EL REY DE MÉXICO. General de División (R.)    

Las palabras del Rey Don Felipe sobre la actuación histórica de España en México está trayendo cola. Quiero decir que el Rey no sabemos si dijo lo que dijo queriendo o fue sin querer queriendo.

El caso es que el Rey no es profesor de Historia, sino la mismísima Historia de España. Parco en palabras y rico en símbolos.

Cuando por primera vez el Rey Juan Carlos visitaba Argentina, le dijeron a Sánchez Albornoz, presidente en el exilio de la República, que llegaba el Rey de España a lo que efusivamente contestó.

-No, no es el Rey de España. ¡Es España quien viene a la Argentina!

Matiz muy importante porque el rey además del símbolo es la encarnación de todo un pueblo. Si esa magia se rompe se banaliza su figura y cualquiera puede ocupar el lugar que solo corresponde a quien simboliza la historia de un pueblo. Cada nación  tiene su historia y por algo será como de hecho demuestra la nuestra. Si queremos otras aventuras también las conocemos. No salieron muy allá, pero vamos camino de probar de nuevo.

No seré yo quién critique al Rey Don Felipe por sus palabras en la visita que ha hecho a la exposición organizada por México «La mitad del mundo. La mujer en el mundo indígena».

Se han trasladado hasta Madrid más de 400 piezas que constituyen la mayor exposición sobre la mujer en las culturas indígenas mexicanas. Entre las obras más brillantes que se podrán contemplar están la de la Reina Roja, ajuar funerario cubierto por un pigmento rojo que le dio el nombre, y La señora de la falda de estrellas, diosa mexicana que representa la maternidad y la fertilidad.

Un gran proyecto que ha visitado el Rey Don Felipe de manera privada y que, en una conversación informal, ha dicho unas palabras que han provocado un verdadero terremoto.

«Es decir, los Reyes Católicos, la reina Isabel, con sus directrices, las leyes indias, todo el proceso legislativo, hay un afán de protección que luego la realidad hace que no se cumpla como se pretende y hay mucho abuso» ( el subrayado es mío).

El Rey no es infalible en materia de historia ni en política. Puede errar y lo ha hecho, dicho sea con todo el respeto y el posible error de quien escribe, que lo hace con cariño y para ser una voz más de todas las que dan su libre opinión. La mía no es la del estudioso historiador ni siquiera se acerca a la del estudioso de los tiempos, pero sí tengo opinión sobre mi Rey y su significado. Seguro que errónea, pero sé que son muchos los que opinan como yo y es por lo que con todo respeto me lanzo a darla.

La conversación del Rey en la citada exposición junto al embajador de Méjico en España y otras personas, de pie y sin formalismos, sin leer un papel, parece improvisada, aunque puede que no lo sea tanto.

En cualquier caso todos podemos (hasta debemos) cometer errores y, aunque la infalibilidad Real no existe, sí que se supone la buena voluntad en quien es más que un poder político (al que suponer es mucho), sino el Poder del símbolo. Pero en España tal y como están las cosas hay que andarse con cuidado ya que todos miden y analizan cada gesto y cada palabra. Algunas son lanzadas o recibidas como pedradas, o drones cargados de explosivo mensaje, que se arrojan metiendo al Rey en la lucha política como estandarte que utiliza tanto uno como el otro.

Ese es el problema Real y por lo que el Rey debe mantener la distancia tanto en el gesto como en la palabra. Para no ser utilizada de parte, porque de nadie es parte, sino todo.

Es importante que el «símbolo» constitucional marque la «distancia Real», que sea una clara diferencia y evite confusiones con otras instituciones o poderes más concretos que, aún siendo figuras destacadas y eminentes poderes de la organización del Estado son transitorias, fugaces y nunca símbolo de la nación.

La palabra del Rey nos acoge y representa a todos y cuando se pronuncia debe ser medida, justa, equitativa y que abarque a todos. Es por ello que debe ser meditada antes de pronunciada, no dar lugar a equívocos y menos al enfrentamiento. Ni en materia política o histórica ni en lo personal o colectivo. Dura y difícil tarea la de ser Rey de todos los españoles. Marcar esa distancia que se aleje de la familiaridad, pero se acerque a la individualidad de todos y cada uno es tarea de reyes. Difícil tarea que marca y enmarca la Historia de España.

En nombre del Rey se ejerce principalmente la justicia, se sancionan y promulgan leyes, se convocan elecciones y se nombra al Presidente del Gobierno. Se confieren empleos civiles/militares, se otorgan honores y se ejerce el mando supremo de las Fuerzas Armadas.

Es el poder del que ostenta el símbolo de España, de toda España.

Es por tanto quien debería representar y asumir la labor de tantos escritores, historiadores, académicos y diplomáticos que con éxito creciente muestran la grandeza, singularidad y ejemplaridad de la obra de España en América y concretamente en Méjico.

Desde luego sin abuso alguno.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)   

Blog: generaldavila.com

18 marzo 2026