Ostentar un cargo público exige unos requisitos mínimos de cultura, que traducido al román paladino significa educación. Puede llamarse respeto a los que sirves o, como antes se decía, urbanidad. Necesarios serían concejales de urbanidad y ministros de lo mismo y no de urbanismo o transportes al vacío cultural.
La ordinariez suele esconderse bajo el grito de libertad, como la debilidad del esclavo de sí mismo: «Hago lo que me dá la gana». Ya se ve y se siente.
Los niños a edad temprana se inician en el chiste. Rien las gracias de aquello que intuyen como la entrada en un mundo de mayores que les permite romper con lo prohibido: «Niño eso no se dice»; es su primera picardía: «Caca, culo, pedo , pis«. Creo recordar que era un canción de los Punkitos allá por los ochenta. Siempre me pareció una ordinariez que no tenía ni pies ni cabeza, pero ese no era un problema. Aquello al lado de lo actual era poesía renacentista, incluso barroca, y me refiero al lenguaje y talante de Sus Señorías, esas que dicen ser representantes de la soberanía nacional y efectivamente así está lo nacional y la soberanía. Uno insulta, otro bloquea, otro cocea, y aquello es una fiesta a la que acuden a pelear lo más granado de la sociedad para después de escenificar una pantomima, abrazarse a la farola que les alumbra a fin de mes. Nada de impuestos que es «pal pueblo», nada de pagar transportes, na de na, todo «pa asá una vaca» .
Alguno llega a ministro y se redtransporta en esa llamada X e insulta, bloquea, y dedica el tiempo que la soberanía le paga para divertirse dándole al dedo mientras RENFE encalla y las carreteras se desesperan de baches y malformaciones.
Los más viejos recordarán en muchos lugares públicos, incluso hospitales, unos artilugios de cerámica, llamados escupideras o salivadoras, muy colocaditos en las esquinas de los pasillos. Finas porcelanas, algunas de Talavera, donde el personal escupia a su libre albedrío. Dicen que «el que al cielo escupe, en la cara le cae». Sería por eso.
Creo que ha sido precipitado retirar tales artilugios. Hay lugares donde la palabra es peor que el escupitajo. En las redes sociales y en semejante sitio donde se representa a la soberanía deberían poner una aplicación exclusiva para eso: «Escupidera», o «Salivadora».
Caca, culo, pedo, pis es cervantino si se compara con lo que hoy se dicen; o se escupen. Sus Señorías.
Rafael Dávila Álvarez
15 diciembre 2023
Blog: generaldavila.com