PUNTO DE FRACTURA (EQUIPO DE REDACCIÓN DEL BLOG)

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INTRODUCCIÓN

Todos los sólidos cuentan con un “límite de elasticidad” que es la tensión máxima que un material puede soportar sin sufrir deformaciones permanentes en su estructura. Si las tensiones ejercidas continúan aumentando, el material alcanza su “punto de fractura”. Si se aplican tensiones superiores a este límite, el material experimenta deformaciones permanentes y no recupera su forma original al retirar las cargas.

soldadosUn estudio monográfico1 publicado en el año 2010 en la Escuela de Estudios Militares Avanzados de EEUU (Fort Leavenworth, Kansas) y que releí recientemente, me hizo reflexionar sobre el asunto que ve la luz en este artículo.

La reciente crisis económica que empezó a golpear a España en 2008, y las consecutivas restricciones en los presupuestos generales del estado con su lógica repercusión en los del Ministerio de Defensa, ha hecho que el presupuesto de este departamento no solo no se mantenga sino que, al contrario, retroceda hasta límites insospechados hace apenas unos años, alcanzando en la actualidad un valor equivalente al 0,54% del PIB, y situándolo en el furgón de cola de los países occidentales de referencia en nuestro entorno. De poco vale decir que en 2015 se ha incrementado un 0,4% en relación al presupuesto de 2014, para situarse en 5.767 millones de euros, cuando la crisis económica se ha llevado por delante un 32% en los últimos seis años.404d4a1f05e56f7f12a441e580fc1b2639396bd0

Las consecuencias del batacazo económico no se hicieron esperar y empezaron a diseñarse políticas de seguridad y defensa basadas más en la urgencia de adaptarse a las posibilidades que de adecuarse a las necesidades de un sector que es, en definitiva, el garante de los demás sectores que configuran el estado de bienestar. El resultado es un planeamiento de la DEFENSA basado en mínimos y que ha puesto en jaque a los Jefes de Estado Mayor de los respectivos Ejércitos que, obligados por las circunstancias, han buscado soluciones pragmáticas que no guardan correlación con las verdaderas necesidades de la DEFENSA. paperaircrafts-eurofighter

En ocasiones, se han centrado mayores esfuerzos en preservar los intereses comerciales y empresariales del sector DEFENSA, tocado en la línea de flotación por los efectos de la propia crisis, que en satisfacer las necesidades identificadas de seguridad nacional2.

CUERPO

15204875197_ed306af5ebLas etapas lógicas de un “Planeamiento por Capacidades” en el que se intentaban identificar las carencias de aquellas capacidades militares que se consideraban críticas para el cumplimientos de los cometidos asignados en el marco de desarrollo de una eficaz política de defensa, para luego cruzarlas con las posibilidades reales de incorporación de recursos (humanos y materiales) afrontando así los esfuerzos exigibles, se han visto desplazadas por un planeamiento inverso en el que se diseña el estado final (en la mayoría de los casos “no deseado”) y se estudian los pasos a dar para llegar a él. Se rompió el principio de no tratar de definir y concretar cómo iban a ser nuestras FAS en un futuro, la entidad, preparación o equipamiento que tendrían, en definitiva, el cómo se diseñaban, a favor de primero diseñarlas y después buscar los argumentos que las validaran. El fulcro se había desplazado y el equilibrio entre necesidades y recursos quedaba de esta manera patentemente inestable.BURRO palanca fotos-curiosas

Los nuevos riesgos y amenazas, la incertidumbre propia de los escenarios complejos en donde deberían emplearse, la amenaza asimétrica y las posibles líneas de acción de un hipotético enemigo no bien identificado ni definido, todo ello como consecuencia del lado oscuro del mundo globalizado en el que vivimos y que aconsejaron cambiar el modelo de planeamiento basado en amenazas a este otro basado en capacidades, poco o nada tienen que ver con la estructura actual de las Fuerzas Armadas.

Como apuntaba Sun Tzu en El Arte de la Guerra: “la mejor victoria es vencer sin combatir”, y esto requiere de una disuasión creíble que se ponga de manifiesto mostrando el propósito de llevarla a cabo con fortaleza, con ejemplo y capacidad, poniendo al servicio de ella a todos los elementos de poder del Estado y con una perspectiva a largo plazo. Como decía el mismo autor, esto solo puede conseguirse al “desarrollar un ejército fuerte, un pueblo próspero, una sociedad armoniosa y una manera ordenada de vivir”. ¿Estamos en la actual sociedad española en condiciones de cumplir alguna de estas máximas? ¿Se ha alcanzado el punto de fractura? ¿Hay indicadores que puedan hacernos ver en dónde nos encontramos y mejor aún, hacia donde nos dirigimos? Y más centrados en nuestras FAs, ¿hay indicadores válidos para determinar cuántos más recortes se pueden soportar sin poner en riesgo de colapso la estructura y con ella la DEFENSA nacional? ¿Cuán cerca de esos indicadores estamos? Demasiadas incógnitas para resolver una ecuación bien compleja.

exposiciones_miniaturasSi fuera posible establecer una escala de colapso que adoptara múltiples formas y grados y que fuera igual de mesurable que un temblor en la escala Richter, probablemente iríamos de un nivel totalmente táctico en el que se encontraría una escuadra de fusileros acuartelada, desmotivada, empleando su tiempo en mantener en condiciones de uso el armamento individual y en limpiar unos vehículos que no tienen combustible para mover, hasta el nivel operacional de un Ejército sin presupuesto, acartonado y acantonado, no comprometido, con el personal mal pagado y esperando a que le asestaran el golpe fatal. Entre ambos extremos habría un gran espectro de situaciones intermedias, permeables y sin duda alguna fácilmente escalables. Para algunos lectores quizás se esté describiendo más una situación próxima al Armagedón que a la realidad actual de nuestros Ejércitos, y no les falta razón, pero deben ser conscientes de que el colapso de las estructuras se inicia con una grieta imperceptible a los ojos de los más avezados expertos.OBJ1829907_1--644x362

En el libro “El colapso militar soviético3, su autor sitúa las causas del colapso del ejército soviético en 1991 en dos factores principales: la gran reducción de fuerzas convencionales y la abierta resistencia de la población civil al sistema de reclutamiento forzoso. Esta es una sólida explicación de una obra que concluyó con el acto final del derrumbe del gigante militar soviético. ¿Debería ser motivo de análisis para nosotros? La falta de tropa de reemplazo y, en consecuencia, del compromiso social a la tarea de la DEFENSA solo es sustituible por unas Fuerzas Armadas profesionales y motivadas, bien instruidas, equipadas y sostenibles, que recibe los recursos necesarios para ello y que no traspasa la línea roja de la pura supervivencia del día a día. Como el propio Secretario de Estado de Defensa propuso a las fuerzas políticas al presentar los presupuestos del departamento para el año 2015, es necesario alcanzar un acuerdo para dotar a las Fuerzas Armadas de un marco de financiación más estable, alejado de los «vaivenes políticos diarios», y que dé a las empresas y a los Ejércitos capacidad de planeamiento a largo plazo.

Por otro lado, si nos centráramos en alguno de los factores considerados como claves en el funcionamiento de los ejércitos, a saber: disciplina, liderazgo y cohesión, podríamos analizar la salud e integridad del mismo. Estos tres factores, analizados en detalle, han sido la clave para el alza, mantenimiento y también la caída de los imperios más poderosos a lo largo de la historia.

unnamed (5)La disciplina, individual y colectiva, está basada en muchos pilares, como la instrucción y el adiestramiento, la educación ciudadana, la formación moral y la íntima percepción de que se trabaja por y para una causa justa, entre otros, y tiene un mal sustento cuando se ampara solamente en las medidas coercitivas. Pero la disciplina, por si misma, no es suficiente para mantener la integridad de un Ejército. La lealtad hacia los líderes, el compañerismo entre camaradas de armas, y la competencia y respeto entre Unidades son, en definitiva, factores de cohesión que condicionan el todo. Estos factores han podido a través de los siglos más que el temor a cualquier castigo, y el fundamento sigue siendo válido en nuestros días.

La cohesión, sin embargo, puede presentar fracturas si no existe un marcado liderazgo que se manifieste no solo en los campos de entrenamiento y en las misiones que se desarrollan en el exterior, sino también y con mayor fuerza si cabe en los frentes burocrático y administrativo, que son los que más desmotivan al personal y ponen en peligro desde la disciplina individual a la cohesión de los Ejércitos como un todo, ello sin necesidad de gastar un solo cartucho4.credolegionariooriginalne0

Es difícil llegar a conocer el funcionamiento intrínseco de estos tres factores y como afecta uno al comportamiento del otro, pero es obvio que los tres interactúan en un mismo espectro intangible y que en él no existen líneas divisorias. La ausencia significativa de uno de ellos hará que los otros dos se resientan y que la estructura entre en inestabilidad con riesgo de colapso. De ahí, la importancia de ser capaces de detectar a tiempo la más mínima falla del sistema para ser capaces de diagnosticar si es un mal interno, de limitadas consecuencias y reversible mediante la adopción de las oportunas medidas correctoras, o si es sintomática del colapso de una sociedad ampliamente desencantada5 a la que sirven las Fuerzas Armadas, de la que se nutren sus filas y a quien representan

CONCLUSIONES

Por fortuna, nuestros Ejércitos gozan a día de hoy de una excelente salud en lo individual y colectivo. La disciplina, factor de cohesión, está más que suficientemente contrastada y ello a pesar de algunas disposiciones legislativas que han incidido, sobretodo, en el terreno de los recursos humanos y que han puesto a prueba el temple de nuestros soldados y cuadros de mando que, lejos de mermarle la moral, exhiben unos niveles de preparación sin parangón en la historia moderna de nuestras Fuerzas Armadas, como se encargan de demostrar en cuantos ejercicios de carácter nacional o multinacional, y en cuantas misiones delicadas en el exterior se les encomiendan. Así pues, es verdaderamente fácil encontrar indicadores que nos muestran el rendimiento y profesionalidad de nuestros Ejércitos, y ello a pesar de los malos tiempos que vivimos en nuestra convulsa y, en ocasiones, carente de valores sociedad.

centinelaNo obstante, en un ejercicio de perspectiva de doble enfoque (arriba-abajo; abajo-arriba) habrá que estar atento a los indicios de cualquier tipo de grieta -por mínima que esta sea- que pueda surgir. Habrá que prestar especial atención a los indicadores que pongan de manifiesto que el Ejército(s) se está alejando de su óptima capacidad de combate. Todo estado de resiliencia tiene un límite. Preocupémonos si vemos a la tropa sentada, afanada en pulir sus fusiles más allá de lo razonable…. Preocupémonos cuando el Ejército(s), como un todo, no tenga otro objetivo que sobrevivir con los exiguos créditos que se le asignan.

La salud de las Fuerzas Armadas es un asunto de interés nacional. Las Fuerzas Armadas deben ser capaces de sostener sus capacidades a largo plazo -el mismo que tardan en adquirirse- a la par que cumplir las exigencias del corto plazo -en ocasiones, el único que interesa al gobernante de turno- . Cuando converjan en el tiempo la capacidad de las Fuerzas Armadas de mantener sus capacidades críticas con el desinterés social de la nación por los asuntos de la DEFENSA, podría haberse alcanzado el punto de fractura.unnamed (2)

Abril de 2015 – Equipo de Redacción

1How thin is the ice? LTC Joseph S. McLamb

2“Si la trompeta emite un sonido incierto, ¿quién se aprestará a la batalla?” San Pablo, Primera epístola a los Corintios

3William E. Odom (New Haven: Yale University Press, 1998)

4“Una vez que los ejércitos están confusos y vacilantes, empiezan los problemas procedentes de los adversarios. A esto se le llama perder la victoria por trastornar el aspecto militar” (Sun Tzu, “El Arte de la Guerra”)

5“La inclinación a poner todas nuestras esperanzas en el liderazgo y autoridad de un hombre fuerte, no es en sí misma particular de Alemania. Alentada por elites amenazadas y por la aceptación de unas masas deseosas de un liderazgo autoritario y firme, personificado con frecuencia en una figura “carismática”, esta inclinación la han experimentado muchas sociedades en las que un sistema pluralista débil se muestra incapaz de resolver las profundadas fisuras políticas e ideológicas existentes y da la impresión de encontrarse en una crisis terminal”. Ian Kershaw, “El mito de Hitler

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