LA MUERTE DE FRANCO (Extracto del libro «La II Guerra Civil de Franco» por el general Rafael Dávila Álvarez

«…Yo no puedo ser un poder interino. […] «Si el momento de la Restauración llegara la nueva Monarquía tendría que ser, desde luego, muy distinta de la que cayó el 14 de abril de 1931 […] «Debo tener en cuenta además, que actualmente hay dos bandos de españoles en guerra, uno de los cuales está influido por tenebrosos poderes internacionales y esclavizado por el látigo de los rusos. Pero ya los echaremos del todo, y cuando en España no queden más que españoles, si alguna vez en la cumbre del Estado vuelve a haber un Rey, tendría que venir con el carácter de pacificador y no debe contarse en el número de los vencedores» (Declaraciones de Franco a ABC de Sevilla el día 18 de julio de 1937). Franco no llevaba ni un año como Jefe del Estado y su declaración de futuro es tan incierta para la Monarquía como para la de España. Al menos tiene claro no involucrar a la Corona en la lucha civil entre españoles y ve una posible concordia desde un Rey que sea el futuro en paz.

En julio del año 1974 con motivo del ingreso del Caudillo en el hospital por una flebitis se aplica por primera vez el artículo 11 de la Ley Orgánica del Estado de 1967 y el Príncipe de España, Don Juan Carlos de Borbón, asume las funciones del Jefe del Estado. Un momento delicado. Aquellos días los ojos de ciertos personajes empezaron a bizquear; mientras un ojo miraba a El Pardo y sonreía, el otro miraba a La Zarzuela y hacía una mueca. Faltaba, acababan de asesinarlo, quien jamás dudó, quien siempre miró de frente, el intérprete fiel y justo de la voluntad de Franco: el Almirante Carrero Blanco. El futuro de España se iba a escribir con otro tipo de letra desde aquel asesinato y entre los mismos redactores no existía acuerdo

Y se notaba. Se notaba en el ambiente enrarecido de aquel Madrid que tomaba posiciones. La realidad del Príncipe Don Juan Carlos, en la que algunos nunca creyeron, se materializaba definitivamente. Hubo intentos para volver a jugar con las cartas marcadas que el Almirante descubrió en su momento, pero no se atrevieron. No todo fueron lealtades.

FRANCO ENFERMA Y ESPAÑA SE MUEVE

El 9 de agosto de 1974 Don Juan Carlos preside el Consejo de Ministros. El primero de su vida. Lleva unas notas manuscritas con varios puntos a destacar. Lee, antes de comenzar la parte formal del Consejo, y lo hace recordando la figura de Franco.

Lleva manuscrito en tres cuartillas su mensaje al Consejo:

‹‹-Lo primero que quiero hacer al comenzar este Consejo, es dejar constancia del cariño y respeto que siento hacia el Generalísimo y hacer fervientes votos para que su salud mejore y pronto se restablezca.

-Conocéis mejor que yo su gran personalidad y su obra. Pero quiero resaltar una característica suya que, a lo largo de su vida ha sido enormemente significativa y que está por encima de todos los elogios o de todas las críticas (los subrayados son suyos) que pudieran hacerse, y es, la serenidad con que ha afrontado todos los problemas que se le han presentado. En esta serenidad, está la clave de la confianza que en él tiene el Pueblo [sic] español. Esta Fé [sic] en su persona es fruto del acierto en las resoluciones, pero también de la tranquilidad en los momentos difíciles. Esta cualidad es la que Hoy [sic] más que nunca, debe presidir las decisiones, pues estoy seguro que será la clave del éxito en las etapas que se avecinan››.

-En este primer Consejo que tengo que presidir al estar en funciones, quiero expresar a todos, y de una forma rotunda y clave no solo mi más absoluta confianza, sino también mi afecto y la profunda estima que a todos y cada uno de Vds. profeso. Son múltiples las ocasiones que por una u otra razón ha podido apreciar las cualidades que poseen y sé que sobre todo, vuestro sentido de la responsabilidad y vuestro amor a España les hacen trabajar con una dedicación tan generosa como ejemplar.

-Pero muy especialmente, quiero señalar a nuestro Presidente, al que desde hace mucho tiempo admiro por su rectitud de intención y la gran lealtad que imprime a su trabajo, sirviendo al País con gran tacto en la difícil misión que le ha correspondido. Ya sabe Presidente, la enorme confianza que tengo en su persona y que de verdad aprecio la labor que está realizando.

-Y nada más. En esta época en que tantas cosas cambian o se modifican a diario y en la que surgen problemas distintos, con frecuencia es necesario tener la suficiente flexibilidad para encontrar la respuesta adecuada y la serenidad  precisa, para conservar la claridad en la mente que nos haga ver las cosas fundamentales y olvidar lo accesorio o anecdótico.

-Yo espero que en esta etapa, que a (sic) de ser forzosamente breve trabajaremos con eficacia que logre el acierto en las decisiones que se merece el Pueblo español, al que tenemos que servir».

No parece un discurso guiado por nadie ni dirigido, sino sincero y de gran calado, sobre todo cuando después de las alabanzas da paso a una visión de futuro no precisamente anclada en el pasado.

El elogio al Presidente es una clara referencia que puede encontrarse en cualquier sabio filósofo del siglo XVII que bien sabían –y decían- que en política la alabanza del Rey es la antesala del despido. Significativos subrayados y mayúsculas.

Aquello fue como un ensayo. Sirvió para probar los mecanismos de sucesión y ver las reacciones de unos y otros. También fue un susto, aunque breve. Las razones para asustarse, las de unos y otros, eran diferentes. Unos pendientes a sabiendas que su futuro dependía de El Pardo, otros, menos, de La Zarzuela; el Pueblo en mayúscula, como lo escribió el Príncipe, estaba en su sitio, el más sensato. Todo duró algo más de cuarenta días. Están por escribir.

Jueves 30 de octubre de 1975. La situación es muy distinta

-¿Qué tengo?

Pregunta Franco. Se hace un eterno silencio. Desconcierto, ¿quién responde?

-Ha padecido usted un infarto de miocardio y, además, una complicación intestinal grave.

Franco se queda en silencio. Después, emocionado, dice con energía:

-¡Artículo 11; que se aplique el artículo 11!

Franco dejaba de ser Jefe de Estado.

«A las tres de la madrugada del día 2 de noviembre la hemorragia se agudiza. Franco pasa el día en la cama de su dormitorio, sondado, medio inconsciente. Por la tarde hay un momento en que entre la sonda y la faringe un coágulo le impide respirar. Se lo extraen pero no se puede detener la hemorragia. Hay que operar, urgente, no hay tiempo. El Regimiento de la Guardia de SE. está pegado al Palacio y en su botiquín hay un quirófano que nunca se ha usado como tal. El equipo médico consulta a la familia y deciden el traslado a aquel vetusto quirófano» (Vicente Pozuelo Escudero, en el libro: Los últimos 476 días de Franco                 ).

Muchas historias se han contado sobre el traslado de Franco. Lo que escribo es fruto de lo vivido por los que allí se encontraban y participaron, en uno u otro nivel, en los acontecimientos de aquellos largos días. Se lo contaré a grandes rasgos.

Tomada la decisión se llama al Regimiento y todo se pone en marcha. Son aproximadamente las nueve de la noche. Un Simca 1200 ambulancia, con matricula del Ejército de Tierra, sale hacia Palacio. De su interior, el conductor y algunos escoltas, extraen una camilla de lona que suben a la habitación de Franco. La colocan en el suelo, junto a la cama, y cogiendo los extremos de las sábanas ensangrentadas bajan a SE. hasta depositarlo en la camilla y trasladarlo entre cuatro hombres hasta el vehículo ambulancia. Franco va entubado, inconsciente, pálido, y sangrando por la comisura de los labios.

Se ha ordenado cortar el suministro eléctrico en El Pardo y Mingorrubio, colonia donde viven los Guardias del Regimiento; toda la energía la necesita el quirófano.

Primer y grave problema: el foco del quirófano lleva una clavija para enchufarlo tipo americano y los enchufes de la pared son de tipo europeo. Jamás se había probado. Son ya más de las diez de la noche. Se busca en la ferretería de El Pardo un adaptador. Pasa el tiempo, llega gente, todos preguntan. Están los Príncipes de España, los primeros, pendientes, inamovibles del lugar. Doña Carmen espera en Palacio. El equipo médico habla, discute y espera. Llega el material quirúrgico y… el adaptador para el foco. Aquel quirófano solo disponía de material digno de museo. Falta de todo, incluso para extraer la sangre que inunda al enfermo durante la operación se utiliza una jarrita de acero inoxidable de la cafetería del Regimiento.

De El Pardo a Madrid no para de ir y venir un vehículo con plasma y suero. Es el conductor de este vehículo el que lleva al doctor Hidalgo Huerta a su domicilio una vez finalizada la operación. En el trayecto le pregunta sin rubor:

-¿Doctor, como está el Caudillo?

Regresa el conductor de dejar al médico y, rendido, se sienta en un banco, en la puerta del botiquín. No se da cuenta que hay dos personas sentadas junto a él; son los Príncipes de España.

-Perdón Altezas.

-¡Siéntese, por favor! Tiene que estar agotado. ¿Qué le ha dicho el doctor?, pregunta la Princesa.

-Señora, me ha dicho que tenemos Caudillo solo para cuarenta y cinco minutos.

Durante la operación había llegado una ambulancia de la Seguridad Social, una Dogde Dart, para el traslado de Franco a Palacio. Está helada por dentro y durante un buen rato los escoltas intentan calentarla utilizando secadores del pelo.

Todo es lo más parecido a una intervención en campaña. Eso sí, con más de veinte especialistas en aquél reducido botiquín. Los médicos sabrán. A las doce y media la operación había terminado. Franco era trasladado de nuevo a su cama en Palacio.

Después llegaron días de tensa calma, en cualquier momento se podría precipitar el desenlace. No fueron 45 minutos los que sobrevivió a la operación como dijo el doctor Hidalgo Huerta, aunque él sabía muy bien lo que decía.

La vida política en España se detuvo y algunos de sus más activos personajes quedaron aparentemente desconcertados y desconcertantes. Entre bambalinas, hombres del segundo y tercer nivel lograron acuerdos y pactaron sosiego. En el primer nivel era más difícil.

En todos los organismos de la Administración llevaban tiempo funcionado las llamadas ‹‹Plataformas Democráticas›› de funcionarios –con más o menos visto bueno- y empezaron a dar señales de actividad con reuniones, cambios de punto de vista y actitud a tomar. En estas plataformas estaban desde Directores Generales a simples funcionarios.

El día 5 de noviembre el estómago de Franco vuelve a sangrar. En la mente de todos está el dantesco espectáculo de la noche en el botiquín del Regimiento. No se puede volver a repetir semejante espectáculo. La situación se convierte de nuevo en un acto de vida o muerte. Una ambulancia le lleva a la Ciudad Sanitaria de La Paz donde directamente entra en el quirófano. Tres días después de vaticinar que le quedaban cuarenta y cinco minutos de vida, Franco estaba de nuevo en manos del doctor Hidalgo. Eran las cuatro de la tarde. Madrid se convertía en el centro de las noticias del mundo. Pero en la Ciudad Sanitaria de la Paz el espectáculo era folclórico. Curiosos, periodistas, médicos amigos de…, gente que se tenía que hacer ver, todos hablaban y difundían lo que no sabían, como si de primera mano fuese su información. Solo una cosa era segura: Franco se moría. También se supo que el que allí mandaba era su yerno, el doctor Martínez-Bordiú.

Está sedado pero consciente. El día 12 entra a verle Carlos Arias Navarro. Franco se da cuenta, no abre los ojos. Le ha molestado. No quiere ver a nadie. En cualquier caso nunca le gustó Arias Navarro. Fue un remedio impuesto por circunstancias personales y la debilidad de los últimos momentos.

El día 15 de nuevo aparece la hemorragia. Una peritonitis gravísima. Vuelve al quirófano y a las manos del doctor Hidalgo.

La mañana del día 16 el Príncipe recibe la noticia: la situación es irreversible. Está en fase terminal.

Los siguientes días hay una gran angustia. Máxima tensión que produce fuertes discusiones, acusaciones y gestos torcidos. Ya no solo se piensa en la muerte de Franco sino en la posición de cada uno a ocupar cuando fallezca. El día 18 ya está absolutamente inconsciente y el 19 se corre por Madrid que Franco ha muerto.

A las seis y doce minutos del día 20 el ministro de Información y Turismo, León Herrera leyó el comunicado con la muerte del Caudillo.

El uniforme de Capitán General del Caudillo

La noche del día 19 los escoltas de doña Carmen estaban, como siempre, en los sótanos/garajes del hospital de La Paz. Fue una sorpresa para ellos ver a doña Carmen que llorando se acercaba a ellos. Sin intermediarios, directamente, de manera insólita, doña Carmen entra en los garajes y se dirige a su jefe de escolta:

-Vayan a El Pardo y recojan una caja que allí les entregarán.

Era el uniforme de capitán general de gala del Caudillo: la mortaja. Aquella noche, sobre las 2200 horas el uniforme llegó al hospital de La Paz. No debía, ni podía, haber indiscreciones hasta el momento acordado.

Franco dejaba de ser Jefe de Estado.

Definitivamente.

Se establece la seguridad de la muerte a las 5,25 del día 20. El doctor Vicente Pozuelo firma el certificado de defunción a las seis de la mañana. Absoluta discreción, tanta que la duda sigue rodeando las horas, algunos hechos, y así seguirá para siempre.

Franco, el Caudillo, ha muerto. Su guerra no ha terminado y como el Cid, tendrá que seguir muerto pero combatiendo.

El duelo se convierte en manifestación ante su cadáver; millones de españoles pasan ante él, los mismos millones que nada dijeron años después cuando sus restos fueron sacados de su tumba y volaron en helicóptero hacia El Pardo. Nunca una nación dio una imagen pública de este calibre ni los vaivenes de los españoles se mostraron con tanta claridad tal y como son. Un funeral lo convertimos en romería y lo contrario es también su natural comportamiento.

Las instrucciones estaban hacía tiempo dadas y nada ni nadie alteró el desarrollo de una transición a la Corona con tanta normalidad.

 

  • INSTRUCCIONES
    – Establecido un «Plan de Silencio» en la zona que rodea al Palacio de Oriente, y suprimiéndose en ella la circulación rodada, el acceso a Palacio se efectuará a pie.
  • – El aparcamiento para Autoridades, (previa identificación), podrá efectuarse en el subterráneo de la Plaza Mayor.
  • – La entrada al Palacio de Oriente se realizará por la Puerta del Príncipe (la que existe bajo el balcón principal de la fachada que da a la Plaza de Oriente).
  • Toda persona designada para realizar un turno de vela deberá encontrarse, con 15 minutos de antelación a la hora de comienzo de su turno, en el «Salón TENIERS» de Palacio, donde recibirá instrucciones del personal de la Casa Militar,
  • -El recorrido por el interior de Palacio, desde la Puerta del Príncipe al «Salón TENIERS «, estará señalizado, debiendo atenderse las indicaciones de los ujieres.DOC2

En principio todo estaba atado y bien atado. Luego el nudo se iría deshaciendo poco a poco…

Fueron tantos que desaparecieron sin dejar rastro de su amor al Caudillo. Ninguno estaba cuando lo desenterraron ni hubo que dar instrucciones más allá del olvido.

20 noviembre 2025

Blog: generaldavila.com

Manuscrito del Rey Juan Carlos en Consejo de Ministros

6 pensamientos en “LA MUERTE DE FRANCO (Extracto del libro «La II Guerra Civil de Franco» por el general Rafael Dávila Álvarez

  1. Mi respetado y muy querido GENERAL DE DIVISION LEGIONARIO,

    Dado que V.E vivió muy de cerca los últimos momentos ha dejado UNA DOCUMENTADA Y BRILLANTE EXPOSICIÓN DE LA MUERTE DEL CAUDILLO.

    EL DOCTOR POZUELO amigo intimo de un familiar y VAQUERO GONZÁLEZ de mi pueblo.

    Solo añadiré que la tarde del fallecimiento los tres primeros en presentarse de uniforme y pasar a la CAPILLA DEL PALACIO DEL PARDO PARA REZAR ANTE EL CAUDILLO FUIMOS TRES ALUMNOS DE LA ESPOL UN CAPITAN DE INFANTERIA OTRO TENIENTE POLITECNICO Y EL TTE ARTILLERO QUE SUBSCRIBE.

    AL SIGUIENTE DIA VOLVI AL PALACIO DE ORIENTE PARA RENDIR HONORES ETC:

    HA DEJADO EL EXTRACTO DE SU LIBRO PERFECTAMENTE DETALLADA LA SECUENCIA DE SUS ULTIMOS INSTANTES EN ESTE MUNDO.

    EL 20 DE NOVIEMBRE DEL 1936 a las 7 de la mañana asesinaban a JOSE ANTONIO PRIMO DE RIVERA EN LA CARCEL DE ALICANTE JUNTO A DOS FALANGISTAS Y DOS REQUETES.

    SI SS.AA.RR DON JUAN CARLOS, DOÑA SOFIA JUNTO CON DÑA CARMEN Y M:BORDIU ACOMPAÑARON CON EL DOCTOR HUERTAS EL DECLINAR DE FRANCO, EN ALICANTE EL ECO PATRIO DEL ABRIGO JOSEANTONIANO CON SUS CUATRO CAMARADAS Y EL GUARDIAN DE TURNO.

    GRACIAS Y ENHORABUENA MI GENERAL

    A la orden de V.E

    JOSE ANTONIO PRIMO DE RIVERA : !PRESENTE!

    FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE :!PRESENTE!

    VIVA EL REY

    VIVA Y ARRIBA ESPAÑA

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  2. Hidalgo Huertas, cirugía abdominal (digestivo) Madrid; «el otro» era Puig Lacalle, en Barcelona; «cuando consigamos que en España sólo queden españoles…» famosas últimas palabra, todo atado y bien atado, pero los nudos no se desatan solos. Buenos días, mi General y todos, dentro de lo permitido.

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  3. MI RESPETADO GENERAL OTRO MUY Atinado artículo de pensamiento. verdaderamente lo he disfrutado que dios le conserve las neuronas en perfecto estado para que los parásitos podamos seguir disfrutando de sus ideas¡¡¡¡ENHORABUENA,MI GENERAL¡¡¡ LE MANDO SALUDOS CORDIALES DR. CAPARRÓS ACADÉMICO DE NÚMERO DE LA RACVE MEDALLA Nº 12 ________________________________

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  4. A las órdenes de V. E., mi General.

    Lo meditó un momento el poeta ante el cadáver de una pobre niña, y lo dejó escrito para la posteridad, en el más bello y mejor verso de toda la poesía castellana y española, «Dios mío, qué solos se quedan los muertos».

    Así es por sistema, pero en el caso del Caudillo, los únicos que lo abandonaron y olvidaron fueron quienes más le debían por más favorecidos. Sin embargo, gracias, valga la expresión, a quienes más lo odiaron siempre, por pura envidia, hoy, cincuenta años después de su muerte, continúa, más vivo y presente que nunca y sigue siendo referencia ineludible para todos. Y esto, muy a pesar de haber hasta saqueado su tumba y profanado su descanso.

    Porque la izquierda no podría vivir sin el recuerdo de Franco; es lo que les mantiene en la escena. A falta de capacidad para hacer algo mínimamente de utilidad, necesitan aferrarse a quien nunca morirá mientras quede un español bien nacido que siempre lo tendrá en su memoria, y así lo transmitirá y dará en herencia, ese recuerdo, a sus descendientes.

    España necesita otro José Antonio, con sentido de justicia social y patriotismo a toda prueba, que sea tan limpio de conciencia que atraiga a la juventud y la redima del desamparo que sufre por los falsos profetas que son los políticos y sus partidos, auténticas organizaciones de malhechores y bandas de ladrones.

    Esta es la revolución pendiente, y no la que predican cuatro charlatanes de feria de pueblo, que además desaparecen con su botín tan pronto lo han conseguido.

    Tendremos Caudillo que nos consuele y sirva de referencia durante mil años más.

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  5. Franco ha muerto, seguira muerto por los siglos de los siglos, y al final Dios le impartirá justicia

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