ENTRE SOLDADOS SOLO MIRAMOS AL QUE MÁS AVANZA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

La frase la pronunció un infante español: Cristóbal de Mondragón, Capitán de los Tercios de Flandes.

¿Hacia dónde avanzamos?

Todos tiran de los militares. Cuando truena. La UME es la Legión de ahora. Una muestra clara de la falta de cultura de Defensa y de nuestro despilfarro como nuevos ricos, que fuimos y aún creemos. Una nación pobre como la española no puede permitirse tener un ejército de servicios profesionales, que asume (¿invade?) competencias no suyas, y confunde el significado de misión con el de cometido. Se hace cada vez más urgente un debate sosegado y serio sobre las misiones de las Fuerzas Armadas y su estructura. De ahí surgirán sus cometidos y la posibilidad de acometerlos. No a capricho de un presidente y su partido político.

Algunos profesionales de la milicia piden una Ley de programación y financiación de la defensa, que está muy bien, es necesaria, siempre y cuando antes definamos la misión.

La Estrategia de Seguridad Nacional, la Directiva de Seguridad Nacional y de Política de Defensa, marcan la línea a seguir y, aunque presenten sus diferencias en función de la evolución y el partido político en el Gobierno, deben mantener un rumbo único que no provoque bandazos a estribor o babor que acaben desorientando a la nave o hundiéndola. Son muchos años de vaivenes  y desesperada espera para encontrar la definición del camino a seguir; puede que sin darnos cuenta, o sí, hayamos caído en el complejo de Penélope.

No se debe estructurar la Seguridad y Defensa desde una ideología partidista sino desde el concepto de nación. Es un mandato constitucional. Técnicamente los ejércitos están obligados a adoptar su estructura con el pensamiento puesto en las guerras futuras y no en las pasadas. Nunca se repitieron ni las formas ni los medios de la acción de anteriores conflictos bélicos; los elementos tampoco, ni siquiera el terreno; solo el hombre se mantiene.

La nueva estructura debe reflejarse en los presupuestos que son muestra inequívoca de querer cumplir con la misión. Son la expresión de la voluntad de proteger y vencer.

Los soldados no tienen el pico y la pala para quitar nieve, pero si hay que hacerlo se hace. Por ejemplo ahora, cuando se desborda la situación y las organizaciones creadas para ello se hacen a todas luces insuficientes.

Lo que no es bueno es acostumbrarse al totum revolutum y no diferenciar para qué tenemos, formamos  y presupuestamos cada organización, que por cierto alguna se ve ninguneada con el consiguiente malestar, no sin razón. Lo (y la) hay, aunque se oculte.

No se atisba en el horizonte una apuesta por la transformación de los ejércitos para la guerra del futuro cuando ya nos encontramos inmersos en ella. Una guerra muy cara que requiere ir hacia la especialización y no a disponer de mano de obra barata. ¿Nos estamos quedando en el camino?

Convendría hacer esa reflexión. No hablo de ningún diseño en concreto. Solo digo que hay que planteárselo, acordarlo entre todos, presupuestarlo y no someterlo a vaivenes partidistas. La fuerza está para dar Seguridad y Defensa en un escenario muy exigente, que ya está aquí, en el que la prevención evita daños más graves.

La atención debe centrarse en la inteligencia de allí donde se combate: «es la esfera cibernética, la espacial, la de aguas profundas y la biológica». En la introducción en el mundo desconocido de la manipulación de conciencias y de ciencia.

No se trata de comprar picos, palas y mangueras. Si eso queremos: bien. Digámoslo claro,  sin engañarnos a nosotros mismos ni a nuestros aliados. Tampoco es cuestión de doblar funciones de manera innecesaria. Cuando hay que echar una mano hasta el político coge la pala. O debe.

Caemos en el error de seguir anclados en un diseño anticuado para la Seguridad y Defensa lo que nos llevará a encontrarnos en breve con unas fuerzas que serán de todo menos fuerza.

Confundir misiones, presupuestos, funciones, matar moscas a cañonazos, mezclar churras con merinas, es signo de desorientación o peor: de una malísima gestión que se traduce en no hacer uso del dinero del contribuyente de manera adecuada y transparente: Corrupción en la gestión. ¿O forma parte de una política que conduce a un fin?

En el Capitolio hemos visto una escenificación de la nueva guerra en la que España también está sumergida y ¿perdida?

Eso sí, con aplausos a nuestros militares que en vez de dejarse engañar solo deberían mirar al que más avanza. Adivínenlo.

Necesitamos unas Fuerzas Armadas operativas, y eso quiere decir listas para el combate. El del futuro que ya está aquí.

«Dejad que huya gimiendo el ciervo herido

y el corzo siga retozando.

Cuando uno vela, el otro está dormido,

y de este modo el mundo va marchando». (Hamlet)

¡Esos Ejércitos!: «¡Glauco, guardián de los rebaños! Te pondré en la mente esta advertencia: Ante todo da de comer al perro junto a la puerta del patio, pues es quien primero oye al hombre que se acerca y a la fiera que entra en el cercado» (Homero. Himnos).

Tenemos unas magníficas Fuerzas Armadas, los mejores soldados del mundo (por cierto, también los peor pagados del mundo), conocemos su misión, pero damos bandazos en su estructura, no se termina ninguno de los programas principales, se asignan cometidos impropios de una modernas Fuerzas Armadas y poco a poco se va derivando hacia el desarme operativo, con menos medios para la guerra del futuro, que ya está aquí, lo que nos alejará de los centros de decisión y poder. Militarmente estamos dejando de ser.

No, no se trata de picos y palas, sino de Seguridad y Defensa.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

18 enero 2021

 

DESPUÉS DE FRANCO LAS INSTITUCIONES O LA PRUDENCIA DEL PRÍNCIPE Rafael Dávila Álvarez

«Después de Franco, las Instituciones». La frase la pronunció Jesús Fueyo y el análisis del tiempo pasado denota que la única Institución que ha estado a la altura ha sido la Corona.

El resto de Instituciones han dejado pasar el tiempo o el tiempo ha pasado por ellas dejándolas lisas y moldeables.

Decía Alejandro Magno que la carga de un rey es hacer bien y oír hablar mal de sí.

Como nos demuestra en El Príncipe, Maquiavelo conocía la vida de Alejandro al que admiraba y del que, con asombro, se pregunta cómo «llegara a ser dueño de Egipto y del Asia Menor en pocos años y , muerto apenas había conquistado tales territorios, cuando parecía razonable que se alzaran en rebelión, los sucesores de Alejandro los conservaron sin hallar otra dificultad que la derivada de su ambición personal».

En la obra de Maquiavelo hay mucho de la vida y comportamiento de Alejandro, uno de los personajes de la historia que más misterio encierra, lleno de modernidad, y ejemplo vivo que perdura a través de los tiempos.

En su gravedad de muerte da muestras de lo que significa para él ser el rey: «En la situación en la que me encuentro, nada valen los remedios lentos ni los médicos indecisos. Me es preferible morir con arrojo a tardar en curarme. Así pues, si los médicos tienen algún recurso o alguna destreza, han de saber que, más que un remedio a la muerte, lo que busco es un remedio a la guerra».

El Príncipe de Maquiavelo, está plagado de referencia, mudas o no, a la vida y mando del rey Alejandro, de su sabiduría.  Antes de terminar avisa al Príncipe de las distintas clase de inteligencia y le alerta contra los ministros que le rodean y los peligros de su inteligencia: «Unos entienden las cosas por sí mismos, los segundos evalúan correctamente lo que entienden otros y, por último, los terceros no entienden ni por sí mismos ni por los demás» […]. Pero ¿cómo puede un príncipe conocer al ministro?». Maquiavelo señala lo que a lo largo de los siglos es «un procedimiento que no falla nunca»: «Cuando ves que un ministro piensa más en sí mismo que en ti y busca en todas sus acciones el provecho propio deduce que ese individuo ni será nunca un buen ministro ni podrás nunca fiarte de él porque aquel a quien se ha confiado el gobierno no debe pensar nunca en sí mismo sino siempre en el príncipe».

De manera que desde Alejandro Magno, antes Homero, después la época florentina y el renacimiento de un nuevo mundo, nada cambió.

Sé que ustedes entienden las cosas por sí mismos, por lo que este artículo, de manera clara y rotunda, solo va dirigido a aquellos que no entienden ni por sí mismos ni por los demás. No es necesario dar nombres.

Queda claro y más explicaciones sería perder el tiempo, que no se puede decir como lo hace Maquiavelo.

Es por lo que termino como él en El Príncipe: «…porque los hombres son siempre malos de no ser que la necesidad los torne buenos. Ha de concluirse por eso que los buenos consejos, vengan de quien vengan, conviene nazcan de la prudencia del príncipe y no la prudencia del príncipe de los buenos consejos».

Sin duda los buenos consejos son, hoy por hoy, interesados y partidistas, las Instituciones están a la vista, aunque se distorsione la visión.

Nos queda la prudencia del Príncipe. Solo.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

11 enero 2021

 

COMUNIDADES EN ALERTA. MIEDO EN LA MONCLOA Rafael Dávila Álvarez

Me llegan noticias del augur, que es la nevada, (año de nieves…) de los problemas que el Gobierno está teniendo con sus aliados y que puede llevarle a situación extrema. Por si acaso han cerrado las puertas de la Moncloa y se han blindado tras el parapeto de las promesas del inquilino; que se hacen insuficientes.

Preparan la estrategia que básicamente se centra en un ataque a Madrid. Una batalla, desde fuera, para reconquistarla y repartírsela.

En España hemos dejado de ser españoles para ser andaluces, aragoneses, asturianos, baleáricos, canarios, cántabros, castellanomanchegos, castellanoleoneses, catalanes, extremeños, gallegos, riojanos, madrileños, murcianos, navarros, vascos o valencianos, ceutíes o melillenses. Menos españoles, de todo. Hemos perdido nuestra identidad. Cuando vienen mal dadas, como ahora, la descarnada realidad se convierte en terror. Miles, incluso millones de personas deberían estar ya vacunadas contra el virus, pero algo ha fallado. Era de esperar. ¿La razón?: Aquí mandan todos, lo que equivale a decir que no manda nadie. El mando único es necesario; diecinueve mandos es un caos. Eso es España: confusión, desorden. El de Andalucía, el de Aragón, el de Asturias… mientras el de Moncloa se encierra en su inutilidad y pregunta por las encuestas y su imagen.

El concepto militar de Logística dice que «es el conjunto de previsiones, cálculos y actividades de los Servicios para proporcionar a las Fuerzas Armadas los medios de combate y de vida necesarios para el cumplimiento de su misión, en los lugares adecuados y en los momentos oportunos» Ni previsión, ni cálculo; ni cumplimiento ni lugar ni momento. Esto se parece a Moncloa.

Una máxima de la logística es que en época de escasez hay que centralizar los medios disponibles. En manos de quien debe saber, organizar y repartir con la diligencia y capacidad que exige el mando, es decir la responsabilidad. Está claro: no saben.

Cuando se está entre aficionados, incluso de la política, pasa lo que estamos sufriendo. Pero cuando esas manos pasan de lo inútil a lo malo perdemos el control de quien nos controla.

Me escribe una lectora del blog: Más de 70 años, diabética tipo 1, hipertensa. Tiene que cuidar a sus nietos y recogerlos en el colegio. No hay ERTE para su hija, ni teletrabajo. Limpiar casas es presencial. Ella, casada con funcionario, se acoge a la Sanidad privada, una compañía con la que lleva toda su vida junto a su marido. Ha llamado a esta compañía de salud privada (muy conocida) para ver como se gestiona esto de la vacuna contra el virus. Nadie sabe nada; no hay vacunas ni nadie les ha dado noticias del proceso. Nada de nada.

Hablo con un médico amigo que atiende en un servicio de urgencias público, de esos que están día y noche salvando vidas y en contacto con miles de casos en la calle. No sabe nada. Ni les han vacunado ni se espera.

Diecinueve mandos con el remedio en sus manos, pero sus soldados se mueren y los hospitales se colapsan. Al final será el Ejército de todos el que tenga que acudir allí donde no quieren estar con todos, sino mandados por lo inútil. No hay ningún problema con la tropa ni con el armamento, sino con el que la manda. No es hacerse obedecer, sino mandar. Como siempre.

Es hora de que alguien se ponga al frente de la situación. Retirar a los aficionados, asumir la responsabilidad, sin compartirla con nadie. Para ello es necesario: confianza en sí mismo, amor a la responsabilidad, firmeza de carácter, elevado espíritu de sacrificio y serenidad ante el peligro. Todo ello antes de que haya más muertos.

En Moncloa, nadie sabe si se vacunan o no. Su única preocupación es el malestar que reina entre sus socios de Gobierno y salvar el trasero que se sienta en esa poltrona.

Hay miedo en el palacio. Una imagen borrosa. Me alegro; sin olvidar lo peligroso que es, como bien saben los pastores, tener al lobo acorralado.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

10 enero 2021

PASCUA MILITAR Y EL EJÉRCITO A VACUNAR Rafael Dávila Álvarez

Ni ciencia, ni política, ni sabios ni tontos. Tengo un buen amigo, afamado investigador, cuyo nombre callo por ser demasiado conocido. Cuando hablo con él mi preocupación aumenta. No, no por lo que me dice, sino por lo que no dice, por lo que calla, por lo que no sabe (n), por la desolación con la que baja la cabeza y dice que esto de la pandemia es cosa de tiempo. Tiempo para morirse lentamente con el previo sufrimiento del que lo ve delante, que se acerca, y estás solo, solo y muerto. ¿Y en Wuhan? No; es que…

Ya está aquí la vacuna, ¡la solución! decían hace cerca de un año, y resulta que todo va a peor, que no saben, que no vacunan, que nada de nada.

El desvergonzado general que habían colocado al frente del enemigo, se va derrotado, pero con todos los honores después de dejar miles de muertos, sin contar, sin respetar, en el campo de batalla. Mejor que se vaya, pero me hubiese gustado que huyese, escondidas sus vergüenzas y su desnudez política y humana. El otro descarado, portavoz de la nada, que se ríe en nuestras narices mientras se toca la suya, se permite el lujo de bromear con su futuro político.

Nunca se ha visto tanta mala fe o desvergüenza. El general en Jefe es un inútil encumbrado que arrastra una larga lista de acusaciones silenciosas, de las que duelen, y algún día, tendrá que dedicar su tiempo a repasar su trayectoria de infamias y culpabilidades. En la soledad del retiro, único premio que merece: el olvido social. ¿Conciencia social? Es muy fácil culpar al personal cuando los responsables te dejan morir en soledad. No deja de ser una vergüenza que señalen a la sociedad como culpable.

Estamos ante una sociedad domesticada, enmascarillada, asustada, sin trabajo, sin futuro, en manos de verdaderos (adjetiven ustedes) de la política que lo único que les preocupa es que la gente sea dócil, sumisa y les ceda su libertad.

Vamos camino del degolladero, juntitos, de la mano (mejor del codo), dirigidos por el hambre , el empleo, el futuro, la familia: el miedo nos domina.

Estamos muertos socialmente, políticamente, individualmente. Han matado nuestra libertad y cuando eso ocurre hay veces que es mejor morir, pero en defensa de la libertad.

Hemos acabado en un Gobierno de tres en uno: judicial-legislativo-ejecutivo. Quieren toda la libertad solo para ellos y se amparan en la pandemia para hacer y deshacer. ¿De qué sirve la queja? ¿Quién te hace caso? ¿Quién paga el precio de acudir a la justicia?

Si esta situación política con el añadido de la pandemia hubiese coincidido con un gobierno de derechas estaríamos al borde de la confrontación violenta. Con la izquierda ya se sabe: a tragar y obedecer. Todo atado y bien atado.

¿Gobernantes o gobernados?  Tanto monta, monta tanto.

Como siempre tendrá el Ejército que salir al paso y ponerse a vacunar. Cuanto antes mejor. Por lo que vemos son los únicos que tienen sanitarios, quitanieves, mangueras y rastreadores. Y vacunadores. ¿Será posible?

Termino como se supone que iba a empezar: Pascua Militar. Se ha hablado mucho y bien. No de todo.

De lo que no he oído ni una palabra es del grave insulto del presidente en funciones de la Generalidad a las Fuerzas Armadas. Convendría vacunarle para evitar el contagio.

Es fácil meterse con los retirados, pero el enemigo no está ahí. Si desean seguir con el engaño se han equivocado de sitio.  Meterse con los retirados es tarea poco útil y creo que desprestigia a quien lo hace. Lo que prestigia es defender a los soldados -en activo y retirados- que han sido insultados el día de la Pascua Militar. De manera gratuita y cobarde. No he oído hablar en su defensa. De ahí que nada tenga que comentar de la Pascua Militar.

«Son muchas las noticias que vinculan a las Fuerzas Armadas del Estado español con actitudes antidemocráticas y muestras de apoyo a planteamientos especialmente hostiles con Cataluña y el independentismo. […]. Ante esta realidad manifiesta el Govern de Cataluña no puede asistir a una ceremonia de exaltación de un ejército que no sólo no nos representa, sino que está dispuesto a todo para reprimir a todos aquellos que trabajamos para la República catalana siguiendo los valores más básicos de la paz, la libertad y la democracia».

Sobran comentarios ante declaraciones como esta y silencios como este. Si hablamos mejor hablar de todo, si no mejor callarse.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

7 enero 2021

 

PASCUA MILITAR

Voy a ser muy breve. Hoy es el día de la Pascua Militar: 6 de enero 2021.Felicidades a los Ejércitos de España.

¿Las Fuerzas Armadas no se van a acordar del Rey D. Juan Carlos de Borbón que ha sido nuestro Mando Supremo durante cerca de 45 años?

¿No va  a haber una felicitación institucional?

La ingratitud y el olvido son característicos de aquellas personas de las que mejor no fiarse.

Felicidades Majestad por Vuestro cumpleaños y por estos años bajo Vuestro Mando en los que España y sus Fuerzas Armadas brillaron en el mundo.

Gracias Majestad. Feliz Pascua Militar.

¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva las Fuerzas Armadas!

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

6 enero 2021

Blog: generaldavila.com

ERES MÁS ROJO QUE EL CAPOTE DE CAGANCHO Rafael Dávila Álvarez

Joaquín Rodríguez Ortega, Cagancho, la lio parda en Almagro. Aquel día decidió no ofrecer completo su recital de verónicas con su afamado capote de color rojo Cagancho. Un rojo intenso y penetrante de sangre de toro bravo. Tuvo que salir de la plaza acompañado de la guardia civil al querer matar el toro a pinchazos desde el burladero.

En los mapas militares donde plasmábamos los ejercicios tácticos, los colores utilizados eran el rojo y el azul que correspondían a los dos bandos enfrentados. Los buenos éramos los azules. Con «la ley de los rojos» cambiamos el azul por el rosa.

A algunos compis les gustaba el rojo pasión, eran Fernando, Pedro, Manolo, Julio y esos. Por eso cuando había gresca siempre saltaba uno que les gritaba: «Eres más rojo que el capote de Cagancho». Nos echábamos unas risas y fin de fiesta. Hubo que recordarles que marcar el paso era ¡izquierda! ¡derecha!, y así. Perdían el paso, siempre al contrario de la Compañía. Para ellos solo había izquierda o ir a contramano.

Entre rojos y azules había sus matices. El rojo, el rojillo y el encarnao; el azulón, y el engañabaldosas, que nunca sabías cual era la que pisaba. El caso es que convivíamos sin ir a mayores, incluso ahora ya de mayores, ¡sorpresa!, que volvemos a vernos y los rojillos se han hecho de derechas.

Ha saltado no sé qué lío en la Escuela de Especialidades de la Estación Naval de la Graña, con destitución del Jefe de Estudios incluida,  porque en una efeméride se ha hecho referencia a alguna batalla de la Guerra Civil y se han referido a rojos y azules.

¿Cuál es el problema? Es historia. No son términos que hayan salido de la nada, sino que fue  una forma de denominar a los bandos enfrentados en la Guerra Civil española, esa que pretende seguir protagonizando nuestra actualidad ¡con la que está cayendo!

¿Rojos? Ellos así se llamaron. Muchos historiadores siguen utilizando esos términos.

Los rojos se bautizaron; a los nacionales los bautizaron. Unos eran el Gobierno de Madrid, los otros el de Burgos. No eran republicanos contra monárquicos; republicanos eran casi la mayoría después de haber echado de mala manera al Rey Alfonso XIII el año 1931 en unas elecciones municipales que nada tenían que ver con monarquía o República.

Cuando aquellos del Pacto de San Sebastián perdieron las elecciones y ganó la derecha dijeron: ¡No; esto es demasiado!, ¡hasta aquí hemos llegado! No hemos hecho la Revolución roja para que ahora vengan estos con su orden y ley.

El 27 de septiembre de 1934 El Socialista publicó: «Las nubes van cargadas camino de octubre. Repetimos lo que dijimos hace unos meses. ¡Atención al disco rojo! El mes próximo puede ser nuestro octubre. Nos aguardan días de prueba, jornadas duras […] tenemos nuestro ejército a la espera de ser movilizado. Y  nuestra política internacional. Y nuestros planes de socialización». Era el octubre rojo y se anunciaba el Ejército Rojo.

Anota Gustavo Bueno: «La guerra preventiva comenzó en 1934».

Julián Marías habla de frivolidad y de la irresponsabilidad máxima del Partido Socialista en octubre de 1934, aprovechada por los catalanistas, que llevó a la destrucción de una democracia eficaz y del concepto mismo de la autonomía regional.

Ellos, los revolucionarios, se definen en el bando dictado por su Comité: el Ejército Rojo.

«HACEMOS SABER: Desde la aparición de este bando queda constituido el Ejército Rojo, pudiendo pertenecer a él todos los trabajadores que estén dispuestos a defender con su sangre los intereses de  nuestra clase proletaria. Este ejército quedará compuesto y se dirigirá en la forma siguiente…».

«Dicho Ejército  sería el instrumento necesario de la Revolución, y como núcleo anticipado del mismo se alistaban las milicias juveniles semiuniformadas, que solían desfilar con frecuencia por las calles» (Aproximación histórica a la Guerra Española. Vicente Palacio Atard).

Era la Revolución roja que amparaba Largo Caballero: «Las finalidades concretas de este Ejército serán: sostener la guerra civil que desencadenará la instauración de la dictadura del proletariado, realizar la unificación de este por el exterminio de los núcleos obreros que se nieguen a aceptarla y defender de fronteras afuera, si hace falta, nuestros principios…» (Largo Caballero alocución en Oviedo 15 junio 1936).

Pues sí: Ejército Rojo. Más rojo que el capote de Cagancho.

En esta historia nada como el vocabulario náutico.

Borriquete: Vela que se pone sobre el trinquete con tiempos duros para que sirva en caso de rifarse este.

Tiempos duros donde necesario es poner el borriquete; no todos. No para los que responden a la otra acepción que el diccionario asigna a la palabra.

Borriquete: asno.

Rafael Dávila Álvarez

5 enero 2021

Blog: generaldavila.com

GIBRALTAR: ERRÁTICA POLÍTICA EXTERIOR Y DE DEFENSA. Rafael Dávila Álvarez

El artículo publicado ayer en este blog por el Capitán de Navío Ángel Liberal Gibraltar, un pueblo dentro de una base militar, alerta sobre la verdadera razón del interés del Reino Unido por Gibraltar y disecciona el problema para dejar a la vista sus escondidas entrañas y avisarnos de la gravedad de lo que nos esconden. El Gobierno de España, con el ministerio de Asuntos Exteriores a la cabeza, debe ser consciente de su impotencia, aunque  pretenda dar la imagen de un éxito en su negociación. La situación y postura del Gobierno español es de extrema gravedad, a todos nos afecta, y debemos conocer y proclamar empezando por el ministerio de Defensa español y nuestras autoridades militares, ¿les importa algo Gibraltar?

Dice el CN Ángel Liberal: «Sabemos que las negociaciones han tenido muchas dificultades. Es posible que todas ellas se deban a la única razón que explica la presencia británica en Gibraltar y es que el Peñón entero es una base militar, con un pueblo de unos 33.000 habitantes en su interior. La militar es la única razón de la presencia británica en el Estrecho, la fundamental, la que prevalece desde 1704».

Llevamos años oyendo decir a los estrategas de salón y ególatras globalistas que Gibraltar no tiene interés estratégico alguno y que deberíamos olvidarnos de la colonia y negociar con los británicos (lo que desean es una entrega incondicional de lo robado).

El caso es que Gibraltar es una base militar —hablando claro: exclusivamente militar — escondida detrás de un pueblo como muy bien nos argumenta Liberal—. ¿Cómo se entiende que esto ocurra entre aliados en lo militar y concepto estratégico de la defensa? Solo hay una respuesta: no se fían de nosotros. ¿El Reino Unido? No solo. El problema es que los que no se fían son ellos y el gigante estadounidense, ese que mira ahora también hacia Marruecos para instalar sus bases y completar el dominio de ese Estrecho sin importancia según los espléndidos analistas. Base logística. Muelles para atraque de submarinos nucleares. Espionaje. Control del Mediterráneo. Cosas de una situación geográfica privilegiada.

Mientras salta la pregunta retórica: ¿Para qué querrán ese trozo de roca?

Ese es el problema en su profundidad. Un problema político y militar (subrayemos esto último) en el que hay exclusividad y Europa no juega, ¿España? ¿Pero existe España? Significado: España política y militarmente queda a los pies de los caballos. Políticamente no es de extrañar, no somos ejemplo de nada ni para nadie, sino todo lo contrario. Débiles y erráticos. En lo militar me duele en lo hondo porque además somos mucho mejores soldados que británicos y estadounidenses. Mucho mejores.

La política: un Gobierno, el nuestro, sin firmeza, sin política exterior, y sin nivel de respuesta que permite que se rían de él y de sus Fuerzas Armadas. Lo militar: nuestros ejércitos por lo que se ve no sirven para defender el sur de Europa, pero sí para desplegarse en la frontera con Rusia o desplegar nuestros misiles en Turquía.

Esto de las alianzas militares ha terminado en Europa. La OTAN ¿Cuántas divisiones tiene la OTAN? Preguntaba el ruso.

Años de engaño británico. Se diluirán estos primeros coletazos, el control está por ver (¿control del puerto y aeropuerto?). En nada volverá el contrabando, los submarinos nucleares seguirán entrando y las antenas al viento seguirán practicando el espionaje.

La imagen exclusiva que nos ofrece el Capitán de Navío Liberal, debería hacer temblar a propios y extraños. ¿Qué es Gibraltar?: un polvorín a los pies de España, un mundo a nuestras espaldas repleto de aviones militares que van y vienen, submarinos, depósitos de armamento y munición, espionaje llamado Inteligencia. ¿Para quién (es)?

Nuestros ejércitos seguirán paseándose por el mundo mientras otros apoyan el robo de un trozo de España en un clamoroso (vergonzante) silencio. Digno de escándalo. ¿Cuál será la siguiente entrega?

¡Qué vienen los rusos! ¡Pero si ya hemos entregado las armas! Vendrán los otros. Por el sur. En pacífica marcha, verde, azul o amarilla.

¡Ay el Brexit! ¡Cuánto tiene que aprender esta Europa en la que España se sitúa en su frontera sur (la del ajo); allí donde Gibraltar.

De vez en cuando conviene mirar el mapa porque la política cambia, no la geografía.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

4 enero 2021

2021. NO PERDAMOS LA COSTUMBRE DE SER: ESPAÑOL Rafael Dávila Álvarez

Al que más y al que menos el comienzo del Año Nuevo le sugiere adivinar el futuro y desearse lo mejor. Este día 1 pasan por nuestras cansadas mentes, de la larga noche dejada atrás, pensamientos de esperanza y presagios.

En ello estaba; haciendo calendarios. He visto el año 2021 como una larga cuesta a subir; lenta y preocupante. Un camino recto pero en pendiente, con un final que se hace inalcanzable. Hay olivos, campos yermos, trigos y cebadas; praderas de primavera, higueras, las viñas y almendros; hay golondrinas y palomas, puede que confunda la avutarda con los sisones, y hay ave frías con plumero en la cabeza. Liebres y conejos, zorros, lejos se oyen los lobos. El cuco y la perdiz que canta, el mochuelo se esconde, y el águila hambrienta, un augur, escudriña sobre el cereal. Hay verdes montañas y orillas broncas, junto a playas largas y frías. Nubes y azules inmensos, tórridos días también, y nieves cercanas. Es todo un contraste España. Tengo un amigo inglés que ayer me dijo: «Me he acostumbrado a España y ya no me voy». No dice que le gusta, sino que se ha acostumbrado. Es un matiz digno a tener en cuenta. España acostumbra.

Hay que acostumbrarse a las cuestas que en España son abundantes. Solo es necesario aceptar el reto que plantea el esfuerzo.

Nos dice Heródoto que  Píndaro enseñaba que la costumbre es la reina del mundo.

La última columna de César González-Ruano la tituló La Costumbre y en ella decía: «Voy creyendo que todo reside en la costumbre. Y que, muchas veces, la muerte puede consistir en ir perdiendo la costumbre de vivir». Ese día murió con su columna cerrada.

No sé por qué he empezado el año con el pensamiento puesto en la pérdida de las costumbres, la más importante: nuestra forma de ser español. He mirado atrás,  — ¿quién no lo hace al empezar un año nuevo?— y me ha entrado cierto temblor al volver a leer aquella columna.

La costumbre de ser español va arrinconándose y da paso a ciertas novedades que no son tales, sino oposición a lo que a base de tiempo y generaciones ha creado nuestra cultura: la española.

Figura en los tratados de maldad que desarrollan repeinados inútiles y vanidosos gobernantes que maneja el ventrílocuo.

Ahora el camino en cuesta pretende nuestro cansancio de ser español; buscan que perdamos  la costumbre hasta darle muerte a lo español.

Y se hará costumbre…, pero yo jamás podré dejar de serlo. Con todo lo que conlleva, que puede que sea hasta el renuncio a serlo. Ellos lo llevan en su desgracia. Para otros, entre los que me incluyo, sería como ir perdiendo la costumbre de vivir.

Modernidad. «¿Cómo decir a este mundo que es un viejo? / No recuerda haber vivido nunca».

Preparémonos para el camino, la cuesta arriba, entre jaramagos y amapolas a pesar de los campos yermos… «Y, a veces, reluce el mundo ciertamente».

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

1 enero 2021

 

AGRADECIMIENTO Blog: generaldavila.com

Termina el año, malo de acontecimientos, pero no conviene perder el control de nosotros mismos y debemos examinar la responsabilidad de cada uno.

A lo largo de este año les aseguro que han sido muchos los momentos en los que pensamos tirar la toalla y dejar estos amaneceres de letras, congelados ante el asombro del panorama que a nuestra vista se ofrecía. La práctica fue la contraria: aumentamos el número de publicaciones para en los obligados confinamientos poder acompañarles y sentirnos más unidos.

El resultado ha sido inesperado: más lectores y más seguidores, una alegría, aunque implique mayor dedicación y horas de trabajo. Bien. Gracias. Vaya por ustedes.

Hemos tratado de crear nuevos contenidos y secciones, pero no hay ayuda técnica lo que hace que tengamos que seguir en el desierto de la tecnología moviéndonos mientras dure el agua de la cantimplora.

Empezamos un nuevo camino con mucho barro en las botas, el uniforme desgastado, sin reposición, algunos compañeros se han quedado junto a una orilla, y solo nos queda un mapa envejecido en el que algunas rutas se han borrado, por lo que no sabemos si nos perderemos, tomaremos el camino equivocado, o al fin lograremos llegar, que tampoco es nuestra intención, porque sería terminar la ruta. Con andar por buenos caminos, sin asaltadores de conciencias, nos conformamos. Siempre hay que estar en el camino, en compañía. Esto no es parada, ni fonda. Todo puede pasar. Paciencia y apoyo. Tendremos que ir día a día sin esperar mucho ni dormir demasiado. Caminar, aguantar y esperar a ver a donde llegamos, si es que a algún lugar lo hacemos.

Les expreso nuestro agradecimiento por este año que termina ya que han estado ahí, lo hemos sentido, lo que no es fácil cuando hay muchos lugares atractivos para asomarse cada mañana. Es un milagro que nos lean, con gran fidelidad y muestras de cariño

Lectores, seguidores, colaboradores: ¡Gracias!

No hay despedida, por ahora; todo seguirá igual, con el afán de buscar tiempo y ayuda que nos permita abrir nuevos contenidos. La palabra no faltará. Por ahora.

Se cierra el Centenario de la Legión. Cuando se quiera volver a abrir ya no será igual. Felicidades legionarios. A los que son y a los que ya no están, que son los primeros y únicos que han cumplido con el Credo eterno. El resto somos caminantes, como nos enseñó Braulio. Para los que están y no son, pero andan por ahí enredando no hay felicitación que valga.

Con el Credo en la mano les mando la amistad que se predica: compañerismo, amistad, unión y socorro. Miren, ustedes lo entienden: con razón o sin ella.

A los que han convertido este año 2020 la muerte en estadística espero que los números les persigan en su eternidad.

Que el recuerdo a los que murieron, sin explicación posible, víctimas del abandono y la mala gestión, nos acompañe. Va por ellos y por los honrados que trabajan por nosotros.

Por ustedes.

Gracias y Feliz Año, que comienza en la incertidumbre.

Rafael Dávila Álvarez

31 diciembre 2020

Blog: generaldavila.com

ADIOS 2020 Rafael Dávila Álvarez

La Muerte. Bruegel el Viejo

No te maldigo, de nada eres culpable a pesar de tu fealdad repetitiva en el número y en el vacío que expresas. Te vas para dejar un recuerdo de muerte y empezar de cero a contar la maldad que el hombre depositó en esta fecha cruel y todavía repleta de sucesos inexplicables. No eres nada más que tiempo, algo que solo existe para el que cuenta y ,ahora, aquí solo se cuentan los muertos. Uno, dos…, así hasta miles, aldabonazos que no quieren escuchar los contadores de mentiras.

No hay despedida sino entierro. Con rabia rompo el calendario y no abriré otro hasta que alguien explique ¿por qué?, ¿por qué tantos muertos?

Hay culpables, directos e indirectos, que sentados en su poltrona comerán las uvas, que no han pagado y sentirán, muy pocos, un sudor frío que les interroga: ¿por qué? Ninguno tendrá la vergüenza o el honor de presentar su carta de dimisión. De levantarse en esa noche del fin y decirse: ¡hasta aquí he llegado!

En España, el héroe de este 2020 debería recordar, si es que alguna vez leyó algo, que «solo una batalla perdida es más triste que una batalla ganada» y que, en este caso, además de perdedor es traidor, lo que no se olvida, en la historia, y nadie podrá retirarlo de la fecha que acompaña al recuerdo de la inexplicable muerte sucedida por una mala gestión y la inconsciencia de las indecisiones o arbitrarias decisiones que ofendían hasta generar la llegada de la fría muerte. Es muy triste, más que triste; es la muerte. Os acompañará como irresponsables.

Te vas 2020, año de soledades, de mal fario, de traidores y de gañanes y muchos insultos que llevan incluso el don delante. Te diría que eres don Ginesillo de Paropillo:  «Pues voto a tal —dijo don Quijote, ya puesto en cólera—, don hijo de la puta, don Ginesillo de Paropillo, o como os llamáis, que habéis de ir vos solo, rabo entre piernas, con toda la cadena a cuestas». Don hijo de la puta es corto y poca cosa que alcanza su valor con el excelentísimo delante, con ese don sin honor. Lo lleva la presidencia del que se cree mandador en una ínsula.

Pero no eres tú el don, 2020, que eres ya un número entre los muertos, unido a la traición del mal guerrero que, como Arquíloco, arroja su escudo y emprende veloz carrera dando la espalda al enemigo.

«¡Cuántos de los que amabas/ya han bajado a lo oscuro!

… ¿Será tarde?».

Vete para no volver, y en tu marcha llévate a los culpables, que no se crucen en mi camino, jamás; sin perdón pedir.

Llévate contigo la sinrazón, a los gobernante de muertos que se precian de su gestión; vete ya, 2020,  con los que nos burlaron sin un lamento, sin dolor.

Que no se crucen en mi camino ni el horizonte los acoja, sean una mala sombra, don Ginesillo de Paropillo. Vulgar delincuente y encima heredero de Arquíloco. Don…, sin honor. No hay peor insulto que una mala gestión con resultados como los que ofrece este año maldito que se va, aunque para nuestra vergüenza don Ginesillo se quede.

Rafael Dávila Álvarez

30 diciembre 2020

Blog: generaldavila.com

 

 

SABER A FIN DE AÑO. Rafael Dávila Álvarez

Una cosa es ser sabio y otra creer serlo. Como lo es tener una gran biblioteca, distinto de haber leído.

Sobre la lectura dijo un sabio: ¡Hombre de vez en cuando habrá que dejar de leer y pensar un poco! De uno de los personajes más ricos de la historia reciente de España se dice que nunca supo leer ni escribir, pero contaba mejor que nadie.

Habrá, de vez en cuando, que dejar de hacer muchas cosas y ponerse en eso de no hacer nada; solo pensar o sentir, ambos conocimientos válidos. ¡Ojo!, no perdamos el segundo, la mayor vía del conocimiento ancestral que desciende como polvo de estrellas y a la que hemos cubierto con un toldo invisible.

Todos dependemos más que nunca de lo que no es nuestro, lo que significa que estamos acabando con la libertad. La dependencia es su mayor exponente, el comunismo quien lo predica. Depender de alguien o de algo es prisión.

La tecnología anuncia una nueva vida a la vez que nos hace cada vez más prisioneros. Si no hay luz fruto de la energía todos moriremos. Lo sabemos y lo ignoramos. ¿Cómo se va acabar la energía? ¿Cómo van a taparnos la boca?

Me da miedo salir de casa con las manos en los bolsillos, sin tarjetas, sin móvil, sin identificación posible. Da miedo hacer una gestión en cualquier ventanilla donde el ordenador manda y controla.

La barrera del muro de Berlín era una broma comparada con la de saber o no saber. Por ejemplo escribir y leer o no saber hacerlo. ¿Suena raro? Esta sociedad acaba de crear millones de analfabetos que por edad o voluntad no han entrado en el mundo de la tecnología. Sabios analfabetos que sabían lo que necesitaban y de repente han sido expulsados de la cotidianeidad. Nada es real, todo virtual, y ellos no poseen esas gafas de lectura. Están ciegos, sordos y por tanto mudos. Los niños de ahora  aprenden un lenguaje nuevo sin recuerdo del hasta ahora usado. Estamos ante un nuevo horizonte que algunos ya solo vislumbramos entre una espesa niebla.

Todo estaba en los libros. Ya no. Está en el mensaje —le llaman relato— y en ese mundo que apenas ha empezado que se llama internet. Fue el papiro, luego el pergamino, ahora el aire, la nube. Seguiremos escribiendo y haciéndonos eco de la Ilíada. En una nueva Odisea. Siempre es así; como los inicios. Por ahora nos limitamos a entrar en un túnel sin luz al final.

Ya siento que por el camino otros vienen que corren más deprisa que yo. Que lo que sabía es no saber nada y que mañana es mucho más allá. Mejor apartarse. Alguno atropella. Saludamos a codazos; daremos paso a los empujones.

Me queda la curiosidad por saber si se descubre algo más allá; o todo queda en nada y descubrir, pensar y soñar. ¿Pero y más allá?

Saber: nada. Es conveniente salir del toldo que nos cubre por si llegamos a tiempo de recoger, todavía, algo del polvo estelar.

Otro año, sin saber más allá. Anclados al presente virtual.

Rafael Dávila Álvarez

Blog; generaldavila.com

29 diciembre 2020

DE NUEVO EL DISCURSO DEL REY Rafael Dávila Álvarez

Que de todo hay en la viña del Señor… Los hay contentos, medio contentos, frustrados y muy enfadados. Incluso los hay que no hay, que ni leen ni dejan leer.

Hay una frase del discurso del Rey que encierra la clave del momento: «Rey de todos los españoles». La pronunció Don Juan Carlos el día de su coronación y la repite ahora, con frecuencia, Don Felipe.

Deberíamos detenernos para analizar su significado. ¿Por qué insiste el Rey en ello? ¿Por qué especialmente ahora?

Cobra su verdadero sentido cuando existen mayores diferencias entre nosotros, los españoles. Es decir: siempre. Por ello hay que repetirla.

De todos, de unos y otros (incluso de hunos y hotros) y eso exige que unos y otros (o hunos y hotros) hagan un ejercicio de reflexión y acepten que todos somos españoles, incluso los que no quieren serlo o lo son a su manera sin admitir a los que son de otra. Comprendo la dificultad, pero es la Ley. No habla el Rey para cortesanos (su tiempo se fue), ni para ideologías o partidos (a lo suyo); no son sus palabras un capricho Real, ni una postura de cara al público, tampoco una cesión para quedar bien y ser aplaudido. El Rey habla de la Ley, como manda la Ley y en respeto a la Ley: la Constitución. Eso es conocido como cumplimiento del deber.

Rey de todos los españoles. Encierra un mensaje que no solo compromete a él. Nos compromete a todos. De respeto a las ideas de todos. Todos somos españoles y no querer serlo es como dudar de tu maternidad o paternidad; renunciar puedes, pero legalmente exige un proceso; mientras, deberás ajustarte a la Ley que te obliga, por orden y convivencia.

El Rey es tu rey y en su frase recuerda que hay una exigencia por su parte y por la nuestra: con la Ley, con todos y de respeto al conjunto. Porque no todo vale; hay una norma que hay que cumplir y exigir su cumplimiento.

Los roedores de la Nación, de la Constitución, del Estado, van a por la Corona, y desde su madriguera, otros (también roedores) hacen que les sujetan mientras les animan y empujan a ello «Unos (hunos) tiene la fama, y otros (hotros) cardan la lana».

Amenazan, los de Podemos con mal ánimo—porque lo suyo no es construir, sino destruir— con una Ley de la Corona; y los otros roedores, en la puerta del agujero: «No, que no es necesario, que con el Título II es suficiente, que ya está regulada, que dice Simancas, que no dice…», todos ratones que roen y roen. De ellos es también rey Don Felipe. Del gato y de los ratones, y de los que se disfrazan.

El caso es peligroso. Tenemos un presidente con el síndrome de Eróstrato, aquel que quemó el templo de Artemisa con tal de adquirir la celebridad que nunca debió alcanzar. Ahí está el riesgo. Una antorcha en sus manos.

Nació ese día Alejandro Magno: «… el seis del mes de Hecatombeón […] el mismo día precisamente en que se quemó el templo de Ártemis de Éfeso (Plutarco. Vidas Paralelas. Alejandro).

Dejémoslo para otro día; sin perderlo de vista. Es tiempo de desolación hasta otro magno.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

28 diciembre 2020

NO ES LA CORONA, ES ESPAÑA. Rafael Dávila Álvarez

Era el año 1993 cuando Don Juan de Borbón recibía la Medalla de Oro de Pamplona. Se le había acabado la voz pero providencialmente el Príncipe de Asturias, hoy Rey de España, leyó en voz alta sus sentimientos. Todo un símbolo. Juntos, un Rey que lo fue en la esperanza, y un Príncipe que iniciaba el camino. Cedió la voz Don Juan y definitivamente el futuro; en su nieto Don Felipe, libre de todas las cargas del pasado. Se cerraba el paréntesis de la historia reciente, para buscar el definitivo futuro. La monarquía española, la heredada, la instaurada y la esperanzada.

Don Juan hablaba desde el silencio y, sin voz, la gravedad de su mensaje la podían percibir todos los que quisieran escuchar y entender. Ya no hablaba de España, su devoción, ahora hablaba de la unidad de España, su preocupación.

Nadie le escuchó; los laureles ensordecieron a los consejeros, muy activos en épocas de recolección. Don Juan pudo ver la realidad al evadirse de todos ellos. Conocía muy bien lo que significa estar rodeado de tantos consejeros expertos en malos consejos. Sólo le quedó el mar donde aprendió a leer los horizontes de acontecimientos. Y con él guardó la historia de una España que se le escapaba mientras más la deseaba.

La unidad de España, repetía incansable, por encima de la enfermedad, por encima del silencio, incluso por encima de la imprudente prudencia de algunos.

La transición superada, decían algunos, España navegaba con buen rumbo y velocidad de crucero, pensaban todos. Nadie había visto al sembrador que por las noches esparcía su semilla de cizaña por los campos de cereal. La transición ni siquiera había comenzado a germinar y ya todos auguraban una espléndida cosecha. La unidad de España, repetía Don Juan a punto ya de coronar su historia.

Sabe el Rey que por mucho que se hable de la unidad, nada se logra si los campos están sembrados de la semilla de la secesión que ahoga las espigas de la unidad. No era ese el sentir popular, entonces ni ahora, pero una élite político-económica ha logrado jalear a los ácratas que gustan militar en el sindicato de los gorriones donde ellos se alimentan aunque nadie coma. Esta es la otra historia, la de la España reciente.

La transición significaba cambio, el paso a un sistema democrático solidario y de respeto. Para ello, lo primero y fundamental era tener una Ley y respetarla. Y se hizo la Ley pero no el respeto democrático de cumplirla. Razones de carácter visceral, vuelta al revanchismo y al enfrentamiento. Los que deberían ser hombres de Estado han resultado ser agitadores de barrio que juzgan según sus intereses de partido o con la imposición de su minoría sobre el conjunto. Es su democracia. Esta es la historia que ahora se abre.

Aquel Príncipe es ahora el Rey. La transición de reyes se ha hecho con seriedad y oportunidad. Estamos ante la verdadera y nueva historia de España, ante el futuro de varias generaciones. No hemos vivido una transición como todos creíamos. Hemos vivido una incertidumbre.

La transición empieza ahora…, aunque la incertidumbre no ha desaparecido.

No atacan a la monarquía, es a España, al corazón de España donde lanzan sus flechas envenenadas de odio y revanchismo. Lo mismo les da Monarquía que República, lo que buscan es el rugir de la calle, la provocación que acabe en destrucción. España es el objetivo a batir y los españoles el utensilio que pretenden manipular.

España hay una, única e indivisible; sí no, ni hay España ni hay Historia. Ni Rey ni República, no habrá nada de nada.

Eso pretenden. Solo hace falta que aceptemos su mentira. ¿Qué de quién hablo?

Blanco es, la gallina lo pone, con aceite se fríe y con pan se come…

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

27 diciembre 2020

 

EL MANDO SUPREMO. Rafael Dávila Álvarez

Una cosa es mandar y otra gestionar. Gestores los hay buenísimos, como nunca, no se les escapa una, pero miren eso de decidir en altura es algo más complejo. Sobre todo con todas las armas en la mano. El mando es un concepto militar ejercido por el jefe que ni responsabilidad ni atribuciones comparte con nadie. Actúa distante desde la ausencia. Su intervención es lejana y ni su firma es vista, sino por orden de.

La guerra es el arte de la distancia. Llegar al cuerpo a cuerpo supone muchos movimientos anteriores lejanos, imperceptibles para el peón.

Para el gran guerrero no es necesario batirse tan cerca, lo suyo es mantenerse en la distancia para que en una acción sorprendente su latido llegue a las primeras líneas y a él le lleguen las pulsaciones del conjunto.

Sabe que no todo se decide en número de muertos y evitará siempre el enfrentamiento buscando la distancia para someter al enemigo sin la brusquedad de la muerte que produce el contacto.

Es una constante en aquellos que son verdaderos maestros de la guerra.

Es el arte de la resolución de las dificultades antes de que se presenten, triunfar antes de la batalla.

«El supremo refinamiento en el arte de la guerra es combatir los planes del enemigo».

La guerra tiene mucho de simbolismo: banderas, guiones, arengas, gritos y actitudes. El general se pasea ante sus tropas, a caballo, despacio, mirando al conjunto, mientras todos y cada uno se sienten observados. De repente se detiene y llama, sorprendidos todos, a uno por su nombre. Luego se aleja para perderse en la decisión mientras suenan los tambores de Queronea.

Es duro no poder gozar y sufrir de la proximidad, pero él es más allá que tangible realidad, al que no le está dada ni permitida la familiaridad.

Es el símbolo. Es el mando, la lucidez, muy por encima del fragor del ruido de los escudos y lanzas contra los petos de los caballos.

Él no mira a nadie, a sabiendas que todos le miran. No habla porque sabe, y si lo hace es extremadamente parco y poco interpretable.

Aladas palabras que sobrevuelan las conciencias; es todo tan antiguo que ni la herencia lo recuerda.

Cuando se encarna la historia hay una magia que integra voluntades y no permite improvisaciones que rompan el juego del equilibrio entre pasado y modernidad.

El mando real utiliza las nuevas armas, pero aplica el viejo espíritu heredado que le hace sabio y fuerte.

Para el mando no sirven los burócratas seleccionados con esmero e instruidos con precisión.

Por eso es tan difícil mandar. La imagen, la palabra, el gesto, la tradición, la historia encarnada logra más con una palabra y un gesto que con órdenes en unos casos, con leyes incumplidas en otros.

Desde la distancia, sin llegar al cuerpo a cuerpo, sin interferir entre la tropa, sin inmiscuirse en la administración de la Compañía.

Es el mando Supremo.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

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26 diciembre 2020

 

 

FELIZ NAVIDAD 2020. Rafael Dávila Álvarez

¡Qué momento más difícil! Quiero detenerme en él.

«Que cada cual examine sus pensamientos. Los hallará totalmente ocupados en el pasado o en el porvenir. No pensamos casi en el presente, y, si pensamos en él, lo hacemos solo para obtener de él la luz que nos permita disponer del porvenir. El presente no es jamás nuestro porvenir.

El pasado y el presente son nuestros medios; sólo el porvenir es nuestro fin. Así no vivimos jamás, sino que esperamos vivir. Y disponiéndonos siempre a ser felices, es inevitable que jamás lo seamos».

Permítanme que comparta con ustedes este momento presente recurriendo a Pensamientos,  de Blaise Pascal*. Aquí, ahora, Navidad año 2020, cuando no hay pasado ni futuro.

No nos perdamos en lo que nada es, porque todo en definitiva es nada. Cuando fue y cuando será de poco nos sirven en momentos de tribulación. Estos lo son. Muchas las necesidades que experimentamos y sufrimos, y porque no se da en el mundo poder ni talento ni bondad capaces de satisfacérnoslas.

Me pregunto hoy: ¿Tienen valor estos tiempos? ¿Qué hacer en estos tiempos? ¿Quién soy yo para responder?

Atisbo ahora, sin ayer ni mañana, que es tiempo de algo tan sencillo como un nacimiento. «Dios se enfrenta a los arrogantes, pero concede gracia a los humildes» (Ps 5,5).

En un mundo inhóspito y de codicia, entender que un nacimiento humilde puede cambiar el haz de la tierra es insoportable para la soberbia intelectual. Pero el paso de los tiempos ha visto derruir muchos tronos y cátedras, solo por una razón, que puede ser la razón que se nos escapa: «El que ama es el hombre justo. A este hombre le repugna la injusticia; los que aman y vibran más con la justicia que con el amor son, frecuentemente, injustos, cayendo en el pecado de “amar” a unos y despreciar o marginar a los otros. No saben conjugar en su corazón la justicia y la paz» (solo él sabe por qué y cuándo me lo dijo).

«Y la palabra se hizo hombre, acampó entre nosotros y contemplamos su gloria». Eso es todo, ahora.

Tanta inexplicable sencillez se muestra a diario diciéndonos a gritos: «Hay que buscar la verdad y no la razón de las cosas, y la verdad se busca con la humildad» (Unamuno); cuando llega un momento en el que la razón se muestra en rebeldía y abre el abismo de incomprensión —interrogante de los necios— a nuestros pies. Cuando la inteligencia de los sabios es dar la espalda o, al final, arrodillarse.

Son vanas las esperanzas. Dejar hacer y pasar; cada minuto presente vale más que todo lo pasado y que todo lo que vendrá.

Arrodillarse es una buena actitud, que la tengo por virtud. Si no quieren no recen. Arrodíllense.

La clave no la veo en el entendimiento, sino en el misterio que no puede tener más nombre que el de fe.

En el Libro del Éxodo se nos abre ligeramente la cortina del misterio:

«Déjame ver tu gloria» (Ex 33, 18). «Mi rostro no lo puedes ver» (33,20). A Moisés se le pone en un lugar cercano a Dios, en la hendidura de una roca, sobre la que pasará Dios con su gloria. Mientras pasa Dios le cubre con su mano y sólo al final la retira: «Podrás ver mi espalda, pero mi rostro no lo verás» (33, 23).

¿Tienen valor estos tiempos? ¿Qué hacer en estos tiempos? ¿Quién soy yo para responder?

No terminaba de encontrar el razonamiento exacto; no hay unos tiempos y otros tiempos, solo ahora; nada hay que hacer sino amar; delante de una cuna donde se inicia todo. Y ese amar, que es «mientras pasa», sólo se puede hacer de rodillas.

¡Cuánto tiempo hace que no nos arrodillamos ante lo único que el hombre debe doblar sus rodillas!

Feliz Navidad. Es un misterio. Vivámoslo hoy, ahora, sin tribulación.

*(Estudio Preliminar, edición, traducción y notas de Gabriel Albiac editado por Tecnos; pág. 87).

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

23 diciembre 2020