«NUESTRAS TRADICIONES Y COSTUMBRES» ¡QUE NO NOS LAS TOQUEN!  Coronel de Caballería ®  Ángel Cerdido Peñalver.   

«Clavileño el Alígero» caballo volador de madera, regido por una clavija que tiene en la frente, volando por la bóveda celeste con don Quijote sin estribos, Sancho Panza a la grupa, y ambos con los ojos vendados»

Dice el refrán: ¡Hasta san Antón, Pascuas son!, pero ya está bien de marear la perdiz, y  me niego a celebrar las tonterías que ahora nos presentan en este primer mes del año como días internacionales, entre otros: «de la croqueta» el día 16, o el de «besar a un pelirrojo» el 12.

Las tradiciones y costumbres son cosas serias, expresiones culturales que caracterizan la vida de un pueblo o nación, algo propio y profundo que se trasmite de padres a hijos y de generación en generación.

Con tantos trienios a cuestas creo que todavía no me caí del  guindo, así que con la ligera idea del mundo en que vivo, barrunto el fin que algunos políticos buscan con cambiar, o hacer desaparecer nuestras fiestas y costumbres de siempre. Por eso hoy levanto la voz para decirles ― ¡QUE NO NOS LAS TOQUEN!.

Como decía, el 17 de enero, es día de san Antonio Abad (san Antón) patrón de los animales… y de los sepultureros. Hace unos años ya  lancé en el blog  un SOS en nombre  de todos los animales, pues desde  tiempos  remotos, casi siempre, nos comportamos con ellos como el peor de los depredadores, hasta que llegó a este mundo en Egipto, el monje cristiano Antonio Abad, centenario anacoreta popularmente conocido como san Antón, que pronto se convertiría en vuestro protector.

De los caballeros depredadores también hoy me despido como entonces, como lo hacía Groucho, uno de nuestros más ilustres humoristas, el mayor de los hermanos  Marx, si, el del puro pegado al bigote, cuando aconsejaba: ―«Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no los conozco muy bien».

Y …¿Si la Candelaria es el día dos, y san Blas el tres; adivina en qué mes se celebra la próxima?.

En febrero, el 14.- San Valentín, día de los enamorados.

Desde que el francés Marcel Duchamp (pintor, escultor, y padre del arte conceptual) le puso bigote a la Gioconda, ya no me sorprenden las  patochadas como  celebrar en este mes: el  «Día de la Marmota» el 2 de febrero o la del «Orgullo Zombie» el 4.

Dejándolas a un lado, me centro en otra de nuestras fiestas de siempre, y me olvido del fenómeno comercial de gran impacto que tiene este 14 de febrero.

En san Valentín recordamos al  sacerdote y médico católico que vivió  en Roma en  siglo III d.C. durante el gobierno del emperador Marco Aurelio Claudio, más conocido en la historiografía romana como Claudio II el Gótico, y que hoy es recordado  por prohibir el matrimonio entre los jóvenes, convencido de que los soldados solteros eran mejores guerreros al no tener ataduras familiares. Pero Valentín, en desacuerdo con esta medida, comenzó a casar en secreto a las parejas cristianas. Descubierto fue arrestado y posteriormente, el 14 de febrero del año 269, lapidado y decapitado.

En este día, me gustaría encaramarme de nuevo a un caballo, pero al no poder hacerlo ya de salto, serán la mitología romana, los carros o coches y sus arrieros o cocheros, los que me den pie a ello, pues aunque no pueda hacer las mismas cosas que de joven, con los límites de mi imaginación, sueño cada día con lo que fui.

Por las alturas discurre el mito del carro alado que nos  cuenta Platón, en los diálogos que Fedro y Sócrates sostienen sobre el auriga y la pareja de caballos. Platón decía que en el caso de los dioses, los dos caballos de su biga eran tordos, bellos, ágiles, llenos de bondad, y representaban la nobleza del alma; en nuestro caso, el de los mortales, uno de los dos caballos también es así, pero el otro es lo contrario, un penco  desorejado negro hito y poco agraciado en su belleza, que nos recuerda las bajas pasiones, los vicios y la desobediencia, buscando siempre morder la tierra y dificultando la ascensión del alma hacia la verdad.

Gracias a sus alas, el carro de los dioses se mueven por la bóveda celeste. Por la dificultad de guiar el nuestro, debido al caballo resabiado, a los hombres les es imposible seguir al de los dioses, pierden las alas y caen a la tierra entre nubarrones a la oscuridad.

La escena representa el alma humana dividida en tres partes: el cochero (la Razón), el caballo blanco (el Bien), y el negro (el Mal).

Aquí en la tierra como en la bóveda celeste, el alma es el conjunto que forman en ese carro la collera de caballos alados y su auriga. Caballos y yeguas  tiran del alma, y como seres nobles que son aceptan el yugo sin jamás ser esclavos.

Y al galope por allá arriba fue donde nos tropezamos con Clavileño el alígero, caballo de madera con una clavija en su cabeza que controlaba sus alas, y que aparece en la segunda parte del Quijote, en uno de los grandes sueños del divino lunático don Miguel.

También  soñando en este sábado 14 de febrero, día de san Valentín veo, y muy bien vestidos, a una pareja de enamorados pasear con su carruaje. Por el número de caballos, dos, de capas torda y castaña, y la forma en que estos van enganchados al  coche, uno a cada lado de la lanza en paralelo, creo que se trata, dentro de la modalidad de troncos, de un faetón sin capota. Las guarniciones son inglesas con collerón y pechopetral, todo de color negro y el hebillaje plateado.

Uno de los caballos, el macho entero y tordo, ejerce de madrina o de mano, y va a la derecha  por ser el mejor domado y experimentado, pero hoy con la libido alta debido a la proximidad de la yegua, y arrastrado por la fascinación erótica, se resiste a la acción de las riendas del cochero.

La yegua castaña de los cabos negros, la de fuera, es dócil y tiembla ante el semental. El temperamento de los dos semovientes es la razón de nuestra lucha interior entre el impulso y la timidez, entre la urgencia del deseo y la espera que inmoviliza.

El amor en los humanos se parece a  ese difícil equilibrio equino que reina en ese faetón.

Como se decía en otros tiempos, ya fuera «ora de calle o de camino», los cocheros y arrieros también fueron bien vestidos, a la usanza de la época que correspondiera, en consonancia con la guarnición del coche o carro, a base de colores sobrios y en Aragón siempre con el cachirulo rodeándolos la frente.  Hombres que sabían estar, que sabían subir la voz a su debido tiempo, y que lograron  hacer de sus vidas una forma, un estilo, una vocación y un sentido, al mismo tiempo que una profesión. Hombres que poco tenían, pero que se sentían amos del campo, de su perro, orgullosos de su casa, de su tierra, y de ese arte llamado «Jota», que a menudo cantaban combinando en sus letras, sus vidas y  los trajines de sus caballos o mulas; pero que cuando veían sus derechos amenazados, no dudaban en cantarles las cuarenta a quien fuese, como en el juego favorito de cartas de todos ellos,  el popular  «tute».

Gracias a Dios pocos de ellos, murieron con menos de 30 años, justo la edad  que no debía rebasar  todo buen húsar, al estar metidos en todos los fregados bélicos de su época, pero seguro que harían suyos el  lema con los que aquellos franceses, empezando por los dos prototipos del «beau sabreur» (hermoso espadachín), sus  mariscales Lasalle y Murat, cuando se despedían en sus cartas de sus mujeres, desde el campo de batalla en vísperas de partir con sus caballos hacia el combate:―«Mi corazón para ti, mi sangre para el Emperador, mi vida para el Honor».(Carta de Lasalle a su esposa) .

Caballo mío, llévame en un vuelo a los sotos y galachos que dan risa a nuestros ríos, donde seguro baila y resuena el amor mío, o a la bóveda celeste, que es donde hoy le hubiera gustado al Caballero de la Triste Figura, pasear con su amada Dulcinea a la grupa.

―Y es que soy español, heredero de Sancho y Quijote, y mis costumbres y tradiciones ¡que no me las toquen, que no me las toquen!, pues son cositas que llevo muy dentro de mi corazón. Soy parrilla y chuletón, soy Sabina y Camarón, soy olivo, soy viña y cielo, soy montaña, soy volcán, soy poema, soy refrán. Soy buscón, soy don Juan y soy… torero.

(De la canción «Soy español» de José Manuel Soto).

Coronel de Caballería ®  Ángel Cerdido Peñalver.   

Zaragoza 8 febrero 2026. 

Blog: generaldavila.com