ALGUNAS IDEAS RESPECTO AL SEPARATISMO (General de División Juan Chicharro Ortega)

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Es muy del uso del ciudadano español el pensar que vivimos momentos críticos respecto al presente de nuestra nación. Sucede hoy, cuando parece haberse instalado entre nosotros un pesimismo creciente, a propósito de nuestra situación actual, y de la previsible a medio plazo. Sin duda, los efectos de la crisis económica vivida en los últimos años nos empujan a ello, y no es para menos. Cinco millones de personas teóricamente en el paro no dan lugar para el optimismo. En cualquier caso un simple repaso a nuestro pasado nos demuestra cuán lejos tiene de catastrófica la situación presente si la comparamos con otras de épocas pretéritas, como la vivida en los años 30 del siglo pasado, la de finales del siglo XIX o la de principios de ese mismo siglo . Pero tampoco hay que irse tan lejos en la memoria histórica. Un simple retroceso, a apenas hace más de veinte años, nos recuerda que también en aquellos días sufríamos un desempleo altísimo – igual que ahora – con la diferencia que entonces la inseguridad era muy superior a la actual . Inseguridad que no era sólo proveniente de la amenaza terrorista, por cierto muy alta entonces, sino producto de, en este caso sí, de un paro muy real.

Desmiento que estemos ahora peor que entonces. No, no lo estamos, salvo en lo que se refiere al peligro secesionista que suponen para España las ambiciones de determinados grupos políticos, en Cataluña y en el País Vasco, quienes, buscando su beneficio exclusivo, pueden llevarnos a un desastre impredecible.

Esta es la idea central de estas líneas: el cómo hemos llegado a esta situación y lo haré desde una perspectiva analítica, siquiera escolástica, tomando como referencia lo que dicen los libros de toda la vida.

separatistasA ver, enzarzada la sociedad española, hoy, en la contienda política – elecciones una y otra vez – los grupos separatistas, al amparo de la confusión general, y de la ineludible prioridad de los objetivos a alcanzar por los diferentes partidos se encuentran como pez en el agua. Tengo la impresión de que hay una gran inconsciencia de la gravedad de los acontecimientos que se vislumbran en Cataluña y por lo tanto en España, el próximo otoño.

En efecto, hoy, a pesar de que hay quienes aducen que el globo secesionista se desinfla, me temo que aquellos que desde siempre buscaron la ruptura con la Patria Grande, que siempre fue España, se encuentran cada vez más cerca de alcanzar sus objetivos.

Digan lo que digan, la realidad es que los sectores secesionistas, claramente minoritarios apenas hace unos lustros, se encuentran hoy en posiciones inimaginables de poder, y si sus intenciones no son contrarrestadas a tiempo, – no sé si ya es tarde – conseguirán alcanzar su objetivo irrenunciable de romper la unidad territorial e institucional de España.

Cabe preguntarse el cómo es posible que se haya llegado a esta situación; para ello nada más sencillo que analizar las acciones, que, en el pasado siglo, llevaron a cabo los movimientos de resistencia o liberación que tuvieron lugar en aquellos países, por ejemplo, de Africa, que legítimamente lucharon contra el poder colonial europeo.

Por supuesto que la situación española dista mucho de aquellas, pero si observamos las paulatinas acciones estratégicas, que, hoy, llevan a cabo quienes pretenden subvertir la estructura política y social de nuestra nación, para derrumbarla, y sustituirla por otra favorable a sus ideas, convendremos que las similitudes son muchas.

Es evidente que los movimientos secesionistas son conocedores que la premisa fundamental para el triunfo de sus ideas es la necesidad de contar con el apoyo de la población, siendo éste por tanto su primer objetivo, y para ello se emplean técnicas tendentes a quebrar la estructura del cuerpo social, a la captación de las masas mediante campañas sicológicas, a la selección y formación básica de activistas, al dominio de los medios de comunicación y si fuera necesario – tal como ha sucedido en el País Vasco en el reciente pasado – a la intimidación por medio de actos terroristas sistemáticos o selectivos y en su caso a la eliminación de los elementos irreductibles, autoridades y personalidades destacadas. Mediante estas técnicas y estableciendo ideas-fuerza tales como “España nos roba”, “España nos ha subyugado durante siglos”…..etc y a través de un uso extensivo de los medios así como de la enseñanza en todos los centros – especialmente los escolares – se ha logrado incrementar notablemente el otrora escaso apoyo popular a cotas incluso inimaginables para ellos.30

He aquí la realidad.

¿Y qué se puede hacer ahora para abordar lo que puede llegar a ser inevitable?

Vaya por delante que la experiencia vivida en el pasado en otros países demuestra que es esencial, si se quiere tener éxito, el abortar los movimientos inconstitucionales en sus momentos iniciales, antes de que alcancen pleno desarrollo, y es aquí donde mayor preocupación debe sentir la población española, ya que la inacción y cesiones permanentes acaecidas en el pasado, y presente, no nos deja ser optimistas.

8Se hace necesaria la divulgación extensiva de ideas-fuerza que se opongan y demuestren la falacia de las de los movimientos separatistas. Se hace necesario el control de la enseñanza acorde con la verdad histórica de nuestra nación. Se hace necesario trasladar a la población, objeto del control ideológico, que la nación española, siendo diversa, es una y no porque lo digan unas leyes, sino porque son legado de la historia de muchas generaciones pasadas. Hay que incidir sobre las hipotéticas causas de descontento de esa población desmontando las mentiras en las que se instalan los grupos interesados en la secesión contrarrestando sus argumentos con otros acordes con la verdad. Y todo lo señalado, así como muchas otras medidas del mismo sentido, deben ser objeto de Planes armónicos, coordinados y consensuados entre todas las fuerzas políticas leales a la Constitución que nos hemos dado los españoles, entre los que hay que incluir a la – todavía – mayoría de los que viven en las regiones afectadas.

¿Existen?

Obvio la respuesta por evidente pero estimo claro que de no ser así intuyo que vamos por mal camino y no presagio nada bueno. No basta con expresar llanamente que en caso necesario se hará cumplir la Constitución española, que es meridianamente clara, ya que tal y como se plantea la situación presente, y la historia lo demuestra, cuando la bola de nieve es muy grande ya no hay quien la pare.

Por mor de mis circunstancias viví «in situ» el conflicto yugoslavo y ya saben Vds. como acabó aquello.

En cualquier caso hay que mantener e impulsar la “voluntad de vencer” entendiendo ésta como el firme propósito de imponerse al adversario en cualquier situación por desfavorable que ésta sea. Una voluntad de vencer alimentada por una exaltada fe en nuestros principios y manifestada ésta por una constante y persistente actuación en todos los ámbitos.

eta_instituciones¿Existe hoy voluntad de vencer?

Aquí está el verdadero problema pues, por desgracia, lo que se ha instalado en nuestra sociedad, y especialmente en muchos de nuestros dirigentes, es la aplicación laxa de un relativismo ciertamente preocupante. El ejemplo más claro de esto lo tenemos en las provincias vascongadas donde ciertamente hoy se vive con una tranquilidad añorada largo tiempo. ETA ya no mata. Ahora bien, ¿a costa de qué? pues sencillamente a que se encuentran en las Instituciones, dominan el espectro social y manifestarse como español en sus calles es algo casi heroico. Difícilmente verá Vd. un partido de futbol de la selección española en San Sebastián y mucho menos, por ejemplo, un desfile nacional por sus calles como podría hacerse en cualquier otra ciudad española. A esto es a lo que yo llamo relativismo. Que más nos da abjurar de la identidad española si se vive comodamente así. Este es el pensamiento de muchos. Sucede que esta actitud lo que va a producir a largo plazo es un distanciamiento sicológico y sociológico de la población vasca del conjunto del resto de España, y viceversa. Los teóricos de la opción secesionista lo saben muy bien y son conscientes que en esta situación el tiempo juega a su favor y no tienen prisa.manif14-644x362

Y otrosí cabria decir respecto a Cataluña donde, cada vez más, la asfixia que sienten aquellos que se consideran catalanes, y por eso españoles, es angustiosa; especialmente en las poblaciones pequeñas.

Definitivamente, si queremos mantener una España unida, la que nació hace mil años, no hay otro remedio que, siempre desde la legalidad, aplicar todas las medidas necesarias para evitar y cortar de raíz el desarrollo e implantación de las ideas anti España que son moneda corriente en Cataluña y en el País Vasco.

1245946697_1La Constitución española sirve como norma de convivencia para muchas cosas. También para preservar la unidad de España.

General de División de Infantería de Marina (R) Juan Chicharro Ortega

11 pensamientos en “ALGUNAS IDEAS RESPECTO AL SEPARATISMO (General de División Juan Chicharro Ortega)

  1. Respetando las ideas que subyacen en el artículo (aunque no compartiendo del todo algunos aspectos) solo una precisión: la nación española, tal y como la entendemos hoy, no nace hace mil años. Nace después del Tratado de Utrecht (decreto de Nueva Planta que unifica políticamente todo el territorio nacional). Antes había unión dinástica de los diferentes reinos que formaban parte de la Monarquía. Y yo no exagería la gravedad de la situación actual. En los años 80 el País Vasco era realmente «territorio comanche» y no solo por la actividad terrorista de ETA. Y a los hechos y a las hemerotecas me remito. Lo de Cataluña pasará en cuanto la crisis española amaine y haya un cambio de gobierno en La Moncloa.

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  2. Muy cierto lo que ha expuesto espléndidamente, mi General, y como ampliación y complemento a ello, me permito la libertad de manifestar mi humilde opinión sobre el asunto en cuestión:

    La transición democrática salió del propio franquismo, mediante la reforma, opuesta a la ruptura pretendida por la oposición. El nuevo poder ofreció a los nacionalistas estatutos muy superiores a los de la república, esperando diluir así sus rasgos separatistas. Esa esperanza no se ha cumplido, y el problema se ha agravado progresivamente.

    Así, en el País Vasco existe hoy una situación próxima a la deseada por Sabino Arana, de creciente fractura social y enemistad entre los «buenos vascos», dóciles a una intensa propaganda no replicada durante veinte años, y los demás vascos y españoles. Gran parte de la población se siente amenazada, habiéndose cometido cientos de asesinatos y viéndose forzados a emigrar miles de malos vascos.

    En cuanto a Cataluña, el objetivo de hacer de España un simple nombre geográfico ha avanzado. La propaganda nacionalista, no menos omnipresente que la del PNV en Vasconia, y flanqueada a veces por la violencia, ha difundido sentimientos de fractura que pueden conducir a serias crisis en los próximos años.

    En ambas comunidades se ha construido un fuerte entramado de intereses económicos y políticos que neutralizan o amenguan la pluralidad y la libertad de los ciudadanos. Puede afirmarse que los nacionalismos vasco y catalán han crecido aprovechando las etapas de democracia o de libertades. Por otra parte, aunque han utilizado siempre en su provecho el sistema de libertades, tampoco han ayudado a traerlo mediante una oposición seria a las dictaduras.

    Desde un punto de vista histórico general cabe interpretar estos nacionalismos como intentos de invertir la tendencia unitaria española prevaleciente desde hace 500 años – una vez superada la fragmentación impuesta por la invasión islámica –, y de establecer sistemas no democráticos. En cierto sentido los nacionalismos son un intento de vuelta a la Edad Media, que redundaría en una especie de balcanización de España.

    Y ¿cómo veo yo el futuro inmediato? Lo veo mal, porque si hasta ahora el PP con una mayoría aplastante, que no volverá a tener, ha tenido complejo en actuar ágil y contundentemente ante esta amenaza; el PSOE con su obsesiva idea de federalismo y dispuesto a pactar con cualquiera menos con el PP; la extrema izquierda y los populistas con su idea de la ruptura de la unidad de España; y la diversidad de partidos políticos que ha surgido de la crisis… es un panorama poco optimista que no augura nada positivo.

    En fin, mi General, siento no poder aportar algo positivo con respecto a nuestra querida España en lo referente a este asunto, y ojalá me equivoque, pero así lo veo yo a estas alturas de las próximas elecciones.

    Y, como siempre, reciban, Usted y el General Dávila un fuerte abrazo.
    Pedro Motas

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  3. Don Pedro no sé si el Gal. Chicharro ha resuelto los problemas técnicos que tenía con el ordenador. Por si acaso me adelanto y en nombre de los dos le doy las gracias y le envío un fuerte abrazo. Panorama poco halagüeño pero al final se impondrá el sentido común ¿o no?
    Fuerte abrazo. General Dávila.

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  4. Decía el Coronel Charles Dupic – filosofo militar francés que vivió las dos guerras Europeas – que lo que impulsa al soldado en los momentos duros del combate, no eran los discursos patrióticos. Según él en esos momentos de altísimo estrés y enorme incertidumbre era el ascendiente entre compañeros y jefes inmediatos lo que le hacía reaccionar, asunto que definía como parte integrante del espíritu de Unidad.
    Lo que dice ese Coronel algunos lo hemos experimentado ayer y seguro que lo experimentan hoy aquellos oficiales y suboficiales que ejercen mando directo en las múltiples misiones que hoy realizan lejos de la Patria. Y si eso ocurre en el ámbito donde los discursos patrióticos son el alimento permanente desde los primeros pasos del soldado ¿Que no sucederá ante las duras, también, circunstancias de la vida del ser humano y los grupos a que se acoge como animal social?.
    Los condicionantes y virtudes que conforman lo castrense, no son exclusivas de quienes en los ejércitos se encuadran. Simplemente en ese ámbito se requiere una especial y mayor exigencia puesto que conforman la fuerza legal y han de estar en las mejores condiciones para ejercerla sin olvido del bien común y el respeto a la persona. La autoridad, la disciplina, el honor, el ánimo de servicio, el amor a la Patria… y tantas otras, son condiciones y virtudes comunes, que todos, militares o no, han de cultivar.
    El objetivo del político honorable es propiciar el progreso social con justicia, dignidad y en paz. Aspectos que quiebran si fracasa la autoridad para garantizar esa justicia y esa seguridad que afectan a la dignidad.
    ¿No será que hoy se cuestiona y se repudia la disciplina y la autoridad en una nebulosa de valores no bien definidos ni aceptados?

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  5. La nebulosa es provocada, entiendo. Humo de distracción. Próximo artículo: «Líderes o agitadores»… En río revuelto…
    Espíritu de unidad y compañerismo.
    «Legio Patria Nostra » ¿recuerdas?
    Un abrazo Enrique. General Dávila.

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  6. Buenas tardes, General Dávila y General Chicharro. Estoy de acuerdo con sus planteamientos y con gran parte de sus conclusiones. Es cierto, España ha pasado por crisis económicas muy graves, pero esta está escondiendo una crisis mucho mayor que cualquiera de las precedentes, que la caracterizan como una crisis histórica, al ser una crisis de la Nación. A mi modo de ver, las crisis económicas se solucionan a través de gestores-contables, de una buena administración, pero ante las crisis nacionales es la propia Nación la que debe responder, y no lo está haciendo. No existe mayor problema que el problema histórico, el problema nacional, lo que no se ve reflejado como tal en los medios de opinión, que únicamente se limitan a relatar el “parte de guerra” diario contra España, mezclado con innumerables noticias sobre corrupción, lucha política y de administración de los asuntos públicos, como si tuvieran la misma trascendencia (creo que coincido en esto con su observación sobre la “confusión general”). Sin duda, esta falta de conciencia es debida a tantos años de retirada de la idea de España, como Patria que nos pertenece y a la que pertenecemos, en todos los campos en los que debería estar presente (en la educación, en el discurso político, en el debate de las ideas, en la mayor parte de los textos de pensamiento…), así como la progresiva retirada del ejercicio de la soberanía nacional en las regiones que hoy se pretenden sublevar, permitiendo la impunidad de la actividad de los enemigos de España, cuando no negociando con ellos, obteniendo su apoyo a cambio de vender el alma. El que pretenda obtener la paz y evitar la miseria a través de la ignominia se encontrará con todo lo contrario a lo que quería evitar. La sublevación era cosa de sobra anunciada, un final necesario, pues desde el principio del establecimiento del Estado de las Autonomías (que no se hubiera establecido en ninguna parte si no se hubiera pactado con los separatistas vascos y catalanes), los separatistas han empleado los instrumentos que se les ha conferido a modo de afilar sus puñales para, al cabo del tiempo, acabar asestando su golpe a España, pues han disfrutado de “patente de corso” para llevar a cabo su proyecto.
    Se ha permitido todo tipo de felonías. En las vascongadas, se ha permitido que los que no estuvieran de acuerdo con el separatismo tuvieran que protegerse con guardaespaldas (los políticos), o bien fueran atacados en sus personas o propiedades hasta que decidieran allanarse o exiliarse, en un auténtico genocidio de lo español, todo ello amparado por un partido político que, pretendidamente, se escandalizaba por las consecuencias de lo que alimentaba en sus escuelas, en su propaganda, en su apoyo a los criminales; el mismo partido político que, en el Parlamento español, obtenía más puñales a cambio de apoyo con votos a los partidos “nacionales”, que tanto miraron hacia otro lado. Y este estado de cosas se ha mantenido durante decenas de años, con la pretensión, absolutamente cínica, de que existía “democracia” en esa región y de que ahora existe la paz (la paz de los que se han allanado, la paz de los que quedan, la paz del terror). La democracia en las vascongadas se la merecen las familias de las vícti los que aguantaron hasta que no pudieron más, al sentir el abandono de los que deberían de haberles garantizado sus derechos, como personas y como españoles.
    La historia en Cataluña –excepción hecha del triunfo del terrorismo- es paralela a la de las vascongadas. Se les ha entregado todas las armas (educación, poder económico, etc.) para que adoctrinasen y extorsionasen a la población a fin de que quedase aislado quien se resistiese a la pretensión separatista. Aún hay pruebas de la resistencia a esta pretensión, como el resultado de la “encuesta” pasada –alias “referéndum”- en la que sólo un tercio del censo decidió ir a votar (unos que sí, otros que no), significándose una abstención que, dada la trascendencia del tema, sólo puede interpretarse como una desobediencia a lo propuesto (poner en encuesta la unidad de España). La respuesta del Gobierno español, que debería de haber estado a la altura de quien se arriesgó a quedar “marcado” por no ir a votar, fué la esperada, tímida, simbólica, miserable, pues la que correspondía era la intervención de los organismos en sublevación, en defensa de los derechos de todos los españoles y, significativamente, de los españoles que aquel día manifestaron su voluntad de modo tácito.
    Me gustaría matizar su observación de que “la premisa fundamental para el triunfo de sus ideas es la necesidad de contar con el apoyo de la población” pues, a mi modo de ver, la premisa fundamental para el triunfo de sus ideas no ha sido el apoyo de la población –regional-, sino el que esta población no encuentre otro camino de supervivencia que el allanarse al capricho de los felones, al sentirse abandonada por la Nación; ¿qué apoyo a sus derechos como españoles han encontrado y encuentran los ciudadanos de las vascongadas o de Cataluña desde que se instauró el régimen actual?; permítame que conteste –seguramente por los dos-: ninguno. Haber, ha habido héroes, y muchos, y ya sabemos cómo se ha respetado su memoria y su sacrificio, de lo que han tomado nota el resto. Sí, los separatistas han utilizado todo tipo de técnicas para ir recabando apoyos, pero el mejor apoyo que han obtenido es la impunidad con la que se les ha permitido obrar, sin la que ninguna técnica hubiera tenido ocasión, haciendo que la población se haya sentido abandonada por sus compatriotas. Nunca mejor se ha reflejado aquella frase de Burke: “Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”.
    Para mí no hay más solución aceptable que la equivalente a estas dos que menciono, ocurridas no sólo en un país democrático, sino en el país al que se debe que exista todavía democracia en el Mundo, y que no hubiese desaparecido a mediados del pasado siglo:
    – En 1957 Eisenhower envió a la 101 División para que nueve niños negros accedieran a la escuela pública de los blancos y puso a la Guardia Nacional de Arkansas bajo mando militar federal.
    – En 1963 el Presidente John F. Kennedy movilizó a la Guardia Nacional de Alabama (que podría ser considerada como la policía autonómica), en contra del Gobernador del Estado (equivalente al Presidente de una Comunidad Autónoma), a fin de garantizar los derechos de unos estudiantes negros. El General Henry Graham le ordenó a Wallace que se hiciera a un lado, diciéndole, «Señor, lamentablemente siguiendo órdenes del Presidente de los Estados Unidos es mi deber solicitarle que despeje el paso.»
    También, como apunta D. Pedro Brufao, cabría preguntarse cómo respondería Francia a una sublevación regional, y aplicar las conclusiones. Por cierto, país del que deberíamos haber tomado (o deberemos tomar) más similitud de organización regional.
    Comprendo que propuestas de este signo obtendrían un gran rechazo, y no sólo en las regiones involucradas en la sublevación (en las que habría que contar con el apoyo de la población a la que se libera del yugo separatista), sino también por parte del gallinero de partidos y organizaciones políticas a las que les es indiferente el despiece de España, cuando no son partidarios de él, por enemigas de la Nación, pero no estamos en época de elegir lo necesario y, si fuera preciso, debería formarse un gobierno de concentración nacional que, de modo provisional, se hiciese cargo de un período constituyente y, esta vez, ordenado. No me cabe duda de que cualquier sacrificio, además de ser justo, será menos doloroso que el permitir que nos sacrifiquen otros. Creo, finalmente, que una gran parte de la población, acallada desde hace tanto tiempo, a la que sólo se ofrece derrota (y que sólo se encuentra a sí misma, de vez en cuando, en las celebraciones deportivas, que a eso se ha visto reducida), está esperando a que alguien le ofrezca un camino de victoria y de esperanza; muchos políticos, pero los líderes, los que tienen “voluntad de vencer”, son del enemigo.
    Me disculpo por el comentario tan largo y les remito mis cordiales saludos a los dos.

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  7. Como el General Chicharro tiene algún problema técnico para contestar me limitaré a darle las gracias por sus interesantísimo comentario. Hay que analizarlo detenidamente pirque hace pensar. Muy, pero que muy agradecidos. General Dávila.

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