«RECUERDOS  DEL BLOG» Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver

“A mis amigos que seguís siendo los de siempre y estáis donde siempre habéis estado: un poco mas viejos, un poco mas sabios, igual de imprescindibles”

Tampoco aquí seré fiel a la realidad, pues aunque tengo la intención de contar las cosas como fueron, reviviendo las andanzas de aquella época y de sus gentes sencillas, siempre acabo contándolas como las recuerdo, y no es lo mismo. Feliz evocación de un tiempo cuyo encanto y fascinación advertimos cuando ya se nos ha escapado entre los dedos. Las cosa no son como las vemos, sino como las recordamos. La nostalgia y la memoria nos devuelven aquellos años en clave poética, y como siempre acabo envolviendo  mis palabras, ¿por que no?, en el celofán de la complacencia.

Se puede volver al lugar del crimen, pero no donde se fue feliz, nunca estará a la altura de tu nostalgia, aunque nunca debas sucumbir a la misma, pues la vida es un camino de ida, y recuerda que los fieles  siempre están en tu acera, no hay que buscarlos enfrente.

Vivir estaría bien si naciéramos ya aprendidos, pero se nos va la vida aprendiendo y cuando comenzamos a saber vivir, nos vamos. Menuda broma.

“Los caballos del Camino”

De mis cuatro mini-caminos a Santiago a pie (Sarria-Santiago, Ponferrada-Santiago, Confran-Sanguesa y Burgos-Ponferrada), de entrada descarté  la bicicleta, preferí  recorrerlos  a pie, aunque con paso tardo de jinete, eso sí, fijándome en  los caballos que por ellos encuentre, y procurando: a ellos hablarles siempre en alemán; con los hombres que me crucé, bueno fue  emplear el francés; con las mujeres que vi, lo mejor el italiano; y me reservé el español para hablar con Él en Compostela.

En Ponferrada y sobre el Sil ,  bajo las almenas del castillo de los templarios,  me pudo el cansancio y luchando contra los moros, convertido en  caballero cristiano sobre mi “cantabria”,(mi último caballo de concurso), luciendo brillante armadura, me entregué al sueño y a la fantasía.

“Herradores fraguas y herraduras”.

El herraje es una tradición de tradiciones pues  tiene mucho de mito y de leyenda, retazo de historia;  fragmento del pasado que se ha forjado al amor de la lumbre y es que  el sonido de una bigornia, tan puro como el de un esquilín, es un tintineo lleno de encanto producido por el más bello de los trabajos técnicos.

Así eran esos hombres; no sé si oficio alguno pueda ser tan hermoso, y llevar tanta retranca dentro. No creo que lo haya.

“Un conductor de montaña”

En el parque Villa Borghesse de Roma lo descubrí  bajando todo marcial la pendiente. Se trataba de una bonita escultura en bronce de un mulo, con el tubo de una pieza de artillería perteneciente a la batería del batallón de los alpines del valle de  Aosta ubicado a los pies del Montblanc.

..Por esa condición híbrida, un político británico llamaba  a sus oponentes: “las mulas de la política: sin orgullo de ascendencia o esperanza de la prosperidad”, y por tierras castellanas, mas finos ellos, siempre oí decir: “La mula feliz lo pasa; fornica y no se queda preñada” Animales poco agraciados en su belleza, pero que en su defensa  tengo dicho que difícilmente desatiende la voz familiar y raramente, por el contrario, se  someten  ante personal extraño.

“Para servir hay que saber”

En mis tiempos de Delegado de Cría Caballar siempre pensé que el hecho de medir la alzada de un caballo con el bastón era una rutina, pero también se necesitaba saber, además de la rutina, solo un buen técnico que sepa de caballos tiene el prestigio necesario para tener cierta autoridad moral sobre el ganadero.

Lo mas frustrante de ser viejo es que ya sabes la respuesta pero nadie te pregunta.

“¡Un momento, por favor, que estamos aquí, por lo menos, no nos pisen!”

 “SOS a San Antón”

Y es que ninguna bondad había, sino maldad, en aquellas costumbres populares de algunos pueblos perdidos entre los trigales  de la Castilla mas ancha, cuando cada 17 de enero  colgaban de una cuerda por las patas a unos gallos  a modo de  piñata, para mas tarde pasar los mozos por debajo a galope de sus  caballos, y descabezar de un brutal tirón al animal. O unos días mas tarde, en Manganeses de la Polvorosa (Zamora), cuando los mozos que entraban en quintas arrojaban  una cabra viva desde lo alto del campanario de la torre de la iglesia.

A estas  costumbres,   ellos las  llamaban “cultura” o “señas de identidad” de sus pueblos.

¡ Que San Antón os proteja !

“A cavallo per Roma”

Siempre oí decir que: «Chi va a Roma, ne mula zoppa ne borsa floscia» (Camino de Roma, ni mula coja ni bolsa floja). Lo de la bolsa no tiene solución, pero  lo del caballo imaginario con el que pienso dar un paseo por la Ciudad Eterna ya esta arreglado, me lo dejará mi amigo el Coronel Jefe del «4° Reggimento Carabinieri un Cavallo» con sede en Tor di Quinto (Roma).

Como el Regimiento tiene dos Escuadrones, uno de caballos tordos y otro de castaños, me dio a elegir la capa, pero aquí como en España, «A cavallo donato non si guarda in bocca» (A caballo regalado no le mires los dientes), por lo que le agradezco la gentileza y solo le pido que el caballo sea (Lento y seguro),«Chi va piano, va sano e va lontano». Me dicen que se llama «Pancho», como  el caballo de Darío I El Grande.  A partir de ahora así le llamaré. Entre el abundante tráfico de Roma «Pancho» se maneja bien, solo se pone algo nervioso en los pasos de peatones, las motos y motorinos, cuando los semáforos se ponen en verde aquello parece la parrilla de salida de una carrera de  Motos GP.

Nos hemos cruzado con lujosos coches, algunos con  matrícula SCV , pregunto de donde son y me dicen que es la matrícula del Vaticano «Status Civitatis Vaticanae» (Servicio Ciudad Vaticano) y como nos contaba Paloma Gómez Borrero los romanos  traducen estas siglas como ¡Si Cristo lo Viera! Y Pancho relincha.

Llego a  «La Piazza del Popolo» (Plaza del Pueblo) situada a los pies del Pincio, y, junto a la parada del 30-expres, una «operatore ecologista» (barrendera en román paladino) se afana con el rimel y la barra de labios, «il trucco delle donne» (el maquillaje de las mujeres) que llaman en Italia, pero la escoba ni tocarla. Dejando atrás la Vía del Corso,  la Plaza Venecia y el teatro Marcello,  por el Lungotevere  me acercan a casa y siento que este paseo esta llegando a su fin.

“Cuando el Jefe es el que menos sabe”.

“Al modo que peca un magistrado cuando juzga mal por ignorancia, así también peca un Jefe cuando ordena mal sus tropas por la misma causa. Cada uno está obligado a saber su oficio; y el honor y la conciencia obligan en todos los estados a renunciar los encargos que no sean capaces de desempeñar”.

…En el Congreso alguien exclamó en tono patético: “¿Qué será de nuestros hijos, señores diputados?» Al escucharlo uno de ellos exclamó: “¡De  nuestros hijos no sé, pero al suyo, de momento, ya le hemos hecho subsecretario!”.

Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto.

La ley es igual para todos, pero para unos es mas igual que para otros.

Solo hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntárselo. Si responde sí, ya sabemos que esta corrupto.

Si queréis formar juicio acerca de un hombre, observad quienes son sus amigos.

No es mas grande quien mas sitio ocupa, sino quien mas vacío deja.

…Y nunca decepcionan, pues siempre encuentran la ocasión de meter aún mas la pata.

En la cena de despedida que tuvieron a bien regalarme los ganaderos catalanes,  con mi olvidado acento gallego natal, bajo el castellano de mi juventud en Toledo, y adornado por mi querido acento aragonés que me rodea desde hace mas de  cincuenta años, les dije: «ramader,s i criadors de cavalls de Catalunya, os estime».

  Caballos Anglo árabes”

Todos los jinetes: en el acoso y derribo, a la espera de que les hagan “seña”; en el toreo a caballo  cuando se colocan frente a la oscuridad del chiquero; o los de saltos,  preparados o prevenidos en la pista de ensayo con “gato de ganar”, soportarán mejor su boca reseca si saben que montan a uno con clase, buenos pies y mejor velocidad para sacarlos de cualquier  apuro. Y no como cuando se encaramaban en caballos faltos de su sangre, que a la primera dificultad provocaban un “parón o derribo”, una “pasada en falso” o un “marronazo”; y es que como decían los castizos jinetes veteranos, y me apresuro a pedirles perdón por tamaña grosería que prometo no volver a repetir, “al primer pedo, zurraspas.

Aquellos eran  tiempos distintos a los actuales; la cercanía con los jinetes era mayor, el divismo no había llegado a nuestro deporte, y todo era mas artesanal. Nos sentíamos  miembros de una misma familia: la de la Hípica con mayúscula. Entonces todo era más duro, sí, pero también más sencillo.

…Con las orejas gachas nos fuimos  a la residencia, y acto seguido a telégrafos a poner el correspondiente telegrama a nuestro Coronel, cuyo texto decía: Banqueta inaccesible, hostia casi segura, salúdale…

Hay  que torpe eres, le decía un veterano jinete a un teniente recién salido. Hoy es honor, hoy no se va a misa. (En las pruebas llamadas  Honor, no había premios en metálico, y todo lo recaudado por entrada y apuestas se destinaban a entidades benéficas)

¿Quién eran aquellos jinetes   desconocidos que en Alfambra llevaron a cabo la última carga de la Caballería Española?.

― ¡Eran la encarnación anónima y gloriosa del límite humanamente insuperable de la acción de un Arma!

Y acabo con Salomón:―«No te desvíes ni a la derecha ni a la izquierda y aparta del mal todos tus pasos» sentencia que concuerda muy bien con el «Espíritu Militar», que se mantiene tan joven y vigoroso como cuando nació, y es que lo militar, no es sino lo humano colectivo elevado de tono, tendido como un resorte puesto en tensión por la elevación de potencial que supone el cercano contacto con esa exaltación de toda la vida que es la muerte»,

Pero pasa el tiempo. Nos piden confianza... A veces cuesta.

Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver

Blog: generaldavila.com

Zaragoza enero 2026.

 

 

 

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