No recuerdo yo esos de los másteres en mi juventud. Aquí, donde la más principal hazaña es obedecer, entrabas en una Academia Militar y al finalizar te incorporabas a las unidades a desarrollar lo aprendido. Después llegaba lo de los másteres que siempre se han llamado cursos. De ascenso, de especialización, de idiomas, y no sé cuantas cosas más. Media vida haciendo cursos, estudiando y perfeccionando tus capacidades. ¿Qué quieres ascender?: curso al canto. ¿Qué quieres ese destino?: curso necesario. Másteres ninguno. A mí esa palabra no me suena en mi hoja de servicios.
Para curso y título con solera, y la base de todos los demás, el de cabo. Recuerden y divulguen; es muy necesario en los tiempos que corren: <<El cabo, como Jefe más inmediato del soldado se hará querer y respetar de él, no le disimulará jamás las faltas de subordinación. Infundirá en los de su Escuadra amor al oficio y mucha exactitud en el desempeño de sus obligaciones. Será firme en el mando, graciable en lo que pueda, castigará sin cólera y será medido en sus palabras, aún cuando reprenda>>. Ese sí que es un máster.
Los militares llevamos en el pecho los distintivos de los cursos que hemos realizado, prendidos en la guerrera, que en un soldado es un auténtico e indestructible archivo que no requiere la firma de ningún profesor ni rector, porque, aquí, nos conocemos todos y todos sabemos casi todo de todos, entre otras cosas lo que cada uno ha hecho y ha deshecho.
El pecho de un soldado es su hoja de servicios donde en un rápido vistazo se puede leer su historial entre cursos y condecoraciones. Alguno lleva tantos que acaba con apodo: el Chapas. Todo estaba a la vista sin tener que revisar archivos o expedientes.
Luego, algo más tarde, llegó eso de la distancia, que es el olvido, aprender desde lejos, primero con envíos a domicilio, luego con internet, y sin darnos cuenta aparecieron paracaidistas por correspondencia y guerrilleros de internet, pero se les notaba mucho y pronto tuvieron que abandonar y volcarse más en un máster… por correspondencia, no presencial.
La cosa cambió mucho con la enseñanza a distancia. Empezaron a proliferar cursos, títulos, másteres, especializaciones en cosas de las más extrañas, y aparecieron esas cartulinas pomposas, llenas de sellos y firmas, que casi nunca servían para nada, pero puntuaban. Un título con firma vale mucho, y con membrete ni te cuento, que decía d´Ors que en el principio fue un membrete, así que lo que vale y pesa no es lo que hayas hecho sino lo que el papel lleno de sellos diga que has hecho. Sobre todo si está bien firmado, lleno de firmas, como esos títulos que hay en las consultas de los médicos.
Aunque ya se sabe que no todas las firmas son tales. Ahora las hay virtuales, digitales, o sellos que las sustituyen. Las hay interinas, por ausencia, accidentales, incluso hasta falsas. No todas las firmas son de quien son. Esperemos que no se invente el robot con gorra, estrellas o galones y firma, aunque quien sabe…
Al salir de la Academia y antes de hacer ningún curso estuve destinado en un Centro de Instrucción de Reclutas. Llegaban los soldados cada tres meses procedentes de todas las tierras de España. De todos los niveles de conocimiento, formación y educación. ¡Qué buenos soldados!
Cuando empezábamos a filiarles ya les notabas en la cara y en los gestos quien iba para cabo. En cierta ocasión al preguntarle a un grandullón, fuerte como un toro, su profesión, contestó alto y claro:
–Joyero mi teniente.
-¡Caramba! ¡Qué bonito oficio! ¿Y qué tipo de joyas haces?
-No mi teniente, no hago joyas, yo soy joyero de hacer joyos.
No, no me tomaba el pelo. Era así, joyos era lo que él hacía, un buen oficio para zapadores; sin título reconocido fue aquel muchacho uno de los mejores cabos que tuve en la compañía. El joyero hacía joyos, pero hubiese hecho, mejor que nadie, joyas o lo que le hubiesen enseñado. Un par de másteres y la vida solucionada. Se limitó a ser un buen cabo, pero de verdad.
Tengo para mí, para mi intimidad, un título curioso y sin máster alguno del que me enorgullezco. Me lo concedió una de mis nietas. Aunque no está firmado. Es lo bueno que tiene, que no es falso. Creo que ya se lo he contado en alguna ocasión, pero no me importa repetirme. Ya les digo que es para la intimidad.
«Cojonario» algo más que un másterMandaba yo la Legión cuando me llamó un día mi hija a contarme una historia al menos graciosa. Una de las profesoras de mi nieta la llamó para preguntarle por la profesión del abuelo porque la niña no hacía más que repetir que su abuelo era cojonario. Les aseguro que yo jamás había pronunciado esa palabra ni se me había ocurrido una síntesis tan magnífica para definir a un legionario con una sola palabra. Hubo que dar explicaciones en el colegio, pero como entenderán yo, el abuelo, acababa de conseguir el título más bonito y de más categoría de mi vida; y sin hacer máster alguno: cojonario.
De lo que se deduce que los títulos te los da la vida y los másteres te los da, vaya usted a saber, porque donde hay un buen joyero que hace joyos hay un buen refugio, y donde hay un cojonario…, pero un máster solo es un papel que emborrona cualquier carrera, y además se necesitan tantas firmas, por lo menos tres y nunca se sabe, que dicen los médicos que uno cura, dos dudan y tres sepultura segura.
Dejen, dejen, no se líen con un máster más o uno menos; hagan un buen joyo y para amigos elijan a un cojonario. De los otros, del fuego amigo, ni fiarse, que luego van y te empapelan la habitación de másteres, los enseñan por ahí, y hasta te cierran la puerta y ya no sabes por dónde salir, aunque tampoco nadie sabe por dónde, ni por qué, ni para qué entraste. Cuando te quieres dar cuenta te has quedado más solo que la una. Eso sí, con tu maestría enmarcada y firmada. A nadie le importa. No importa el máster o el no máster, que en definitiva para nada vale entre tanto licenciado. Lo que verdaderamente importa es tocar… los cojonarios.
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez
Blog: generaldavila.com
¡CÓMO ME HA GUSTADO RCORDAR EL LEIT MOTIV DE TODO BUEN CABO, MUCHOS EMPRESARIOS Y JEFES LO DEBERÍAN APRENDER Y RECORDAR PERIÓDICAMENTE! ME HA GUSTADO EL FINO TONO IRÓNICO., MI GENERAL SALUDOS CORDIALES, Dr. CAPARRÓS ACADÉMICO DE NÚMERO DE LA RANCVE Y DE LA RADE
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A las órdenes de V. E., mi General.
Ay, aquellos cursos para los ascensos, qué aventura; porque había que hacerlos en Madrid, y eran la oportunidad, casi única, de ausentarse del destino por una temporada, pues la duración, dependiendo del empleo de que se tratara, podía ir desde los tres meses, mínimo, hasta un año. Hasta algunos, cuando volvían al destino de origen hablaban más fino y castizo, contando batallas incruentas e increíbles sobre ligues y esas cosas. Parecía que más que en un curso para ascender, habían estado practicando a diario aquel ejercicio táctico en campo abierto que consistía en reptar por debajo de una alambrada de espino, impulsándose con los codos y llevando el mosquetón por delante en las manos y en actitud o posición de apunten.
Uno de los días más felices y emocionantes de mi vida, es sin comparación posible, aquel en 1.960 en el que, tras todo un año de curso, para una especialidad técnica y formación militar completa, sin haber cumplido ni los dieciocho años todavía, me ví en el B.O.A. ascendido al mítico empleo de Cabo. ¡Cabo de Aviación!. Y en aquellos años. Qué ilusión, qué sensación de responsabilidad.
Ignoro cuáles puedan ser ahora los sentimientos en una situación así. Pero nosotros, los de entonces, con eso y un «cajetín» para viajar gratis en el tren y poder ir a casa de los padres en los permisos, no necesitábamos ni monedas en el bolsillo. Eramos felices sin más.
Gustoso daría hasta lo que no tengo, porque fuera posible volver a empezar.
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Muchas gracias Mi General por tan sabrosos comentarios. Saludos para todos.
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Mi respetado y querido GENERAL,
¡GENIAL!, ¡Qué bonito!. SI SENSACIONAL ES LA RESPUESTA DEL JOYERO , INCOMPARABLE EL CARIÑOSO Y SORPRENDENTE TITULO DE SU NIETECITA «COJONARIO».
Como muy dice mi GENERAL «AL FINAL TODO SE SABE» (Afortunadamente y por el bien de todos).
EL HERMANO DEL GRAN EUGENIO D’ORS HABLABA DEL SELLO Y MEMBRETE y TENIA RAZÓN. Me refiero al hermano CORONEL MÉDICO que hablaba alemán como nadie y le mandó EL GRAL. MUÑOZ GRANDES a mi padre para llevarle con la «BLAU DIVISION»
Cierta mañana recibí una llamada del MAPER. Se trataba de un COR. ING. JA.G. mira tienes aquí algo muy personal tuyo que, en tu puesto vendría a por ello., sino lo haces desaparecerá quemado o a peor sitio .
Se trataba de la DOCUMENTACIÓN que se presenta etc. para evaluación etc. Algunas amistades ciertos trabajos etc se las habían hecho suyos y por otra parte otras me habían revisado toda la documentación documento a documento y me decían porque has fotocopiado fotos de metopas de personal civil y militar entre las documentaciones. Le dije, no debes preocuparte, tu conoces muy bien a los evaluadores y ninguna sombra te haré, Para mí lo que te causa miedo es lo mejor que estimo porque es FRUTO ESENCIAL DE LA AMISTAD MAS ENTRAÑABLE Y DIAFANA no es vanidad de vanidades. Sobre GALARDONES Y CONDECORACIONES siempre he pensado que LAS MEJORES CONDECORACIONES EN LA LIMPIAS BATALLAS SON LAS CICATRICES DEL ALMA QUE DUDOSAMENTE SE CONOCEN.
MI GENERAL, COMO SIEMPRE TAN SOLEMNE Y MERIDIANO. ME HA RECORDADO AL G.D GÓMEZ GOYA, (Divisionario y amigo de casa) cuando le mandó a mi padre su HOJA DE SERVICIO y le decía que se incorporase de Capitán de nuevo. Su edad ya no concordaba y su ESPIRITU Y AMOR AL EJERCITO ERA INSUPERABLE, LE ANIMABAN COR. ABEHILE Y CASTRO Que fueron sus JEFES EN GUERRA 36 y GUZMAN RESAW Y EMPERADOR EN RUSIA.
ENHORABUENA Y GRACIAS MI GENERAL
A la orden de V.E
VIVA EL REY
VIVA EL MAPER
VIVA Y ARRIBA ESPAÑA
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Mi general, para seguir sus relajantes ocurrencias y tocar brutalmente los cojonarios, ¿qué hacemos con los ovarios?.
Esperando alguna solución, un cojonudo saludo por toda la razón.
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Sin diferencia ¡ADELANTE!
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