DICEN QUE A LA LEGIÓN SE HA ALISTADO UN CRISTO CRUCIFICADO… RITOS DE LA LEGIÓN EN SEMANA SANTA. General de División (R.) General de la Legión entre el 2001-2004

 

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No me mueve, mi Dios, para quererte

El cielo que me tienes prometido;

Ni me mueve el infierno tan temido,

Para dejar por eso de ofenderte.

 

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte

Clavado en una cruz y escarnecido;

Muéveme el ver tu cuerpo tan herido,

Muéveme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, en fin, tu amor de tal manera,

Que aunque no hubiese cielo, yo te amara,

Y aunque no hubiera infierno, te temiera.

 

No me tienes que dar porque te quiera;

Porque, aunque lo que espero no esperara,

Lo mismo que te quiero, te quisiera.

Sólo un soneto podía expresar la intensidad del amor verdadero: “Porque, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero, te quisiera”.

Lo que de por sí es bello no necesita recurrir a los artificios de la estética; con palabras directas y enérgicas, sin ornamentos, este soneto popular y anónimo nos traduce el amor puro y desinteresado por encima de cualquier otra consideración.

Anónimo es como decir que nos pertenece a todos y en el anonimato de estos versos se esconde la espiritualidad de todo un pueblo que inspiró a no se sabe quien para que dejase escrita la fuerza de un pensamiento y la espiritualidad de sus sentimientos.

Sobrecoge la expresión verbal pero más sobrecoge la voz de un pueblo que históricamente se ha empeñado en vivir su fe en la calle, que es donde en España, hasta ahora, se vive y se muere.

Por eso este soneto sólo se comprende de rodillas ante los pies del Cristo de la Buena Muerte o junto a las Angustias de la Madre Dolorosa. Es una oración del pueblo, la traducción de su mística, la que resulta humana a fuerza de su severidad y dureza. Es un soneto legionario que cumple con el espíritu que exige no abandonar jamás a nadie en el campo hasta perecer todos.

Sólo la dimensión espiritual puede dar sentido a la entrega de la vida y el sacrificio. La espiritualidad y trascendencia en el pueblo español y militar tiene profundas raíces cristianas; históricamente el militar español ha sido un hombre de fe, de fe cristiana. Por mucho que algunos se escandalicen, y echen a repicar las campanas, las virtudes de nuestros soldados proceden en su mayoría de su formación cristiana en la fe. La defensa de la fe, la convicción de servir a una causa justa y la lealtad al rey, junto al honor, fueron siempre los móviles de su conducta que se ganó la merecida  reputación de ser la mejor Infantería del mundo.

Pocos se atreven a levantar la voz en defensa de mantener nuestra fe y nuestras tradiciones, aunque tozudamente se enfrenten cada año con el pueblo en la calle que peregrina con paciencia procesionando su fe.

Cada primavera el pueblo se refugia en sus creencias al margen de los mensajes contradictorios y de los vaivenes del momento político.

Así ocurrió en Málaga cuando el pueblo lo dijo cantando: “Dicen que a la Legión se ha alistado un Cristo crucificado…”. Una saeta  convertida en jaculatoria fervorosa, el sentimiento popular hecho poesía y el comienzo del vínculo del Cristo legionario, de la Congregación de Mena y la Legión.

Fue una Semana Santa de los primeros años veinte cuando varios legionarios, en plena guerra de África, y unos cofrades de Mena, mientras compartían el pan y la sal, hicieron amistad y hermandad… “Morir en el combate es el mayor honor”; y para siempre se unieron con el abrazo redentor del Cristo de la Buena Muerte; desde el año 1925 hasta nuestros días han caminado, como suele decirse, con la Cruz a cuestas.

Tuvo que ser una primavera, la de saeta legionaria,  cuando los nuevos miembros de la Hermandad, los Caballeros Legionarios, llegaban a Málaga al mando de su Coronel. En 1930 se produce el primer desembarco, la primera escolta al Cristo, el primer contacto de Málaga y los legionarios. Todo hubiese sido efímero sin la aprobación de la calle, sin que los malagueños sintiesen y admitiesen aquél encuentro entre un Cristo Cofrade que hablaba de la Buena Muerte y unos hombres que cantaban… “soy un novio de la muerte…”.

Se produjo el milagro, surgió “El Vínculo”, una relación que se afanan en analizar los teólogos y sociólogos enfrentados a lo inexplicable, al misterio encerrado en esa trilogía, Cristo de Mena, pueblo y legionarios ¿Será la muerte la que ronde alrededor del misterioso vínculo? Siempre la muerte como tragedia, y de repente, ¿la buena muerte? “El morir en el combate es el mayor honor…Por ir a tu lado a verte”.

Íntima conexión entre sensibilidad e inteligencia: la sensibilidad tiene sus antenas como medio de captación del conocimiento, y el conocimiento está en ese pueblo que procesiona detrás de su Cristo legionario. Es la sabiduría de la experiencia, sentimientos como herencia, el inconsciente genético que encierra toda la sabiduría. Es la intuición incluso por encima de la razón, más sabia por intuitiva. Es la realidad transmitida que supera a la rígida letra porque es plástica, informe, una sugerencia más que una definición. Concepto intuitivo, una visión de los hechos que los coloca por encima de la rémora del razonamiento vulgar, y le da la autoridad que proporciona el conocimiento de la verdad esencial de las cosas.

La Legión nació en momentos muy duros, cuando cada día era una aventura en la que te iba la vida. Esa, tu vida, dependía del combate, de la paz del alma y, en ocasiones, aunque ahora no se entienda, era una vida triste que buscaba redimirse con una muerte digna que borrase la anterior. Allí en la Málaga querida, a su hospital de sangre, llegan muchos legionarios heridos de las campañas africanas. Alguien les habla de un Cristo que le llaman de la “Buena Muerte”: No me mueve mi Dios, para quererte, El cielo que me tienes prometido… ¡Pero si yo no creo en nada, si me da igual la muerte! Son hombres que han aceptado a la Legión como religión y que sus oraciones son el valor, el compañerismo y la amistad; la unión y el socorro, la marcha y el sufrimiento, dar la vida por el compañero. No se hacen preguntas sobre el más allá aunque intuyen que alguien los acogerá y les conducirá a ese cielo legionario.

“Si un día Dios me llama…”, reza el legionario por dentro, y reza cuando canta, por si le llega la muerte; que entre la vida y la muerte, cuando a ambas uno las ve a diario, sabe que sólo las diferencia un suspiro, una bala que te llega de repente.

Es en Málaga donde les hablan de un Cristo que es legionario y que por eso es de los pobres. Que no le importa que hayas sido delincuente ni ajusticiado entre malhechores. Que también fue despreciado, abandonado y olvidado y que sabe no abandonar jamás a un hombre hasta perecer todos, darlo todo hasta caer reventado, nunca quejarse y confiar en la victoria, cumplir con el deber y no permitir vivir siendo un cobarde. ¿Que mejor advocación para dar las gracias por la vida, por las heridas curadas, que aquella imagen de Mena tan herida, tan dolida, pero tan viva?

Es el Cristo malagueño que busca entre los legionarios a su gente, son los malagueños que encuentran en La Legión su referente, son los Congregantes de Mena los que hablan de la buena muerte, y todos quieren creer, porque este Cristo que es malagueño, no miente. Compartir el dolor, compartir la muerte, hermanados, llevando sobre los hombros al compañero de todos, el de la Buena Muerte. Que no puede ser esa muerte un mero accidente, un azar en un combate sin esperanza ni explicación trascendente.

Era una primavera malagueña llena de luz. Cantan los novios de la muerte y la música se los lleva al cielo. ¡Al Cielo con Él!, canta el pueblo hecho legionario en la fe y el sufrimiento; todos cantan por dentro mientras se enredan en esa  primavera  buscando escaleras para subir a la Cruz. Hasta los mismísimos clavos de Cristo han subido con los mismos sentimientos que transportan en su herencia genética, sin manipular; son la infantería, de uniforme o de paisano, que da lo mismo,  que pasea su fe en Semana Santa; la infantería que se autolegisla con leyes de supervivencia para que una bala no te deje en el camino; la que deja su vida en un polvoriento camino, ¡Con qué facilidad Dios mío!, y sólo busca en la fe su esperanza.

Era como si la noche no hubiese caído, como si el día no tuviese de largo lo suficiente. En Málaga nadie se recogía esperando ver al Cristo legionario, al Señor de la Buena Muerte.Todos en silencio, cada uno el de su suerte, con la mirada en la madera de una figura que se retuerce y en la Cruz cobra vida, se transforma de repente en la carne de los que allí esperaban que el prodigio sucediese…Cantan los novios de la muerte, “Por ir a tu lado a verte…” que es el pueblo el que lo entiende y lo siente, y quiere saber que lo que intuye no le miente, que entre tanta soledad y abandono alguien te abraza, te escucha, te llama Caballero, te reconoce y te quiere. Cuando creías que no eras nadie alguien te dice que lo eres todo si la vida das por alguien.

Crédulos e incrédulos asisten cada año a este misterio de fe que vincula a la Congregación de Mena, al pueblo malagueño y a la Legión, alrededor de la advocación de El Cristo de la Buena Muerte y Ánimas. jpeg-70No vamos solos que nos acompaña la Armada escoltando a Nuestra Señora de la Soledad, compartiendo Congregación y creencias. Llevan a Nuestra Reina…

 

Estrella y Reina de los mares…

¡Salve! Estrella de los mares

…………………………….

De tu pueblo, a los pesares

Tu clemencia dé consuelo

………………………….

Cantan los legionarios, también la Armada; todos están rezando, que los que ante nadie se humillan doblan a su Cristo la rodilla y le entregan el corazón.

“A la Legión se ha alistado un Cristo Crucificado,

ya nadie podrá decir

que a la Legión sólo viene gente de mal vivir”(Saeta popular).

 

Y morirán cantando, con una canción en sus labios que marque el compás y el ritmo del valor y del honor, cuando…

 

jpeg-7El toque de oración inicia el vuelo

Y hay en las últimas luces del cielo

Algo invisible que nos acompaña,

Como si en la quietud de los soldados

Estuvieran aquí formados

Todos los que murieron por España.

(Coronel Luis López Anglada).

 

General de División (R.) General de la Legión entre el 2001-2004

Blog: generaldavila.com

SE CONVINIERON EN TREINTA PIEZAS DE PLATA Rafael Dávila Álvarez

 

Escuché cómo alguien, con toda intención mediática, se declaraba ateo, pero fiel cofrade, congregante, hermano y en esta Semana Santa, disfrutaba siendo parte de su engañoso festival. Le iba el rollo ese de la calle, la emotividad, ser bulla y  barullo, y un protagonismo tan falso como la religión que solo se practica alrededor de las emociones sin raíz. Ofensa grave  a los que procesionan con fe e incluso por ella, por los demás entregan su vida.

No pude olvidar aquel ¡Crucifícalo! ¡A Barrabás! ¡A Barrabás!

El caso es la calle, inundarla, contagiarse y sentirse protagonista, y si llega el caso lo mismo se entroniza que se destrona o estigmatiza. ¿Qué más da? Eso explica muchas cosas y casos recientes.

No voy a ir a ninguna procesión. Con la que llevo dentro me llega y me sobra. Gritos de verbena. Incomprensible actitud que vota levantar o derribar. Estamos ante una situación crítica. Desorientados.

No invento nada. Es.

La Cruz iba a ser demolida, barrenada; como antaño lo fue el Sagrado Corazón de Jesús del Cerro de los Ángeles después de ser fusilado. Estaba y está en el contrato. Se renueva la negociación. Mientras, firmado está, a ese monje que vigila orden se le da: ¡Que se quite el capirote y a volar!, lejos, que quede sin vigilancia el valle de lágrimas.

Hubo pacto. Silencio. Se cuela la amenaza. ¡Si no… la derribamos! La derribamos. La derribamos. Capaces son. Nadie se opondrá.

No hay nada más cruel que la reconversión de una Institución que supo conducir la moral de un pueblo en empresa. Rentable. Con vigilancia sobre la cuenta de resultados. Materiales.

Duele la soledad y la Cruz lo es. Por mucho que se suba y se baje a ella y por ella, siempre es un símbolo de soledad y abandono.

Este no es un Jueves Santo como otro cualquiera. Le precede un trato y un contrato. Solo nos queda ver quienes han dejado allí su firma. Hace 2000 años también lo hubo. Una traición. Unas monedas bastaron. Estaba dentro y desde dentro se urdió todo.

—¿Qué me queréis dar y os lo entrego? Se convinieron en treinta piezas de plata, y desde entonces buscaba ocasión para entregarlo.

—Al que yo bese, ese es. Apresadlo.

Está escrito y lo han confesado. Su cabeza por la Cruz. Quede al descubierto el trato. La fuerza de un monje es toda cuando se trata de defender la Cruz.

«A fray Juan lo montan en un mulo con destino a Toledo, aunque él no sabe a dónde lo llevan. Tiene que atravesar, sabiéndose secuestrado, la paramera abulense, la sierra de Gredos y los riscos del Tiemblo a comienzos de diciembre, en días de frío y nieve. Cuentan que llega a Toledo de noche y con una oscuridad añadida porque, además, le tapan los ojos con un pañuelo».

“En una noche oscura, con ansias, en amores inflamada, ¡oh dichosa ventura!, salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada”.

No son tiempos de sosiego. No se puede uno fiar de nada ni de nadie. Veremos en qué queda todo, no será nada bueno, cuando las grandes instituciones morales juegan para su supervivencia y en el juego está todo admitido. Por dinero y bajo palio.

Es un cisma: escisión, discordia, desavenencia. Es lo que marca la pauta moral de España sin guía ni pastor.

Cuando es la moral lo que está en juego, se le pone precio, se entrega la historia y la tradición por treinta monedas; resulta que nadie sale a la calle. Están vacías. Forma parte del trato. Que nadie se mueva. Ni una queja.

¿Queréis calle?

Toda vuestra, que mañana será otro día más de engaño. Será otro día y Dios dirá.

—¿Y si Dios no dice nada?

—Pues nada.

En el trato estaba derribar la Cruz. Se firmó ante el sanedrín y el veredicto no tuvo oposición alguna. Todos firmaron y los que estaban fuera se pronunciaron.

—¡No conozco a ese hombre!

No es difícil reconocerse en estos tiempos de rezos y olvidos. Parece hora de los dinamiteros de la moral.

Soledades. Y amenazas.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

17 abril 2025

 

LA SEMANA SANTA Y LA REINA DOÑA SOFÍA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

 

Terminó la Semana Santa entre luces y sombras primaverales y la bendición del Cielo sobre nuestra Patria España. Han sido días de lágrimas ocultas que conformaban las nubes al regar nuestros campos tan necesitados. Lluvia, sol y sobre todo fe.

Permítanme que me quede con una imagen a comentar y compartir con ustedes.

Málaga, Mena, la Legión. Madrid, Cristo de los Alabarderos, de la Fe. La Reina Doña Sofía.

El Jueves Santo desde primeras horas de la mañana con un fuerte temporal de viento y lluvia la Reina presidía el desembarco de la Legión en Málaga acompañada del Jefe de Estado Mayor del Ejército, JEME, para a continuación asistir a la entronización del Cristo de la Buena Muerte y Ánimas acompañando en su fervor al Protector de las Damas y Caballeros legionarios. Fe y devota emoción.

A pesar del desapacible día la Reina presidía el acto con egregia figura, temple castrense y ejemplo constante. Pasaba revista a la Compañía de la Legión. Quien ha mandado a los legionarios conoce el significado que oculta la hierática expresión de sus rostros. Desde la lejanía se oyó un grito que yo les aproximo: ¡Viva la Reina! Parecía provenir de una garganta legionaria. Era el que todos llevaban, silenciado por el solemne momento, en la carta escondida en su pecho: ¡Viva la Reina! Málaga vibraba con su Semana Santa. Inolvidable Mena.

No ha quedado ahí la presencia de Doña Sofía. El Viernes Santo, acudió al Palacio Real de Madrid para acompañar al Cristo de la Fe, Cristo de los Alabarderos, que tiene su sede canónica en la Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas.

La Reina Doña Sofía siempre ha tenido un enorme cariño a sus Fuerzas Armadas siendo un permanente apoyo para todos y mostrando una especial sensibilidad hacia la tropa.

Su presencia procesionando con ellos es un símbolo de enorme importancia y esa es nuestra obligada lectura: La Corona, la Fe, el pueblo y sus Fuerzas Armadas. Todos en la calle, abrazados a la Fe, dando testimonio de su tradición, la de ese pueblo que reza, que a pesar de todo reza, y desbroza el camino para que lo recorra la esperanza. Y allí la Reina.

¡Al Cielo con Él! ¡Al Cielo con Ella! Por ir a tu lado a verte… Mi más leal compañera… Cristo de la Fe de los soldados de España.

A lo lejos, mirando hacia ese cielo amenazador de tormenta, mientras corrían las nubes empujadas por mil vientos de la primavera oscilante, me llegaba la imagen del Rey Don Juan Carlos. No pude contener una lágrima que humedecía la imagen de nuestro reciente pasado.

Gracias Señora por acompañarnos, por ser portadora de una esperanza puesta en nuestra tradición que la encabeza el amor a España desde los siglos y por los siglos de los siglos.

Han sido días de fe y esperanza. Recuperadas. No olvidadas.

¡Al Cielo…! Resurrección.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

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HONOR Y DOLOR Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

En estos días tan cargados de virtud para un soldado me llega la triste noticia de la muerte de dos infantes que junto a la virtud llevaban grabada en su recámara el mejor regalo del que un hombre dispone como ofrenda: la amistad.

Dos amigos se me acaban de ir sin siquiera tener el consuelo de poder estar junto a sus familias, el abrazo y el cariño mostrado, pero por causas ajenas e inevitables he tenido que rezar en solitario. En oraciones me ha parecido escuchar: «Rafa no es necesario, no vengas que aquí seguimos y sabes que el camino no se acaba; esto solo es un descanso. Levanta tu ánimo y dile a todos que ya hemos llegado, que en ese sitio tan querido ya estamos, y que nunca lo hemos recorrido solos, siempre acompañados, que entre nosotros los soldados ni en estos momentos, que lo son todo, hay tristeza ni abandono».

Teniente General Agustín Muñoz Grandes y Coronel José María Álvarez de Toledo: son dados de alta en el Cielo. ¡Presentes!

Con Cristo muerto, como su Cristo: ¡Resucitado!

Semana de dolor que acaba en Resurrección: es ese el mensaje.

Vidas ejemplares y humildes, con entrega a la virtud que fue su camino, el honor de servir sin servirse, sin pedir nada a cambio, más allá de una sonrisa, como la que ellos esparcían como sembradores de buena semilla.

Es primavera en el Cielo, también, los frutos caen de esa madura Cruz bendita regada con sangre de heridas abiertas, que solo cura la amistad, el compañerismo, la unión y el socorro que se predica entre los que solo necesitan: fe, amor y amistad.

Es el resumen de la vida de dos soldados, de dos amigos que ya han llegado, que hicieron de su caminar un homenaje al honor de ser servidor, a su fe, a España, a la amistad y, también, ¡cómo no! a la tradición española y a su historia. Sin mácula de mentira ni rastro de egoísmo.

Recibirán ciento por uno, serán nuestra referencia, seguirán siendo nuestros amigos, nos indicarán, cuando nos desviemos, el camino.

Mi General, mi Coronel, amigos, soldados, ¡Presentes!

Creo que nunca he sentido una emoción tan grande como cuando portaba al Cristo legionario por las calles de España, las de Málaga y tantos otros lugares; llevaba el Cielo sobre mis hombros y en él a mis soldados.

Esta Semana Santa a los lados de la Cruz del Cristo de la Buena Muerte, el Legionario, aunque sea en la distancia, portaré vuestras armas de virtud, el honor, aunque os lo digo con una lágrima de inmenso dolor.

Que Cristo también lloró cuando se le fue un amigo.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

12 abril 2022

 

 

¿VACUNAS? NI PARACAÍDAS Rafael Dávila Álvarez

Ni vacunas ni paracaídas. La gestión sigue siendo nefasta y de consecuencias mortales. Les da igual. Luego hacen un homenaje y cuando llegan las elecciones se les vota.  Siguen a lo suyo que es tirarnos del avión en marcha y sin paracaídas.

Otros se van de vacaciones con un sobre que lleva un amigo que le sigue a todas partes y aprovechan el viaje para darse un homenaje con champán porque el cava le da un poco de ardor en la parte izquierda del estómago.

Viajan todos con todo gratis. No ha sido el único a pesar de pilotar la nave al abismo porque el piloto se quedó sin paracaídas en aquel vuelo que los llevaba a Benicàssim; como a Canarias.

Al avión hay que subir vacunado y con paracaídas. Lo aprendieron los que manejan las naves aéreas en crisis—creo habérselo contado—, y lo dejó escrito el de un Junker alemán que en plena guerra civil regresaba a Tetuán después de haber dejado a unos cuantos legionarios en Sevilla. En el avión solo el capitán piloto y un mecánico. Los motores del Junker empezaron a mostrar fatiga y aquello se ponía peligroso. El piloto aferrado a sus mandos le pidió al mecánico que buscase los paracaídas. La situación era tensa, el avión vibraba como una batidora o saltaba en el aire como un canguro.

—¡¡¡Los paracaídas!!! Gritaba el capitán. Solo el ruido metálico de la chatarra del avión.

Angustia sobre el agua del Estrecho, palabras cada vez más convertidas en palabrotas. El final de la escena es lo que ustedes esperan. Aparece el mecánico en la cabina abrochándose el paracaídas, ya equipado y preparado para el salto.

—Mi capitán es que su paracaídas no aparece por ninguna parte.

Quizá del susto o de indignación, el piloto pudo hacerse con la nave y tomar tierra. No sé si tiraría al mecánico en mitad del Estrecho. Sé que es real lo que cuento. Es historia de la aeronáutica militar.

A la hora del yo-tú es muy difícil la elección. Si el Falcon 900 vuelve a Benicàssim mejor contar los paracaídas y llevarlos a mano.

Semana Santa ¿en La Mareta o en Doñana?

No hay paracaídas para todos, aunque aviones sobran y caras (de cemento) más.

Pilotos arriesgados que sean capaces de conducir la nave a pesar de la tripulación que llevan, quedan muy pocos. A unos los echan, a otros los tiran sin paracaídas y la mayoría opta por volar en naves extranjeras llenas de marcianos.

Esta es la sociedad secreta de las trampas, donde ellos parten y reparten. Los paracaídas ya lo están y la nave va sin piloto.

El problema de España ya no es ni siquiera saltarse la cola, sino la cara y la cola y quienes con una organizan la otra. Sobre todo el reparto de paracaídas en los Consejos de Administración, con secretos de gasolinera o de los otros como avales para que te permitan ajustarte los atalajes.

Espabilen. Sacúdanse la pereza. Cuando les toque el turno ya no será necesario el paracaídas. Se habrán estampado contra la realidad del duro suelo.

Es muy difícil salir de la zona de influencia de estos personajes. Muy difícil y harto peligroso volar como Dédalo para escapar consciente de la  caída de Ícaro por querer volar alto. Yo estoy dispuesto y preparado para saltar al vacío sin previo aviso y sin protección. Solo pido un favor: ¡No empujen!

—Mi capitán es que su paracaídas no aparece por ninguna parte.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

10 marzo 2021

 

 

EL COMUNISMO SE INSTALA EN ESPAÑA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

La calle en España siempre ha sido el preludio, de un homenaje o de un crimen, de la paz o de la guerra, el caso es estar en la calle. Ahora ocurre algo inédito cuya respuesta es imprevisible. Sin calle ¿qué será España?

Los datos que el <<Comité Científico>> maneja son espeluznantes. La enfermedad que padecemos se llama libertad. Urge acabar con ella. No se sabe cómo, pero ocurrirá. Los datos lo avalan.

Semana Santa en privado. Ningún rezo en público, ni una saeta al aire. Iglesias cerradas. Solo cerradas. Por ahora. Iglesia que guarda silencio expectante, cartujano y previsor. A veces parece de color tibio.

Feliks Yakovlevich Kon: <<¡Celebramos mitines en una sala en la que están sentadas decenas de millones de personas! ¡Esto es magnífico!>>.

Mitines diarios. Mordaza a los medios, si es que alguno(s) queda(n) libre(s) camino de la extinción. Al resto se le subvenciona la fidelidad. El tiempo que esta dure. Las televisiones son tres y todas del mismo dueño: del poder. Alguna otra hace que reza, pero bajito, no vaya a ser.

<<No hay censura, sino una monitorización de las redes sociales por si hay discursos de odio>> (Fernando Grande-Marlasca. Juez y parte).

Colas en los supermercados. Distancias contagiosas. Desabastecimientos elementales. El papel higiénico se agota, como el papel de la Constitución.

Asusta leer: <<…la declaración del estado de alarma no permite, a su amparo, decretar, como se ha hecho, la suspensión generalizada del derecho de libertad de circulación y residencia de los españoles, medida que solo puede adoptarse en el estado de excepción, como determina el artículo 55.1 de la Constitución […]. La protección de la salud es una finalidad que legitima la actuación de los poderes públicos, por supuesto, y más aún, es una obligación que les viene impuesta, pero ese objetivo solo puede llevarse a cabo a través de las reglas del Estado de derecho. Ambas obligaciones son, y deben ser, perfectamente compatibles>> (El País, 10 abril 2020. Manuel Aragón. Catedrático emérito de Derecho Constitucional y magistrado emérito del Tribunal Constitucional).

Dice también que a su juicio no se ha respetado la Constitución. Grave.

Amenazan con el 128: <<Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general>>. Han aprendido bien en el país caribeño. Aprovechan el momento: Queda aprobado injuriar a la Corona y ultrajar a España. Eso no es odio. Luego se ocupará el Palacio como bien público;  o la segunda vivienda.

La cátedra habla de <<Dictadura constitucional>>.

Economía sumergida; ante la política submarino. Todo a escondidas. Todo  oculto. Trapicheos gubernamentales.

Empiezan por el tuteo y te acaban robando la cartera, según la proximidad paternalista aumenta.

Enjaulados por la ineficacia. Los niños aprenden lo que es la libertad, entre paredes, sin las sonrisas de otros niños. Aprenden a no fiarse de andar entre niños o entre mayores. Todos pueden ser contagiosos de ideas. Educar en prevención: mirar de reojo. Ni del compañero de pareja.

Los mayores son víctimas del triaje por su reprochable edad. Inservibles y caros.

Controles policiales. Todo es policial y controlado. Sin claridad democrática. Carnet o uniforme. Salvoconductos.

Soldados a la calle, a pasear popularidad; de popular. Donde no los quieren se van, los echan y es una huida que su jefe no asume como tal, sino como libertad.

Nadie sabe quién manda. Solo el que todo lo manda. La justicia ha cerrado por defunción; o posible; y lo que es, o no es, justo, nadie lo sabe. Todo articulado en su Código. Solo ellos juzgan sentados en el banco de los créditos a la insolvencia.

Geolocalización. Gran hermano. Movimientos controlados, denuncias, miradas tras los visillos. Venganzas.

Despidos estatales, ellos deciden quién sí, quién no. El futuro de cada uno en sus manos de largos dedos que todo lo tocan.

Los que pueden oponerse se empequeñecen. No tienen alternativa. No saben tomar decisiones valientes en tiempos recios. Cada uno labra su parcela en una lucha feroz y egoísta por las lindes. Poco más que lechugas y algún tomate. Viento sembrado entre las hortalizas. Seguirán oponiéndose a nada. Tempestad.

Surge, y será aún más fuerte, la desconfianza, que es el primer paso para acabar con la libertad.

Mienten. Todos mienten. El que más miente denuncia la mentira, pero él es juez y parte.

Ruina, miseria y miedo; más que miedo.

Miedo a la muerte, pero es peor perder la libertad.

<<El comunismo es una desmemoria. No un olvido, sino la destrucción de la historia, de todo lo que nos recuerde lo que henos sido o venido a ser, para poder imponernos lo que, como una página en blanco que llenarán nuestros amos, vamos a ser, querámoslo o no>> (Federico Jiménez Losantos. Memoria del Comunismo).

Si ven que el barco se hunde, recuerden que Lenin tiró por la borda a Marx. De todo son capaces.

¿Vacuna? Llega tarde. Vamos a ser nada. Querámoslo o no.

Yo, que felizmente soy nada, solo hay una cosa que en estos momentos deseo más que ser nada: equivocarme.

Solo, para ello, veo una solución: dejemos de pensar en lo que puede pasar y pensemos también en lo que podemos hacer.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

13 abril 2020

¿A QUIÉN VOTAR? Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Termina la Semana Santa.

De nuevo ante la realidad: una España dividida, enfrentada y sin entusiasmo. Aburrida.

Nos espera una larga y tediosa semana de promesas -nunca se cumplirán- y de maniobras  tramposas para lograr la victoria. Lograda, el resto les da igual.

Derecha, izquierda, centro; como formaciones dispuestas para el combate. Todo politizado, todo deshumanizado, arrastrado por los caballos de tiro.

¿A quién vas a votar? ¡Han sido tantos los engaños, las frustraciones, las traiciones! Surge la duda ante un pasado para olvidar y sus consecuencias: la dispersión y la duda; en todo y en todos.

Estamos ante un momento decisivo. Nos jugamos el patrimonio de esta gran nación. No hay mayor patrimonio que la unidad en convivencia y progreso; algo que parece que nos está vetado.

Todo lo inunda la política y eso significa despedazar la pieza a dentelladas, hacerla jirones.

Se va difuminando la imagen de España. Burdos titulares la convierten en un sucedáneo, la historia reducida a historias, cada uno tirando de un lado, en contrarias direcciones; la inteligencia cedida a los ídolos de barro, que piensan por uno y  por “hunos y hotros”.

Hay mucho en juego: educación, trabajo, sanidad, creencias, convivencia, solidaridad, defensa, seguridad; hasta la forma del Estado, la monarquía. Sobre todo está en juego la unidad de España.

De derechas, de izquierdas, de centro. ¿Todo se reduce a eso? Lo único que ha logrado la política de estos momentos es enredarlo todo, enfrentarnos y vivir en la duda y el desengaño.

Menos política y más pensar. Que no piensen otros por ti. No te dejes pensar.

Tuvo que haber un gran acuerdo por España. Porque España está necesitada de ello. Para derrotar al independentismo, para expulsar cualquier vestigio de los terroristas, para respetar la historia y la grandeza de esta gran nación, para sumar esfuerzos e ilusiones. Y no hubo nada más que enfrentamientos, luchas y rencores. Se avivó la llama del odio y volvimos al dolor de antaño, a mirar hacia atrás en busca del odio que dejamos. El (los) culpable (s) tiene (n) nombre y apellidos.

¿A quién votar? Lo tengo muy claro. Sencilla adivinanza: “Blanco es, la gallina lo pone, con aceite se fríe, con pan se come, y a la basura se tiran los cascarones”.

¿El huevo? No se fíen. Nada es lo que parece.

Lo tengo muy claro. Por sus obras los conoceréis.

En estas elecciones no hay más obra que España, su unidad, que es el bienestar de los españoles. Ese debería haber sido el pacto del que el señor Sánchez ha huido para abrazarse a independentistas y filoterroristas.

¿A quién votar? Blanco es, la gallina lo pone…

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

22 abril 2019

SEMANA SANTA Y LA IMPLICACIÓN DE LOS MILITARES José Francisco Nistal Martínez Coronel Capellán

 

Semana Santa en Afganistán

Los militares actuales, en general, en el aspecto de la fe, tampoco pierden  el paso. Mayoritariamente se confiesan católicos. Luego, serán más o menos practicantes. Pero, el haber vivido experiencias dramáticas les ha hecho valorar, más si cabe, las cosas convencionales que dan calidad a la vida y cuidar, como tesoros, los bienes que nacen de los sentimientos y los afectos.

Este ejercicio no se aprende por ciencia infusa, ni interviene la magia. Las misiones de pacificación en el extranjero abren al máximo los poros del amor a la familia y del cariño a los que el corazón roza.

El Cristo de la Fe «Cristo de los Alabarderos» sale del Palacio Real de Madrid

Y, en la fe, no es distinto. Por eso, cuando llega Semana Santa, los militares católicos dan testimonio de sus convicciones y no dudan en manifestarlas públicamente envueltos en la otra piel, que es el uniforme. Es un derecho que ejercen en un estado a-confesional, que no laico. A nadie se le obliga. Por eso, nadie puede verlo ni como provocación ni como fanatismo. Los militares van vestidos de uniforme a las procesiones como, en la actualidad, pueden ir a otros actos que, en épocas no muy lejanas, las amenazas terroristas no aconsejaban. Y lo hacen libre  y voluntariamente, ejercicio que las hermandades agradecen profundamente. No es una hermandad completa sino hacen estación de penitencia militares en sus filas. La conexión vital entre unos y otros es la Fe en quien va a la muerte para devolver la Vida, Jesús de Nazaret. Y, de esto, los militares también pueden hablar. La sangre derramada por los héroes españoles de la era constitucional, fieles al compromiso contraído y sellado con el beso a la bandera nacional, ha regado paz y vida en mundos de ambiciones, odios y venganzas. En ambos casos, ni la vida fue un fracaso ni la muerte inútil. A la vista está que, en el tiempo, las semillas se han cuajado de frutos.

Los militares en las procesiones no son floreros decorativos. Son creyentes de todo el año que expresan su fe, unas veces anónimamente involucrados en las parroquias y, otras veces, identificados con su nombres sobre el borde del bolsillo del uniforme.

La BRIPAC con su Cristo de Ánimas de Ciegos

¡Ojalá los católicos en general, y particularmente los españoles, no fuéramos reos del pudor y la vergüenza que sentimos de manifestar públicamente nuestra fe que, por otra parte, fue un compromiso que adquirimos, voluntariamente, el día de nuestro Bautismo!…

Ser coherentes hoy, en todas las facetas de la vida, tiene un alto coste, por eso no faltarán indigentes culturales que no vean con buenos ojos a los militares en los cortejos procesionales. Al tiempo.

José Francisco Nistal Martínez

Coronel Capellán

Blog: generaldavila.com

lunes 26 marzo 2018