FIRST WE TAKE MANHATTAN Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

¿Tú qué te has creído? Para rojo el mío

Valor 1. Centenario de la Legión española. La ministra de Defensa dice pertenecer a la familia legionaria. Lo cual la emparenta con Millán-Astray  y con Franco. Mira por donde ha encontrado su vena legionaria y hasta franquista. En una familia hay de todo. Quizá por eso el presidente del Gobierno ni mu (no onomatopéyico) de felicitación. Hombre poco le hubiese costado decir eso de ¡Feliz Aniversario! ya que no había que soplar las velas. Pues mu (onomatopéyico en este caso).

Valor 2. Aprovechan y el judicial se va a Roma con el rey Balta, el cazador cazado, en el aeropuerto, haciéndose el tonto, algo imposible, llegó al límite, ya fue expulsado del poder (de poder por ser) judicial por prevaricación y ahora ya es difícil esconderse. Que la fiscala es general y del Estado eso nadie lo duda. Cinco estrellas, pero mau.

A continuación va Navajas y la lía más. Navajas, fiscal que significa averiguar o delatar operaciones ajenas. ¡Anda, claro! Afiladas albaceteñas por errores en el dictado, y mira que le dijeron que libertad se escribe con b y navajas con v, y no al revés. Con v lo escribían los comunistas cuando la pedían para Carrillo detenido en Madrid y quería acercarse a Paracuellos donde tenía un primo. ¡Livertad! ¡Livertad!, gritaban aquella navidad del 75. Como ahora: con v de victoria.

Valor 3. Torra pretende prohibir a los <<mierdaleños>> aterrizar por su Cataluña natal, y entonces queda por tierra, mar y aire, la indecisión de si a Valencia por el Mediterráneo o, después de Teruel, el Ebro. Es la guerra de siempre, la Norte-Sur que acabó por tragarse a Madrid.

Valor 4. Madrid es el paso siguiente. Duele Madrid. El presidente Sánchez, el Pretendiente, ahora pretende eso. Y se ha dado un paseo por Sol, ha cruzado su puerta y ha entrado a Gobernación, desde donde Azaña proclamaba <<la proclamación>> y donde tantas cosas. Parece que le ha gustado: ¡Hay que echar a Ayuso! Con elegancia. Desde allí anunciaba Azaña que <<no se ha ido; le hemos echao>>. Poco tardó en cruzar de Mayor a Arenal, a Oriente.

Después iremos a por el otro Palacio.

Cantaba Leonard Cohen: First we take ManhattanUn sutil matiz que diferencia al elegante agitador del burdo patán callejero.

Ayuso puede contar los días o se los contarán.

Valor 5. Hay una cosa que se llama Observatorio sociológico sobre la percepción ciudadana de las actividades, planes y programas del plan de cultura y conciencia de defensa. Traduzco el quehacer del interminable organismo: nada. Parece ser que de vez en cuando no solo pregunta, sino que interpreta. Esta es su labor: nada.

Pregunta en 2019:

—En relación a la imagen que transmiten las Fuerzas Armadas y los militares ¿qué aspectos considera negativos o mejoraría?

Interpreta:

<<La disciplina y la jerarquía, así como los distintos rangos o empleos se consideran como una falta de democracia. En el caso de la disciplina, se ve negativo que sea acrítica y que se convierta en obediencia ciega. Se critica también el corte de pelo, el uniforme de la Legión y en general los uniformes por ser demasiado militares>>.

Esto es cultura. En especial del que pregunta.

Así educamos en valores.

First we take Manhattan, then we take

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

22 septiembre 2020

 

 

20-IX-2020 CENTENARIO DE LA LEGIÓN. General Dávila (R.) General Jefe de la Legión entre 2001-2004

 

100 años de Legión.

Mínima celebración en la sede de su Mando Institucional: Base Álvarez de Sotomayor (Almería), Brigada de la Legión “Rey Alfonso XIII”.

La “familia legionaria” ausente. La fecha merecía un esfuerzo por lograr la oración unida de todos los legionarios en el homenaje a sus muertos. Televisión Española está para otras cosas (?). Aunque la ocasión lo exigía.

Ni son todos los que están, ni están todos los que son. Cosas de la pandemia. Dejémoslo ahí.

Es de agradecer al Rey Don Felipe que, a pesar de las circunstancias, haya querido que “algo se haga en este señalado día” y estar presente en el Aniversario. Al entrar en la Base se encontrará en bronce la figura de su bisabuelo, el Rey Alfonso XIII, que preside el Acuartelamiento de la Legión y que fue colocada en lugar preferente por ser el impulsor de su creación y el que estampó su firma en el Real Decreto fundacional.

También es obligado el recuerdo al Rey Don Juan Carlos por el respeto profundo y el amor que siempre tuvo a esta unidad. Gracias a él la Legión salió indemne en situaciones muy delicadas donde hasta su existencia se puso en juego.

El acto de hoy es sencillo y merecido: El 20 de septiembre fue la fecha elegida por su fundador, general Millán-Astray, para conmemorar su nacimiento. Día en que se alistó el primer legionario. Significativa elección. Lo español era Tercio; lo importante y trascendente: el legionario.

La Legión se ha hecho centenaria. En ella han servido quienes todo lo han dado y no han recibido nada. No disponemos de la cifra de alistados hasta el día de hoy. No importa. Son Legión.

Sabemos el escalofriante resumen de su generosidad: 9.722 muertos, 35.000 heridos, mil desaparecidos. Cerca de 46.000 bajas. Su bandera luce siete laureadas de San Fernando y doce medallas militares colectivas. Sus héroes: veintitrés laureadas de San Fernando y 211 medallas militares individuales. Nada para tanta entrega. Hay muchos más. Incógnitos todos. Nadie aspire a saber quiénes son. «Legionarios a luchar, legionarios a morir». Contraseña y resumen de cien años.

Quienes los hemos mandado quedamos marcados por ellos. Por su ejemplo de entrega y valor. Por su humildad. Para siempre. Quisiéramos ser como ellos.

Que nadie intente saber quienes son. Héroes incógnitos todos.

Honor a nuestros muertos. Son los que nos guían y su ejemplo vale más que todas las Laureadas.

¡Legionarios a luchar! ¡Legionarios a morir! No olvidemos que para eso se fundó la Legión. Lo otro lo pueden hacer otros, incluso mejor.

Feliz Aniversario. Felicidades Legionarios.

General Dávila (R.) General Jefe de la Legión entre 2001-2004

 

 

NADIE ASPIRE A SABER QUIEN SOY YO. LA LEGIÓN DE BRAULIO

Este es un relato apócrifo, lo que no significa que sea falso. De su origen sé poco y de su época menos. No sé casi nada, pero me gusta. Tal y como me ha llegado lo publico. Braulio y yo nos hemos entendido. Ustedes hagan lo que quieran, pero les rogaría que lo leyesen. Es de un legionario, eso es seguro.

 

Introducción

A modo de introducción, que no hace falta.

No se puede saber a ciencia cierta la época del legionario escribidor, ni en qué años estuvo en la Legión; que a lo peor ni estuvo y se lo han contado, porque sabe tanto que no se sabe si todo será suyo.

Yo sí fui legionario, no hace mucho, aunque estuve poco; lo suficiente para ver, oír y vencer. Vencerme a mí mismo, después contar lo que vi y oí; puedo contar, pero nunca aspiréis a saber quién soy yo.

Lo mejor que me pasó fue encontrarme a Braulio, que no lo conocí, pero sí estuve con él porque, en un lugar no desvelable, encontré lo que había escrito, que es lo que aquí figura. Solo firmaba Braulio, sin fecha ni huellas del tiempo, y apareció, en el acuartelamiento de la Legión donde yo estaba, mientras hacíamos zafarrancho en unos altillos, entre palomas y una pareja de lechuzas que allí anidaba. De todo esto hace una eternidad. Ayer o cosa así. Eran unos papeles envueltos en plástico, que puede ser una pista, escritos sin una sola falta de ortografía. Ordenada redacción, las palabras en formación de combate, clara e intencionada sintaxis. No sé por qué escribiría Braulio ni para quién, pero como las cosas son como son y no como figuramos que son, si yo encontré los papeles es que eran para mí y si yo los doy ahora a conocer es que eran para más gente y así, hasta Dios sabe dónde llegarán. El caso es que los he tenido guardados durante mucho tiempo y ya casi no me acordaba de Braulio.

Aburrido ante la pantalla del ordenador de cuando en cuando pongo en el buscador La Legión y le doy al intro o enter, o a la flecha esa, y esta vez me salió un general que se llama Dávila, que había mandado la Legión, que escribía de todo y para todos. Total que me dije voy a buscar aquello que me encontré un día, y le dije ¡eh Braulio, sal de ahí!, y saqué de un cajón muy cerrado, de siempre cerrado, aquellos papeles y los volví a leer; y allí seguía Braulio. Como el general escribía, y debe leer mucho, y publica cosas que le mandan sobre el próximo Centenario de la Legión me dije: se lo mando y que él haga con Braulio lo que quiera. Podía habérselo mandado por el correo del ordenador, pero no me parecía justo enviar a Braulio por ese camino tan peligroso como rápido, así que lo metí en su sobre, le puse un sello del Rey y para el general, y el caso es que le llegó y yo no sabía donde vive el general. Pero le debe conocer el cartero, porque Braulio entró en su casa, con taconazo y todo. A ver si le gusta, se conocen, se reconocen, y hasta lo publica, aunque eso mejor que lo hablen ellos, como los dos son escribidores seguro que llegan a un acuerdo.

Además a mi me parece que lo que escribe Braulio es muy interpretable y se necesita un hermeneuta, que a lo mejor el general lo es.

Bueno pues yo se lo mando; y se lo mandé; y que él vea lo que conviene hacer.

Y podía haber sido como la inquisición porque no he contado que todo lo que sacábamos de los altillos lo teníamos que llevar al centro del patio para hacer una hoguera y quemarlo todo, todo, todo, hasta los libros y las banquetas, y unas ropas viejas que había, hasta el nido de las lechuzas, todo quemado, así que yo sin saber que era Braulio, cogí aquellos papeles, sin sacarlos de su plástico, y los guardé en el bolsillo, ese grande del lateral del pantalón verde sarga; y nadie lo vio, no hubo hoguera para Braulio y hoy puede decir que sigue con nosotros como ayer, que de eso hace una eternidad.

Sé de Braulio que aún vive en cualquier parte, donde le dejan, caminos y plazas públicas. No sé mucho más. Tampoco lo necesito, no voy a preguntarle de dónde viene y adónde va. Eso es cosa suya, que aquí la identidad es bandera y solo importa lo que a partir de ahora se haga. Lo que fue nada importa, que es su vida anterior. Ayer no existe y mañana tampoco.

Pues esto es lo que dejó escrito Braulio, y no desvelo nada que él no quiera, porque ya he dicho que si ha llegado hasta mí, y a quienes lo lean, será porque él quiere, que como no quiera les aseguro que no lo lee nadie.

Así que yo lo mando y que sea lo que Braulio quiera. Y, por supuesto, el general, o sea vuecencia.

Que hable Braulio. Estas son sus palabras.

 

1.- No es lo que era

Acostumbra a repetir que aquellos tiempos fueron mejores. El viejo legionario, suele recordar y quedarse allí, en sus momentos, como irrepetibles, auténticos: esto ya no es lo que era antes. Dicen que eso le dijo el primer legionario en alistarse al segundo. Cada uno dice y no deja nunca de decir. Aquí en la Legión se dicen muchas cosas y ninguna es tontería, que hay gente de Oriente y de más allá, de Etiopía, de distintas clases y cada uno sabe una cosa que el otro no sabe y así entre unos y otros se hace legión de cosas y saberes. Yo sé de Libia, de Las Guayanas, como de Alemania, y si me preguntas de Cuba, como si fuese mi casa, que todo, de uno y otro sitio, me lo han contado los que son de allí.

Para cada uno su tiempo fue el mejor. Hacen bien: fueron los suyos, sus tiempos, su tiempo, la vida de uno es única y sin igual. Además es verdad. Que esto nada tiene que ver con aquello. Como tiene que ser. Cada uno con su tiempo; sin falsas adaptaciones. Porque pienso que pensar es libre y ahí nadie se mete, así que yo pienso en mis tiempos, que ya lo de ahora es solo esperar.

Fueron otros tiempos. ¿Para mejor o peor?, no lo sé ni me pregunte, que yo ya voy a lo mío. Soy legionario, antiguo, viejo, fui padre veterano, en su momento aquel, pero sigo siendo legionario, que ser, es lo único que he sido, y sé mucho de eso y a lo mejor poco, depende de la peña que me pregunte y las ganas que tenga de contestar. Aquello que entonces vi y lo que veo ahora, de aquello y esto, todo  revuelto, me pasa que más que pensarlo, lo siento. Por eso es recuerdo. Y no sé yo si las cosas del sentir son iguales que las del conocer. Nunca se puede tenerlo todo y a un mismo tiempo, cada cosa tiene el suyo. Hay muchos tiempos y casi los he alcanzado todos.

Me llegaron los años, todos, pero a pesar de ellos acompañaré a los que combaten para exhortarlos con consejos y palabras, que tal es la misión de los ancianos. Las armas las blandirán los jóvenes, que son más vigorosos y pueden confiar en sus fuerzas.

He visto mucho y he aprendido de todo; de lo bueno y de lo malo se aprende; y conocido también.

Siempre estamos con las mismas, que si antes que si ahora.

Estaría bueno que haya que dar explicaciones. A mí nunca me las dieron; ni por qué atacaba allí y no en otro lado, qué más da, ni por qué vigilaba este y no aquel lugar, que si por la derecha, que si por la izquierda, media vuelta ya-media vuelta ya, firmes o descanso, ya viene el pájaro, retreta o fajina; nada más, cumplir y nada más; nada más necesitaba que la corneta para saber lo que debía hacer; esa corneta era un libro, mejor que los heraldos de voz sonora, y bueno estaba yo como para pensar que si esto o que si lo otro, con lo mío ya tenía suficiente, a obedecer y no hay más. A la corneta.

En la Legión nadie da explicaciones de nada; solo las del servicio y muy breves. Tú paquí, tú pallá, por aquí no pasa ni Dios, vigila ese chamizo, vete a esto y a lo otro, o a lo de más allá, no quiero que se mueva ni una mosca, rápido, rápido, deprisa, más rápido, ¡firmes como velas! Te lo explican o te lo gritan, pero una sola vez, o ninguna, que aquí no hemos venido a perder el tiempo, así que a funcionar como si llevases toda la vida. El servicio es sagrao; se cumple y no hay más. En combate o guarnición a cumplir.

¡Fuego! ¡Al asalto! Aquello sí que gustaba, aún cuando ya no podías ni con las botas. Se lleva peor lo de guarnición. La Legión es combate, acudir al fuego, de donde venga. Y todas las cosas son para eso. Las otras cosas, esas son de uno, a nadie le importan. Que dicen que digan, que piensan, que piensen, qué más da. Aquí hay de to y se es de todo, se ve de to, y lo que se oye, de todo, pero nadie se asusta de nada. Príncipe o rufián, noble o plebeyo, alto o pequeño, honrado o descuidero, guapo o feo, malencarado o simpático, trovador, poeta siempre y todos, para los adentros, todo menos cobarde se puede ser. Es la peña, que hay de todo en ella, ¡y como dios!; nadie se mete hondo en lo tuyo si estás cerrao. Eso es tuyo y no hay más que hablar. Ahora que si quieres contar, abrirte, pues puedes en canal, siempre hay alguien que te escuche. Y ni mu, sellada la boca pa siempre. ¡Por estas! No se va con chismes de uno y otro que tos tenemos pa no parar de contar; ¿y a quién le interesan?

Queda anclada la vida en eso: ser legionario, en haber sido legionario, Caballero legionario o legía, que nos da lo mismo. Pistolo no, que eso es otra cosa, ni mejor ni peor, distinto. De todo lo que te pasa solo se te agarra aquello: ser legionario. El resto, pues olvidado. ¿Qué tendrá aquello? Lo otro que te pasa fuera de ser legionario casi que deja de contar. Parece que solo fue la Legión tu vida, nada más hubo ni pasó. Todo lo que quedó fue Legión. Por eso lo de ahora nada tiene que ver con aquello; entonces sí que era duro, ¡la Legión!, eso, ¡tela!, queda pa siempre. Con cuidado, como todo, que muchos te echan en cara que ellos han estado no sé qué pilas de años en la Legión y que por eso son más legionarios que nadie. Pues no, y eso que yo estuve en activo legionario más de diez, pero es igual, el que lo es, con media hora le llega. Había uno llamado Federico, que le llamaban el Grande, que decía que sus mulos habían estado en muchas guerras y fregaos, pero nunca dejaron de ser mulos. Yo podía dar algunos nombres de esos y de algún mulo legionario que para mí lo quisiera.

La decadencia de la Legión puede llegar no porque el servicio sea penoso, pesadas las armas del Credo, o porque los premios nunca lleguen y la disciplina sea muy severa. Pa mí que la decadencia, si llega, será por todo lo contrario. Cuando esto se haga más débil y facilón -pues en verso- adiós legión. O es dura, muy dura, brava e insoportable, que luego se soporta bien, o esto deja de ser Legión. Así fue y que así siga siendo. Aquí todo te lo deben, pero nada te van a pagar, así que a espabilar y a ser legión. Dura y disciplinada Legión, distinta a todo, ni mejor ni peor, solo Legión.

Caballero legionario Braulio

2.- Aquella Legión

No digo que ahora no lo sea, no quiero decir eso. Que lo es, Legión. Y me gusta que lo sea, y verlos de verde, maqueaos, chulos y envalentonaos, voceros, muy jóvenes son, y cuadraos; llenos de tralla por el pecho, Bosnia, la onu, Irak, Malí, Afganistán, de todos lados. Nosotros éramos poca cosa, pero…, a la hora del cornetín, ¡legionarios a luchar…!, como corríamos las lomas, con el chopo y la ametralladora, y las cajas con las balas, como corríamos a por ellos: ¡cabrones! Con cojones ¡coñiiiio!, ¡que es la Legión! Y eran bravos ellos, aquellos moros cabrones, esquivos, jodíos y malos como el sebo. Detrás de las lomas se escondían, como la tierra y su color, como zorros agazapados. Aquello era como debe ser ahora en Irak, según me viene de oídas, lo que cuentan, y también en Malí; esas tierras, me dicen, son muy parecidas a las legionarias, pardas y secas, calientes y frías, solitarias; para los lobos, y los coyotes y los zorros y las gacelas, son para la Legión y para legionarios.

Claro que ahora tienen de todo, cañones y camiones, tanques y aviones, cascos y antibalas, varios uniformes y chaquetones, chupas, varias camisolas, gayumbos y camisetas verdes, verde mimetizado, y corbatas, hasta camisa blanca; y cuartos individuales, para cada uno o dos. La mayoría no vive en el Tercio; tienen una casa a la que se van cuando terminan, una casa que es de ellos o alquilada, y para ellos, ya no es la Legión su casa, nosotros nunca nos íbamos a ninguna casa, no teníamos otra que la piltra, el pulguero, y la cantina y el mollate, el mesón y el bocata, el patio del cuartel, y fuera algún chamizo donde darle al prive, o a lo que fuese, que el tema era quitarte esa morriña, no es soledad, otra cosa, que se mete a veces por lo de dentro y no hay manera. Se te pega unas horas, unos días y te preguntan: ¿qué Braulio, hay moros en la costa? Moros, ¡coño moros!, lo que hay es como pena por dentro. Unos tragos y fuera todo. Ni morriña ni leches. Y no preguntes que la tenemos. Bueno hombre bueno, que a tos nos pasa. Pues eso, ¡tira pallá!

Nuestra casa era el cuartel, siempre volvíamos al cuartel; nos íbamos, pero volvíamos, ¿dónde íbamos a ir si no teníamos na? Ellos, los de ahora, van y vienen y se van y ya no vuelven. De un sitio para otro, de unidad en unidad, cabo de la Legión y cabo en Regulares. Es igual, pero no es lo mismo. Legionario o de Regulares se es para siempre, no para echar un rato, ni se cambia, ni se pierde; ahora son otros tiempos, ni mejores ni peores; son otros tiempos. A mí me gustaban los míos cuando lo que era mío, de verdad mío, era lo que había detrás de aquellos muros, entre tanta gente, pasabas el cuerpo de guardia, y en casa, el cuartel, allí estaba mi sitio y los míos. Mi peña, mi piltra, mi manduca, los garibolos, duros, pero garibolos legionarios, buenos, algo de alpiste y hasta un padre veterano. Eso era todo, lo único que tenía. Nunca estaba solo el cuartel, y si se vaciaba casi, que no ocurría, aquello siempre estaba abierto, estaban los de la guardia, que parece que no, pero además de vigilar acompañaban, sabías que no estabas solo, y te gustaba verlos de guardia, sobre todo un domingo, que te ibas y ellos se quedaban, como si fueses tú, y volvías y allí estaban, y daba tranquilidad, al menos a mí. Ahora he visto que algunas guardias las hacen seguratas; pues bueno; si es que ahora de legionario acaban de segurata en cualquier lado. Mejor que acabar por ahí dando vueltas, y que alguno te ve los tatuajes y la barba y mal encarado con la vida, y dicen o te murmuran: ese ha sido legionario.

Yo que sé. Qué más da; es igual, pero no es lo mismo. La Legión no fue echar un rato, no fui a ver qué pasaba, fui a quedarme cuando nada tenía, fue una vida lo que eché, la vida toda, y allí quedó, pero yo me traje a la Legión; ahora la echo de menos: ¡ay!, si tuviese veinte años. El resto no fue nada más que un caminar perdido, sin ser nadie, nadie era hasta que fui legionario; luego me tuve que ir y volví a ser nadie, pero ¡ojo!, ya era legionario y que no me arrepiento. Eso queda pa siempre. Ahora me dice alguno, ¿tú que has sido?: ¡legionario! La gente se echa pa tras. Como si dijesen ¡coño un legionario!, pero en plan bien, como con susto y admiración, como diciendo, cuidado este es capaz de todo, que es como que te admiran un poco. Y eso gusta y te viene a la memoria todo, todo, y te quedas como así, de otra manera y pasmando, que te están mirando y ¡uf!: ¡Ese tío ha sido legionario!, dicen; y ¡como me gusta!

Creo que la Legión se hizo para aquello, no para esto. La Legión era para siempre, tuya sin serlo, pero era como si fuese tuya; era la Legión como tu madre, que no me la menten sin besarla, que me cago en… ¡Pa siempre!, no ahora una unidad y luego otra, según me vaya y me venga. Eso no es legión, sino echar un rato. Nuestro rato fue toda la vida, aunque fuese un rato, pero no cambiamos de un lado pa otro. Siempre con la camisa verde.

Pa esto de ahora hay otros, muchos, que no digo que valga cualquiera, ni que mejor o peor; distinto. Ahora todos son iguales, desfilan distinto, pero iguales. Visten distinto, pero iguales. Y van de un lado pa otro, que da lo mismo la Legión que otra unidad…, hoy en Ceuta, mañana en Córdoba o Madrid. Todos iguales y pa mi que no es eso, yo quiero ser solo legionario, que es distinto.

Recuerdo el nombre de todos, compañeros y mandos, jefes y oficiales –creo que ahora no hay jefes, pues no sé qué habrá-, el del coronel del Tercio, como si fuese mi nombre y mis apellidos, como si fuesen los de mi padre y de mi madre. Los motes también, nunca para reírse de nadie, que allí se respetaba al bajo y al alto, al feo o al más que feo, al rubio o al negro, amistad, esa del Credo: de juramento entre cada dos hombres. ¿Dónde estarán aquellos? Cada uno ha volado a sus aires. No tenemos contactos, ni internet, ni esas cosas de móviles para llamarnos. Si acaso queda “¡A mí la Legión!” que alguna vez solté en… Bueno el caso es que funcionó y nos dimos unas cuantas, pero nada sé de ninguno. Y no pasa nada; si algún día nos vemos pues como siempre, como si el tiempo no ha pasado. Los legionarios entre nosotros nada, todos juntos, y si hay cosas son las nuestras y pa qué airear na, lo solucionamos entre nosotros, que a nadie le importa.

3.- La Legión ahora

Ahora la Legión va para cien años. Nada somos los que aún vivimos. Aquí los únicos que son, son los muertos. Cuando llegué uno me dijo que allí no había caídos sino muertos. En la Legión, chaval, me dijo, si uno se cae se levanta, y si no te levantas es que estás muerto, así que aquí, de caídos nada: muertos. Los muertos dan vida a este Cuerpo. Todo lo son los muertos, los muertos en combate y los que quisieron morir como legionarios, en combate, pero la muerte no los eligió; entonces, a esperar. Los que aún vivimos, y que sea por muchos años, y llegamos pal Centenario solo debemos mirar los colores de la Bandera, la más gloriosa, y no mirar para otro lado, sino pa donde se reza a los muertos, pal monolito de los muertos. Solo la Legión, España, en el centro, y su Bandera que envuelve a los muertos. Y rezar por ellos. A mí lo demás me sobra. Las pinturas y los homenajes, los libros y las funciones, los discursos y los abrazos, los reconocimientos y las celebraciones. Casi todo me sobra. Menos los muertos. A esos juramos, por nuestro Credo, nunca abandonarles hasta morir todos y así, como seguimos vivos, es nuestro deber estar con ellos hasta morir todos. Y no hay más. Cien o doscientos años. Legionarios hubo y habrá, y murieron y morirán, y si no pa qué eso de legionarios a luchar legionarios a morir. Se entra pa luchar y salir de aquí, pues muerto, nada más que muerto y si no a esperar; como todos. Que tan poco esto es tan largo. Te vas en un pispás. Ya lo sabemos: la muerte no es tan horrible como parece y eso de ser un cobarde es lo único que le está prohibido a un legionario. Lo único sin perdón posible. Puede venir cuando quiera esa que dicen que es la novia, porque cuando se lleva a uno hay mil detrás, nacen como moscas y a tos no se va a llevar de golpe; así que despacito, cada cosa a su momento. Es que a veces más que muerte parece que quiere ser vida. Claro que si no ¡a ver!, si no hay vida se le acaba el negocio. Ahora eso sí, si mueres de legionario es otra cosa que morir de normal, de civil. de la calle. Eres inmortal solo cuando ignoras la muerte. La muerte no existe mientras vives y cuando viene no existimos, así que no es tan real como ella se cree. ¿Quién habla de muerte? En la Legión no se muere, se resucita. Hay algo con la muerte, pero eso es muy nuestro y no se cuenta. Vamos que a mí me da igual contarlo, pero pa que vamos a amargarnos la vida. ¿Hasta cuando está bien que el hombre viva? Mientras no crea que morir es mejor que vivir. Y eso yo lo he visto, muy de cerca.

Camino del Centenario ¿qué va a ser de la Legión? Nunca se sabe que va a ser de uno; de la Legión solo Dios sabe. Hay muchos que no la quieren, por eso quieren a todos iguales. Puede que no les guste que haya algunos distintos, como descarriaos, que viven para vivir en la muerte sin tenerle miedo a lo que pueda pasar. Y que enfollonan, que la lían parda si se tercia alguna cosa rara, donde hay que dar la cara; pues se da. Que digo yo, suponiendo, que no les gusta la chulería legionaria, ni las patillas, o el gorrillo ladeado, no, que no gusta el gorrillo, a algunos, ni la camisa desabrochada, ni el talante, ni el mirar duro y recio, el hablar alto mirando al cielo. Puede que no guste, a alguno, y es un suponer, no tener miedo a hablar y que te escuchen; que a lo mejor estas cosas ya no gustan. Antes veía yo mucha más libertad. A pesar de la pelota, y de algún cabo atravesado, hablabas y te escuchaban, te conocían y si andabas recto todo iba bien; tampoco era aquello pa tanto. Más duro era fuera donde no eras nadie pa cuatro perras que te daban. Allí fuera no eras ni fu ni fa, uno más de todos aquellos. Que si la Legión, que si la muerte, pues como cualquiera, ¿o es que alguno se cree que va a durar siempre?

¿Por qué no les gustará el gorrillo, y nuestra parafernalia? La gente se vuelve loca con lo nuestro. A la gente sí que le gustábamos. Hay que ver, oír quiero decir, lo que nos decían cuando desfilábamos en Semana Santa por tantos sitios; están tan cerca que casi te lo dicen al oído, ¡uf! lo que te dicen, que gusta oírlo, y es que somos gente, de las aceras y la calle, como ellos, pero legionarios. Esto de legionario y de caballero es muy de todos y más de los de abajo, de los que casi nacemos y nos criamos en la calle. Muy del pueblo, que dicen, y antes también muy de pueblo. Aunque yo coincidí en el trullo con un marqués, eso decía él, serlo puede que sí porque maneras tenía, y saber sabía, y otra vez con uno con posibles; este además en ocasiones convidaba. Los había que leían y otros que ni falta les hacía con todo lo que de ellos aprendías. Menuda escuela era la Legión, y con buenos maestros, los mejores y también los peores; podías elegir. Como decía, que me voy por otras lomas en cuanto me descuido, no sé por qué a  alguno no le gusta la Legión, deben ser muchos los que no la quieren o pocos, pero con poder. Yo ya no estaba, pero, me han contado que la quisieron suprimir. Y luego como no pudieron porque varios legionarios murieron, oficiales también, en la Bosnia esa, tuvieron que aguantar y a ver quién era el chulo de suprimirla cuando hablaban de la sangre legionaria derramada por la paz. La gente empezó a hablar otra vez de la Legión, y a gustarle, que ya casi ni se acordaban de ella. Paz, paz y más paz, pero coño pa eso estamos. O ¿es que vamos a la guerra pa siempre? Habrá que ganarla y terminar con ella, pues eso: la paz. Como siempre, no vamos a estar siempre de guerra. Pues ahora como antes, como siempre, ¿o qué se han pensao?, ¿qué es distinto? Un tiro entra siempre por el mismo lado. El caso es que se habló mucho de la Legión y de unos tenientes que trasportaban sangre para los heridos de la guerra de Bosnia, y los mataron. Los mataron cuando iban a salvar a otros. Y murieron legionarios, en silencio, sin alharacas, y dicen que ni medallas les daban. A la caja de pino, al avión y pa casa. La Bandera y con el Cristo, párriba, nadie en el Tercio sabía, legionarios a luchar, legionarios a morir. Se dieron cuenta que esto de la Legión no era como ellos creían, un rollo de la Guerra Civil, unos fachas, que así nos llamaban, que si éramos de Franco, y que si Millán-Astray. Pues tuvieron que tragar y ver que los legionarios éramos la Legión, éramos España, y como siempre dando la cara y la vida, como siempre, sin preguntar, ni hablar, ni rajar, cumplirá su deber obedecerá hasta morir. ¡Coño con la Legión!, tuvieron que decir.

Creo que hasta les dieron el premio ese que sale en la tele de cuando el Rey era Príncipe y ahora es la princesa, ese de Asturias. Aunque se quedaron con las ganas de cargarse la Legión no pudieron, pero me cuentan que ya no hay cabos legionarios que luego puedan ser primeros y sargentos legionarios y así hasta comandante; creo. Dicen que ahora ya no hay escala legionaria por una ley que hicieron. ¿Entonces qué hay?, que no lo entiendo. No sé, pero no es lo mismo ser cabo legionario que cabo de otro sitio. Ni mejor ni peor, cada uno a lo suyo y con lo suyo. Eso no me gusta. A lo mejor era mejor que la hubiesen suprimido y tenerla así, guardada, esperando, pero para como era antes, no como quieren que sea ahora, para un rato, todos como todos, pero eso a mí no me gusta, y no digo que no sean buenos los otros, pero cada uno es cada uno y la Legión es otra cosa. Como los franceses o ingleses y hasta los americanos que tienen esos marines que son distintos a los demás soldados. No es que no me gusten los pistolos, que es cariñoso eso de pistolo, pero cada uno es cada uno ¿Qué ya no hay escala legionaria, ni cabos pa siempre, y los sargentos legionarios, los tenientes y  los capitanes legionarios…? ¿Qué? ¿De dónde los sacan? No le conocí, pero nos hablaban del comandante Tiede, extranjero, creo que de Austria o así, con la Medalla que ganó, vaya tralla, y desde legionario a comandante, como nos decían al entrar, podréis ganar galones, alcanzar estrellas…

¡Que no! Que a mí si me preguntan, digo que la Legión es distinta, ni mejor ni peor, que para ser iguales, pues que no haya Legión, y hala a correr todos tras las lomas, tos pa el monte que parece que todo el monte ahora es orégano.

<<Amparo encontraréis, cariño, una familia, os ofrece olvidos, honores, glorias, os enorgulleceréis de ser legionarios, podréis ganar galones, alcanzar estrellas; pero, a cambio de esto, lo tenéis que dar todo sin pedir nada; los sacrificios han de ser constantes; se os exige obedecer las órdenes militares ciegamente. Los puestos más duros y de mayor peligro serán para vosotros; combatiréis siempre y moriréis muchos, quizá todos. ¡¡¡Bienvenidos catalanes legionarios. Vosotros seréis la base sobre la que se construirá la Legión!!! Entrad gozosos, sed felices y que Dios conceda a cada uno lo que venga buscando, si ha de ser para su bien>>.

Ya nadie te dice cosas así. Aquello era verdad. Se cumplía la palabra. Ahora hay mucha mentira, te dicen y luego no es. La palabra legionaria es ley, por lo menos en el servicio, que luego cada cual es cada cual. A lo mejor ahora no gusta, no les parece bien o no les encaja que fuesen los catalanes aquellos la base sobre la que se construyó la Legión, digo yo, que tampoco es que fuese así, porque allí llegaron de todas partes y no se contaba el primero en llegar sino el primero en caer frente a los moros.

A lo mejor es un paso primero y luego desaparece esto de los legionarios, a lo mejor es que quieren quitarla y no de un golpe, que no se atreven, poco a poco. Parece que también quisieron cambiar el Credo. Mira por donde que lo tengo grabado en la piel, como tatuado, y ni una coma me falta, imposible equivocarme, como el padrenuestro que me enseñó mi madre. No sé. A lo peor se están cayendo las últimas hojas de los árboles; como en noviembre.

4.- ¿Qué va a ser de la Legión?

España tiene a la Legión y los españoles tienen mucho de legionarios, me parece a mí; que los españoles somos luchadores de la vida y aventureros, soñadores, esperanzados y desesperados. De todo hay. Que si tú no me quieres, que si nadie me quiere, pues ¡legionario!, ahí es nada. Que si por la aventura, conocer más allá, el porvenir, un futuro, un desengaño o un no sé qué, pero que allí me vi. Director, escritor, cantante, poeta, pintor, actor, compositor, escultor… y ni aún así triunfo, así que ¡LEGIONARIO!

¿Qué va a ser de la Legión? Y yo que sé. Yo también me lo pregunto, pero gente hay que sabe y ha estudiado y adivina o supone. Suponer yo también supongo, pero no estoy seguro. Lo que veo no me gusta, eso sí que puedo decirlo. Fue mucho, todo lo fue el Tercio de Extranjeros, o Legión que es lo mismo, pero tampoco exactamente igual, que extranjeros al final fueron muy pocos, pero sí fuimos legión de españoles.

Cuando me pregunto qué va a ser de la Legión pienso lo que fue la Legión. No se hacen preguntas. Nada importa su vida anterior. La respuesta son cien años de historia, cada uno la suya, la de su momento, en cada época, la de cada uno, Ceuta primero y Melilla, así comienza y así queda, con  nombres y hombres, muertos, heridos, desaparecidos, pobres y ricos, valientes y más valientes que se hicieron, ¿miedo?, ¿quién dijo miedo? Vamos a morir y a eso nadie le tiene miedo, cuando es lo tuyo, a luchar y a morir, y si no, ¿para qué has venido? Efímera vida gloriosa, de un rato solo, pero eterna, un buen rato aquí y allí todo; eso dicen: que hay un cielo legionario, y ¿por qué no voy a creérmelo?, un legionario de nombre Cristo de la Buena Muerte, allí clavado, que me miró en Málaga, de reojo yo miraba, clavada la mirada se ha quedao, como si no fuese de madera, ese parece un legionario.

Pues eso pienso; y decía yo que esto na tiene que ver con aquello. Como tiene que ser. Cada uno con su tiempo sin falsas adaptaciones. Cuando viene mal dadas, que eso es muchas veces, pues pa dónde vas a mirar, párriba, pal cielo ese, más allá que el de las nubes.

Qué sé yo si lo que quieren es que no haya legionarios. ¡Qué sé yo!, si un año ves la Legión llena de ministros, que hasta se empujan en Málaga para la procesión, y todo facilidades, sonrisas y ¡Viva España! ¡Viva la Legión! Y al año siguiente todo cambia y que si nada de honores, que qué es eso de las procesiones y el Himno Nacional, el que vaya que sea voluntario; y todo se hace como de tapado, sin que se note, aunque la gente sigue en la calle, como siempre, y cantan el Novio de la Muerte, y rezan a la vez que comen pipas, se santiguan y te dicen de todo, ¡Viva la Legión! Y la madre que te parió, por todas partes; o sea que nada cambia nada más que lo que los de arriba dicen, que si sí que sí no, y en una de estas pues se acabó y por lo que veo en unas y otras cosas ya nadie cambia lo que se ha cambiado, no hay marcha atrás. Así cualquier día adiós legionarios, todos soldados, iguales, nada de nada. Por eso no me fío. Que vamos pa cien años y todo deberían ser celebraciones y recuerdos y mucha gente importante yendo a Ceuta y a Melilla, a Ronda, Almería y condecoraciones, libros, fotos, muchas celebraciones. A mí me da igual porque no me van a invitar. ¿Quién se acuerda de mí? ¡Que yo fui legionario!, Caballero ¡eh!, y ¿a quién le importa? No está usted invitado, no puede pasar, necesita una invitación, lo siento, pero…

Que no, que eso yo no lo aguanto, así que en casa, con Dios.

¿Que la quitan?, quizá, ¿que se acaban los legionarios?, quizá. Pues a ver quién tiene la culpa, porque yo he luchao, hice lo que me mandaron y nada malo fue. Así que el que venga que arree, que a mí ya ni me invitan, y eso que soy legionario. No tengo carnet, ni papeles, ni fotos, ni na, no tengo na de na, y así ¿a dónde voy yo? Los tatuajes no valen pa na. Pues todos iguales, aunque ya nada es igual ni ninguno somos iguales, cada vez menos. Legionario, fui pa mí, pa nadie más, pa España. ¿Y qué me ha quedao? Nada, nada, nada. Ni el boletín ese que es oficial. ¿Estará mi nombre en alguna lista? La de veces que me pasaron lista y ahora na. Borrado, todo borrado. Ni un solo papel donde lo diga. Total que nada. A mí ya me da igual, si no sé ni que va a ser de mí mañana. ¿De la Legión? Y yo que sé, si al final no sé nada. No soy nada, nada más que fui legionario. ¿Y eso qué? Pues na. Solo pa mí.

5.- Ritos y Tradiciones

Y es que en todas estas cosas está todo lo militar, en el Credo. Las tradiciones, los ritos, que así les dicen, son muy importantes. En cuanto una unidad militar o algo parecido quiere tener presencia y resonancia inventa una frase o diez, que le dicen decálogo, una señal identificativa, y esas cosas que luego quedan y con ellas se les reconoce. Ahora está de moda. Una imagen que te distinga, una frase. La Legión tiene su Credo, su emblema, su contraseña, los guiones y banderines, sus vivas; y el chapiri, el chambergo, la camisa verde, y el botón desabrochado, las patillas y la barba, sus himnos y las canciones, las formaciones, y el paso legionario, los muertos y el homenaje, los tatuajes, ahora hablaré de ellos, que los han prohibido creo, y el toque de Oración, Tercios heroicos, la Canción del Legionario, y el Novio de la Muerte. Y muchas cosas más. Y su forma de hablar, de mirar, de reír, de sentir y pensar. También tiene su forma de morir, sin miedo, sin contemplaciones, sin nada, morir en el combate es el mayor honor.

El emblema es la ballesta y el arcabuz, que forman un aspa dividida por la pica, y en el centro, que se vea, la corona, la de nuestro Rey que nos ha permitido ser legión. Tercio, de Extranjeros, pero Tercio, como en Flandes, la mejor infantería del mundo que dicen lo somos, españoles, y el que viene de fuera al tiempo, al poco tiempo, más español que uno, que no quieren irse a ningún sitio y salir no muy lejos por si no los dejan de volver. Y nuestro es lo de: <<Legionarios, a luchar; Legionarios, a morir>>. Caray con el que se lo curró porque no se puede decirlo todo, pero todo, en tan poca cosa, que solo son unas letras y es un libro entero. Tuvo que ser un golpe de suerte o una inspiración de esas que dicen que viene de repente porque si no, no se entiende que cabeza humana diga eso así, sin más, sin ser un filósofo de esos famosos, un Platón o algo así. Nos decía el sargento, ese que había leído el libro del Jefe, el de Millán-Astray, que se lo sabía de memoria, que el lema y contraseña como  toque de guerra, se lo marcó un corneta al que le dijeron <<Di eso con ella>> y cogió su corneta y tararirorirorí, tararirorirorííí… Hasta hoy: <<Legionarios, a luchar; legionarios, a morir>>. Cuando me muera quiero que lo graben en la piedra que me pongan encima. Pues eso, después de todo, luchar lo que se llama luchar, yo solo lo hice en la Legión, así que solo me queda morir. Ya está, se acabó y que otro venga y arree.

Todos dan ahora vivas que son gritos, más que palabras: ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión! Es que a ver quien los susurra o los dice sin gritar, que no se puede, que te pide el cuerpo gritar y que los repitan todos, levantando el gorrillo al cielo, por vosotros, que nos oigan todos, grito de guerra, de paz, de gloria, para la victoria o enterrar a los muertos, en todos los actos y en todos los lugares. Nos decía el sargento que según el Jefe, Millán-Astray: <<Es la consagración de su Credo, es el nudo gordiano de su existencia legionaria>>. ¡Cómo lo decía!, te entraba el escalofrío por la espalda.

La Legión tiene también Dar Riffien, Millán-Astray, y Franco, y Valenzuela, Queija de la Vega, Suceso Terreros, Melilla que casi se pierde, Asturias y la Guerra Civil, el Sahara, Ifni, Edchera,  y tiene a Lizcano, de la Cruz Lacaci, Vila Olaria, Angosto, Navarro, Munar, Martín Anglada, Arredondo, López Hidalgo, Carvajal, Espinosa, García Escámez, Galán, Monetro, de Miguel, Zanardo, Orozco, Burguesse, Serra, Godoy, Ripoll, Fadrique, Maderal Oleaga, el Padre Vidal y el Páter Huidobro.

Y tiene a Dar Riffien, Casabona, Dar Hamed el Malo, Nador, Ambar, Tizzi-Azza, Xauen, Alhucemas, Kudia Tahar,Monte Malmusi, Morro Viejo, Monte Palomas.

Y Tauima, Villa Sanjurjo, África oriental española, El Aaiun, Edchera, los Tercios Saharianos, el Sahara español, Villacisneros, Tifariti; y el capitán Bakali, y hasta la Marcha Verde.Y Asturias. La I Bandera. Extremadura, frente   de   Madrid, Guadalajara,   Belchite,   Alto   Aragón, Tremp, Batalla del Ebro.

La II Bandera. Extremadura, frente del norte y frente de Aragón y Cataluña.

La III Bandera.Toledo, Oviedo y frente de Aragón y Cataluña.

La IV Bandera.Extremadura, Badajoz, frente de Madrid y frente de Aragón y Cataluña.

La V Bandera. Andalucía, Extremadura, Badajoz, frente de Madrid y frente de Cataluña.

La VI Bandera. Andalucía, Extremadura, Madrid, frente del Ebro y Cataluña.

Las VII Bandera. Talavera de la Reina, frente de Madrid, frente de Aragón y Cataluña.

La VIII Bandera Tauima, frente de Madrid.

La IX Bandera. Talavera, frente de Madrid.

La X Bandera. Talavera (enero 1937), frente de Madrid.

La XI Bandera.Talavera (febrero 1937), frente de Córdoba, frente del Ebro.

La XII Bandera. Talavera (febrero 1937), frente de Madrid.

La XIII Bandera.Talavera (Julio 1937), Batalla de Brunete, frente de Cataluña y Aragón.

La XIV Bandera.Talavera (agosto 1937), frente de Madrid y frente de Cataluña.

La XV Bandera.Zaragoza (agosto 1937), frente de Aragón y Cataluña.

La XVI Bandera.Talavera (octubre 1937) frente de Aragón y Cataluña.

La XVII Bandera.Talavera (enero 1938), frente de Aragón y Cataluña.

La XVIII Bandera.Talavera ( abril 1938), frente de Aragón y Cataluña.

La Bandera de carros de Combate, frente  de  Madrid,  frente  del  Norte, frente de Aragón y Cataluña.

La Compañía de lanzallamas. Cubas  (Madrid)  (marzo  1937),  Oviedo,  frente  del Norte, frente del centro y frente de Aragón y Cataluña.

La Legión tiene ahora, más reciente, que ya hablo muy de oídas, de lo que leo y me cuentan,  Bosnia-Herzegovina, Albania, Kosovo, Serbia y Montenegro, Macedonia, Irak, Afganistán, República del Congo, Líbano y Mali.

6.- La Mística

Nada más representativo de la Legión que su aspecto y disciplina. Es tradición. Apariencia limpia y clase, armas limpias y brillantes, y en buen orden, cuando ejecutan y evolucionan con destreza, y cuando su rostro impenetrable y acerado da miedo. El esplendor de las armas no tiene una importancia menor porque está para infundir temor a l enemigo

No sé muy bien qué es eso, pero se lo he oído decir a muchos: la mística de la Legión. Uno que sabía de letras un día me dijo: Pero Braulio si eso es un misterio, ¿quién va a saber nada de eso? Pues acabásemos; si es un misterio ¿cómo se sabe lo que es? Y me decía que era todo eso que sientes por las entrañas cuando suena el himno Nacional, y la Oración, el toque por los muertos, soy valiente y leal legionario, por ir  a tu lado a verte, el paso legionario que no es correr sino ir erguido, pidiendo paso, que viene la Legión, ni un obstáculo que la pare, que mística es decir misterio, formar bandera, el modo de ser, la libertad de elegir, incluso porque eliges morir, y como los frailes esos, los cartujos que dicen son los místicos de la Iglesia, ese frailecillo tan pequeño que era medio fraile, San Juan de la Cruz, como Millán-Astray que iba vestido de herido, de cartujo de la milicia, nosotros lo somos, encerrados en lo nuestro, nuestras cosas y tradiciones, nuestra pobreza, que na tenemos ni queremos, compañerismo, hermandad, unión y socorro, que todo eso lo dice nuestro Credo. Y tenemos santos, santos y legionarios, como, que yo no los conocía, al Padre Vidal y el Páter de la Guerra Civil, al que llaman legionario y Santo, el Páter Huidobro, ese que hace un montón de milagros. Tengo pendiente ir a ver si me hace caso. Hay una piedra grande en la Cuesta de las Perdices que señala donde murió; y está enterrado en una Iglesia grande de los jesuitas, que él era jesuita, en la calle Serrano de Madrid, donde mataron a Carrero Blanco. Tengo que ir un día a rezarle que buena falta me hace. Porque rezar no sé, pero el Credo, hasta la muerte, y eso es la mística que yo he entendido, ser compañero y sufrir callado, y no andar por ahí contando tus penas, ni lloriqueando a nadie, aguantar lo que venga, frío o calor, no quejarse, ni arrugarse, no agachar la cabeza ante na, ni creerte tampoco que eres más que nadie. Yo que sé lo que será, porque como es un misterio nadie lo sabe. Pero algo es porque yo lo siento, como no siento otras cosas, pa mí, pa mis adentros, sin saberlo explicar mejor. Lo mejor para saberlo es sentirlo, haberlo vivido, esa experiencia es muy difícil que la explique porque ni yo mismo sé explicármela a mí. Yo que sé qué será. Pero es, existe. Tenemos los místicos laureados que son los muertos canonizados en el altar de la Patria, no hay más entre nosotros, no puede haber más que eso en el pecho, que nunca o casi nunca llega al pecho de la camisa legionaria sino al frío féretro, a la piedra dura, a las manos de tu viuda, el que la quede allí sola pa siempre, que luego la vida todo lo olvida y te llaman algún día para una formación o así, cuando se acuerdan y saben dónde para o se guarda alguno de los tuyos.

Esto es la Legión y así es y nada lo va a cambiar, mientras no cambiemos nosotros los que ahí nos metemos como frailucos de la vida que dicen que es la mística, con el capirote que es el gorrillo, y yo lo que creo es que somos que nadie nos aguanta y a lo mejor que no nos quieren o no servimos pa otra cosa. Pero por lo menos está la Legión. Antes, pues era eso, que entraba todo el que quería sin muchas preguntas ni papeles, por eso yo ninguno tengo. Eres valiente, pues pa dentro, que tiene miedo te lo tragas o pa fuera. Ahora hay que hacer exámenes y llevar papeles y saber cosas y cosas. Es distinto, ni mejor ni peor, pero distinto.

7.- El Credo

Hubo reuniones de mandos, muchas estrellas, comisiones y discusiones; a favor y en contra, porque digo que si estás en contra de cambiar ni le das un repaso para probar. Que aquí no se toca ni una coma, y ya está dicho todo. Parece que hubo muchos repasos, sobre todo por lo de la unión y socorro. Por ahí los del ministerio de Defensa no pasaban. Todo por eso de que con razón o sin ella, que si era un abuso de fuerza, que si la armaban los legionarios, que si esto, que si aquello. Que con razón sí, pero no sin ella. A nosotros, que no pedíamos razón de los que quedaban muertos, ¿y qué razones íbamos a pedir? Y decían que, de paso, a ver como se suaviza lo de la muerte y vivir siendo un cobarde, que la obediencia racional… y que todo aquel Credo sonaba demasiado a Legión, muy fuerte, que había que suavizar sus términos, tiempos distintos, más racionales, de universidad, de libros y no de la calle. Que ya no había guerras y entonces había que hablar de paz. Misiones de paz, que sí, ya lo he explicado, de paz y armonía, que se nota que no saben lo que son los hombres con odio, peor que con un arma. Que da más tiros el odio que el fusil. Eso de la guerra y la paz está en el corazón más que en las pistolas. Yo he visto miradas que matan y luego actos tan injustos que peor que estar muerto. Allá lejos, la tierra manaba sangre.

A mí me sonaba todo a mucha hipocresía, a taparnos la boca, porque en el fondo los hombres duros, y muy duros, que tienen claro lo que hacen y para qué están, pues dan miedo, que estos en un rato son capaces de todo, y de liarla. Qué sabrán ellos de la Legión y de la guerra que se hace fuera y de la que se lleva dentro. A mi poco entender, que yo soy de la calle, ellos sabían que si se cargaban el Credo, pues adiós Legión. También he oído que el Credo, ¡ay, como no te lo supieses o te equivocaras!, ya no se recita entero. Que había artículos que como si se callasen, que prohibidos. No sé, pero mi sargento decía que el Credo con una coma que le faltase, o como una palabra olvidases, era como avanzar al ataque sin piernas, como el que es cojo de ambos pies. ¡Como para no tener cuidado en no sabértelo bien sabido, bien aprendido! Porque esto, decía, y gritaba mucho, como si a él se lo hubiesen gritado, esto es una religión, y el que no cree pues fuera de aquí; el espíritu está en el Credo que es el nervio y allí están las oraciones que tienes que rezar y practicar.

Se encendía y sabía de memoria aquellas palabras, sus favoritas: valor, compañerismo, amistad, unión y socorro, marcha, sufrimiento, endurecimiento, compañerismo, disciplina combate y sobre todo Amor a la bandera. Y terminaba cogiendo el aire, que se le acababa, para gritar: “¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA EL REY! ¡VIVA LA LEGIÓN!”

<<Gritos de combate y de muerte: España, es la Patria; el Rey, el Jefe Supremo, la Legión, la Hermandad sagrada. Y estos ideales, compendiados en los vivas, serán lanzados virilmente, claramente, en los momentos de alegría y de tristeza… Al entrar al combate y al enterrar a los muertos…>> Nos lo repetía, sin equivocarse en una coma, un día y otro también. Lo había leído y se lo sabía de pe a pa, un día y otro, en el libro que escribió el Jefe de la Legión, el teniente coronel Millán-Astray.

Yo nunca he sido capaz de hacerlo así seguido, el Credo sí, sin fallar ni una coma, pero explicarlo así, tan seguido y tan bien, no. Nos mandaban que cuando algún jefe nos preguntase algo y no sabías qué contestar dijeses un espíritu del Credo. Dicho y hecho; y lo tuve que hacer, creo que era un general de los gordos, todo un vuesencia de esos. Que le gustó aquello tanto que me dio una palmadita en la espalda que casi me caigo. Con los legionarios todos se muestran fuertes y recios. Aunque no lo sean.

8.- La muerte

El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde.

Siempre la muerte. Habéis venido a morir. Un cosa es no tenerle miedo a la muerte y otra quererla. Yo sé que nuestro jefe quería que nos hablasen de la muerte para que le quitásemos esa imagen de horror, de temor, de negra guadaña que atemoriza. Por eso hablaba de una novia joven y bella besando nuestra frente. También decía que fuese nuestro Ángel de la Guarda que nos llevase al Cielo.

Aquí, entre nosotros, no hablamos de esas cosas de la muerte. Si acaso entre cada dos, como juramento entre ellos, y lo que has de hacer si acaso, pero nada más. La muerte no forma parte de nuestras tertulias, ni está ni se la espera, pero si viene a ninguno nos va a asustar. Sí, sabemos que vamos a morir, como todos, y que en el lugar en el que combate la Legión la muerte está más cerca; eso no significa nada. Sabemos lo que hacemos y por qué lo hacemos. Aquí nadie va a lo loco, nadie se la juega sin motivo o razón. La muerte hay que saber esquivarla, con valor, pero tonterías con esa cercana posibilidad ninguna, porque yo creo que si tú te la juegas alegremente, insensatamente, estás jugando no con tu vida sino con la de los compañeros. Pero recular, de eso nada.

Nadie quede en el campo, aunque muramos todos. ¿Quién dijo miedo? ¿Quién es inmortal? Menos el hombre todos lo son, porque ellos, los animales y las plantas ignoran la muerte. Se lo he oído a alguien decir de otro que había escrito algo así como que lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal. Como que dilatar la vida de los hombres era dilatar su agonía y multiplicar el número de sus muertes. Por eso será que a mí esto de la muerte no me da mucho que pensar. Porque llegará. Y después de que llegue, pues Dios sabrá. Yo recuerdo al de la Buena Muerte, al legionario clavado en la Cruz, sus últimos momentos de agonía, abandonado por todos, cobardes, ellos sus compañeros sin cumplir el espíritu de compañerismo. No quería morir; nadie quiere. Aparta de mí este cáliz, pero sea tu voluntad. Así es y así sea. Que sea lo que Dios quiera. Hoy o mañana. Abierto el pecho de la camisa legionaria.

Es una batalla contra el tiempo. Contra la muerte el tiempo no cuenta, cuenta el olvido, lo que viene después y aquí en la Legión hay una lista siempre presente en la que estamos todos y alguna vez alguien la lee y sus labios pronuncian tu nombre. Estás muerto, pero estás como vivo, en los labios de otro como tú, hoy que es como mañana y como fue, siempre será igual hasta el final de los tiempos, que es una frase que se dice, pero que es como decir hasta la muerte, pero no porque sea el final, sino que es distinto, debe ser para mejor.

Veo que la muerte no significa nada. Porque mientras vives no existe, y cuando está presente no existimos nosotros, así que la muerte no es real para los vivos; y para los muertos yo que sé. Por eso digo que sea lo que Dios quiera, y que  puede venir cuando quiera.

Nunca se puede ni debe saber hasta cuando es bueno que el hombre viva. Se lo he preguntado al sargento Estétor que es de los más viejos y me ha contestado que un hombre debe vivir hasta que crea que morir es mejor que vivir. Me he quedao de piedra y no hago más que darle vueltas. ¿Qué habrá querido decir?

Otro compañero me dijo que la vida es una cuestión de costumbres, y que cuando dejas de acostumbrarte a vivir, pues te mueres. No lo he entendido, pero es igual, seguro que tiene razón.

Otro me dice que él vio morir a un legionario que le dijo: <<…no agonizo, no entristezcas, esto es para mí como si alguien estuviese esperando, en una estación, un tren, y echara una cabezada. Eso dijo>>. Debió de pasar el tren ese que tanto esperaba. ¿A dónde querría ir?

9.- ¿Y quiénes somos los legionarios?

He oído por ahí que los romanos, los de de las legiones, decían que los buenos para este oficio de las armas deben tener los ojos vivos, la cabeza derecha, ancho el pecho, las espaldas fuertes, los dedos recios, los brazos largos, pequeño el vientre, no muy largas las piernas, las rodillas y los pies sin carne superflua que estorbe sus movimientos, pero afirmados con robustos nervios. Pues ¡coño!, con los romanos. Aquí yo miro y todos somos más feos que Picio, y hay de todo, pero tan perfectos no se hacen aquí. Somos zambos algunos, escuchimizados, de cortas piernas, pero fuertes, casi tos bajitos, menos cuatro que son gastadores y algún oficial de esos chulos y altos. Qué sé yo cual es el tipo legionario. Todos valen si valen en la hora de la verdad, en los tiros y sin recular, caiga quien caiga. Valientes sí que los hay, bravos, y que casi no se dejan ni mirar. Fuerte hay que ser, pero pa eso no hace falta ser grande. Dicen y dicen, también que he oído que lo de legión no viene por ser muchos, indeterminados, sino de elegir, elegir, claro de elegir bien que da a entender la fidelidad y el cuidado que se requieren en los que están encargados de escoger y probar a los reclutas. Que eso de que pa legionario vale cualquiera, de eso nada, aquí no aguanta cualquiera y mira que los he visto bien plantaos y bravos, pero a la primera de cambio, cuando llega la disciplina… ¡cuántos se rajan!

Pues yo hablo por mí, que de los demás no me gusta hablar, y además cada cual es cada cual y nada importa su vida anterior ni si son altos, bajos o feos. Yo sé que soy un buscador y me huele que muchos de los que allí parábamos era por eso, por buscadores. Siempre perdido, he ido de aquí pallá, perdido mi yo y, pues eso, a mi yo fui a buscar. Uno me dijo que era como yo y que donde está tu yo solo tú lo sabes y si no lo encuentras estás perdido porque nadie más que tú lo puede encontrar. ¡Coño!, que me costó entenderle. Resulta que ese que yo era entonces no era yo y así en la Legión me enteré que allí no existía el yo. Ha sido lo mejor que me ha pasado; aquel tío que tanto sabía, a su manera, y que como si fuera un sabio de esos raros, que hablan poco y todo lo dicen, me explicó que dejase el yo, ¡olvídate de él!, me dijo, y que en la Legión solo hay nosotros: aquí, Braulio, no hay yo sino nosotros, por eso decimos que formamos bandera, así que si te olvidas de tu yo lo encontrarás, y deja ya el yo que no existe, ese yo que andas buscando es en la Legión nosotros. Con eso me quedo. De juramento entre cada dos hombres, compañerismo, amistad, unión y socorro, nosotros.

Aunque hay de todo. Pa todos los gustos y colores. Te juntas con los más parecidos a ti y con los menos. Todos tienen algo, no sé lo que es, pero en cada legionario hay algo distinto. Porque hay algo raro en todo esto, que  nunca sabes quién es y quién no es el que te conviene. Y un día ese que peor mirabas te da una sorpresa y resulta que es un tío con dos cojones. Porque es imposible conocer a todos, aunque el gorrillo hace en muchas cosa iguales a todos, pero no en todo, así que tienes que ir mirando, poco a poco, sin juzgar mucho, porque nunca sabes y hoy por ti mañana por mí. Luego cuando esto se acaba, cuando te quedas solo, pues eres yo otra vez, quiero decir que eres el mismo, pero tampoco, eres yo, pero de la Legión, por lo menos sabes que has hecho eso, que no es poco, ser legionario; y te preguntas y sale el nosotros, porque nosotros éramos, cuando nosotros íbamos, porque nosotros, nuestra bandera, nuestra compañía, nuestro Tersio, nuestro, nuestro, y ya puede venir cuando quiera, que no nos encontrará solos, somos nosotros.

Y me decía el legionario sabio aquel, que barruntaba que no me quedaba yo muy tranquilo o no entendía todas esas cosas que me explicaba, que pa mi que se las hablaba para él, pero bueno, yo le escuchaba. Es que te lías tú solo pensando. No pienses tanto Braulio, ahora estás aquí, pa unos años. Pues ya está, después que sé yo y que sabes tú. A lo mejor o a lo peor ni llegamos.

Tú pórtate bien dentro de lo que cabe y ya sabes que el mal que hacen los hombres queda, aún cuando te vayas, pero el bien que haces será aventado con tus cenizas, así que mejor hacer el bien y adiós, parriba y que ni se van a acordar. Los pobres tenemos que estar siempre pensando, y eso de gozar es pa ricos. Eso de tanto pensar te hace cavilar, pero es bueno tener la cabeza entretenida en cosas como esas que no se entienden, esa filosofía legionaria que da aquí la vida. Luego dicen que si gritamos viva a la muerte. Que saben ellos. Aquí amamos a la vida, cada segundo nos la tragamos y bebemos. Mira Braulio, la muerte mientras vivimos no existe, es nada, y cuando está presente no existimos, o sea que no es real ni pa los vivos ni pa los muertos. Que se dejen de leches y si tiene que venir que venga. Eso lo he leído yo en algún sitio y me he quedao con ello.

Aquello me dejaba la cabeza como un bombo, pero la verdad, me gustaba oírlo y sobre todo como te lo decía, que me parecía el maestro de la escuela, pero en verdad, y a mí me parece que todo aquello me hacía bien.

Lo bueno es que aquí los hay de todo y de todos. Los que nunca han pensado más allá del momento son los que yo veo siempre más contentos.

De media hora más tarde o de mañana no saben na, ni quieren saberlo. Van a su bola y de todo se descojonan como si con ellos no fuese el rollo este de la vida. No paran quietos, siempre inventan para no estar parados, ni solos, que se agarran al primero que pasa y le dan la paliza bien dada. Pero cuando llega la fiesta ahí están los primeros y que nadie se venga abajo, que no te dejan, venga fulano ánimo y arriba, pégate un trago que estás invitao, pero ese careto fuera chaval.

De los mandos no voy a contar mucho. Unos son como nosotros, pero cabos y hasta comandantes legionarios. Se les nota pa lo bueno y pa lo malo. Ya se sabe que a veces no hay peor cuña que la de la propia madera.

Ya cuando te conocen y coges confianza, pues cada uno en su sitio, unas veces hay amistad, o enemistad que no se nota, otras ni fu ni fa, y casi siempre cumpliendo y fuera. Que hay que pegar tiros, los pegan como el primero, y se la juegan, ¡coño, que son valientes!, pero como si tuviesen que demostrar que son más valientes que tú, y lo son porque en cualquier momento están ahí, de día o de noche, y eso te da mucha tranquilidad. A mí me gustan esos de Academia que parece que se lo saben todo, y saber saben, pero siempre tranquilos, gritan poco, hablan poco, se interesan por lo que te pasa y si hace falta…, pues eso, echan una mano.

Alguno se pasa. A uno que era teniente, jovencillo, pequeñito, poca cosa, le metió el general un buen paquete. Estábamos en el tiro, a cien metros, y el muy bestia se ponía al lado de los blancos señalando los impactos con una varita, el estupidómetro aquel que les gustaba llevar, y claro tú cuando apuntabas y veías al teniente por el punto de mira, te acojonabas; mira que si se me escapa el tiro. El general, que nadie sabe de dónde salió, lo había visto todo y le calló buena al valiente aquel que se pasó dos pueblos.

Pues eso, que hay de todo, como en la vida o en botica; un remedio para cada dolor y un dolor en cuanto te descuidas. Mejor no meterte con nadie y todos a una Fuenteovejuna.

10.- El valor

Yo que sé lo que es eso del valor. Que sé que chulería no es, ni dárselas de valiente. Para saber algo de eso hay que haber tenido mucho miedo. Si no has tenido un miedo grande, pero miedo, miedo, más que a morirte, porque es así, que hay miedos más grandes que el de que te vas a morir, si no has sentido eso nunca puedes saber qué es eso del valor. Si no sabes lo que es el miedo no puedes saber lo que es el valor. Mira que hemos hablado de cosas en la Legión, entre nosotros, de todo hemos hablado, pero de eso del miedo y de ser valiente, nada. Entre valientes no se habla de eso. El valor exige silencio. No hay que andar todo el día con el valor a cuestas. Porque además no hay yo que valga, yo, porque yo, y yo otra vez, nada de eso, aquí somos pelotón y escuadra y compañía, aquí el yo no existe. El que es valiente lo tiene que demostrar y si no “se le supone” y si ni eso, pues tienes que largarte. Porque al que “se le supone” también tiene que demostrarlo y además se nota quien no cumple con su “se le supone” desde el primer momento que oye un pacazo. Miedo todos tenemos, pero el miedo no es que no tengas valor. El enemigo del valor es la cobardía. Aquí hay de todo menos cobardes. Me dijo el sargento, el que se lo sabe todo, que había leído en un libro que hablaba de los muy antiguos, donde había uno que era griego y que enseñaba a un valiente que le llamaban Alejandro el Grande, y le decía: <<demasiado poco valor es cobardía y demasiado valor es temeridad>>. No sé, pero nosotros cantamos eso de: <<Nadie en el Tercio sabía quién era aquel legionario tan audaz y temerario que a la Legión se alistó>>. Porque aquí hay que tener valor en demasía porque hemos venido a eso, a morir, sin pedir nada a cambio y si no pues pa que está la Legión. Así que Aristóteles, que creo se llamaba el que se lo enseñaba a Alejandro el Grande, a lo mejor nunca había oído hablar de la Legión ni de Millán-Astray.

Para valientes lo que he leído de un sitio que se llama el Igueriben. ¡Qué tíos aquellos! Y no eran legionarios. Lo sé porque aquí esas cosas se saben desde el primer día. Porque para poder cantar eso nuestro “soy valiente y leal legionario” pues tienes que saber lo que otros valientes y leales han hecho y porqué llevan ese título. Explicártelo no te lo va a explicar nadie.

Soy valiente y leal legionario: se le supone. Hasta que en tu hoja de servicios no pongan “acreditado”, no eres legionario, eres aspirante, como la mayoría son: aspirantes. Por muchas marchas que hayas hecho, quilómetros recorridos a ninguna parte, tiros de fusil, al aire, al blanco del campo de tiro, fuego real, pero sin nadie que a ti te dispare, habrás hecho de todo, instrucción paquí y pallá, pero el valor es otra cosa y hay que acreditarlo. Luego lo de las medallas depende de que te propongan, que te vean, que digan y dejen de decir, que no haya metido la pata el que te manda, que caigas bien, de muchas cosas. Hay medallas al valor, pero más hay valientes sin medalla. El valor lo conocen los tuyos, tu escuadra, tu pelotón, los que corren a tu lado y los que mueren a tu lado.

Hay que ser muy valiente para eso del compañerismo, ese Espíritu del Credo que tiene tela marinera, es decir muchas velas, trapo, y valor ante lo que es imposible. ¡Qué cosas tiene esto de la muerte!; el caso es que te vas más tranquilo a morir, si necesario fuera, sabiendo que los tuyos, aún muerto, no te van a dejar allí así párriba o pábajo o de cualquier manera, como te hayas muerto en el secarral que no hay ni una amapola, porque no hay ni cunetas en esas tierras africanas, ni un pájaro que te cante al sol o a la luna. Que sabes que no te vas a quedar allí a que te muerdan los chacales y algún carroñero que pase. Te quedas más tranquilo sabiendo que hemos jurado no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos. Jamás, nunca jamás. Que caigas donde caigas, muerto, no caído, los tuyos, aunque mueran todos, te recogerán, y si mueren todos, más habrá que vendrán, porque somos legión. Te quedas más tranquilo y eso sí que es ser valiente. Ni muerto te quedas solo y abandonado. He oído decir: ¡Qué solos se quedan los muertos!; no aquí en la Legión, que es una lista de honor y que pasan lista cada vez que hay una formación. ¡Rindan honores a nuestros muertos! Fulano, mengano… ¿¡Estamos todos!?

Valor, ¿qué es el valor?

Pues puede que el miedo sea mayor a lo que te vaya a pasar después de muerto que a la propia muerte; a quedarte allí espanzurrao en medio del secarral con todos los pájaros esperando a comerte. Así que, si sabes que allí no te vas a quedar, más tranquilo que vas a los tiros. Luchar y morir, legionarios a luchar, legionarios a morir. Nada fácil. Para eso hay que ser muy valiente. Y si lo has sido no importa decirlo. Que yo lo he sido. ¡Hay que darle una medalla a Braulio! Pues ya está, ya la tengo, aunque jamás nadie me la ha colocado sobre el pecho. ¡Hay que darle una medalla a Braulio! Pues ya está. Acreditado. Aquí todos los hombres son bravos, pero de bravo a valiente hay un trecho y ese es el que hay que demostrar que uno es capaz de saltarlo. Lo que hace, o debe hacer, un legionario son cosas imposibles para los hombres. Esta es una sociedad heroica que se mueve tras la gloria y el honor y eso, gloria y honor, solo llega con el valor. Y todo eso pasa en el campo de batalla, única razón de la Legión, y razón de más para el valor.

Cada héroe, tras su gloria, herido o muerto, deja paso a otro héroe. Así se construye esta historia de valor. El valor no alardea. No hay demostraciones inútiles del valor. Si es necesario arengar con un gesto, se hace y así se levanta la decaída moral en determinados momentos. Lo he visto, a algunos oficiales, levantarse delante de sus legionarios, gritando, arengando con su gesto, y es arenga el sonido del cornetín en medio del fuego, son gritos de guerra, la contraseña de la Legión, <<es el momento para el que te has preparado, hecho legionario, el del valor: la lucha cuerpo a cuerpo, en la que el machete-bayoneta, el fusil empleado como maza, las granadas de mano y las armas cortas de fuego, jugarán el papel principal>>. Es el momento del valor. Todo está dicho. Todo está hecho. Luchar y morir.

Los legionarios no amamos la muerte, que sería querer morir a cada instante, un permanente suicidio; distinto es no temerla. No hablamos de muerte, hablamos de resurrección en nuestro particular cielo legionario. Que existe. Entre ignorantes, como algunos piensan que somos los legionarios, me he encontrado a los sabios de la vida, con una sabiduría ancestral y práctica. Nunca tuve mejores maestros que estos hombres rudos, recios y derechos al grano, sin rodeos, sin engaños. Y son los que pasean al Cristo de la Buena Muerte, el Valiente. No les preguntes a los legionarios por el valor, ni en lo que creen, ¿no veis que son legionarios?

11.-  La música en la Legión

Desde la mañana a la mañana siguiente. Siempre hay alguien que cante, pa él o pa todos, siempre, a todas horas se oye una música, una coplilla desgarrá. Se vive y se muere cantando. Es como hablar en voz alta a alguien que está muy lejos y de aquí todo está lejos, nadie está al alcance de tus manos pa sonreírle o acariciarle. Mejor cantar por si se oye algo en alguna parte, que ya sabes que no es así, pero da igual; ¿y sí se oye allí donde tú piensas? Que no sabemos nada y todo creemos saber. El sabio me dijo un día que el hombre es un animal que come pan. Y que canta, le dije yo. Braulio ya vas aprendiendo a pensar me dijo. ¿Qué querría decir? Repetía que en la mucha sabiduría hay mucha molestia y que quien añade ciencia añade dolor. Pa mi que este ha sido cura, porque habla como el que había en mi pueblo, que decía lo mismo y ni él se entendía. O sea que el que sabe, peor que el que nada sabe. Pues a ver con qué me quedo. Cantar también debe ser saber, porque hay veces que duele el cante. Yo esto de pensar lo veo como el que se queda muy solo y no es bueno que un hombre esté solo, le das al coco y se te ocurre de todo. Mejor vivir juntos y hablarse y contarse y de vez en cuando cantarse pa que todos lo oigan. Todos los hombres estamos necesitados de los afectos, de los contares y de los cantares. Decía el sabio que los legionarios éramos ruidosos y metálicos y que eso era mejor que ser silencioso, pero cuidado en el combate que es mejor ser silencioso y nunca cantar por dónde atacas, como estos moros que de sigilosos que son no tienen ni siquiera sombra que les siga, por eso nunca se sabe donde están y donde se esconden. Pero cuando todo está declarado, cuando el cara a cara y es la hora del cuerpo a cuerpo, quien no grita llora y eso es fatal. El grito es fuerza, es vitalidad y potencia. Hay que gritar y amedrentar. Hay que tener la voz preparada, por eso cantamos y gritamos, es como el hablar del combate, es como luchar en voz alta. Hay que entrenarlo, como todo, porque el arte del combate inmaduro es fuente de grandes heridas; eso dice mi amigo.

Todavía suena esa de La Madelón, pero a mí no me gusta mucho, prefiero las españolas, hasta las endechas que son muy tristes, me gustan las que hablan de Patria y muerte, de luchas y combates, aunque cada cosa a su tiempo. Cantar tiene eso, que hay una canción para cada rato. Cantas al mundo, te cantas a ti y cantas a lo que no sabes que será después de todo esto. El combate es una canción, una melodía con su ritmo propio, un apasionado drama al que no se puede acudir desconociendo cual puede ser el final. El definitivo final. Hay que ir preparado y volver cantando por los que ya lo han logrado. Nadie en el Tercio sabía quién era aquel legionario; claro que lo sabíamos, pero aquí a nadie le importa nada más que entre nosotros, de dónde vienes y a qué vienes. Si dices que a morir, no se lo cree nadie así que mejor te callas y cantas, a ver si así te entienden.

Siempre España, siempre legionarios a luchar, siempre legionarios a morir. Llegará el día de las alegres canciones, cuando los desfiles paseen las glorias y suene el paso de marcha,  a esa velocidad que parece que se desencaja el cuerpo y que no llegas a dónde vas, o llegas tarde. Entre el rezo y el cante se vive y se muere y hay música para uno y otro momento, que casi no se distingue la una y otra. Y esa es otra cosa buena que tiene la vida en la Legión, que nada es aburrido, que nunca pasa lo mismo, cada día es igual, pero todo es distinto. Es como la vida que ningún día es como otro, aunque llevemos siglos en que amanece y anochece igual en cada momento, pero distinto en cada uno.

Y los toques de corneta, todo el día sonando que parece que ese hombre no vive y es como el reloj de la torre de la iglesia de mi pueblo, que yo creo que va solo y no le dan cuerda. Me dicen que ahora ya no hay toques en el cuartel. Pa qué, si no hay gente, se van o se meten en sus cuartos con tele y todo, y ya no oyen nada, como la sirena de una fábrica cuando llegan, que ni eso. Vivías al toque de corneta y atacabas con el toque de corneta y esa contraseña: tararirorirorí, tararirorirorííí… Esa es una música muy especial que se lleva dentro, pero es una música de órdenes que te dan, como si te las diesen cantando, y pa que se entere todo el mundo, que hay que levantarse, y el que esté malo ir a ver al reconocimiento, y hay que ponerse firmes al izar la Bandera, y saludar, y empezar la jornada, Academias,

12.- Los motes

Es que no me acuerdo de los nombres de todos. Casi tos son los mismos por generaciones. El mote es un título, por eso es muy importante. Si no tienes título no eres nadie. Muchos necesitan explicación por su misterio, por no saber muy bien, solo el que lo ostenta sabe donde se lo ganó y por qué. Otros son tan sonoros que son como las trompetas, como la diana o la retreta, alguno suena más que la generala. El Legionario te llaman luego en tu pueblo, pero en la Legión nadie lleva ese mote, eso no es un mote, es como te llaman, la distinción entre todos pa que se enteren los que los que no lo son, quizá que quisieron serlo, o que al pueblo le gusta tener uno, vecino, que haya sido legionario. Históricos motes son algunos: Warner, Fulmán, el Doctor, Charte, Rodrigo Díaz de Vivar; otros se repiten y repiten, una y otra vez, en un Tercio y en el otro: el Chino, siempre hay un chino, o el Baranda, el Negro, el Feo, el Paisa, el Señorito, el Marqués. Tendría que recordar: el Churra, el Sapo, el Cocodrilo, el Culebro, el Tortuga, Cascarilla, el Percutor, el Diplomático, el Malaguita, el Majara, de estos hubo muchos; Spiderman también aparece, son más modernos, Supermán, Iroman, Hulk. A mí me gustaba el Paisa, ¡que buen amigo!, era de todas partes, paisano de todos, y todos los sitios conocía, o decía él, que además te explicaba lo mismo el faro de Hércules que la Mezquita de Córdoba y te hablaba de un bareto aquí y otro en la carretera de no sé dónde. Ahora me dicen que también tienen motes las chicas. Tengo que enterarme bien.

Los oficiales, los suboficiales, los cabos, tenían los suyos. Muy suyos, y lo sabían. Alguno se enfadaba y se hacía el loco como si con él no fuese la cosa, pero entre nosotros ya estaba bautizado para siempre. Os diré alguno que aún recuerdo, con cariño, como el Lechuza, no sé si por sus ojos saltones o porque de noche aparecía por todas partes. Había uno que siempre se quejaba de uno y de otro; le llamaban Tersites.

Los motes ganados en combate son los que más valen, pero hay pocos. El Abeto era alto como tal. Su figura aparecía sobre cualquier horizonte y no había piedra ni hendidura del terreno que ocultase tan alto y delgado cuerpo. Era un buen hombre el Abeto; cayó vencido de un pacazo en la frente. El sargento Esténtor que así le llamaban por un nombre muy antiguo y su vozarrón que era como el de cincuenta a la vez. El Rediós, capitán, era como el redoble del tambor, pero en dios porque todo lo sabía, y más que se creía.

Es la vida cotidiana, un gesto, una manía, una cara o unos andares; el color del pelo o de la cara, la chulería, o lo contrario, tu pueblo o tu tierra, yo que sé, pero es un nombre de guerra, ya pa siempre, más que el tuyo propio, es el que te has ganao tú; sin saber cómo. Yo he sido Braulio, siempre, y parecía un mote más que mi nombre: el Braulio. Suena bien, a mí así me lo parece. Así me llamo porque parece que ese tal San Braulio era de por Zaragoza y de marzo, del día en que nací y así me pusieron para no tener que andar eligiendo.

Legionario Braulio

Publicado en el Blog: generaldavila.com el día 20 de septiembre de 2020 Centenario de la Legión.

UN NUEVO TÍTULO DE NOBLEZA: 240.000 DEL ALA Rafael Dávila Álvarez

En euros es un buen sueldo, aunque sea al año.

Los abrazos: <<lo que este tiene que saber>>. Le rodea un silencio inicial, es dueño de la palabra. Nadie pregunta en su presencia, por si acaso.

Que te sonría será bueno, ¿o no?: ¿Sabrá lo de?

Del abrazafarolas al abrazasecretos, y quien no maneja, por delante o por detrás, por dentro, o por el medio, la cocina o kitchen, la despensa, la nevera, o el frutal —siempre en inglés o en romano—, no es nadie.

Los militares siempre han sido pobres, exceptuando aquellos que por familia, suya o política, hayan heredado un buen título económico. La riqueza está (ba) en la añoranza. Ahora en el Consejo de Administración.

Los hay, civiles y militares, con y sin título o graduación, procedentes de los injertos sobre el árbol del socialismo que fructificaban en billetes de 500 euros hasta que los retiraron y hubo que injertar —fidelidad—en otras ramas. Del injerto salieron frutos codiciados: Ley de Memoria Histórica y, ahora, tras sucesivos injertos, renovados frutos, la de Memoria Democrática, todo para desmemoriados.

Dicen que les fue muy mal y es hora del <<ahora me toca a mí>>. Esta nueva ley acabará con los títulos de la(s) etapa(s) anterior(es), que no podrá(n) mencionarse si la cárcel quieres rehuir. Suprimidos los de aquella nobleza, que ya no obliga, hoy se reparten títulos nuevos, más y mejores.

El de marqués ahora se llama 240.000 euros y solo has de sentarte en un consejo de administración, sonreír y mantener el secreto:

—Aquí estoy yo; que sé lo que sé; más lo que tú crees que sé; yo soy el que soy, incluso yo soy.

Conozco a uno, funcionario, que antes se llamaba soldado, que cobraba más dietas al mes que días tiene el calendario.

  • ¡Oiga que febrero solo tiene 28 días! Y se las apañaba para contar viajes a muy lejos donde se confundía un día con el otro, por eso de las horas, y sumaba 31.

¿A quién le oí decir que el dinero hace mayores lealtades que las de la sangre? Los silencios son clamores cuando aparece la traición, que se practica cuando te retiran del tronco del injerto. ¿Quién dijo lo del enemigo al ombligo?

Los títulos nobiliarios, de más a menos, son: Duque, Marqués, Conde, Vizconde, Barón, Señor y Grandeza personal. Este último, como su propio nombre indica, personal e intransferible. ¿Hay mayor título que el de grandeza personal? ¿Es necesario que te lo conceda alguien? ¿Quién es alguien para dártelo?

La equiparación actual es más práctica. Entre el millón y los 200.000 del ala. Ser Duque de nada sirve, mejor es el millón y el Consejo de Administración. El que se proclama nuevo Jefe del Estado los concede vía telefónica, que es su BOE.

¿Grandeza personal? Queda fuera de la ley.

La ceremonia avergonzaría: Cobertura de Grandes.

Desde Alfonso XIII no se han repetido. ¿Quién se atreve en los actuales momentos?

De ella tendríamos que recuperar el final, cuando el Rey le decía al grande en cuestión: <<Cubríos y hablad>>.

Sé de algún grande, de estos de ahora, que diría: Cubierto estoy Majestad (el solomillo a cubierto), hablar no debo. Vuestra Majestad bien lo sabe.

Desde que empezó esta democracia, en España, todo, absolutamente todo, ha girado sobre los secretos y el dinero, sobre el dinero y sus secretos; y así no hay democracia que resista ni grande que con el título se atreva, si no es con gran desvergüenza. Claro que el título económico, estos nuevos, son otra cosa con la que se pueden comprar grandezas; hasta personales, incluso voluntades.

Son los amos de la luz, que la encienden y apagan a su antojo.

En un lugar de la Mancha Babieca hablaba con Rocinante:

—Metafísico estáis. A lo que Rocinante contestó.
—Es que no como.

Estamos en una so(u)ciedad muerta de hambre.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

16 septiembre 2020

 

A PROPÓSITO DE LA LEY DE MEMORIA “DEMOCRÁTICA” Juan Chicharro Ortega General de División de Infantería de Marina (R.) Presidente de la Fundación Francisco Franco

Los Benedictinos con las maletas a punto. ¿La Cruz derribada? La jerarquía eclesiástica calla.

En momentos como los presentes en los que España se encuentra inmersa en un caos de escándalos políticos, cuando el sistema autonómico hace aguas recordándonos la época cantonal, cuando vemos al Sr Sánchez empatizar con los representantes políticos de ETA, cuando en Cataluña la ofensiva secesionista se mantiene viva y desafiante, cuando las colas del hambre crecen, cuando el paro se acentúa y cuando seguimos sin percibir responsabilidades por la mala e incompetente gestión ante una pandemia que nos ha costado más de 50000 muertos, nos aparece ahora el Gobierno socialista/comunista/secesionista, o sea el Gobierno del Frente Popular, presentándonos un proyecto de Ley que denomina de “Memoria Democrática” , remate de la vigente Ley de Memoria Histórica .

No tengo duda de que la presentación de esta ley , en este momento, no es más que una aplicación bien conocida de lo que preconiza “Noam Chomsky” cuando nos expresa que nada mejor para un gobernante, incapaz de dar soluciones a los graves problemas de su nación, que el distraer la atención de la opinión pública y provocar disensiones y enfrentamientos que oculten aquella incapacidad.

Vaya por delante que denominar a esta ley con el apelativo de “democrática” no es más que un sarcasmo insultante al sentido común de las personas. ¿ Desde cuándo se puede considerar como democrática a una ley que dice reivindicar a las víctimas de la guerra civil cuando solo contempla a las de un bando y niega reconocimiento a las del otro bando e incluso a las que ocasionaron grupos terroristas como ETA, el FRAP o el GRAPO hasta el año 1978 ?

No , no es democrática sino falsaria y sectaria a más no poder.  Y, aún más, cabría aquí , también , ya que se empeñan en hablar de la guerra civil, preguntarle al Sr. Sánchez o a la Sra. Calvo si se procederá a investigar, y en su caso exhumar, a los miles de anarquistas que los comunistas asesinaron en Cataluña en mayo de 1937. ¿ Lo harán? ¿ sabremos al fin quien asesinó y despellejó a Andreu Nin? ¿Y a Buenaventura Durruti?

Pretende el contubernio socialista/comunista/secesionista, a través de estas leyes, no ya retrotraernos a enfrentamientos pasados, que ya estaban superados, sino a un estado de debilitamiento de la sociedad que posibilite el derrumbe del sistema democrático actual para llevarnos a una hipotética república popular y democrática que es su objetivo final y para el que no tienen prisa. Y es en este proceso cuando tiene lugar la eliminación de personas y organizaciones incómodas para sus intereses. Nada mejor para ello que de entrada callar todas las voces y organizaciones incómodas restringiendo su libertad de opinión y expresión. Así, esta Ley ataca fundamentos superiores de la Constitución Española como el derecho a la  libertad ideológica y a la no discriminación por ideas lo que la convierte en una ley liberticída. Ilegalizar la Fundación Nacional Francisco Franco se constituye por lo tanto en una prioridad por ser una organización que se enfrenta a la falsa verdad que nos quieren imponer por ley y lo hace con argumentos muy sólidos que se pueden extraer del archivo de la Fundación. Nada más apetecible para este contubernio que el hacerse con estos documentos y una vía es la ilegalización.

Es por todo lo dicho que el eje principal de la oposición a esta ley en el trámite parlamentario que habrá de seguir va mucho más allá de la defensa de la FNFF o de otros aspectos, sino de algo tan vital como la LIBERTAD individual y colectiva. Esperemos que no sólo sea VOX el partido que lidere esta lucha y otros partidos como el PP y C,s comprendan esta circunstancia. La inconstitucionalidad de la Ley es manifiesta y no cabe ahora la abstención de nadie.

Penoso me resulta leer las intenciones respecto al Valle de los Caídos. Pretenden convertirlo en algo parecido a un parque temático tan lejos del espíritu cristiano de reconciliación con el que se construyó. Entre otras maldades leo la pretensión de convertir lo que es un cementerio religioso en uno civil, antesala de la expulsión de la Comunidad Benedictina. La pregunta que me hago es : ¿ para qué entonces una Cruz?  La respuesta no ha tardado : la propuesta de demolición de la Cruz ya ha llegado al Senado mediante una iniciativa legislativa del grupo Izquierda Confederal. No es más que un señuelo inicial en el más puro estilo marxista pero desvela claramente las últimas intenciones.

Y al hilo de esto último me pregunto el porqué del silencio de la Jerarquía Eclesiástica. ¿ Acaso no tiene nada que decir?

No hay peor ciego que el que no quiere ver y cuando vemos al Sr. Sanchez y a su acólita Calvo pretendiendo ilegalizar la FNFF al tiempo que empatizan con Bildu sobran las palabras para definir la miseria que nos gobierna.

Más no hay que desesperar. La providencia nos iluminará y nos librará de la presencia del maligno en la tierra.

Juan Chicharro Ortega. General de División de Infantería de Marina (R.) Presidente de la Fundación Francisco Franco

16 septiembre 2020

Blog: generaldavila.com

EN PRINCIPIO FUE EL REY Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Inauguración del año Judicial. Hay muchas novedades en el mundo de la justicia y cuando las noticias surgen en ese ámbito mejor echarse  a temblar. Es la maldición: <<Tengas juicios y los ganes>>. Los que administran justicia se enjuician entre ellos: malo

Son muchos los manoseos con los que se trata a Montesquieu y cuando el Judicial adormece, recuerda al gato del Padrino cuando es acariciado.

La ideología puesta a juzgar es tan peligrosa como el ejecutivo puesto a investigar, o el legislativo a legislar, desde el partidismo.

Todo está manga por hombro.

Una Nación se construye con rigor y democracia, no se destruye a base de acabar con todo lo anterior y pedir un proyecto de futuro a un arquitecto sin título y a una cuadrilla de aprendices que jamás han cogido una paleta o un ladrillo.

Vítores y aplausos al Rey en la inauguración del Año Judicial. Les parecerá normal.

Vítores y aplausos al Rey en su recorrido por las Comunidades Autónomas. Les parecerá normal.

Cualquier presencia del Rey, privada o institucional, es aplaudida como nunca y con una intensidad distinta. ¿Por qué?

Los españoles aplauden a España. No hay más. En estos momentos de incertidumbre, cuando todo se derrumba, la historia, la unidad, la convivencia, la normalidad política e institucional, todo enlodado y sucio, el pueblo español no sabe a dónde agarrar sus esperanzas.

Miran al Rey. Un Rey en el imaginario popular sigue siéndolo todo. Y de hecho lo es. La esperanza.

Decía D. Leopoldo Calvo Sotelo: <<En principio fue el Rey>>, y así fue el comienzo con el que quieren acabar. Ha corrido la voz de alarma. La gente se ha dado cuenta de que algo ocurre y que hay engaño. Mira a su alrededor y no ve a nadie. Nadie que tome el mando en estos momentos en los que se requiere unidad. La zorra dentro del gallinero sin poder distinguir zorros y gallinas. Tanto que han decidido atacar más arriba. La Corona, que es esperanza, es el objetivo. De los zorros, mientras son devoradas las gallinas.

<<Aquí, en el principio fue el Rey; y luego la Corona se constituyó en marco permanente del cambio, a la vez estimulante y moderador>>, decía don Leopoldo. Van a por ella.

Hoy es esperanza. La única que nos queda ante una España fraccionada hasta en sus mínimos detalles, dividida, en la que a 100 kilómetros de tu casa entras en un mundo nuevo, con legislaciones y normas distintas, donde en breve serás un forastero.

Mientras esto ocurre ¿que está haciendo el Gobierno?

El maestro Gabriel Albiac pone el dedo en la llaga (ABC. 7/9/20):

<<El presidente del Gobierno alentó, de entrada, la gesticulación moralizante de su aliado, pasó a atenuarla luego, para finalmente ofrecerse a sí mismo como protector y garante de la Corona frente a los excesos de su impulsivo vicepresidente. Y el juego se perpetuó: van ya tres meses. Iglesias ataca, Sánchez tutela. En el cruce de ambas líneas de fuego, la institución monárquica queda neutralizada. Como es lógico, el nuevo defensor y garante de la Corona va dejando más que claro que no tolerará un nuevo discurso como aquel con el que Felipe VI deshizo el golpe de Estado en Cataluña. Ninguna protección es gratis>>.

Profético: <<…que la Corona se avenga a ser rehén bajo tutela del defensor Sánchez, a cambio de que éste corte el ruidoso ataque del pájaro de las tempestades>>.

Hay un Pretendiente que se esconde, por ahora en la tutela, como salvador de la misma.

Decía Shakespeare <<que la familiaridad engendra desprecio>>, algo que nos recordaba Sabino Fernández Campo.

El pueblo aplaude a su Rey, símbolo y exponente de la nación. Es la encarnación de todo un pueblo que mira hacia donde puede recuperar su significado, presente y futuro. Su esperanza. Porque está perdido y sin confianza, es decir sin fe en nadie.

Fue Jaime Mayor Oreja quien dijo que la monarquía en España dejó de ser un elemento de discusión nacional a ser un factor determinante de integración nacional.

¿Qué pasará cuando no haya nación? Tengo dudas de que todavía estemos a tiempo.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

9 septiembre 2020

PRESOS VASCOS. PEDRO SÁNCHEZ LAMENTA EL SUICIDIO DE UN ETARRA EN LA CÁRCEL Y DICE QUE INTERIOR SIGUE LA SITUACIÓN DE LOS PRESOS VASCOS Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blanquear a la ETA. Ese es el objetivo de Pedro Sánchez; entre otros de la misma catadura.

Hoy tengo poco que decir. Lo ha dicho este personaje que todavía tiene la desvergüenza de seguir siendo presidente del Gobierno de España.

Pedro Sánchez es indigno de seguir dirigiendo España después de ofender de esta manera a los españoles. Las palabras que van de título de este comentario de urgencia son las del presidente del Gobierno de España ante una pregunta en el Senado de uno de Bildu, un heredero de la ETA, un <<hombre de paz>>, que preguntaba por un etarra que se había suicidado en la cárcel, y pedía no sé qué de actualizar la política penitenciaria; seguramente se refería a devolver las bombas y pistolas a los asesinos.

Pedro Sánchez ha batido todos sus récords de indignidad, casi hasta los de Zapatero. Presos vascos llama a los asesinos de la ETA, que no tienen otro calificativo que el de asesinos.

No pretendo seguir este relato ni darle más recorrido a estos personajes que están construyendo el blanqueamiento de los asesinos, una obra que se ha iniciado hace tiempo con Zapatero y de la que nos estamos tragando sus píldoras hasta llegar a saborearlas.

Hay mucho que hablar y a muchos que señalar. Ellos lo saben y ustedes se sorprenderían si hiciésemos una lista.

El discípulo de Zapatero, blanqueador de la ETA, señor Sánchez, acaba de cometer el acto más indigno de su reinado gubernamental. Nadie se dará por aludido y todo seguirá igual.

Por hoy solo eso. Con el titular del artículo es suficiente. Ahora sigan y sigan, y sigan.

Lo único que hay que investigar, hablar, y seguir sobre la situación de  los asesinos etarras es que cumplan hasta el último segundo de su pena y se persiga e investigue —¿se hace?— todos los asesinatos que están por esclarecer, detener y juzgar  a los asesinos.

Presos vascos. No puede haber más indignidad.

A lo que se ha llegado en España es preocupante y además indigno; lo que nos responsabiliza a todos.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

9 septiembre 2020

 

 

 

DISFUNCIÓN INSTITUCIONAL Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Después de Franco las Instituciones. ¡Ya!

<<Después de Franco las Instituciones>>. ¿Lo recuerdan?: Jesús Fueyo.

Fue un error de concepto. En España hay mucha paciencia y vacías las instituciones. Cualquiera dice ser una institución, pero las del Estado, las de verdad, les aconsejo que las repasen en la Constitución, padecen grave disfunción y a nada ni a nadie conducen. En cualquier caso todos convendrán conmigo que lo del Legislativo, Ejecutivo y Judicial, es una tomadura de pelo (constitucional). Sabemos que aquí nos gusta lo de la gorra y el pito más que cualquier otra cosa, es decir que nos gusta ser el dueño del balón y mandar, que te vean en tu pueblo de mandón, y como te saluda hasta la Guardia Civil.

Claro que una cosa es mandar de boquilla, ir de pinturero, incluso vocear, y otra eso que llamamos autoridad moral; o simplemente representativa. Aparentar, parecer ser, exhibir las facultades no es funcionar.

¿Hay algo que funcione? Dicen que Amazon. Todo depende.

Mi amigo Luis fue a renovarse el carnet de conducir para lo que tuvo que pasar por el previo reconocimiento médico. Le pillaba cerca una clínica de un céntrico barrio de Madrid y allí fue.

Tercero derecha; elegante sitio, recepción exquisita por una enfermera que de entrada le ofreció un café. Sala de espera silenciosa y privada. ¡Qué extraño!, se dijo mi amigo. Al rato salió un afable doctor…

—Pase don Luis; siéntese. ¿Cómo está? ¿Es la primera vez? Tranquilo, suele pasarse un mal rato al comienzo, pero todo esto es normal. ¡Cuénteme, cuénteme!

—Pues mire Doctor…

De nuevo insistía el médico.

—Tranquilo don Luis; relájese y cuénteme cual es su problema, sin prisas y sin rubor alguno. Es mucho más corriente de lo que se piensa.

Mi amigo, ya un tanto extrañado y sin entender aquello, soltó de sopetón.

—¡Oiga, doctor! Que yo vengo para el reconocimiento del carnet de conducir.

Nadie perdió la compostura, pero amablemente le invitaron a Luis a irse, a la vez que le indicaban que había un error, que eso era una clínica para tratar la disfunción eréctil.

Lo que mi amigo buscaba, según la amable enfermera, estaba en el piso de abajo, en el segundo. Y bajó.

Efectivamente aquello era otra cosa; había tumulto, ruido, te daban la vez,  nada de café, decoración de plástico y poca amabilidad. En minutos despacharon a Luis, que tenía que ir al oculista si quería renovar el carnet. En el primer piso, le indicaron, había uno. Pero para Luis aquella experiencia era suficiente para un día y le parecía lógico, después del susto, tener la vista nublada.

Aquello sí que funcionaba. Pisos primero, segundo y tercero. Unas instituciones coordinadas y listas para conducirte por la vida: carné, buena vista y de cintura para abajo todo listo.

Lo curioso es que las clínicas tenían el mismo nombre. Doctor L.E.J. era único dueño. Institución de asociados y forrados a costa del carné, de la vista y de lo otro.

Como aquí.

Después de Franco las instituciones. No contábamos con la posible disfunción.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

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8 septiembre 2020

LA ZARZUELA, LA MONCLOA Y EL PARDO. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Palacio de la Zarzuela

Más de uno siente el dolor de la edad, de la tristeza, de la sabiduría ahora despreciada. Puede que del error, de la equivocación.

España está construida a base de errores que se repiten. El pasado fue una equivocación y los que forman parte de él olvidados viejos a los que solo les queda irse con el dolor del desprecio. Se queda, momentáneamente, la maravillosa y luminosa juventud.

Algún día despiertas y aprendes: lo que parece nuevo es una vieja historia disfrazada que se repite en capítulos de inconsciencia.

<<No hay mal que no venga por bien>> sentencia Baltasar Gracián en El Criticón. Pusieron la frase en boca de Franco el mismo día que mataron su pensamiento, obra y palabra. Yo no me lo creo. No dijo nada y todo le vino a la cabeza. Asesinaban a Carrero Blanco por orden terminante de Toulouse, con información y alma comunista, y la mirada perdida de algunos gobiernos. Los ejecutores fueron unos borrachos que le daban a todo. Así es la historia. Piensan unos y ejecutan otros. Suelen ser borrachos ambos.

¿Y qué? Nada. Agradecida es la Patria y sus patrioteros.

Pedro Sánchez pregunta a los que le rodean que dónde está el bien. El bien eres tú Pedro, futuro y compromiso. Progresismo. Vas a construir una nueva España.

España hace mucho que dejó de pensar en el futuro y vive día a día sin aportar nada que no sea contra la memoria.

La historia se mueve entre palacios.

Tres.

La Moncloa es un despilfarro, un palacio inútil  por sus moradores. Es feo y sobre todo frío, muy frío. A gusto del consumidor, es decir del usador, que suele haber leído poco sobre gustos. Iba para Palacio y se quedó en despropósito.

La Zarzuela es un arroyo de zarzas, donde está construido el llamado Palacio de la Zarzuela, donde no se ve ningún palacio y sí un chalet muy grande en espacios interiores. Allí se estrenó, entre espinas y flores blancas que dan moras, este género musical, la Zarzuela, con Felipe IV, y allí siguen las zarzas pajareras y muchas encinas que dan bellotas para San Eugenio.

Vigila el paraje, elevado en la distancia, la sobrecogedora talla de Gregorio Fernández, el Cristo del Pardo, donde acude (acudía) el <<todo Madrid>> a rezarle y de camino el fraile de la puerta, fray Santiago, te bendice (bendecía) el coche.

La Zarzuela tiene seis puertas, y una tapia de 2 metros de la época de Felipe IV que traspasan los jabalíes, nadie sabe por dónde. Hay entradas y salidas de diferente estatus.

Está el campo de Zarzuela que es como una dehesa pintada sobre tabla de Flandes, y el Palacio. Son cosas distintas, pero reflejan la seriedad del recinto, el contraste. Desde que traspasas la puerta al campo, hasta que llegas a la del Palacio, te da tiempo a repasar la historia de España que tiene mucho de encinares y cielos del Prado, de museo, una zarzuela donde casi todo parecen piezas estáticas sacadas de una vitrina. Ni los centinelas o la bandera se atreven a moverse más allá de lo que corresponde. Para las visitas hay dos rutas iguales que les llevan al Palacio, es el mismo camino, pero distinto si vas o si vienes. La de entrada y la de salida. Siendo la misma, nada que ver la una con la otra.

Puedo asegurarles que he visto a muchos entrar y salir. No era el mismo el que entraba que el que salía por el mismo camino, siendo todo el paisaje igual. Cambiaba todo. Durante el trayecto de salida las cosas eran sorprendentemente distintas. Es el milagro de la Corona. Hasta a la mayor de las fieras la he visto mansa y cariñosa cuando salía. Lo he contado en alguna ocasión con nombres y apellidos. Allí la realidad se hace verbo y parece que has entrado en la seriedad de una nación cuya asombrosa historia te recibe. Sobrecoge el insignificante recinto al lado de otros más majestuosos y barrocos. No es el sencillo y bucólico paisaje ni es el chalet grande, sino la historia que encarna quien te recibe.

Cuando entré por primera vez en ese recinto, hace ya muchos años, alguien muy cercano me dio un consejo: <<De Zarzuela cuando te vayas no vuelvas a no ser que te llamen>>. Lo cumplí a rajatabla.

Otros no y el camino de salida les resultó desconocido. No recordaban que somos una simple figura de la decoración, estática, ni un movimiento más del que te corresponde, ni bien ni mal hecho.

Los lugares los hace quien los ocupa. Símbolo de Majestad es Zarzuela. Lo ocupe uno u otro, es España quien lo habita y por ello está bien guardado y cerrado para todo el que no le corresponde encabezar la historia y darle continuidad. Quien allí vive no es uno, sino una continuación, una unidad en el tiempo, la historia y sus titulares, para lo bueno y lo malo, eslabones que, hasta oxidados, aguantaron el difícil peso de nuestra historia. No sobra ninguno. Todos los eslabones forman la cadena de la historia. No hay aleación perfecta, pero está muy cerca de serlo después de tantos años e intemperie. Mejor no cambiarla ni someterla a restauración.

Los otros, nosotros, los que entran y salen, ni brillo damos, simplemente servimos y una vez hecho nos vamos. Nada somos, nada tenemos y nada  pedimos (deberíamos). Formamos parte de España y ayudamos a que esa Corona sea continuidad de una España en paz, y que desde ella nos calme, acoja, y frene nuestras pasiones tan contrastadas y grabadas en esas páginas de los siglos.

Cuando te vayas no vuelvas. Es un buen consejo al terminar tu labor de servicio. Ahí deben estar, siempre, siempre, los que son y los que han sido, porque un Rey nunca deja de serlo. Lo es y será más allá del final.

El Palacio de la Zarzuela es más que una vivienda. Fue, es, y esperemos que siga siendo, el lugar de referencia de los Reyes. Unos Reyes que son la Corona de España, no uno, sino continuidad.

La cadena es de una aleación que, una vez rota, no da lugar a soldaduras.

Si te vas no vuelvas es algo muy duro. No es para los Reyes.

Si se pierde un eslabón, aún oxidado por el tiempo, erosionado por los toqueteos y manoseos de tantos, es irrecuperable la cadena.

Queda roto el engarce con la historia. Empieza una cosa nueva de nombre desconocido; o demasiado conocido.

La Moncloa es un palacio hortera y presuntuoso, de mal gusto y muros poco fiables. Hay fontaneros y soldadores que provocan desagües y rupturas.

La Zarzuela es la historia de España. Puede que eso sea con lo que quieren acabar.

Falta hablar del tercer palacio: El Pardo.

La historia ya no se lee en los libros, sino en los palacios convertidos en estancias temporales donde la historia se esconde avergonzada.

Tenemos historiadores muy bien pagados y por tanto los peores del mundo.

Van de palacio en palacio escribiendo y cobrando. Nadie puede imaginarse lo efectiva que es la mentira.

Errores que se repiten. La maravillosa y luminosa juventud.

España está en un único Palacio: Zarzuela. A pesar de los sainetes y y la confusa historia nuestra. Pero es nuestra, no de otros, y a su alrededor debemos arrullarnos en lo bueno y en lo malo.

Al fin y al cabo no nos ha ido tan mal, aunque nuestro carácter sea tan crítico con nosotros mismos.

Gritemos viva el Rey y que viva donde le dé la gana, pero, por ahora, el símbolo está en el Palacio de la Zarzuela.

Más de uno siente el dolor de la edad, de la tristeza, de la sabiduría ahora despreciada. Puede que del error, de la equivocación.

Dijo Napoleón que un error es peor que un delito. Roma no; España sí. Paga a traidores.

Es de esperar que ningún bruñidor acabe desgastando la cadena.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

7 septiembre 2020

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¡PERROS! CON DISTINTOS COLLARES Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Eran aquellos años de mediados de los setenta.

Después de muchos días, pirineo arriba pirineo abajo, en dura instrucción, y más, nos refugiamos del agua y viento en una borda ocupada por la ferocidad de las pulgas. Hay remedios, grandes remedios para grandes ocasiones, pero no los hay para las pequeñas; como el ataque de las pulgas. Superado a ratos, vi entre los restos del interior un periódico que podía ser de la Guerra del 14. Empecé a leerlo sin mirar, de manera intencionada, la fecha de su edición. Después de cerca de quince días sin oír más allá del Código Q, sus noticias me recordaban El Día de la Marmota. Siempre lo mismo.

Desde la escasez y la soledad, desde la responsabilidad que contraes cuando de tu decisión dependen aquellas miradas que escudriñan el siguiente paso que vas a ordenar, la información varía en importancia y te afecta en mayor o menor medida.

El mundo no es el mismo desde el puesto de vigilancia en primera línea que el que lo analiza traspasada la Casa que vigilan los cañones, ahora leones, de Tetuán.

Aquel viejo periódico hablaba de asesinatos, de la ETA, del terror, y de alguna cosa más para rellenar, porque la información que se repetía era la de la sangre derramada de aquellos inocentes dejados de la mano de todo el mundo. Para mí, entonces, ahora menos, era incomprensible como, con la cantidad de información, datos y señas, que proporcionábamos y que obtenían nuestros compañeros infiltrados, jugándose la vida, aquellos asesinos se paseaban impunemente por España y asesinaban, asesinaban y asesinaban, sin que nadie contuviese aquella matanza.

Llegaron a hacerlo impunemente hasta del Presidente del Gobierno, Carrero Blanco. Luego vinieron las historias: que si Kissinger, los americanos, que si desde dentro o desde fuera, cuando la realidad cada día se afianza más alrededor de unos errores inauditos y de unos desalmados mal (?) vigilados.

Aquel periódico viejo y sucio me hizo durante unos momentos dudar de todo, de lo que hacíamos o no hacíamos, de las órdenes y de las medias órdenes, de la irresponsabilidad que siempre alcanza y mata a los que menos arte y parte tienen. De todos y cada uno de nosotros, porque mientras allí estábamos, otros más importantes, los más, no recibían a los familiares de los asesinados. Todo era una farsa de la que desconocíamos los actores y directores. Aquello nos afectaba directamente a los que estábamos en el monte.

Hoy hasta el periódico ha cambiado. En algo sustancial. Aquellos que asesinaban siguen con el odio en sus entrañas, dicen que no matan, hasta dicen que son hombres de paz, y se les acoge en las instituciones, y dialogan desde el odio y con el arma escondida. Ha cambiado el titular mediático, mientras cambia el titular de España por el de otra cosa. Al final se han salido con la suya. Matando y sin matar. Les da igual. Los mismos perros; distintos collares. Son los que mandan.

Yo, como otros muchos, luché contra la ETA. A otros les han asesinado o arrancado de sus vidas lo que más querían. La ETA sigue en pie. ¿De qué ha servido?

¡Canallas criminales!

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

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6 septiembre 2020

EL PAZO DE MEIRÁS Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Pazo de Meirás

Pues que les voy a contar. Lo saben ustedes. La historia se ha abierto y entre plumillas, juececillos, politiquillos y el virus loco del desconocimiento que lleva fabricando, hace años, catedrales de odio e incultura en España, se está redactando otra historia que nada tiene que ver con la rigurosidad, para bien, mal o regular.

Al margen de lo que me parezca la actitud de la familia de Franco, que quizá debiera haber adivinado lo que se avecinaba (y andar prestos e imaginativos), el problema de fondo que tenemos encima, tiene mucho que ver con las libertades. Lo diga Agamenón o su porquero.

Puestos a revisar propiedades y contratos hagámoslo con todas y todos, sin dejar una o uno por desempapelar. Hectáreas y títulos unidos a ellas, en premio a sus hazañas, casi todas de guerra, palacios y horizontes.

La historia está llena de regalos y prebendas. Pero…

¿Tendrá el Duque de Alba que devolver el Palacio de Liria, el de las Dueñas y tantos otros?

Y así. Entre otras cosas, títulos de otro tipo, más suculentos y también hereditarios.

Puedo hablar de épocas presentes, pero me iré a la historia.

Viene al caso, por si los jueces quieren hacerse eco, el de Sir Wellington en la batalla de Vitoria. Lo expliqué en este artículo que les adjunto.

Hoy es conveniente recordar el tesoro artístico e inmobiliario que se llevaron los ingleses y que aún allí, y aquí, permanece.

Las Cortes españolas, <<a propuesta de don Agustín de Arguelles, concedieron a lord Wellington, para sí, sus herederos y sucesores, el sitio y posesión real conocido en la vega de Granada bajo el nombre de Soto de Roma, con inclusión del terreno llamado de las Chanchinas, dádiva generosa, de rendimientos pingües>>, que Lord Wellington aceptó.

Pero no quedaron ahí los generosos obsequios.

El Libertador de España como llamaron a Lord Wellington, una nominal hipérbole sin duda, fue obsequiado en numerosas ocasiones, dos de ellas con valiosos cuadros de la colección Real española. Según datos del Museo Nacional del Prado la primera vez fue el 15 de agosto de 1812, tras la victoria de ­Wellington en la batalla de Salamanca y su entrada triunfal en Madrid, cuando la regencia española agradeció sus servicios con doce pinturas del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso.

Fue en el equipaje del rey José donde apareció un inaudito botín. Siguiendo con los datos del Museo del Prado allí se encontraron documentos de Estado, varias cartas de amor, un orinal de plata y más de doscientas pinturas sobre lienzo, desclavadas de sus bastidores y enrolladas, junto con dibujos y grabados. Fueron llevadas a Londres por orden de Wellington catalogándose por la National Gallery en una lista de ciento setenta y cinco sustraídas de la colección real española por el rey José que pretendía llevarse a Francia. Wellington con caballerosidad ordenó devolver sin dilación las pinturas al repuesto rey de España Fernando VII; no recibió de este respuesta alguna. En 1816 envió una carta al conde de Fernán Nuñez, representante español en Inglaterra, para ponerse de acuerdo en la devolución  de las pinturas. La contestación de la Corte al fin llegó: «Adjunto os transmito la respuesta oficial que he recibido de la Corte, y de la cual deduzco que Su Majestad, conmovido por vuestra delicadeza, no desea privaros de lo que ha llegado a vuestra posesión por cauces tan justos como honorables».

El “regalito” consistió en ochenta y tres pinturas de las cuales, según el Museo del Prado, <<se pueden rastrear el origen de cincuenta y siete gracias a los inventarios reales>>.

No son obras menores, sino valiosos tesoros españoles que pueden figurar entre las más destacadas obras de todos los tiempos.

La Última Cena, de Juan de Flandes, que perteneció a Isabel la Cató­lica; una Sagrada Familia, de Giulio Romano, antaño atribuida a Rafael; Orfeo ­hechizando a los animales, de Padovanino, y Oración en el huerto, de Correggio. Otras obras maestras son la minuciosa ­Judith y Holofernes, de Elsheimer, y el imponente Aguador de Sevilla, de Velázquez.

¿No lo sabían ustedes? Pues sepan que las mejores pinturas del Apsley House de Hyde Park Corner, que fue residencia del Duque de Wellington, fueron —creo que deberían seguir siéndolo— de la colección real española.

El triunfo en La batalla de Vitoria no es motivo para que una gran colección de pintura, propiedad de España, permanezca en Londres como regalo a un general que ganó una batalla. Nunca se debió regalar y menos aceptar el regalo. Ahora aguantamos el sarcasmo británico cuando hablan del The Spanish Gift.

Obras de Velázquez, Goya, Juan de Flandes, Tiziano, Ribera, Murillo, Claudio Coello, Giulio Romano, Guercino, Guido Reni, Van Dyck, Jan Steen, Jan Brueghel el Viejo…, forman parte del Spanish Gift.

A ver si hay algún juez que se atreve con ello.

Del derecho a la propiedad veremos, pero lo que vemos es que la libertad está condicionada y dirigida por los que más chillan. Solo chillan si el pastor levanta el cayado. El porquero lo ha hecho y reclama El Pazo de Meirás. El camaleón cambia de color.

Acabará siendo la residencia de verano del Pretendiente. Yo lo oKupaba.

Hay mucha más gente con recientes palacios (y títulos, nobiliarios o de los otros). A sus supuestos dueños les recomiendo que vayan preparando antecedentes y escrituras.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

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5 septiembre 2020

DÉJENSE DE ALABANZAS Y QUIERAN MÁS A LOS SOLDADOS EN SU DURA MISIÓN Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Oigo alabanzas que se volverán lanzas en cuanto haya ocasión. Es muy nuestro. Al abrazarse hay que mirar siempre la mano del abrazador. Recuerdo una felicitación de alguien no muy amigo.

Felicitador: <<Enhorabuena por ascenso y fuerte abrazo>>.

Felicitado: <<Acepto felicitación y rechazo abrazo>>.

El cuadro de Las Lanzas, o La Rendición de Breda, de Velázquez es significativo e irónico. Siempre me he preguntado donde miran los que miran fuera del cuadro. Observe y de paso ¿por qué Velázquez nos saca al primer plano el culo del caballo en postura de dar una coz inmediata?

Cosas del genio sin desvelar, a pesar de que su pintura se cifra en eso: sencillez. Que es precisamente lo difícil en cualquier actividad.

En aquella ocasión, en Breda, no había felicitaciones, sino derrota, vencedor y derrotado, casi ni abrazo, sino simulación, y humo al fondo, de la batalla, donde los muertos ¿ya para qué? y ¿por qué?

La guerra es un mal permanente, tanto que a lo mejor ni es a ratos, sino siempre. Lo decía Spinoza, que está más bien en el corazón que en las armas, o sea que guerra hay siempre y por eso en Las Lanzas se exhiben y ahí siguen, el arcabuz, los guiones-banderas, y las mortales alabardas no arrojadas al suelo, sino en prevengan, para más tarde. Una escena señorial nos pinta Velázquez, pasajera, que después seguirá la guerra y para ello deben estar las tropas preparadas.

Llueven las felicitaciones, empalagosas, a los Ejércitos, porque son rastreadores, como los indios, y por otras cosas más que ya, de tanto decirlas, me aburre y, de paso, con ello, me he ganado unos cuantos amigos que ya no me saludan, menos mal, porque no aplaudo con las orejas todo lo que veo e intuyo. Ya saben de lo que les hablo.

Se trata de la guerra y, claro, todos quieren ganarla.

Muchas picas y caballos en la escena, cortesía, caballerosidad, nada de humillación, algo muy inusual.

En mi paleolítico militar, joven teniente destacado con mi unidad de Operaciones Especiales en la frontera de Navarra con Francia, con misión de su impermeabilización para evitar que atravesasen la línea de mugas los etarras para asesinar, tuve la ocasión de compartir momentos con un oficial francés y sus soldados. Al terminar, con una pequeña fiestecilla, donde salió la guitarra y las canciones, el francés me dijo algo que aún recuerdo.

—La diferencia entre tu mando y el mío es que veo que vuestros soldados os quieren.

Alabar no es querer, y felicitar tampoco lleva consigo abrazar. Lo empalagoso y melifluo no está, fíjense, en la Rendición de Breda.

No he visto ni oído una palabra de afecto y reconocimiento a nuestros soldados en Irak. Por ejemplo.

Habrá que renunciar a las armas, pero les recuerdo que la guerra seguirá, mientras permanezca en los corazones de los hombres

Spinoza: «La paz no es la ausencia de la guerra, es una virtud, un estado de la mente, una disposición a la benevolencia, la confianza y la justicia».

Puede que como en Breda. No se fíen.

Ahora déjense de alabanzas y quieran a los soldados. En su dura misión también, con las armas en la mano, que es lo suyo. Si es que quieren paz.

Para empezar, por ejemplo, paguen los caballos, las lanzas y a los actores.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

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AVIONES MARROQUÍES VIOLAN EL ESPACIO AÉREO ESPAÑOL. MESSI FICHA POR EL REAL MADRID Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

O por el Fuenlabrada. Es igual, solo cuestión de darle a las redes sociales y colarlo en algún digital. Lo de Messi o lo de los aviones, que <<hay gente pa tó>>. Lo malo es cuando esa gente sabe muy bien lo que hace y dice, y lo dice y hace con intención.

Lleva casi todo el mes de agosto circulando por las redes sociales una noticia falsa (fake news) que habla de unos aviones marroquíes que han violado el espacio aéreo español y se han paseado <<como Pedro por su casa>>. Incluso se asegura que han fotografiado nuestras bases militares y despliegues; y que nuestros eurofigther han tenido que sobrevolar la Isla de Alborán como consecuencia de la violación del espacio aéreo.

El Ejército del Aire ha desmentido la noticia, pero:  <<que si quieres arroz, Catalina>>(Tiríd ‘ala rrús, aqṭá‘ lína), que se confunde lo real con lo que alguno quisiera emponzoñar.

Convendría que todos supieran que nuestro Sistema de Mando y Control Aéreo es uno de los más avanzados y operativos de la Alianza. Nuestros aviadores son de los mejores del mundo y a pesar de las carencias presupuestarias, evidentes y peligrosas, aún son capaces de mantener a plena seguridad el espacio aéreo español 24 horas al día, 365 días al año. No está el Ejército del Aire para andar desmintiendo las estupideces que algunos malintencionados ponen en redes sociales y de las que se alimentan sin rigor muchas informaciones.

Creo no equivocarme si digo que he desmentido la noticia más de 10 veces por redes sociales y correos de personas que me preguntaban. Pues eso, que si quieres arroz…

Aún está en nuestras mentes el Boeing 767 de la compañía Air Canadá que declaró emergencia nada más despegar del aeropuerto Madrid Barajas. Sabía que tenía reventado parte del tren de aterrizaje, pero necesitaba más información para valorar los daños y adoptar la decisión más segura y eficaz. Allí estaba en tiempo récord el capitán del Ejército del Aire Roberto García Macías, con su F18, perteneciente al Escuadrón 121 del Ala 12, al lado del avión averiado dando tranquilidad e informando de los daños. Y es de destacar la eficaz respuesta del Mando Aéreo al atender a la emergencia sin que en ningún momento quedase disminuida su capacidad para hacer frente a cualquier otra situación de alerta que precisase de su intervención.

Vigilan el arriesgado espacio Europeo en el Báltico y se la juegan los valientes Corsarios del 43 Grupo de Fuerzas Aéreas, los famosos apagafuegos. Muchas intervenciones silenciosas de nuestros pilotos, y de arriesgada ejecución, cada día, cada noche.

Son nuestros aviadores, nuestro Ejército del Aire. No están para bromas los cielos españoles y ellos son los ángeles de su custodia.

El espacio aéreo español es y está seguro. Se lo aseguro.

Déjense de falsas noticias y siempre con la verdad por delante.

Messi no creo que fiche por el Real Madrid. Debe ser noticia falsa. Denle a los <<me gusta>> y puede que alguien se lo crea.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

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3 septiembre 2020

VERANO 2020 PUNTO DE SITUACIÓN Vicente Díaz de Villegas y Herrería Soldado de España

Llegó el verano y nos sorprendimos con la salida de España de SM el rey Juan Carlos I. Mucho se ha especulado, y en muchos casos por parte de aquellas bocas, “cree el ladrón que todos son de su condición”, que podrían estar o están imputados en tribunales y tienen cuentas dudosas dentro y fuera de España.

Otros han mirado hacia las relaciones familiares entre un Rey padre jubilado y un Rey hijo en activo, entendiendo que los asesores no han sabido valorar el jaque al Rey mediante el ataque a su principal y valioso valedor, su padre que constituye un firewall de prestigio internacional. Parece que “nadie es profeta en su tierra”.

¿Y en cuestiones de mujeres como te marcha la vida? Me defiendo me defiendo como gato panza arriba” decía la canción. Canción que podrían cantar algunos políticos recientes no españoles como Mitterrand, Kohl, Kennedy, Sarkozy, Hollande, Felipe de E, Charles, …Corramos un tupido velo sobre malos ejemplos, que no han impedido gobernar bien y a favor de su Nación.

Los Españoles miramos a SM el Rey Felipe VI como último recurso ante esta situación política, pero quizás no nos acordamos de que, ante su clara intervención frente a la delincuencia secesionista catalana, al día siguiente, el jefe del Gobierno de turno ofrecía diálogo a los delincuentes y aplicaba, semanas después, un 1,55 en vez del Articulo 155. Luego llegaron las ensoñaciones.

¿Quién está con el Rey? Los Españoles están con el Rey en quien confían, los Ejércitos están con el Rey a quien obedecen y todos le quieren, pero una clase política lo aísla.

Carlos I de España y V de Alemania, nacido en Gante, ahora Bélgica, a pesar de sus ambiciosos consejeros flamencos y de que no sabía una palabra de Español, hispanizó su imperio propagando la hispanidad por toda Europa.

Decía Navarrete en su Conservación de la Monarquía (1625), “Sólo Castilla ha seguido diverso modo de imperar, pues debiendo, como cabeza, ser la mas privilegiada en la contribución de pechos y tributos, es la mas pechera y la que mas contribuye para la defensa y amparo de toda la monarquía”.

Se olvidó esto y los descendientes de aquellos favorecidos por la generosidad de Castilla esgrimen, en su propio favor, fueros antidemocráticos que institucionalizan la desigualdad y el favor.

El régimen instaurado con la Constitución de 1978, con evidentes connotaciones con la España revolucionaria y cainita de los años 31, 34 y 36 premió acomplejadamente, en algunas regiones de España, a aquellos caciques traidores a la República Española.  También premió ideologías fracasadas y puestas a la luz en 1989 cuando cayeron los muros de la tiranía y la miseria. Pasito a pasito las autonomías mas la ley electoral y los partidos politicos han hundido a España mostrando su debilidad y coste.

Ahora estamos en manos de “Aldeános” Españoles del Norte de España, muy contentos de someter con sus privilegios al resto de Españoles.

Ni Liberté, ni Egalité ni Fraternité; los mismos aldeanos, al otro lado de la frontera, al Sur de la Nación vecina, Francia, se convierten, manteniendo sus peculiaridades culturales, en ciudadanos de una de las potencias mundiales, porque una cosa son las gaitas, chistus, flavioles y tamboriles y otra la administración y engrandecimiento de la Nación Española, anterior en su actual territorialidad a la Nación Francesa. La unión hace la fuerza. La transición alemana fue la unión de la  miseria y espionaje de la Alemania comunista llamada Democrática con la Alemania de los aliados llamada  Federal.

Es cierto que la administración de alguna región del sur de España ha dejado corrupción y mala gestión durante décadas de gobierno socialista pero también es cierto de que sus gentes son capaces de trabajar en otros escenarios como cualquier Español. Y respecto a la corrupción también habría que hablar del 3% cuando no del 7%  en otras regiones autónomas con una mimada mala gestión.

El verano ha sido ocasión de reuniones familiares en el Norte de España y en la España del norte de África.

Hemos tenido ocasión de apreciar el ánimo de trabajo de los Servicios. En lo referente a restauración ha habido un esfuerzo por controlar la transmisión que en Santoña, ex-Gibraltar francés del norte de España, se ha traducido en iniciativas como instalar en un merendero (Chili) mamparas de separación de metacrilato de la altura de una persona.

También hemos tenido ocasión de ver los vestigios de nuestra historia, ADN de nuestra sociedad, que aparecen en Bruselas, Lille, Fuenterrabía o Melilla, por citar sólo algunos ejemplos, en forma de escudos o blasones del nieto de los Reyes Católicos, Carlos I de España y V de Alemania.

De un liderazgo politico, estratégico, austero, exigente, responsable y con visión de futuro pasamos a un liderazgo de ambiciosos y limitados ciegos politicos que guían, de elección en elección, a ciegos confiados. Los partidos politicos de carácter nacional necesitan de una estructura y una masa de candidatos, para presentarse en las diferentes elecciones para las administraciones municipales, autonómicas, generales y europeas. Empresas de colocación que alimentar de clientelismo con frecuencia lego en su puesto. España no da para “tantos” ni en economía ni en preparación.

Crear fronteras administrativas, donde no las había, arrastra unos sobrecostes que incluso se han superado al “descubrir” que hay que crear “organismos de coordinación” interautonómica, porque, lo mismo que el Ebro nace en Fontibre y desemboca en Tortosa recorriendo siete Autonosuyas, las carreteras, los aviones, las fuentes de energía, la pesca, la caza, la lluvia, los incendios…todo se mueve cada vez más y atraviesareinos y regiones convertidas en feudos y…”asombrosamente” parece que el virus no pregunta al infectado a qué feudo pertenece o si habla una lengua diferente, para así respetarlo. Y constatamos que los españoles también mueren en Cataluña, Vascongadas, Galicia, Valencia, Baleares o Asturias.

Y vemos pescadores que, en las diferentes costeras, llegan a un puerto del Norte, saliendo de los límites de su feudo autonómico venden sus productos al mejor postor, porque trabajan muy duro y se juegan la vida para vivir, pero también pueden transmitir o recibir la infección.

Después de miles de años y civilizaciones y pueblos que han vivido en España No hay una raza pura, Si hay una cultura común, un idioma común, una gastronomía común, un arte común, una ciencia común y todo dentro de una diversidad geográfica puntual hacia un destino común. Sirva de ejemplo Ronda con sus palacios de Salvatierra y Mondragon porque los andaluces también vienen del Norte.

Se necesita, ¡¡oh qué descubrimiento!!, “coordinación y solidaridad”, algo que se fué  consiguiendo limando diferencias a lo largo de más de cinco siglos de historia común y que se desmontó con las Autonosuyas.

Se acaba el verano y parece que en Septiembre, con las grandes mareas, se incrementará la pandemia.

En la primera marea, hemos sufrido, la perdida de más de 45.000 españoles (una guerra), el confinamiento de mas de 44 millones, los controles físicos y de redes y medios de comunicación, la estrecha vigilancia y las sanciones que amedrentan al ciudadano. Y junto al control y el miedo, la desconfianza, sembrada a través de las mentiras como el no reconocimiento de fallecidos por Corona virus, el comité de expertos, el innecesario uso de mascarillas,…

Cabría preguntarse: ¿Si se sanciona a algún ciudadano por saltarse el confinamiento sin haber contagiado a nadie, qué pena deberían recibir los responsables que habiendo recibido avisos en forma y tiempo, los han ignorado causando con ello duplicar la cifra de fallecidos hasta llegar a más de 45.000?

La gestión de la marea de la sorpresa no tuvo responsables, a parte de “los  balones  fuera”sobre los “responsables de las residencias” y los “gobernantes de alguna comunidad autónoma”, no de la cuerda del actual Frente Popular.

Del “no pasa nada”, ahora se trata de amedrentar con la marea del rebrote y con ello además, terminar de hundir la economía. Esta vez parece que si habrá responsables, serán las Autonomías que por otra parte podrían bloquear las comunicaciones de otras Autonomías y las de España cerrando el paso a Francia o Portugal por carretera o ferrocarril.

Vamos en cabeza de muertos, de rebrotes, de estafas con material sanitario, de falta de reserva de medicamentos y material sanitario y a eso sumamos la incapacidad para la gestión de la enseñanza, de la economía…y todo a pesar del gobierno por DeKreto.

¿Son las medias verdades verdad? ¿Es esto Democracia? ¿Es esto lo que quieren los españoles? ¿Se respeta a los españoles o se les considera borregos? ¿Hay salida moderada?

Vicente Díaz de Villegas y Herrería

Soldado de España

27 8 2020

Blog: generaldavila.com

LA LEY DE MEMORIA DEMOCRÁTICA. A PABLO CASADO: ¿PERDEREMOS LA GUERRA? Rafael Dávila Álvarez

Pablo Casado en una visita a la ermita de la Virgen de la Soledad

¿Puedo saludar?

A Pablo Casado que me estará escuchando.

¡Mira!: vienen cantando Montañas Nevadas, con nueva letra de la maestra Calvo y música de un tonadillero de nombre Félix Bolaños.

Ambos leguleyos muy, pero que muy, socialistas de nuevo cuño. Traen en sus canciones la Ley de Memoria Democrática. Quieren levantar su patria, un inmenso afán les empuja. Será para este mes de septiembre en el que esperan mucho ruido que deben acallar.

Se les va de las manos Podemos y difícil va a ser mantener Unidas, incluso no está claro que arrimarse a Arrimadas (camino de la desaparición política) sea suficiente para sacar adelante las cuentas del Gran Pretendiente Sánchez.

Una cosa es predicar y otra dar trigo. Lo mismo digo yo. El Pretendiente siempre predica; trigo jamás.

Trigo contra la COVID-19, contra el paro, contra el comunismo, contra el socialismo caballerista y zapaterista, una alternativa ante tanta mugre, y echar para siempre, sin trigo, a apoyadores del terrorismo, a separatistas, a cuentistas y a golfos de la política, y nada ni nadie nos lo ofrece, que cada vez esto se pone más feo y ya nos vemos plantando tomates en el alféizar de la ventana a falta de trigo.

Hubo un tiempo en que en España la cosa iba entre bien y mal, pero iba, a trancas y barrancas, con la pesoe o con el pépé, mal que bien con los vascos del pe-ene-uve y, peor que mal, siempre, con los separatistas catalanes, con el grupo Pujol-Conde de G-, pero podíamos aguantar, y de hecho nos aguantábamos, hasta que la pesoe se tiró al monte y el pépé se quedó en la nómina y en el suicidio colectivo, con  los cuatro de siempre, uno a Europa, otro a escribir gacetillas de todo a cien, otro a echarse novia, el más largo a la privada, y el más corto a los juzgados, que no daba abasto.

Ley de Memoria Democrática.

¡Mira Pablo!: ya vienen cantando Montañas Nevadas. ¡Mira Pablo Casado!: traen en sus canciones la Ley de Memoria Democrática; quieren levantar su patria, un inmenso afán les empuja. Hay que estar ahí Pablo.

En la milicia, en la guerra, batalla perdida general fulminado, y si se descuida, peor. Claro que es una batalla, pero si se trata de la guerra, ninguna solución, y si ha habido cobardía, traición o cosas así, que ya se sabe y uno lo reconoce después de tantas guerras, pues el final es peor, tan malo que da comienzo una nueva cosa desconocida o demasiado conocida y eso tiene culpables con nombre y apellidos.

Han pasado muchas cosas, tantas que algunos olvidan; otros no. Me refiero en política que, aunque lo es todo, conviene diferenciar entre el rábano y las hojas.

Creías que esto pasaría, y que España no le daba importancia, que pronto se olvidaría y que tu postura centrada —que en política ya se sabe— te daría la pose de un hombre dialogante y capaz de lo más grande, incluso de lo más difícil. Pues no.

Las tres cosas que te han llevado, y te llevarán al ostracismo político, si nadie lo remedia, son, a saber:

1.- Ley de Memoria Histórica.

2.- La exhumación de los restos de Franco, pasando por encima de la Iglesia de Roma (y de España).

3.- La salida de España del Rey Don Juan Carlos I.

De aquí nace la República, los separatismos, el enfrentamiento, la crispación y el despiste del personal. La muerte anunciada de la Transición. Vuelta a empezar. Ponle fecha al punto de retorno. La chispa será el desempleo y el hambre. ¡Bum!

Tres en uno. Trinidad que te lleva a la fosa de la política de la que esperamos que algún día seas exhumado todavía con vida.

Seguro que tu Estado Mayor no ha caído en que en esta trinidad se encierra el problema, el único de momento: España.

Esta es la Guerra. Lo demás son, han sido, batallas, por cierto todas perdidas. La COVID-19 ha sido el último lance al que has entrado como un mini-miura. Nada. Definitivamente Waterloo.

Es tarde y el día declina.

Ya no vale mirar para otro lado. O sí, o no. O das la batalla o pierdes la guerra. Díselo a los mediocres y tibios de tu partido —quizá necesarios, pero prescindibles en estas ocasiones— hasta hace poco de tantos millones de españoles, hoy desengañados. Esos que piensan que defender ciertas posturas —constitucionales que no se cumplen— es ser facha, franquista, ultra, y que hay que mantener una postura moderada.

El final de la contienda se acerca. Es la hora del mando único. Lo pondré más claro: Mando Único. Para mandar hay que haber nacido y es necesario que se vea que eres el jefe y por tanto obedecido.

Una sola derrota basta para que todo se derrumbe. Ni una victoria, ni cinco, ni mil, pueden asegurarte el éxito. Sobre todo cuando la derrota se lleva el sueño de España y de los españoles.

Nos cuenta Andrés Révesz, Wellington. El Duque de Hierro, que poco importa que la batalla de Waterloo fuera ganada o perdida por Napoleón. En Waterloo, no solo Napoleón fue derrotado, sino el sueño grandioso de los franceses. Los dioses ciegan a quienes quieren perder.

Pablo Casado, es tu momento. Tu segundo, tu minuto, tu hora de luchar para evitar que el sueño de España se deshaga en manos de unos aventureros, pero que vienen decididos a ello.

¿O es que detrás de tanta cosa rara se esconde un pacto de la pesoe con el pépé ante la descalabrada situación? Difícil es que un personaje como Sánchez lo quiera, pero París bien vale una misa.

¿Has pactado la Ley de Memoria Democrática? Has perdido la guerra. Lo que te espera es lo que te has ganado. Yo espero equivocarme.

Lo anunció Unamuno y en ello estamos: ¡Viva la introyección!

Sigo confiando en ti, Pablo, pero recuerda que aquí se conduce por la derecha. Compórtate como un auténtico General en esta guerra, dónde llevas perdidas demasiadas batallas.

A Pablo Casado que me estará escuchando: te adelantan por la derecha y por la izquierda; y por el centro te atropellan.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

1 septiembre 2020

LOS PRESIDENTES AUTONÓMICOS AHORA CAPITANES GENERALES. SOLDADOS A LA CARTA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

No hay nada más amargo que verse sometido a las oscilaciones de un jefe vacilante en sus decisiones.

Desconozco la legalidad de la medida adoptada por el persistente pretendiente Sánchez, sólo presidente del Gobierno, por ahora. No sé si sus atribuciones llegan para tanto: Estado de Alarma a la carta, como todo, soldados a la carta y vacaciones a la carta (dos residencias veraniegas, que una no le llega). Supongo que la Ley no significa que algunos puedan hacer lo que les dé la gana con nosotros y partir España más de lo que está. Que los que aplican y los que interpretan la Ley hablen, si es que nada ni nadie se lo impide.

En el ejercicio del Mando es admisible la delegación de funciones, dentro de los límites adecuados, ya que tan malo es ser muy absorbente como ceder todas las atribuciones. Debe quedar claro, por encima de todo, que cualquier delegación de funciones no exime de la responsabilidad al que delega y sobre lo que delega. En la guerra tender a dejar en manos de los subordinados las atribuciones que te corresponden puede llevar a la derrota y a tener que dar explicaciones ante un Consejo de Guerra, que no es eso lo malo, sino los cadáveres que ha dejado tu irresponsable actitud. El jefe ejerce el mando con plena responsabilidad, que no puede compartir con nadie.

Delegar en situaciones de grave crisis exige diferenciar muy bien lo importante de lo accesorio. La aplicación del Estado de Alarma, sin duda, forma parte de lo principal ya que conlleva una limitación de los derechos fundamentales de las personas. Debe ser aprobado por el Congreso de los Diputados con carácter general y sin dejar de asumir el Mando (la responsabilidad) por parte de quien tiene la potestad de ordenarlo, el presidente del Gobierno. Otra cosa sería una dejación de funciones que, repito, no sé si la Ley lo permite.

Lo que sí sé, sin que nadie me lo explique, es que asistimos a nuevas fórmulas de uso y abuso de los ejércitos. La última es una ocurrencia de las muchas que se fabrican en las salas de máquinas de unos Estados Mayores que han perdido el horizonte de su misión y poco les importa sus capacidades si contento está quien las debe atender, lo haga o no.

Todo es interpretable, y ese es el problema, que todo depende, mientras nadie se oponga con argumentos y la Ley. Hoy por ti, mañana por mí.

Ofrecer 2.000 soldados a las comunidades autónomas como rastreadores es una misión fuera de lugar y, con claridad, sin nada que ver con las misiones de los ejércitos expuestas en la Constitución, en la Ley Orgánica de Defensa Nacional, ni en ninguna otra ley o reglamento.

Parecen más bien paquetes de soldados, cuadrillas, para salvar la ineficacia e imprevisión, de una inexistente Protección Civil o el empleo de mano de obra barata, disciplinada y cumplidora. Nadie piensa que es un recurso muy caro, delicado y de difícil empleo, que no está para echar mano de él para tareas que pueden y deben ser asumidas por otros colectivos. Todos sabemos lo que significa la disciplina, y el encuadramiento en unidades de eficacia con orden y control, lo que hace, sin duda, que acudamos a los Ejércitos cuando miramos alrededor y nos vemos solos. Claro está que la UME funciona, y muy bien, ¡solo faltaría!; y si en vez de Unidad Militar de Emergencias fuese Unidad Militar contra la Corrupción aquí no se movía un euro de su adecuado lugar. Pero no se trata de eso. A cada cual lo suyo. Y los soldados no están “a disposición de un presidente autonómico” (que por cierto, ¡hay cada uno!) sino de España. Va hasta en contra de su misión Constitucional de Unidad e integridad territorial e incluso me parece que lleva doble intención.

El fraccionamiento y las autonomías han llegado a los ejércitos. Los presidentes autonómicos ahora capitanes generales, con bandera, música, y Compañía de honores. Por eso decía el señor presidente, de manera persistente, que cada vez somos más un Estado federal. Ni eso.

Está cada vez más claro que este presidente ha venido para dividir España.

Por último y no menos importante, convendría saber, en todos los ambientes, incluso militares, que a los soldados se les manda, nunca se les manda. ¿Es necesario que explique la diferencia verbal? Pues sí: mandar de mando o mandar a paseo.

Lo segundo, ya que lo primero se desconoce.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

27 agosto 2020