DE SOLDADOS (General de División Juan Chicharro Ortega)

Llevo años escribiendo sobre asuntos relacionados con la milicia. Hilvanando ideas llego a la conclusión de la pertinencia de mucho de lo escrito, y de su validez intemporal, razón por la que considero que a muchos de los lectores de este BLOG pueda tal vez interesarles lo relatado con anterioridad en medios dispares, si bien actualizados al momento.

General Chicharro

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VOLJOV de Ferrer Dalmau

En el frente oriental del despliegue del ejército alemán, durante la Segunda Guerra Mundial, lucharon y murieron numerosos españoles encuadrados en la denominada División Española de Voluntarios más conocida como la División Azul. Todavía resuenan lugares geográficos como el Volchov o Krasny Bor. Allí soldados españoles combatieron en condiciones difícilmente imaginables por la dureza del clima y la de los combates. Una de las recompensas o distintivos más apreciados en el ejército alemán era la “placa de asalto” que sólo se concedía a quienes demostraban fehacientemente haber participado en más de tres combates cuerpo a cuerpo. En una ocasión un General alemán manifestó que no había conocido otra unidad se refería a la DEV con tantas “placas de asalto “.

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«La Carga del Alcántara» de Ferrer Dalmau

Apenas veinte años antes, en tierras africanas, un Regimiento de Caballería, el Alcántara, se inmolaba de forma heroica para proteger la retirada de lo que quedaba de las fuerzas del General Silvestre. Una acción recompensada, por fin, casi 100 años después con la Laureada de San Fernando. Allí los jinetes cabalgaron hasta la extenuación dejando sus vidas sobre el terreno.

Dos episodios de guerra, y sufrimiento del pasado, entre los infinitos que podrían ser relatados. Son hechos entre un millón, pero ilustrativos de la pervivencia de una conducta militar en el cumplimiento del deber como norma general de actuación a través de los tiempos.

Hoy las circunstancias en las que las fuerzas armadas españolas desarrollan sus acciones son bien distintas, si bien no dudo que el espíritu que las anima es el mismo. Hoy no encontramos acciones colectivas de la dureza de las mencionadas, lo que no quiere decir que en el ámbito individual no se den. La sangre derramada por nuestros soldados en los últimos tiempos lo manifiestan.

1350847989_993514_1350848338_album_normalAl soldado que ha luchado en un puesto avanzado de combate en la ruta lithium en Afganistán, al marinero que vigila desde su puesto a bordo de una fragata en el océano indico, al infante de marina que a bordo de helicópteros y embarcaciones actúa en operaciones de rescate de rehenes en el Índico, al piloto que a los mandos de un sofisticado y peligroso reactor, etc., poco les importa si la acción que llevan a cabo es de la entidad de las descritas como colectivas. Para ellos las acciones que ejecutan, si bien individuales, tienen el mismo mérito y dificultad, y, en no pocas ocasiones, las mismas penalidades.fragata-aborda-piratas-atlanta-1--644x362

Y no sólo en ocasiones de combate. Sirva, como ejemplo, lo que paso a relatar: hace no muchos años uno de nuestros submarinos en concreto el Tramontana– tuvo un gravísimo percance cuando estaba en inmersión profunda a 300 metros. Un suceso que acarreó un riesgo de vida o dolorosa muerte. Sobre todo si no se actuaba con serenidad y conforme a los procedimientos vigentes. Alguien podría pensar que en esas circunstancias podría haberse desatado un nerviosismo cercano al pánico. Por uno de los oficiales del submarino supe que la dotación no vaciló en ningún momento. Nadie dijo nada. Cada miembro de la valerosa dotación atendió exclusivamente a su cometido atentos todos a las órdenes de su Comandante. En el ser de cada marinero confluyeron en grado maximo todas las virtudes militares sabedores que actuando de esta forma el submarino no se iría al fondo y lograría salir a superficie. Firmeza de principios, serenidad y calma ante el peligro, rigurosa aplicación de los procedimientos en vigor y confianza ciega en su Comandante. De haber fallado solo uno de estos eslabones el 300px-Tramontana_S74submarino se hubiera ido a pique sin salvación alguna.

¿Qué es lo que empuja a los soldados a actuar así en condiciones como las descritas?

La respuesta, pudiendo parecer compleja, no lo es. La actuación de los componentes de una institución como las Fuerzas Armadas es el resultado de una instrucción minuciosa y un adiestramiento intensivo.

¿Solo?

De ninguna manera.

En el combate la eficacia, y el verdadero valor de la instrucción recibida, solo se alcanzan si estas se encuentran sustentadas por valores superiores. Y aquí es donde aparecen sentimientos como el del amor a la Patria, la abnegación, el espíritu de sacrificio, el compañerismo y tantos otros. Todos estos valores juntos proporcionan cohesión a las unidades y las hacen sentirse únicas y confiadas en sí mismas.

La ejercitación de todas estas virtudes es lo que hace que la sensación del soldado sea única. Solo aquel, que haya sentido todas las vivencias que la vida militar proporciona, está en condiciones de saber lo que significa ser soldado y digo esto porque viene siendo habitual, desde hace ya no pocos años, que sean otros los que se arrogan la representación de lo que piensan los soldados sobre esto y aquello. Hoy, en España, los soldados callan; sin embargo leemos, a menudo, declaraciones donde responsables de la gestión de los ejércitos, en la administración del Estado, toman la voz del colectivo militar tal que si fueran uno más de ellos. No les niego buena intención pero dudo mucho que estén capacitados para saber cuales son realmente las sensaciones íntimas de aquellos. Lo dice el refranero con claridad: para ser fraile es mejor haber sido antes monaguillo.

No quisiera ser mal interpretado. Las virtudes a las que me he referido en párrafos anteriores no son, en absoluto, privativas del estamento militar. Ni muchísimo menos. Pero no es menos cierto que es en las FAS donde se rinde culto a las mismas con mayor intensidad. Hablemos, por ejemplo, de las amenazas secesionistas que sobre la unidad de España se ciernen en estos momentos desde determinados ámbitos. Image00001Ese concepto, el de la unidad de España, está escrito en el ADN del soldado español desde tiempo inmemorial con independencia de ideologías. Está en el juramento que hizo en su día a la Bandera y lo reafirma, en el caso de los oficiales, cada vez que asumen el mando de una unidad al jurar o prometer la Constitución española. No cabe en cabeza sensata pensar que los que heredaron de nuestros mayores el legado de una Patria que se ha construido durante mil años vayan a no ser dignos sucesores de ellos; y aún más, a incumplir juramentos y leyes en vigor. Ya decía antes que la sensación del soldado es la que es, producto de una intensa vivencia en el culto de las virtudes antes señaladas.

El soldado no es ni mejor ni peor que los que ejercen noblemente cualquier otra profesión pero sí es peculiar y único por los cometidos a los que está obligado. Lo que siente un soldado es especial y nadie que no lo sea o haya sido es capaz de interpretarlo.

Es correcto que el soldado esté callado pero no le gusta que otros, quienes no siéndolo, ni habiéndolo sido, hablen por ellos cuando de cumplimiento de deberes se trata, y aún más, si de sentimientos hablamos.

Libro de OrdenanzasHoy, el soldado español es el mismo de siempre y se lo dice quién ha dedicado su vida durante 40 años, con mayor o menor eficacia, al servicio de nuestra Patria. No estoy solo. En este BLOG me acompañan otros mejores que yo y entre nuestros lectores los hay aún mejores y son muchos. Nunca nos hemos callado cuando de defender nuestra Bandera y lo que significa se trataba. De la gestión, y actitud ante otras situaciones, nuestro deber con la disciplina nos ha impedido hacer pública nuestra opinión, que no por la vía legal jerárquica, las más de las veces, pero, hoy, liberados ya de los límites legales que las normas relativas a la libertad de expresión de los militares nos constreñían, dejaremos claro nuestro pensamiento que sabemos no difiere del de la inmensa mayoría de nuestros compañeros aún en el servicio activo.

Y termino parafraseando al General McArthur : “los viejos soldados nunca mueren… simplemente se desvanecen”.

El que quiera entenderlo que lo entienda y el que no… allá él.

General de División de Infantería de Marina (R) Juan Chicharro Ortega

6 pensamientos en “DE SOLDADOS (General de División Juan Chicharro Ortega)

  1. Basándome en el excelente artículo “La profesión militar y el pensamiento débil”
    del Teniente General en la Reserva D. Javier Pardo de Santayana, publicado en 2005, en la revista Cuenta y Razón nº. 136, y que viene al pelo en esta ocasión, hago el siguiente comentario al extraordinario artículo del general Chicharro:

    La milicia es la respuesta a una vocación de servicio, una actitud ante la vida que se centra más en los demás que en uno mismo, y esta vocación generosa se aplica a una escala de valores en la que la Patria destaca como algo a lo que vale la pena servir.

    Una profesión, porque el vínculo se establece mediante un compromiso. Por eso imprime carácter. El compromiso incluye el dar la vida, si ello fuera necesario, en el cumplimiento de la misión. Por eso andan bastante descaminados quienes consideran que la milicia es, o debe ser, una especie de funcionariado; y lo digo y ratifico como funcionario, recientemente jubilado, y también como veterano de Unidades de élite del Ejército Español.

    La milicia es algo radicalmente distinto, y lo es precisamente porque existe este compromiso. Por tanto, implica, una buena dosis de idealismo y la aceptación de una vida de austeridad, es decir, algo que es casi motivo de escándalo para la “Sociedad del Bienestar”.

    Se identifica con el hombre de acción, que se inserta en la Historia dando el paso al frente para resolver problemas aun a costa de sí mismo y es el primero que se enfrenta a la dureza del peligro y de la muerte cuando la situación ha degenerado en el más radical y extremo de los conflictos.

    El compromiso del hombre de armas engendra exigencias éticas y morales. En el militar, la nación deposita una parte importante de la responsabilidad que asume el Estado en el monopolio de la fuerza, y esto reclama un código muy estricto de comportamiento, que ha de ser dictado por su propia conciencia y por el derecho de gentes.

    Quizá por eso Calderón se refirió a la milicia como “una religión de hombres honrados”. Y esto es así porque los ejércitos se hallan vertebrados por unos valores: el honor, no inspirado por “el qué dirán”, sino por la propia dignidad del ser humano; la disciplina, no entendida como una humillación, sino como la convergencia en el esfuerzo desde el puesto que en cada momento a uno le corresponde; el respeto a los demás, de abajo a arriba y de arriba abajo, sin olvidar el respeto debido el enemigo; la abnegación, como negación de uno mismo en beneficio de todos; el compañerismo, que reconoce que nos debemos los unos a los otros con una relación de confianza y afecto; la lealtad, entendida como un compromiso con la autenticidad y no con el halago; y, naturalmente, el valor, que no ha de ser ciego, sino controlado por la inteligencia.

    Pero de nada sirve la proclamación de los valores si éstos no se hacen realidad
    mediante el ejercicio de las virtudes, aunque esto suene a algo casi escandaloso en nuestra sociedad de consumo.

    Aunque el militar está hoy en la cresta de la ola y su actividad se centra preferentemente en labores de pacificación y de atención a los problemas humanos, y, por tanto, no es de temer que falle en el tratamiento técnico de este tipo de misiones, las circunstancias ambientales no favorecen precisamente el desarrollo de aquellas virtudes que harán de él un buen soldado, y desde luego, de aquellas que necesita como combatiente, porque hemos de recordar que los ejércitos no son una ONG.

    La política del avestruz y la claudicación, la obsesión por parecer más demócratas que nadie, las reacciones a corto plazo en busca del voto inmediato, el sectarismo y el recurso a la demagogia son distintas facetas del pensamiento débil que no facilitan precisamente los objetivos de la seguridad y la defensa y se hallan muy alejadas de los valores que atesora la profesión militar.

    Lo mismo puede decirse del temor a salirse de lo que algunas minorías han etiquetado como “políticamente correcto”, que nos atenaza e impide reaccionar con decisión ante los problemas que se presentan. La consecuencia final es que el propósito de hacer de la Unión Europea una “potencia civil”, teóricamente orientado a construir potencia de nuevo cuño, post moderna y basada en “leyes de paz”, acaba por ser interpretado como el encubrimiento de una renuncia a actuar y, por tanto, también, de una renuncia a ser.

    Un fuerte abrazo.
    Pedro Motas

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  2. No sé Pedro si el General Chicharro podrá contestarle ya que tenía problemas técnicos. Espero que no le importe que en su nombre le agradezca sus palabras y, como siempre, también le agradezca su colaboración con nosotros. Gracias Don Pedro.

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  3. Gracias siempre a usted, mi General, por su amabilidad y consideración; y al general chicharro por su escelete artículo que ha motivado mi participación es ente su extraordinario Blog. Un fuerte abrazo legionario.
    Pedro Motas

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  4. Buenas noches, General Dávila y General Chicharro. Estupendo artículo, que hace Pedagogía de lo que significa ser soldado y que, como se señala, varía en las características de sus afanes a lo largo de la Historia y de los particulares hechos de armas, sin variar la esencia de su ser.
    Uno de los fenónemos (permítanme que lo califique así) más sorprendentes de nuestra época, en España, es que las FAS nunca estuvieron tan silenciadas ante la sociedad a la que sirven (digamos que el silencio a través de ocultar su presencia) puesto que, cuando el servicio era obligatorio, gran parte de la sociedad tenía conocimiento directo de sus funciones y, sin embargo, los sondeos de opinión (el que elabora el CIS, por ejemplo) son constantes en considerar a las FAS como una de las Instituciones mejor valoradas por los españoles. Si añadimos a esta circunstancia el clamor ciudadano que se puede observar ante las celebraciones u homenajes en los que, por su naturaleza, están representadas las FAS, o son protagonistas (a pesar de su número limitado, de su habitual falta de publicidad y hasta de sus restricciones de aforo), si tenemos todo esto en cuenta, no podremos sino interpretar que la «separación entre pueblo y Ejército» (empleo esta vieja «fórmula») no es más que pura propaganda malintencionada, dando por hecho el producto de la intencionalidad de sus propagandistas, a fin de causar en el pueblo la sensación de extrañeza con respecto a las FAS (en vez de sentirlas como su brazo armado, como propias) y, en los miembros de las FAS, desánimo con respecto al ·desagradecido» sujeto al que sirven, que no sólo es la Nación española (el conjunto de españoles que comparten un destino común en determinado tiempo), sino la Patria, que tiene significado histórico,la tierra de nuestros padres que, generación tras generación, se han ido pasando el testigo de preservarla y, si se pudiera, engrandecerla todavía más para la siguientes (según las palabras del General Chicharro, el legado de una Patria), como la engrandecen, con su ejemplo de buen hacer y hasta con su sacrificio, nuestros soldados que participan en misiones internacionales. La Nación, pues, es un concepto de demografía y geográfico (han existido naciones errantes, apátridas); la Patria es un concepto moral, cuando una Nación atribuye a la tierra en la que se asienta una categoría moral.
    Según parece, los propagandistas del desánimo dan «en duro hueso», puesto que a las FAS españolas no se las amilana fácilmente, ni en Krasny Bor ni ahora y, en cuanto al pueblo español, que lleva tanto tiempo aguantando los cotidianos e impunes insultos a su Patria (que es como si nos insultasen a cada uno de nosotros, uno por uno), cuidado, que de casta le viene al galgo, y aquí todavía hay mucha casta.
    Sería demasiado extenso -e innecesario- que yo pueda referirme a todos los aspectos de su artículo, General Chicharro. Sólo quiero terminar diciendo que todos los españoles podemos sentirnos orgullosos de nuestros soldados, y así se demuestra siempre que existe la oportunidad de manifestarlo.
    Reciban un cordial saludo.

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  5. Reciba,nuestro agradecimiento por sus palabras siempre certeras. Se lo agradecemos como ideas y por lo que significan de animo para seguir en la brecha. Un abrazo. General Dávila.

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