ANIVERSARIO FUNDACIONAL DE LA LEGIÓN: 1 MÁS CIEN. SE ACABÓ EL CENTENARIO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

 

Centenario de la Legión

Tenía que llegar y llegó. Adiós Centenario. ¿Qué es lo que queda?: La Legión. Menos mal que su nombre se levanta por encima de todo (s).

Alguno ha sentido el alivio de que este huracán se haya ido como una tenue y sumisa brisa. Sin ruido ni muchos vivas a España, al Rey y a la Legión. Veremos el 2031. Es otro Centenario que llegará con el ruido de los tambores de las retaguardias que cobardean.

Del Centenario se ha escrito largo y tendido. Pero la Legión se ha ocultado entre tanta letra e imágenes sin ocupar el lugar que su historia demanda. La Legión es la calle, donde no ha estado. La sociedad española se ha quedado sin homenaje y sin homenajear.

Así que no ha habido más. Al menos que yo sepa. Puede que haya quien se lo ha guisado y comido, pero tengo la impresión que, para el conjunto, este Centenario se va sin pena ni gloria. Lo de las precauciones por el virus no deja de ser una provechosa y aprovechada escusa para algunos.

Aniversario fundacional de la Legión

Pasó el Centenario de la Fundación de la Legión. Con más pena que gloria, como debe ser. La gloria no está de moda y hay momentos en los que mejor limpiar las armas y endurecer el entrenamiento. Pena tampoco, algún olvido intencionado, o no, pero eso no importa. Los protagonistas de ahora pronto pasarán al olvido y resurgirán los anónimos

«Os debemos todo, pero no os daremos nada». Se sigue cumpliendo a rajatabla.

La Legión no son cien años, ni 101. Ni uno más cien, ni malos ni buenos, ni algunos, ni los de ahora ni los de antes, es simplemente el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos. ¡A pesar de tanto abandono! Hay que seguir creyendo que esto se cumple.

Así fue y así debería ser.

Como en este Centenario he oído y leído muy poco, casi nada, del Credo de la Legión es este el momento de recordar que todo está en el Credo y que esa es la base donde escribir el futuro.

Esperaba este día para hacer un resumen del Centenario. Mejor lo dejamos así, como fue y será recordado, camino de otros cien. No empieza nada nuevo, sino que debe continuar lo que es: La Legión. Sin maquillajes, ni adaptaciones a lo que no esté comprendido en ese Credo del que se deriva su mística.

Cuidado con que ese mensaje de modernidad no lleve un virus intencionado.

Credo de la Legión

La liturgia es esencial. La Legión, una vez más, no ha descubierto su misterio que solo conocen los que están dentro y, aunque se haya desvelado el culto que profesa, su profundo interior queda oculto para la mayoría:  «Muchos son los portatirsos, pero pocos los bacantes». Piensen en ello en meditación para los que dicen ser Legión y no haber sentido una noche legionaria jamás.

El Credo es inmortal. Se quiso cambiar la letra y como no se pudo se intenta con el espíritu. No podrán.

Ese inmortal Credo es el que ocupa el primer día después del 100 del Centenario, ya pasada historia de la Legión.

  1. El Espíritu del legionario: Es único y sin igual, de ciega y feroz acometividad, de buscar siempre acortar la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta.
  2. El Espíritu de compañerismo: Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo, hasta perecer todos.
  3. El Espíritu de amistad: De juramento entre cada dos hombres.
  4. El Espíritu de unión y socorro: A la voz de ¡A mí La Legión!, sea donde sea, acudirán todos y, con razón o sin ella, defenderán al legionario que pida auxilio.
  5. El Espíritu de marcha: Jamás un legionario dirá que está cansado, hasta caer reventado. Será el cuerpo más veloz y resistente.
  6. El Espíritu de sufrimiento y dureza: No se quejará de fatiga, ni de dolor, ni de hambre, ni de sed, ni de sueño; hará todos los trabajos, cavará, arrastrará cañones, carros; estará destacado, hará convoyes, trabajará en lo que le manden.
  7. El Espíritu de acudir al fuego: La Legión, desde el hombre solo hasta La Legión entera, acudirá siempre donde oiga fuego, de día, de noche, siempre, siempre, aunque no tenga orden para ello.
  8. El Espíritu de disciplina: Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir.
  9. El Espíritu de combate: La Legión pedirá siempre, siempre, combatir, sin turno, sin contar los días, ni los meses, ni los años.
  10. El Espíritu de la muerte: El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde.
  11. La Bandera de La Legión: La Bandera de La Legión será la más gloriosa, porque está teñida con la sangre de sus legionarios.
  12. Todos los hombres legionarios son bravos: Todos los hombres legionarios son bravos, cada Nación tiene fama de bravura; aquí es preciso demostrar qué pueblo es el más valiente.

Feliz Aniversario Fundacional, sean cien o ciento uno, la Legión no cambiará.

¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

20 septiembre 2021

 

 

 

 

 

FIRMA EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID. Rafael Dávila Álvarez

Con mi hija Alejandra firmando en la Feria del Libro de Madrid

Antes de que el día termine quiero expresar mi agradecimiento a todos los que os habéis pasado por la caseta de la librería Polifemo (281) en la Feria del libro de Madrid para que os dedicase mi libro. Ha sido una bonita tarde en la que he podido dar un abrazo a muchos seguidores y lectores que me han dado ánimos y fuerza para seguir en el blog y enfrentarme al segundo libro ya en marcha y con sorprendentes revelaciones.

Siento que muchos me han enviado su mensaje desde la larga cola de entrada a la Feria con imposibilidad de acceso al recinto, una desastrosa organización por la pandemia cuando el Retiro era un hervidero de gente sin ninguna medida ni control. Aforo controlado para la cultura, pero no para otras cosas como algún festival callejero que parecía el carnaval. Poca seriedad y de verdad que lo siento por vuestro esfuerzo y no poder daros personalmente las gracias y firmar vuestro ejemplar.

El próximo jueves día 23 presento el libro en el Real Casino de Madrid. Si alguno tiene un interés especial allí firmaré. Debe remitirme su correo y le envío la invitación. La librería Polifemo también permite que si le encargáis el libro allí lo dejo firmado.

Gracias a todos y a vuestra disposición. Escribo por y para vosotros.

Rafael Dávila Álvarez

18 septiembre 2021

¿AUKUS? EL ATAQUE ES LA MEJOR DEFENSA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Mientras España homenajea a los terroristas, y digo España que está representada en quien puede evitarlo y no lo hace, porque los que gobiernan lo hacen siendo sus socios, Europa nos desprecia alojando a un delincuente que ha atentado contra la integridad territorial de la nación española, que nada tiene de particular cuando el primero que negocia con ese tipo de personajes es España, y digo España que está representada en quien puede evitarlo y no lo hace, mientras, decía, Estados Unidos de América desprecia a Europa, es decir a España, —dudo que el amigo (¿?)Biden (¿o era Trump el enemigo de Europa y de España?) sepa qué y quién es España— y se alía con los que se han ciscado en Europa, y en muchos otros lugares del mundo, que hasta uno de sus generales, Wellington, se llevó, de España, La Última Cena, de Juan de Flandes, que perteneció a Isabel la Cató­lica o El Aguador de Sevilla, de Velázquez y no contento con el Spanish Gift, le dimos la Granada del Soto de Roma, incluidas las Chanchinas, mientras, España, digo de nuevo, va camino de la fosa de Las Marianas, o así, y desplegamos en la frontera con Rusia y lo hacemos en Turquía, que nadie nos explica que hacen en estos lugares nuestros soldados, mientras todo esto ocurre, surge Aukus (Australia, Reino Unido y Estados Unidos), que es una cosa rara que nadie nos ha avisado de ella y que ahora todos los estrategos, que viven del cuento y torean de salón, nos van a dar por el Aukus bien dados.

Aukus es un acrónimo que aparece como novedad y está llamado a aparecer más, o a desaparecer malamente.

Si miramos el mapa (se lo recomiendo) el mapamundi que decíamos en el cole, verán las razones, verán que es una alianza de intereses estratégicos; en pocas palabras: estar bien situado en el escenario de intereses, económicos, demográficos, comerciales, es decir: militares. Una alianza militar, que lo es para fabricar submarinos atómicos y asentar los reales, que acaban de dar cuenta de ella, y de ello, quienes la forman: Australia, Reino Unido y Estados Unidos de América.

¿Qué qué van a hacer? De todo, pero sobre todo y ante todo situarse en condiciones de ataque, que es, sin duda, la mejor defensa.

No pretendo ser estratego ni explicar nada sobre las estrategias mundiales, que a Biden le llamo y no se me pone, sino que pretendo que cuando oigan el primer ruido seco, extraño, y el olor a tierra mojada, como ahora, sepan de donde viene y cuáles pueden ser sus consecuencias.

Con eso me conformo. Ya pueden seguir mirando para otro lado.

En España vivimos sordos a los ruidos a pesar de que ya hemos visto el rayo en el terrorismo y el independentismo. El ruido llegará como consecuencia del zurriagazo del rayo.

Europa y España no juegan porque ya han perdido y su derrota no se la perdonan. En ella han percibido el olor de la traición. Lo de España fue sonoro allá cuando abandonamos a los aliados solos ante el peligro. ¿Verdad señor Zapatero y Bono?

Sigue el camino del débil esta España que se entrega al enemigo y deja la puerta abierta al invasor. Como su madre ¿o su hija?: Europa.

Aukus: no olviden el nombre. Suena algo así como Queronea.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

18 septiembre 2021

HISTORIA DE LA PROFESIÓN MILITAR: UN LIBRO IMPRESCINDIBLE Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

El autor me remite esta obra fruto de un riguroso e impecable trabajo: Historia de la profesión militar.

Fernando Mogaburo no ha reparado en esfuerzos para ofrecernos el fruto de una ardua labor que inició, según él mismo me cuenta, por accidente, cuando se encontraba matriculado en el primer curso de la Escuela Internacional de Doctorado e investigaba sobre el verdadero origen y destino de los tercios de la infantería española.

En ese apasionado y apasionante mundo de la investigación científica empezó a tirar de un hilo que compone una madeja interminable, infinita, que pocos se atreven a deshilar. Con esa audacia, propia de un jinete de la Caballería española, se enfrentó a la historia de la profesión militar, un imposible, un sueño inalcanzable que él ha tocado y tenido entre sus manos hasta poder ofrecer el fruto de sus investigaciones como nunca antes se había hecho. Todo un reto que somete al juicio de todos nosotros y que por mi parte alcanza el doctorado cum laude. Será un imprescindible libro en mi biblioteca por ser necesaria su consulta cuando se pretende ser riguroso al escribir de este oficio de soldado, el más antiguo y bello del mundo.

Historia de la profesión militar comienza con los primeros vestigios de violencia interpersonal en la prehistoria y acaba con la última transformación del Ejército: la Fuerza 2035. No solo analiza la evolución de las legiones romanas en Hispania, de las huestes feudales, de los ejércitos de los Austrias y los Borbones y del Ejército de Tierra actual nacido durante la guerra Civil, sino también la de aquellos cuerpos que formaron parte de este último en algún momento de su historia, como la Aviación, la Guardia Civil o la Cruz Roja. Y, por supuesto, la de aquellas instituciones que han colaborado estrechamente con él y compartido sus valores, como las Hijas de la Caridad, que fueron las primeras mujeres que trabajaron en los hospitales militares desde la guerra contra la Convención Francesa de 1793 hasta su despedida definitiva en 2018. Como puede verse, mucho antes de que la mujer se “incorporase” oficialmente en 1988, aunque hoy parece políticamente incorrecto recordarlas y jamás se les ha concedido el premio Idoia Rodríguez. Como tampoco se hizo con las damas auxiliares de sanidad militar, organizadas en 1941 y condenadas al ostracismo en 1988.

Su magnífica obra fue galardonada con el premio In memoriam María Manuela “Mané” González Quirós que convoca anualmente el general D. Emilio Fernández Maldonado y reservado a aquellos trabajos de investigación referido a la historia de los suboficiales a pesar de que el autor no hace distingos entre generales, oficiales, suboficiales y tropa, pues ha descubierto que todas estas categorías son de creación muy reciente ya que desde la Antigüedad hasta que se promulgó el servicio militar obligatorio en 1800 todos los cuadros de mando recibían, sin distinción, el título de oficiales por desempeñar un officium. Los militares hemos sido siempre una familia unida a la que solo intereses espurios se empeñan en compartimentar en taifas.

Estamos además ante una historia de las personas que lo han integrado durante toda su existencia, donde nos encontramos con el nombre del primer titular de cada empleo como homenaje a todos cuantos les siguieron.

También es un libro de debate que deja abiertas las puertas a la rigurosidad de la investigación y que descubre muchas falsas antigüedades y tradiciones que hacen necesaria su revisión, entre otras cosas las efemérides tradicionales que deben ser revisadas con rigor académico.

Ustedes, como ya me conocen, no se sorprenderán si al autor le anticipo que se va a encontrar con «el silencio administrativo» institucional, hasta académico, algo que sufro en mis carnes (me duele por ello la mente como dice mi nieto cuando le duele la cabeza) con normalidad y desvergüenza, y que nadie desde las altas cumbres de la Cultura Militar le va a mandar ningún recadito que no sea el olvido. Suele ocurrir en esas altas cimas del pensamiento único y tan disciplinado. Desprenderse de ellas y caminar, aún en solitario, es una de las grandes libertades que ofrece la Cultura (con mayúscula) sea del signo que sea, que las inculturas son varias y los cultos muy pocos.

Fernando Mogaburo no tiene intención de explotar el libro comercialmente lo que nos va a impedir un fácil acceso al mismo y les aseguro que será una pena porque estamos ante una obra militar, de historia de España, necesaria, imprescindible, por lo que ruego a quién corresponda que se lo piense y medite si no es de obligado cumplimiento promocionar y difundir este trabajo. La Cultura, también la militar, lo exige.

Enhorabuena amigo Fernando. Poco más que decir. Acabas de llenar ese hueco que estaba vacío en los anaqueles del alma militar, tu libro cubre la estantería de la historia de los soldados de España. Has hecho mucho y bueno. No te preocupes, el tiempo lo dirá y tu obra permanecerá.

Si alguien quiere ponerse en contacto con el autor y está interesado en la obra puede dirigirse a :  fmogaburo@msn.com

Hay que agradecer y felicitar a quien colabora en hacer cada día más grande y admirada nuestra profesión de soldado.

¡Gracias Fernando Mogaburo!

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

17 septiembre 2021

MENOS POLÍTICA Y MAS EFICACIA EN LA GESTIÓN Rafael Dávila Álvarez

Discurso político

Todo (s) se envuelve (n) en ese repugnante discurso de la política con el que cada día pretenden enzarzarnos para tapar su ineficacia. Unos y otros (que son todos). En estos días he podido recorrer en coche gran parte de las autovías de España que llevan al norte, sur, este, oeste, y comprobar, sin que nadie me lo cuente, el lamentable estado de nuestras infraestructuras, faltas de mantenimiento y sometidas a la pésima gestión central y autonómica. A ello se une el paisaje desolador de cierres de pequeños polígonos industriales, bares y restaurantes de carretera, como si la epidemia hubiese sido la bomba atómica. El campo abandonado y los pueblos en ruina. Todo es paisaje de desolación. Mucho dinero debe tener ahorrado el personal cuando no se ven las quejas ni el crujir de dientes. Una cola del hambre cada vez mayor y más silenciosa.

Mientras esto ocurre la política invade nuestras vidas y soportamos impúdicamente el panorama diario de ver las vergüenzas de nuestros gobernantes, los del todo y los de las partes.

En España nada funciona

En España ha dejado de funcionar casi todo, y lo poco que queda está en vías de dejar de hacerlo.

Un ejemplo de sufridores es la gasolina, la luz, la cesta de la compra (de la que nadie habla), la Administración, Correos, y sigue y sigue; otro ejemplo es el diario tráfico de la capital, Madrid, que empieza a despertar del letargo y ve como se ha quedado sin infraestructuras, abandonadas y deterioradas, y nadie pone remedio. El insoportable tráfico caza en sus atascos a miles de sufridores que no tienen otra solución que la paciencia y admiten que esto sea así: una pésima gestión, falta de preparación en los administradores, métodos antiguos y encima lo achacan a una avería o a un accidente cuando es fácil comprobar que el problema es fruto de una pésima gestión (malísima gestión, aunque la DGT —y comparsas como Infraestructuras, Reguladores de Tráfico…— saque pecho). Entre unos y otros han convertido Madrid en una ciudad antipática e incómoda lo que se traslada a muchas grandes capitales donde uno se siente como un extraño.

Casi todo está prohibido y controlado. La vigilancia acecha allí donde no es necesaria y falta donde lo es. Ser honrado y cumplidor de la ley casi penaliza.

Resultados y no ideologías

El día que exijamos resultados y no ideologías las cosas empezarán a cambiar. Nadie es quién para introducir su ideología en la gestión de los recursos que es fruto de meternos la mano en los bolsillos sin preguntar. De camino te imponen su criterio a buen precio, para que hagas carrera en tu ideológico caminar sin más libertad que obedecer el mandato.

Quédense con sus ideologías y gestionen bien los miles de millones de euros que pasan por sus manos y que se utilizan sin el más mínimo pudor ni explicaciones a nadie. Se las dan entre ellos que para eso son todos muy amiguetes y utilizan la táctica del dentista (vamos a no hacernos daño).

No estaría de más que después de la tormenta comprueben los daños y consensuen una pausa para arreglar España y pagar daños y perjuicios. Alguno debería ser sometido también al mismo proceso que la clase política somete a sus ciudadanos.

La política soberbia

Hace mucho tiempo que abandoné a unos y a otros en política, aunque alguno me cayese más simpático que otro. Hoy no queda nada y lo poco que podía quedar se muestra intolerable y soberbio. Como todos y todo: manga por hombro.

La libertad

Todo esto sin incidir en que hemos vivido un periodo escandaloso, y seguimos viviendo, contra las libertades más elementales de un ciudadano, libertades de las que «todos» los políticos han gozado, y que con la escusa de la pandemia han institucionalizado su ausencia entre nosotros a pesar del Poder Judicial que ya no se sabe si sabe o hace que sabe o mira para otro lado, como el conjunto de la sociedad.

Con su pan y aceite se lo coman, pero dejen en paz el mío.

Fui un ciudadano, hoy pretenden que sea un borrego. Me tiraré al monte. Antes muerto que humillado, ¿o no era así?

Solo pedimos eficacia en la gestión; de mi educación e historia ya me encargo yo. Sobre todo cuando ellos son maleducados y analfabetos.

Desde el atasco ideológico.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

15 septiembre 2021

 

EL EJÉRCITO DE LA MENTIRA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Y era mentira. Como lo era el banderín de enganche que sonó en medio de la tragedia: «Los españoles se merecen un gobierno que no les mienta».

Son expertos en la manipulación, es decir, en usar la mentira como norma de vida. Incluso en la privada, donde no enseñan, sino lo que al otro puede dañar en lo más hondo.

¿En manos de quienes estamos?

No somos conscientes en manos de quienes estamos. Es un ejército con todas las de le ley, con una disciplina y organización perfecta, armas desconocidas con proyectiles capaces de romper la impenetrabilidad del alma y construir una religión de efectos transmisibles entre generaciones, por la fuerza de la genética más temible de las existentes: la mentira.

Crean un ambiente que influye de manera decisiva en el campo de batalla.

Está contemplado en todos los manuales para la guerra y vine a definirse como «las circunstancias de carácter físico y humano, distintas del terreno y de los medios, que influyen en el desarrollo de las operaciones».

Esas circunstancias comprenden la cultura, la geografía, la lengua y las creencias; el nivel de vida, la historia, las tradiciones, la situación política internacional y los medios afines u hostiles. Todo es analizado y manipulado para que trabaje a su favor, sean cuales sean las circunstancias, para lo que son expertos en dominar los niveles terceros de las instituciones, a los que remuneran con acierto y generosidad.

No hay más cultura que la suya, basada en un barniz de buenismo con el que aparentan defender y apoyar al débil, asumen las doctrinas que más les favorecen y cosechan con buenos abonos sus votos, con la norma del que parte y reparte siempre se lleva la mejor parte.

Los misiles contra el alma

Por si la punta de sus misiles no penetrase, por las razones que fuese, en el alma que modelan, hacen uso de la fronde a modo de psílites modernos para enturbiar las tropas contrarias confundidas ante la verdad o la mentira.

Es la guerra actual. Son un ejército organizado en la mentira, experto en expresarse con textos que dicen lo contrario de lo que sucede, que confunden y encierran al pensamiento en su peor cárcel: la incertidumbre.

Ese es el caos al que nos someten y la fuerza que manejan, sin que a ello se oponga la verdad porque el que más y el que menos llena sus arcas con la mentira.

Nadie se atreve a tirar la primera piedra. Es por ello que suena un trueno, pero jamás llega la luz.

El Ejército de la mentira

Son el ejército de la mentira que no luce, solo hace un infernal ruido. Mediático. Hace a muchos felices al amparo del rebaño. El ruido les protege.

Ahora su ataque se centra en Madrid, que pretenden cercar. Un Madrid de derechas es superior a lo que el ejército de la mentira puede soportar. Insistirán, pero Madrid está armado. ¿Cuánto aguantará?

Reflexión final: Me dicen con excesiva frecuencia que soy pesimista en mis apreciaciones y que no veo nada positivo en la España actual. Me reafirmo en mi pecado: soy muy pesimista que es en definitiva estar enterado de lo que ocurre. Es más, creo que el gran problema de muchos está en eso: no enterarse de nada. Así están las cosas y a los críticos les agradezco la misma, por leerme y a la vez negarlo. Todos sabemos jugar a las cartas y conocemos a quienes lo hacen con ellas marcadas. Los hay hasta en ese insospechado lugar tan noble y bien parecido.

El deber de mentir. Sí también se ha convertido en un deber.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

14 septiembre 2021

 

 

FIRMA EN LA FERIA DEL LIBRO MADRID Rafael Dávila Álvarez

Este próximo sábado,18 de septiembre, en la Librería Polifemo «Caseta 281» de la Feria del Libro de Madrid (80 Edición) firmaré mi libro: La Guerra Civil en el Norte. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto de 7 a 9 horas (19:00-21:00).

Si hay algo que completa la obra de un escritor es sin duda el encuentro con sus lectores, la proximidad y la palabra cercana que refleja necesarias impresiones. Eso es firmar un libro: escuchar y abrazar a través de la sintaxis expresiva de agradecimiento. Es algo más allá de una dedicatoria anónima. Y es por eso que siempre es hecha desde el cariño al quien la desea en su libro.

Una dedicatoria es un beso, un abrazo, un apretón de manos, una amistad; en definitiva un capítulo añadido al libro, ese que falta para que cada uno se sienta partícipe de la obra, de los afanes del escritor que escribe para eso, para llenar sus páginas de lectores, no anónimos, reales y cercanos.

Sería para mí el remate de esta obra verla aumentada en infinitas páginas de firmas que serán su epílogo, su vuelo hacia la cordillera de la escritura, allí donde se encuentran las encuadernadas hojas de papel donde pusimos ilusiones y afanes. Sin ustedes un libro es nada, nace y se seca sin que sea polinizado, en ese proceso que da la vida a un libro: los lectores.

Les espero con ilusión el sábado 18 de septiembre en la Feria del Libro de Madrid, de 7 a 9 de la tarde.

Les aseguro que cada firma será hecha con profundo respeto y cariño; y el libro a partir de ese día será otro; uno al que se añadirá cada nombre y cada afecto.

Gracias y les espero.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

13 septiembre 2021

 

«Y SI VOY A SANTIAGO, VOY A SANTIAGO PERO NO A ESPAÑA, QUE QUEDE CLARO» Rafael Dávila Álvarez

Son palabras de Su Santidad el Papa Francisco sobre su posible visita a Santiago de Compostela. Que tampoco. Porque de lo que dice se deduce que no va a Galicia, ni a la ciudad de nombre Santiago de Compostela, sino a su feudo, la Catedral, a la tumba del Apóstol y no más. Así lo entiendo, aunque sin entender el resto.

¿España?

¿Es esto lo que debe quedar claro? No sé.

La elegancia de un filósofo está en la sencillez para que todos le entendamos. La de un Papa en amar y enseñar a amar, de acuerdo con una única fórmula: a Dios y al prójimo como a ti mismo. Un Papa no debe utilizar la ironía para dejar una incógnita abierta y más si esta puede causar malestar. ¿Es infalible el Papa al tratar un tema de tanta sensibilidad para un pueblo como lo es su unidad y más en tiempos recios?

Viene a Santiago, pero no viene a España. Puede ser un milagro de Su Santidad, pero me llega el recuerdo de Pascal:

«Dios no hace milagros en la guía ordinaria de su Iglesia. Sería uno extraño si la infalibilidad estuviera en uno; pero estar en la multitud parece tan natural que la guía de Dios está oculta bajo la naturaleza, como en todas sus obras» (Pascal Pensamientos en obra de Gabriel Albiac). Lo que me lleva a pensar que la infalibilidad en este caso exige un sacrificio tan grande como el de mantenerse en silencio. El milagro es de la multitud que clama sin pastor que la conduzca.

Una vez que coges a Pascal no puedes dejarlo:

«Los milagros no son ya necesarios, a causa de que ya los tenemos. Pero cuando ya no se escucha a la tradición, cuando no se propone más que al Papa, cuando se le ha engañado y, habiendo excluido la verdadera fuente de la verdad, que es la tradición, y como a pesar de haber prevenido al Papa, que es su depositario, la verdad no tiene ya la libertad para aparecer, entonces los hombres no hablan ya de la verdad. La verdad debe hablar por sí misma a los hombres. Es lo que sucedió en el tiempo de Arrio».

Espero que las palabras del Papa no sean firmadas como infalibles; en este caso.

Recordaba Gabriel Albiac: «El gran Francesco Guicciardini lo formulaba en el siglo XVI con una perfección pasmosa: todas las cosas se derrumban un día, también los hombres, también los ciudades, las naciones, los mundos; lo duro es estar debajo cuando caen».

Me siento así; sin más. Estar debajo. Irremediablemente. Se cae el sustento de una civilización, de, casi podríamos decir, la civilización. Me (nos) pilla debajo.

«Mirad, que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres…» (San Pablo, Colosenses, 2-8).

«Muéstrenme la moneda para el impuesto. Y se la enseñaron. –¿De quién son esta imagen y esta inscripción? –les preguntó. –Del César

–respondieron. –Entonces denle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mateo 22: 19-21).

A pesar de estar debajo de los escombros espirituales de occidente aún es posible, casi seguro, que interpreto mal; también las palabras del Papa.

No ha querido decir lo que ha dicho. Ha sido sin querer queriendo.

«Sancte Socrates,ora pro nobis» (Erasmo de Rotterdam).

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

6 septiembre 2021

AFGANISTÁN (3): UN MORTAL VIDEOJUEGO Rafael Dávila Álvarez

La batalla de Alejandro en Issos, 1529, pintura al temple y al óleo sobre madera, 158,4 x 120,3 cm, Alte Pinakothek, München.

Ahora los chinos limitan el tiempo que los niños pueden jugar a los videojuegos porque piensan que es una droga que perjudica la concentración y el desarrollo de sus jóvenes. Prohibirán a los menores de 18 años jugar en línea durante más de tres horas a la semana y así luchar contra la adicción a las pantallas. ¿Será eso o lo otro? Eso está claro y lo otro es la invisible invasión ideológica que temen desde occidente.

Alejandro Magno galopa en su caballo Bucéfalo a través de los juegos en línea. Darío ve juegos peligrosos que presentan batalla, algo así como Gaugamela: «…pues lo que se jugaban en esta batalla no era, como en ocasiones anteriores, ni Celesiria, ni Fenicia ni Egipto, sino Asia entera, cuyos dueños iban a ser designados en aquel momento» (Flavio Arriano, Historia de Alejandro).

Alguien comparaba la guerra de guerrillas como el tábano que picó a Pegaso, el caballo de Belerofonte, y provocó su caída y final.

Todo está escrito. Solo es necesario interpretar.

Parece que la lección aprendida está en el tábano mitológico, el que Zeus utiliza contra la soberbia del poderoso.

Ante este mundo que vela por la vida y mata sin publicidad hay que dar la imagen de quitarse los tábanos sin dar batalla.

Empieza una nueva guerra. El mayor Ejército del mundo contrata a sus pilotos entre jóvenes que manejan en línea los mismos artilugios que conducen un misil o un avión. Les da lo mismo lo que sientan o piensen. En cualquier caso no padecen. Se les paga por ser eficaces, no por servir a su patria. Luego ya veremos.

Todo es cuestión de mover una palanca de mando (joystick) igual que la del videojuego y llevar el dron hasta el objetivo final. Nadie dispara, nadie ensangrienta su hoja de servicios, nadie es acusado, y los resultados crean incertidumbre entre los nuevos ejércitos de desuniformados que se mezclan y conforman batallones de mujeres y niños.

No hay mucho interés en occidente por defender nada intangible y los ejércitos se llenan de dirigentes burócratas, incluso uniformados, bien adiestrados, que no ven más allá de la rentabilidad de una carrera (¿militar?) a base de operaciones invisibles. Las derrotas también se hacen invisibles y se rentabilizan a base de desinformación. Caemos en el gran pecado del mundo: la desinformación como información.

Así asistimos a esta cosa nueva que no sé definir: ¿guerra? ¿contraguerra? ¿mitología?

Soy más partidario de lo que debería ser y no es.

Debería ser: «La muerte no es nada, pero vivir vencido y sin gloria es morir todos los días», parece que dijo Napoleón. Está más claro en el Credo de la Legión: «El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde».

No veo por ningún sitio el honor, el valor, la gloria y el espíritu de sufrimiento y dureza. Veo mucho paisano con el joystick en las manos.

Los chinos educan, en cualquier cosa, pero educan (en instrucción militar práctica sin duda), mientras nosotros vamos a lomos de un Pegaso desbocado esperando a que el tábano nos pique en semejante parte.

No será un videojuego. Nos toparemos con la cruda realidad.

Se irá olvidando Afganistán. No lo olvidará la venganza.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

5 septiembre 2021

AFGANISTÁN (2) LA CAÍDA DEL IMPERIO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

«Andaban los tiempos recios» (V 33, 5) dice Santa Teresa, que en ella es hablar de lo relevante y no de la vulgaridad con la que nos acosan (y no es delito). Inefable: misterio. Todo lo grande está rodeado de lo incomprensible. El vulgo por tanto se aburre de pensar porque pensar «pa na» no merece la pena. Es la crisis mayor del avance tecnológico acompañado de la pereza intelectual. Que sean otros los que piensen y decidan por mí. Al ser humano siempre le apasionó ser mandado y hasta goza con el servilismo.

Las tropas cobran, y hacen bien, como se hacía en Flandes. La diferencia la marca la fe y el Señor: «que buen vasallo…» que la fe se ha perdido; que bajo el sol no hay quien devuelva la mirada caliente, que no hay señores a los que merezca la pena; que hay mucho servilismo.

Cualquier sacrificio es inútil y sin embargo quedan sacrificados que aun viendo este desierto de ideales y de ideas dan su vida por aquellos que no saben o no pueden defenderse.

Siento la necesidad de decir algo, ahora, cuando no sé qué decir ante la abundancia de palabras que nada dicen.

Está la guerra entre nosotros y no es cosa de hacer de la nación un inmenso campamento. Vamos camino de una derrota sin precedentes.

Dice Villamartín (Nociones del Arte militar) que «no es más fuerte la nación que más presupuesto de guerra consume, que más soldados cuenta en la paz, sino la que sabe levantar a poca costa, sobre una base permanente bien constituida, ejércitos formidables el día del peligro».

Ese día ha llegado. El ejército poderoso ha sido derrotado. La culpa no ha sido suya, sino de quienes la sostienen con premisas hundidas en las arenas del vacío moral.

Los ejércitos formidables se constituyeron sin moral, sin prestigio ante la sociedad a la que sirven, sin razones que los empujen más allá de sus fronteras, sin cultura de algo tan viejo y fundamental como qué son y para qué sirven sus hombres de armas.

No.

No han sido derrotados los ejércitos, ni siquiera el más formidable y mejor armado del mundo. Ha sido derrotada la moral que hace dar la vida por un ideal. Ni se piensa ni se siente. Es el desierto moral de occidente.

No son razones de índole material las que llevan al sacrificio. Estar convencidos de que se lucha por una causa justa ha sido históricamente para los soldados su asidero moral más firme ante la brutalidad de la guerra. El honor y la honra siempre han sido sentimientos que han acompañado a las unidades moviéndolas hasta límites insospechados. Cuando no se lucha con convicciones morales, cuando cada uno va a lo suyo y no hay una referencia a seguir, un ejemplo a imitar y una disciplina moral que cumplir, solo se lucha por salvar la vida y ese es el momento a partir del cual se empieza a perder la moral, el combate y la vida. Camaradería y fraternidad, disciplina, instrucción, adiestramiento, pero sobre todo mando, acción de mando. Concebir, decidir, preparar y dirigir. Decidir: exclusiva responsabilidad del mando. Sus consecuencias también.

Así termina Villamartín su capítulo dedicado a los ejércitos permanentes diciendo:

«¡Desgraciado país aquel que hace odiosa la carrera de las armas, aquel que alquila los ejércitos en los días de peligro, aquel que los degrada nutriendo sus filas de hombres sin virtudes ni patriotismo, aquel que con su menosprecio mata el honor militar y ahoga las nobles ambiciones! Repasad la caída de todos los grandes Imperios y veréis que el primer síntoma de ella ha sido la desorganización moral de las tropas, el rompimiento del lazo que debe unir al ejército y al país, el desprecio o el odio del ciudadano al soldado».

Son tiempos recios cuando se huye y no se defiende, cuando los ejércitos sirven para cerrar la comitiva que no se bate ni en la retirada, cuando aceptas la derrota y te matan sin plantar cara. Cuando abandonas el fusil porque la sociedad demanda unas flores. Para las tumbas de los que mantuvieron el honor que otros mancillaron.

Andan los tiempos recios y en mi opinión sin remedio.

<<Descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tú también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida>> (Borges).

Termino con ese recuerdo terrible de Mozart. Quizá dicho con música penetre mejor en las nebulosas de los que todos los que creen ser el poder: <<Si el emperador me quiere, que me pague, pues sólo el honor de estar con él no me alcanza>>.

El Imperio a punto. Los tiempos cambian; para el honor y la honra también.

Es la caída del Imperio. Mientras con ello, abatidos los soldados, los que creían que el honor y el valor era su oficio, el mejor del mundo, nada ni nadie queda para defender todo aquello por lo que dispuestos a morir estamos; y dudo de lo que venga. Vaya por ellos nuestra oración.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

3 septiembre 2021

AFGANISTÁN (1) AL ABANDONAR LA POSICIÓN General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

A mí esto de Afganistán me recuerda mucho a Annual cien años ha. Con matices como no puede ser de otra manera.

Claro que aquello fue una cosa local y ni la nación España lo recuerda o no quiere recordarlo, aunque algo dicen que preparan para octubre en Melilla. Estaremos pendientes.

Como de Afganistán, dónde nadie sabe cómo ha sido ni quién ha sido. Decir los talibanes es no decir nada.

Ahora tras la humillante derrota, entre las ruinas de la tragedia, se buscan héroes que levanten la moral de los derrotados, que somos todos.

De donde venimos ni a donde vamos. No hay respuesta.

¡Qué bien lo hemos hecho! Se atreven a decir las retaguardias que acuden con meliflua sonrisa a recibir a aquellos que no saben por qué fueron ni por qué se vienen deprisa y con vergüenza. ¿Qué hemos hecho mal?

Desde su hogar la rabia corroe sus pensamientos sin entender nada de lo que sucede. Sin explicaciones recogió su fusil, una munición ya inservible, sus cuatro cosas que le señalaban como soldado, hasta que dejó de serlo según su código de honor: nunca abandonar a un hombre en el campo hasta perecer todos. Mañana tendrá que acudir a la burocracia cuartelera a emitir informes y experiencias que de nada valdrán, pero rellenarán los vacíos cascos del despacho.

Hay que tapar la cobardía de los que emiten órdenes muy elaboradas y con todos los riesgos calculados. Ellos los conocen y ocultan. Siempre me llamó la atención que cuando comenzaban unas maniobras con los anglosajones, de sus aviones siempre descargaban unos féretros calculados estadísticamente, en un frío cálculo, para las posibles muertes en los ejercicios. No fallaba la cruel estadística, Quiero decir que la inteligencia (debe ser artificial) da mucho de sí en estos conflictos y nada se deja al azar. La cobardía no puntúa ni se deja ver en las arengas.

¿Qué decir ahora del valor y del honor? Silencio memorable. Los cobardes han callado y han puesto en grave riesgo las vidas de los valientes. Han muerto y ellos, cobardes, viven mejor y a salvo. Solo han dado una orden: abandonar la posición. Queda vendida la vida, el honor y el valor. Calderilla de tropa.

Estados Unidos de América dijo: me voy. ¿Nadie se dio cuenta? El resto dijo: ¿Qué hacer? Confusión. Que fea es la frase y peor la actitud: maricón el último.

Ni héroes ni villanos. Un caos de responsabilidades, unas órdenes inciertas y malvadas. Han dejado a las tropas en un cobarde abandono. No hay otra. ¿Quién dará cuenta de las muertes? El deshonor no se tapa con dinero ni con arengas al sentimiento de los inocentes. Los que mueven los hilos de Biden —dudo que él sepa nada— sabrán qué delito han cometido.

¿En ningún momento el CNI ha sabido algo? No pagamos este servicio para que nunca responda nada ni ante nadie.

Ahora se buscan héroes mientras asistimos al espectáculo de la ¿repatriación? Esa palabra no es aplicable a un soldado. Él sabe cuál.

El espectáculo de Torrejón es equivalente al bochorno de Kabul. En ambas partes se evitan en lo posible los uniformes. Está a la vista.

Todos los gobiernos quieren pasar página y borrar las imágenes lo antes posible. Pero saben que esto solo ha sido el comienzo. Habrá mucha muerte.

Europa se queda cada día más sola y desamparada. La OTAN avergüenza. Sin mando, sin acción ni reacción, juega a justificar su elevado presupuesto en la frontera con Rusia. ¿A qué jugamos?

Más nos vale estar preparados.

La debilidad se paga y cuesta vidas y hacienda. El próximo empujón puede ser fatal, hasta que lleve a quién menos se espera a bañarse en las costas atlánticas mientras la OTAN le pone la sombrilla y le sirve Coca Cola con hielo y limón.

La puerta está abierta y los soldados en retirada. Los héroes ahora los buscan en el ciberespacio y en la inteligencia. Por eso no nos hemos enterado de nada.

«¡Non fuyáis, gente cobarde, gente cautiva, atended que no por culpa mía, sino de mi caballo, estoy aquí tendido!».

Dice la Inteligencia que aún estamos a tiempo. Puede que la culpa sea del caballo y nos quede el recurso de siempre: echar la culpa al otro.

Sin duda que aquí alguien sobra y no es el ministerio de Defensa.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

2 septiembre 2021

TERRORISTAS Y TALIBANES Rafael Dávila Álvarez

Sé que este artículo, como tantos sobre el tema escritos en este blog, pasará desapercibido; incluso en esos lugares donde se supone debería asumirse. Es todo muy extraño y aquí el sufrimiento después de haber sido asesinados tantos y tantos se lleva en la más absoluta de las soledades y olvidado por la sociedad. Casi todas las víctimas sufren este abandono.

En España, con tristeza y dolor, el término víctimas es muy amplio y las hay con orígenes distintos, según datos oficiales, aunque en mi creencia está en que toda la violencia en España tiene un único origen, conocido y harto denunciado; pero como el que predica en el desierto.

Que en una nación europea, democrática, con más historia que cualquier otra, pionera en hablar de Derechos Humanos, y de tantas cosas reivindicativa, la primera, podamos decir que se homenajea a los asesinos llamados terroristas es al menos algo inaudito.

Terroristas por allí, terroristas por allá, cuando la mayoría de los anunciadores y sabios del terrorismo nada saben:

1.- Dominación por el terror.

2.-Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.

3.-Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.

Pueden elegir cualquiera de las acepciones del Diccionario de la RAE. Acertarán.

Especialmente cuando vemos que una vez conseguidos los fines políticos de los que habla se convierten en hombres de paz y se sientan en las Instituciones.

Hoy este artículo no va dirigido a esos asesinos de la ETA por mucho que ahora sean hombres ilustres y de paz. En España eso es un insulto para los hombres ilustres y de paz. Estas indignadas palabras van contra esos (podría decir que son todos) los que han permitido la proclama más vergonzosa que Europa admite: España clama contra el terrorismo cuando admite a los terroristas y los define como hombres de paz (a alguno de sus dirigentes) y les ofrece mesa y mantel en la vergonzosa tarta política del conchabeo que se traen entre unos y otros.

Miran a Afganistán y temen a los talibanes por sus posibles consecuencias en Europa, y eso ocurre cuando olvidamos las cerca de 1000 víctimas, asesinatos de la ETA, que hemos admitido legalizando sus ideas y sus proclamas asesinas. ¿Era por el bien de España, de Europa, del mundo civilizado?

Aquellos tiempos olvidados. También el Ejército español tuvo que desplegar en la frontera con Francia porque se temía que etarras organizados y armados ocupasen una localidad española y allí izasen la bandera del terrorismo e independencia. Lo contaré en mi próximo libro.

No sé si a este paso veremos a los talibanes sentados en el Capitolio y amparados por Naciones Unidas.

Si hay dudas pregunten en España. Aquí sabemos mucho de eso, hasta en el más alto tribunal.

Si usted quiere un homenaje hágase terrorista. No le faltará de nada.

Alguno debería meditar antes de pronunciar la palabra terrorista. O la de talibán.

Rafal Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

1 septiembre 2021

 

 

 

 

DON PIJOTE Y SANCHO CHANCLAS Rafael Dávila Álvarez

Don Pijote no era rico, pero al menos alto, hidalgo de cuna, tanto que casi no cabía en sí. Sancho, que luego surgió lo de Chanclas, no era pobre, pero al menos de poca comida desde su nacimiento. Eso les hacía, siendo iguales, distintos, como el caballo y el burro, de cuadra y pesebre. Distintos por dentro, esa diferencia que se nota en cosas, no todas, ya que la gordura o la finura no distinguen ni siempre significan, ni dignifica comer más o menos, ni de más o de menos. Quizá sea cuestión de comer mejor o peor.

Sancho Chanclas quería mandar porque le había oído a D. Pijote «que es bueno mandar, aunque sea a un hato de ganado». Así él llegó al paraíso donde la luz y la gasolina eran gratis, y te seguía una cohorte de pelotas sin futuro. Todo era divino, pero aburrido porque ocurre que la luz nunca encontró a la oscuridad ni el agua al alcohol; el día nunca recibió en sus salones a la noche y la caverna no escuchó los gritos de la taberna. No había redes porque los peces y las aves no conocían más allá de su momento y nunca sabían si era ayer o mañana, solo entonces.

Un día de esos de ensoñación, el Sol amenazante y la noche como siempre, Sancho Chanclas tuvo una iluminación y llegó a decir: «Lo elegíaco, lo ceremonial, no rigen para los inmortales» lo que a don Pijote hizo sudar por tener que entregarse al pensamiento. Uno llevaba ese día un lacoste, el del cocodrilo, y el otro una camiseta blanca de tirantes y entre sí había envidia por querer ser y usar lo contrario.

Cambió el mundo en esos arrebatos de temporada, por el cambio climático, y llegaron olas desconocidas y murieron los dinosaurios —otros aparecieron— y Madrid hubo que ocuparla por la Moncloa y Guadalajara; en el Jarama no había puentes para cruzarlo y fue un lugar de veraneo a la italiana. Ese Madrid que nunca está en lucha, pero contra él todos.

A D. Pijote le gustaba repetir «y, y…», que no dejaba de añadir «y», porque así tomaba aire, que no tenía más oxígeno que el de un cerebro necrosado de tomar tanto el sol en las alturas, más de los tres mil metros de altitud, y con la bacinilla puesta que no le cubría apenas. Además como saltaba para encestar subía aún más.  Sancho era distinto, siendo el mismo, porque era bajito y se cubría con sombrero de paja que compartía con su burro, que no subía más de cien metros, con lo que nunca pudo llegar a nada. Además Chanclas se ponía muy nervioso porque él andaba despacio y Pijote hablaba sin hablar porque hablaba para él y se escuchaba él. Así que no había manera de subir ni bajar que solo subía Pijote; y Sancho nada. Nada, de nada se enteraba. Nada decía una y otra vez. Otra vez nada; repetía.

Como D. Pijote era de familia de siempre, muy amplia y mundial, de partido con muchos hijos repartidos por los mundos, por las rusias y las alemanias, las de agosto del día 23 de 1939 de no agresión, decía, a Sancho —que este nunca escuchaba más de un minuto seguido, y hacía bien—, que él castigaba con obras no con palabras, pues no era suficiente al desdichado la pena del suplicio y había que añadir las malas razones. Perdonar nunca y siempre escribir, los que saben, la historia, para que sea tan alta como nuestras miras, porque el patio de nuestra casa no es particular y cuando llueve no se moja como los demás. Para eso hay que estar siempre en vigilancia y que nadie se cuele, que enseguida se nota porque huele a los ajos que come, y a cebolla, con ribera del Duero; también a solomillos veganos. La morcilla ya dijo D. Ángel que se repite; como la guerra.

La justicia del Pijote era él, aguantarle a él, su altura (de miras) y cambiarle el colchón porque le olían los pieses cuando jugaba al baloncesto.

Tenía un espejito en un lugar escondido y oculto llamado Moncloa, con un bosque repleto de lobos y manadas de hienas, y todas las mañanas consultaba con el espejito, pero Chanclas desde que supo que se llamaba así, que fue de siempre, le decía que Gilgamesh también buscó la inmortalidad y nada. Que le habían hablado de un tal Borges que tampoco, y que a Sócrates no le gustaba preguntar a otros, sino que se preguntaba y respondía él solo. Así que Pijote no escuchaba. Solo miraba al espejo. «Existe un rio cuyas aguas dan la inmortalidad; en alguna región habrá otro río cuyas aguas la borren», dijo un día Sancho, que lo traía escrito de un amigo que se lo regaló. Pijote dijo: Eso no va con nosotros, somos el río primero, somos socios, y una cuerda nos une a unos y a otros hasta el fin que para nosotros nunca será.

Chanclas estuvo a punto de apuntarse a ese grupo o partido, que no sabía que era eterno, pero pensó en su burro que no era caballo, y decidió echar los papeles para notaría o fiscalía, así podría vivir eternamente mientras aprobaba que sería nunca jamás. Le esperaba el ejecutivo que sonaba muy bien, aunque mejor sonoridad tenía el judicial para presumir en su pueblo ante el juez de paz que se las traía tiesas con él.

Esto que les cuento sucedió con Homero, que fue una odisea que vino después de una Ilíada o liada, que no se sabe muy bien la que se armó allí en Troya por una mujer que debía ser muy guapa ¿o fueron varias?

Que mejor dejarlo porque las flechas volaban y hasta el Escamandro un día se salió de su sitio y aquello aún se recuerda. Ulises era muy listo y relata lo de don Pijote, pero el que más aprendió fue Calzas ya que fue inmortal, del que uno se acuerda. Don Pijote murió de un ataque de pijo cuando alcanzó el palacio y se lo encontró lleno de esos lobos, hienas y cuervos y empezó a subir la luz, y el gas, y el agua, y el vino, y la gasolina, y las hamburguesas de tréboles y sobre todo cuando a una manifestación de vacas que querían ser comidas le sucedíó otra de toros que querían embestir; y se dejó.

Todo fue y nada quedó; excepto Sancho Chanclas que sigue cada mañana madrugadora en un tren que nunca llega, y será eterno porque ni sabe de dónde viene ni a donde va. Se pregunta, ¿y qué más da si cuando llegue ya se habrá acabado todo y tendré que empezar de nuevo?

Pijote hace tiempo que dejó de interesar porque no sabe otra cosa que mirarse al espejo y creer que él son todos; y a todos, nadie se lo ha explicado, lo que les importa es lo del tren, que llegue pronto y la espera sea entretenida mientras lee eso de Homero, o de Diógenes.

Desnudos vinieron los dos, uno se prendó del mundo y el otro lo aborreció. Los dos querían ser inmortales, pero el tren, dicen de la vida, se los llevará a los dos.

Ninguno dijo nada para la posteridad ni nada buscaba Chanclas dejar en el monumento que se alza a la vulgaridad que está lleno y esparcido por las calles y museos.

¡Vaya usted a saber! ¡Velay!, y no me hagan mucho caso. Es el final de agosto y ya se sabe lo que viene después.

Rafael Dávila Álvarez

31 de agosto 2021

Blog: generaldavila.com

 

 

 

 

SI VIS PACEM PARA BELLVM. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Escalera del Cañón. Academia General Militar. Zaragoza

¿Sigue inscrito en la escalera del cañón de la Academia General Militar? ¿Ha sido víctima de las bondades de aquel ministro —de Defensa de España— que decía «morir antes de matar», y ¡se lo decía a los soldados!

Voluntad de vencer: Es la única forma de ganar.

Nada nuevo para un soldado ya que es un principio fundamental del Arte de la Guerra que ni siquiera es necesario dejarlo escrito. Un acuerdo intelectual, la exaltación de cuantos valores morales animan y conducen al logro de la victoria, la fe en el triunfo.

El Arte de la Guerra se aplica cada día en la las empresas y negocios, en cada ocasión y en cada momento, con la selección de sus hombres y la adecuada instrucción y perfeccionamiento de sus intereses y valores. Para vencer: voluntad de vencer.

Es el principio y el primer pilar para la victoria. Parece una perogrullada, pero también lo es que la razón de ser de los ejércitos es la defensa militar, el combate, la guerra. Hay ocasiones en las que la perogrullada se convierte en paradoja. Por ejemplo cuando dejas de creer en lo que haces, cuando el enunciado se convierte en simple propuesta sujeta al turno cambiante de grupos o partidos, cuando no te reconoces y pones en duda tus principios o los escondes con meliflua actitud.

Hace un tiempo, estaba yo aún en activo, el Jefe del Estado Mayor del Ejército nos decía que estaban muy equivocados —me sentí aludido— quienes pensaban que el Ejército estaba para la guerra, que ahora la sociedad demandaba otra cosa. Me sentí consternado porque empecé a ver que era una tendencia, un dictado quizá no casual. Acabar con la voluntad de vencer.

Eran tiempos en los que parecía reeditarse aquel periódico Pero Grullo que dirigía El Bachiller Zapatilla en el siglo XIX, ¿o era en el siglo XXI?

Valor, virtud que engalana a la voluntad de vencer. Las acciones heroicas llevadas a cabo por nuestros soldados fueron ocultadas o minimizadas.

Dar la vida, si necesario fuera, pero hablar de muertos o heridos era tabú en un ministerio de defensa donde su temporero ocupante se adornaba para la galería con total desfachatez: morir antes que matar. Cualquier cosa antes de hablar de vocación militar, de épica y de riesgo.

De Nación, nada. Discutida y discutible.

No; no se nos olvida cuando los que aquello sembraron sacan pecho, engalanan sus vitrinas y llenan con sus libros los anaqueles… y los bolsillos.

España retirada, servir a España una agresión al buen gusto, morir por España… «Espero que en pocas semanas se acabe la vergonzosa inscripción que era y es aún una agresión al paisaje, al buen gusto y la libertad». Se acabó. Se borró del paisaje, « A España servir hasta morir». Nunca del corazón ni de la memoria. No podían con la voluntad de vencer.

Toda una época en la que la actividad ministerial se centraba en aparecer como ONG, con sus soldados bomberos o deportistas de aventura. Donde los héroes dejaron de existir y se regateaban condecoraciones. Una enfermedad contagiosa que infectó a los propios soldados en sus puestos más altos.

¿Pasó la enfermedad? Simplemente distintos intereses.

¿Voluntad de vencer? El soldado nunca la perdió.

Cuando los signos anunciaban una recuperación avistamos un negro horizonte de incertidumbre en el que la voluntad de vencer inclinará la balanza a uno u otro lado. Que cada uno se lo aplique y lo entienda como quiera. Será su derrota o su victoria.

Un infante es un conjunto de capacidades medias. Pero me atrevo a decirles que la tibieza no va ser en el futuro buena consejera. «Entre soldados solo miramos al que más avanza». Lo dijo un infante español: Cristóbal Mondragón.

«Para ganar hay que tener voluntad de vencer».

Los principios del Arte de la Guerra eran (?), la Voluntad de Vencer, la Libertad de Acción y la Capacidad de Ejecución. Desatender cualquiera de ellos puede conducir al fracaso. No son viejos postulados.

A veces, por la actitud y los hechos, me da la impresión de que algunos quieren perder, conducirnos al fracaso. Cada paso que avanzan dos retroceden. Faltos de voluntad ni convencen ni vencen.

La voluntad de vencer no es doctrina pasada, es el futuro. Y no solo en la milicia. Es la clave para no quedarnos anclados en el pasado… ¡que vuelve!

Una mañana de otoño
llegaron los ‘nuevos’ a la General
y toda la ‘alferecía’ con mucha alegría
se puso a cantar:
¡No subirán… subirán la escalera…
aunque Juren Bandera…
¡¡¡los novatos de la General!!!
“¡No hay, no hay, no hay…!”

¿Hay?

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

20 agosto 2021

LA DERROTA: KABUL CAPITAL DEL MUNDO General de División Rafael Dávila Álvarez

Hace más de cincuenta años Walter Krause escribió al dar las doce en Cabul, un viaje por las encrucijadas del Asia Central. Detenerse un momento para entender más allá es buena virtud. Dice que Kabul es, antes que nada, tiempo. ‹‹la prisa –dice un proverbio asiático- fue inventada por el diablo››. En Afganistán se les paró el tiempo a los ingleses. Por tres veces. No solo a ellos, pero ellos dejaron un cañón, botín de guerra que marca la hora de aquel mundo. Al mediodía, sin faltar uno solo, asciende desde la Puerta del León una humareda a la que le sigue un fuerte trueno que despierta de su letargo a la ciudad. Se conoce como el top-i-shast o disparo del mediodía. Es el nombre del tiempo cabulí. Distinto al del resto del mundo. Nos lo cuenta Walter Krause. No ha variado un ápice la moraleja de la historia. A diario el gran mullah se sienta delante de un reloj de arena esperando que la sombra se acerque a las doce. Es el momento en el que levanta la mano y la deja caer rápidamente. Un mullah subalterno empieza a dar vueltas a la manivela de un viejo teléfono de hilos por donde emite su señal hasta la montaña Puerta del León. Allí un funcionario descuelga el teléfono y transmite el aviso a dos soldados que con la mecha encendida en la mano dan fuego al fogón de uno de los dos obuses. Si hay suerte el disparo se produce, aunque es frecuente tener que recurrir al segundo de los obuses. Cuando el cañón dispara ‹‹son las doce en punto››. Y ese es el que vale y no otro.

Si el cañón no funciona o llueve y el reloj de sol no funciona, la torre del reloj es una buena referencia. Y en último caso el mullah contaba con relojes magníficos de la época victoriana con la hora correspondiente de Greenwich. Es otro tiempo el que allí cuenta.

Los cañones son fruto de la captura a los ingleses en la batalla de Maiwand (1880). En Afganistán los relojes dan las horas de otra manera. A veces incluso se paran y empiezan a correr hacia atrás.

Es necesario que empecemos a entender estas cosas y otras muchas para que comprendamos por qué la muerte se extiende por todos los rincones y en tiempos distintos.

No sé si convendría retirarse a los cuarteles de invierno y meditar. La cruda realidad se impone y lo importante es acabar con el terror que nos acompaña. En Kabul o en Londres.

Allí manda alguien que no existe, sin redes, sin organización. No se conocen entre ellos, no asisten a reuniones, no forman grupos. ¿Sabe, quién debe saberlo, a qué y a quienes nos enfrentamos? Empezamos a tener la sensación de que nos han robado el cañón y la hora; el tiempo lo marcan ellos. Desde un viejo reloj de arena; o si llueve y les ocultamos el sol tiran de un buen rolex, pero la hora la marcan ellos. Nos han robado algo más que el tiempo.

Sin duda hay que reducir la tolerancia de la sociedad con el extremismo, endurecer y endurecerse ante el riesgo. En Kabul o en Londres.

‹‹Extiende el cojín de la paciencia sobre la alfombra de la esperanza››, dicen los afganos. Pero esa tranquilidad se gana cuando no cierras los ojos a lo que te rodea y eres valiente.

También dicen que la mansedumbre hay veces que no es una virtud sino un defecto.

Estamos cometiendo un gran error que nos lleva a ser esclavos del miedo. Empezando por los gobiernos tibios y cobardones.

No hemos entendido nada y la invasión ahora se invierte —lleva tiempo, el que para ellos no existe— y tarde o temprano lo viviremos con nefastas consecuencias. Internacionalmente no hay política internacional y esa es la causa de muchos de nuestros males que suelen acabar en sangre, sudor y lágrimas. Pronto nos llegará el sunami.

La conquista de Kabul es la de París, Londres o Berlín. Incluso la de Washington con Capitolio incluido.

Abandonar la posición tiene consecuencias. Has abandonado a tus hombres y no has cumplido con tu deber.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

17 agosto 2021