COMANDANTE D. PABLO ARREDONDO ACUÑA. CRÓNICA LEGIONARIA

11111053_917407624949158_2323635409982444774_n (1)Los pasados 10-11 de abril tuvieron lugar en Baeza (Jaén), Patrimonio de la Humanidad y denominada “Nido de Gavilanes” por el romancero, los actos de exaltación a la memoria del bilaureado e hijo de este noble municipio, Comandante D. Pablo Arredondo Acuña.

Los actos, organizados por la propia familia del homenajeado en colaboración con el Ayuntamiento y con la cooperación de la Brigada de la Legión, consistieron en un pregón patriótico sobre la figura del Comandante pronunciado por el Excmo. Sr. General de Brigada de Infantería DEM D. Antonio Ruiz Benítez y la restauración de la estatua en su emplazamiento original.Antiguo_monumento

Es de resaltar que la restitución de la estatua del Comandante en su ubicación original fue posible gracias a las aportaciones voluntarias conseguidas mediante suscripción popular promovida por la Comisión nacida al efecto.

Los actos, que contaron con la presencia de numerosas autoridades, fueron presididos por el Ministro de Defensa, quien quiso estar presente en tan especial efeméride. Pero no es hora de hablar de personalidades presentes, sino de la figura central de tan emotivos actos. Por motivos obvios de concisión, no queda otra que ceñirse a glosar alguno de los múltiples hechos heroicos que jalonaron la existencia del Comandante Arredondo.

El Comandante Arredondo, es uno de los más grandes héroes españoles del siglo XX, bilaureado, condición a la que únicamente han accedido cinco militares españoles. Además, le fue concedida una medalla militar individual, un ascenso por méritos de guerra, tomó parte en más de cincuenta acciones de combate y sufrió diez heridas de guerra.

Pero también, y sobre todo, Arredondo es un ser humano extraordinario por su altruismo, su generosidad, su valor y su indomable voluntad, por la alegría y serenidad que sabía transmitir a los que le rodeaban en las ocasiones más difíciles y por la pasión que en todo ponía, en fin, un modelo de Soldado y Caballero.

Nacido el 8 de enero de 1890, en el seno de una familia de amplía tradición militar, su padre, el Teniente Coronel don Pablo Arredondo, contrajo matrimonio con doña Rosario Acuña, hija de don Cristóbal Acuña Solís, por entonces alcalde de Baeza.

Sus raíces castrenses se remontan, según pleito de hidalguía que se conserva en la Real Chancillería de Granada, hasta don Lope García de Arredondo, que tomó parte en la conquista de Baza, junto a los Reyes Católicos.

Militar fue su bisabuelo, que sirvió en el Regimiento de Dragones de la Reina, sus tíos y su padre, don Pablo Arredondo Muñoz-Cobo que murió de Teniente Coronel como consecuencia de las enfermedades contraídas en Cuba. Asimismo, sus cinco hermanos alcanzaron la muerte vistiendo el uniforme militar.

baeza-heroe--490x578Pablo ingresó en la Academia de Infantería el año 1908 y cursó estudios durante tres años, hasta obtener el empleo de segundo teniente de Infantería en julio de 1911.

Su primer destino sería el Batallón de Cazadores de Barbastro nº 4, por entonces de guarnición en Alcalá de Henares, al que siguió el Batallón de Cazadores Arapiles nº 9, -también de guarnición en Alcalá de Henares- y en donde permaneció hasta el 7 de mayo de 1913. Es entonces destinado a Marruecos, a la edad de 23 años, y cuando empieza a escribirse la corta pero intensa relación de Arredondo con África. El Batallón de Cazadores de Arapiles quedaba encuadrado en la Brigada de Cazadores, mandada por el General Primo de Rivera, junto con los batallones de la misma clase Barbastro nº 4 y Llerena nº 11.

Embarcado en Algeciras el día 9 de mayo, llega a Ceuta en donde permanece hasta el 23 del mismo mes cuando el Batallón de Arapiles se traslada, en una marcha de dos jornadas, desde Ceuta a Tetuán, en donde tuvo su primer contacto con la vida de posición, al ser destacado con su compañía a la de Yebel Denia. Unos días más tarde entraría por primera vez en combate, más bien una escaramuza, al salir a dispersar a un grupo de moros que habían causado con anterioridad algunas bajas al destacamento encargado de hacer la aguada para la posición.

SU PRIMERA LAUREADA

Cruz Laureada de San FernandoDespués de haber dejado su Compañía en la posición de Yebel Denia y reintegrarse al Batallón de Tetuán, toma parte en su primer combate serio que constituirá a la vez su bautismo de fuego y su bautismo de sangre, al participar en la acción de Laucien, lo que le valdrá a la postre, la concesión de la primera Laureada.

El 11 de junio de 1913, el Batallón Arapiles ocupa unas alturas para mejor proteger el repliegue de una columna que, al mando del General Primo de Rivera, trasladaba muertos y heridos al campamento de Tetuán. Inmediatamente se vieron atacados por gran número de enemigos de las Harcas del Raisuni que volcaban toda su potencia sobre la indefensa columna en retirada. Durante un buen rato los cazadores de Arapiles opusieron fuerte resistencia para dar tiempo al repliegue de la columna, pero llegó un momento en que se vieron prácticamente cercados por el enemigo, por lo cual el Jefe del Batallón ordenó, ya avanzada la tarde, el repliegue del mismo.

Empezó con orden, por escalones que se apoyaban sucesivamente, pero cuando las sombras de la noche empezaron a dificultar la visibilidad, el enemigo, aprovechando su perfecto conocimiento del terreno, se movió muy ágilmente, desorientando la reacción española.

Por la izquierda del despliegue se bate el Teniente Arredondo. Cumpliendo con la orden de repliegue, acaba de abandonar un grupo de rocas desde donde ha mantenido a raya al enemigo. Apenas se ha alejado unos cien metros, cuando los moros, dueños ahora de las rocas, desencadenan un fuego mortífero que no sólo les alcanza a ellos, sino que bate a las otras secciones en movimiento.

Las bajas crecen de modo alarmante, Arredondo quiere contrarrestar el efecto que los heridos producen en sus compañeros y grita: ¡Muchachos! ¡Tenemos que volver! ¡Echadlos de las rocas! ¡Adelante, cazadores! ¡A por ellos!

JUNIO 1913-FOTO-MARRUECOS-PLANO GUERRALa reacción es instantánea, los soldados corren tras su teniente, que, sable en mano, se lanza a desalojar al enemigo. La lucha al arma blanca es tremenda, pues los moros se protegen entre las rocas y hay que sacarlos de su escondite. El Teniente Arredondo lucha a mandobles con los tres rifeños que le rodean, derribando de un certero golpe a uno de ellos. Los otros, asustados por el valor de aquel hombre que lucha como un coloso, huyen precipitadamente. Uno de sus hombres descubre que el Teniente está herido en la ingle, manando abundante sangre y así se lo hace saber.

¡Calla! –Le dice-. No es más que una pedrada”, y volviéndose hacia sus hombres, tremolando el sable ensangrentado, exclama: “¡Otro empujón más y no volverán más a estas piedras!”, al tiempo que nuevamente corre al frente de su sección y vuelve a cargar con el mismo empuje.

Su asistente, asustado, le vuelve a decir a su Teniente que la herida que tiene en la ingle no es una pedrada, sino una herida de bala, a lo que el Teniente Arredondo replica: “No digas disparates. Y no hables con nadie de mi herida, Ya lo sabes, no es más que una pedrada. Aguanto bien, y no es momento de pararse a curar un tiro sin importancia”.

Por tercera vez vuelve con sus hombres a desalojar al enemigo que hostiga sin tregua a las tropas en retirada.

El valor de sus oficiales no sólo estimula, sino que enorgullece a los soldados que, contagiados de su valor, cada uno se transforma en un héroe que lucha sin regateos.

Una bala ardiente ha herido gravemente a Arredondo en una ingle, pero sigue combatiendo hasta el final, y cuando el enemigo se retira, aún le sobran valor y fuerzas para reunir lo que queda de su sección y se repliega con ellos, cargando sobre sus hombros a alguno de sus soldados heridos, a pie, hasta Tetuán.

De la humildad y naturalidad con que asumía su propia grandeza, da exacta idea la nota que desde la camilla en la que le llevaban al quirófano escribió a su hermano Juan: “Me han herido de gravedad en la cadera, saliendo la bala por debajo de los riñones, pero estoy tranquilo y contento por haber cumplido con mi deber y permanecer en mi puesto. Puedes estar orgulloso de mí. Prepara a mamá para que no sufra. Pese a que no he hecho más que lo que debía, me proponen para una Laureada”.

No cabe mayor ejemplo de heroísmo, abnegación, entrega a la misión y dedicación a sus subordinados. Treinta días sumido en el lecho del dolor le cuestan a Arredondo el pago fiel a su heroica hazaña: pierde un riñón y sufre sucesivas recaídas hasta que finalmente, en 1914 se incorpora, ya de Teniente, al Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Melilla, de guarnición en Tetuán, unidad en la que, pese a la brevedad de su destino, tomó parte en ocho acciones de combate, mereciendo ser nombrado como distinguido en la orden del Cuerpo y recompensado con la Cruz del Mérito Militar con Distintivo Rojo, lo que acrecentó su fama de oficial valiente y sacrificado.

SU INCORPORACIÓN A LA LEGIÓN1261872391514_f

En 1917 es ascendido a Capitán y pasa destinado a la península, donde permanece hasta septiembre de 1920; en ese momento, de la imaginación de un maravilloso loco soñador, está surgiendo una de los obras castrenses más sublimes de la historia: La Legión.

Su fundador, el Teniente Coronel D. José Millán-Astray Terreros, que ha sido uno de sus profesores en la Academia de Infantería, le llama para incorporarle a la élite que compondría el primer grupo de Oficiales del recién creado Tercio de Extranjeros. “Arredondo, escribe Millán-Astray, necesito tu entusiasmo”, y le promete sufrimientos sin fin, en primera línea de combate, probablemente la muerte y la gloria, si es capaz de merecerla.

Así, el 1 de octubre de 1920 se incorpora a La Legión, que había sido creada por Real Decreto de SM el Rey Alfonso XIII en enero de ese mismo año, y que había recibido a sus primeros legionarios el 20 de septiembre, fecha que se tomará desde ese momento, como la de su fundación oficial.

Los siguientes meses los pasará el Capitán Arredondo dedicado a la organización e instrucción de su compañía, la Primera Compañía de la Primera Bandera, tarea que no debió ser nada fácil, teniendo en cuenta la procedencia de los primeros legionarios. Allí estaba Arredondo, el primer Capitán, transformando esa visión idílica concebida por el fundador en una magnífica realidad que al poco de su creación, supera complejos ante un enemigo hasta entonces temible, eficaz y escurridizo.

Pero este intenso tiempo de preparación no duró mucho, el día 2 de noviembre, sin haber alcanzado aún los dos meses de preparación, llega al campamento de La Legión en DAR RIFFIEN, la orden de partir hacia UAD LAU: la unidad sabe que va a entrar en combate.

El Capitán Arredondo se ve involucrado en las primeras operaciones serias; desde mediados de abril forma parte de las columnas de Castro, Girona y Sanjurjo, con las que, a pesar de no serle asignada la vanguardia que su Jefe reclamaba constantemente, La Legión sufre su auténtico bautismo de fuego durante la ocupación de las posiciones de AIT GABA, SALAH Y MUÑOZ CRESPO. En la toma de esta última posición y tras tres días de violentos combates, el 29 de junio es, una vez más, herido de gravedad el Capitán Arredondo.400607_10200448405692213_138366743_n_zps552bab76

Tras un largo peregrinaje por diversos hospitales de campaña resultó imprescindible evacuarlo a Madrid. De haber sido otro su carácter, ahí podría haber terminado la sufrida y brillante carrera militar de Arredondo, y con toda justicia nuestro héroe, en su condición de inválido, podría haber pasado a disfrutar de la desahogada situación, de la familia que anhelaba crear y de su merecido y ya inmenso prestigio. Pero no; el capitán Arredondo estaba hecho de otra madera y ni supo ni quiso eludir su sagrado compromiso con la Patria, con La Legión y con sus legionarios.

Determinado a conseguir la vuelta al servicio activo por cualquier medio, Arredondo se embarcó en lo que durante los tres años siguientes sería para él un auténtico calvario. Recurrió a todo tipo de médicos, hasta gastar una buena parte de su capital; suplicó al Rey, que lo recibió en audiencia el 27 de marzo de 1923 y prometió ayudarle, y, tras una lucha titánica contra los tribunales médicos, en los que incluso se vio obligado a disimular la situación real de su pierna, Arredondo consiguió finalmente ser dado apto para el servicio, eso sí, con la ayuda de un artilugio ortopédico metálico que le acompañaría el resto de sus días. Arredondo vuelve al servicio activo y a La Legión; tenía preparadas otras balas para él en África.

Su madre, en su afán protector, le escribía animándolo a que aceptara su suerte y volviera a Baeza, a lo que él responde:

Me niego. Soy militar y ni sé ni quiero vivir de otra manera. Usted, madre, a sus rezos, que falta le han de hacer, y yo a batirme por el honor de España, que no están los tiempos para pensar en uno mismo. Así soy yo y así debe ser la madre de un legionario”.

La Legión le acoge de nuevo con los brazos abiertos, devolviéndosele el mando de su querida primera compañía. Ni los dolores, ni las heridas, ni el hambre, ni la sed, ni las extremas condiciones de vida y combate de las que habla en sus cartas, consiguen empañar la felicidad de Arredondo al encontrarse de nuevo al frente de sus legionarios. <<Después de seis días sin suministro alguno, le escribe a su madre, finalmente tuvimos que sacrificar al caballo, que nos comimos asado sin pan, sal, ni nada más. Lo peor es que ahora tendremos que repartir su carga. Lo que bebimos no es para contar>>.

Así pasará los cuatro siguientes meses, tomando parte en innumerables combates que entonces se sucedieron, hasta el 19 de noviembre de 1924, fecha en que durante la retirada de XERUTA al ZOCO DE ARBBA, encontraría gloriosa muerte y ganaría su segunda Laureada y la Medalla Militar Individual.

SU MUERTE

teaserbox_27109122Entre los españoles se había instalado toda una gama de sentimientos, desde la vergüenza a la venganza, motivada por la aguda sensibilidad popular de aquellos años debido al desgaste sufrido por el Ejército, iniciado tres años atrás en lo que se conoció como “el desastre de ANNUAL”.

En el seno del ejército, las trifulcas entre los partidarios de la retirada y los del control del territorio, habían llevado al General Primo de Rivera a adoptar una decisión de compromiso ordenándose una retirada de XAUEN, que no acabó en otra hecatombe semejante a la de ANNUAL, gracias a los escalones sucesivos que contuvieron el repliegue; en uno de los cuales, XERUTA, murió Arredondo, cuando mandaba la Primera Bandera de La Legión.

El 19 de noviembre de 1924, apenas iniciado el movimiento bajo un violento temporal de agua y viento, la columna de la que formaba parte la unidad de Arredondo, fue atacada con gran intensidad por numerosos enemigos de las Kabilas de XERUTA y XAUEN. Muerto el General Serrano y ocupados por los moros puestos de protección prematuramente abandonados, la columna en cuyos últimos escalones iba Arredondo, tuvo que continuar su marcha en condiciones muy desfavorables. Viendo que el ataque del enemigo arreciaba, el Capitán Arredondo, que mandaba la Bandera, cede el Mando de ésta y toma el mando directo de la que fue su primera compañía. Cuentan las crónicas que << el Capitán Arredondo al mando de la primera compañía, ocupa posiciones ventajosas para facilitar la retirada, conteniendo briosamente al enemigo hasta ver a salvo a todas las fuerzas de la Sexta Bandera de La Legión y del Grupo de Regulares de Ceuta. Al empezar el repliegue, Arredondo es herido en el pecho y, comprendiendo la crítica situación de las fuerzas en retirada, permanece en su puesto batiendo al enemigo y sacrificándose por la seguridad del resto de la columna. Cercada su compañía, defienden todos caras sus vidas, hasta que la superioridad del enemigo acaba con ellos, muriendo el capitán de un segundo balazo, los oficiales y los legionarios con espíritu espartano, en cumplimiento de su deber y del Espíritu de Compañerismo del Credo Legionario: “Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo, hasta perecer todos>>. En aquel momento, el capitán Arredondo tenía 34 años de edad y, dada la gravedad de la situación, su cuerpo, nunca se recuperaría.3091272_640px

EL MONUMENTO

Tras la muerte de su héroe, los baezanos de entonces fueron muy generosos en palabras y testimonios. No ahorraron en los periódicos y revistas de la época alabanzas a su paisano y consideraciones a su familia. Pero fueron, sobre todo, generosos en obras: describiendo con amor sus proezas, manifestando su apoyo y cariño a la familia, y finalmente inmortalizando su memoria en un monumento.

capitan3El 11 de enero de 1925, en la revista local Ayer y Hoy se decía: <<Su patria chica debe honrar en la muerte al héroe que dio la vida por la Patria grande; Baeza está obligada; nobleza obliga. Y, hay que hacer….¡Hay que hacer algo a todo trance por la memoria del Capitán!>>

Así, dos meses después de su caída en Xeruta, las autoridades de Baeza, con el apoyo y la exigencia de todo el pueblo, recogen el guante de las iniciativas salidas de un comité central y de la diputación provincial para la erección de un monumento en su honor.

El punto culminante de esta labor se sitúa en el 19 de noviembre de 1925, primer aniversario de la muerte de Pablo Arredondo, haciendo coincidir esta fecha con un pleno extraordinario del consistorio y la colocación de la primera piedra del monumento, iniciativa que finalmente se materializará con la inauguración del monumento el 19 de enero de 1927 en un acto multitudinario en Baeza. Asistieron al acto múltiples personalidades, algunas ostentando la representación del Rey y otros miembros de la familia real, destacando entre otras la del presidente del Consejo de Ministros, el General Primo de Rivera y el Coronel Millán-Astray, fundador de La Legión.

Tras la inauguración, el monumento volvería a tener cierto protagonismo a mediados de 1930, cuando se llevó a efecto la imposición a la estatua de la segunda laureada de Pablo Arredondo, concedida el año anterior.

Después de la imposición de la Laureada, el monumento vuelve a la tranquilidad que no abandonaría ya hasta el estallido de la guerra civil. Durante la cual se produjo el derribo y posterior desaparición de la estatua.

Tras la guerra, el monumento, o más bien sus restos, siguen ocupando el emplazamiento original elegido por su autor. El Arca del Agua fue cambiando, pero el muro, junto al pedestal mutilado mirando a la fuente, y la inscripción “erigido por suscripción popular e inaugurado el 19 de enero de 1927”, siguieron allí, sin duda, esperando que se hiciese justicia a la memoria del héroe. Justicia que se hace efectiva estos días, nuevamente mediante iniciativa popular, al restaurar la memoria del héroe Baezano re-erigiendo el monumento que le honra.ihycm-3618

SU LEGADO

Espiritu_compiArredondo vivió y murió como un auténtico soldado. La historia heroica que este baezano ilustre escribió con la tinta indeleble de su sangre en los tortuosos campos de Marruecos, no ha quedado perdida en la memoria, es indeleble.

Tan sólo unos días antes de morir, en la última carta recibida por su madre, le decía: “Ante los apuros que España está pasando en estos momentos, debe tener el orgullo de contribuir con uno de sus hijos, con su propia sangre, a la salvación de la Patria”.

En recuerdo de nuestro insigne héroe al que hoy humildemente honramos, les pedimos a nuestros lectores que eleven una oración a nuestro protector, el Cristo de la Buena Muerte, y repitan con orgullo:

¡Viva el Comandante Arredondo! ¡Viva La Legión! ¡Viva España!

8 pensamientos en “COMANDANTE D. PABLO ARREDONDO ACUÑA. CRÓNICA LEGIONARIA

  1. Mi querido General, sin palabras… porque ¿qué se puede decir ante tanta entrega, tanta valentía, tanto amor a España?… de una patria, como de una madre, nacen hombres, nacen héroes como este.

    “Los héroes son ángeles guardianes,
    apuntalan dirección a las generaciones,
    fueron temerarios en sus acciones
    y sus hazañas los hicieron titanes”

    Morir es nada cuando por la patria se muere, porque un héroe lo es en todos sentidos y maneras, y ante todo, en el corazón y en el alma; porque el amor a la patria es más patente que la razón misma.

    Y como usted bien dice: en recuerdo de nuestro insigne héroe al que hoy humildemente honramos, elevemos una oración a nuestro protector, el Cristo de la Buena Muerte, y repitiendo con orgullo:

    ¡Viva el Comandante Arredondo! ¡Viva La Legión! ¡Viva España!

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  2. Buenos días, General Dávila. Poco puedo comentar a este artículo, que me ha impresionado enormemente, de un soldado y español “de raza”. Me ha recordado a aquel aforismo samurai de que “el deber de un soldado es pesado como una montaña, pero su muerte es liviana como una pluma”. Creo que puedo pensar que para el Comandante Arredondo, en el fiel de su balanza, de su conciencia, el deber era una montaña y la muerte era una pluma, que recibió en honor a su conciencia, a su Patria a sus camaradas. Dulce et decorum est pro patria mori. Es de bien nacidos que sus compatriotas, los coetáneos y los de ahora, reconozcamos su ejemplo de sacrificio. ¡Qué bellas palabras las que le dedicaron en su momento!: “Su patria chica debe honrar en la muerte al héroe que dio la vida por la Patria grande; Baeza está obligada; nobleza obliga”. La/s patria/s chica/s reconociendo a sus héroes, con orgullo, por su sacrificio por la Patria grande, de aquellos tiempos en los que cada localidad estaba orgullosa de sus paisanos precisamente por su nivel de significancia en el servicio a España, bien sea a través de las armas, a través de las letras, a través de las ciencias o a través de cualquier otro tipo de servicio que prestigiase el nombre de España y, con ello, de ser español, que ese es el tipo de rivalidades que eran características entre los españoles, antes de que tantos perdiesen la cuenta de que lo pequeño era grande en virtud de formar parte de lo Grande, y se dedicasen a intentar tapar lo grande con lo pequeño que aún “estirándolo” (a base de mentiras y todo tipo de truculencias), queda pequeño.
    Los de Baeza pueden estar muy orgullosos de su paisano y el resto de los españoles, compartiendo ese sentimiento, también podemos estar orgullosos de esos españoles que saben honrar a sus héroes, que son de todos.
    Como creyente, me sumo a una oración por su alma y, como español, con sumo gusto, a repetir ¡Viva el Comandante Arredondo! ¡Viva La Legión! ¡Viva España!.

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  3. Mi General, sigo su blog desde no hace mucho tiempo, desde que lo descubrí accidentalmente y creo haber leido la práctica totalidad de los artículos, a cada cual mas interesante, pero cada vez que he intentado “comentar” surge algún problema informático que lo impide, espero, deseo que este comentario me permita abrir esta vía que se me resiste.
    Enhorabuena, quedo a sus ordenes
    Emilio Galindo

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  4. Mi General, desde Málaga le felicito por esta y por sus otras publicaciones. Recuerdo, con especial afecto, su etapa de General de la BRILEG y de Consejero de Honor del Cristo de la Buena Muerte (MENA).
    Enhorabuena y siempre a sus ordenes.

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  5. Don Francisco ¡gracias! Y aunque nadie de Mena me comenta nunca nada mi corazón siempre a vuestro lado con enorme afecto. Que nuestro Cristo te bendiga y un fuerte abrazo.

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