PODEMOS IMPARTE ENSEÑANZAS A LOS ALUMNOS DE LA ESCUELA DE ESTADO MAYOR DE LAS FUERZAS ARMADAS ESPAÑOLAS General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

 

<<Si conoces a tu enemigo y a ti mismo, en cien batallas no correrás peligro. Si desconoces al enemigo pero te conoces a ti mismo, las posibilidades de ganar o perder se nivelan. Si desconoces a tu enemigo y a ti mismo, estarás en peligro en cada batalla>> (El Arte de la guerra-Sunzi).

También se suele decir que el enemigo al ombligo.

A comienzos de los años noventa con el conflicto Bosnio en su punto álgido las tropas españolas allí destacadas se encontraron con una situación inesperada. Un miembro de la banda ETA, un etarra de unos 19 años, combatía en las filas del ejército Bosnio. Las tropas españolas a través de la embajada recibieron la orden de ir a un punto concreto a recogerlo para su expatriación a España. Para evitar cualquier tipo de altercado fue a recogerlo un oficial español al mando de un grupo armado de soldados. El etarra en cuestión estuvo retenido en el campamento español durante unos días. He tenido la oportunidad de hablar del tema con soldados que estuvieron muy cerca del etarra aquellos días. Era otro; arrepentido y engañado de lo que le habían contado. Le cambió la mentalidad al contacto con nuestros soldados.

Claro que tampoco debemos ser tan cándidos como para bajar la guardia. Clausewitz también sabía De la guerra: <<Almas humanitarias podrán concebir fácilmente que exista una inutilización, un desarme artístico del adversario sin causarle demasiadas heridas, y que tal sea la verdadera tendencia del arte de la guerra […] los errores que se dejan subsistir por benignidad son, precisamente los más perjudiciales>>. Vamos que, en román paladino, en esto de la relación con tu oponente en la guerra tonterías ninguna, y que no te fíes ni del compañero de pareja.

El curso de Estado Mayor en las Fuerzas Armadas es el doctorado de la milicia. Se convierten los oficiales diplomados en los principales asesores del mando y le proporcionan los elementos de juicio y datos necesarios para fundamentar sus decisiones.

La guerra hoy es un complejo arte que abarca disciplinas antes insospechadas. Todo tiene que ver con la guerra, con una guerra que convive con nosotros, con nuestra cotidianidad. Ello exige del oficial de Estado Mayor una inteligencia y especial perspicacia. No es fácil conocer al enemigo y menos conocerse a sí mismo.

Hay que aprovechar cualquier oportunidad.

En España el curso de Estado Mayor está considerado de altos estudios de la Defensa Nacional y se desarrolla en la Escuela Superior de la Defensa (ESFAS) dependiente del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN). El perfil de ingreso es muy exigente y mayor aún el de egreso. Es uno de los cursos de mayor prestigio en España y en el ámbito de otros ejércitos del mundo. Su duración es de nueve meses y  tiene por finalidad complementar la capacitación del militar de carrera para el desempeño de los cometidos de asesoramiento y apoyo a la alta dirección en los órganos superiores y directivos del Ministerio de Defensa y de los organismos internacionales de los que España forma parte, así como de los estados mayores específicos, conjuntos y combinados. En el año 2015, siendo Pedro Morenés ministro de Defensa (Partido Popular)  se aprobó el Real Decreto 339, de acuerdo con la Ley de la Carrera Militar,  que regulaba la normativa y su integración en el sistema educativo general. En su desarrollo se aprobó la colaboración con la Universidad Complutense de Madrid para que esta impartiese un ciclo de conferencias durante el desarrollo del curso y la Universidad lo asignó al departamento de Ciencias Políticas y Política Pública.

Como consecuencia es la Universidad Complutense la que designa los conferenciantes que acuden a esta Escuela sin intervención alguna de la ESFAS.

Ha llegado el escándalo cuando un miembro del partido político Podemos, Juan Carlos Monedero, profesor de Ciencias Políticas en dicha facultad, aparece en la Escuela de Estado Mayor a dar la conferencia a los alumnos. Todos nos echamos las manos a la cabeza. ¡¿Cómo es posible?! Su charla llevaba por título Gobernanza. Ahí es nada. ¡Uf! Si lo oye Hacienda…

Las explicaciones son las que les he apuntado: es la Universidad Complutense la responsable de designar a los ponentes sin que el CESEDEN tenga nada que objetar. Bien…, o mal. Así son los hechos. ¿Intención? La hay y mucha. Mala claro. Me cuentan que el señor Monedero estuvo correcto y solvente. Nada que ver con el fundador de Podemos y aquella página web del malintencionado <<no a la guerra>>. Nada que ver con el asesor de Chávez y Maduro, y nada que ver con el de las cuentas con Hacienda. Sabe donde se juega el partido. Dicen y dicen, pero hay que decir que la risa va por barrios y tanto monta como monta tanto. Que sí, que unos y otros, que unos por acción y otros por omisión, que aquí nadie se salva de la quema y que lo mejor es hacerse el tonto, pero no serlo. Los partidos políticos van a su partido y nada saben ni quieren saber de aquello que se aleje de sus intereses de partido. Y todos están en la jugada.

No nos escandalicemos por cualquier cosa.

<<Un general debe conocer la mentalidad de su oponente, o al menos debe procurarlo. Por esta razón, siempre llevé conmigo durante la guerra de Hitler alguna fotografía de mi oponente. En el desierto, y nuevamente en Normandía, mi oponente fue Rommel; solía yo estudiar su rostro para ver si podía sondear su probable reacción ante cualquier acción que yo pudiera desencadenar; en cierto y curioso modo esto me ayudó […] El estudio de los jefes adversarios ha sido siempre una necesidad perentoria>> (Historia del Arte de la Guerra. Mariscal Montgomery. Vizconde del Alamein).

No seamos impulsivos ni inocentes. Sepamos donde se juega la final y estemos preparados. Ese es el momento que nos interesa. Estemos vigilantes.

Mientras tanto no debemos desperdiciar ninguna oportunidad. Para conocer a nuestro oponente; que no ponente. 

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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23 enero 2019

El estado de la Nación Melitón Cardona. Embajador de España

El hecho de que detente la Presidencia del Desgobierno del Reino de España un sujeto de la talla intelectual y moral de Pedro Sánchez es una anomalía que deriva de un diseño constitucional poco cauteloso, por decirlo finamente; ahora bien, dialécticamente puede representar un punto de inflexión en la pendiente por la que se desliza el devenir de nuestra Nación; de ahí que considere que cuanto más se empecine el personaje en su afán narcisista de permanencia más promoverá una reacción contraria que le relegará, más pronto que tarde, a la historia de la infamia política de nuestro país, porque ese arquetipo de mediocre encumbrado es capaz de hundir a su propio partido con tal de seguir disfrutando de las prebendas de un cargo al que ha llegado por la puerta de atrás gracias al apoyo de los enemigos de la Nación sin que ni uno solo de los escasos diputados de su partido haya tenido la decencia de renegar de una componenda que acabará condenándolo a la irrelevancia, algo que desafía las reglas elementales de la supervivencia y que se compagina más con las del suicidio político.

Se trata de un caso patológico de egocentrismo, propio de un personaje mediocre que se ha dejado subyugar por los atributos de un poder al que no ha llegado en virtud de un veredicto electoral sino en el de una irrelevancia y debilidad que conviene, y mucho, a quienes le apoyan precisamente por eso.

Es tan patética la actuación del personaje que favorece objetivamente los intereses de aquellos a los que desalojó del poder, hasta el punto de haber posibilitado la emergencia de un partido político hasta entonces irrelevante que hoy está en condiciones de alterar sustancialmente y por mucho tiempo el panorama político nacional.

Al final habrá que agradecerle a ese doctor cum fraude en economía pero cum laude en cursilería ese infantilismo narcisista, carencia de principios y chulería barriobajera que constituyen su inigualable contribución a la reacción imparable de la España auténtica y sensata.

Melitón Cardona. Embajador de España.

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22 enero 2019

PONGA UN MILITAR EN SU PARTIDO. YO ME OFREZCO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

En algún momento escribimos un artículo que parecía un anuncio, una oferta: ponga un militar en su mesa. Ya saben: bodas y bautizos. Una especie de esmoquin de alquiler, un uniforme militar con el personaje dentro.

Para una boda, un bautizo -cosas así-, que prestigian el evento, le dan categoría y mola cantidad. ¿Que quieres un general de uniforme de diario?: tanto; ¿que lo quieres de uniforme de gala?: tanto más; de etiqueta con condecoraciones y faja la cosa sube un poco, como si lo quieres de testigo que es lo más caro.

-Sí, es un tío lejano de mi marido, pero muy querido en casa. Es general… Con esa explicación quedas muy bien y se comentará que tienes un tío muy importante en la familia.

En una boda queda de tronío sentar a un general con sus entorchados en la mesa principal.

Pero aquello no tuvo éxito y cerramos la empresa.

Ahora la cosa va de partidos políticos. Buscan militares para sus listas. Habrá que ofrecerse. Mientras más rango mejor. Que tenga éxito no lo sé. Además hay que andarse con cuidado. Tenemos el ejemplo de que cuando un partido político te quiere para exhibirte como la antítesis del militar, lo opuesto al ser militar, pasa lo que pasa, que no te vota nadie. Te llevan de un lado para otro a ver si cuela, pero nada. Que la gente tonta no es. Un militar está para representar lo que es y no lo contrario. Tenemos recientes pruebas en España del fracaso que eso supone.

El estadounidense general Mattis, un tipo duro, general de los Marines, era ministro de Defensa con Trump. Claro que el general leía a Marco Aurelio, siempre llevaba consigo Las Meditaciones, y debió meditar su marcha de la política cuando vio que aquello era peor que la guerra. Firmeza en sus creencias. La política es tentadora, pero un soldado tiene principios…; y fin.

A mí también se me insinuaron desde un conocido partido político. Fue en aquellos momentos cuando me di cuenta de mi valía y la gran carrera política que tenía por delante. Ocurrió cuando las elecciones municipales; las últimas. La oferta fue tentadora. Todavía no sé como la rechacé. Me dijeron que me daría prestigio a mí y a la lista de candidatos del partido. Lo del prestigio me sonó raro. Un soldado solo gana prestigio en las batallas. Pero en fin la vida es batalla y pensé en ello. El prestigio para el partido y para mí consistía en ir el último en la lista de los candidatos en un ayuntamiento importante próximo a Madrid; repito, el último, ese que, aunque ganen, a él no le queda hueco. ¡Uf! Pensé en mi prestigio y vi que aquello no era lo mío, siempre me gustó ir en vanguardia. A pesar de eso que dicen: los últimos serán los primeros. Yo no lo veo. Les hice la contraoferta de ir de candidato a presidente del Gobierno que me parecía más sencillo, o un puestecito en Europa, o asesor de…, que se paga bien. Pero no; yo estaba llamado a ser el último de la lista. Así que la cosa no cuajó y desde aquel día he visto que tenían razón y mi prestigio está por los suelos; el del partido casi, casi tanto como el mío. ¡¿Cómo pude renunciar a aquel puesto de tanto prestigio?! La verdad es que el partido político en cuestión no ha vuelto a levantar cabeza en ese ayuntamiento. Yo tampoco. Puede que si hubiese aceptado ellos hubiesen ganado las elecciones y yo prestigio. No he vuelto a ser tentado por ningún partido y ya que lo siento. Han debido pensar que soy un desagradecido y que me creo alguien. Estoy triste y desconsolado porque hoy en día si eres general y ningún partido político se interesa por ti es que no eres nadie. En fin a ver si después de este articulo alguno lo lee y todavía tengo hueco en alguna lista sin necesidad de ser el último de la misma. Es que lo del último me da que no lo voy a aceptar.

Bueno, y si no siempre me queda el consuelo de decir aquello: <<Haga usted como yo y no se meta en política>>,  que atribuían a Franco.

Mejor me quedo como estoy, y más si voy a ser el último de la lista, aunque me queda la duda. ¿Será verdad que los últimos serán los primeros? Como les decía hace unos días, la guerra es la continuación de la política por otros medios. No sé muy bien que quería decir Clausewitz, pero por ahora prefiero la guerra que es más noble.

Heráclito decía que el oráculo de Delfos ni dice, ni oculta, sino da señales. Le he consultado. Sigo esperando la señal. Mientras, si hay algún interesado en mi persona para su partido político puede ponerse en contacto conmigo. No es seguro que acepte, pero me harán feliz por un rato.

La oferta está hecha. Gracias.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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7 enero 2019

THE “BRITISH FAMILY” (BF) Aurelio Fernández Diz Capitán de Navío (R.)

Escribo aún bajo la emoción que recientemente me causó la primera ministra británica, Theresa May, cuando públicamente  declaró, con motivo de su accidentado Brexit  y en su relación con Gibraltar, que estaba dispuesta a defender con gran determinación y  amor maternal, como era su obligación,  a su  “british family”. Ante lo que los españoles  podríamos preguntar: “and, what about the  “spanish family” (SF), señora May.?  ¿No merece ninguna consideración ni respeto alguno?

La “BF” es muy grande. Y está mundialmente dispersa y  formada, curiosamente, no solo por personas sino principalmente por territorios. Desde Gibraltar hasta Chipre, en el Mediterráneo,  o desde Gibraltar   hasta  las Georgias del Sur, en el lejano y frío  Atlántico Sur, pasando por las islas  Malvinas, los  habitantes de estos territorios no son británicos, o al menos genuinamente  británicos, como sí lo son, en cambio,  los territorios que habitan. Este destacado, y no desinteresado, amor británico en el cuidado de su “BF” hubo de sufrir un doloroso quebranto  cuando los habitantes de Hong Kong, ¡pobrecitos ellos!, fueron abandonados a su suerte en manos de las autoridades comunistas chinas para evitar muy probablemente daños irreparables a la “BF” metropolitana. ¡Hasta ese punto  podríamos  llegar! Más vale prevenir, cuando el amor maternal no puede ser incondicional y, sobre todo, cuando los territorios son más importantes que las personas que los habitan aunque muchas veces se declare lo contrario, con notable hipocresía.

La “BF” que  la señora Theresa May tanto ama, se ha ido creando por sedimentación de las posesiones que los británicos han ido afanando a lo largo de la Historia con un  indisimulado interés por lo ajeno. La  Constitución británica, no escrita,  se basa en los usos y costumbres de la sociedad británica. Y he aquí que debe de ser esta circunstancia la que cauteriza su espíritu hasta no darse cuenta de que, al menos hoy , en el siglo XXI,  no  pueden quedarse con lo que no es suyo, como el Reino Unido hizo en tiempos pasados, por mucho que sean hoy,  o hayan sido ayer,  sus usos y costumbres. Pero es un hecho cierto que la Constitución británica, al menos en todo lo que se refiere a las relaciones internacionales, parece bendecir o justificar lo que no debe.  Que el famoso pirata Drake haya sido sublimado y  reconocido hoy como Sir Francis puede ser  un significativo indicio de la realidad que trato de describir.

Muestra del Friso del Partenón en el Museo Británico

Alguien preguntó a una destacada personalidad británica  por qué no devolvían a sus legítimos propietarios la parte (casi el 50%) del friso  del Partenón que tan bonito luce en el Museo Británico de Londres. La respuesta fue muy sencilla: no podían hacerlo porque esa  bella parte de la joya arquitectónica griega, por otro lado patrimonio de la Humanidad, estaba calificada como botín de guerra. Justificación hoy completamente anacrónica e inaceptable.  Dicen que fue un emperador otomano, que entonces dominaba Grecia, el que vendió o, quizá mejor, saldó sus deudas con   los ingleses, o compró sus favores, entregándoles  el friso y otras importantes  obras de arte  sin ser su  legítimo propietario.

Esta interpretación es particularmente dolorosa  para nosotros los españoles, porque el hecho colonial británico en Gibraltar no fue el resultado de ninguna batalla perdida sino el simple arreglo de cuentas entre un rey Luis francés y una reina Isabel  inglesa  que, cansados de guerrear y gastar su dinero en ello, decidieron parar la contienda y que fuesen otros los que pagasen los platos rotos. Emulando la prodigalidad del emperador otomano el rey francés pagó a los ingleses con lo que no era suyo. España se vio así  obligada a hacer frente a los costes de un caro  almuerzo con el que se gratificaron dos exquisitos comensales (olvidándonos de Holanda) sin que nadie  le diese siquiera una oportunidad de participar en la elección del menú.

Surgió así el Tratado de Utrecht  de 1713. Este Tratado es el único documento que justifica la presencia británica en tierra española y  está  todavía  en vigor , y a él debemos de atenernos, a pesar de los inconfesables deseos del insoportable y lenguaraz ministro principal de Gibraltar, señor Picardo, que, por otro lado , merece nuestros respeto por haber sabido mostrarse durante las negociaciones del Brexit mucho más activo, inteligente  y sagaz, en la defensa de sus intereses, que nuestros ministros de exteriores en la defensa de los  suyos.

Desde aquella fecha todo parece indicar que, en el concepto británico,  siempre habrá de corresponderle a España poner la mesa, servir los cafés, a ser posible de rodillas,  y pagar la cuenta. Y sin rechistar, como algunos preclaros analistas le aconsejan  a España desde un  conocido real instituto domiciliado en nuestra capital que los alberga, por ser  ello lo mejor para nuestros  intereses, dicen los malvados. ¿A quién se le habrá podido ocurrir tamaño dislate? Mercancía podrida. Recompensa oculta.

Fragata Nuestra Señora de las Mercedes. La Habana 1786

Pero volvamos a la historia. Los reyes españoles nunca vieron con buenos ojos el trabajo de los corsarios y menos nuestra Reina Isabel, la grande, la católica. Por eso apenas la practicaron. Hay algo de perverso en este tipo de  guerra donde el corsario puede llegar a confundir sus propios intereses con  la defensa de los del país que le concede  la patente, y que también recibe su parte del botín. Hay una muy tenue separación entre piratas y corsarios.

Pues bien. En 1804 la fragata Nuestra Señora de las Mercedes fue atacada a su regreso de tierras americanas por un almirante inglés, no sabemos si mas pirata o mas corsario, pero  que debía de conocer muy bien los tesoros, públicos y privados, que en ella se transportaban. También viajaban en la fragata  muchas familias que perdieron su vida con la de la tripulación  cuando fue hundida muy cerca de su destino. En total 249 personas muertas nos puedan dar una idea de la gravedad de la acción pirata. El almirante inglés, esclavo  de su codicia, se olvidó no solo de las personas inocentes que navegaban en la Mercedes sino también de  que la Gran Bretaña, en el momento del ataque, no estaba en guerra con España. Lamento escribirlo con tanta crudeza  pero creo que los ingleses no distinguen  el bien del mal cuando de apropiarse del patrimonio de los demás se trata. Tal cosa hicieron cuando usurparon  la zona del istmo en nuestro Gibraltar, con la disculpa de un epidemia, o cuando, en fechas mucho más recientes declararon como propio un mar territorial que de ningún modo puede pertenecerles, según el Tratado de Utrecht, y que abarca la mitad de la Bahía de Algeciras, ante la inconcebible pasividad del gobierno socialista de Rodriguez Zapatero.

Es cierto que los acontecimientos del pasado no deben de ser juzgados ni interpretados según los criterios del presente. Pero es que nuestro drama consiste precisamente en eso: el Reino Unido de la Gran Bretaña muestra en Gibraltar los mismos afanes depredadores de los que hizo gala en el pasado. O sea, la historia se repite ante nuestros ojos y es esto lo que hace más insoportable e inaceptable para  los españoles el hecho colonial inglés.

Yo recomendaría a la señora May mucha  prudencia y contención  en la  defensa de su “BF”, porque una “SF” herida injustamente puede reaccionar muy en contra de los intereses que, en Gibraltar, trata de proteger. Porque para España, sea cual sea el resultado del Brexit, podría ser suficiente con cerrar la verja que separa ambos territorios españoles. O concederle al señor Putin, que no es tan malo con nosotros como muchos piensan, una base naval en Ceuta o en alguna montaña más cercana. O sea, señora May, si quiere defender a su “BF” como se merece  devuélvanos Gibraltar a los españoles y podrá verse recompensada con su generosa ayuda en la defensa de sus legitimos intereses estratégicos en el Estrecho.

Aurelio Fernández Diz. CN (R.) Foro de Pensamiento Naval

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18 enero 2019

Nubarrones en el horizonte de la colonia militar de Gibraltar. Ángel Liberal Fernández, Capitán de Navío (R.)

Hace unos quince años, las entradas en Gibraltar de las fragatas y destructores de la Royal Navy (RN) se contaban por docenas; aprovechaban los tránsitos hacia o desde las zonas de operaciones en el Mediterráneo o en Oriente para hacer escala en Gibraltar; otras veces, se pasaban largas temporadas en las zonas de ejercicios del mar de Alborán que consideraban suyas. Su lista oficial de buques tenía entonces 31 unidades de este tipo. En 2018 se redujo a 19 unidades y sólo hubo 8 entradas.

Ahora, además de sufrir las consecuencias de la disminución de buques de la RN, tanto ésta como  Gibraltar van a verse afectados por las decisiones que tomó el gobierno británico hace ya unos años, agravadas por el Brexit.

En 2007, el ministerio de Defensa (MoD) británico sufrió una reducción presupuestaria que llevó a los militares a replantearse su presencia en el Peñón, lo que causó gran preocupación en la colonia. Uno de los puntos del acuerdo al que llegaron para evitar la retirada fue que el gobierno local se haría cargo de varios centenares de trabajadores que hasta entonces dependían del MoD y también, que se haría la transferencia a las autoridades del territorio de las instalaciones logísticas que no fuesen puramente militares como la central térmica, la red de distribución eléctrica, las potabilizadoras de agua del mar y su red de distribución, el almacenamiento y distribución del combustible, talleres etc. Incluso los gastos del aeródromo de la RAF serían compartidos entre el gobierno local y los militares. La permanencia del Reino Unido (RU) y de España en la Unión Europea(UE) permitía el enriquecimiento de Gibraltar.Actualmente los británicos pagan  los consumos pero no las instalaciones industriales, lo que supone para el MoD el ahorro de un gasto importante, a pagar por Gibraltar. El coste anual de la base es de unos 70 millones de libras, salarios incluidos.

En 2018 los buques de la RN ya no hacen tantas escalas como antes. Se ha reducido su presencia en los mares y ya apenas se les ve por el de Alborán: alguna fragata y submarinos de propulsión nuclear averiados o haciendo ejercicios, alguno catastrófico.

Tantos años como «base imprescindible para la defensa de Occidente» y ahora se ven dedicados principalmente a la Inteligencia acústica submarina y al espionaje telefónico y radio. Se comprende la desazón que se cierne sobre Gibraltar cuando ven pasar de largo a los barcos de guerra frente a punta Europa, incluso británicos que entran en Málaga en vez de hacerlo en el Peñón; ya conocemos el desorbitado nivel de irritación al que llegan si se trata de barcos rusos que entran en Ceuta.

El caso es que en 2007, el MoD decidió poner el futuro de la base en manos de la economía local y ahora, por la muy democrática decisión del pueblo británico, el RU está a punto de abandonar la UE, arrastrando a Gibraltar.

No parece que el futuro de la economía británica se presente muy brillante por las consecuencias del Brexit. Si llega a ocurrir, tendrán que «reajustar» sus gastos, incluidos los de Defensa. Pero es que peor le va a ir a su colonia, por mucho que los dirigentes políticos locales traten de animar a la población, aterrorizada por su dependencia de España y de la fluidez del tránsito por la verja para las personas, los bienes y los servicios.

Hoy por hoy, la economía de Gibraltar se basa en lo que denominan «centro financiero», el turismo, las apuestas on-line, el tabaco y el aprovisionamiento de buques. Todos ellos están subordinados a las condiciones impuestas por la UE pero además, tanto la subsistencia de la población local como los cuatro primeros citados dependen en gran medida del tránsito por la verja, especialmente en lo que se refiere al personal que trabaja en esos pilares de la economía. El abastecimiento local de víveres, medicinas, material de construcción etc., podrán hacerlo por barco pero a un coste mayor. Su almacenamiento posterior será otro problema muy serio.

Así pues, lo que hizo el MoD en 2007 fue poner la supervivencia de la base en manos de las autoridades españolas y su capacidad para controlar adecuadamente el tránsito por la verja.

Como es habitual, ya están los colaboradores españoles de Gibraltar clamando por el mantenimiento del paso por la verja en sus condiciones actuales, pase lo que pase con el Brexit. Si le va mal a la economía local, y todo apunta a ello, no tardarán en adelgazar las «nóminas» de esos colaboradores por lo que es de esperar que sus protestas irán decayendo. Incluso es posible que el proceso se acelere una vez perdidos los apoyos con que Gibraltar contaba en Sevilla.

Para proteger sus intereses militares en el Peñón, los británicos incrementan sus contactos bilaterales con los militares españoles y refuerzan su presencia hasta niveles llamativos en los encuentros políticos.

No parece probable que este o cualquier otro gobierno español vaya a esforzarse por asegurar la supervivencia de la base militar dando balones de oxígeno a la economía local, ni siquiera facilitando el libre tránsito por la verja sin control alguno de los sedicentes 8.000 trabajadores españoles convertidos en rehenes por Gibraltar. El tránsito por la verja, lo quieran o no, tendrá que ser de acuerdo con los tratados firmados por España con la UE.

Cuando la economía de Gibraltar esté en los niveles previos a la entrada de España en la UE será el momento de preguntarse hasta qué punto el contribuyente británico está dispuesto a sufragar esta base militar para tan poca presencia naval. Y subvencionar a la población, que los fines de semana sale «huyendo» a Sotogrande etc., y que sirve como excusa para justificar la presencia británica como Potencia Administradora. Todo ello por mucha Inteligencia que se obtenga desde el Peñón y mucho control del tránsito de submarinos por el Estrecho que, no lo olvidemos, hacen con la ayuda de los norteamericanos.

Ángel Liberal Fernández, Capitán de Navío (R.)

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17 enero 2019

¿Derecho a la secesión? Melitón Cardona. Embajador de España

Asamblea de Naciones Unidas

He publicado numerosos artículos desmontando el mito del derecho a la autodeterminación o secesión de las entidades enmarcadas en regímenes democráticos. Las Resoluciones 1514 (XV) y 2625(XXV) de la Asamblea general de Naciones Unidas son concluyentes porque únicamente se refieren los “pueblos sometidos a dominación colonial”.

La ONU ha desmontado la farsa independentista catalana

Hoy me limitaré a reproducir los aspectos que considero más relevantes del discurso pronunciado en el Instituto Universitario Europeo en Florencia, el pasado 15 de octubre, por Stéphane Dion, quien fue ponente de la Ley de Claridad en la Cámara de los Comunes de Canadá.En ese discurso, propuso una explicación de por qué no consiguió el Gobierno catalán que la comunidad internacional y, en particular, la Unión europea reconociera su declaración unilateral de independencia, afirmando que “si la comunidad internacional la hubiera reconocido, el hecho no hubiera tenido precedentes ya que ningún Estado creado por secesión unilateral ha sido admitido en Naciones Unidas contra la voluntad del Gobierno del Estado predecesor porque según el Derecho internacional, los Estados tienen todo el derecho a considerarse a sí mismos indivisibles y nada puede obligarles jurídicamente a reconocer declaraciones unilaterales de independencia. En el caso de Cataluña, cada vez que se invoca el derecho de autodeterminación, equivalente al de secesión, debe aclararse que tal derecho no existe en Derecho internacional (salvo para los pueblos sometidos a dominación colonial, añado yo). Como mantenía el antiguo Secretario General de Naciones Unidas, Butros Butros Gali, “si cada grupo étnico, religioso o lingüístico reclamara su independencia como Estado, no habría límites a la fragmentación, y sería aún más difícil lograr la paz, la seguridad y el bienestar económico para todos”.

Stéphane Diom

“Si un Gobierno democrático decide considerar la secesión como posibilidad, debe garantizar que se cumplan dos condiciones: primero, que el deseo de separarse sea claro y sin ambigüedades y, segundo, que no se lleve a cabo unilateralmente, sino dentro del marco jurídico y buscando la justicia para todos, ya que el principio subyacente a la indivisibilidad del Estado democrático es el derecho a la nacionalidad. Todos los ciudadanos tienen derecho a su plena pertenencia al Estado y el de transmitir esa nacionalidad a su descendencia. Ningún grupo de ciudadanos, incluso cuando reivindican que forman un pueblo o nación, pueden permitirse apartar de su país a otros ciudadanos”. Este es el aspecto que me parece más original de la aportación de Dion al debate sobre el supuesto derecho a la secesión.

Pese que ni un solo Estado reconociera la quimérica e inviable república catalana, los actuales dirigentes de la comunidad autónoma de Cataluña siguen empecinados en que “votar no es delito” y en exigir una “solución política” (que significa “al margen de la ley”). Harán bien en mantener al Presidente del Desgobierno en la Moncloa el mayor tiempo posible porque es previsible que cuando lleguen gobernantes decentes se queden sin republiquita y, para colmo, sin autonomía, con las innumerables mamandurrias que conlleva.

Melitón Cardona. Embajador de España

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15 enero 2019

ANDALUCÍA: PUEDE QUE AL GRITO DE ¡ESPAÑA! VUELVA ESPAÑA (Con permiso del PP-VOX- ¿CIUDADANOS-PSOE?) General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Puede que aún no hayamos sido capaces de entender lo que acaba de ocurrir en Andalucía.

Puede que sea lo más importante que ha sucedido en España desde que se inició el proceso independentista, y eso fue hace muchos años.

Puede que algunos partidos políticos, de repente, azuzados por el grito de ¡España! se hayan dado cuenta de que con España no se juega.

Puede que por primera vez desde que empezó la democracia, el pueblo español, la infantería de a pie, se haya dado cuenta de la importancia que tienen.

Puede que los de infantería se den por enterados de que si quieren y aprietan, las filas y las ideas, los partidos políticos se vean obligados a hacerles caso, a no mentir más, a dejarse de resolver problemas inexistentes, a crearlos, y de una vez por todas piensen en España y los españoles.

La Caleta. Cádiz

Puede que casi sin darnos cuenta, de repente, en Andalucía, un nuevo amanecer se vislumbra por Cabo de Gata, el que esperan en la playa de La Caleta.

Puede que <<Al olmo viejo, hendido por el rayo/y en su mitad podrido/con las lluvias de abril y el sol de mayo/algunas hojas verdes le han salido>>.

Puede que suene, y resuene, de nuevo, el grito de ¡España! que parecía que a alguno avergonzaba, y hasta puede que recuerde tiempos aquellos que  siempre en lucha desigual/ cantan tu invicta arrogancia/ Sagunto, Cádiz, Numancia, Zaragoza y San Marcial…

Puede que un grupo de personas alrededor de la idea de España hayan sabido atraer la voluntad de vencer al separatismo, la voluntad de tantos españoles que aborrecen la política de nuestros políticos y solo quieren ser bien gestionados, los recursos, las personas, unidos, y ese partido al que nadie miraba, de repente está ahí, y puede que siga ahí, y entonces se vuelva a hablar de España. Y los otros partidos le vean las orejas al lobo.

Puede que el partido, aquel otro partido, el que se perdió, que tanto se parecía y últimamente no se parecía, nada de nada, haya dicho ¡¿pero a dónde vamos?! Y haya mirado (a los balcones) aquí y allá, se haya visto solo, muy solo, y allí a lo lejos unos que gritaban lo que ellos antes gritaban y juraban. Y hayan dicho: nos hemos equivocado. Y entonces hayan pactado. Los de antes quieren volver a ser lo que eran, porque unos que eran como ellos ahora son ellos y dicen lo que ellos antes decían. Y ha ocurrido lo que tenía que ocurrir. Que Andalucía pone en pie España y dice palante, que ya está bien de mangantes. Y salga el sol por Antequera y por Menorca y Barcelona, que se ponga por dónde Dios quiera, pero por tierra española.

Hay más partidos y equipos en esta liguilla. Puede que los tibios, de algún otro partido, se echen a un lado u otro dependiendo, pero cuando ya no dependan… ¡amigo!, ¡cuando ya no dependan! A ver solitos donde llegan. Tendrán que aclararse y aclararnos sus ideas.

Puede que aquellos que eran, también eran, y fueron durante muchos años, mucho fueron, se den cuenta de que cada día son menos y que son ellos los que la han liado parda y solo ellos. Tendrán que dar cuenta y pagar su deriva a ninguna parte. Tienen culpa por su mal ejemplo; y los hechos, y de tanto sonreír se han quedado en mueca, sí, son la mueca de lo que eran; ahora ya no son nada.

Puede que esto de Andalucía sea lo que viene para el conjunto de España, un aviso, un estudio sociológico serio y no de esos que hace el CIS. y los profetas de la voluntad votante. ¡Que vuelve España!

Puede que eso haya pasado en Andalucía: puede que pueda volver España.

Puede, puede y puede. Por ahora gracias a Andalucía y a la generosidad de unos y otros que, por una vez, y esperemos que haya muchas más, España está por encima de todo y de todos, incluso por encima de los intereses de partido.

Puede que sirva de ejemplo a todos. Aprendan que ante el enemigo independentista solo queda unirse y luchar por España.

Puede que cada uno regrese a su sitio, a España, por fin, todos al margen de sus diferencias tengan claro que ahora hay que luchar por la unidad de España.

<<Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se apercibirá a la batalla?>> (I Corintios, 14:8)

Hay que dejarlo claro, con la verdad por delante, que se entienda el mensaje.

Puede que al grito de ¡España!, vuelva España. Porque si no hay una España no hay España.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

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14 enero 2019