¿A QUIÉN VOTAR? Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Termina la Semana Santa.

De nuevo ante la realidad: una España dividida, enfrentada y sin entusiasmo. Aburrida.

Nos espera una larga y tediosa semana de promesas -nunca se cumplirán- y de maniobras  tramposas para lograr la victoria. Lograda, el resto les da igual.

Derecha, izquierda, centro; como formaciones dispuestas para el combate. Todo politizado, todo deshumanizado, arrastrado por los caballos de tiro.

¿A quién vas a votar? ¡Han sido tantos los engaños, las frustraciones, las traiciones! Surge la duda ante un pasado para olvidar y sus consecuencias: la dispersión y la duda; en todo y en todos.

Estamos ante un momento decisivo. Nos jugamos el patrimonio de esta gran nación. No hay mayor patrimonio que la unidad en convivencia y progreso; algo que parece que nos está vetado.

Todo lo inunda la política y eso significa despedazar la pieza a dentelladas, hacerla jirones.

Se va difuminando la imagen de España. Burdos titulares la convierten en un sucedáneo, la historia reducida a historias, cada uno tirando de un lado, en contrarias direcciones; la inteligencia cedida a los ídolos de barro, que piensan por uno y  por “hunos y hotros”.

Hay mucho en juego: educación, trabajo, sanidad, creencias, convivencia, solidaridad, defensa, seguridad; hasta la forma del Estado, la monarquía. Sobre todo está en juego la unidad de España.

De derechas, de izquierdas, de centro. ¿Todo se reduce a eso? Lo único que ha logrado la política de estos momentos es enredarlo todo, enfrentarnos y vivir en la duda y el desengaño.

Menos política y más pensar. Que no piensen otros por ti. No te dejes pensar.

Tuvo que haber un gran acuerdo por España. Porque España está necesitada de ello. Para derrotar al independentismo, para expulsar cualquier vestigio de los terroristas, para respetar la historia y la grandeza de esta gran nación, para sumar esfuerzos e ilusiones. Y no hubo nada más que enfrentamientos, luchas y rencores. Se avivó la llama del odio y volvimos al dolor de antaño, a mirar hacia atrás en busca del odio que dejamos. El (los) culpable (s) tiene (n) nombre y apellidos.

¿A quién votar? Lo tengo muy claro. Sencilla adivinanza: “Blanco es, la gallina lo pone, con aceite se fríe, con pan se come, y a la basura se tiran los cascarones”.

¿El huevo? No se fíen. Nada es lo que parece.

Lo tengo muy claro. Por sus obras los conoceréis.

En estas elecciones no hay más obra que España, su unidad, que es el bienestar de los españoles. Ese debería haber sido el pacto del que el señor Sánchez ha huido para abrazarse a independentistas y filoterroristas.

¿A quién votar? Blanco es, la gallina lo pone…

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

22 abril 2019