La eficacia del honor. Cien años de Legión. Ante el centenario de la fundación de una gloria de España. HERMANN TERTSCH. Periodista y Eurodiputado

Son malos tiempos para recordar, estos en los que el pasado se nos quiere decretar, reescrito en pura ficción por imperativos innobles del presente. Son tiempos ingratos para quien quiera ser agradecido con aquellos que lucharon, sufrieron y tantas veces murieron antes de tiempo en sacrificio por esta vieja nación, España, que somos todos nosotros, los españoles de hoy, los de ayer y los de siempre. Por mucho que algunos ayer, hoy y siempre no sean capaces de entenderlo. Son tiempos estos en que es impopular el esfuerzo, es sorprendente el sacrificio y por eso inconcebible la entrega. En estos tiempos de incomprensión en los que se tacha de anacrónico desde el honor a la patria, todo lo noble y sagrado, vayan estas líneas en homenaje precisamente a unos españoles volcados en esta “entrega inconcebible”. Este “tesoro anacrónico”, esa gema de la actitud humana que define la vocación de combate y servicio de los caballeros legionarios, los soldados de la Legión Española que cumple pronto cien años.

Quienes son criados y formados lejos de los conceptos del espíritu de entrega, el patriotismo, la vocación de servicio no pueden entender el pasado en su complejidad y la profundidad de las fuerzas que movían a los hombres, fuera de las ridículas caricaturas y del reduccionismo barato y estéril al uso. No pueden entender el pasado ni el presente, ni tampoco los recursos posibles para un futuro forjado con voluntad y criterio, no fruto de caprichos y vaivenes ajenos. Sin saber del esfuerzo, del sacrificio y la entrega con que está empedrada la historia de España nadie puede entenderla. Sin ello nadie puede entender este cuerpo de la Legión, que juega un papel de muy especial valor y emoción en esta historia larga, dura y gloriosa, compleja, esforzada y dolorosa, en su último siglo en concreto. Vayan estas líneas en homenaje a esos cien años de un cuerpo muy especial de guerreros, inspirado en medio milenio de milicia española, al que desde aquí quiero honrar con la expresión de mi profunda admiración, mi inmenso cariño y mi infinito respeto. A la Legión.

Estamos en tiempos en los que es oficialmente denostado y sospechoso todo sentimiento sagrado. Y toda solemnidad que sugiera la expresión de un sentido de la trascendencia es tachado de caduco, culpable o ridículo. Dicen que casi todo lo que representa la Legión es un anacronismo. En realidad dicen que es un anacronismo casi todo lo que veneramos quienes aun creemos que los seres humanos son mucho más que un animal espabilado. Yo que he tenido la suerte de ver a la legión actuar en zonas de combate en la guerra de Bosnia- Herzegovina he visto, como lo veían con admiración todos los testigos también militares de otros países, aquella serena forma de hacer las cosas bien con toda la firmeza, eficacia, profesionalidad e inteligencia emocional de la fuerza más moderna que se pueda imaginar.

Anacronismo llaman algunos a todo lo que no les place por razones más oscuras. También dijeron que era anacrónica la Guardia Civil. Y que, como la Legión, tenía que ser disuelta o transformada en lo que sus enemigos quisieran. La inanidad llama a esta frivolidad que no respeta nada de lo que ignora que es prácticamente todo lo digno, importante, necesario, honroso y noble.

Pero esto no es nuevo. Hace cien años ya pasaba. Concluía la Gran Guerra de 1914 a 1918 que había destruido “el mundo de ayer” por citar a Stefan Zweig que lo vivió como tragedia íntima. Europa, anegada en sangre, era batida por tempestades de nihilismo y unas ideologías totalitarias que pretendían sustituir a ese Dios declarado obsoleto o muerto y que a nadie redimieron y a todos volvieron a cubrir de sangre y terror. Tanto entonces como ahora, las fuerzas que quieren destruir las naciones libres buscan siempre desarmarlas desde dentro. Y el desprecio a los valores permanentes o eternos siempre fue el arma más eficaz para el desarme de las naciones.

En España, veinte años después del fin de la agonía de Cuba, llegaba a la edad adulta la primera generación de españoles en cuatro siglos que no tenía ya suelo patrio en América. La Semana Trágica, el asesinado de Canalejas, antes el de Cánovas, la violencia pistolera, los fracasos militares en América, en Asia y en Marruecos con los rebeldes rifeños, toda la actualidad española generaban zozobra, perplejidad, precariedad y miedo. Los españoles querían seguridad. Querían fiabilidad, lealtad. Añoraban solvencia. Buscaban firmeza y fuerza, profesionalidad. Y de aquellos tiempos cuajados de reveses y angustia, surgió la lucidez que creó un cuerpo militar especial para una situación nueva. Se buscaba eficacia y confianza. En un compromiso de disciplina, de honor y de entrega por la patria y el cuerpo.

Lo recuerda el general Dávila al que mando estas líneas sentidas. La fecha el 28 de enero de 1920. Cito al general, porque como no quiero llegar a los máximos cargos en la España actual, yo no plagio: “se considera que la fecha oficial de fundación es el alistamiento del primer legionario”. Que fue Marcelo Villeval Gaitán, de 20 años. La legión “nacía para paliar una grave carencia: la de un cuerpo de soldados profesionales, técnicamente preparados, ante la bisoñez e inexperiencia de los soldados de reemplazo que morían en la Guerra de Marruecos. Y sobre todo con una moral y un espíritu de cuerpo, mezcla del honor calderoniano de los Tercios del siglo XVI y del arrojo de la Legión Extranjera francesa”.

Con ser tiempos difíciles los actuales no son tiempos baratos, por mucho que se empeñen sus protagonistas más notorios. Por mucho que la actualidad y la política den motivos para el hartazgo, la tristeza y la exasperación y a muchos para la resignación  Son, como todos los tiempos más duros, tiempos heroicos para quienes creen en la grandeza del espíritu del hombre, en la libertad del ser humano hecho a imagen y semejanza de Dios y en la inquebrantable unión que la historia ha hecho forjar a ciertas afortunadas comunidades humanas, entre las que destaca con singular fuerza en la historia del mundo, la nación española. Hay otras naciones con gran peso y trascendencia en la formación del mundo civilizado. Ninguno es mayor que el de España.

Y en esa España tan lacerada por sus fracasos propios como por los enemigos de sus éxitos incuestionables y grandiosos, la legión ha escrito páginas imborrables de heroísmo y entrega en lealtad a su credo. Ya dije antes, con esto termino, que he tenido el privilegio de ver trabajar a la Legión en zonas de combate en los Balcanes. He cruzado las líneas de fuego en BMR de la Legión en situaciones más que complicadas y siempre lo he hecho con la confianza, incluso tranquilidad, de saberme con la protección suprema.

En los peores momentos de aquella feroz guerra y siempre que he estado en contacto con legionarios me he sabido afortunado. Su serenidad y su buen hacer me emociona y llena de orgullo siempre, allá donde los he visto servir. Sus cientos de intervenciones en todo el mundo han generado admiración en todo el que los viera actuar. Pero más allá de su eficacia y su profesionalidad, más allá de su buen hacer y admirable modestia, lo que más me ha emocionado siempre de mi contacto con estos españoles en armas ha sido siempre ese admirable “anacronismo” que este cuerpo cultiva de una forma especial y que le confiere esa profundidad añadida que da la entrega absoluta.

En tiempos en los que tantas virtudes de antaño parecen haberse convertido en ominosos pecados para las nuevas e implacables religiones laicas, ese código de honor y espíritu de cuerpo son, no ya lo más moderno, sino lo definitivamente actual y permanente. Lo eterno. Ese espíritu, máxima expresión del respeto al hombre en la hermandad en la lucha, es el nexo con la trascendencia que alimenta todos los valores que nos hicieron crear las mejores sociedades jamás habidas que son las occidentales de inspiración cristiana. Ese espíritu de combate, resistencia, abnegación, unidad y honor nos ha brindado los mayores logros a lo largo de la historia de España. Cuando ha faltado lo hemos sufrido. Si lo alimentamos y cuidamos nos ayudará a superar los retos y desgarros a los que se enfrenta hoy nuestra patria, tan difíciles y dolorosos muchos como aquellos hace un siglo que llevaron al feliz alumbramiento de esta gloriosa idea que es la Legión Española. Nada hay tan poderoso para el ánimo del hombre como el ejemplo. Nada puede ayudarnos más en el difícil presente e incierto futuro que asumir, defender y propugnar esos grandes valores legionarios, ese tesoro de antes y de siempre, entre los españoles.

Hermann Tertsch. Periodista y Eurodiputado.

19 de septiembre 2019

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99 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA LEGIÓN Blog: generaldavila.com

20 de septiembre 2019: 99 Aniversario de la Fundación de la Legión española.

Es el último aniversario anterior al del Centenario, al siglo de historia. Sentimiento indescriptible, un escalofrío nos recorre el cuerpo, desde los pies, aún calientes de la marcha del Fondakm de Ain Yedida, al corazón del deber, del valor, de obedecer hasta morir, para terminar en las razones legionarias, que son las del Credo.

Hablo de esto:

9.722 muertos, 35.200 heridos, más de 1.000 desaparecidos… 46.000 bajas.

7 Laureadas de San Fernando Colectivas y 22 Medallas Militares.

23 Laureadas de San Fernando individuales y 211 Medallas Militares.

Camisa verde y gorrillo legionario, Credo y tradición, mística del valor y del honor. Morir por los demás. Todo queda dicho.

Este 99 Aniversario, Camino ya del Centenario, el blog les ofrece dos excelentes colaboraciones.

La de un periodista: Hermann Tertsch, conocido por todos ustedes, que sabe de la guerra, que conoce y ama a la Legión, que sabe como huele la pólvora.

La de un soldado: el General de División Francisco Javier Zorzo Ferrer. Decir el general Zorzo en la Legión es decirlo todo. Los que en ella hemos estado sentimos un profundo respeto y admiración por el general Zorzo,  por poner los cimientos de esta Legión de nuestro siglo, por entender el futuro, por adivinar y consolidar el sentimiento de siempre de la Legión. Por ello me permití pedirle esta colaboración. Dejamos este 20 de septiembre al General Zorzo al mando de esta legión de las letras.

De esta manera los días 19 y 20 publicaremos sendos artículos en homenaje a la Legión que no es otra cosa que el conjunto de los que en ella han servido, de los que en ella han dejado afanes y quimeras, valor y honor, la vida en definitiva.

Somos legión y seguiremos siéndolo al menos 100 años más.

¡Todo sea por las Damas y Caballeros legionarios! ¡Por España!

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18 septiembre 2019

MANIFIESTO DE APOYO Y RECONOCIMIENTO A LA GUARDIA CIVIL. FUNDACIÓN VILLACISNEROS

Ante las últimas manifestaciones celebradas pidiendo la salida de la Guardia Civil del País Vasco y Navarra:

La Fundación Villacisneros quiere hacer llegar al Presidente del Gobierno un Manifiesto de apoyo y reconocimiento a la Guardia Civil.

El manifiesto arranca con la firma de destacadas personalidades de diversos ámbitos de la sociedad española como : Albert Boadella, Fernando Savater, Bertín Osborne, Jaime Mayor Oreja, Elvira Roca, Marta Barroso, Mikel Azurmendi, María San Gil, Rosa Díez, Pablo Martín Alonso (Teniente General), Carlos Iturgaiz, Rafael Dávila Álvarez (General de División) Antonio Burgos, Esperanza Aguirre, Ana Velasco, Dieter Brandau, Santiago González, Rogelio Alonso, Juan Félix Huarte, Ignacio Vicens, Isabel San Sebastián, Joaquín Leguina, Ignacio Camuñas, Carlos Urquijo, Hermann Terstch, Jaime Larrínaga, Javier Carvajal, Gaspar Ariño, Carlos Rodríguez Braun, Alberto Campo Baeza e Iñigo Gómez-Pineda.

El tres de mayo de 2018 la banda terrorista ETA anunció su disolución. A lo largo de su actividad criminal 856 personas de toda clase y condición fueron asesinadas por enfrentarse a su proyecto totalitario nacionalista. El final de la banda se lo debemos fundamentalmente al sacrificio y la abnegación de los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y del Poder Judicial. De entre las Fuerzas de Seguridad del Estado, la Guardia Civil ha sido el Cuerpo que mayor tributo de sangre ha pagado para conseguir el final del terrorismo. Desde el 7 de Junio de 1968 con el asesinato de José Pardines hasta el 30 de Julio de 2009 con los de Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá, 230 guardias civiles perdieron su vida a manos de ETA por defender España y nuestra libertad. Durante todo este tiempo realizaron su trabajo en las circunstancias más adversas, singularmente en el País Vasco y Navarra, soportando a partes iguales, el acoso de la banda y la indiferencia, cuando no abierta hostilidad, de la sociedad.

En los últimos tiempos tras el anuncio del cese de la actividad terrorista en octubre de 2011 y la reciente disolución de la banda, parecía llegado el tiempo del gran homenaje nacional al sacrificio realizado. Lamentablemente este no se ha producido, y más grave aún, menudean con saña los actos de desprecio y humillación contra la Benemérita.

Durante años se ha celebrado en la localidad guipuzcoana de Oñate la jornada “Alde Hemendik” (fuera de aquí) reclamando la desaparición de la Guardia Civil del País Vasco. Este año ha sido la localidad navarra de Alsasua la que ha tomado el relevo acogiendo el “Ospa” (fuera) con idéntica reclamación. En estos actos de humillación, mofas e insultos se han alternado ante la indiferencia de quienes tenían la obligación de evitarlos. No nos corresponde analizar si hemos asistido a la comisión de un delito de odio tal y como está tipificado en nuestro Código Penal, pero una cosa sí resulta evidente: los intentos para evitar estas vergonzosas manifestaciones han partido de asociaciones de víctimas del terrorismo y no de quien tiene la obligación de defender el trabajo de estos servidores públicos, el Gobierno.

Por tanto, abochornados ante la impunidad con que se humilla a la Guardia Civil y decepcionados por la inacción del Gobierno, invitamos a todos aquellos que se sientan orgullosos de nuestra Benemérita a suscribir el siguiente MANIFIESTO que haremos llegar al Presidente del Gobierno en funciones y a su Ministro del Interior:

1. Nos sentimos orgullosos y en deuda permanente con la Guardia Civil en su lucha contra el terrorismo de ETA. Gracias a la abnegación y sacrificio de nuestros guardias civiles, España ha recuperado la libertad y la seguridad secuestrada durante más de cincuenta años por la banda terrorista.
2. Nos ofende ver cómo se repiten con absoluta impunidad en las calles del País Vasco y Navarra actos, concentraciones y manifestaciones en las que se insulta y humilla a la Guardia Civil. Resulta desolador que estas situaciones se reiteren ante la inacción y la pasividad de quien tiene la obligación de velar porque su buen nombre sea respetado.
3. Solicitamos al Ministro del Interior y al Presidente del Gobierno en funciones que apliquen las disposiciones legales ya existentes para impedir que vuelva a producirse en España un solo acto público de ofensa a la memoria de aquellos que dieron su vida por nuestra Patria y por la libertad de todos los Españoles.
4. Pedimos al Gobierno que realice en 2019 un gran acto de homenaje nacional a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en agradecimiento al sacrificio realizado para lograr con éxito el final de la banda terrorista ETA.

PARA FIRMAR EL MANIFIESTO PINCHA AQUÍ 

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16 septiembre 2019

 

EL SOL AMANECE CON LA ESPADA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Es el nombre con el que se ha inaugurado en el Museo Militar del Alcázar de Toledo una exposición que versa sobre el <<Centenario del Estado y del Ejército de Letonia>>.

Mucho les costó la libertad y no es cosa de bajar la guardia.

La OTAN despliega un importante contingente militar desde hace más de dos años frente a la frontera Rusa en territorios de Estonia, Lituania, Polonia y Letonia. La operación denominada  Enhanced Forward Presence (Presencia Avanzada Reforzada) tiene carácter preventivo, disuasorio, algo difícil de establecer y que puede en cualquier momento cruzar sus límites. Todo empezó en Crimea. Misión cumplida, objetivo conseguido, contra el que se establece la presencia avanzada; reforzada. No habrá paso atrás para Rusia por mucha defensa, ahora, que establezcamos. Esto no es un juego. Saben preparar y hacer la guerra. Cuándo y dónde. Crimea ha sido una victoria fácil, sin oposición  a sus armas.

España despliega en Letonia, hombres y material pesado. Un despliegue de guerra sin precedentes. Desde aquí no dirigimos nuestra mirada hacia aquel lugar tan lejano y si lo hacemos es para interrogarnos: ¿Qué hacemos allí, tan lejos?

Puede que la contestación esté en el nombre de la exposición inaugurada en el Alcázar toledano: El sol amanece con la espada. Poco hay que explicar. El vicepresidente de Letonia y ministro de Defensa sabe cuál es la misión de este despliegue: <<Proteger su integridad territorial frente a una posible agresión militar rusa>>. Cuando se está tan cerca del enemigo no puede andarse con eufemismos que distorsionan la realidad y no favorecen el relato de la verdad. Favorecen al enemigo, experto en esta nueva guerra del relato.

<<Hay una gran asimetría en la región: con un gran poderío militar de Rusia, cuyas fuerzas armadas frecuentemente se adiestran de modo ofensivo, y una pequeña capacidad militar en nuestro lado>>, dice con rotundidad el ministro de Defensa, para continuar con un lenguaje, real, de guerra: <<No, no tememos una invasión. No pedimos a los soldados españoles morir por Letonia; eso lo harían los soldados letones. Estamos listos para luchar y estamos listos para morir por nuestro país. Lo importante es que, como aliados, demos una clara señal a cualquiera que nos desafíe>>. Un lenguaje de guerra; sin ambages. Que no deja de ser político, usado cuando las circunstancias lo requieren. Cuando está amenazada la integridad territorial. Y hoy esa amenaza no llega solo con los despliegues militares. Se despliega el ruido mediático, la propaganda, la política bastarda, de intereses oscuros, del poder y del dinero.

No. El sol no amanece con la espada. Suelen brillar otras cosas más prosaicas y que a la larga hacen más daño y generan más víctimas que la espada.

Mucho nos cuesta la libertad. La integridad territorial de una nación forma parte de ella. Y por ella dan la vida sus soldados como nos recuerda el ministro de Defensa de una nación amenazada en su integridad territorial.

Distintos idiomas, pero una causa común de defensa: la integridad territorial.

La guerra no deja de ser un lenguaje de la política. Para evitarla se despliega. No siempre da resultado, pero al menos se hace algo preventorio. Lo malo es cuando te invaden porque has dejado la puerta abierta.

Y el vigilante les da paso.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez 

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16 septiembre 2019

LA GOTA FRÍA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Siempre son los mismos. Militares, guardias civiles, médicos, sanitarios, policías, bomberos, protección civil, voluntarios, anónimos todos, cumplidores de su deber, en silencio, en condiciones extremas. Salvan vidas y dan fuerza para creer en el ser humano que despojado de inservibles libreas de poder se enfrenta a la desnuda realidad de su insignificancia. Un fenómeno natural imprevisto, casi desconocido, nos lleva a la terrible realidad de lo efímero que puede ser todo; que lo es.

Todo perdido. Años de recuerdos, de sacrificios, el futuro nuestro, y de los nuestros, perdido en una jugada a la que no habíamos sido invitados. Se impone la realidad. Es la naturaleza, su poder, imposible de predecir y frenar, nos dicen como pretexto. Volverá a suceder y será lo mismo. Nada es nuevo. Ni siquiera lo que viene ahora. Luchas contra los seguros, indemnizaciones, declaraciones de intenciones, palabras sin acciones. Volverá a ocurrir.

El vuelo de un helicóptero esta vez no es para un rescate ni para una ayuda urgente. Es un presidente rodeado de desconocedores del fenómeno que vuelan los aires de la tragedia en propagandista acción sin sentido; sin sentido. Porque volverá a ocurrir sin que se haya puesto un mínimo de coherencia de lo que prever se puede. No es la primera vez, se repetirá, serán los mismos ríos y ciudades, ya conocidos. De aquí a entonces nadie hará nada, sino volar en helicóptero.

A pesar de la tragedia destaca la grandeza. En momentos como este hay que destacar sobre todo, por encima de todo, el carácter de los españoles, su sentido del deber, solidaridad y entrega a los demás, y en eso no hay diferencias, son todos. Militares, guardias civiles, policías, personal sanitario, bomberos, protección civil, voluntarios, vecinos, dan una lección de grandeza por encima de cualquier otro vuelo que pretenda destacar.

Se requieren soluciones. Las hay.

Hoy tengo un especial recuerdo para Almería donde dejé parte mía desde que estuve allí mandando la Legión. Han sufrido las consecuencias de estas devastadoras tormentas. Los legionarios han estado al lado de los almerienses como no podía ser de otra manera. Siempre lo están.

En el recuerdo me vienen los versos de un poeta árabe almeriense anónimo del siglo XI.

LA ALBAHACA

¡Déjame de ríos, de barcos

y de paseos por Santiponce!

La mata de albahaca que hay en mi casa

Es para mí más preciosa que el paraíso.

Es esa mata de albahaca perdida lo que realmente duele. Es lo único que hay que resucitar.

Se hará. La plantará una mano anónima; como va ocurriendo día tras día.

Eso no se ve desde un helicóptero.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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15 septiembre 2019

VETERANOS Agustín Rosety Fernández de Castro. General de Brigada de Infantería de Marina (R.) Diputado por Vox

Hace un par de años volvió a plantearse en el seno de las Fuerzas Armadas la baja forzosa en el servicio de militares de tropa y marinería por haber alcanzado 45 años de edad. Una cuestión que todo el mundo pareció olvidar cuando la Ley 8/2006, providentemente, evitó el licenciamiento de quienes habían superado 35 años de edad o 12 de servicio. Fue, en realidad, una simple “patada adelante”, un parche que el equipo del Ministro Bono puso a un modelo de profesionalización que hacía agua por todas partes. Pero ¡ay! El transcurso del tiempo es implacable, de modo que, pasados diez años, la simple aritmética nos devuelve al punto en el que entonces nos encontrábamos.

Promulgar una nueva Ley de régimen de tropa era una muestra más de la actividad legiferante del Ministerio de Defensa, pero un empeño claramente erróneo cuando apenas se había comenzado a comprender el funcionamiento de un modelo en cuya concepción, según el post del General Dávila del pasado día 8, “…hubo improvisación, interés político, frivolidad. Nunca hubo asesoramiento, informes, consejos, del Mando militar al que se tuvo al margen…”. Coincido plenamente en que así fue, y eso a pesar de la creación de una Comisión Mixta No Permanente en las Cortes Generales que se esforzó sobre todo en formular “el problema de la solución”.

La solución, en realidad, ya había sido hallada por el Partido Popular, entonces aspirante en las urnas: profesionalizar inmediatamente la tropa y marinería y así ofrecer la suspensión de la prestación del servicio militar a los miles de jóvenes que, con su actitud absentista, estaban convirtiendo la objeción de conciencia en un monumental y consentido fraude de ley. Como de lo que se trataba era de vestir el santo, se acudió al socorrido argumento de la caída del Muro de Berlín para proceder a una drástica reducción de efectivos y a un recorte de recursos financieros. Y, ya en la arena, en un país como España, tan apegado a la conscripción obligatoria, apenas podía invocarse otra experiencia que la del voluntariado especial: Legión, Paracaidistas, Especialistas de la Armada y poco más. El resultado fue un modelo dominado por la temporalidad, lo cual iba a dificultar en extremo su implantación, porque no estimulaba el reclutamiento a falta de perspectivas de estabilidad.

Llegado este punto, debo advertir al lector que no es mi intención decir aquello que nuestros veteranos quisieran oír, sino inspirar una reflexión. Profesional es quien “profesa”, es decir, quien hace vida de una actividad, en este caso del servicio de las armas.Y, en ello, no parece caber distinción jerárquica: la entrega de veinte años de vida a la nación de un oficial vale tanto como la de un suboficial, nadie lo negaría. ¿Por qué entonces ha de valer menos la de un soldado o marinero? Pretenderlo sería rebajar su condición militar a la de un voluntario, un elemento auxiliar, cuando la tropa y la marinería constituyen el cuerpo mismo de la fuerza. Digamos ya, por tanto, que no me parece consecuente con la profesionalización de las Fuerzas Armadas establecer un régimen de personal para tropa y marinería radicalmente diferente al que rige los cuadros de mando.

Sé que esta afirmación acaso no sea fácil de compartir para todos. Sospecho que, en su posible rechazo, pueden subyacer las inercias del sistema de reemplazo, el acendrado apego a la selección por méritos académicos, la escasa motivación de algunos soldados o marineros por mejorar y, por supuesto, las limitaciones que para el servicio representa la edad. Acepto tales objeciones, pero debo afirmar que cabría hacer extensivas algunas a todas las categorías. Limitar su aplicación a la tropa y marinería para fundamentar el “despido” –siento no encontrar un término más ajustado a la realidad- de quienes han servido tantos años con honor bajo la Bandera es aceptar, sin más, que nuestros soldados y marineros sean los únicos españoles a quienes, después de veinte o más años, se prive de su medio de vida sólo por no haber sido capaces de promocionar. En la Administración, desde luego, no hay nada semejante.

¿Por qué un trato tan discriminatorio? Por ser militares… Lo de siempre. “Todo pueden resistirlo en cualquier asalto…” No tengo que completar la cita. Pero la milicia es una fraternidad, y eso debería bastar para que todos nos sintamos aludidos. El inquietante dato del Observatorio de la Vida Militar que el General comenta en su artículo antes citado no deja lugar a dudas a este respecto: en el próximo decenio, más de 50.000 hombres y mujeres se verán obligados a cesar en el servicio, quedando en paro a una edad crítica y con importantes cargas familiares.No hay que decir más para valorar la gravedad del problema que se cierne sobre la Institución y la Defensa Nacional.Dicho eso, y como una  vieja tradición muy nuestra prescribe que quien plantea el problema debe aportar la solución,me atreveré a esbozar algunas ideas en este sentido.

Al citar a Flavio Vegecio Renato, incidió el General en un tema muy sugestivo, como son los antecedentes romanos. Ya entonces, un ejército profesional suponía una gran carga para el erario, por la simple razón de que había que dar salida a los veteranos. En tiempos de Vegecio, y aún mucho antes, se resolvía la cuestión -que había causado no pocos problemas con Sila- concediendo al soldado una parcela del agerpublicus. Hoy tiene que ser la Hacienda quien cargue con esos costes; y, para evitarlos, se les licencia. He aquí el primer aspecto crítico del modelo: su financiación con cargo a las cuentas públicas no ha sido estimada con rigor, cuando España no puede abandonar a nadie. Hagamos, pues, los deberes.

Con mentalidad utilitarista, se alega para proceder así que 45 años es una edad excesiva para el servicio en unidades. Convengamos, sin embargo, que éstas no son todo en las Fuerzas Armadas, aunque constituyan su razón de ser. Habrá que determinarlos puestos de plantilla que pueden ser servidos por quienes se encuentran en el tramo final de su trayectoria y asignar los correspondientes destinos, de un modo análogo a las FSE. Este criterio no está reñido, por supuesto, con anticipar o promover el drenaje de las escalas hacia otros puestos de la Administración civil o militar. Pero, cuidado, no basta con enunciarlo en una Ley; hace falta, además, que los Gobiernos, sea cual sea su signo, satisfagan estas legítimas expectativas cumpliéndola, cosa que no vienen haciendo con diligencia.

Afrontar el futuro -para llegar al cual hemos de superar con éxito los desafíos del presente- supone para las Fuerzas Armadas adaptarse a unos escenarios tácticos dominados por sistemas de alta tecnología. Este factor, unido a una demografía lamentablemente declinante, hará obligado concurrir en el mercado de trabajo con una auténtica oferta profesional. Habrá que ofrecer retribuciones adecuadas, estabilidad y futuro profesional a quienes se unan a un servicio exigente en formación, selección y disponibilidad.Concebir este modelo es una condición previa a su concreción jurídica y exige, entre otras cosas,incrementar los gastos de personal. Cuando éstos han llegado a alcanzar el 70% del gasto militar, tal aspiración parece un desiderátum. Y por supuesto lo es, al menos mientras el esfuerzo de defensa se mantenga en torno a ese raquítico 1%. Pero esa es otra historia. O acaso otro capítulo de la misma historia.

Madrid, 10 de septiembre de 2019

Agustín Rosety Fernández de Castro. General de Brigada de Infantería de Marina (R.) Diputado por Vox.

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SER SOLDADO PROFESIONAL EN ESPAÑA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

<<El legionario romano juraba que había de servir a la República por tiempo de veinte años, si cumplidos estos continuaba en el servicio voluntariamente le distinguían con el nombre, honor y utilidad de veterano. Si dejaba el servicio le daban su licencia, que llamaban ejautoramentum, y el peculio castrense que le correspondía para que viviese con comodidad el resto de su vida>> (Nota en el libro de Flavio Vegecio Renato, Instituciones Militares).

El oficio de soldado es penoso; las armas pesadas, mucho el riesgo, la vida activa corta, los premios, si llegan, lo hacen tarde, y la disciplina es muy severa; todo como debe ser.

<<Señoras y señores, se acaba la mili>>, marzo de 2001, Federico Trillo entonces ministro de Defensa. Ya nadie lo recuerda a pesar de ser un hito histórico de enorme transcendencia. Mejor dejarlo estar; cosas de nostálgicos.

¿Para bien o para mal? Depende. Posibles: <<Posibilidad, facultad, medios disponibles para hacer algo>>. Puede ser eficaz y bueno o una sangría para la nación. Ya es irreversible, casi indiscutible. No hay marcha atrás a no ser que… Pues a lo hecho pecho, pero conociendo lo hecho.

Hay que pensar y analizar.

¿En qué condiciones se adoptan compromisos con los aliados? No es a todo a cambio de no subir el presupuesto de Defensa. El equilibrio entre lo de dentro y lo de fuera es como la copa del árbol y sus raíces, una proporción necesaria; que tanto seca el árbol por cortar raíces como por podar en demasía. <<Hace mal empleo de sus fuerzas el que las mantiene en un sitio en número superior al que la acción enemiga exige…> (Clausewitz), pero no es menos cierto que mayor error es mantener otras inactivas y desarmadas.

<<No hay actividad humana alguna que esté en tan constante y general contacto con el azar que la guerra>> (Clausewitz). ¿Alguien ha pensado en el azar? Suele ser un soldado desconocido el que ataca sin avisar, sin decir el día ni la hora, en el momento menos esperado. Un soldado es un Ejército.

Se acabó la mili. Han pasado años. Camino de los veinte; no queda ni polémica. No interesa. Tan es así que no hay estudios rigurosos que permitan hacer una valoración de lo que ha supuesto el cambio. Ni en las Fuerzas Armadas, que yo sepa, ha habido un seguimiento que con rigor intelectual nos muestre la evolución, consecuencias y conclusiones de la suspensión del servicio militar y, así, poder en un momento determinado introducir las correcciones necesarias. ¿A quién le importa?

La guerra es incertidumbre, el futuro es incertidumbre, la imprevisión es la derrota; casi siempre. Ser pobre y querer vivir como un rico es imprevisión y derrota.

No está todo dicho sobre servicio militar obligatorio o profesional; con rigor. No hay marcha atrás, pero ha habido improvisación, interés político, frivolidad. Nunca hubo asesoramiento, informes, consejos, del Mando militar al que se tuvo al margen y se le dio hecha la suspensión del servicio militar con graves consecuencias en la operatividad de los ejércitos que bien podemos decir dejaron a España indefensa durante años. A ello se unió la terrible crisis económica que ha dejado a los ejércitos de España en una situación de mínimos, de la que poco o nada se habla, sin que se hayan tomado las medidas adecuadas para ir actualizando y poniendo al día en función de nuestros compromisos con nuestros aliados y los propios internos (olvidados). Esto no es popular ni registra interés mediático alguno a pesar de las palabras que muy de vez en cuando se oyen dese la milicia. Pero es nuestra seguridad y nuestra posición y fuerza en el mundo. No solo militar, también económica.

Los españoles tienen una magnífica opinión de sus ejércitos por su entrega y buen hacer. De alguna manera esa opinión es injusta porque se queda en la epidermis sin penetrar en las entrañas de las enormes dificultades que presentan unos ejércitos profesionales, los nuestros en concreto. En este blog se han analizado exhaustivamente. Nadie habla de ellas y caminamos como si pudiésemos afrontar interior y exteriormente todas las situaciones mientras los ejércitos se empobrecen y carecen de los necesarios materiales. Incluso de las mínimas atenciones. El campo de la escasez abarca desde lo doméstico hasta los aviones o buques más complejos. De lo mínimo a lo máximo. Nada es insignificante. Soldados bien disciplinados, y mejor mandados, derrotan a los de mayor número; cuando saben que tiene una retaguardia que les alienta y que no confunde el casco que sirve para la defensa con el que sirve para el adorno.

Hemos entrado ya en un proceso por el que de aquí a unos años (2036) aproximadamente unos 50.0000 soldados profesionales tendrán que abandonar los ejércitos de España al haber cumplido los 45 años. El ministerio de Defensa hace esfuerzos en distintos campos para paliar la gravedad del asunto que afecta a familias sacrificadas por la dura vida de soldado. La solución no es fácil. Por que se acude a la improvisación. Soluciones de urgencia que no serán definitivas. Es un problema de la nación que todos los partidos, sin intereses propios, deberían contemplar.

Ser soldado profesional en España, hoy, constituye una inseguridad que no debemos permitirnos. Las encuestas de satisfacción no pueden ocultar la realidad de nuestros soldados profesionales. Es urgente encontrar soluciones. Desde lo más pequeño a lo más grande.

<<Si supieran ustedes distinguir la parte del casco que sirve para la defensa de la que sirve para el adorno>>.

<<… Si dejaba el servicio le daban su licencia, que llamaban ejautoramentum, y el peculio castrense que le correspondía para que viviese con comodidad el resto de su vida>>.

Como a nuestros soldados.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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9 septiembre 2019