DECÁLOGO DEL CADETE
ARTÍCULO II
Tener un gran espíritu militar, reflejado en su vocación y disciplina.
SIGNIFICADO
(Soneto)
Fuerza, impulso, vigor, aliento y brío,
el mismo que la vida tonifica,
que en Milicia su esencia significa,
y es su falta lo huero y lo vacío.
Que da a la vocación el señorío,
y su razón de ser aquí se explica;
con su alta misión se identifica,
y causa en el adentro escalofrío.
Espíritu el que da significado,
a aquella, veces mil, malentendida,
siendo clara cual agua cristalina.
Sin mérito, si es grato lo mandado,
“nunca bien definida y comprendida”:
lo intuyo, lo sabéis: ¡La disciplina!
ARTÍCULO III
Unir a su acrisolada caballerosidad constante celo por su reputación.
REFERENTES
(Soneto)
Prestigio, distinción, fama, hidalguía,
son el caro caudal del caballero;
y limpio como el brillo de su acero
hará en él reflejar la cortesía,
lo que no ha de quitar la valentía,
que ánimo y empuje, pues guerrero
de suyo ha de tener; y en el sendero
ligero ir de equipaje, su valía.
Que tantos y preciados los valores,
en el ánimo grabados y presentes;
y al fuego del crisol, purificados,
-el del duro el esfuerzo y sus rigores-
hacen de la Milicia referentes,
los de una “religión de hombres honrados”


A las órdenes de V.I., mi Coronel.
Con su habitual maestría y pericia en el difícil arte de combinar y jugar con las palabras, hoy nos deleita con esos dos cantos a virtudes militares irrenunciables, las de los Capítulos segundo y tercero del Decálogo del Cadete.
El espíritu militar, la vocación y la disciplina en el Segundo, y la caballerosidad constante y el celo por su reputación en el Tercero. Es decir, y en este caso, «que la mujer del César no sólo tiene que ser virtuosa, sino también parecerlo».
Un uniforme y unas divisas militares es algo que se ve a distancia y se distingue de cualquier otra indumentaria. El más leve descuido puede hacer que le caiga una mancha, que por insignificante que pueda parecer, no hay forma de hacerla desaparecer con facilidad. Es algo así como si se nos derrama un vaso de agua en el suelo; a ver quién y cómo logra recuperarla hasta la última gota y la bebe después de estar turbia.
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