que nos ocupa sí que es histórico por muchos homenajes que se presten a santificar a los demonios. Ya se sabe que el éxito estriba en «…creer que no existe», y no me pregunten quién. Ha ocupado hasta el palacio de la soberanía.

Afloran como un volcán en erupción los males de la historia.

Dejémoslo claro. En nuestro idioma, román paladino, aquellos chicos perpetraron un crimen de Estado, con todo menos con la Ley, con todas las de su ley y siguieron como si nada hubiese ocurrido, llevando a España con una de cal y otra de arena, exactamente así, sin metáfora alguna.

Esa es la historia de nuestra democracia: hoy terrorismo, mañana los legalizo a cambio del palacio de la justicia. Los malos son los otros. Mi poder en omnímodo.

Siento tener que traer a colación a un militar, un uniformado al que hubo de volvérsele el cuajo para, ante la pregunta —¿Alguna vez recurrió en aquella época a la guerra sucia?, contestó —«En la lucha contraterrorista, hay cosas que no se deben hacer. Si se hacen, no se deben decir. Si se dicen hay que negarlas…».

El vómito llegó a ser como la pus.

—¿Qué le parece la actitud de la derecha ante el caso GAL? —Me parece obscena, claramente.

No recuerdo muy bien si lo de Pte. Era presidente o pendiente.

Nada. Nada. Nada… Camino de la nada. Siete veces siete: lo más grave en la historia de nuestra (suya) democracia. GAL.

Si esta actitud fuese temporal sería muy grave. Es indefinible cuando se convierte en el cetro de un partido, al que todo le parece aprovechable para segur en el Poder. Primacía absoluta del Estado sobre el derecho. Para matar o para robar. Para una cosa o la otra, por ejemplo legalizar a aquellos y gobernar juntos, agarrados al cetro y sable.

¿Qué es la justicia? Un «Yo», rotundo, mayestático, medieval y «obsceno»

Siguen convencidos que «Una de cal y otra de arena, hacen la mezcla buena» y entre cales esconden lo que hoy hacen y mañana olvidan.

¿Obsceno?

Agamenón ha humillado a Aquiles para demostrar quién es el amo.

Aquiles somos todos juntos.

«…Así sabrás (sabréis) que puedo más que tu (vosotros), y cualquier otro vacilará antes de tratarme como un igual y levantar la cabeza ante mi».

Y así, una de cal y otra de arena, que yo me entiendo.

¿Hablamos de los Podres del Estado? Primacía absoluta del Estado que mi «Yo» encarna. El de una de cal y otra de arena.

¿Y usted qué vota: a la cal o a lo otro?

En política la lealtad es simplemente una cuestión de fechas; dejó escrito Richelieu.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

26 septiembre 2022

LA LEGIÓN EN NUESTRO PRESENTE (En el 102 aniversario de la fundación de la legión) General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

EFE/Carlos Barba

De nuevo la Legión. Cumpleaños feliz y caen los años cada vez más en el olvido. Centenaria Legión española, hoy 102 que es nada.

Épica de España, Tercios gloriosos.

Legión de corazón amante y valor heroico. Todos serían Legión si el miedo no les cerrara la boca.

«Tú has elegido vivir, y yo morir», y «todo el que ama está loco» leo en la tragedia griega. ¡Bendita locura legionaria!, inagotable, imposible comprender la misteriosa epopeya que recorre en paralelo la historia del mundo, a un lado van los cobardes del miedo y al otro los valientes por nada; que siempre ganan los primeros a pesar de los incesantes relevos que la muerte exige al sacrificio de abanderar la verdad y la razón de su lucha.

«Volved los ojos hacia mí,

ciudadanos de mi patria.

Recorro mi último camino.

Veo los últimos rayos del sol.

Nunca veré otros».

La bandera luce entre amarillos de oro y rojos de sangre, entre el inefable dolor que nunca da descanso. En la mayor parte de los hombres este estado no dura mucho. Llega un día, nos dice Simone Well en La fuente griega, «en el que el miedo, la derrota, la muerte de compañeros queridos hacen que el alma del combatiente se doblegue bajo la necesidad». No es siempre así y ahí está la esencia de la Legión: solo valor y amor. Se comprende su misma incomprensión, inadmisible, pero es la sencillez de la vida: amor y valor para morir. Sin ellas no hay vida.

Algún día habrá que crear una medalla que cubra todo el pecho para premiar a todos aquellos que han sido Caballeros legionarios. Medalla hecha con el plomo de las balas, las manos de un valiente que las moldea al fuego, y sobre todo a la obediencia, al estilo, al ser épico por humano.

No hay más legionario y caballero que el que lo ha sido desde el principio al fin. No hay generales ni honoríficos ni honorarios, hay legionarios y basta.

Me encontré hace muy poco a uno de ellos, muy viejo, ojillos azules de mares odiseos; me contó como, cuando la miseria, la humillación, abandonado de Dios y de los hombres, al borde de sus fuerzas, fue a encontrarse en la Legión. Por primera vez sintió la alegría y vio a los desfavorecidos por la fortuna que tuvieron esa de encontrarse entre caballeros que antes habían sufrido. ¿La muerte? Ya vino; la dejé atrás y la olvido.

Eran viejos tiempos cuando uno se abrazaba a los guiones y banderas, se amaba tanto que la muerte no era obstáculo para el avance, la poesía de la guerra: ¿quién puede entenderlo?

Hoy sabemos el escalofriante resumen de su generosidad: 9.722 muertos, 35.000 heridos, mil desaparecidos. Cerca de 46.000 bajas. Su bandera luce siete laureadas de San Fernando y doce medallas militares colectivas. Sus héroes: veintitrés laureadas de San Fernando y 211 medallas militares individuales. Nada para tanta entrega. Hay muchos más. Incógnitos todos. Nadie aspire a saber quiénes son. «Legionarios a luchar, legionarios a morir». Contraseña y resumen: amor, valor, obediencia, disciplina.. y dolor. El mayor es el olvido.

Quienes los hemos mandado quedamos marcados por ellos. Por su ejemplo de entrega y valor. Por su humildad. Para siempre. Quisiéramos ser como ellos. Lo he dicho muchas veces: Quise ser legionario. Solo llegué a mandarlos, pero eso es otra cosa, muy por debajo del alto honor de llegar a la altura de un Caballero Legionario. Ese honor es solo para los que lucen su pecho condecorado por las balas y la humildad de la obediencia hasta morir todos.

Legionarios la patria os lo debe todo y vuestra sonrisa denota que sabéis y aceptáis que nada os dará. No ha sido gratis, ha sido cosa legionaria que solo vosotros entendéis.

La Legión son los Caballeros legionarios. El resto, como decía su fundador el general Millán-Astray, son las bambalinas que ocultan la tragedia.

Hoy la Legión rinde homenaje, como así lo quiso su fundador, al soldado, al Caballero Legionario, a los que se alistaron en este Cuerpo de honor tan del pueblo, tan español. No se rinde homenaje a otra cosa.

Solo eso: ser Caballero Legionario.

Rafael Dávila Álvarez. General Jefe de la Brigada de la Legión Rey Alfonso XIII entre 2001-2004

20 septiembre 2022

 

NADIE ASPIRE A SABER QUIEN SOY YO. LA LEGIÓN DE BRAULIO

Este es un relato apócrifo, lo que no significa que sea falso. De su origen sé poco y de su época menos. No sé casi nada, pero me gusta. Tal y como me ha llegado lo publico. Braulio y yo nos hemos entendido. Ustedes hagan lo que quieran, pero les rogaría que lo leyesen. Es de un legionario, eso es seguro.

 

Introducción

A modo de introducción, que no hace falta.

No se puede saber a ciencia cierta la época del legionario escribidor, ni en qué años estuvo en la Legión; que a lo peor ni estuvo y se lo han contado, porque sabe tanto que no se sabe si todo será suyo.

Yo sí fui legionario, no hace mucho, aunque estuve poco; lo suficiente para ver, oír y vencer. Vencerme a mí mismo, después contar lo que vi y oí; puedo contar, pero nunca aspiréis a saber quién soy yo.

Lo mejor que me pasó fue encontrarme a Braulio, que no lo conocí, pero sí estuve con él porque, en un lugar no desvelable, encontré lo que había escrito, que es lo que aquí figura. Solo firmaba Braulio, sin fecha ni huellas del tiempo, y apareció, en el acuartelamiento de la Legión donde yo estaba, mientras hacíamos zafarrancho en unos altillos, entre palomas y una pareja de lechuzas que allí anidaba. De todo esto hace una eternidad. Ayer o cosa así. Eran unos papeles envueltos en plástico, que puede ser una pista, escritos sin una sola falta de ortografía. Ordenada redacción, las palabras en formación de combate, clara e intencionada sintaxis. No sé por qué escribiría Braulio ni para quién, pero como las cosas son como son y no como figuramos que son, si yo encontré los papeles es que eran para mí y si yo los doy ahora a conocer es que eran para más gente y así, hasta Dios sabe dónde llegarán. El caso es que los he tenido guardados durante mucho tiempo y ya casi no me acordaba de Braulio.

Aburrido ante la pantalla del ordenador de cuando en cuando pongo en el buscador La Legión y le doy al intro o enter, o a la flecha esa, y esta vez me salió un general que se llama Dávila, que había mandado la Legión, que escribía de todo y para todos. Total que me dije voy a buscar aquello que me encontré un día, y le dije ¡eh Braulio, sal de ahí!, y saqué de un cajón muy cerrado, de siempre cerrado, aquellos papeles y los volví a leer; y allí seguía Braulio. Como el general escribía, y debe leer mucho, y publica cosas que le mandan sobre el próximo Centenario de la Legión me dije: se lo mando y que él haga con Braulio lo que quiera. Podía habérselo mandado por el correo del ordenador, pero no me parecía justo enviar a Braulio por ese camino tan peligroso como rápido, así que lo metí en su sobre, le puse un sello del Rey y para el general, y el caso es que le llegó y yo no sabía donde vive el general. Pero le debe conocer el cartero, porque Braulio entró en su casa, con taconazo y todo. A ver si le gusta, se conocen, se reconocen, y hasta lo publica, aunque eso mejor que lo hablen ellos, como los dos son escribidores seguro que llegan a un acuerdo.

Además a mi me parece que lo que escribe Braulio es muy interpretable y se necesita un hermeneuta, que a lo mejor el general lo es.

Bueno pues yo se lo mando; y se lo mandé; y que él vea lo que conviene hacer.

Y podía haber sido como la inquisición porque no he contado que todo lo que sacábamos de los altillos lo teníamos que llevar al centro del patio para hacer una hoguera y quemarlo todo, todo, todo, hasta los libros y las banquetas, y unas ropas viejas que había, hasta el nido de las lechuzas, todo quemado, así que yo sin saber que era Braulio, cogí aquellos papeles, sin sacarlos de su plástico, y los guardé en el bolsillo, ese grande del lateral del pantalón verde sarga; y nadie lo vio, no hubo hoguera para Braulio y hoy puede decir que sigue con nosotros como ayer, que de eso hace una eternidad.

Sé de Braulio que aún vive en cualquier parte, donde le dejan, caminos y plazas públicas. No sé mucho más. Tampoco lo necesito, no voy a preguntarle de dónde viene y adónde va. Eso es cosa suya, que aquí la identidad es bandera y solo importa lo que a partir de ahora se haga. Lo que fue nada importa, que es su vida anterior. Ayer no existe y mañana tampoco.

Pues esto es lo que dejó escrito Braulio, y no desvelo nada que él no quiera, porque ya he dicho que si ha llegado hasta mí, y a quienes lo lean, será porque él quiere, que como no quiera les aseguro que no lo lee nadie.

Así que yo lo mando y que sea lo que Braulio quiera. Y, por supuesto, el general, o sea vuecencia.

Que hable Braulio. Estas son sus palabras.

 

1.- No es lo que era

Acostumbra a repetir que aquellos tiempos fueron mejores. El viejo legionario, suele recordar y quedarse allí, en sus momentos, como irrepetibles, auténticos: esto ya no es lo que era antes. Dicen que eso le dijo el primer legionario en alistarse al segundo. Cada uno dice y no deja nunca de decir. Aquí en la Legión se dicen muchas cosas y ninguna es tontería, que hay gente de Oriente y de más allá, de Etiopía, de distintas clases y cada uno sabe una cosa que el otro no sabe y así entre unos y otros se hace legión de cosas y saberes. Yo sé de Libia, de Las Guayanas, como de Alemania, y si me preguntas de Cuba, como si fuese mi casa, que todo, de uno y otro sitio, me lo han contado los que son de allí.

Para cada uno su tiempo fue el mejor. Hacen bien: fueron los suyos, sus tiempos, su tiempo, la vida de uno es única y sin igual. Además es verdad. Que esto nada tiene que ver con aquello. Como tiene que ser. Cada uno con su tiempo; sin falsas adaptaciones. Porque pienso que pensar es libre y ahí nadie se mete, así que yo pienso en mis tiempos, que ya lo de ahora es solo esperar.

Fueron otros tiempos. ¿Para mejor o peor?, no lo sé ni me pregunte, que yo ya voy a lo mío. Soy legionario, antiguo, viejo, fui padre veterano, en su momento aquel, pero sigo siendo legionario, que ser, es lo único que he sido, y sé mucho de eso y a lo mejor poco, depende de la peña que me pregunte y las ganas que tenga de contestar. Aquello que entonces vi y lo que veo ahora, de aquello y esto, todo  revuelto, me pasa que más que pensarlo, lo siento. Por eso es recuerdo. Y no sé yo si las cosas del sentir son iguales que las del conocer. Nunca se puede tenerlo todo y a un mismo tiempo, cada cosa tiene el suyo. Hay muchos tiempos y casi los he alcanzado todos.

Me llegaron los años, todos, pero a pesar de ellos acompañaré a los que combaten para exhortarlos con consejos y palabras, que tal es la misión de los ancianos. Las armas las blandirán los jóvenes, que son más vigorosos y pueden confiar en sus fuerzas.

He visto mucho y he aprendido de todo; de lo bueno y de lo malo se aprende; y conocido también.

Siempre estamos con las mismas, que si antes que si ahora.

Estaría bueno que haya que dar explicaciones. A mí nunca me las dieron; ni por qué atacaba allí y no en otro lado, qué más da, ni por qué vigilaba este y no aquel lugar, que si por la derecha, que si por la izquierda, media vuelta ya-media vuelta ya, firmes o descanso, ya viene el pájaro, retreta o fajina; nada más, cumplir y nada más; nada más necesitaba que la corneta para saber lo que debía hacer; esa corneta era un libro, mejor que los heraldos de voz sonora, y bueno estaba yo como para pensar que si esto o que si lo otro, con lo mío ya tenía suficiente, a obedecer y no hay más. A la corneta.

En la Legión nadie da explicaciones de nada; solo las del servicio y muy breves. Tú paquí, tú pallá, por aquí no pasa ni Dios, vigila ese chamizo, vete a esto y a lo otro, o a lo de más allá, no quiero que se mueva ni una mosca, rápido, rápido, deprisa, más rápido, ¡firmes como velas! Te lo explican o te lo gritan, pero una sola vez, o ninguna, que aquí no hemos venido a perder el tiempo, así que a funcionar como si llevases toda la vida. El servicio es sagrao; se cumple y no hay más. En combate o guarnición a cumplir.

¡Fuego! ¡Al asalto! Aquello sí que gustaba, aún cuando ya no podías ni con las botas. Se lleva peor lo de guarnición. La Legión es combate, acudir al fuego, de donde venga. Y todas las cosas son para eso. Las otras cosas, esas son de uno, a nadie le importan. Que dicen que digan, que piensan, que piensen, qué más da. Aquí hay de to y se es de todo, se ve de to, y lo que se oye, de todo, pero nadie se asusta de nada. Príncipe o rufián, noble o plebeyo, alto o pequeño, honrado o descuidero, guapo o feo, malencarado o simpático, trovador, poeta siempre y todos, para los adentros, todo menos cobarde se puede ser. Es la peña, que hay de todo en ella, ¡y como dios!; nadie se mete hondo en lo tuyo si estás cerrao. Eso es tuyo y no hay más que hablar. Ahora que si quieres contar, abrirte, pues puedes en canal, siempre hay alguien que te escuche. Y ni mu, sellada la boca pa siempre. ¡Por estas! No se va con chismes de uno y otro que tos tenemos pa no parar de contar; ¿y a quién le interesan?

Queda anclada la vida en eso: ser legionario, en haber sido legionario, Caballero legionario o legía, que nos da lo mismo. Pistolo no, que eso es otra cosa, ni mejor ni peor, distinto. De todo lo que te pasa solo se te agarra aquello: ser legionario. El resto, pues olvidado. ¿Qué tendrá aquello? Lo otro que te pasa fuera de ser legionario casi que deja de contar. Parece que solo fue la Legión tu vida, nada más hubo ni pasó. Todo lo que quedó fue Legión. Por eso lo de ahora nada tiene que ver con aquello; entonces sí que era duro, ¡la Legión!, eso, ¡tela!, queda pa siempre. Con cuidado, como todo, que muchos te echan en cara que ellos han estado no sé qué pilas de años en la Legión y que por eso son más legionarios que nadie. Pues no, y eso que yo estuve en activo legionario más de diez, pero es igual, el que lo es, con media hora le llega. Había uno llamado Federico, que le llamaban el Grande, que decía que sus mulos habían estado en muchas guerras y fregaos, pero nunca dejaron de ser mulos. Yo podía dar algunos nombres de esos y de algún mulo legionario que para mí lo quisiera.

La decadencia de la Legión puede llegar no porque el servicio sea penoso, pesadas las armas del Credo, o porque los premios nunca lleguen y la disciplina sea muy severa. Pa mí que la decadencia, si llega, será por todo lo contrario. Cuando esto se haga más débil y facilón -pues en verso- adiós legión. O es dura, muy dura, brava e insoportable, que luego se soporta bien, o esto deja de ser Legión. Así fue y que así siga siendo. Aquí todo te lo deben, pero nada te van a pagar, así que a espabilar y a ser legión. Dura y disciplinada Legión, distinta a todo, ni mejor ni peor, solo Legión.

2.- Aquella Legión

No digo que ahora no lo sea, no quiero decir eso. Que lo es, Legión. Y me gusta que lo sea, y verlos de verde, maqueaos, chulos y envalentonaos, voceros, muy jóvenes son, y cuadraos; llenos de tralla por el pecho, Bosnia, la onu, Irak, Malí, Afganistán, de todos lados. Nosotros éramos poca cosa, pero…, a la hora del cornetín, ¡legionarios a luchar…!, como corríamos las lomas, con el chopo y la ametralladora, y las cajas con las balas, como corríamos a por ellos: ¡cabrones! Con cojones ¡coñiiiio!, ¡que es la Legión! Y eran bravos ellos, aquellos moros cabrones, esquivos, jodíos y malos como el sebo. Detrás de las lomas se escondían, como la tierra y su color, como zorros agazapados. Aquello era como debe ser ahora en Irak, según me viene de oídas, lo que cuentan, y también en Malí; esas tierras, me dicen, son muy parecidas a las legionarias, pardas y secas, calientes y frías, solitarias; para los lobos, y los coyotes y los zorros y las gacelas, son para la Legión y para legionarios.

Claro que ahora tienen de todo, cañones y camiones, tanques y aviones, cascos y antibalas, varios uniformes y chaquetones, chupas, varias camisolas, gayumbos y camisetas verdes, verde mimetizado, y corbatas, hasta camisa blanca; y cuartos individuales, para cada uno o dos. La mayoría no vive en el Tercio; tienen una casa a la que se van cuando terminan, una casa que es de ellos o alquilada, y para ellos, ya no es la Legión su casa, nosotros nunca nos íbamos a ninguna casa, no teníamos otra que la piltra, el pulguero, y la cantina y el mollate, el mesón y el bocata, el patio del cuartel, y fuera algún chamizo donde darle al prive, o a lo que fuese, que el tema era quitarte esa morriña, no es soledad, otra cosa, que se mete a veces por lo de dentro y no hay manera. Se te pega unas horas, unos días y te preguntan: ¿qué Braulio, hay moros en la costa? Moros, ¡coño moros!, lo que hay es como pena por dentro. Unos tragos y fuera todo. Ni morriña ni leches. Y no preguntes que la tenemos. Bueno hombre bueno, que a tos nos pasa. Pues eso, ¡tira pallá!

Nuestra casa era el cuartel, siempre volvíamos al cuartel; nos íbamos, pero volvíamos, ¿dónde íbamos a ir si no teníamos na? Ellos, los de ahora, van y vienen y se van y ya no vuelven. De un sitio para otro, de unidad en unidad, cabo de la Legión y cabo en Regulares. Es igual, pero no es lo mismo. Legionario o de Regulares se es para siempre, no para echar un rato, ni se cambia, ni se pierde; ahora son otros tiempos, ni mejores ni peores; son otros tiempos. A mí me gustaban los míos cuando lo que era mío, de verdad mío, era lo que había detrás de aquellos muros, entre tanta gente, pasabas el cuerpo de guardia, y en casa, el cuartel, allí estaba mi sitio y los míos. Mi peña, mi piltra, mi manduca, los garibolos, duros, pero garibolos legionarios, buenos, algo de alpiste y hasta un padre veterano. Eso era todo, lo único que tenía. Nunca estaba solo el cuartel, y si se vaciaba casi, que no ocurría, aquello siempre estaba abierto, estaban los de la guardia, que parece que no, pero además de vigilar acompañaban, sabías que no estabas solo, y te gustaba verlos de guardia, sobre todo un domingo, que te ibas y ellos se quedaban, como si fueses tú, y volvías y allí estaban, y daba tranquilidad, al menos a mí. Ahora he visto que algunas guardias las hacen seguratas; pues bueno; si es que ahora de legionario acaban de segurata en cualquier lado. Mejor que acabar por ahí dando vueltas, y que alguno te ve los tatuajes y la barba y mal encarado con la vida, y dicen o te murmuran: ese ha sido legionario.

Yo que sé. Qué más da; es igual, pero no es lo mismo. La Legión no fue echar un rato, no fui a ver qué pasaba, fui a quedarme cuando nada tenía, fue una vida lo que eché, la vida toda, y allí quedó, pero yo me traje a la Legión; ahora la echo de menos: ¡ay!, si tuviese veinte años. El resto no fue nada más que un caminar perdido, sin ser nadie, nadie era hasta que fui legionario; luego me tuve que ir y volví a ser nadie, pero ¡ojo!, ya era legionario y que no me arrepiento. Eso queda pa siempre. Ahora me dice alguno, ¿tú que has sido?: ¡legionario! La gente se echa pa tras. Como si dijesen ¡coño un legionario!, pero en plan bien, como con susto y admiración, como diciendo, cuidado este es capaz de todo, que es como que te admiran un poco. Y eso gusta y te viene a la memoria todo, todo, y te quedas como así, de otra manera y pasmando, que te están mirando y ¡uf!: ¡Ese tío ha sido legionario!, dicen; y ¡como me gusta!

Creo que la Legión se hizo para aquello, no para esto. La Legión era para siempre, tuya sin serlo, pero era como si fuese tuya; era la Legión como tu madre, que no me la menten sin besarla, que me cago en… ¡Pa siempre!, no ahora una unidad y luego otra, según me vaya y me venga. Eso no es legión, sino echar un rato. Nuestro rato fue toda la vida, aunque fuese un rato, pero no cambiamos de un lado pa otro. Siempre con la camisa verde.

Pa esto de ahora hay otros, muchos, que no digo que valga cualquiera, ni que mejor o peor; distinto. Ahora todos son iguales, desfilan distinto, pero iguales. Visten distinto, pero iguales. Y van de un lado pa otro, que da lo mismo la Legión que otra unidad…, hoy en Ceuta, mañana en Córdoba o Madrid. Todos iguales y pa mi que no es eso, yo quiero ser solo legionario, que es distinto.

Recuerdo el nombre de todos, compañeros y mandos, jefes y oficiales –creo que ahora no hay jefes, pues no sé qué habrá-, el del coronel del Tercio, como si fuese mi nombre y mis apellidos, como si fuesen los de mi padre y de mi madre. Los motes también, nunca para reírse de nadie, que allí se respetaba al bajo y al alto, al feo o al más que feo, al rubio o al negro, amistad, esa del Credo: de juramento entre cada dos hombres. ¿Dónde estarán aquellos? Cada uno ha volado a sus aires. No tenemos contactos, ni internet, ni esas cosas de móviles para llamarnos. Si acaso queda “¡A mí la Legión!” que alguna vez solté en… Bueno el caso es que funcionó y nos dimos unas cuantas, pero nada sé de ninguno. Y no pasa nada; si algún día nos vemos pues como siempre, como si el tiempo no ha pasado. Los legionarios entre nosotros nada, todos juntos, y si hay cosas son las nuestras y pa qué airear na, lo solucionamos entre nosotros, que a nadie le importa.

3.- La Legión ahora

Ahora la Legión va para cien años. Nada somos los que aún vivimos. Aquí los únicos que son, son los muertos. Cuando llegué uno me dijo que allí no había caídos sino muertos. En la Legión, chaval, me dijo, si uno se cae se levanta, y si no te levantas es que estás muerto, así que aquí, de caídos nada: muertos. Los muertos dan vida a este Cuerpo. Todo lo son los muertos, los muertos en combate y los que quisieron morir como legionarios, en combate, pero la muerte no los eligió; entonces, a esperar. Los que aún vivimos, y que sea por muchos años, y llegamos pal Centenario solo debemos mirar los colores de la Bandera, la más gloriosa, y no mirar para otro lado, sino pa donde se reza a los muertos, pal monolito de los muertos. Solo la Legión, España, en el centro, y su Bandera que envuelve a los muertos. Y rezar por ellos. A mí lo demás me sobra. Las pinturas y los homenajes, los libros y las funciones, los discursos y los abrazos, los reconocimientos y las celebraciones. Casi todo me sobra. Menos los muertos. A esos juramos, por nuestro Credo, nunca abandonarles hasta morir todos y así, como seguimos vivos, es nuestro deber estar con ellos hasta morir todos. Y no hay más. Cien o doscientos años. Legionarios hubo y habrá, y murieron y morirán, y si no pa qué eso de legionarios a luchar legionarios a morir. Se entra pa luchar y salir de aquí, pues muerto, nada más que muerto y si no a esperar; como todos. Que tan poco esto es tan largo. Te vas en un pispás. Ya lo sabemos: la muerte no es tan horrible como parece y eso de ser un cobarde es lo único que le está prohibido a un legionario. Lo único sin perdón posible. Puede venir cuando quiera esa que dicen que es la novia, porque cuando se lleva a uno hay mil detrás, nacen como moscas y a tos no se va a llevar de golpe; así que despacito, cada cosa a su momento. Es que a veces más que muerte parece que quiere ser vida. Claro que si no ¡a ver!, si no hay vida se le acaba el negocio. Ahora eso sí, si mueres de legionario es otra cosa que morir de normal, de civil. de la calle. Eres inmortal solo cuando ignoras la muerte. La muerte no existe mientras vives y cuando viene no existimos, así que no es tan real como ella se cree. ¿Quién habla de muerte? En la Legión no se muere, se resucita. Hay algo con la muerte, pero eso es muy nuestro y no se cuenta. Vamos que a mí me da igual contarlo, pero pa que vamos a amargarnos la vida. ¿Hasta cuando está bien que el hombre viva? Mientras no crea que morir es mejor que vivir. Y eso yo lo he visto, muy de cerca.

Camino del Centenario ¿qué va a ser de la Legión? Nunca se sabe que va a ser de uno; de la Legión solo Dios sabe. Hay muchos que no la quieren, por eso quieren a todos iguales. Puede que no les guste que haya algunos distintos, como descarriaos, que viven para vivir en la muerte sin tenerle miedo a lo que pueda pasar. Y que enfollonan, que la lían parda si se tercia alguna cosa rara, donde hay que dar la cara; pues se da. Que digo yo, suponiendo, que no les gusta la chulería legionaria, ni las patillas, o el gorrillo ladeado, no, que no gusta el gorrillo, a algunos, ni la camisa desabrochada, ni el talante, ni el mirar duro y recio, el hablar alto mirando al cielo. Puede que no guste, a alguno, y es un suponer, no tener miedo a hablar y que te escuchen; que a lo mejor estas cosas ya no gustan. Antes veía yo mucha más libertad. A pesar de la pelota, y de algún cabo atravesado, hablabas y te escuchaban, te conocían y si andabas recto todo iba bien; tampoco era aquello pa tanto. Más duro era fuera donde no eras nadie pa cuatro perras que te daban. Allí fuera no eras ni fu ni fa, uno más de todos aquellos. Que si la Legión, que si la muerte, pues como cualquiera, ¿o es que alguno se cree que va a durar siempre?

¿Por qué no les gustará el gorrillo, y nuestra parafernalia? La gente se vuelve loca con lo nuestro. A la gente sí que le gustábamos. Hay que ver, oír quiero decir, lo que nos decían cuando desfilábamos en Semana Santa por tantos sitios; están tan cerca que casi te lo dicen al oído, ¡uf! lo que te dicen, que gusta oírlo, y es que somos gente, de las aceras y la calle, como ellos, pero legionarios. Esto de legionario y de caballero es muy de todos y más de los de abajo, de los que casi nacemos y nos criamos en la calle. Muy del pueblo, que dicen, y antes también muy de pueblo. Aunque yo coincidí en el trullo con un marqués, eso decía él, serlo puede que sí porque maneras tenía, y saber sabía, y otra vez con uno con posibles; este además en ocasiones convidaba. Los había que leían y otros que ni falta les hacía con todo lo que de ellos aprendías. Menuda escuela era la Legión, y con buenos maestros, los mejores y también los peores; podías elegir. Como decía, que me voy por otras lomas en cuanto me descuido, no sé por qué a  alguno no le gusta la Legión, deben ser muchos los que no la quieren o pocos, pero con poder. Yo ya no estaba, pero, me han contado que la quisieron suprimir. Y luego como no pudieron porque varios legionarios murieron, oficiales también, en la Bosnia esa, tuvieron que aguantar y a ver quién era el chulo de suprimirla cuando hablaban de la sangre legionaria derramada por la paz. La gente empezó a hablar otra vez de la Legión, y a gustarle, que ya casi ni se acordaban de ella. Paz, paz y más paz, pero coño pa eso estamos. O ¿es que vamos a la guerra pa siempre? Habrá que ganarla y terminar con ella, pues eso: la paz. Como siempre, no vamos a estar siempre de guerra. Pues ahora como antes, como siempre, ¿o qué se han pensao?, ¿qué es distinto? Un tiro entra siempre por el mismo lado. El caso es que se habló mucho de la Legión y de unos tenientes que trasportaban sangre para los heridos de la guerra de Bosnia, y los mataron. Los mataron cuando iban a salvar a otros. Y murieron legionarios, en silencio, sin alharacas, y dicen que ni medallas les daban. A la caja de pino, al avión y pa casa. La Bandera y con el Cristo, párriba, nadie en el Tercio sabía, legionarios a luchar, legionarios a morir. Se dieron cuenta que esto de la Legión no era como ellos creían, un rollo de la Guerra Civil, unos fachas, que así nos llamaban, que si éramos de Franco, y que si Millán-Astray. Pues tuvieron que tragar y ver que los legionarios éramos la Legión, éramos España, y como siempre dando la cara y la vida, como siempre, sin preguntar, ni hablar, ni rajar, cumplirá su deber obedecerá hasta morir. ¡Coño con la Legión!, tuvieron que decir.

Creo que hasta les dieron el premio ese que sale en la tele de cuando el Rey era Príncipe y ahora es la princesa, ese de Asturias. Aunque se quedaron con las ganas de cargarse la Legión no pudieron, pero me cuentan que ya no hay cabos legionarios que luego puedan ser primeros y sargentos legionarios y así hasta comandante; creo. Dicen que ahora ya no hay escala legionaria por una ley que hicieron. ¿Entonces qué hay?, que no lo entiendo. No sé, pero no es lo mismo ser cabo legionario que cabo de otro sitio. Ni mejor ni peor, cada uno a lo suyo y con lo suyo. Eso no me gusta. A lo mejor era mejor que la hubiesen suprimido y tenerla así, guardada, esperando, pero para como era antes, no como quieren que sea ahora, para un rato, todos como todos, pero eso a mí no me gusta, y no digo que no sean buenos los otros, pero cada uno es cada uno y la Legión es otra cosa. Como los franceses o ingleses y hasta los americanos que tienen esos marines que son distintos a los demás soldados. No es que no me gusten los pistolos, que es cariñoso eso de pistolo, pero cada uno es cada uno ¿Qué ya no hay escala legionaria, ni cabos pa siempre, y los sargentos legionarios, los tenientes y  los capitanes legionarios…? ¿Qué? ¿De dónde los sacan? No le conocí, pero nos hablaban del comandante Tiede, extranjero, creo que de Austria o así, con la Medalla que ganó, vaya tralla, y desde legionario a comandante, como nos decían al entrar, podréis ganar galones, alcanzar estrellas…

¡Que no! Que a mí si me preguntan, digo que la Legión es distinta, ni mejor ni peor, que para ser iguales, pues que no haya Legión, y hala a correr todos tras las lomas, tos pa el monte que parece que todo el monte ahora es orégano.

<<Amparo encontraréis, cariño, una familia, os ofrece olvidos, honores, glorias, os enorgulleceréis de ser legionarios, podréis ganar galones, alcanzar estrellas; pero, a cambio de esto, lo tenéis que dar todo sin pedir nada; los sacrificios han de ser constantes; se os exige obedecer las órdenes militares ciegamente. Los puestos más duros y de mayor peligro serán para vosotros; combatiréis siempre y moriréis muchos, quizá todos. ¡¡¡Bienvenidos catalanes legionarios. Vosotros seréis la base sobre la que se construirá la Legión!!! Entrad gozosos, sed felices y que Dios conceda a cada uno lo que venga buscando, si ha de ser para su bien>>.

Ya nadie te dice cosas así. Aquello era verdad. Se cumplía la palabra. Ahora hay mucha mentira, te dicen y luego no es. La palabra legionaria es ley, por lo menos en el servicio, que luego cada cual es cada cual. A lo mejor ahora no gusta, no les parece bien o no les encaja que fuesen los catalanes aquellos la base sobre la que se construyó la Legión, digo yo, que tampoco es que fuese así, porque allí llegaron de todas partes y no se contaba el primero en llegar sino el primero en caer frente a los moros.

A lo mejor es un paso primero y luego desaparece esto de los legionarios, a lo mejor es que quieren quitarla y no de un golpe, que no se atreven, poco a poco. Parece que también quisieron cambiar el Credo. Mira por donde que lo tengo grabado en la piel, como tatuado, y ni una coma me falta, imposible equivocarme, como el padrenuestro que me enseñó mi madre. No sé. A lo peor se están cayendo las últimas hojas de los árboles; como en noviembre.

4.- ¿Qué va a ser de la Legión?

España tiene a la Legión y los españoles tienen mucho de legionarios, me parece a mí; que los españoles somos luchadores de la vida y aventureros, soñadores, esperanzados y desesperados. De todo hay. Que si tú no me quieres, que si nadie me quiere, pues ¡legionario!, ahí es nada. Que si por la aventura, conocer más allá, el porvenir, un futuro, un desengaño o un no sé qué, pero que allí me vi. Director, escritor, cantante, poeta, pintor, actor, compositor, escultor… y ni aún así triunfo, así que ¡LEGIONARIO!

¿Qué va a ser de la Legión? Y yo que sé. Yo también me lo pregunto, pero gente hay que sabe y ha estudiado y adivina o supone. Suponer yo también supongo, pero no estoy seguro. Lo que veo no me gusta, eso sí que puedo decirlo. Fue mucho, todo lo fue el Tercio de Extranjeros, o Legión que es lo mismo, pero tampoco exactamente igual, que extranjeros al final fueron muy pocos, pero sí fuimos legión de españoles.

Cuando me pregunto qué va a ser de la Legión pienso lo que fue la Legión. No se hacen preguntas. Nada importa su vida anterior. La respuesta son cien años de historia, cada uno la suya, la de su momento, en cada época, la de cada uno, Ceuta primero y Melilla, así comienza y así queda, con  nombres y hombres, muertos, heridos, desaparecidos, pobres y ricos, valientes y más valientes que se hicieron, ¿miedo?, ¿quién dijo miedo? Vamos a morir y a eso nadie le tiene miedo, cuando es lo tuyo, a luchar y a morir, y si no, ¿para qué has venido? Efímera vida gloriosa, de un rato solo, pero eterna, un buen rato aquí y allí todo; eso dicen: que hay un cielo legionario, y ¿por qué no voy a creérmelo?, un legionario de nombre Cristo de la Buena Muerte, allí clavado, que me miró en Málaga, de reojo yo miraba, clavada la mirada se ha quedao, como si no fuese de madera, ese parece un legionario.

Pues eso pienso; y decía yo que esto na tiene que ver con aquello. Como tiene que ser. Cada uno con su tiempo sin falsas adaptaciones. Cuando viene mal dadas, que eso es muchas veces, pues pa dónde vas a mirar, párriba, pal cielo ese, más allá que el de las nubes.

Qué sé yo si lo que quieren es que no haya legionarios. ¡Qué sé yo!, si un año ves la Legión llena de ministros, que hasta se empujan en Málaga para la procesión, y todo facilidades, sonrisas y ¡Viva España! ¡Viva la Legión! Y al año siguiente todo cambia y que si nada de honores, que qué es eso de las procesiones y el Himno Nacional, el que vaya que sea voluntario; y todo se hace como de tapado, sin que se note, aunque la gente sigue en la calle, como siempre, y cantan el Novio de la Muerte, y rezan a la vez que comen pipas, se santiguan y te dicen de todo, ¡Viva la Legión! Y la madre que te parió, por todas partes; o sea que nada cambia nada más que lo que los de arriba dicen, que si sí que sí no, y en una de estas pues se acabó y por lo que veo en unas y otras cosas ya nadie cambia lo que se ha cambiado, no hay marcha atrás. Así cualquier día adiós legionarios, todos soldados, iguales, nada de nada. Por eso no me fío. Que vamos pa cien años y todo deberían ser celebraciones y recuerdos y mucha gente importante yendo a Ceuta y a Melilla, a Ronda, Almería y condecoraciones, libros, fotos, muchas celebraciones. A mí me da igual porque no me van a invitar. ¿Quién se acuerda de mí? ¡Que yo fui legionario!, Caballero ¡eh!, y ¿a quién le importa? No está usted invitado, no puede pasar, necesita una invitación, lo siento, pero…

Que no, que eso yo no lo aguanto, así que en casa, con Dios.

¿Que la quitan?, quizá, ¿que se acaban los legionarios?, quizá. Pues a ver quién tiene la culpa, porque yo he luchao, hice lo que me mandaron y nada malo fue. Así que el que venga que arree, que a mí ya ni me invitan, y eso que soy legionario. No tengo carnet, ni papeles, ni fotos, ni na, no tengo na de na, y así ¿a dónde voy yo? Los tatuajes no valen pa na. Pues todos iguales, aunque ya nada es igual ni ninguno somos iguales, cada vez menos. Legionario, fui pa mí, pa nadie más, pa España. ¿Y qué me ha quedao? Nada, nada, nada. Ni el boletín ese que es oficial. ¿Estará mi nombre en alguna lista? La de veces que me pasaron lista y ahora na. Borrado, todo borrado. Ni un solo papel donde lo diga. Total que nada. A mí ya me da igual, si no sé ni que va a ser de mí mañana. ¿De la Legión? Y yo que sé, si al final no sé nada. No soy nada, nada más que fui legionario. ¿Y eso qué? Pues na. Solo pa mí.

5.- Ritos y Tradiciones

Y es que en todas estas cosas está todo lo militar, en el Credo. Las tradiciones, los ritos, que así les dicen, son muy importantes. En cuanto una unidad militar o algo parecido quiere tener presencia y resonancia inventa una frase o diez, que le dicen decálogo, una señal identificativa, y esas cosas que luego quedan y con ellas se les reconoce. Ahora está de moda. Una imagen que te distinga, una frase. La Legión tiene su Credo, su emblema, su contraseña, los guiones y banderines, sus vivas; y el chapiri, el chambergo, la camisa verde, y el botón desabrochado, las patillas y la barba, sus himnos y las canciones, las formaciones, y el paso legionario, los muertos y el homenaje, los tatuajes, ahora hablaré de ellos, que los han prohibido creo, y el toque de Oración, Tercios heroicos, la Canción del Legionario, y el Novio de la Muerte. Y muchas cosas más. Y su forma de hablar, de mirar, de reír, de sentir y pensar. También tiene su forma de morir, sin miedo, sin contemplaciones, sin nada, morir en el combate es el mayor honor.

El emblema es la ballesta y el arcabuz, que forman un aspa dividida por la pica, y en el centro, que se vea, la corona, la de nuestro Rey que nos ha permitido ser legión. Tercio, de Extranjeros, pero Tercio, como en Flandes, la mejor infantería del mundo que dicen lo somos, españoles, y el que viene de fuera al tiempo, al poco tiempo, más español que uno, que no quieren irse a ningún sitio y salir no muy lejos por si no los dejan de volver. Y nuestro es lo de: <<Legionarios, a luchar; Legionarios, a morir>>. Caray con el que se lo curró porque no se puede decirlo todo, pero todo, en tan poca cosa, que solo son unas letras y es un libro entero. Tuvo que ser un golpe de suerte o una inspiración de esas que dicen que viene de repente porque si no, no se entiende que cabeza humana diga eso así, sin más, sin ser un filósofo de esos famosos, un Platón o algo así. Nos decía el sargento, ese que había leído el libro del Jefe, el de Millán-Astray, que se lo sabía de memoria, que el lema y contraseña como  toque de guerra, se lo marcó un corneta al que le dijeron <<Di eso con ella>> y cogió su corneta y tararirorirorí, tararirorirorííí… Hasta hoy: <<Legionarios, a luchar; legionarios, a morir>>. Cuando me muera quiero que lo graben en la piedra que me pongan encima. Pues eso, después de todo, luchar lo que se llama luchar, yo solo lo hice en la Legión, así que solo me queda morir. Ya está, se acabó y que otro venga y arree.

Todos dan ahora vivas que son gritos, más que palabras: ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión! Es que a ver quien los susurra o los dice sin gritar, que no se puede, que te pide el cuerpo gritar y que los repitan todos, levantando el gorrillo al cielo, por vosotros, que nos oigan todos, grito de guerra, de paz, de gloria, para la victoria o enterrar a los muertos, en todos los actos y en todos los lugares. Nos decía el sargento que según el Jefe, Millán-Astray: <<Es la consagración de su Credo, es el nudo gordiano de su existencia legionaria>>. ¡Cómo lo decía!, te entraba el escalofrío por la espalda.

La Legión tiene también Dar Riffien, Millán-Astray, y Franco, y Valenzuela, Queija de la Vega, Suceso Terreros, Melilla que casi se pierde, Asturias y la Guerra Civil, el Sahara, Ifni, Edchera,  y tiene a Lizcano, de la Cruz Lacaci, Vila Olaria, Angosto, Navarro, Munar, Martín Anglada, Arredondo, López Hidalgo, Carvajal, Espinosa, García Escámez, Galán, Monetro, de Miguel, Zanardo, Orozco, Burguesse, Serra, Godoy, Ripoll, Fadrique, Maderal Oleaga, el Padre Vidal y el Páter Huidobro.

Y tiene a Dar Riffien, Casabona, Dar Hamed el Malo, Nador, Ambar, Tizzi-Azza, Xauen, Alhucemas, Kudia Tahar,Monte Malmusi, Morro Viejo, Monte Palomas.

Y Tauima, Villa Sanjurjo, África oriental española, El Aaiun, Edchera, los Tercios Saharianos, el Sahara español, Villacisneros, Tifariti; y el capitán Bakali, y hasta la Marcha Verde.Y Asturias. La I Bandera. Extremadura, frente   de   Madrid, Guadalajara,   Belchite,   Alto   Aragón, Tremp, Batalla del Ebro.

La II Bandera. Extremadura, frente del norte y frente de Aragón y Cataluña.

La III Bandera.Toledo, Oviedo y frente de Aragón y Cataluña.

La IV Bandera.Extremadura, Badajoz, frente de Madrid y frente de Aragón y Cataluña.

La V Bandera. Andalucía, Extremadura, Badajoz, frente de Madrid y frente de Cataluña.

La VI Bandera. Andalucía, Extremadura, Madrid, frente del Ebro y Cataluña.

Las VII Bandera. Talavera de la Reina, frente de Madrid, frente de Aragón y Cataluña.

La VIII Bandera Tauima, frente de Madrid.

La IX Bandera. Talavera, frente de Madrid.

La X Bandera. Talavera (enero 1937), frente de Madrid.

La XI Bandera.Talavera (febrero 1937), frente de Córdoba, frente del Ebro.

La XII Bandera. Talavera (febrero 1937), frente de Madrid.

La XIII Bandera.Talavera (Julio 1937), Batalla de Brunete, frente de Cataluña y Aragón.

La XIV Bandera.Talavera (agosto 1937), frente de Madrid y frente de Cataluña.

La XV Bandera.Zaragoza (agosto 1937), frente de Aragón y Cataluña.

La XVI Bandera.Talavera (octubre 1937) frente de Aragón y Cataluña.

La XVII Bandera.Talavera (enero 1938), frente de Aragón y Cataluña.

La XVIII Bandera.Talavera ( abril 1938), frente de Aragón y Cataluña.

La Bandera de carros de Combate, frente  de  Madrid,  frente  del  Norte, frente de Aragón y Cataluña.

La Compañía de lanzallamas. Cubas  (Madrid)  (marzo  1937),  Oviedo,  frente  del Norte, frente del centro y frente de Aragón y Cataluña.

La Legión tiene ahora, más reciente, que ya hablo muy de oídas, de lo que leo y me cuentan,  Bosnia-Herzegovina, Albania, Kosovo, Serbia y Montenegro, Macedonia, Irak, Afganistán, República del Congo, Líbano y Mali.

6.- La Mística

Nada más representativo de la Legión que su aspecto y disciplina. Es tradición. Apariencia limpia y clase, armas limpias y brillantes, y en buen orden, cuando ejecutan y evolucionan con destreza, y cuando su rostro impenetrable y acerado da miedo. El esplendor de las armas no tiene una importancia menor porque está para infundir temor a l enemigo

No sé muy bien qué es eso, pero se lo he oído decir a muchos: la mística de la Legión. Uno que sabía de letras un día me dijo: Pero Braulio si eso es un misterio, ¿quién va a saber nada de eso? Pues acabásemos; si es un misterio ¿cómo se sabe lo que es? Y me decía que era todo eso que sientes por las entrañas cuando suena el himno Nacional, y la Oración, el toque por los muertos, soy valiente y leal legionario, por ir  a tu lado a verte, el paso legionario que no es correr sino ir erguido, pidiendo paso, que viene la Legión, ni un obstáculo que la pare, que mística es decir misterio, formar bandera, el modo de ser, la libertad de elegir, incluso porque eliges morir, y como los frailes esos, los cartujos que dicen son los místicos de la Iglesia, ese frailecillo tan pequeño que era medio fraile, San Juan de la Cruz, como Millán-Astray que iba vestido de herido, de cartujo de la milicia, nosotros lo somos, encerrados en lo nuestro, nuestras cosas y tradiciones, nuestra pobreza, que na tenemos ni queremos, compañerismo, hermandad, unión y socorro, que todo eso lo dice nuestro Credo. Y tenemos santos, santos y legionarios, como, que yo no los conocía, al Padre Vidal y el Páter de la Guerra Civil, al que llaman legionario y Santo, el Páter Huidobro, ese que hace un montón de milagros. Tengo pendiente ir a ver si me hace caso. Hay una piedra grande en la Cuesta de las Perdices que señala donde murió; y está enterrado en una Iglesia grande de los jesuitas, que él era jesuita, en la calle Serrano de Madrid, donde mataron a Carrero Blanco. Tengo que ir un día a rezarle que buena falta me hace. Porque rezar no sé, pero el Credo, hasta la muerte, y eso es la mística que yo he entendido, ser compañero y sufrir callado, y no andar por ahí contando tus penas, ni lloriqueando a nadie, aguantar lo que venga, frío o calor, no quejarse, ni arrugarse, no agachar la cabeza ante na, ni creerte tampoco que eres más que nadie. Yo que sé lo que será, porque como es un misterio nadie lo sabe. Pero algo es porque yo lo siento, como no siento otras cosas, pa mí, pa mis adentros, sin saberlo explicar mejor. Lo mejor para saberlo es sentirlo, haberlo vivido, esa experiencia es muy difícil que la explique porque ni yo mismo sé explicármela a mí. Yo que sé qué será. Pero es, existe. Tenemos los místicos laureados que son los muertos canonizados en el altar de la Patria, no hay más entre nosotros, no puede haber más que eso en el pecho, que nunca o casi nunca llega al pecho de la camisa legionaria sino al frío féretro, a la piedra dura, a las manos de tu viuda, el que la quede allí sola pa siempre, que luego la vida todo lo olvida y te llaman algún día para una formación o así, cuando se acuerdan y saben dónde para o se guarda alguno de los tuyos.

Esto es la Legión y así es y nada lo va a cambiar, mientras no cambiemos nosotros los que ahí nos metemos como frailucos de la vida que dicen que es la mística, con el capirote que es el gorrillo, y yo lo que creo es que somos que nadie nos aguanta y a lo mejor que no nos quieren o no servimos pa otra cosa. Pero por lo menos está la Legión. Antes, pues era eso, que entraba todo el que quería sin muchas preguntas ni papeles, por eso yo ninguno tengo. Eres valiente, pues pa dentro, que tiene miedo te lo tragas o pa fuera. Ahora hay que hacer exámenes y llevar papeles y saber cosas y cosas. Es distinto, ni mejor ni peor, pero distinto.

7.- El Credo

Hubo reuniones de mandos, muchas estrellas, comisiones y discusiones; a favor y en contra, porque digo que si estás en contra de cambiar ni le das un repaso para probar. Que aquí no se toca ni una coma, y ya está dicho todo. Parece que hubo muchos repasos, sobre todo por lo de la unión y socorro. Por ahí los del ministerio de Defensa no pasaban. Todo por eso de que con razón o sin ella, que si era un abuso de fuerza, que si la armaban los legionarios, que si esto, que si aquello. Que con razón sí, pero no sin ella. A nosotros, que no pedíamos razón de los que quedaban muertos, ¿y qué razones íbamos a pedir? Y decían que, de paso, a ver como se suaviza lo de la muerte y vivir siendo un cobarde, que la obediencia racional… y que todo aquel Credo sonaba demasiado a Legión, muy fuerte, que había que suavizar sus términos, tiempos distintos, más racionales, de universidad, de libros y no de la calle. Que ya no había guerras y entonces había que hablar de paz. Misiones de paz, que sí, ya lo he explicado, de paz y armonía, que se nota que no saben lo que son los hombres con odio, peor que con un arma. Que da más tiros el odio que el fusil. Eso de la guerra y la paz está en el corazón más que en las pistolas. Yo he visto miradas que matan y luego actos tan injustos que peor que estar muerto. Allá lejos, la tierra manaba sangre.

A mí me sonaba todo a mucha hipocresía, a taparnos la boca, porque en el fondo los hombres duros, y muy duros, que tienen claro lo que hacen y para qué están, pues dan miedo, que estos en un rato son capaces de todo, y de liarla. Qué sabrán ellos de la Legión y de la guerra que se hace fuera y de la que se lleva dentro. A mi poco entender, que yo soy de la calle, ellos sabían que si se cargaban el Credo, pues adiós Legión. También he oído que el Credo, ¡ay, como no te lo supieses o te equivocaras!, ya no se recita entero. Que había artículos que como si se callasen, que prohibidos. No sé, pero mi sargento decía que el Credo con una coma que le faltase, o como una palabra olvidases, era como avanzar al ataque sin piernas, como el que es cojo de ambos pies. ¡Como para no tener cuidado en no sabértelo bien sabido, bien aprendido! Porque esto, decía, y gritaba mucho, como si a él se lo hubiesen gritado, esto es una religión, y el que no cree pues fuera de aquí; el espíritu está en el Credo que es el nervio y allí están las oraciones que tienes que rezar y practicar.

Se encendía y sabía de memoria aquellas palabras, sus favoritas: valor, compañerismo, amistad, unión y socorro, marcha, sufrimiento, endurecimiento, compañerismo, disciplina combate y sobre todo Amor a la bandera. Y terminaba cogiendo el aire, que se le acababa, para gritar: «¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA EL REY! ¡VIVA LA LEGIÓN!»

<<Gritos de combate y de muerte: España, es la Patria; el Rey, el Jefe Supremo, la Legión, la Hermandad sagrada. Y estos ideales, compendiados en los vivas, serán lanzados virilmente, claramente, en los momentos de alegría y de tristeza… Al entrar al combate y al enterrar a los muertos…>> Nos lo repetía, sin equivocarse en una coma, un día y otro también. Lo había leído y se lo sabía de pe a pa, un día y otro, en el libro que escribió el Jefe de la Legión, el teniente coronel Millán-Astray.

Yo nunca he sido capaz de hacerlo así seguido, el Credo sí, sin fallar ni una coma, pero explicarlo así, tan seguido y tan bien, no. Nos mandaban que cuando algún jefe nos preguntase algo y no sabías qué contestar dijeses un espíritu del Credo. Dicho y hecho; y lo tuve que hacer, creo que era un general de los gordos, todo un vuesencia de esos. Que le gustó aquello tanto que me dio una palmadita en la espalda que casi me caigo. Con los legionarios todos se muestran fuertes y recios. Aunque no lo sean.

8.- La muerte

El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde.

Siempre la muerte. Habéis venido a morir. Un cosa es no tenerle miedo a la muerte y otra quererla. Yo sé que nuestro jefe quería que nos hablasen de la muerte para que le quitásemos esa imagen de horror, de temor, de negra guadaña que atemoriza. Por eso hablaba de una novia joven y bella besando nuestra frente. También decía que fuese nuestro Ángel de la Guarda que nos llevase al Cielo.

Aquí, entre nosotros, no hablamos de esas cosas de la muerte. Si acaso entre cada dos, como juramento entre ellos, y lo que has de hacer si acaso, pero nada más. La muerte no forma parte de nuestras tertulias, ni está ni se la espera, pero si viene a ninguno nos va a asustar. Sí, sabemos que vamos a morir, como todos, y que en el lugar en el que combate la Legión la muerte está más cerca; eso no significa nada. Sabemos lo que hacemos y por qué lo hacemos. Aquí nadie va a lo loco, nadie se la juega sin motivo o razón. La muerte hay que saber esquivarla, con valor, pero tonterías con esa cercana posibilidad ninguna, porque yo creo que si tú te la juegas alegremente, insensatamente, estás jugando no con tu vida sino con la de los compañeros. Pero recular, de eso nada.

Nadie quede en el campo, aunque muramos todos. ¿Quién dijo miedo? ¿Quién es inmortal? Menos el hombre todos lo son, porque ellos, los animales y las plantas ignoran la muerte. Se lo he oído a alguien decir de otro que había escrito algo así como que lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal. Como que dilatar la vida de los hombres era dilatar su agonía y multiplicar el número de sus muertes. Por eso será que a mí esto de la muerte no me da mucho que pensar. Porque llegará. Y después de que llegue, pues Dios sabrá. Yo recuerdo al de la Buena Muerte, al legionario clavado en la Cruz, sus últimos momentos de agonía, abandonado por todos, cobardes, ellos sus compañeros sin cumplir el espíritu de compañerismo. No quería morir; nadie quiere. Aparta de mí este cáliz, pero sea tu voluntad. Así es y así sea. Que sea lo que Dios quiera. Hoy o mañana. Abierto el pecho de la camisa legionaria.

Es una batalla contra el tiempo. Contra la muerte el tiempo no cuenta, cuenta el olvido, lo que viene después y aquí en la Legión hay una lista siempre presente en la que estamos todos y alguna vez alguien la lee y sus labios pronuncian tu nombre. Estás muerto, pero estás como vivo, en los labios de otro como tú, hoy que es como mañana y como fue, siempre será igual hasta el final de los tiempos, que es una frase que se dice, pero que es como decir hasta la muerte, pero no porque sea el final, sino que es distinto, debe ser para mejor.

Veo que la muerte no significa nada. Porque mientras vives no existe, y cuando está presente no existimos nosotros, así que la muerte no es real para los vivos; y para los muertos yo que sé. Por eso digo que sea lo que Dios quiera, y que  puede venir cuando quiera.

Nunca se puede ni debe saber hasta cuando es bueno que el hombre viva. Se lo he preguntado al sargento Estétor que es de los más viejos y me ha contestado que un hombre debe vivir hasta que crea que morir es mejor que vivir. Me he quedao de piedra y no hago más que darle vueltas. ¿Qué habrá querido decir?

Otro compañero me dijo que la vida es una cuestión de costumbres, y que cuando dejas de acostumbrarte a vivir, pues te mueres. No lo he entendido, pero es igual, seguro que tiene razón.

Otro me dice que él vio morir a un legionario que le dijo: <<…no agonizo, no entristezcas, esto es para mí como si alguien estuviese esperando, en una estación, un tren, y echara una cabezada. Eso dijo>>. Debió de pasar el tren ese que tanto esperaba. ¿A dónde querría ir?

9.- ¿Y quiénes somos los legionarios?

He oído por ahí que los romanos, los de de las legiones, decían que los buenos para este oficio de las armas deben tener los ojos vivos, la cabeza derecha, ancho el pecho, las espaldas fuertes, los dedos recios, los brazos largos, pequeño el vientre, no muy largas las piernas, las rodillas y los pies sin carne superflua que estorbe sus movimientos, pero afirmados con robustos nervios. Pues ¡coño!, con los romanos. Aquí yo miro y todos somos más feos que Picio, y hay de todo, pero tan perfectos no se hacen aquí. Somos zambos algunos, escuchimizados, de cortas piernas, pero fuertes, casi tos bajitos, menos cuatro que son gastadores y algún oficial de esos chulos y altos. Qué sé yo cual es el tipo legionario. Todos valen si valen en la hora de la verdad, en los tiros y sin recular, caiga quien caiga. Valientes sí que los hay, bravos, y que casi no se dejan ni mirar. Fuerte hay que ser, pero pa eso no hace falta ser grande. Dicen y dicen, también que he oído que lo de legión no viene por ser muchos, indeterminados, sino de elegir, elegir, claro de elegir bien que da a entender la fidelidad y el cuidado que se requieren en los que están encargados de escoger y probar a los reclutas. Que eso de que pa legionario vale cualquiera, de eso nada, aquí no aguanta cualquiera y mira que los he visto bien plantaos y bravos, pero a la primera de cambio, cuando llega la disciplina… ¡cuántos se rajan!

Pues yo hablo por mí, que de los demás no me gusta hablar, y además cada cual es cada cual y nada importa su vida anterior ni si son altos, bajos o feos. Yo sé que soy un buscador y me huele que muchos de los que allí parábamos era por eso, por buscadores. Siempre perdido, he ido de aquí pallá, perdido mi yo y, pues eso, a mi yo fui a buscar. Uno me dijo que era como yo y que donde está tu yo solo tú lo sabes y si no lo encuentras estás perdido porque nadie más que tú lo puede encontrar. ¡Coño!, que me costó entenderle. Resulta que ese que yo era entonces no era yo y así en la Legión me enteré que allí no existía el yo. Ha sido lo mejor que me ha pasado; aquel tío que tanto sabía, a su manera, y que como si fuera un sabio de esos raros, que hablan poco y todo lo dicen, me explicó que dejase el yo, ¡olvídate de él!, me dijo, y que en la Legión solo hay nosotros: aquí, Braulio, no hay yo sino nosotros, por eso decimos que formamos bandera, así que si te olvidas de tu yo lo encontrarás, y deja ya el yo que no existe, ese yo que andas buscando es en la Legión nosotros. Con eso me quedo. De juramento entre cada dos hombres, compañerismo, amistad, unión y socorro, nosotros.

Aunque hay de todo. Pa todos los gustos y colores. Te juntas con los más parecidos a ti y con los menos. Todos tienen algo, no sé lo que es, pero en cada legionario hay algo distinto. Porque hay algo raro en todo esto, que  nunca sabes quién es y quién no es el que te conviene. Y un día ese que peor mirabas te da una sorpresa y resulta que es un tío con dos cojones. Porque es imposible conocer a todos, aunque el gorrillo hace en muchas cosa iguales a todos, pero no en todo, así que tienes que ir mirando, poco a poco, sin juzgar mucho, porque nunca sabes y hoy por ti mañana por mí. Luego cuando esto se acaba, cuando te quedas solo, pues eres yo otra vez, quiero decir que eres el mismo, pero tampoco, eres yo, pero de la Legión, por lo menos sabes que has hecho eso, que no es poco, ser legionario; y te preguntas y sale el nosotros, porque nosotros éramos, cuando nosotros íbamos, porque nosotros, nuestra bandera, nuestra compañía, nuestro Tersio, nuestro, nuestro, y ya puede venir cuando quiera, que no nos encontrará solos, somos nosotros.

Y me decía el legionario sabio aquel, que barruntaba que no me quedaba yo muy tranquilo o no entendía todas esas cosas que me explicaba, que pa mi que se las hablaba para él, pero bueno, yo le escuchaba. Es que te lías tú solo pensando. No pienses tanto Braulio, ahora estás aquí, pa unos años. Pues ya está, después que sé yo y que sabes tú. A lo mejor o a lo peor ni llegamos.

Tú pórtate bien dentro de lo que cabe y ya sabes que el mal que hacen los hombres queda, aún cuando te vayas, pero el bien que haces será aventado con tus cenizas, así que mejor hacer el bien y adiós, parriba y que ni se van a acordar. Los pobres tenemos que estar siempre pensando, y eso de gozar es pa ricos. Eso de tanto pensar te hace cavilar, pero es bueno tener la cabeza entretenida en cosas como esas que no se entienden, esa filosofía legionaria que da aquí la vida. Luego dicen que si gritamos viva a la muerte. Que saben ellos. Aquí amamos a la vida, cada segundo nos la tragamos y bebemos. Mira Braulio, la muerte mientras vivimos no existe, es nada, y cuando está presente no existimos, o sea que no es real ni pa los vivos ni pa los muertos. Que se dejen de leches y si tiene que venir que venga. Eso lo he leído yo en algún sitio y me he quedao con ello.

Aquello me dejaba la cabeza como un bombo, pero la verdad, me gustaba oírlo y sobre todo como te lo decía, que me parecía el maestro de la escuela, pero en verdad, y a mí me parece que todo aquello me hacía bien.

Lo bueno es que aquí los hay de todo y de todos. Los que nunca han pensado más allá del momento son los que yo veo siempre más contentos.

De media hora más tarde o de mañana no saben na, ni quieren saberlo. Van a su bola y de todo se descojonan como si con ellos no fuese el rollo este de la vida. No paran quietos, siempre inventan para no estar parados, ni solos, que se agarran al primero que pasa y le dan la paliza bien dada. Pero cuando llega la fiesta ahí están los primeros y que nadie se venga abajo, que no te dejan, venga fulano ánimo y arriba, pégate un trago que estás invitao, pero ese careto fuera chaval.

De los mandos no voy a contar mucho. Unos son como nosotros, pero cabos y hasta comandantes legionarios. Se les nota pa lo bueno y pa lo malo. Ya se sabe que a veces no hay peor cuña que la de la propia madera.

Ya cuando te conocen y coges confianza, pues cada uno en su sitio, unas veces hay amistad, o enemistad que no se nota, otras ni fu ni fa, y casi siempre cumpliendo y fuera. Que hay que pegar tiros, los pegan como el primero, y se la juegan, ¡coño, que son valientes!, pero como si tuviesen que demostrar que son más valientes que tú, y lo son porque en cualquier momento están ahí, de día o de noche, y eso te da mucha tranquilidad. A mí me gustan esos de Academia que parece que se lo saben todo, y saber saben, pero siempre tranquilos, gritan poco, hablan poco, se interesan por lo que te pasa y si hace falta…, pues eso, echan una mano.

Alguno se pasa. A uno que era teniente, jovencillo, pequeñito, poca cosa, le metió el general un buen paquete. Estábamos en el tiro, a cien metros, y el muy bestia se ponía al lado de los blancos señalando los impactos con una varita, el estupidómetro aquel que les gustaba llevar, y claro tú cuando apuntabas y veías al teniente por el punto de mira, te acojonabas; mira que si se me escapa el tiro. El general, que nadie sabe de dónde salió, lo había visto todo y le calló buena al valiente aquel que se pasó dos pueblos.

Pues eso, que hay de todo, como en la vida o en botica; un remedio para cada dolor y un dolor en cuanto te descuidas. Mejor no meterte con nadie y todos a una Fuenteovejuna.

10.- El valor

Yo que sé lo que es eso del valor. Que sé que chulería no es, ni dárselas de valiente. Para saber algo de eso hay que haber tenido mucho miedo. Si no has tenido un miedo grande, pero miedo, miedo, más que a morirte, porque es así, que hay miedos más grandes que el de que te vas a morir, si no has sentido eso nunca puedes saber qué es eso del valor. Si no sabes lo que es el miedo no puedes saber lo que es el valor. Mira que hemos hablado de cosas en la Legión, entre nosotros, de todo hemos hablado, pero de eso del miedo y de ser valiente, nada. Entre valientes no se habla de eso. El valor exige silencio. No hay que andar todo el día con el valor a cuestas. Porque además no hay yo que valga, yo, porque yo, y yo otra vez, nada de eso, aquí somos pelotón y escuadra y compañía, aquí el yo no existe. El que es valiente lo tiene que demostrar y si no “se le supone” y si ni eso, pues tienes que largarte. Porque al que “se le supone” también tiene que demostrarlo y además se nota quien no cumple con su “se le supone” desde el primer momento que oye un pacazo. Miedo todos tenemos, pero el miedo no es que no tengas valor. El enemigo del valor es la cobardía. Aquí hay de todo menos cobardes. Me dijo el sargento, el que se lo sabe todo, que había leído en un libro que hablaba de los muy antiguos, donde había uno que era griego y que enseñaba a un valiente que le llamaban Alejandro el Grande, y le decía: <<demasiado poco valor es cobardía y demasiado valor es temeridad>>. No sé, pero nosotros cantamos eso de: <<Nadie en el Tercio sabía quién era aquel legionario tan audaz y temerario que a la Legión se alistó>>. Porque aquí hay que tener valor en demasía porque hemos venido a eso, a morir, sin pedir nada a cambio y si no pues pa que está la Legión. Así que Aristóteles, que creo se llamaba el que se lo enseñaba a Alejandro el Grande, a lo mejor nunca había oído hablar de la Legión ni de Millán-Astray.

Para valientes lo que he leído de un sitio que se llama el Igueriben. ¡Qué tíos aquellos! Y no eran legionarios. Lo sé porque aquí esas cosas se saben desde el primer día. Porque para poder cantar eso nuestro “soy valiente y leal legionario” pues tienes que saber lo que otros valientes y leales han hecho y porqué llevan ese título. Explicártelo no te lo va a explicar nadie.

Soy valiente y leal legionario: se le supone. Hasta que en tu hoja de servicios no pongan “acreditado”, no eres legionario, eres aspirante, como la mayoría son: aspirantes. Por muchas marchas que hayas hecho, quilómetros recorridos a ninguna parte, tiros de fusil, al aire, al blanco del campo de tiro, fuego real, pero sin nadie que a ti te dispare, habrás hecho de todo, instrucción paquí y pallá, pero el valor es otra cosa y hay que acreditarlo. Luego lo de las medallas depende de que te propongan, que te vean, que digan y dejen de decir, que no haya metido la pata el que te manda, que caigas bien, de muchas cosas. Hay medallas al valor, pero más hay valientes sin medalla. El valor lo conocen los tuyos, tu escuadra, tu pelotón, los que corren a tu lado y los que mueren a tu lado.

Hay que ser muy valiente para eso del compañerismo, ese Espíritu del Credo que tiene tela marinera, es decir muchas velas, trapo, y valor ante lo que es imposible. ¡Qué cosas tiene esto de la muerte!; el caso es que te vas más tranquilo a morir, si necesario fuera, sabiendo que los tuyos, aún muerto, no te van a dejar allí así párriba o pábajo o de cualquier manera, como te hayas muerto en el secarral que no hay ni una amapola, porque no hay ni cunetas en esas tierras africanas, ni un pájaro que te cante al sol o a la luna. Que sabes que no te vas a quedar allí a que te muerdan los chacales y algún carroñero que pase. Te quedas más tranquilo sabiendo que hemos jurado no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos. Jamás, nunca jamás. Que caigas donde caigas, muerto, no caído, los tuyos, aunque mueran todos, te recogerán, y si mueren todos, más habrá que vendrán, porque somos legión. Te quedas más tranquilo y eso sí que es ser valiente. Ni muerto te quedas solo y abandonado. He oído decir: ¡Qué solos se quedan los muertos!; no aquí en la Legión, que es una lista de honor y que pasan lista cada vez que hay una formación. ¡Rindan honores a nuestros muertos! Fulano, mengano… ¿¡Estamos todos!?

Valor, ¿qué es el valor?

Pues puede que el miedo sea mayor a lo que te vaya a pasar después de muerto que a la propia muerte; a quedarte allí espanzurrao en medio del secarral con todos los pájaros esperando a comerte. Así que, si sabes que allí no te vas a quedar, más tranquilo que vas a los tiros. Luchar y morir, legionarios a luchar, legionarios a morir. Nada fácil. Para eso hay que ser muy valiente. Y si lo has sido no importa decirlo. Que yo lo he sido. ¡Hay que darle una medalla a Braulio! Pues ya está, ya la tengo, aunque jamás nadie me la ha colocado sobre el pecho. ¡Hay que darle una medalla a Braulio! Pues ya está. Acreditado. Aquí todos los hombres son bravos, pero de bravo a valiente hay un trecho y ese es el que hay que demostrar que uno es capaz de saltarlo. Lo que hace, o debe hacer, un legionario son cosas imposibles para los hombres. Esta es una sociedad heroica que se mueve tras la gloria y el honor y eso, gloria y honor, solo llega con el valor. Y todo eso pasa en el campo de batalla, única razón de la Legión, y razón de más para el valor.

Cada héroe, tras su gloria, herido o muerto, deja paso a otro héroe. Así se construye esta historia de valor. El valor no alardea. No hay demostraciones inútiles del valor. Si es necesario arengar con un gesto, se hace y así se levanta la decaída moral en determinados momentos. Lo he visto, a algunos oficiales, levantarse delante de sus legionarios, gritando, arengando con su gesto, y es arenga el sonido del cornetín en medio del fuego, son gritos de guerra, la contraseña de la Legión, <<es el momento para el que te has preparado, hecho legionario, el del valor: la lucha cuerpo a cuerpo, en la que el machete-bayoneta, el fusil empleado como maza, las granadas de mano y las armas cortas de fuego, jugarán el papel principal>>. Es el momento del valor. Todo está dicho. Todo está hecho. Luchar y morir.

Los legionarios no amamos la muerte, que sería querer morir a cada instante, un permanente suicidio; distinto es no temerla. No hablamos de muerte, hablamos de resurrección en nuestro particular cielo legionario. Que existe. Entre ignorantes, como algunos piensan que somos los legionarios, me he encontrado a los sabios de la vida, con una sabiduría ancestral y práctica. Nunca tuve mejores maestros que estos hombres rudos, recios y derechos al grano, sin rodeos, sin engaños. Y son los que pasean al Cristo de la Buena Muerte, el Valiente. No les preguntes a los legionarios por el valor, ni en lo que creen, ¿no veis que son legionarios?

11.-  La música en la Legión

Desde la mañana a la mañana siguiente. Siempre hay alguien que cante, pa él o pa todos, siempre, a todas horas se oye una música, una coplilla desgarrá. Se vive y se muere cantando. Es como hablar en voz alta a alguien que está muy lejos y de aquí todo está lejos, nadie está al alcance de tus manos pa sonreírle o acariciarle. Mejor cantar por si se oye algo en alguna parte, que ya sabes que no es así, pero da igual; ¿y sí se oye allí donde tú piensas? Que no sabemos nada y todo creemos saber. El sabio me dijo un día que el hombre es un animal que come pan. Y que canta, le dije yo. Braulio ya vas aprendiendo a pensar me dijo. ¿Qué querría decir? Repetía que en la mucha sabiduría hay mucha molestia y que quien añade ciencia añade dolor. Pa mi que este ha sido cura, porque habla como el que había en mi pueblo, que decía lo mismo y ni él se entendía. O sea que el que sabe, peor que el que nada sabe. Pues a ver con qué me quedo. Cantar también debe ser saber, porque hay veces que duele el cante. Yo esto de pensar lo veo como el que se queda muy solo y no es bueno que un hombre esté solo, le das al coco y se te ocurre de todo. Mejor vivir juntos y hablarse y contarse y de vez en cuando cantarse pa que todos lo oigan. Todos los hombres estamos necesitados de los afectos, de los contares y de los cantares. Decía el sabio que los legionarios éramos ruidosos y metálicos y que eso era mejor que ser silencioso, pero cuidado en el combate que es mejor ser silencioso y nunca cantar por dónde atacas, como estos moros que de sigilosos que son no tienen ni siquiera sombra que les siga, por eso nunca se sabe donde están y donde se esconden. Pero cuando todo está declarado, cuando el cara a cara y es la hora del cuerpo a cuerpo, quien no grita llora y eso es fatal. El grito es fuerza, es vitalidad y potencia. Hay que gritar y amedrentar. Hay que tener la voz preparada, por eso cantamos y gritamos, es como el hablar del combate, es como luchar en voz alta. Hay que entrenarlo, como todo, porque el arte del combate inmaduro es fuente de grandes heridas; eso dice mi amigo.

Todavía suena esa de La Madelón, pero a mí no me gusta mucho, prefiero las españolas, hasta las endechas que son muy tristes, me gustan las que hablan de Patria y muerte, de luchas y combates, aunque cada cosa a su tiempo. Cantar tiene eso, que hay una canción para cada rato. Cantas al mundo, te cantas a ti y cantas a lo que no sabes que será después de todo esto. El combate es una canción, una melodía con su ritmo propio, un apasionado drama al que no se puede acudir desconociendo cual puede ser el final. El definitivo final. Hay que ir preparado y volver cantando por los que ya lo han logrado. Nadie en el Tercio sabía quién era aquel legionario; claro que lo sabíamos, pero aquí a nadie le importa nada más que entre nosotros, de dónde vienes y a qué vienes. Si dices que a morir, no se lo cree nadie así que mejor te callas y cantas, a ver si así te entienden.

Siempre España, siempre legionarios a luchar, siempre legionarios a morir. Llegará el día de las alegres canciones, cuando los desfiles paseen las glorias y suene el paso de marcha, a esa velocidad que parece que se desencaja el cuerpo y que no llegas a dónde vas, o llegas tarde. Entre el rezo y el cante se vive y se muere y hay música para uno y otro momento, que casi no se distingue la una y otra. Y esa es otra cosa buena que tiene la vida en la Legión, que nada es aburrido, que nunca pasa lo mismo, cada día es igual, pero todo es distinto. Es como la vida que ningún día es como otro, aunque llevemos siglos en que amanece y anochece igual en cada momento, pero distinto en cada uno.

Y los toques de corneta, todo el día sonando que parece que ese hombre no vive y es como el reloj de la torre de la iglesia de mi pueblo, que yo creo que va solo y no le dan cuerda. Me dicen que ahora ya no hay toques en el cuartel. Pa qué, si no hay gente, se van o se meten en sus cuartos con tele y todo, y ya no oyen nada, como la sirena de una fábrica cuando llegan, que ni eso. Vivías al toque de corneta y atacabas con el toque de corneta y esa contraseña: tararirorirorí, tararirorirorííí… Esa es una música muy especial que se lleva dentro, pero es una música de órdenes que te dan, como si te las diesen cantando, y pa que se entere todo el mundo, que hay que levantarse, y el que esté malo ir a ver al reconocimiento, y hay que ponerse firmes al izar la Bandera, y saludar, y empezar la jornada, Academias,

12.- Los motes

Es que no me acuerdo de los nombres de todos. Casi tos son los mismos por generaciones. El mote es un título, por eso es muy importante. Si no tienes título no eres nadie. Muchos necesitan explicación por su misterio, por no saber muy bien, solo el que lo ostenta sabe donde se lo ganó y por qué. Otros son tan sonoros que son como las trompetas, como la diana o la retreta, alguno suena más que la generala. El Legionario te llaman luego en tu pueblo, pero en la Legión nadie lleva ese mote, eso no es un mote, es como te llaman, la distinción entre todos pa que se enteren los que los que no lo son, quizá que quisieron serlo, o que al pueblo le gusta tener uno, vecino, que haya sido legionario. Históricos motes son algunos: Warner, Fulmán, el Doctor, Charte, Rodrigo Díaz de Vivar; otros se repiten y repiten, una y otra vez, en un Tercio y en el otro: el Chino, siempre hay un chino, o el Baranda, el Negro, el Feo, el Paisa, el Señorito, el Marqués. Tendría que recordar: el Churra, el Sapo, el Cocodrilo, el Culebro, el Tortuga, Cascarilla, el Percutor, el Diplomático, el Malaguita, el Majara, de estos hubo muchos; Spiderman también aparece, son más modernos, Supermán, Iroman, Hulk. A mí me gustaba el Paisa, ¡que buen amigo!, era de todas partes, paisano de todos, y todos los sitios conocía, o decía él, que además te explicaba lo mismo el faro de Hércules que la Mezquita de Córdoba y te hablaba de un bareto aquí y otro en la carretera de no sé dónde. Ahora me dicen que también tienen motes las chicas. Tengo que enterarme bien.

Los oficiales, los suboficiales, los cabos, tenían los suyos. Muy suyos, y lo sabían. Alguno se enfadaba y se hacía el loco como si con él no fuese la cosa, pero entre nosotros ya estaba bautizado para siempre. Os diré alguno que aún recuerdo, con cariño, como el Lechuza, no sé si por sus ojos saltones o porque de noche aparecía por todas partes. Había uno que siempre se quejaba de uno y de otro; le llamaban Tersites.

Los motes ganados en combate son los que más valen, pero hay pocos. El Abeto era alto como tal. Su figura aparecía sobre cualquier horizonte y no había piedra ni hendidura del terreno que ocultase tan alto y delgado cuerpo. Era un buen hombre el Abeto; cayó vencido de un pacazo en la frente. El sargento Esténtor que así le llamaban por un nombre muy antiguo y su vozarrón que era como el de cincuenta a la vez. El Rediós, capitán, era como el redoble del tambor, pero en dios porque todo lo sabía, y más que se creía.

Es la vida cotidiana, un gesto, una manía, una cara o unos andares; el color del pelo o de la cara, la chulería, o lo contrario, tu pueblo o tu tierra, yo que sé, pero es un nombre de guerra, ya pa siempre, más que el tuyo propio, es el que te has ganao tú; sin saber cómo. Yo he sido Braulio, siempre, y parecía un mote más que mi nombre: el Braulio. Suena bien, a mí así me lo parece. Así me llamo porque parece que ese tal San Braulio era de por Zaragoza y de marzo, del día en que nací y así me pusieron para no tener que andar eligiendo.

Legionario Braulio

Publicado en el Blog: generaldavila.com el día 20 de septiembre de 2020 Centenario de la Legión

 

Hasta aquí llegó, España; se podría

hacer una bandera ensangrentada

con el sol de esta arena calcinada

y la sangre que en rojo la teñía.

La tierra del desierto no sabía

sino del poderío en la pisada.

Habló el valor y se quedó clavada

la razón, para siempre, de la hombría.

Hasta aquí llegó España; la frontera

se convirtió en altar donde tuviera

lugar la Cruz, en el desierto, a solas.

Y ahí está; coronada por el viento,

alzando para siempre el monumento

de las eternas tumbas españolas.

Coronel Luis López Anglada

 

En el 102 Aniversario Fundacional de La Legión: 20 de septiembre del año 2022.

A todos los Caballeros Legionarios que han formado y forman en las filas de la Legión y que siguen, muertos o vivos, en la posición de firmes, arma al brazo, a la espera de que el cornetín mande otra cosa.

Blog: generaldavila.com

 

TERRITORIO DE RECUERDOS “L” Aniversario de la Salida de Tenientes. Coronel Ángel Cerdido. CXXV Promoción de Caballería.(XVII A.G.M.-3ª Época) Valladolid 19 octubre 2012.

El monumento a los héroes del Regimiento de Cazadores de Alcántara 14 de Caballería, que preside la entrada a la Academia de Caballería de Valladolid, es el homenaje del Arma al heroico Regimiento, a través de la representación de cinco jinetes pertenecientes a los diversos Institutos de los que “Alcántara” ha formado parte. Mirando el monumento de frente los diferentes jinetes son, de izquierda a derecha: Soldados de cazadores de Caballería. Campaña de África (1920-1922) Sargento 1º de Lanceros (1836) Soldado de Caballería de Línea. Tropas de la Casa Real (1703-1728) Batidor de Lanceros (1847-1850). Inscripciones en el pedestal: Delante: El Arma de Caballería al Regimiento “Cazadores de Alcántara” En su parte derecha: “Por el Honor” En el lateral izquierdo: “Por la Gloria” En la parte trasera. “Por la Patria”

TERRITORIO DE RECUERDOS

“L” Aniversario de la Salida de Tenientes.
CXXV Promoción de Caballería.(XVII A.G.M.-3ª Época)
Valladolid 19 octubre 2012.
Mi cabeza me cita con escenas de aquellos días de vida académica en Valladolid, y en la sorpresa, aderezo mis recuerdos con la pizca de nostalgia de entrever aclarados gestos y sonrisas ya perdidos, resucitados en mis profesores y compañeros, que no puedo dejar de asentar en el corazón. El tiempo no me ha borrado las muchas y buenas enseñanzas, las ha hecho más bien innumerables y más reales, y las ha precipitado en una palabra, que creo nunca reciben suficientemente los que han sido maestros de nuestra vida: «Gracias».
Así recuerdo esa parte de mi juventud militar; la época en que fui protagonista de mi vida. Como al final es el tiempo el que descubre la verdad, en 2012 a la vuelta de Valladolid donde asistí a los actos celebrados por el motivo ya comentado, desde Zaragoza escribí la carta que hoy remito a todos vosotros, y que en su día mandé a los compañeros que allí estuvieron. No sé cuándo nos volveremos a ver, pero da igual cuando sea, con los amigos lo importante es volver a coincidir, hasta entonces esto fue lo que les dije:
Queridos compañeros:
Siempre me aconsejaron que tuviera buena letra, porque es la forma que tendrás -decían- de demostrar a los demás que eres de fiar. Pero el tener buena letra nada tiene que ver con escribir más o menos bien, como algunos todavía creen. Por todo eso de antemano os pido perdón por el atrevimiento. ¿Por que hablaros de letras, si lo que de verdad hoy cuenta en el mundo son los números? Como nadie me ha hecho la pregunta, sigo con aquellas.
Lo frustrante a nuestra edad es que ya conocemos la respuesta, pero nadie nos pregunta. A pesar de todo no caeré en la nostalgia, porque la vida es un camino de ida, además esto de envejecer no está tan mal sobre todo teniendo en cuenta la «otra alternativa».
Todos nosotros nacimos en una época en que si algo (desde un electrodoméstico hasta el mismo matrimonio) se rompía, se arreglaba y no se tiraba a la basura. Con estos pensamientos, entre otros, marché a Valladolid. Con la ilusión de recuperar cosas del espíritu cuyo encanto y fascinación advertí hace tiempo que se me habían escapado de entre los dedos.
Aunque hoy se prefiere lo nuevo, lo recién fabricado, la última versión del sistema operativo o del dispositivo electrónico, creo sin embargo, que necesitamos envejecer para conseguir y trasmitir la sabiduría que dan los años.
Esta vez el volver al lugar donde fui feliz si estuvo a la altura de mi nostalgia. Me pareció como si la Patria agradecida me devolviera el beso que hace ya muchos años le dí. Si en algún momento las fuerzas me flaquearon, que condición humana es, volver a Valladolid a visitar ese viejo solar en vuestra compañía, contemplar el monumento que preside su fachada en plena Plaza Zorrilla, y ver de nuevo la arrogancia marcial de lanceros, coraceros y el gesto viril y enfervorecido de los pequeños soldados del Alcántara, que con su heroico desprendimiento y total entrega lograron sencillamente lo imposible, hizo que la sangre golpeara con más fuerza mis venas, el corazón me subiera a la garganta, una nube de lágrimas empañara mis ojos, y en lo mas íntimo de mi ser, sentir el inmenso orgullo de ser continuador de tanta grandeza, de tanto heroísmo, de tanto desprendimiento, y procuré no caer de rodillas porque el peso de tanta gloria casi no me permitieron permanecer de pie en el Patio de Armas «Teniente coronel Primo de Rivera».
A pesar de todo esto, hubiera querido romper el protocolo, salir de la fila, desplazarme al centro del patio, arrodillarme frente a las grupas de los caballos, en la parte trasera de la obra de Mariano Benlliure y Gil, donde esta grabado «Por la Patria», y dirigirme a todos vosotros: los ¡PRESENTES!, los ¡AUSENTES! y los que ¡ESTA!bais tan cerca de mi, para gritar con todas mis fuerzas:
¡GRACIAS!

Un fuerte abrazo
Zaragoza 19 octubre 2012

Nota.-En Caballería al pasar lista en estos actos, el número uno de la promoción responde con un «Presente» en caso de haber fallecido al que se nombre, con un «Ausente» en el caso de no haber podido asistir por enfermedad u otra causa, y con un «Está» respondimos los que nos encontrábamos en formación.

Ángel Cerdido Peñalver
Coronel de Caballería ®
Zaragoza 19 octubre 2022.

Blog: generaldavila.com

18 septiembre 2022

 

LA MONARQUÍA QUE VIENE O SE VA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

«Hay que aceptar la Monarquía como el mejor y más fácil puente hacia la democracia. Luego ya veremos». La frase llena de cinismo es propia de quién la pronunció; descubrirán al final del texto.

Pues en eso estamos: veremos.

Fue hace poco cuando hablábamos de la situación en la que está España, el mundo en general; acentuábamos lo nuestro con esa vulgaridad tan repetida: nunca antes habíamos visto cosa igual. La misma conclusión y los adjetivos ya conocidos del XIX son de ahora, idénticos, pero todo sigue peor.

La guerra civil es pasado, no sé si presente, desde luego futuro no tenemos como nación unida y abrazada. Sería posible si nos gobernasen otros, menos ideologizados y más sabios.

—Se me ocurrió una vez pensar-me dice Jenofonte, el amigo con el que hablo- que hoy la monarquía está más segura que nunca porque son los monárquicos los que más la atacan. La monarquía se ha hecho de izquierdas y esa es la razón por la que su futuro está asegurado.

En la conversación surge el tema de este proceso lento y silencioso en el que han ido cayendo las piezas con una sabiduría de la que solo es capaz la maldad. Obra tan perfecta en una España católica, monárquica, diversa, y que, a pesar de ello, se sostiene incluso después de luchar y enfrentarse por reyes distintos, por vitorear hoy un régimen autoritario y prenderle fuego mañana.

Pregunto a Jenofonte.

—¿Lo que decía Ortega y Gasset «La monarquía se ha hecho de pueblo», quiere decir hacerse de izquierdas?

—No; en absoluto. En España las grandes cosas las hace el pueblo. Ya que lo citas volvamos a Ortega: «Aquí lo ha hecho todo el “pueblo”, y lo que el “pueblo” no ha podido hacer se ha quedado sin hacer».

—Pues es cierto que aquí ese pueblo que dices, y dice Ortega, es el que conquista; y no los ejércitos. Lo que se hace bueno otros lo deshacen reunidos en grupos de poder que intentan enfundarse el guante real.

Un Rey, concordamos, no debe estar al lado de nadie, ni de izquierdas ni de derechas; de todos y de ninguno, pero debe hacerse querer y desear por todos y no desarticular la Corona.

España es tan compleja que fue capaz, por ello, de derrotar a Napoleón. Se hizo monárquico el pueblo cuando los reyes se embarcaban en Aranjuez sin amor y sin querer defender(se) con todo y todos.

—España es un pueblo de hombres, cosa que Napoléon no percibió; para él los españoles eran soldados, como los franceses que obedecían sin más. Hay que tenerlo en cuenta antes de medir las fuerzas.

—España tenía su rey por historia y porque les daba la gana a los españoles. No íbamos a dejar a los franceses, ni al mismísimo Emperador, cambiarnos ni a cambiar rey y religión. Si no se reza se penitencia, y en eso somos maestros, como en lo de los reyes, y no nos dejamos engañar con Estados ficticios que intenten cambiar alma española por nuevo Estado.

—Cierto es amigo Jenofonte que la sensatez o sabiduría son resultado de un aprendizaje, como para que ahora vengan maestros Ciruela a enseñar al pueblo la forma de Estado.

—De acuerdo estoy con eso, pero no olvides que la sensatez es la virtud que predomina y sin ella ninguna otra tiene utilidad y que el que fue sensato no puede ser que deje de serlo en poco tiempo.

Termina Jenofonte recordándome que él estaba junto a Ciro el Grande cuando estaba en el trance final y oyó lo que le decía a su hijo:

«En cuanto a ti, Cambises, tú sabes que no es este cetro de oro la salvaguarda del imperio, sino que los amigos fieles son para los reyes el cetro más verdadero y seguro. Pero no pienses que los hombres tiene una fidelidad innata: si así fuera, a todos parecerían fieles las mismas personas, lo mismo que las demás cualidades innatas a todos les parecen las mismas. Por el contrario, cada uno debe hacerse sus propios hombres de confianza…».

¡A cuantos intensos deseos del corazón debe renunciar los reyes y sin embargo disfrutan los hombres privados!

Dice mi amigo, como si sentenciase.

—Nuestra Constitución de 1978 estableció un sistema que se ha llamado de monarquía limitada, como último intento de basar la unidad estatal sobre el principio monárquico.

Es cierto. Nunca ha habido adoradores del nombre del rey ni de la persona, me refiero entre el pueblo, sino que los españoles se han sentido uno en la Corona, encarnados en ella y por eso aún resuena el juramento de algunos reinos cristianos. No encuentro frase más valedora y explicación de rotundidad de lo que es la Corona: «Nos, que somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos Principal, Rey y Señor entre los iguales, con tal que guardéis nuestros fueros y libertades; y si no, no».

Esa es la garantía que desean suprimir de la Constitución española: la unidad, la encarnación de todo un pueblo. En su Rey.

—Sí, querido Jenofonte, estate atento y no olvidemos el anuncio apuntado por Tierno Galván: «Hay que aceptar la Monarquía como el mejor y más fácil puente hacia la democracia. Luego ya veremos».

¿Ha llegado el «ya veremos»?

Hubo un tiempo en el que se dijo: «La República la trajeron los monárquicos y, después, la perdieron los republicanos».

Es el pueblo, pero siempre incitado por alguien. Todo va y viene y ahora esto parece irse..

No sé si estamos a tiempo.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

15 septiembre 2022

EL PUENTE DE LONDRES HA CAÍDO Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Londres es la capital del mundo. Quién no ha estado allí no ha estado en ningún lugar. Londres no es el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte ni tampoco Inglaterra, pero nos entendemos. Es tantas cosas a la vez que decir Londres es como decir la Reina. La Reina es la del mundo, anglosajón y del bárbaro. Habla inglés y solo ese idioma, el suyo (al margen de ser políglota), hecho ahora de todos, no admite imposición ni que le hagan hablar otra lengua. Ellos imponen la suya, en Europa también, aunque se alejen de Europa.

Ha muerto la Reina del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Quizá haya sido la Reina del mundo, como Londres es el centro del mundo.

Son apreciaciones. Puede.

Es difícil entender a este pueblo que es lo que es y lo que no es, siempre suyo; y suyo lo de todos; aunque hayas vivido en Londres nunca serás de allí, pero irá siempre contigo. Querrás volver. Hay alguno que los critica, pero le gustaría ser, si no inglés, como un inglés.

Después de pasar una larga temporada en Londres leí el libro de Julio Camba Londres. Debería haberlo hecho antes de ir. «Un inglés es un inglés, y no podrá ser otra cosa. Aunque viva medio siglo en el extranjero seguirá siendo inglés».

Camba se había adelantado al Brexit y explicado lo que muchos se empeñan en no entender y envidiar a la vez.

El libro comienza describiendo su llegada a Londres y el encuentro con el primer guardia inglés. Todo lo que ustedes no leerán estos días queda dicho en la descripción del policeman de Camba. Él penetra en los personajes. Ahora vamos a hartarnos de leer sobre la muerte de la Reina; ahondar es otra cosa.

Dice Camba:

«El guardia, situado a la puerta de la aduana, ofrecía un aspecto imponente. Era inflexible, majestuoso, formidable. La lluvia resbalaba por él como por un edificio. En la aduana de Newhaven, a la entrada de Inglaterra, aquel guardia parecía una de esas figuras alegóricas y decorativas que, en el pórtico de un palacio, nos imponen, antes de entrar, una actitud de respeto y acatamiento».

¡Cuántas conclusiones podríamos sacar de estas palabras! Está usted en Inglaterra.

Por eso ahora que el puente de Londres ha caído el mundo se estremece. Parece un símbolo. ¿Derruido?

Ha muerto la Reina del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte: ha muerto la Reina. Así, sin más. Una muerte que, aunque sea muerte, es más que la de una generación, más que Isabel de Inglaterra, como es conocida. La Reina es todo el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y medio mundo más.

Londres y Buckingham, lugares donde siempre hay un rincón donde cobijarte, para conspirar, o soñar, comerciar, no hacer nada o hacerlo todo, incluso huir de ti mismo y del mundo para refugiarte en ese clima tan inglés. Ni el clima te admite, pero a nadie le importas. Siempre que seas nada serás libre. Allí la libertad no es un privilegio, sino una forma de ser; nadie la impone de arriba abajo, no es artificial como las luces de las farolas, sino que forma parte de un sistema basado en ese concepto: libertad; de manera que quien no empuja en esa dirección, como uno más, pasa al rincón del olvido sin molestarle, pero que no moleste. La libertad la defiende el primer ministro o el guardia; a partes iguales; y si no te largan. En el Reino Unido eres libre incluso para no serlo, siempre y cuando no incordies al de al lado. La libertad empieza y se basa en el cumplimiento del deber. Esa ha sido la Reina: el deber constante, cumplirlo para su pueblo y con su ejemplo hacerlo atractivo.

Otro mundo empieza. Sin la Reina. Otro futuro ¿Unido?

Tuve la oportunidad de traer la Guardia Real Inglesa a participar con la Guardia Real española en el relevo del Palacio Real de Madrid con la asistencia de nuestros soberanos. Nuestros Reyes saludaron a todos los oficiales que vinieron con sus tropas. No hubo contrapartida por su parte, sino una invitación a asistir al cumpleaños de la Reina (Trooping the Colour). Corrección, respetuosa frialdad británica, y aceptar sus normas a rajatabla; no hubo más saludo, con característica brevedad, que al príncipe Carlos; y poco más.

Fue un intercambio fructífero y sirvió para comprobar de qué forma éramos distintos, pero podíamos marchar juntos en cerrada formación. Algo que en Europa —¡somos tan distintos!— no han sabido aceptar y comprender.

El que fue ayudante de nuestro Rey Don Felipe, el general José Antonio Alcina, narra en su libro Felipe VI. Así se formó el Príncipe heredero una anécdota que nos contaba repetidas veces y que describe muy bien el mundo Real británico y el protocolo que ahora presenciamos y que tanto nos seduce. Todos sabemos además la presencia e importancia de los perritos en el ambiente de palacio como va a quedar atestiguado.

Nuestro Rey Don Felipe después de las prácticas de navegación embarcado en el buque escuela Juan Sebastián Elcano continuó su periodo de formación como oficial de la Armada española embarcado en la fragata Asturias. Al inicio del viaje por el norte de Europa fue invitado a un almuerzo con la Reina Isabel de Inglaterra. Al arribar a Portsmouth el embajador de España entregó al Príncipe una nota con los detalles del almuerzo y el riguroso protocolo británico, de manera que, acompañado exclusivamente de su ayudante militar, debería estar en el castillo de Windsor a las 12.55 y despedirse entre las 14.15 y las 14.30. El reino de las formas es aquel que llena sus fondos con sabiduría. Después de los saludos iniciales se sentaron en una mesa para siete comensales situada en una terraza que daba a un hermoso jardín.

La Reina ocupaba una de las cabeceras con el príncipe Felipe a su derecha y el ayudante de Don Felipe a su izquierda. El príncipe Andrés y Sarah Fergusson en una banda de la mesa, y el príncipe Eduardo en la otra. Cerraba la mesa, en la otra cabecera, el secretario de la Reina.

A la hora de los postres los camareros dejaron sobre la mesa unos platitos con galletas y barquillos. En un momento, de esos silenciosos de los que se dice que ha pasado un ángel, la Reina levantó ligeramente el brazo para coger una galleta y lentamente, con sigilo, metió la mano engalletada por debajo de la mesa hasta la atura de la rodilla del ayudante de Don Felipe. Nos contaba el ayudante su sorpresa y desconcierto y, aunque nos reíamos, todos comprendíamos el mal rato que en décimas de segundo tuvo que sufrir. Se desvaneció su asombro cuando el ayudante, ya a punto de deslizar su mano para coger la galleta y así no desagraviar a la Reina, notó que uno de los muchos perrillos que deambulaban por debajo de la mesa, saltó ágilmente y se hizo con la galleta que la Soberana le ofrecía.

Todo está previsto ante un acontecimiento como la muerte de la Reina. No se trata de la rigidez de unas normas, sino la tradición de una nación que tiene arraigado en su alma alma dos cosas: tradición y libertad, lo que significa un profundo respeto a la historia que aceptan con todas sus consecuencias: ser inglés.

Su Reina es quien lo representa por ellos; y ellos son su Reina allá a donde vayan o de donde vengan.

Pronto, esperemos, por el bien de todos, el puente de Londres será levantado de nuevo.

Se necesitarán buenos ingenieros formales y formados.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

12 septiembre 2022

COBARDES SIN NOMBRE, PERO CON HACIENDA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

En España es difícil definir y entender el terrorismo porque además de asesinar lleva un condicionante extraño que lo hace pieza de negociación. Sí; aunque les parezca extraño las pistolas, las bombas y los muertos, incluso los niños asesinados, son un buen elemento para, llegado el caso, ponerlo encima de la mesa como agua pasada, pesada, y abrir las puertas del residente en la Moncloa para que te deje entrar y te de amparo y cobijo. Dura de de asumir esta realidad evidente. Se ha hecho con todos los Gobiernos de España sin dar ninguna explicación: sin consecuencias. ¿No les parece extraño? Incluso las togas se llenaban de «mierda» y les pido disculpas por la expresión, al no encontrar ninguna más definitiva.

Monstruoso es lo que este Gobierno de Pedro Sánchez lleva a cabo con sus acuerdos con los terroristas para salvar su maldad desde el poder, única manera de mantenerse alejado del correspondiente juicio condenatorio que nos exigen los muertos bajo las bombas y pistolas. Nadie podría dar crédito a que sus asesinos iban a ser amparados desde el Poder.

Pero guardo silencio ante lo que no comprendo y a pesar de mi feroz búsqueda de argumentos no los he encontrado ni en uno ni en otro. Que el terrorismo haya logrado dividirnos en bandos es su mayor victoria.

Ahora vayan ustedes a criticar la guerra, las bombas de otros, los ataques y la violencia. Ahora vayan ustedes a hablar de paz y armonía, de convivencia, de justicia y de futuro.

Muchos tienen miedo a llamar a las cosas por su nombre para no verse metidos en ese negocio de algunos convertido en maldición: «juicios tengas y ganes». Miedo a una querella por llamar a las cosas por su nombre y que la justicia confunda el idioma, pero la realidad es evidente: el Gobierno se mantiene en su lugar gracias a los que obtienen sus votos del apoyo terrorista e independentista, del apoyo de aquellos que no quieren a España; de aquellos que su política es acabar con España. Si este es el futuro y el mayoritario voto de los españoles a mi no me cuenten en el grupo y si desean querellarse háganlo. Al menos unos y otros tienen dinero para pagarse el abogado y son pocos los que sin apoyo alguno se atreven a denunciar la situación, a dar la cara con el individual riesgo de verse implicado de forma individual y solitaria.

Por si alguno tiene dudas hablo del Gobierno de Pedro Sánchez, de los partidos autorizados in extremis por el TC. de manera dudosa, contra algo más que una opinión: sentencia del Tribunal Supremo. En fin hablo de la ETA y también de alguno(s) que han vivido como partidos políticos o parecido a la sombra de los acontecimientos presumiendo de talante moderado. Ante el crimen la única moderación que hay es aplicar con rigor la ley.

Creo que España está llena de cobardes sin nombre, pero con hacienda. La cortesía se ha convertido en cobardía y en ella caminan los hombres que se tildan de moderados, liberales y demócratas, cobrando por decir lo que dicen y manteniendo la situación que les sostiene. ¿Qué más da asesinar o votar si al final se logra lo mismo?

No hay otra explicación. Si ustedes la tienen les ruego me la hagan saber.

Del GAL a esto no existe diferencia. Todo se entiende. Lo mismo y los mismos.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

4 septiembre 2022

 

 

 

…Y DE NUEVO SEPTIEMBRE. Ángel Cerdido Peñalver Coronel de Caballería ®

Me recuerda el señor Septiembre, después de las vacaciones veraniegas, que el mundo vuelve a girar como de costumbre…pero yo le he pillado el punto, a pesar que a mediados del mismo, me cae un nuevo año de calendario.
Las vacaciones se fueron sin previo aviso y no puedo decir si he tenido suficiente, o si me hubiera hecho falta algunas semanas más. Vuelvo, pero el verano sigue. Y detrás dejo un cielo luminoso y una playa que, ahora vacía, sí es un paraíso.
Ya en mis cuarteles de invierno, lo primero que me encuentro es que la tradicional cuesta de enero, empieza este año en septiembre con la subida de precios en la cesta de la compra, la luz y el gas; también veo a la primera ministra de Finlandia, de 36 años, de fiesta con unos amigos bailando, cantando y riéndose. ¿Cuándo se ha visto un escándalo semejante?
Me recuerda cuando el cínico capitán Renault, jefe de la policía de Casablanca por entonces bajo el control del gobierno de Vichy, harto de jugar y que le dejaran ganar con trampas en la ruleta del café de Rick, para quedar bien ante mayor Strassen de la Luftwaffe dice:
¡Que escándalo, he descubierto que aquí se juega! ¡Cierren el local!
Tal vez, no sé, digo yo, no debería preocuparnos el que una mandataria cante, beba y baile con unos amigos en una fiesta privada, y sí el que otros ocupen su tiempo libre en planear invasiones, en cobrar comisiones o en planificar corrupciones, Por decir algo,  ¿eh?
Me encuentro en este septiembre con la muerta de Gorbachov, y recuerdo como se disiparon las nubes tóxicas, cuando el artífice de la revolución política pacífica llamada perestroika, culminó con la retirada de los misiles de medio alcance. Después cayó el muro, la URSS se desmembró y McDonald ́s entró en Moscú con la comida basura símbolo de la libertad.
La muerte del último gran dirigente soviético ha provocado una avalancha de homenajes en Occidente, aunque la reacción en Rusia fue más silenciosa, donde muchos lo culpan de la pérdida del estatus del país como superpotencia mundial.
Por todo esto, también en este septiembre, el mundo homenajea a Mijail Gorbachov y Rusia poco menos que lo ignora.
Con su muerte, se pone fin a una ilusión, un continente unido para la paz «desde el Atlántico a los Urales».
La serpiente de verano era como un bicho periodístico muy inofensivo con el que nos entretenían la espera de que apareciese la siguiente.
Se nos va el verano en el que nos arrancamos las mascarillas, volvieron los abrazos y las verbenas, pero también los incendios.
La serpiente de este verano han sido los incendios. Pueblos que estaban en fiestas, pasaron del ambiente lúdico a defender sus casas, viéndose una gran solidaridad entre vecinos. Y como decía uno de ellos dirigiéndose a los políticos que los visitaban, con promesas que por experiencia sabían que no se cumplían: «El monte no se limpia con papeles, sino con pastores».
De nuevo la política de solo comunicar, frente a la política de hacer, gestionar y resolver.
En esta España de hoy, ni la sequía, ni la guerra de Ucrania, ni los problemas energéticos, ni la desigualdad rampante…,fatalmente no son serpientes de verano.
Ahora a las familias les toca lidiar con la temida cuesta de septiembre, que llega después de un verano en que por fin no ha habido restricciones y hemos podido disfrutar de vacaciones, eso si, dejando la economía un poco mermada para afrontar un otoño inflacionista e imprevisible.
Bienvenidos a la rutina y mucha entereza para la que se nos viene encima. Pero que tengan cuidado, otro presidente como el nuestro, con sus absurdas decisiones, también rodeado de ministros, ministres y ministras de extraño prestigio, fueron los culpables de que el pueblo llano, harto ya de sus mentiras, asaltara su casa, y acabara metiéndose en su piscina y en su cama.
Mi desgraciado presidente, dice el refrán que por septiembre, comer y vender; pero ojo, no sea tanto su comer, que al final de la legislatura no tenga que vender.
Zaragoza septiembre 2022.

Ángel Cerdido Peñalver. Coronel de Caballería ®

6 septiembre 2022

Blog: generaldavila.com

MISIÓN DE ADIESTRAMIENTO MILITAR EN UCRANIA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Foto MINISDEF. Ejército de Tierra

Instruir y adiestrar son actividades parecidas, que forman soldados, pero no son lo mismo. Distingamos y puntualicemos para evitar que estos desastrosos políticos que dirigen Europa nos engañen con sus almibaradas propuestas tan inútiles como peligrosas.

La guerra no se puede dirigir en comandita, 30 aliados defienden por un lado mientras por el otro 27 se calientan alrededor de un fuego que se extingue, y todo ello sin una clara definición de liderazgo político, por tanto sin unidad y criterio militar. La Defensa Común (o es militar o no es Defensa) es una teoría, pero si no está sustentada por un Ejército cohesionado, es decir instruido y adiestrado, es nada más que eso: una teoría sin forma ni fondo. En estos momentos la OTAN despliega frente a Rusia una serie de unidades con doctrinas distintas, intereses ambiguos, en algunos casos ajenos, política y económicamente muy diversos. Es una Defensa Europea en pura teoría, sin solidez, y habría que ver lo que sucedería en Europa ante su soledad sin el apoyo americano. Dónde estaría la cohesión y coordinación de unos ejércitos que no conforman un Ejército.

En definitiva la OTAN, en mi personal criterio, no está en condiciones de hacer frente a una guerra ni convencional ni moderna, desconocida y llena de interrogantes, si no es liderada por los Estados Unidos. Digo liderar, aunque el término adecuado desde la terminología y espíritu militar sería mandar. Algo muy complejo, tanto que ni siquiera una rigurosa instrucción y adiestramiento son suficientes para convertir a un soldado en un mando.

La OTAN es la única defensa que tiene Europa y por tanto no es la Defensa de Europa, sino la que nos proporcionan los aliados no europeos que además de ese tienen otros intereses militares y económicos.

Pero Grullo era muy listo y nunca aprendimos su lección. La guerra que en teoría es así de sencilla, para ganarla debe basar la preparación de sus ejércitos en una muy dura instrucción, adiestramiento y cohesión, además de exigir un sacrificio que no es solo y único de los ejércitos sino que afecta a todos; cada vez más.

La meliflua actitud europea, el miedo a lo que pueda venir, el sacrificio que tendrá que exigir a sus conciudadanos, algo de lo que no se atreve a hablarles, hace que sus llamados líderes busquen alternativas a su inactividad, a su indigencia política y militar.

Europa no sabe lo que se le viene encima, pero viene. Nadie se atreve a hablar de ello: sacrificios, adiós al estado del bienestar, intranquilidad, incluso movilizaciones de ejércitos, de ciudadanos, obligada defensa de todos y por todos, sin ahondar en lo que ya es es evidente: economía de guerra. Dependencia. Pobreza.

Pues ante esta situación, a una Europa sin capacidad defensiva, sin el apoyo americano, sin una visión clara de futuro, se le ocurre la feliz idea del adiestramiento militar a otros.

La instrucción tiene como finalidad la formación general militar, la instrucción táctica, técnica y de tiro y la formación físico-deportiva.

El adiestramiento, complementario de la instrucción individual, tiene por objeto conseguir una formación colectiva e integrada del conjunto de hombres, equipos y sistemas, para alcanzar la máxima operatividad y nivel de eficacia de las unidades. Instruir y adiestrar: así se conforma un ejército. Hacerlo con el ucraniano está muy bien, lo apoyo al cien por cien, aunque suena a precipitada decisión que no recuerdo haberse tratado en la Cumbre de la OTAN en Madrid, y es que así lleva Europa esta guerra a las puertas de su casa: a trompicones y a remolque de los acontecimientos.

Voy a recordarles algo que no he dicho yo, aunque también, sino que fue dicho, escrito para más detalles, por el que hasta hace no mucho era el Jefe del Estado Mayor de la Defensa de España: General de Ejército Fernando Alejandre Martínez.

En su libro Rey servido y patria honrada al hablar de la OTAN y de la necesidad de que la Alianza cuente con una firme vocación o voluntad de empleo, textualmente escribe:

«Con frecuencia he señalado que esa vocación de empleo es la mayor diferencia entre Rusia y la OTAN, y más aún de la parte europea de la misma.

La voluntad de empleo rusa es algo que se puede leer en cualquier informe aliado sobre los ejercicios ZAPAD o similares, en los que Rusia desplaza en 72 horas a más de cien mil soldados, en los que se producen desembarcos paracaidistas masivos, evacuaciones de ciudades enteras o movimientos de masas de carros de combate.

La voluntad de empleo (o su falta) de la Alianza es algo que se puede comprobar si se recuerda que para desplazar una brigada perteneciente a la Very High Readiness Join Task Force, VJTF, una unidad de menos de 5.000 efectivos, desde Pontevedra a un campo de maniobras en Polonia, nos embarcamos en un proceso de decisión que duró meses y en una fase de ejecución de casi ¡tres semanas! Por no hablar de que incluyó un proceso de gestiones de cruce de fronteras que daría para escribir tomos enteros de derecho internacional».

¿Entienden la gravedad de la situación?

La misión que se le ha ocurrido a la UE de adiestramiento militar a Ucrania es una obra de muy buena voluntad que apoyamos y compartimos. Incompleta también.

Llegada esta situación, ante el horizonte que muy pocos atisban, ante el desolador panorama, mejor sería que Europa se preocupase de su Defensa, por ella misma, formando y conformando un verdadero Ejército Europeo, fuerte y cohesionado, instruido, adiestrado y bien armado; es decir: presupuestado y pagado. Una quimera.

De camino la OTAN debería dejar clara su voluntad de empleo y preocuparse de lo militar tanto al menos como de lo político.

«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

5 septiembre 2022

Blog: generaldavila.com

 

 

 

 

PRESENTE Y FUTURO DEL BLOG generaldavila.com por Rafael Dávila Álvarez

Llegado el nuevo curso se impone comenzarlo con una revisión del proyecto blog generaldavila.com para renovarse o poner fin a esta larga trayectoria en la que con cerca de 4.000 publicaciones, casi diarias, hemos alcanzado la cifra de 6´5 millones de visitas y tenemos lectores en todos los ámbitos de la sociedad con una repercusión eficaz y más que notoria, que era una de nuestras metas: el amor a España y su unidad; contribuir al conocimiento y apoyo a nuestras Fuerzas Armadas. Todo ello desde el respeto, la verdad, y la más absoluta de las independencias sin someternos a interés de ningún tipo, ni ideológico ni económico.

El esfuerzo, aunque enorme, ha merecido la pena; la ayuda de nuestros colaboradores, sin excepción, ha sido quizá lo mejor junto a los comentarios a los artículos, que agradezco muy especialmente a los asiduos comentaristas; ellos saben a quienes me refiero; también a los que recibo de manera personal y en el correo generaldavila1@gmail.com. ¡Gracias!

Esperaba afrontar nuevos retos en el blog y ampliar la comunicación, pero los apoyos técnicos siguen sin llegar y además el tiempo es cada vez menor para dedicarlo con la exigida rigurosidad a los artículos. Por ahora no veo nuevas posibilidades, y las que veo se escapan de nuestras capacidades técnicas y económicas, hasta ahora sin ningún tipo de recurso.

El trabajo aumenta y a la publicación de mi primer libro se une ahora, a primeros de noviembre otro más del que espero grandes cosas y que tenga la misma acogida que el primero. Será con la editora La Esfera de los libros y pronto les revelaré título y contenido, adelantando que es de plena actualidad y que espero adquieran ustedes. Otro saldrá más adelante, continuación del primero, si quieren segunda parte del primero, pura historia desde el año 1936 hasta la Transición española, en el que aparecerán nuevos y desconocidos documentos.

Esto requiere tiempo y dedicación, soledad, investigación y reserva.

No dejo el blog; creo que me debo a ustedes, pero he de encontrar vías firmes de consolidación y financiación porque el trabajo del blog supera el esfuerzo que una persona sola puede hacer.

Por tanto a partir de ahora disminuiré las publicaciones que en principio limitaré a los lunes y jueves. Dejo los sábados para los versos del Coronel Torres mientras él lo desee y queda hueco para las colaboraciones habituales de los articulistas por ustedes conocidos.

Es momento de darles las gracias por su incondicional apoyo todos estos años, pedirles que continúe, den difusión aún mayor del blog y sobre todo les pido su consejo y lectura.

Quedo abierto a sus comentarios y reciban mi afecto y agradecimiento junto al de todos los que colaboran con este blog escribiendo, comentando o dándolo a conocer.

¡Gracias! Y espero verles y escucharles en esta ventana de libertad y amor a España.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

4 septiembre 2022

LOS MALEDUCADOS Rafael Dávila Álvarez

Es algo que viene de casa; de la Escuela ya poco se puede esperar. Tiene mucho que ver con el esfuerzo, el rigor y el respeto, intangibles que no se venden y ni siquiera los actuales ricos de la inteligencia pueden comprar. Porque el rico de ahora es un hortera; así de claro. Hortera: «Vulgar y de mal gusto», dice el Diccionario de la RAE al que admiro por su verdad.

Tiene mucho que ver con urbanidad, pero no es solo es: «Cortesanía, comedimiento, atención y buen modo».

Hoy las normas y las formas se cogen en el gym, como si Platón se hubiese hecho entrenador de músculos al darse cuenta que entrenar la mente no era enriquecedor.

El músculo, la belleza corporal «molan» junto a la inteligencia plana: el futuro se muestra en su vital mala educación.

No todos se forman en esa educación ofensiva y mal encarada, sino que alguno destaca en su silencio y distanciamiento de la vulgaridad que nos asola. Forman parte del futuro de un grupo de élite que domine y dirija a esta masa de incultura y malos hábitos que cada día forjamos a base del apoyo de Bancos y banqueros preocupados por todo menos el bienestar de sus clientes, de profesores laureados en el mito erótico, en conjuntos de borregos asalariados por el pasto.

Empieza el curso escolar y es conveniente observar la paiedeía y en los tiempos que corren fiarse menos de lo que imponen las leyes y más de las herencias del tratado familiar de la tradición y la educación.

La educación marca el futuro de una nación, de una sociedad y pone continuidad a los valores heredados como tesoro de su historia.

Malo sería que la educación fuese cuestión solo de formas, de urbanidad, es mucho peor porque se trata de un problema de fondo. La educación es el alma de una nación, el fiel reflejo de su cultura y tradición, no es un empujón ni un taco a destiempo, ni un insulto, es el fondo de todo ello, es la frase evangélica: «No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre».

No hay nada más que asistir a los debates políticos, televisivos, radiofónicos para darse cuenta del nivel de educación que sale de los adentros de nuestra España de hoy que empieza a ser un insulto para muchos como refleja la sede de la representación de la soberanía española: un permanente insulto.

«Si ahora tornamos los ojos a la realidad española fácilmente descubriremos en ella un atroz saturado de indocilidad y sobremanera exento de ejemplaridad». Cierto parece que cuando nos dejamos seducir por alguno personaje «…se trata, casi invariablemente, de algún personaje ruin e inferior que se pone al servicio de los instintos multitudinarios».

Por eso la mala educación triunfa en el poder y acaba siendo el Poder.

Pongan ustedes nombres. Aciertan seguro. Por sus obras los conoceréis.

Rafael Dávila Álvarez

02 septiembre 2022

Blog: generaldavila.com

 

LA CRISIS PARA LOS POLÍTICOS Rafael Dávila Álvarez

Unos serán más culpables que otros, pero todos cobran lo mismo y ninguno se planta en el Congreso o Senado diciendo: «Señores, voy a serles franco, estoy hasta los cojones de todos nosotros», a lo que deberían, una vez hecha la reflexión, apostillar: «Verdad es; no tenemos vergüenza».

Recurro a la frase atribuida a D. Estanislao Figueras porque hace unos días un diputado, senador, o no sé qué, presumía en un lugar de veraneo del trabajo, esfuerzo y preocupación que le producía a él y a sus compañeros la subida de precios y el futuro incierto que nos esperaba. Pegué el oído al reconocer el rostro del currante en política y pude escuchar como la persona que con él estaba le reprochaba que los que estamos hasta ahí (y más) somos los otros, nosotros, los que nada tenemos que ver con la saga de políticos que manejan España; terminó algo más enfurecido diciéndole que eran los peores políticos —sin excepción— que había tenido España en su larga historia.

Así me parecía a mí y por ello tomé nota para contarlo. En otra ocasión les daré el nombre del preocupado político.

Claro que lo hemos notado. La cesta de la compra, la gasolina, la luz, el gas, el alquiler, el banco nuestro pero enemigo… Peores prestaciones sanitarias, infraestructuras, seguridad y nulas perspectivas laborales. Todo clama al Cielo; es un desastre, una sinrazón.

Si hablamos de España, de su unidad, del partido en el Gobierno… lo hacemos a diario así que estamos al cabo de la calle.

El panorama es desolador y no es la culpa, como nos quieren hacer ver, de la amenazante guerra constituida en escudo de unos inútiles políticos y gestores que apagan los fuegos con gasolina. La guerra son ellos.

El resumen es que la desilusión y un marcado pesimismo invaden la vida diaria y se nos presenta un otoño en el que todo será igual o peor. Empieza la lucha electoral y estos señores vuelven al trabajo (eufemismo) con renovadas fuerzas después de gozar de los bienes que produce el carnet de representante del pueblo al que no representan ni en las penurias.

En esta trampa alguien gana. Es cuestión de fijarse en el voto y ver como se repite la historia. Son siempre los mismos los que nos llevan a la ruina. Podemos repetir; y así.

Estos políticos nuestros deben tener algo parecido a la flema o cachaza de aquel lord inglés que un viernes cuando preparaba sus palos de golf para disfrutar del fin de semana recibió una llamada en la que le decían que la principal de sus fábricas se estaba quemando a lo que contestó: —No sabe el disgusto que me voy a llevar el lunes.

Pues eso. España arde por los cuatro costados y el fin de semana empezó hace mucho tiempo; sin visos de acabar.

Hasta los… de todos ellos y de nosotros. Dueños de la fábrica.

Fin del verano y de algo más. A peor.

30 agosto 2022

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

 

AMISTAD Y COMPAÑERISMO (General de División Rafael Dávila Álvarez)

3091262_640pxNo son buenos tiempos para la amistad y mucho menos para el compañerismo.

Definir el significado de un sentimiento es difícil y más cuando se habla de algo que siempre va asociado al sacrificio y al desinterés personal. Amistad y compañerismo, aunque distintos, tienen en común la entrega.

¡Qué difícil encontrar el vínculo de la compañía! ¡Qué raro llegar al afecto puro y desinteresado! La amistad y el compañerismo son tan exigentes que no existen sin esfuerzo y sacrificio. Si no estás dispuesto a darlo todo no hay amistad ni compañerismo. En la milicia nadie da nada hasta no haberlo dado todo. Creo que no es necesario dar más explicaciones. Son lazos que surgen de la compañía, de tener siempre la mano tendida porque la necesidad es constante. Necesidad para el alma que no otra cosa se echa en falta cuando la incertidumbre camina a tu lado.

El dinero y la riqueza hacen otro tipo de amigos. El dinero y la corrupción cuando se saben administrar sueldan fidelidades más firmes que el sentimiento de amistad, incluso más fuertes que el vínculo de sangre. Pero eso no es amistad. Para Aristóteles había diversos tipos de amistad y concluye que solo es verdadera amistad la que está basada en el bien y en la virtud. Dice en la Ética a Nicómaco que nadie querría vivir sin amigos, aun estando en posesión de todos los otros bienes.

He buscado y rebuscado la mejor explicación de amistad y de compañerismo. Está en el Credo de la Legión. Es una síntesis que ya quisieran haber escrito muchos filósofos. Pero fue Millán-Astray. Ningún tontivano se lo perdona ni admite que el fundador de la Legión sepa más y escriba mejor que ellos.

Espíritu de Amistad: De juramento entre cada dos hombres.

Poco más que decir. Dos hombres y un juramento. El secreto de la intimidad. Es el sentido de la frase de Cicerón: ‹‹No hay cosa más grande que tener a alguien con quien te atreves a hablar como contigo mismo››.

Del amigo sientes su necesidad, como tuya, la adivinas, no son necesarias palabras. Desde la distancia eres consciente del requerimiento. No hay pudor ni reservas en la intimidad de la amistad. Es entre dos hombres y nada hay más sagrado que su juramento. Cuantos que se dicen amigos deberían respetar más el profundo sentido de la amistad. Correr al lado de tu amigo cuando te llama la intuición de la necesidad. Sin que él te llame, sin que te implore, sin que se humille. Si así fuere no habría tanta soledad y sufrimiento. Cuantos hay que convierten la necesidad del amigo en mayor sufrimiento y humillación. Distingue amigo quien es tu amigo y quien tú enemigo.

Espíritu de Compañerismo: Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos.

No se ha escrito nada tan elevado, tan grande y difícil definición del compañerismo. Es tan compleja y a la vez sencilla que solo pueden ostentar la virtud del compañerismo quienes la han ejercido en ese momento crucial. Quien no ha abandonado a un hombre en el campo hasta perecer. Morir por el que ha muerto. No intenten entenderlo si no lo sienten, es incomprensible. Solo se entiende cuando no es necesario que se lo expliquen. Solo se entiende si se entiende. Una perogrullada. No es necesario estar en combate. Simplemente hay que estar en la vida, estar vivo y ver lo que te rodea.espiritu_compi

El compañerismo no examina ni analiza los afectos o simpatías. Es simplemente la compañía unida alrededor de una bandera. Es sublime vínculo que está por encima de ti mismo, mística del sacrificio. Hay ejemplos del compañerismo en combate. Muchos a lo largo de la historia. No sé si los hay en tiempos de paz y bonanza. Sé que hay mucho sufrimiento que no siempre se comparte en compañía. No es problema de dinero, aunque también lo hay, y mucho, es problema de compañía. No hay nada más duro en la vida que sentir la soledad y no saber a quién acudir. Más cuando tienes que humillarte por un salario, por una dignidad que en la petición crees perdida. No hay nada más digno que la honradez y la decencia, pero eso ni alimenta ni resuelve el problema del abandono.

Decía Romanones que los amigos suelen abandonarnos a la hora de las desgracias, pero que los enemigos nos siguen hasta la muerte.

Ojalá que nunca traicionemos la amistad ni al compañerismo. Para un soldado sería como perder el valor y el honor.

Si me preguntan les contestaré que echo de menos el honor, el valor y mucho más la amistad y el compañerismo. No solo en la vida militar sino en la vida.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

MORIRSE EN AGOSTO Rafael Dávila Álvarez

Nadie sabe ni el día ni la hora, pero en agosto es mucho más fácil que llegue; en silencio. Quizá ese momento no esté tan marcado como nos creemos y haya mucha dependencia de las circunstancias que te rodean. No se fíen de eso que dicen de que todo está escrito; procuren estar en un buen lugar y en las mejores manos. En agosto, que es una circunstancia, lo van a tener difícil y es mejor dejar a la muerte irse de vacaciones. La broma está siempre al lado de la tragedia.

Me cuentan la aventura. No daré coordenadas de mi amigo porque casi todas son válidas. Eso sí, conviene saberlo y que cada uno asuma lo que le corresponde: hablo de Madrid. Más datos no son necesarios porque se repiten, sea lugar privado o público.

En urgencias: horas. Te puedes morir, aunque sea un buen lugar para no hacerlo. Morir de aburrimiento es doloroso.  Diagnóstico: hay que ingresar, hacer más pruebas, pero no hay camas. Recorres el hospital y compruebas que camas hay, pero dentro de habitaciones cerradas, quizá porque hay mucho personal de vacaciones y no se ha contratado a quien les supla. Pasillos solitarios, habitaciones cerradas.

Después de la larga espera en una primera «urgencias» llega una ambulancia y le trasladan a otro hospital, donde dan comienzo nuevas pruebas, las mismas que en la urgencia anterior. No debe funcionar la tecnología o un hospital no se fía del otro. La espera también se prolonga: horas. ¿El diagnóstico?: el mismo. Aunque nadie dictamina nada. En el largo proceso de espera no se fijan en si el enfermo debe tomar algo o es ayuno absoluto por prescripción médica durante tan largas y solitarias horas, a pesar de la avanzada edad; ¿o es dejadez?

Al fin habitación. Cama y espera. Silencio facultativo. Nada. Entran y salen sanitarios sin noticias de nada. ¿Fulanito(a) cuántos años tienes?, ¿qué te pasa?, ahora te pasamos algo de cena… Hasta el día siguiente. Nada.

Tres días encamado(a) ¿será eso bueno?; no, no lo es. Pero es igual, nadie comprueba nada.

No es necesario entrar en detalles. La atención es mínima y mala. Es agosto y las vacaciones se notan. Todos parece que se van, huyen, mientras la muerte hace su agosto. Al menos la puerta queda entreabierta, entra y sale a su antojo. Un lugar de estos siempre trae un mal pensamiento: incertidumbre de la espera. Ya comprenden a quién. Hay edades en que se espera a la vez que se desespera.

¿Es mucho pedir que desde el triaje hasta el diagnóstico, y después, te acompañe la amabilidad y el consuelo?

Me cuenta mi amigo que esta vez todo ha salido bien y ya está en casa. El próximo verano se piensa ir a la ladera de un monte, más alto que el horizonte: quiere tener buena vista. A los atardeceres rojos se acostumbraron nuestros ojos…

Si sabes curar, cura; si no consuela y si ni lo uno ni lo otro: acompaña. Lo haré con mi buen amigo en la ladera de ese monte, como el recodo al camino.

Si. Ocupados, muy ocupados, estamos todos.

No hay nada escrito. Todo depende. De nosotros. Es urgente adentrase en las urgencias. La vida es eso: espera, soledad.

Decía Pascal: «La muerte es más fácil de soportar sin pensar en ella que el pensamiento de la muerte en ausencia de peligro».

No se mueran en agosto. Nadie les hará caso y sería como si no se hubiesen muerto.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

Agosto 2022