LOS LIRIOS DEL CAMPO Rafael Dávila Álvarez

Hoy cumple 91 años don José Jiménez Lozano. Sigue entre nosotros. Cada vez que canta el cuco o vuela la golondrina; oigo ladrar a un perro en el campo, en la lejanía, o miro el vuelo de los vencejos. Allí donde hay vida que viene o que se va, veo a don José.

Una primavera de azucenas en este mundo en el que «la verdad solo ha hecho su aparición como desgracia e irrisión».

Me recojo en la emoción con el prólogo que Enrique García-Máiquez hace en El Precio, una antología poética del maestro Jiménez Lozano.

Hoy, ayer y será mañana, todos los días son para estar al lado de esa poesía tan cotidiana que lee la verdad que nos acompaña, guste o no, la veamos o no.

En el repentino encuentro entre pocas y ordenadas palabras, engarzadas las letras, descubres tesoros y dices: ¡Velay!

La HIERBABUENA

Era una pequeña hierbabuena

que quería ser azucena, y penaba.

Sufrió mil años en las primaveras,

y quería extinguirse cada estío.

Justo se secó aquel año,

en que una pobre mujeruca enferma

buscó hierbabuena para su tisana,

y solo halló un matojo seco,

y azucenas.

Ya nadie escucha al cuco, que a lo mejor se ha quedado solo para los que buscan las hierbas buenas en las cunetas. Los que no supieron servir a dos señores y no sintieron el agobio del vestido ni de que comerán mañana.

¿Quieres que te lo cuente otra vez? ¡Si me entendieras!

Porque quien escribe que «En la alcoba, la ventanita tenía también su pañizuelo blanco para que no entrase frío y el sol del verano se matizase cuando por las mañanas era poderoso», no tiene que escribir nada más, porque es como aquello de «En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme», o más lejos ¡Canta, diosas, la ira de Aquiles el de Peleo!

Los que se quedan con la añadidura, si es que se la dan, si hubiese algo por añadidura, que como dice Kierkegaard eso es para los afligidos y que ningún hombre es capaz de disuadirte de tu pena. «Así las cosas, lo mejor es buscarse otros maestros cuyo discurso no sea incomprensión, cuya animación no encierre ningún reproche, cuya mirada no juzgue, cuyo consuelo no exaspere en vez de calmar». Y nos dice con razón que toda incomprensión viene del hablar.

Es por lo que callo y leo al maestro Huidobro, porque como el lirio él no coteja su bienestar, o a lo mejor malestar, con la pobreza, o a lo mejor la riqueza, de ninguno.

¡Cuidado!

Diez años esperó que el árbol seco

floreciera de nuevo. Diez años

con el hacha aguzada y temblorosa,

pero el árbol

solo exhibía sus desnudos brazos,

la percha de la urraca y de los cuervos.

Cortóle al fin, y, de repente,

vio su corazón verde, borbotón de savia;

un año más, y hubiera florecido.

Más paciencia para mirar y ver a nuestro alrededor, a nuestro lado, que llega el aliento del sufrimiento y lo dejamos pasar de largo, como si con nosotros no fuese; y resulta que éramos nosotros; y vienen a cortarnos ya que nos creían secos.

Sí. Dice, y es para mí poner cátedra, Enrique García-Máiquez que tras leer a don José «no podemos seguir mirando, leyendo, pensando ni viviendo igual que antes». Ese gerundio que es la vida en cada instante. A mí me ha pasado; me está pasando.

En él estamos.

Mirad a los lirios del campo, miradlos. O no habréis visto nada. Mirando no veis.

«Tocamos la flauta y no bailasteis. Cantamos canciones tristes y no llorasteis». Todo os da igual.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

13 mayo 2021

 

 

EL TARTUFO Rafael Dávila Álvarez

«Siendo el deber de la comedia corregir a los hombres divirtiéndolos, he creído que, en el cargo que ocupo, no podía hacer nada mejor que atacar, mediante pinturas ridículas, los vicios de mi siglo; y, como la hipocresía es, sin duda, uno de los más en uso, de los más incómodos y más peligrosos, se me ocurrió, Señor, que no rendiría pequeño servicio a todas las gentes honradas de vuestro reino haciendo una comedia que pregonase a los hipócritas y mostrara como es menester, todas las estudiadas monerías de esas gentes de bien a ultranza, todas las trapacerías encubiertas de esos monederos falsos en devoción, que pretenden embaucar a los hombres con celo fingido y un caridad engañosa» (Moliere. Primer memorial presentado al Rey sobre la comedia del Tartufo).

Primero comer, luego las convicciones. Creo que algo así decía Julio Camba: «Más difícil que vivir sin Constitución me parece a mi vivir sin dinero, y ello no obstante, lo españoles vamos tirando todavía, a pesar del estado verdaderamente desastroso en que se encuentran nuestras haciendas», claro que no las de ellos. Unos escriben y cumplen para que luego vengan otros a imponer e incumplir, para llevarse lo tuyo y lo mío.

El impostor se va con lo que no es suyo, se deja la Constitución y no deja ni un buen pensamiento ni una buena acción.

Contaba César González Ruano, otro escribidor de realidades, lo de Azorín hablando de Cervantes.

Ocupaba D. Bernardo de Sandoval y Rojas la sede de Toledo.

— Bueno, Miguel, usted lo que necesita es dinero ¿verdad?

Miguel, de Cervantes claro, pobre, achacoso y viejo, sonreía con sonrisa melancólica y asentía ladeando un poco la cabeza.

Le pasaba por escribir El Quijote y no hacerlo sobre constituciones y además cobrar solo el por ciento escaso.

Ni académico era; que tienen la tirada vendida. Por eso Camba acabó en la habitación 383 del Palace, entre cartones. Insistieron en darle un sillón de la Academia Española (entonces no Real).

—No insistan ustedes en lo del sillón. Lo que yo necesito es un piso, y eso no me lo van a dar ustedes.

Otros aceptan un chalet en la sierra, constituyéndose, sin necesidad de escribir.

Escribir ya se sabe. Pone lo escrito algo así como: indisoluble unidad, patria común e indivisible de todos los españoles, justicia, equidad, libertad sin ira, para decir y gritar y hasta de privacidad habla. En las comunicaciones, eso de las cartas, y la inviolabilidad de todo, y echaron al escribidor de todas esas cosas tan bonitas, le quitaron el sillón que no quería y se sentaron ellos.

Dijeron que la Ley esa de la Constitución estaba muy bien para uno solo, que como marco y cosa para presumir estaba muy bien, pero que como éramos muchos habría que hacer otras leyes que no fuesen tan individuales, la ley de grupos, para todos. La Constitución para nosotros, los constituidos entre los leones, y para el resto las leyes que nosotros digamos. Los «todos» no son nadie así que ya os queda claro, yo me voy y me quedo con el sillón; y el piso, ese chalet de académico.

¡Que hambre has dejado!

Castigat ridendo mores pensó Molière y mucha razón tenía cuando afirmaba que estos tartufos no soportan que se les saque a escena. Por eso hoy abro el telón con el impostor.

El último se ha ido, pero volverán cien porque el envidioso muere, pero la envidia nunca.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

12 mayo 2021

NAPOLEÓN EN ESPAÑA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Bicentenario de la muerte del Emperador que quiso ser, cuando descubrió que su mayor enemigo fue precisamente querer ser. Suele ocurrirle a los que todo lo poseen, sin darse cuenta de que «todo tú» eres gracias a otros; son los mismos que te lo quitan.

«Mire usted, una cosa son los soldados y otra cosa son los hombres. Napoleón fue un genio para los soldados. Pero ignoró a los hombres. Ni los conoció ni le interesaron. Ese fue su gran error». Así se expresaba el general Degaulle en su vista a España en agosto de 1981. Venía a recorrer los escenarios de su derrota, yo creo que a conocer a los que le derrotaron y su geografía, la de montes junto al mar, de calores junto a las nieves, de riachuelos e infranqueables ríos, de verbenas, bodas y funerales. España impenetrable para un francés. Él conocía de sobra al corso y a Napoleón, dos cosas convertidas, transformadas en amalgama europeo.

Napoleón era un genio para los soldados que conformaban la pieza clave de sus intereses y aún nadie me ha explicado si enarbolaban la bandera de Francia o la napoleónica que el corso exhibía frente a sus compatriotas de la pequeña isla que no le consideró lo suficientemente grande.

La Revolución francesa acabó por ser la mayor mezcla de libertad y autoridad conocida hasta entonces en el mundo. Autoridad y libertad empezaron a llevarse bien y exhibirse juntas; por la fuerza. Ambas se necesitaron en su contradicción. A lo largo de la historia no he conocido a nadie que predique la libertad sin el símbolo de autoridad que la sustente.

Entre el desprecio autoritario y el respeto libertario se mueve la figura napoleónica. Nadie le retirará de la historia en la que escribió su protagonismo. Su hombre-nombre como un mito lo destruyó.

‹‹Yo soy la causa de mi caída›› ‹‹Yo he sido mi principal enemigo, artesano de mis desdichas››.

Napoleón. Historia y comportamiento humano nos interesa más allá del juicio.

Ostentaba el grado de teniente cuando desde Córcega escribe a las autoridades francesas. Pide los atrasos de su paga mientras piensa en abandonar el servicio a Francia: «A la nación de ustedes». Las autoridades francesas le borran del escalafón. O mío o de ustedes.

Nunca sabremos si su intimidad con Francia era solo con sus tropas. Su inteligencia le llevó a moldear una nación que para él quería entera, con la libertad y la autoridad en combinación, siempre, sin un ápice de permisividad fuera de sus leyes.

«He visto con pena soldados amenazados por hombres civiles. Si el rey se hubiese mostrado a caballo…». Para él la sociedad son soldados; y una noble figura que los atrae: la suya.

Napoleón dijo que el arte del general no es la estrategia, sino saber cómo moldear la naturaleza humana.

Su intervención en España lo desmiente; nunca lo logró; la Guerra de la Independencia fue poco gloriosa para los franceses-soldados.

Decía Chateaubriand en Memorias de Ultratumba que Napoleón es el único responsable de la transformación de la guerra: «Napoleón ha matado la guerra al exagerarla».

En España se encontró con una guerra que él desconocía y de la que no quería hablar ni tener en cuenta.

Solo le interesó la suya a base de hombres, miles de hombres unos tras otros, los que hiciesen falta, sacrificios estériles cuando abrió frentes muy distantes y en lugares en los que la geografía y los espacios minimizaban a los de fuera y engrandecían a los locales.

Hoy, de Napoleón, nos queda, como de la batalla de Valmy, solo el misterio, «un cruce de cañones y un ruidoso coro de gritos». La victoria de la República francesa ¿A costa de?

Napoleón es Francia y es la Grande Armée. Envía a España 200.000 hombres y toma personalmente el mando: Il faut que j’y sois.

Pretendía inundar de caballería las llanuras de Castilla; 50.000 caballos, tomar Zaragoza y derrotar a Blacke.

Los franceses profanaron las iglesias y tumbas de la Cartuja de Miraflores y de las Huelgas en Burgos. Desde allí Napoleón emprende el camino hacia Madrid. Se había constituido una Junta de Defensa y el pueblo se dispuso a la resistencia tras las tapias del Retiro, pero no fue más allá ante las amenazas del francés. Acuden a parlamentar Tomás de Morla y Bernardo de Iriarte. Madrid capituló el 2 de diciembre de 1808.

Napoleón se entera de la entrada por Ciudad Rodrigo del general inglés Moore. Se retira a París mientras envía a Lefebvre y a Soult en su persecución.

Dejaba aquí un ejército de 200.000 hombres y sus mejores generales con las líneas maestras del plan que deberían desarrollar, como expulsar a los ingleses de Portugal, lo que le encargó al general Massena.

Arapiles, Arthur Wellesley, con 60.000 hombres dio la batalla en aquellas dos alturas gemelas, la mayor y menor. Ocupado el Arapil grande Wellesley se lanza contra los franceses. Ataque inesperado y casi obligado al haberle cerrado la retirada a Ciudad Rodrigo. Si el general Marmont hubiese facilitado la retirada a Wellington podría haber recibido apoyo de José Bonaparte y evitado el desastre.

Al Duque se le distinguió con el Toisón de Oro y fue nombrado generalísimo de los ejércitos aliados. Era el 22 de septiembre de 1812. No fue el Duque único vencedor en España, sino españoles con su ayuda que siguieron hostigando a los franceses hasta que estos optaron por la retirada.

José Bonaparte lo hizo a Vitoria donde esperaba los refuerzos que desde Pamplona creía recibir y que nunca llegaron. De la batalla salió derrotado, y no menos avergonzado.

La batalla de Vitoria pone fin a la presencia francesa en España. El 31 de marzo de 1814 entraron los ejércitos aliados del norte en París y Napoleón abdicó. El ejército anglo-español tomaba la ciudad francesa de Tolosa y los dos mariscales de Napoleón, Soult y Suchet, pactaban con el duque de Wellington la suspensión de hostilidades.

Dos formas distintas de concebir la guerra en España. Los franceses atacaban con cargas a la bayoneta, en columnas profundas y a ello se le opuso el fuego de fusilería y la metralla a corta distancia de tropas desplegadas en dobles líneas establecidas en fuertes posiciones defensivas elegidas en el adecuado terreno. El acoso constante de las partidas de guerrilleros le ocasionaba el vencimiento sin saber cuándo ni de donde le vendrían los ataques. Si se ensalza la figura de Wellington quizá haya que recordar que tuvo siempre cerca una partida de bravos guerrilleros españoles cubriendo su campaña. Sin ellos nunca habría vencido en España.

Napoleón no pudo con España: «España, y el Ejército inglés en la Península, son los factores que me perdieron».

No sin olvidar lo que puede ser un aviso para cualquiera que se atreva: «España es un país donde los pequeños ejércitos son derrotados y los grandes se mueren de hambre».

Puede que Napoleón, así lo creo yo, fuese un gran capitán, de los mejores, pero recaló en España con los mejores generales sin caer en la cuenta que esta tierra no es de generales, sino de capitanes y, aunque él fuese bueno, aquí, en España están los mejores del mundo.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

10 mayo 2021

 

 

 

 

 

SE PRESENTA UN SOLDADO. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

A petición de alguno de los últimos incorporados repito artículo. Creo que fue el primero que publiqué en el blog. Era  el de mi: PRESENTACIÓN

Siento la necesidad de escribir, sin tapujos ni temores. La antigüedad es un grado y los años te permiten ciertas licencias que en el fondo el que las lee o  escucha te lo agradece. Se trata de buscar la verdad y lo que sé, contarlo, contarlo todo; al menos lo que es de interés, a juicio del que escribe por supuesto. Esta Patria nuestra está muy mediatizada por ciertos intereses y la vida te obliga a doblegarte si quieres seguir en tu puesto y no crearte problemas. Nadie cuenta casi nada y si lo cuenta es por despecho. Todos hemos tenido que callar en ciertos momentos. Quiero contar lo que veo y siento y lo que he vivido y sentido. A por ello voy. Solo mediatizado por dos cosas: España y sus Fuerzas Armadas.

Mi vida ha sido pródiga en acontecimientos. Ha sido una vida de soldado, la de “a pie y sin dinero” pero también he vivido pisando gruesas moquetas.  Empecé muy joven e ilusionado. Sigo como entonces pero madurando todavía lo que he visto y vivido. Soy ahora General, ya retirado, lo que me cuesta asumir, lo reconozco. Ser General es lo máximo a lo que un soldado puede aspirar pero yo creo que es un error, porque ser militar es servir y no “llegar a”. Siento el generalato dentro de esa acepción del diccionario de la RAE “lo más común”(es broma no sea que se enfaden los compañeros). Preferiría haber sido siempre y para siempre Capitán, aunque como dicen, sea de bandidos.

Soy boina verde, guerrillero, es decir diplomado en Operaciones Especiales, paracaidista, diplomado de Estado Mayor y no sé cuantas cosas más. Tengo seis hijos pero creo que tengo más cursos que hijos. Por cierto ninguno de ellos, después de una larga tradición militar, ha seguido la carrera de las armas. Silencio.

Tenéis mi vida resumida en ese cuadro que os pongo, regalo de mis compañeros el día que pasé a la Reserva.

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Poco importa. Lo que importa es lo que empieza a partir de ahora.

Si tuviese que resumir lo que para mi es la vida militar, lo haría remitiéndome a la sencillez de lo que escribió un soldado de los Tercios de Flandes, Pedro Calderón de la Barca. Me refiero a esos versos inigualables de su obra “Para vencer a amor, querer vencerle”. Junto a otra obra cumbre: el Credo de la Legión. Quien no se emocione y sienta cada palabra de estos textos como propia, creo que no vale para ser soldado.

He mandado la Guardia Real y la Legión. ¡Que puedo decir! Los mejores soldados del mundo y no es un privilegio sino un honor. Nada hay como el soldado español y mi única aspiración ha sido estar a su altura. No sé si lo he conseguido pero he luchado por ellos y lo seguiré haciendo. Merece la pena España y sus soldados.

No somos una marca, somos una Nación con una historia envidiable.

Mirad, si en el exterior tenemos atractivo es por nuestra historia y por nuestra individualidad. Ser español es algo grande. Espero que nos enteremos de eso y de eso quiero escribir. En cualquier caso, con humildad, estoy a vuestras órdenes.

Mandar es difícil y mi criterio sobre el mando lo expuse en una columna que escribí hace tiempo.

Con esa columna quiero empezar mi blog:

 EL ARTE DE MANDAR

Con demasiada frecuencia escuchamos que para resolver nuestros actuales males políticos, económicos, institucionales, incluso morales, necesitamos un líder, lo que traducido al lenguaje militar equivale a decir que necesitamos a alguien que mande. Mandar se asimila a lo militar olvidando que la vida en todos sus aspectos es una alternancia entre mando y obediencia. No es fácil mandar y sí hacerlo irresponsablemente provocando daños irreparables. Mandar no es sólo una facultad o poder asociado al aspecto legal y con respaldo institucional. Cuando se manda bien, es la autoridad moral la que motiva y emociona moviendo al grupo hasta límites insospechados porque tiene una referencia a seguir, una disciplina moral que cumplir, un ejemplo a imitar.

Hoy, alejado del mundo activo de la milicia, no olvido a los que mandé ni a los que obedecí. Entre estos últimos hubo uno al que recuerdo especialmente porque antes de asumir una de mis mayores responsabilidades de mando, me tradujo en palabras el arte del bien mandar.

Mandar, me decía, es una tarea tan absorbente que nunca habrás dado nada hasta haberlo dado todo, hasta que no te hayas vaciado por entero en tu mando. Mandar no es un privilegio, es un honor. Es una obra de arte, muy distinto a dar órdenes o a obligar.

Tus órdenes han de ser claras, que se entiendan, que se cumplan, que cada uno sepa lo que se le pide, y si es posible, por qué se le pide.

Debes mantener la idea elegida sin vacilaciones ya que no hay nada más amargo que verse sometido a las oscilaciones de un jefe vacilante en sus decisiones.

Debes de estar atento a conocer nuevas ideas y aceptar propuestas ajenas. Y recuerda que el que está a tus órdenes no está a tu servicio personal.

Ante un problema difícil, cuando no puedas consultar, confía en tu intuición, pues cuando se conoce el oficio y se está identificado con él, la intuición te marcará el camino a seguir.

Debes de ser constante en el esfuerzo, evitar prisas y desorden.

Ser cortés, pues la cortesía es inseparable de la disciplina. Cortés en  la precisión y limpieza de la palabra, en la actitud, en el gesto, en la voz y en los modales.

Cuenta siempre con el apoyo de tus colaboradores y el consejo de los más cercanos y busca en todos la lealtad por encima de todo.

Nunca pienses en ti, hazlo primero en la misión que te han confiado y en los hombres que tienes para cumplirla.

Terminaba deseándome suerte, pero no la fortuita o casual, `porque en la mayoría de los casos, me decía, sólo los capaces son afortunados.

Escribo esto sólo con el deseo de que algunos repasen y revisen su forma de mandar porque cada vez son más los que mandan (mal) y legión los que padecemos sus consecuencias.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

MI LIBRO: LA GUERRA CIVIL EN EL NORTE. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

La Esfera de los Libros confió en este humilde escribidor para llevar a cabo una labor parecida a la de segar los campos con el tradicional método, hoz y zoqueta, y así evitar hacer destrozos entre el trigo y la paja. Me puse a la labor con las herramientas adecuadas en mi poder. Era necesario andar despacio y mirar los documentos, sin renunciar a ninguno, con lupa de antiguo detective para saber distinguir grano, paja y cizaña, que también abundaba. Este libro es el resultado de pasar mucho tiempo encorvado, siempre en proceso de aprendizaje como el niño en la escuela que empieza con sus primeras letras, a unirlas, a darles sentido y a descubrir que entre los papeles escritos están ocultas la mayor parte de las razones que han hecho que las cosas sean como han sido, incluso de cómo no han sido y debieran. Ese era el juego que me propuse a la hora de indagar y segar por los campos de la Guerra Civil con ánimo de aclarar algunas cosas turbias; utilicé el cedazo de los documentos.

Este libro LA GUERRA CIVIL EN EL NORTE. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto, es fruto de muchas horas de investigación en archivos, principalmente en el de mi abuelo el general Fidel Dávila Arrondo, y también de algunas casualidades que, sin en un principio contar con ellas, se han ido produciendo misteriosamente a través de personas que han depositado en mis manos papeles y hechos guardados desde aquellos tiempos.

De todo hay y, aunque un libro se queda corto, con todo ello he procurado formar un conjunto armónico y comprensible para los que conocen a fondo el tema y para los que lo hacen de oídas. Espero ofrecerles más adelante, si me brindan la oportunidad, lo que aún queda guardado.

Con estos ingredientes traducidos por mi ignorancia, aunque buena voluntad, no pretendo crear polémica, sino aportar datos para que la historia se acerque más a su comprensión. La guerra civil española es un asunto que está ahí y para nuestra tristeza no se asume con gran rigor, sino que sigue escribiéndose con letra de enfrentamiento, con inventadas y nuevas victorias y derrotas, hasta algunos quieren repetirlas e invertir sus resultados.

Cuando allá por los años 80 el perdón era el resultado, cuando los que por edad o vivencias estaban más cerca de aquella lucha decidieron darse el abrazo del perdón y sacar adelante nuestro querida España, a pesar de tantos pesares, un mal viento (tiene nombre y apellidos) se interpuso entre el perdón y la revisión puramente histórica, y nos llevó a sacar de nuevo los rencores y el arma de lo que llaman el relato que no deja de ser la agitación y enfrentamiento.

No. Esa no es la historia que yo cuento. Son los hechos históricos tal y como figuran en los papeles de aquel momento. Un punto de vista desde lo alto de la colina, desde donde se podía, casi, ver lo que había al otro lado. Soy de la opinión de que no hay que callar ni olvidar, sino todo lo contrario. Hay que hablar de lo sucedido, con verdad, sin inquina y sin venganza, sino con honradez y la buena disposición que admite los errores que todos cometieron.

Hablar, incluso acaloradamente, pero con limpieza y españolidad, con el carácter genuinamente español, pero nunca callar y sobre todo no invertir o mentir a sabiendas o por rencor.

Nadie ya debe pagar por aquello ni tampoco sentirse culpable de nada.

En cualquier proceso de construcción suele haber derrumbes y es frecuente que apuntalar no sea suficiente. El afán de terminar la obra, de seguir buscando la fortaleza en los materiales te lleva al mantenimiento y vigilancia constantes sobre ella.

Sigue el interés por la guerra civil española y espero que los nuevos hallazgos históricos ayuden a acrecentarlo. El cómo, el porqué y cuáles fueron las razones que hicieron posible la guerra y el desenlace de la misma, como señala el profesor Vicente Palacio Atard, siguen siendo interrogantes que despiertan el interés de unas y otras edades. Ojalá que en estas páginas que he escrito haya algo de luz que ilumine esos interrogantes.

No leerán ustedes únicamente el desarrollo de los combates y los esquemas de las batallas, sino que he pretendido hacer un recorrido interior por los temas más trascendentes y en los que nueva documentación puede aportar claridad.

Desde la llegada de la II República en 1931 los acontecimientos se precipitan. Desde esa fecha hasta prácticamente el final de la guerra he tratado de analizar el recorrido aportando documentos nuevos, inéditos, que puedan ofrecer puntos de vista desconocidos en la narración.

Este es mi recorrido:

Desde el Pacto de San Sebastián, las elecciones municipales y la inaudita expulsión del Rey Alfonso XIII que se desarrolla en una travesía de Cartagena a Marsella llena de amargura y tristeza. La calle que arde en violencia. «Fogatas de viruta», bromea Alcalá Zamora. Un documento inédito de la detención del general Sanjurjo que en una precipitada actuación pretende hacerse con el poder y es detenido por un guardia de seguridad que le apunta con su arma en medio de la carretera a Huelva.

Las reuniones y actividad previa al alzamiento con la presencia de Mola en Pamplona. La muerte de Sanjurjo y su posible sucesor en el mando antes de crear la Junta de Defensa, entre los que aparecen nombres hasta ahora no mencionados; la creación de la Junta de Defensa Nacional con el ingente trabajo que esta desarrolló. La presencia de don Juan de Borbón en España para combatir en el bando nacional. El estadillo de las tropas que cruzaron el Estrecho al mando del general Franco; la financiación de la guerra, una documentación inédita sobre el oro, joyas y piedras preciosas recaudados y donados para la contienda por particulares; el robo del oro del banco de España, el laboratorio del oro nacional, la munición, el carburante. Con los curiosos datos de la donación de monedas y alhajas hecha por doña Carmen Polo, esposa de Franco. El balance general de oro de las entregas efectuadas por la Suscripción Nacional (Comisión de Donativos) que alcanzó desorbitadas cifras que les muestro en los documentos.

Temas tan trascendentes como el nombramiento del general Franco como Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos de una manera un tanto casual y hasta ahora contado de manera no muy ajustada a la verdad. ¿Quiénes se reunieron en Salamanca y qué decidieron en definitiva? ¿Fue acordado nombrar a Franco Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos? ¿Hubo opositores? ¿Dónde está aquel barracón en el que se reunieron los miembros de la Junta de Defensa Nacional?

La batalla de Madrid, la muerte del general Mola, la campaña del Norte completa con sus combates y despliegues contados de manera asequible para cualquier lector; la ayuda extranjera, Brunete, Teruel, el Ebro con detalles desconocidos como los combates en la Sierra de Caballs, el avance hacia el Mediterráneo, la campaña de Cataluña y el final de la guerra.

Un informe demoledor del general Vicente Rojo y su visión del conflicto: habla de pánico en las unidades. No ve posible repliegue estratégico y solo contempla aferrarse al terreno y defenderlo palmo a palmo, cosa que sabe que no sucederá.

Los momentos de tensión que Franco tuvo con sus más directos colaboradores que en algún momento revistieron gravedad y crearon situaciones de cierta delicadeza. La correspondencia entre los generales Dávila y Franco sobre el discurrir de la guerra. Cataluña o Valencia: una decisión trascendente.

Termino con la entrada de las tropas nacionales en Barcelona y la situación en la que la ciudad se encuentra y una detallada información de las obras de fábrica destruidas y los edificios ocupados.

Todo ello acompañado de la documentación y órdenes de operaciones inéditas procedentes de los Cuarteles Generales de los protagonistas y la cartografía original por ellos utilizada así como la del Cuerpo de Tropas Voluntarias.

También se acompaña al final del libro el Diario de Operaciones elaborado día a día por el Estado Mayor del Cuartel General del Ejército del Norte, un documento imprescindible para seguir la evolución de los acontecimientos bélicos hasta el final de la guerra.

Hoy día 5 de mayo de 2021, el libro sale al público, fecha en que se cumplen 200 años de la muerte de Napoleón. Es evidente que nada que ver. Pero me gusta la coincidencia. Empezaba un tiempo nuevo. La Revolución francesa acabó siendo la mayor mezcla de libertad y autoridad conocida hasta entonces en el mundo. Revolución y Napoleón.

Napoleón terminó su vida dando una gran lección militar: ‹‹En los hechos históricos como en los contemporáneos, solo podemos encontrar lecciones, nunca modelos››.

A pesar de seguir de alguna manera viviendo sus consecuencias tenemos que aceptar que la guerra civil y todo lo que la rodea pertenece definitivamente a la historia, al pasado, o seremos incapaces de superarla.

Quisiera romper el silencio de los discretos: Muchos saben porque han oído, otros porque tienen el documento. A todos animo a construir y revelar lo oculto que por pequeño que parezca puede encerrar la clave. Para ello les ofrezco este correo y recibiré con gusto sus opiniones o más que opiniones: lahistoriadavila@gmail.com

Fotos, documentos, conversaciones, testimonios, libros, revistas, cualquier cosa puede encerrar una clave.

Deseo que este libro sea un paso más hacia el conocimiento y un lugar para la historia.

Les doy las gracias y les pido que lo lean.

Son muchos años de escritura en este blog sin pedirles nada; ahora, como contrapartida sí les pido que se hagan con el libro y si es de su interés abriremos una sección en el blog dedicada a la guerra civil desde el punto de vista histórico. Con la opinión de todos y todas las opiniones.

De antemano les doy las gracias y ¡va por ustedes!

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

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5 mayo 2021

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Rafael Dávila Álvarez

Mayo 2021

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EL LIBRO DE LAS HORAS. Rafael Dávila Álvarez

Libro de las Horas de Juana de Castilla

En mi casa siempre hubo un reloj de pared que sonaba a las horas, a los cuartos y a las medias. ¿En qué casa no lo había? Ahora hay una cosa que le preguntas y contesta. ¿Google qué hora es? ¿Puedes ponerme El Silencio de Beethoven?, y cosas así.

A mi reloj le oía, pero nunca hablé con él. Creo que era él quien conmigo hablaba. Tengo ahora que pedirle disculpas porque jamás le hice caso durante el día. Alguna fugaz mirada por si era tarde o temprano, pero con la luz del día jamás presté atención a su sonido.

De noche era distinto. Recuerdo cada hora. Solía acostarme temprano y los primeros sonidos del reloj solo recuerdo que eran muy largos, cada vez más largos, las diez o las once, pero no acaparaban mi atención; jamás los conté. Alguna noche, más nervioso de lo habitual, algo habría ocurrido, llegué a contar las doce, pero no era lo normal. En Nochevieja recuerdo contarlos con uvas y aquella alegría de la que nunca entendí el porqué. Sigo así.

Cuando me despertaba en mitad de la noche esperaba a que el reloj sonara. Si era el sonido de los cuartos me sentaba mal porque tenía que esperar y podía faltar la media y otro cuarto hasta que diese la hora. Interminable en la noche. Como no había móviles ni cosas así, durante ese tiempo pensaba y pensaba, que era muy bueno, a veces regular, que me entraban los miedos, pero solían ser pasajeros y oyendo el ruidillo de ese silencio de cada casa, que en cada una es distinto, llegaba a dormirme enseguida.

Aquel reloj de casa nunca se paró. Claro que mi padre le daba cuerda de vez en cuando, pero es algo que pasó desapercibido para mí. Creía que el reloj era uno más de nosotros que funcionábamos así, sin cuerda.

Recuerdo especialmente algunas horas, las que sobrecogen, otras que encogen y alguna atemoriza.

Despertarme a una hora temprana, dos o tres de la madrugada, no lo recuerdo; las cuatro era una hora que temía por si no volvía a dormirme; me esperaría una eternidad hasta empezar el día ¿y qué iba a hacer tantas horas? Quizá dio comienzo mi particular libro de horas y el posterior encuentro con Rilke.

Las cinco las recuerdo con fiebre y mi madre dándome agua. Las seis el lento amanecer y las siete una dolorosa espera, entre dormido y no, para el comienzo. Cada hora tenía su explicación y la tiene.

Una noche en blanco no la recuerdo. Siempre estaban llenas de negro sobre blanco en mi especial papel, en mi cabeza, donde iba anotando.

Ahora las noches son más vulgares y cualquiera puede pasarla en blanco. Todo carece de misterio y habiendo más convivencia hay más soledad. Si es la hora de las cuatro y te despiertas, puedes ver la televisión, hurgar con el móvil, guasapear con alguno que está como tú, ver videos, cualquier cosa, pero nunca solo; pero por eso  hay más soledad.

Quizá hemos perdido el sentido de la hora. Todas son iguales y hacemos casi lo mismo a las tres que a las quince.

«Tu primera palabra fue Luz:

y el tiempo comenzó.

Tu segunda palabra fue el Hombre y el miedo se esparció

(todavía nos ensombrecemos ante su sonido)

antes de que tu rostro retomara su creación.

Y por ello temo tu tercera» (Rilke).

 

Puede que esa tercera sea haber olvidado las horas, lo que se escribía en ese libro de las horas y que «ahora» se ha convertido en imágenes.

Cuando me despertaba, escribía mis pensamientos en el libro de las horas, pero ya están escritos en la imagen que proyecta un televisor, un móvil, una pantalla. No es un libro, sino que quiere serlo todo.

Son la tercera -«por ello temo tu tercera»- esa imagen inalcanzable, ficticia, mentira. Puede que se llame destrucción del tiempo, en el que escribía en libertad; a esa hora.

«Las horas señalan el paso del tiempo. Alternativamente se suceden, en la experiencia del hombre, luz y tinieblas, seguridad y peligro, alegría y dolor, presencia del Dios invisible en la creación visible» (J. Pinell).

Rafael Dávila Álvarez 

Blog. generaldavila.com

1 mayo 2021

 

VUELVO ¡A LOS TOROS! POR TI Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Me he criado en las Ventas, Avenida de los Toreros; he montado los caballos del Pimpi y entrado a la plaza con el botijo de los matadores o escalando las paredes de la Monumental de las Ventas del Espíritu Santo. La he visto arder por sus cuatro costados, y encerrado a los toros con los perros bóxer de la plaza.

Era, como se suele decir, un golfillo de las ventas. Eso queda y crea arte y toreo ante el mundo.

Decía Ignacio Sánchez Mejías que el mundo es una enorme plaza de toros donde el que no torea embiste. Toreo, de salón, pero toreo a los que embisten y sé ejecutar todos los tercios. También sé que el mayor peligro lo tienen los mansos y de ellos procuro aliviarme.

Lo que nunca había visto era a mi plaza de las Ventas tanto tiempo cerrada y echaba muy en falta sus murmullos y silencios. Vuelvo y recuerdo a Alberti.

«Vuelvo a los toros por ti,

yo, Rafael.

Por ti, al ruedo

¡Ay con más años que miedo¡»

Durante este tiempo hemos tenido que lidiar con un toro de extraño pelaje. Este toro era más malo que manso y a él arrimarse: nunca.

No es fácil acertar con el nombre de las capas de los toros. Salvador Miranda, un escultor de los grandes y muy aficionado a la Fiesta Nacional, que era, y es, el vivir y sentir, tenía grandes dificultades para definir las capas. Un día en la plaza de Bilbao salió un toro de extraño pelaje. Lo que menos esperaba don Salvador era que en aquella plaza estuviese Curro el Cochero, singular personaje que sabía de toros y toreros más que nadie. También tenía malaje y sabía las dificultades de don Salvador en eso de los colores de los toros. Acostumbraba a ir a todas la Ferias de España y allí, en mitad de la corrida, solía oírse su enorme vozarrón juzgando a toro o torero.

No esperó a soltar sus banderillas contra el escultor.

—Zebastián Miranda, ¿qué pelo tiene ezte toro?

Sebastián se dio cuenta de la jugada y sin amilanarse, en pié para que su voz se distinguiese, contestó.

—Precioso Curro, precioso.

Así que estemos preparados: ¡«Ezte toro» sí que tiene bonito pelaje, y es bravo el muy jodío! Reconozcan su pelaje y aplaudan la casta. Hablamos de Madrid.

Voy a los toros el día 2 de mayo, se abre nuestra Plaza de las Ventas, ¡vuelvo a los toros por ti!, y por ello llevo la papeleta hecha. De allí a las urnas.

¡Va por usted señora presidenta!

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

2 mayo 2021

 

NO ME METAN MANO, CLAMAN LOS JUECES Rafael Dávila Álvarez

Los jueces se movilizan (no han podido elegir foto más fea). Los militares (retirados) se movilizan, ¿sólo en Francia?

Algo está pasando en el mundo, ¿en Europa?, ¿en el Vaticano? ¿En España? Nadie sabe nada, aunque todos saben que algo pasa. Llega el humo y el olor a podrido.

El Poder Judicial da la espalda ¿para que no le metan mano? Lo que significa que ha perdido su Poder y quiere recuperarlo.

La situación de gravedad en una nación se mide por su salud judicial. Muchas leyes, muchos juicios, colapso judicial y sobre todo judicialización de la política, son signos de una grave enfermedad.

«Tengas juicios y los ganes», dice el refrán ¡tan español! Por algo será y no precisamente por la simpatía de las puñetas. ¿Juzgará alguien al juez?

No juzgues y no serás juzgado.

Convertir el santuario de la justicia en un sujeto político al servicio del partido en el poder es la mayor infamia a la democracia, el primer paso para enmascarar la dictadura y al dictador.  Convertir el poder Judicial en Poder es otro mal paso y ahí está. No estaría de más cambiar el nombre de Montesquieu y empezar a llamarlo Servicio Judicial. Montesquieu quiso poner freno al poder ejecutivo, pero fue un error. Hay que inventar otra fórmula. La atracción del poder lo hace peligroso y los poderes tienden a ser Poder. Todos. Unos pasan de un lugar a otro como anfibios que viven en distintos medios.

Los éforos acabaron por ostentar en sus manos los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Paremia: Juez y parte.

Ahora aquí, mañana allí. ¿Hay justicia, microjusticia y macrojusticia?

Todos meten mano, por la espalda, en el bolsillo, en las conciencias, en la enseñanza sobre todo. Nunca hemos asistido en España a un estado de mala educación como el actual. Nuestros gobernantes y aspirantes dan ejemplo de ello, y son el legislativo y el ejecutivo, ¿qué espera el judicial?

Puede, y mucho, quien tiene poder y el resto busca una gorra y un pito a ver si así algo puede ordenar, aunque sea el aparcamiento o la cola del pan. Ordenar, mandar, juzgar, imponer, todo se conjuga en términos autoritarios y esto parece un estado totalitario. Desde el control de entrada al de salida. Todos mandan y nadie obedece.

Gana el peor educado, el que más levanta la voz, el que es más chulo y tiene más audiencia.

La televisión dicta sentencia. ¿A quién dicen que no metan mano? Estamos todos muy manoseados y aquí a todos nos meten mano y la mano.

Y en esto que llega Felipe González; sí, el que fue; y dice: «Cuando todo está mal, aparece ahí un tío y dice que todo está bien y que el futuro es cojonudo. Oiga, pero usted no está viviendo la realidad de sufrimiento que estoy viviendo»: ¿Pedro Sánchez? ¿Pablo Iglesias? Un tío o dos. Mejor ninguno.

Carga contra los políticos que por encima de todo quieren mantenerse en el poder.

El poder tiene muchos escenarios y uno de ellos es tener una pantalla y «poder» salir a que por tu cara bonita te escuchen. Los hay por todas las televisiones que aprovechan el grado de cultura de la audiencia para colocar su mensaje y llevarse una pasta.

No nos metan mano, clamamos todos. Déjenme solo.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

3 mayo 2021

 

 

 

LA LEY DE DEFENSA DE LA REPÚBLICA Rafael Dávila Álvarez

Era tal el desatino de aquellos gobernantes, pactados en «nosotros y contra los demás» e impactados por su propia revolución y ser, ellos, el acabose de España que: temieron.

Tuvieron tanto miedo, que se dijeron: blindémonos y a la cárcel todo lo que se menea. Dictaron una ley y se asignaron vigilancia: la ley contra la Ley y como era tan clara la desvergüenza legal, tan ilegal, dijeron hagámosla Ley; y la hicieron.

Después, viendo que ni por esas iban a estar tranquilos y era difícil mantenerse en el ganar sin ganar, se dijeron: Hagamos lo que haríamos nosotros y declinemos el verbo «poder»: insultemos, señalemos, atribuyamos delitos, golpeemos, peguemos, lancemos de todo y detrás de cada palabra un ladrillo, escrito o no; y pillemos. Pintemos las paredes y las mentes de agresiones contra nos y vos y hablemos desde los montes y valles, de la 1 a la 6, pasando por la 2, la 3 y la 100, que no haya una sola montaña donde no resuene la voz, la nuestra, que clama injusticia y desorden. Apaguemos el resto, que paguen y paren. Si hay que sacar una ley que lo apoye la sacamos y que la firme quien tenga que hacerlo que ya nuestros actos la rubricarán. Lo hicieron y se ciscaron en la Ley y en todos los otros.

Duró aquella ley un tiempo suficiente. La ley de Defensa de la República se había hecho constitucional, acababa con toda libertad expuesta en la mismísima Ley, la Constitución, que venían a ser lo mismo porque eran del mismo cuerpo, pero esa era su interpretación de la Ley. Duró mientras pudo y allá por el año 1933 se sacaron de la manga una ley de Orden Público con la claridad del horizonte puesta en las urnas. Claro que cuando estas fallaron y ya no tenían ese gancho de izquierda, y se había metido en la urna el voto de derechas, dijeron ¡eso no!: la Revolución. Y nos plantamos en octubre de 1934.

Después llegó lo que tenía que llegar y la historia se detuvo en un paréntesis de sangre.

Jugar con la Ley en ocasiones consiste solo en interpretarla. Aprobar una Constitución y guardarse el poder del designio: a los interpretadores. El actor que no cumpla con su papel queda inhabilitado ipso facto.

Toda interpretación conlleva el que pueda ser entendida de diferentes modos y eso es todo un arte, pero artistas de la ley haberlos haylos, además de interpretadores que hoy están en la ley mañana en el escenario.

La Ley de la Defensa de la República, era una medida de excepción y ha sido sustituida por algo más democrático: los Comités de Defensa de la República que no dictan ley, sino que la imponen.

Al final ¿de qué se trata? Miren a su alrededor, si es que les dejan:

—Control de medios;  adiós a la libertad de prensa.

—Dominio y absoluto control de la Enseñanza.

— De la Iglesia Católica no digo nada ya que ella calla.

—Nacionalismo. Barra libre, pero sin revolución que para eso estoy yo.

—Por último y no más grave, crear una sociedad amansada, controlada y apesebrada. Apesadumbrada también.

Del Gobierno y los ejércitos hablaremos otro día.

¿Les suena? No consentirán ser perdedores. Estén preparados porque la van a liar.

No sé si liar viene de ley o más bien de atar y bien atado.

Hay leyes que «más que «de defensa de la Constitución son de ofensa a esta». Ampliable a defensores y ofensores.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

28 abril 2021

EL SUBMARINO HUNDIDO: ADIÓS Y LA SONRISA FINAL. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

 

Solo el que le ha visto las orejas al lobo sabe lo que significa decir «adiós». Cuando su adiós fue tal.

Llegan difuminadas las palabras de José Rizal en Mi último adiós antes de morir fusilado:

Ora por todos cuantos murieron sin ventura,
por cuantos padecieron tormentos sin igual,
por nuestras pobres madres que gimen su amargura;
por huérfanos y viudas, por presos en tortura
y ora por ti que veas tu redención final.

Ha recorrido el mundo el video que grabaron los marineros del submarino indonesio KRI-Nanggala-402 hundido al norte de Bali cuando sabían que su final estaba cerca. Adiós, entonan. A Dios. Solo eso.

El legionario Braulio en el Centenario de la Legión nos dejó elocuentes palabras sobre la muerte.

«El morir en el combate es el mayor honor….

Siempre la muerte. Habéis venido a morir. Una cosa es no tenerle miedo a la muerte y otra quererla. Yo sé que nuestro jefe quería que nos hablasen de la muerte para que le quitásemos esa imagen de horror, de temor, de negra guadaña que atemoriza. Por eso hablaba de una novia joven y bella besando nuestra frente. También decía que fuese nuestro Ángel de la Guarda que nos llevase al Cielo.

Aquí, entre nosotros, no hablamos de esas cosas de la muerte. Si acaso entre cada dos, como juramento entre ellos, y lo que has de hacer si acaso, pero nada más. La muerte no forma parte de nuestras tertulias, ni está ni se la espera, pero si viene a ninguno nos va a asustar. Sí, sabemos que vamos a morir, como todos, y que en el lugar en el que combate la Legión la muerte está más cerca; eso no significa nada. Sabemos lo que hacemos y por qué lo hacemos. Aquí nadie va a lo loco, nadie se la juega sin motivo o razón. La muerte hay que saber esquivarla, con valor, pero tonterías con esa cercana posibilidad ninguna, porque yo creo que si tú te la juegas alegremente, insensatamente, estás jugando no con tu vida sino con la de los compañeros. Pero recular, de eso nada.

Nadie queda en el campo, aunque muramos todos. ¿Quién dijo miedo?».

Letra serena. Adiós.

Sampai Jumpa, adiós, cantan los soldados; lo hacen sonriendo a la muerte. Han entregado lo que se les pide: la vida.

Debe reconfortarnos saber que aún hay gente que a cambio de muy poco están dispuestos a todo y en este caso, los soldados, a dar su vida por los demás, aunque haya muchas ocasiones en las que miramos para otro lado y eso no nos parezca trascendente.

Como dice el refrán solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena.

Y cuando ya mi tumba de todos olvidada
no tenga cruz ni piedra que marquen su lugar,
deja que la are el hombre, la esparza con la azada,
y mis cenizas, antes que vuelvan a la nada,
el polvo de tu alfombra que vayan a formar.

«La vida huye y no se detiene ni una hora».

En la hora de la muerte un ejemplo de vida, que nos enseña para qué y por qué merece la pena ofrecerla. Mientras haya hombres dispuestos a darla para servir sin servirse, sin mirar a quién, sin reprochar, sin odiar y con una sonrisa final.

Un ejemplo de muerte para la vida.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

28 abril 2021

DEL SUBMARINO B-5 al S-80 General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

«El comandante del submarino se llamaba Luis Carrero Blanco».

Me he sentido reconfortado viendo la puesta a flote del submarino Isaac Peral.

Será para 2023 cuando esté en plenitud operativa. En la década de los 80 nos movíamos con ocho submarinos y ahora con dos que quedará en uno operativo y, profundizando todo lo que demos de sí, si sus señorías quieren, puede que para el 2026 lleguemos a tener cuatro submarinos como el que ahora empieza sus pruebas de navegación.

Estamos de enhorabuena porque me da que los submarinos en la Armada es como la Legión en el Ejército de Tierra.

España ha sido siempre una nación de submarinos y las irónicas mitologías hablan de que bajo el agua se esconden las reuniones de Poseidón en Egas, profundidades del mar, con magníficos palacios de oro, resplandecientes e indestructibles. Ahora estarán mejor vigilados.

El submarino Peral recobra actualidad y el teniente de navío, su inventor y auténtico sabio, ocupa el lugar de la historia que se merece y no le fue reconocido en vida. Recogemos de la web de la Armada española que en 1886 en Cádiz se cantaba una coplilla al inventor que decía:

A Dios le pido de veras,

y a

la Virgen

del Pilar

que te coronen de gloria

por tu invento colosal…

Nos cuenta así mismo la Armada que en la primera inmersión del submarino en 1888, Isaac Peral se encomendó a la Virgen del Pilar en una imagen que le habían regalado y él subió a bordo. Más tarde, en el año 1946, una imagen de la Virgen del Pilar fue entregada al Arma submarina y se encuentra en su base de Cartagena. En el año 2004 la Armada española donó a su Copatrona un manto del Arma submarina. A Ella rogamos por nuestros valientes marinos del difícil arte de la inmersión.

Viendo las imágenes de la puesta a flote del submarino Isaac Peral con la asistencia de toda la familia Real, no he podido evitar el recuerdo de aquella madrugada del 15 de abril de 1931 cuando S.M. el Rey Alfonso XIII salía rumbo a Marsella y que recojo en mi libro La guerra civil en el Norte:

«A bordo venía el Almirante Magaz y el Jefe de Estado Mayor, López Tomasete, el Gobernador Militar, general Zuvillaga y ubimos al Príncipe en cuya cubierta esperaba el Almirante Montagut, Jefe de la Escuadra y el de la División de Cruceros, Salas, así como el Comandante y oficiales del buque y otros de la Escuadra. Tanto en el bote como a bordo, el Rey saludó y habló afablemente con todos. Tan pronto estuvieron a bordo los maletines del equipaje, le dije al Rey que despidiese a todos para marcharnos, extrañado y agradeciéndome que yo continuara a bordo acompañándole. Una vez fuera los que no eran del buque, di orden al Comandante Fernández Piña de salir a la mar. Lo que verificamos, estando fuera de malecones a las cinco y media. Por deseo del Rey subimos al puente alto, donde permanecimos durante la salida, pues me dijo que “quería ver España por última vez”. Me preguntó dónde íbamos y le dije que a Marsella, indicándome él que le parecía mejor Tolón, pues Marsella era puerto de mucho movimiento, pero yo le convencí de que era mejor Marsella y que llegaríamos al amanecer, entre dos luces. Una vez en la mar nos fuimos a acostar, pues ya era hora. Al Comandante le di instrucciones para la recalada a Marsella, etcétera.

Cuando el buque se hacía a la mar con el rey a bordo se cruzó con un submarino de la clase B-5 que regresaba a puerto. Se vio como arriaba la bandera tricolor e izaba la de España rindiendo los honores de ordenanza al cruzarse. El comandante del submarino se llamaba Luis Carrero Blanco».

«No braman tanto las olas del mar cuando, levantadas por el soplo terrible del Bóreas, se rompen en la tierra; ni hace tanto estrépito el ardiente fuego en la espesura del monte, al quemarse una selva, ni suena tanto el viento en las altas copas de las encinas, si arreciando muge» (Ilíada. XV, 388).

«Apareció el fondo de los mares, los cimientos de la tierra quedaron al descubierto…» (Salmo 18,16).

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

27 abril 2021

EL DEBATE: ¿A CUÁNTAS RESIDENCIAS FUE USTED SEÑOR IGLESIAS? Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Después del debate televisivo del pasado día 21 he repasado los medios informativos para conocer opiniones y resultados de las encuestas. Me sorprende leer en uno de ellos que ha sido más visto un canal que emitía una entrevista con Rocío Carrasco que el debate. Bueno pues así están las cosas.

También leo en El Español un tema que a muchos les habrá pasado desapercibido, pero que reviste enorme importancia.

En un momento del debate la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso preguntó al señor Iglesias:

—¿A cuántas residencias fue usted siendo el responsable del mando único? Sólo la UME nos ayudó por parte del Gobierno de España, le espetó la candidata del PP y presidenta madrileña.

El señor Iglesias contestó.

—¿Sabe quién daba las indicaciones a la Unidad Militar de Emergencias de dónde había que desinfectar las residencias? La Vicepresidencia Segunda de Derechos Sociales era la que daba las indicaciones de cuáles eran las residencias que había que desinfectar.

Continúa diciendo el digital que «Fuentes del Ministerio de Defensa consultadas por EL ESPAÑOL instantes después de producirse esta afirmación, desmintieron categóricamente que fuera Iglesias, en su etapa como vicepresidente, el encargado de dar las órdenes a la UME en la Operación Balmis, dirigida a actuar contra la pandemia».

Solo faltaría, aunque no será por falta de ganas.  A él, y a los que le rodean, le gusta esto de los soldados, pero bajo sus órdenes y criterios, de lo que ya algo sabemos. Querer no es poder y no puede quien quiere poder, sino quien quiere, pero de quereres, que son cosa distinta, así que quiéreme menos, pero quiéreme mejor.

El rastro que deja este señor no se sigue por las residencias ni conoce los riesgos que la labor de la UME y otras unidades de los ejércitos y Armada tuvieron que afrontar para asegurar la salud de nuestros compatriotas. Ni en las residencias de mayores ni en los cuarteles huele a Iglesias.

Es bueno hacerle ver a este señor que él mandar no manda nada y que a los soldados ni tocarlos y menos ordenarlos que ya se ordenan solos con sus mandos naturales, la Ley y sus reglamentos.

Del conjunto del debate solo decir que el nivel fue tan elevado que lo tengo grabado para que las futuras generaciones sepan que no se puede entender la historia sin una lectura profunda de la vida de una serie de personajes que han marcado, para bien en ocasiones, para mal en otras, el acontecer de los hombres. Y es que quienes impulsados y con sus dotes personales han hecho caravana se han convertido en anábasis o catábasis; y ello ocurre desde Gilgamesh hasta nuestros días. Lo peor de todo es la mediocridad y que, ellos, los mediocres alcancen lugares de poder.

¿Puede ponernos un ejemplo? Pues ya está puesto.

En el debate no hubo una gran batalla sino un cruce de cañonazos y un ruidoso coro de gritos.

Aún no debemos preocuparnos ya que «somos una pequeña brizna de vida que es lo único verdadero en medio de la comedia del mundo». ¡Velay!, maestro.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

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26 abril 2021

DÍA DEL LIBRO. ORA LA PLUMA, ORA LA ESPADA (General de División Rafael Dávila Álvarez)

Cervantes fue soldado. Lo fueron Garcilaso, Hurtado de Mendoza, Francisco de Aldana, Lope de Vega, Quevedo, Pedro Calderón de la Barca... Todos iguales a la hora de defender la lealtad al Rey y su fe católica. Lo hicieron con la pluma y la espada allí donde nadie era más que otro, si no hacía y sabía más que otro. Un ejército que se basaba en la meritocracia. Bueno es recordarlo y ejercerlo.

«¿Qué opinión tiene un villano? Aquella misma que vos, que no hubiera un capitán si no hubiera un labrador.

Puedo decir no hay un soldado que no sea por la sangre de las armas noble. ¿Qué más excelencia?»

Y de la sangre de las armas surgieron nobles las letras. Las armas llevan a las letras, las letras cuentan de las armas, una batalla que recorre los siglos, coexisten y se necesitan. Cuando una nación es grande en su política y milicia va acompañada del engrandecimiento de su cultura.

Ora la pluma, ora la espada. Escribía el Inca Garcilaso, soldado y escritor cuando:

Allende nuestros mares

allende nuestras olas

¡El mundo fue una selva

de lanzas españolas!

Valor, honra y honor. Son condecoraciones permanentes en nuestros uniformes. Lo hemos exportado por el mundo. Desde nuestro Siglo de Oro hasta hoy. Armas necesarias para la victoria, incluso para la derrota, que no es tal cuando el honor no se pierde. Por eso no puede llevar el uniforme de soldado quien quiera sino quien pueda. Este es un oficio exigente que te lleva a mandar con el ejemplo más que con el mandato. Lo predicaba el soldado Francisco de Quevedo que prefería llevar los ojos en las espaldas de su capitán que tener los ojos del capitán a sus espaldas. Los buenos ejércitos es lo primero que aprenden. Nuestros soldados con su ejemplo han demostrado a través de los siglos lo que significa cultura militar, ejemplaridad y valor; de reemplazo o profesionales todos iguales a la hora del compromiso. Épicas gestas y cultura de guerra: el valor, el honor y la honra.

Siglos en los que se combatió ora la pluma, ora la espada. Soldados de letras y armas que las armas requieren espíritu como las letras.

No hay rejas ni bombas que acaben con la palabra cuando se ha manejado con nobleza la espada. La palabra penetra más hondo que las balas.

Ahora está de moda apagar la voz de la historia. Se habla, incluso se escribe, otra historia. No es la nuestra, la de todos, sino la de unos pocos. ¿Serán más fuertes? ¿O nosotros más cobardes? La tibieza es una de las formas con la que suele presentarse la cobardía.

«Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes ya desmoronados, de la carrera de la edad cansados, por quien caduca ya su valentía».

El valor, el honor y la honra son la esencia de nuestra cultura militar, nuestra fuerza, nuestro distintivo allá por donde vamos. Fue el estado militar fiel trasunto del estado social. Era frecuente dar de mano a la espada para narrar las épicas hazañas de los camaradas, perpetuando así las glorias del ejército y el poderío que alcanzó la patria.

DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO

No vivimos del recuerdo sino desde el recuerdo de un pasado que explica y enlaza, nuestra forma de ser y sentir, con el tiempo actual.

Han pasado los tiempos, cambian las leyes y los usos, las costumbres. En la milicia el valor, el honor y la honra siguen como cultura de guerra por encima de otras cualidades. La crítica hacia ello suele ir cargada de ignorancia y se exhibe con impúdico descaro, como si ese rechazo fuese un mérito de los tiempos que corren. Quizás por eso el silencio, más allá de alguna crónica periodística, a las diarias hazañas de nuestros soldados aquí y repartidos por el mundo.

Hoy Día Internacional del Libro es buen momento para una reflexión sobre nuestras armas y letras, para recuperar nuestra historia, nuestras olvidadas glorias, y a la vez volver a hablar del valor, del honor y honra, del ejemplo de nuestros soldados. Sigue siendo la esencia de nuestra cultura militar. También del conjunto de la sociedad llana y sencilla. Siempre fue la milicia fiel reflejo de las virtudes y defectos de la sociedad a la que sirve.

No debemos ignorar la voz de la historia. Empecemos leyendo y continuemos aprendiendo.

Demos de mano a la espada para narrar las épicas hazañas de nuestros soldados, aunque sea solo de vez en cuando.

Ora la pluma, ora la espada.

General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

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23 abril 2021

La Guerra Civil en el Norte… Por General Dávila

¿DÓNDE ESTÁN NUESTROS SOLDADOS? EN LA GUERRA. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Parece que a esta izquierda nuestra tan amante de sus tropas, tan defensora de los intereses de España, con tanto peso y seriedad política internacional, se le han perdido los soldados. Nadie sabe donde están, qué hacen y para qué lo hacen.

¿Dónde están nuestros soldados?

Debería formar parte de la Cultura de Defensa y sacarlo a relucir tanto o más que las operaciones donde ellos creen que deberían estar. Eso lo dan a autobombo y platillo, que nada de tanques ni cañones: la Balmis y Filomena.

Entonces ¿lo otro qué? Cuando se despliega para una posible guerra ¿qué?

El caso es que para darnos cuenta de la situación solo debemos mirar a dos lugares, aunque hay muchos más y en cualquiera de ellos el riesgo es máximo, pero estamos porque somos lo que somos, soldados, que debemos cumplir con nuestras obligaciones como tales. Aunque a nuestra izquierda no le guste, o mejor dicho: le disguste.

Por ejemplo hoy hablemos de dos lugares que nadie menciona, pero donde están nuestros soldados hablando de guerra.

LETONIA

Nuestra misión llamada Presencia Avanzada Reforzada-Letonia consiste en «garantizar la estabilidad de la seguridad euroatlántica, mantener una Europa en paz, unida y libre, así como prevenir conflictos mediante medidas de defensa y disuasión creíbles».

Con palabras más claras y rotundas:

—Desplegamos frente al enemigo.

—¿Quién es el enemigo?: Rusia.

—¿Por qué desplegamos?: Para defender las fronteras de Europa ante una posible ocupación rusa. El objetivo de esa Presencia Avanzada es evitar que lo ocurrido en Crimea ocurra en el resto de Ucrania y acabe encendiendo toda la frontera, por las repúblicas bálticas y Polonia.

—¿Es que hay amenaza actualmente?: La hay y la tensión es máxima. El pasado día 19 el señor Borrell, Alto Representante de la diplomacia europea, avisó del riesgo que supone el despliegue que acaba de hacer Rusia de 150.000 soldados en la frontera con Ucrania pertrechados con todos los elementos necesarios para entrar en combate. La situación puede generar en un conflicto de alta intensidad.

España está en Letonia con 305 efectivos y carros de combate Leopard 2 E, vehículos de combate de Infantería Pizarro, morteros pesados, y vehículos oruga acorazados, materiales que por primera vez despliegan fuera de nuestras fronteras. Actualmente se encuentran miembros de la Brigada Guadarrama XII.

Misión pura y dura de guerra, ¿defensiva? Solo faltaría. Lo que no implica que no sea un carácter más de la acción, de la guerra, en la que no vale otra calificación.

Es decir nuestros soldados despliegan con carácter defensivo ante un posible ataque. Ese es idioma de guerra.

TURQUÍA

Nuestra misión, denominada Active Fence, se desarrolla para proteger a Turquía de posibles ataques balísticos procedentes de la vecina Siria.

Allí estamos. Si, en defensiva, en combate, en la guerra. Una batería de misiles Patriot española, en el lugar de donde se replegaron Estados Unidos y Alemania. ¿Nosotros? 149 soldados, solos, demostrando no sabemos muy bien el qué. Lo que nadie pone en duda es que están en misión de guerra.

La misión es de difícil mantenimiento y justificación y más en el momento presente; nadie sabe nada ni nada dice, pero los presupuestos que España dedica a estos juegos de guerra, es decir a mantener a nuestros ejército en campaña deberían hacernos desistir de enredos de este calibre que solo sirven para aparentar sin creer.

Al primer disparo: Irak 2004.

Para ir a la guerra dos cosas son imprescindibles: Dinero y el apoyo de la retaguardia. No hay ni de lo uno ni de lo otro.

Mejor nos volvemos.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

21 abril 2021

Blog: generaldavila.com