LA TUMBA DE FRANCO, CON PERDÓN General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Pedro Sánchez (miembro de la Joven Guardia de Zapatero, herederos, los dos, de Largo Caballero, del que tenemos que aguantar aún su repugnante recuerdo en escultura madrileña, largos-largos y maldito lo que valgo, poca cabeza para tanta maldad) ha hecho más franquistas estos días que Nicolás Franco que hizo a su hermano Jefe del Estado a última hora y por teléfono.

A este sujeto, que no hay quien lo sujete, lo va a descabalgar de su caballo (léase Falcón/helicóptero de los Ejércitos de España), Francisco Franco Bahamonde, que fue Jefe del Estado español y Generalísimo de los Ejércitos y para el que no lo recuerde murió en 1975. Porque la gente en España, los españoles, tienen muy arraigado eso de los muertos y si hoy es uno, ¿quién te dice a ti que mañana no será otro?

No sé si en Moncloa hay un antropólogo de guardia. Debería. Quizá Tezanos además de CIScar lo que toca, sabe de eso. Desde luego es necesario y muy práctico. Los americanos introdujeron en las plantillas de sus batallones expedicionarios a un antropólogo después de su mala experiencia en Vietnam donde su desconocimiento y soberbia les llevó a instalarse en más de una ocasión en terreno sagrado para los nativos. Lo pagaron caro.

Todo te perdono menos que me toques a los muertos. Cuidado con las cosas sagradas; los muertos lo son.

Aún no entiendo a la Iglesia que permite jugar con los muertos a capricho y entrar en un templo, lugar de culto («Mi casa será llamada casa de oración; pero la están convirtiendo en cueva de ladrones») a levantar una fosa y llevarse sus restos con la oposición de la familia y de millones de españoles. Y no para olvidar, como intentan engañarnos, sino para renacer: el odio y el enfrentamiento. Claro que España ha dejado de ser Católica.

¡Cuidado con estas cosas que las carga el diablo! Pedro Botero atiza la caldera, desde Moncloa -¿y desde la abadía de Monserrat?- la noche del aquelarre. Se puede hacer una lista de los asistentes. Ustedes no me creerían si les doy los nombres, pero su sagacidad…, así que lo dejo a su inteligencia, sin que olviden que los de la omisión también echan leña al fuego, léase caldera de Botero.

<<No se ha marchao que lo hemos echao>>. ¿Lo recuerdan? Decían cuando Alfonso XIII abandonaba España. ¿Qué gritarán ahora? ¿Hemos ganao, hemos ganao, el equipo colorao?

No puedo evitar el recuerdo y por tanto la comparación:

 <<Las Cortes Constituyentes declaran culpable de alta traición, como fórmula jurídica que resume todos los delitos del acta acusatoria, al que fue rey de España, quien, ejercitando los Poderes de su Magistratura contra la Constitución del Estado, ha cometido la más criminal violación del orden jurídico del país; en su consecuencia, el Tribunal soberano de la nación declara solemnemente fuera de la ley a don Alfonso de Borbón Habsburgo-Lorena; privado de la paz pública, cualquier ciudadano español podrá aprehender su persona si penetrase en territorio nacional. Don Alfonso de Borbón será degradado de todas las dignidades, honores y títulos, que no podrá ostentar ni dentro ni fuera de España, de los cuales el pueblo español, por boca de su representación legal para votar las nuevas normas del Estado, le declara decaído, sin que se pueda reivindicarlos jamás, ni para él, ni para sus sucesores. De todos los bienes, acciones y derechos de su propiedad que se encuentren en territorio nacional, se incautará en su beneficio el Estado, que dispondrá del uso más conveniente que deba darles. Esta sentencia, que aprueban las Cortes Soberanas Constituyentes, después de sancionada por el Gobierno Provisional de la República, será impresa y fijada en todos los Ayuntamientos de España y comunicada a los representantes diplomáticos de todos los países, así como a la Sociedad de Naciones>>.

El Rey de España convertido en un peligroso delincuente. Esto ha pasado aquí. No hace mucho tiempo. Fue necesaria una única ley. La de Defensa de la República. Aquí vamos camino de ello con la de la Memoria Histórica. Aquella fue suficiente para acabar con las libertades, de prensa, de reunión, religiosa. Está por ver lo que nos trae la nueva.

Ya lo estamos viviendo.

Alrededor del inconsciente, Pedro Sánchez, otros deshojan la margarita. Les ha entrado miedo. Al ver que Franco aún cabalga.

¿Cuándo levantamos la lápida? ¿Antes o después? ¡Nos va a costar las elecciones!

Dicen los asesores y atizadores de la caldera que pululan por Moncloa como los enanos en la corte de Felipe IV.

Y siguen diciendo: Esperad un poco que los españoles son capaces de cualquier cosa, incluso de enterrarnos a nosotros (Léase políticamente hablando). ¿Y si abrimos la fosa y allí no hay nada? Consultad el oráculo. Yo conozco a Rappel. No juguéis con estas cosas…

Tienen miedo, mucho miedo. Entre los comentaristas del miedo uno se atreve a exclamar: ¡Azaña calculó mal! (Claro que ahora se trata de Largo Caballero). No me fío; y continúa: Todavía me llegan los gritos: ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco! ¿¡Y si esto nos cuesta las elecciones… y más!?

Alicante 25 de enero de 1936. Francisco Largo Caballero, líder del PSOE, no deja alternativa: <<Si triunfan las derechas no habrá más remisión; tendremos que ir a la guerra civil declarada. No se hagan ilusiones las derechas, ni digan que esto son amenazas: son advertencias. Ya saben que nosotros no decimos las cosas por decirlas; lo decimos porque llevamos dentro del corazón y del cerebro el propósito de hacerlo>>.

No, no dicen las cosas por decirlas. Ya estábamos avisados:

<<Pues a ellos que estaban ansiosos

por traspasar la fosa,

sobrevino un agüero:

un águila de altísimo vuelo

que iba dejando aparte, hacia la izquierda,

a las huestes troyanas

y llevaba apresada entre sus uñas

una roja serpiente color sangre,

enorme, viva, aún jadeante,

que, además, todavía de la lucha,

no se había olvidado;

pues hacia atrás habiéndose doblado,

picó al águila misma

que la iba llevando entre sus garras,

en pleno pecho, al lado del cuello,

y el águila transida de dolores,

lejos de sí dejóla caer a tierra

y arrojóla en medio de la turba,

mientras ella, en chillidos prorrumpiendo,

con los soplos del viento iba volando>>.

(La Ilíada. Canto XII)

Dice la turba: <<La suerte del pueblo español no se decidirá en las urnas sino en la calle. La calle es lo vivo y lo palpitante. Conviene deshacer el error de atribuir a estos episodios pasajeros de la política turnante un valor transcendental y determinativo>>.

Si hay que tener memoria tengámosla todos. Algunos cuando acusan y señalan con el dedo inquisidor deberían hacerlo ante un espejo.

No es bueno jugar con los muertos. La venganza con los muertos es la peor de las vanidades. No me extraña que se caiga El Cristo Crucificado de Tiziano de El Escorial; y los pilares de la moral.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

7 octubre 2019

Blog: generaldavila.com

 

UNA REFLEXIÓN REPUBLICANA PARA EL DÍA DE REFLEXIÓN General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

14 Abril 1931. El Rey se marcha, abandona el ejercicio de sus funciones para evitar un supuesto y posiblemente no seguro derramamiento de sangre.

No había razón alguna; nadie había puesto en las urnas la forma política del Estado. Solo eran unas elecciones municipales que el Rey ni perdía ni ganaba; él no jugaba. No había triunfado ni perdido en las urnas. No se le había preguntado nada a la República ni a la Monarquía; a nadie le habían preguntado por ellas. Nunca se sometió a referéndum la forma política del Estado. Conviene tenerlo muy en cuenta. Eran solo unas elecciones municipales. Un 12 de abril de 1931.

Dos días después, el 14 de abril, Alfonso XIII, el Rey soldado, se quedó solo. Alguien le dijo que los españoles habían dicho, pero nunca dijeron nada porque nadie les había preguntado.

¿Dónde están mis leales?

El general de Brigada Francisco Franco Bahamonde, Director de la Academia General Militar había propuesto que esta se ubicase en El Escorial: <<Si hubiésemos estado en El Escorial acaso habrían podido cambiar algunas cosas. A mí me hubiese sido fácil presentarme el 12 o el 14 de abril de 1931 en Madrid, al frente de los cadetes, e influir, quizá, sobre las circunstancias que determinaron la expatriación de Alfonso XIII>> (Franco. Manuel Aznar).

El 14 de abril el rey tiene que abandonar España. Se va solo, muy solo. ¿Políticos?, ninguno para dar la cara por él. ¿Monárquicos?, ¿los hubo alguna vez? ¿El pueblo?, ¡¿qué sabe el pueblo!?; lo que le digan y a donde le digan.

De repente: nada; no queda nada de la España monárquica, nadie que dé la cara por su rey. No hay monárquicos, no hay alfonsinos, no hay cadetes, no hay generales, no hay soldados. ¿Dónde está el pueblo?

Guerras, unas ganadas, alguna perdida, en España, en Europa, dictadura o dictablanda, tensiones civiles y militares; todo lo ha aguantado el rey o ha creído aguantarlo. Malos consejeros. Oídos sordos. Lo que ocurre es inesperado para la calle, pero admisible. Es inadmisible políticamente, pero todos lo admiten; esperan sacar partido de la nueva situación. Nadie discute. Los hechos se dan por buenos, aunque sean malos. La política de barrio, callejera, de tumulto,  acaba con la forma política del Estado. Todos a una Fuenteovejuna. ¡Viva la República!

Nada de monarquía, ¿o de Alfonso? Palabras. El Rey se va de España. Dice que no le quieren. La calle manda, esa calle que bien conoce el rey callejero.

Habían muerto muchos soldados. Demasiados y demasiado lejos. La lealtad perdida entre guerras de cañones o de moquetas, de presupuestos y favores, de medallas y concesiones. Demasiados sacrificios exigidos a los que a cambio no recibían más que el olvido de su patria, de los suyos, en guerras donde se hablaba de España, pero no se la sentía, donde se hablaba de patriotismo, pero no había patria, donde se sufría la lentitud de ver con qué rapidez llegaba la muerte; lejos, demasiado lejos y demasiado rápida. ¿Quiénes son los que ahora gritan en la calle? ¿Serán ellos?

Mientras se le acaba el tiempo el rey tiene aún lucidez para una breve meditación. Aquella dictadura. ¿Para qué? No era eso, no era eso. Esto no acabará aquí. Quién sabe lo que se avecina. El Rey se va. ¿Dónde vas Alfonso XIII? Ya no hay vuelta atrás. Que se las arreglen ellos.

Aquella primavera del año 1931 hablaron los generales. Muchos de ellos venían de presidir con sus entorchados alguna procesión de la reciente semana de pasión, la Semana Santa, Angustias y Esperanzas, bendiciones y aleluyas. Marcha Real, ¡Viva España! ¡Viva el Rey!, golpes de pecho mientras se agitan las medallas. De repente, de la noche a la mañana, se acuestan monárquicos y amanecen republicanos. ¡Viva la República!

Primo de Rivera ya es historia, Se había ido a morir, solo, a París, sin bandera que lo envolviese. ¡Estaba todo tan reciente!

La Guardia Civil se inhibe por orden de su Director, el general Sanjurjo. Recuerda sus cuentas pendientes con el que ya es solo don Alfonso. El Toisón de Oro que no le han dado, que si su mujer no es del gusto real, gentilhombres  de S.M. con acceso directo al despacho real, prebenda que él recuerda no poseer. Al final lo personal cuenta y cuenta mucho.

Sanjurjo es protagonista esos días abrileños de repúblicas. Le gusta ser importante. Lo es. África y alguna cosa más le han dado fama y honores que a veces no se corresponden. El ministro de Estado, Alejandro Lerroux,  le pide que asegure el orden. El general exige para él plenos poderes sobre el Ejército, las Fuerzas de Seguridad y la policía. Lo quiere todo y lo obtiene. Sobre un general, Sanjurjo, marqués del Rif, recae el peso de dar la bienvenida a la República, con orden y concierto. Es su protector inicial, el general que la República necesitaba; a pesar de Azaña y muy a su pesar: <<…accedió sin resistencia a prestar a la República, que reconoció, el primero e inestimable concurso de la guardia civil de la que era director general. Siguió al frente de ese instituto, pero muy pronto inicióse una antipatía que le hizo incompatible con Azaña, el cual no se cansaba de manifestar la molestia sentida ante la pretensión de que la República tuviese un patrono o protector y con entorchados>>.

El rey de España, la Casa de Borbón, con Alfonso el XIII, ¡vaya por Dios!, se va.

Desde el 12 de abril de 1931 la calle no deja de gritar. Por ahora solo eso: gritos.

Berenguer ministro de la Guerra rubrica el final de la escena. Escribe a los capitanes generales la noche del mismo día 12. Les da la orden definitiva: “…los destinos de la Patria siguieran el curso que les impone la voluntad nacional”. Está claro: no hay que contar con el Ejército, que nadie mueva un pelotón. Lo que diga Sanjurjo. Nada que hacer. Dejar correr la calle.

El Rey no tiene donde apoyarse. Dice que no quiere derramamiento de sangre. ¿Y si resiste? “Dios sabe lo que hubiese ocurrido si Su Majestad resiste; tal vez se hubiese salvado el trono”.

Pero es el final de la Monarquía: «Quiero apartarme de cuanto sea lanzar unos compatriotas contra otros en fratricida guerra civil… Suspendo deliberadamente el ejercicio del poder real y me aparto de España».

Se acabó el Reino de España, que ahora es la República española. Rumbo a Cartagena.

Dice el Rey: <<Cumplid siempre con vuestro deber, que yo no he de olvidar jamás el mío…>>. ¿Y si el Rey resiste? La pregunta hoy es más evidente. Ya sabemos la respuesta.

La guerra no vino como consecuencia de la marcha del Rey sino por los que en un ruin pacto traicionaron el curso de la historia y se amañaron a su gusto unas elecciones trayendo una República que no supieron encauzar ni dirigir. Ni la monarquía, ni la República eran culpables. Todos culpables: la incompetencia de unos dirigentes demasiado complacientes que con su escasa sabiduría gobernante se llevaron por delante la monarquía y detrás de ella la república.

Habrá que admitir la consabida frase: <<La República la trajeron los monárquicos y, después, la perdieron los republicanos>>.

Es solo una reflexión para el día de reflexión.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

27 abril 2019

AZAÑA Y SÁNCHEZ. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Ahora a resucitar a Azaña. Este presidente del Gobierno errático y banal le gusta acogerse a las  tapias de los cementerios y enredar entre los muertos. Sabemos lo que persigue, pero los españoles ya están al cabo de la calle y no son fáciles de engañar con los intencionados gestos de la agitación y la propaganda. Los que evocan el pasado para provocar de nuevo la figura repulsiva del violento enfrentamiento de las derechas y de las izquierdas poco favor le hacen a su nación. Pero si tenemos que recordar y analizar nada mejor que acudir a la historia de los acontecimientos. Hagámoslo con justicia y rigor, sin querer enfrentar sino conocer.

Distintos medios se han hecho eco estos días de la figura de Azaña  a raíz de la visita del señor Sánchez a su tumba en Montauban en el suroeste de Francia.

«Es tarde, muy tarde. España tendría que haberles pedido perdón mucho antes por la infamia». ¡Ay! Señor Sánchez. No es malo que usted no sepa; peor es que no sepan los que le rodean, o tanto ellos como usted estén rodeados de mala intención. Muchos perdones se han pedido, unos y otros, hasta que usted, y el que no quiero recordar, rompieron con ese espíritu de perdón y resucitaron los viejos fantasmas.

La viuda del señor Azaña tuvo su reconocimiento en ese periodo que usted ha olvidado llamado Transición y que ahora su señoría quiere cargarse para volver al enfrentamiento. Reconocimiento que hicieron los Reyes de España en nombre de todos. Se le entregó el Lazo de Isabel la Católica y se le asignó la pensión que como viuda de presidente de la República le correspondía.

No es este el sitio para historiar sobre Azaña. Puestos a recordar, lea señor Sánchez la infame declaración de la II República, a la que el señor Azaña inspiraba:

<<Las Cortes Constituyentes declaran culpable de alta traición, como fórmula jurídica que resume todos los delitos del acta acusatoria, al que fue rey de España, quien, ejercitando los Poderes de su Magistratura contra la Constitución del Estado, ha cometido la más criminal violación del orden jurídico del país; en su consecuencia, el Tribunal soberano de la nación declara solemnemente fuera de la ley a don Alfonso de Borbón Habsburgo-Lorena; privado de la paz pública, cualquier ciudadano español podrá aprehender su persona si penetrase en territorio nacional. Don Alfonso de Borbón será degradado de todas las dignidades, honores y títulos, que no podrá ostentar ni dentro ni fuera de España, de los cuales el pueblo español, por boca de su representación legal para votar las nuevas normas del Estado, le declara decaído, sin que se pueda reivindicarlos jamás, ni para él, ni para sus sucesores. De todos los bienes, acciones y derechos de su propiedad que se encuentren en territorio nacional, se incautará en su beneficio el Estado, que dispondrá del uso más conveniente que deba darles. Esta sentencia, que aprueban las Cortes Soberanas Constituyentes, después de sancionada por el Gobierno Provisional de la República, será impresa y fijada en todos los Ayuntamientos de España y comunicada a los representantes diplomáticos de todos los países, así como a la Sociedad de Naciones>>.

Suena mal. A odio. Mucho odio.

El señor Azaña fue un enigma sin resolver. Ni él mismo lo logró, pero estaba a años luz del fracasado alumno Sánchez.

El problema de España no es Azaña. El problema de España es lo que se empeñan en desunirla y enfrentarla como a diario hace este presidente en funciones.

En su Relazione di Espagna, el embajador de Florencia en la corte española Francesco Guicciardini (1512-1514) cuenta la entrevista que mantuvo con el Rey Católico Fernando de Aragón al que preguntó:

<<¿Cómo es posible que un pueblo tan belicoso como el español haya sido siempre conquistado, del todo o en parte, por galos, romanos, cartagineses, vándalos,  moros… ¿ A lo que el rey contestó: La nación es bastante apta para las armas, pero desordenada de suerte que solo puede hacer con ella grandes cosas el que sepa mantenerla unida>>.

Usted señor Sánchez nunca hará grandes cosas.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

SER ANTIMILITARISTA ES SER CONSTITUCIONALISTA. PERDIMOS EL BATALLÓN Y EL BARCO… Rafael Dávila Álvarez General de División (R.)

Soldados españoles en Irak

‹‹Dirigir una fuerza armada requiere enseñanzas previas. Cuando faltan cuadros de mando será ineludible improvisarlos. Pero no debe adoptarse la improvisación como método permanente y, sobre todo, no debe creerse que se ha logrado improvisar nada útil cubriendo los mandos con personas señaladas en la acción política, ignorantes de los rudimentos del oficio. Ellos mismos, cegados por su improvisación personal se niegan a aprender. Un acto revolucionario, una resolución oportuna y útil, no califican para mandar››. (Azaña. La Velada en Benicarló)

Dejándose la vida…

Nos estamos volviendo locos o hay muy mala intención en las palabras de este militante de Podemos que un día varios irresponsables lo elevaron a la categoría de Jefe del Estado Mayor de la Defensa. Responsabilidad también tuvieron los que no corrigieron su falta cuando siendo nada más y nada menos que miembro de la Reales y Militares Órdenes de San Fernando y San Hermenegildo hizo unas declaraciones políticas antes de haber pasado al retiro. Una falta que cometida por cualquier otro le hubiese costado su cese inmediato y la propuesta para ser dado de baja de la R. y M. Orden de San Hermenegildo y retirada la Gran Cruz de la Orden. En cualquier caso si esa fue su opción allá él y sus consecuencias. Pero lo que no es admisible es que venga a dar lecciones de milicia y comportamiento, aunque solo sea por respeto a los que de uniforme se juegan día a día la vida en delicadas misiones solo por cumplir con la misión que la Patria les otorga. Y lo hacen como militares. Dice que ‹‹ser antimilitarista es ser constitucionalista››. Es un insulto. No creo que haya mucho interés en escuchar a este militante de Podemos  hablar sobre milicia cuando ya hemos visto cual era su meta y vocación. Militarista, antimilitarista, constitucionalista… trasnochado, decimonónico, un discurso que pretende llamar la atención una vez más. Esta es la política al uso de ciertos personajes que no dan para más. Su opción política le trae al pairo a la mayoría, pero la imagen y declaraciones que hace le desvinculan moralmente de toda relación con los ejércitos. Ser militar es un honor, ser soldado es un oficio que ennoblece y eleva a la persona a la categoría mayor que se puede alcanzar, el servicio a los demás, sean quienes sean. No es lo más apropiado alzarse como un intelectual de la milicia para decir sandeces con intención de ocupar unos minutos en los medios. Tuvo su tiempo, su momento y lo desperdició. Cuando pudo hacer y conseguir para sus soldados. Cuando tenía responsabilidad, un duro y sacrificado trabajo por hacer. Cuando tuvo que ser un militar de los pies a la cabeza y ponerse con gallardía al frente de su misión. Cuando la Patria le dio su confianza. Cuando sus hombres esperaban de su determinación. Aquel era su momento y no el de ahora. Ya ha pasado el tiempo para lo militar. Lo dejó mal y desarreglado.

La Velada en Benicarló

Es mejor volver al principio. Con Azaña, que lo explica muy bien en boca de Blanchart, comandante de Infantería, en su novela La velada en Benicarló.

‹‹Un acto revolucionario, una resolución oportuna y útil, no califican para mandar. Si el ranchero impide que su batallón se subleve o el buzo de un acorazado logra que la oficialidad no se pase al enemigo con el barco, déseles un premio, pero no me hagan coronel al ranchero ni almirante al buzo. No sabrán serlo. Perderemos el batallón y el barco››.

Creo que está claro y no necesito seguir desarrollando este desagradable artículo. Ignorantes de los rudimentos del oficio… militar. A pesar de él y a pesar de otros no hemos perdido ni el batallón ni el barco. Ha sido gracias a los militares, a los soldados a los que ofende.

Rafael Dávila Álvarez General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

12 julio 2017