LA MUERTE DE FRANCO. ALGUNOS HECHOS DESCONOCIDOS. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

MOLA-FRANCO en BurgosEn julio del año 1974 con motivo del ingreso del Caudillo en el hospital por una flebitis se aplica por primera vez el artículo 11 de la Ley Orgánica del Estado de 1967 y el Príncipe de España, Don Juan Carlos de Borbón, asume las funciones del Jefe del Estado. Un momento delicado. Aquellos días los ojos de ciertos personajes empezaron a bizquear; mientras un ojo miraba a El Pardo y sonreía, el otro miraba a La Zarzuela y hacía una mueca. Faltaba, acababan de asesinarlo, quien jamás dudó, quien siempre miró de frente, el intérprete fiel y justo de la voluntad de Franco: el Almirante Carrero Blanco.Franco con Carrero Blanco

Y se notaba. Se notaba en el ambiente enrarecido de aquel Madrid que tomaba posiciones. La realidad del Príncipe Don Juan Carlos, en la que algunos nunca creyeron, se materializaba definitivamente. Hubo intentos para volver a jugar con las cartas marcadas que el Almirante descubrió en su momento, pero no se atrevieron.

El 9 de agosto de 1974 Don Juan Carlos preside el Consejo de Ministros. El primero de su vida. Lleva unas notas manuscritas con varios puntos a destacar. Lee, antes de comenzar la parte formal del Consejo, y lo hace recordando la figura de Franco:

IMG_20151116_100020‹‹Conocéis mejor que yo su gran personalidad y su obra. Pero quiero resaltar una característica suya que, a lo largo de su vida ha sido enormemente significativa y que está por encima  de todos los elogios o de todas las críticas que pudieran hacerse, y es, la serenidad con que ha afrontado todos los problemas que se le han presentado. En esta serenidad, está la clave de la confianza que en él tiene el Pueblo [sic] español. Esta Fé [sic] en su persona es fruto del acierto en las resoluciones, pero también de la tranquilidad en los momentos difíciles. Esta cualidad es la que Hoy [sic] más que nunca, debe presidir las decisiones, pues estoy seguro que será la clave del éxito en las etapas que se avecinan››.

Significativos subrayados y mayúsculas.

Aquello fue como un ensayo. Sirvió para probar los mecanismos de sucesión y ver las reacciones de unos y otros. También fue un susto, aunque breve. Las razones para asustarse, las de unos y otros, eran diferentes. Unos bizqueaban de El Pardo, otros, menos, de La Zarzuela; el Pueblo en mayúscula, como lo escribió el Príncipe, estaba en su sitio, el más sensato. Todo duró algo más de cuarenta días. Están por escribir.

Jueves 30 de octubre de 1975. La situación es muy distinta

-¿Qué tengo?

Pregunta Franco. Se hace un eterno silencio. Desconcierto, ¿quién responde?

-Ha padecido usted un infarto de miocardio y, además, una complicación intestinal grave.

Franco se queda en silencio. Después, emocionado, dice con energía:

Artículo 11; que se aplique el artículo 11!

Franco dejaba de ser Jefe de Estado.

Hace ahora cuarenta años.

Así lo cuenta su médico de cabecera, el doctor Vicente Pozuelo Escudero, en el libro: ‹‹Los últimos 476 días de Franco››.descarga

A las tres de la madrugada del día 2 de noviembre la hemorragia se agudiza. Franco pasa el día en la cama de su dormitorio, sondado, medio inconsciente. Por la tarde hay un momento en que entre la sonda y la faringe un coágulo le impide respirar. Se lo extraen pero no se puede detener la hemorragia. Hay que operar, urgente, no hay tiempo. El Regimiento de la Guardia de SE. está pegado al Palacio y en su botiquín hay un quirófano que nunca se ha usado como tal. El equipo médico consulta a la familia y deciden el traslado a aquel vetusto quirófano.

Muchas historias se han contado sobre el traslado de Franco. Lo que escribo es fruto de lo vivido por los que allí se encontraban y participaron, en uno u otro nivel, en los acontecimientos de aquellos largos días. Se lo contaré a grandes rasgos.

Tomada la decisión se llama al Regimiento y todo se pone en marcha. Son aproximadamente las nueve de la noche. Un Simca1200 ambulancia, con matricula del Ejército de Tierra, sale hacia Palacio. De su interior, el conductor y algunos escoltas, extraen una camilla de lona que suben a la habitación de Franco. La colocan en el suelo, junto a la cama, y cogiendo los extremos de las sábanas ensangrentadas bajan a SE. hasta depositarlo en la camilla y trasladarlo entre cuatro hombres hasta el vehículo ambulancia. Franco va entubado, inconsciente, pálido, y sangrando por la comisura de los labios.

Se ha ordenado cortar el suministro eléctrico en El Pardo y Mingorrubio, colonia donde viven los Guardias del Regimiento; toda la energía la necesita el quirófano.

38414934Primer y grave problema: el foco del quirófano lleva una clavija para enchufarlo tipo americano y los enchufes de la pared son de tipo europeo. Jamás se había probado. Son ya más de las diez de la noche. Se busca en la ferretería de El Pardo un adaptador. Pasa el tiempo, llega gente, todos preguntan. Están los Príncipes de España, los primeros, pendientes, inamovibles del lugar. Doña Carmen espera en Palacio. El equipo médico habla, discute y espera. Llega el material quirúrgico y… el adaptador para el foco. Aquel quirófano solo disponía de material digno de museo. Falta de todo, incluso para extraer la sangre que inunda al enfermo durante la operación se utiliza una jarrita de acero inoxidable de la cafetería del Regimiento. De El Pardo a Madrid no para de ir y venir un vehículo con plasma y suero. Es el conductor de este vehículo el que lleva al doctor Hidalgo Huerta a su domicilio una vez finalizada la operación. En el trayecto le pregunta sin rubor:

-¿Doctor, como está el Caudillo?

Regresa el conductor de dejar al médico y, rendido, se sienta en un banco, en la puerta del botiquín. No se da cuenta que hay dos personas sentadas junto a él; son los Príncipes de España.

-Perdón Altezas.

-¡Siéntese, por favor! Tiene que estar agotado. ¿Qué le ha dicho el doctor?, pregunta la Princesa.

-Señora, me ha dicho que tenemos Caudillo solo para cuarenta y cinco minutos.

Durante la operación había llegado una ambulancia de la Seguridad Social, una Dogde Dart, para el traslado de Franco a Palacio. Está helada por dentro y durante un buen rato los escoltas intentan calentarla utilizando secadores del pelo.

Todo, lo más parecido a una intervención en campaña. Eso sí, con más de veinte especialistas en aquél reducido botiquín. Los médicos sabrán. A las doce y media la operación había terminado. Franco era trasladado de nuevo a su cama en Palacio.

Después llegaron días de tensa calma, en cualquier momento se podría precipitar el desenlace. No fueron 45 minutos los que sobrevivió a la operación como dijo el doctor Hidalgo Huerta, aunque él sabía muy bien lo que decía.

La vida política en España se detuvo y algunos de sus más activos personajes quedaron aparentemente desconcertados  y desconcertantes. Entre bambalinas, hombres del segundo y tercer nivel lograron acuerdos y pactaron sosiego. En el primer nivel era más difícil.

En todos los organismos de la Administración llevaban tiempo funcionado las llamadas  ‹‹Plataformas Democráticas›› de funcionarios – con más o menos visto bueno- y empezaron a dar señales de actividad con reuniones, cambios de punto de vista y actitud a tomar. En estas plataformas estaban desde Directores Generales a simples funcionarios.

El día 5 de noviembre el estómago de Franco vuelve a sangrar. En la mente de todos está el dantesco espectáculo de la noche en el botiquín del Regimiento. No se puede volver a repetir semejante espectáculo. La situación se convierte de nuevo en un acto de vida o muerte. Una ambulancia le lleva a la Ciudad Sanitaria de La Paz donde directamente entra en el quirófano. Tres días después de vaticinar que le quedaban cuarenta y cinco minutos de vida, Franco estaba de nuevo en manos del doctor Hidalgo. Eran las cuatro de la tarde. Madrid se convertía en el centro de las noticias del mundo. Pero en la Ciudad Sanitaria de la Paz el espectáculo era folclórico. Curiosos, periodistas, médicos amigos de…, gente que se tenía que hacer ver, todos hablaban y difundían lo que no sabían, como si  de primera mano fuese su información. Solo una cosa era segura: Franco se moría. También se supo que el que allí mandaba era su yerno, el doctor Martínez-Bordiú.

Está sedado pero consciente. El día 12 entra a verle Carlos Arias Navarro. Franco se da cuenta, no abre los ojos. Le ha molestado. No quiere ver a nadie. En cualquier caso nunca le gustó Arias Navarro. Fue un remedio impuesto por circunstancias personales y la debilidad de los últimos momentos.Carlos_Arias_Navarro_and_Franco_1975

El día 15 de nuevo aparece la hemorragia. Una peritonitis gravísima. Vuelve al quirófano y a las manos del doctor Hidalgo.

La mañana del día 16 el Príncipe recibe la noticia: la situación es irreversible. Está en fase terminal.

Los siguientes días hay una gran angustia. Máxima tensión que produce fuertes discusiones, acusaciones y gestos torcidos. Ya no solo se piensa en la muerte de Franco sino en la posición a ocupar cuando fallezca. El día 18 ya está absolutamente inconsciente y el 19 se corre por Madrid que Franco ha muerto.

A las seis y doce minutos del día 20 el ministro de Información y Turismo, León Herrera leyó el comunicado con la muerte del Caudillo.

El uniforme de Capitán General del Caudillo

La noche del día 19 los escoltas de doña Carmen estaban, como siempre, en los sótanos/garajes del hospital de La Paz. Fue una sorpresa para ellos ver a doña Carmen que llorando se acercaba a ellos. Sin intermediarios, directamente, de manera insólita, doña Carmen entra en los garajes y se dirige a su jefe de escolta:

-Vayan a El Pardo y recojan una caja que allí les entregarán.

Era el uniforme de capitán general de gala del Caudillo, la mortaja. Aquella noche, sobre las 2200 horas el uniforme llegó al hospital de La Paz. No debía, ni podía, haber indiscreciones hasta el momento acordado.

Franco dejaba de ser Jefe de Estado.

el-sueldo-de-francoDefinitivamente.

Se establece la seguridad de la muerte a las 5,25 del día 20. El doctor Vicente Pozuelo firma el certificado de defunción a las seis de la mañana. Absoluta discreción, tanta que la duda sigue rodeando las horas, algunos hechos, y así seguirá para siempre.

 

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

(Artículo publicado en 2015 en actuall.com y en este blog)

Blog: generaldavila.com

20 noviembre 2017

 

VISUS MILITIS “MÁS DE LO MISMO” General de División de IM. (R.) Juan Chicharro Ortega

Ya quisiera el viejo soldado apuntar su mirada a los muchos y variados asuntos que se producen en el mundo todos los días, más el peligro que se cierne sobre nuestra Patria, como consecuencia del proceso revolucionario que se vive en Cataluña, no da opción a dirigir el esfuerzo principal de nuestra acción a otra cosa que no sea la defensa de la unidad de España.

Lamentablemente  el  éxito obtenido al abortar el golpe de estado habido mediante la aplicación del artículo 155 de la Constitución, con la finalidad de revertir el orden constitucional en Cataluña, queda minorizado al contemplar esta situación con un aspecto provisional y desde una perspectiva meramente política.

En cualquier clase de guerra, sea esta convencional o subversiva, hay un principio básico de actuación que no es otro que la explotación a fondo de cualquier éxito obtenido de forma implacable, como única forma de alcanzar una victoria completa impidiendo que el enemigo se rehaga. Francamente no parece que sea esta la situación en la que nos  encontramos.

Asistimos atónitos ahora a movimientos de repliegue del proceso secesionista con el beneplácito de la opinión pública y del propio Gobierno de la nación.

Sería conveniente que los responsables del mantenimiento del orden constitucional aprendieran algo de los diferentes procesos revolucionarios/subversivos habidos en la historia y comprendieran que nos encontramos ante la pura táctica del “baile del minué”: dos pases adelante y uno atrás.

Todo indica que tal y como se desarrollan los acontecimientos seguiremos asistiendo a más de lo mismo.

Juan Chicharro Ortega

General de División de IM. (R.)

Blog: generaldavila.com

BANDERITA TÚ ERES ROJA, BANDERITA TÚ ERES GUALDA… General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

No retiréis la Bandera de los balcones y ventanas. Todavía hace mucha falta… ¡Que siga España de rojo y gualda!

No la retiréis todavía: ¡Mostradla!

Esperad a que se vuelva a amar a España y a que nadie nos obligue a bajar la voz para gritar: ¡Viva España!

Que la vean los niños, y los abuelos les enseñen a jurarla con un beso por Dios y por ella: por España.

Blog: generaldavila.com

15 noviembre 2017

“Lo que va de un auto a otro” Melitón Cardona (Embajador de España)

La Justicia en España

Lo que va de un auto a otro en la Audiencia nacional y el Tribunal supremo es lo que va de va de la firmeza a la tibieza, de la convicción a la relativización y, en definitiva, de la justicia a secas a la justicia acomodaticia.

He leído por tres veces atentamente el auto de la magistrada Lamela de la Audiencia nacional y el del Magistrado Llarena del Tribunal supremo; si el primero me ha parecido impecable en el fondo y en la forma, el segundo me ha dejado el mal cuerpo de aquellos que, impecables en el fondo (aunque no en la forma por reiteración de errores ortográficos y sintácticos graves) concluyen con una incongruencia indigna del razonamiento de fondo, lo que no es de extrañar en un estamento judicial en el que la jerarquía de sus miembros no depende de una instancia independiente como sería la de la cooptación, sino que deriva de la voluntad de un Consejo del Poder judicial políticamente mediatizado.

Así, el magistrado Llarena considera que el alzamiento “violento y público” que contempla el artículo 472 del Código Penal es imputable a los acusados, lo que es de agradecer; lo razona impecablemente admitiendo que “la querella destaca los numerosos vestigios que existen de que se infiltraron muchos comportamientos agresivos” de la que los querellados aparecen como responsables necesarios; señala el papel “medular” de la Sra. Forcadell, como Presidenta del Parlament de la Comunidad autónoma de Cataluña por “el liderazgo que ha ostentado en cada una de las fases del proceso” y su empecinamiento en desatender los requerimientos del Tribunal constitucional y, sin solución de continuidad, se marca sorprendentemente una parte dispositiva en la que acuerda “la prisión provisional, eludible mediante prestación de fianza de 150.000 euros” para la responsable de los hechos gravísimos (el más grave, el intento de secesión de la Comunidad autónoma cuyo Parlament preside del Estado del que forma parte y deriva su propia legitimidad) que el propio Magistrado considera acreditados.

Soy incapaz de comprender qué puede llevar a un Magistrado del Tribunal supremo a adoptar una decisión tan ligera y contradictoria en un supuesto de hecho tan grave: prefiero no formular hipótesis que me sumirían en el desconcierto o la indignación.

Los antiguos romanos despeñaban desde la Roca Tarpeya a los reos de traición, pero los actuales magistrados españoles se limitan a decretar la libertad provisional a quienes a la hora y media de disfrutarla proclaman en las redes sociales sentirse orgullosos de haber defendido la libertad de expresión del Parlament, “seu de la sobirania nacional” sin que sean capaces de ordenar su reingreso en prisión siquiera por el riesgo de reiteración delictiva que el día anterior no han querido apreciar.

Patético finis Hispaniae de la mano de politicastros y sus magistrados paniaguados.

M. Cardona. Embajador de España

Blog: generaldavila.com

14 noviembre 2017

 

 

 

 

 

EL ALCÁZAR DE TOLEDO Y LA TÁCTICA. Salvador Fontenla Ballesta. General de Brigada (retirado)

El Alcázar de Toledo resiste

Se dice que las batallas y las guerras las ganan los que menor número de errores cometen. Es evidente, en este caso, que fueron los defensores los que menos errores cometieron, y que los asediadores cometieron muchos y graves. Es decir, solo la ineficacia de las fuerzas del Frente Popular impidió la rendición del Alcázar, porque sin esa ineficacia la defensa no habría tenido éxito, aunque lo hubiera hecho muy bien, que lo hicieron.

 La voluntad de vencer.

Los defensores siempre tuvieron una acendrada voluntad de vencer. El Alcázar era como un blocao rifeño, donde fuera de él no había esperanza, solo muerte y barbarie. Las masacres con los defensores rendidos del Cuartel de la Montaña, Alcalá de Henares, Guadalajara, etc., eran más que elocuentes para disuadir de cualquier debilidad.

La heterogénea fuerza que se abalanzó sobre Toledo no sabía lo que era voluntad de vencer, ni falta les hacía ante tan menguada fuerza oponente, y con la euforia de las fáciles victorias precedentes.

No supieron valorar debidamente al enemigo, porque el Alcázar, por su posición dominante, características arquitectónicas y calidad moral y profesional de su guarnición, tenía la condición de una posición fuertemente organizada.

 De objetivo táctico a estratégico.

La pequeña guarnición encerrada en el Alcázar no constituía una amenaza seria para el Frente Popular, porque no tenía capacidad ofensiva y estaba excéntrica sobre cualquier vía de comunicación. Sin embargo ante las expectativas de un triunfo fácil, el mando político lo convirtió en un objetivo estratégico, por su valor propagandístico nacional e internacional.

El Alcázar de Toledo: Un objetivo estratégico

La fuerte carga simbólica del emblemático Alcázar en la ciudad imperial de Toledo, cuna de la Infantería del Ejército que acababa de disolver, y supuestamente defendida por cadetes, lo equiparaban al asalto del Palacio de Invierno por los revolucionarios rusos, que eran su modelo. Fue el antecedente del error crónico del Ejército Popular, que siempre se dejó fijar por objetivos secundarios, como en Brunete, Belchite y otros.

La sorpresa.

El error más grave de los defensores del Alcázar, que le pudo costar muy caro, fue la falta de acumulación de municiones, víveres y agua. Milagrosamente todas estas deficiencias se corrigieron en el último momento, pero desconociéndolo los asediadores, les hizo perder un tiempo precioso, a la espera que se rindieran en breve plazo de sed y hambre.

Concentración de esfuerzos.

El asalto al Alcázar, como posición fuertemente organizada y con defensores aguerridos y dispuestos a luchar hasta las últimas consecuencias, hubiera sido costosísimo. Si estimamos en 1000 el número de combatientes de la defensa, los asaltantes directos no podían bajar de 4000 con apoyo de zapadores, y una vez entrados en el recinto, combatir cuerpo a cuerpo entre las laberínticas ruinas, seguramente a un coste inaceptable.

Aunque nunca intentaron un ataque formal, sino asaltos a la ligera, con un balance de bajas siempre muy favorable a los defensores, aunque estos no podían reponerlas y los asaltantes entonces eran inagotables.

Les faltó concentración de esfuerzos, para la conquista por la fuerza del Alcázar, la artillería la tenían que haber concentrado para abrir una brecha en la fortaleza, en el lugar que se considerase más idóneo. Quizás en el sector sur, donde no había prácticamente desnivel del terreno y las posibles bases de partida podían estar muy próximas al Alcázar. Sin embargo la artillería dispersó sus fuegos para tratar de demoler el edificio, consiguiendo solo hacerlo más inexpugnable.

La disciplina de fuegos de los asediados fue excelente, quizás porque de la necesidad hicieron virtud, mientras que no se puede decir lo mismo de los asediadores, que fue un derroche inútil.

Las minas.

El empleo de las minas fue inexplicablemente erróneo, a pesar de ser hechas por mineros y contar los asediadores con todos los medios humanos y técnicos necesarios. Los cálculos los hicieron mal, y con ellos la creencia que serían resolutivas, llevando al ridículo internacional a su máximo mando político, presente con todos los medios de prensa. Sin embargo, un modesto teniente de transmisiones entre los asediados, con la información extraída de la biblioteca de la Academia, hizo los cálculos correctos: delimitó bien la zona afectada por la explosión, puso a salvo a la guarnición, que pudo reaccionar en el momento y lugares oportunos.

La amenaza del sur.

Los críticos de Franco consideran que fue un error desviarse de la marcha sobre Madrid, para liberar el Alcázar. Sin embargo ignoran que, por las mismas razones, por qué tantas fuerzas del Frente Popular (incluida la artillería) se empeñaron y fijaron en el Alcázar, de escaso valor táctico, en vez de hacer frente a la amenaza del sur, que cada día que pasaba era más fuerte y estaba más próxima. El valor estratégico del Alcázar se lo dio el gobierno del frente popular, y de ahí también la importancia de su liberación.

¿Madrid objetivo prioritario? Este era el objetivo estratégico del director del Alzamiento, general Mola, pero fracasado en los primeros días, es evidente que Franco no lo consideró así, porque como objetivo prioritario se iba difuminando con el tiempo. Por eso Franco, antes de dirigirse a Madrid con todas las fuerzas disponibles (concentración de esfuerzos), dio prioridad a:

  • Enviar compañías de la Legión, por vía aérea, para defender Granada asediada.
  • Tomar Badajoz, excéntrica sobre la dirección de marcha, para no dejarla a retaguardia, y apoyarse en la frontera de Portugal.
  • Enviar fuerzas selectas (regulares y legionarios) para liberar Oviedo, y al frente de Aragón para detener la ofensiva anarquista, en cuanto enlazó con el Ejército del Norte
  • La toma de Toledo le permitió apoyar su flanco sur en el obstáculo del río Tajo.

 Conclusión

El asedio y liberación del Alcázar evidenció la ineficacia táctica (que no represiva) de las milicias armadas de las organizaciones políticas y sindicales. Impulsó la creación del Ejército Popular de la República (EPR), a semejanza del Ejército Rojo soviético, incluidos los comisarios políticos, de más que dudosa eficacia, como lo demuestra que la URSS los suprimió ante su colapso en la invasión alemana del año 1941.

La superioridad táctica del Ejército Nacional fue reconocida por A. Rodes Jaulín, comisario de guerra del Ejército del Este del EPR, en el informe que emitió en diciembre de 1937: Seamos sinceros. De los pocos militares valiosos que España ha producido, los mejores y casi todos, por no decir todos, están en el otro lado.

Salvador Fontenla Ballesta. General de Brigada (retirado)

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13 noviembre 2017

Comentario del día EL “ORO” DE PUERTO HURRACO General de Brigada Adolfo Coloma Contreras (R.)

ORO

¿Pueden imaginar que, para resumir un lúcido y amplio período en la historia de España como el que estamos viviendo, alguien se le ocurriera hacer un retrato de Puerto Hurraco, pedanía de Benquerencia de la Serena, provincia de Badajoz, el domingo 29 de agosto de 1990, cuando dos hermanos de la familia Izquierdo, la emprendieron a escopetazos con la familia rival, los Cabanillas y como resultado perdieron la vida 9 personas y 12 resultaron gravemente heridas?

Pues esta es la impresión que he sacada tras asistir al estreno (6 personas en la sala en un multicine de Madrid) de la película “ORO”, del director español Agustín Díaz Yanes. Se trata de un mal y tardío remake de “Aguirre o la cólera de Dios”, que tanto dio que hablar en la década de los 70, obra del cineasta alemán Berner Herzog, uno de los creadores del denominado nuevo cine alemán caracterizado por la exaltación del antihéroe.

Confieso que iba ilusionado a este estreno por tres razones: Un intento de quitarme el mal sabor de boca que, como cine histórico español, me había dejado la película “1898, los Últimos de Filipinas”. Su director, Díaz Yanes, con dos premios Goya y muchísimas nominaciones. Pero sobre todo, el hecho de que figurase en el elenco técnico mi admirado Arturo Pérez Reverte, como guionista junto con Díaz Yánez, aparte de ser el autor del relato corto sobre el que se basa la película.

Lo que les digo. Una total decepción tan solo paliada por el buen hacer de alguno de los protagonistas y un cuidado vestuario. La película discurre permanentemente entre dos caudales que fluyen a raudales: el agua de una lluvia que no cesa y les hace caminar por regatos  infinitos; y la sangre, que brota de la rabia y de las entrañas de todos y cada uno de los personajes.

No hay lugar para  el sosiego, ni el consuelo de la religión, ni un atisbo de disciplina, ni el recato que puede imponer una dama y su criada en tales circunstancias, ni un mínimo de raciocinio que no sea la codicia del oro.  Y sí, codicia la hubo en la conquista como arrojo en los conquistadores ¿Pero hemos de reducir, nosotros los españoles, obra tan gigantesca como fue la Conquista de América a esa simplificación tan surrealista como falaz?

No, querido Arturo. Esta vez no. He leído y disfrutado de todas tus obras, especialmente las que tratan de las miserias y las glorias de los soldados, en cuya piel te metes y nos metes a los lectores con una facilidad pasmosa. No hay lenguaje en esta obra, ni el del bravo del siglo XVI con el que ocupaste brillantemente tu sillón en la Real Academia, ni la jerga del “puterío de cubierta” al que nos acostumbraste en la Sombra del Águila o en Cabo Trafalgar. Esperaré con paciencia a tu próxima creación, pero esta vez, no. No me leeré tu relato “Oro”.

No se molesten en ir a ver la película.

Adolfo Coloma

GB (R) del ET

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12 noviembre 2017