EL GOLPE DE ESTADO DEL 23 DE FEBRERO DE 1981. Libro La II Guerra Civil de Franco (General Rafael Dávila ÁLvarez)

 

«Sobre la sorpresa que fue para todos el 23F tengo un dato curioso: desde mi casa, la víspera de la investidura, llamó Pío Cabanillas a Jordi Pujol y tuvo con él este diálogo:

—Jordi ¿Por qué no votáis en primera votación a Calvo Sotelo?

—Ahora no podemos; ya se verá más tarde.

—No es prudente ir a la segunda votación.

—¿Qué temes que puede suceder entre una y otra?

—No, nada. A lo mejor un revuelo de entorchados.

—¡Qué tontería!

Era el 17 de febrero… (Nota 25 Memoria viva de la Transición. Leopoldo Calvo Sotelo)».

Siento decirles que, en mi humilde opinión militar, aquello del 23 de febrero de 1981 sucedido en el Congreso de los Diputados sobre las 1830 horas, de golpe de Estado militar no tuvo nada. Está claro que la planificación no fue manejada por manos militares y si alguno anduvo entre bambalinas sería alguien que de militar tenía su antiguo uniforme, quizá apolillado del poco uso y olvido de los más elementales principios del Arte de la guerra. Hubiese suspendido en la Escuela de Estado Mayor. Aquello ni fue ni pudo ser bajo aquellas premisas y confusión un golpe militar.

Ni antes ni después hubo una fuerza que arrastrase a una mayoría de militares que ni sabían ni se les había contado nada, porque los que aquello organizaron, como el tiempo ha demostrado, tampoco sabían muy bien sus pretensiones. Hubo unos conspiradores y ningún organizador ni inspirador que aprovechase el paso de aquel tren averiado; por si caso.

Errado golpe.

Claro que seguiremos hablando del 23F, pero de entrada sacamos una conclusión de gran valor: la normalidad institucional se apoderó de la vida cotidiana sin vivir traumatizada por aquellos hechos.

Tuve la ocasión de charlar en su domicilio con el General Armada. Le debía la visita y había ya pasado demasiado tiempo desde aquella fecha en la que quedó su apellido asociado a un golpe de Estado. En España su nombre era Armada y ha pasado a ser topónimo del 23F.

Me recibió en su casa de Madrid un día soleado del mes de febrero de 2011. Me abrió la puerta del domicilio el mismo general que terminaba de rezar su rosario diario.

Mi visita era de pura cortesía por la amistad que unía a nuestras familias. El tema doméstico abarcó la mayor parte de la conversación, pero al fin salió a relucir el 23F. Él inició el tema como si se sintiese obligado a hablar de ello. Estuve a punto de decirle que aquello no era algo que me interesase especialmente. Es indudable que el 23F había marcado su vida y se sentía atado a aquellos hechos.

Durante la conversación insistió varias veces en un mensaje que me dio la impresión que quería que lo transmitiese: «Siempre he servido al Rey con lealtad y para mí es un honor haber contribuido a afianzar su figura el 23F.  Con eso me doy por satisfecho». Se sentía contento por haber contribuido a traer la Monarquía en el año 1969 y consolidarla en 1981. Fueron palabras textuales y muy repetidas.

Contó algunas cosas más: «No guardo rencor a nadie y aquella noche fui disciplinado y me limité a cumplir las órdenes del General Gabeiras. Mi auténtica preocupación era que a nadie de los Diputados en el interior del Congreso le ocurriese nada». Le aseguró a Tejero que los GEO,s. no intentarían ninguna toma del Congreso ni se haría ninguna acción en fuerza. «Al salir del Congreso me entrevisté con Laína () que pretendía que los GEOS ocupasen el lugar, a lo que le contesté que aquello era una barbaridad y que costaría sangre. Lo convencí».

También me dijo en un tono humorístico la contestación que le dio Tejero cuando le propuso ponerle un avión para abandonar España: «Me mareo».

Casi al finalizar mi visita le pregunté si desde aquella fecha había vuelto a tener alguna relación con S.M. El Rey D. Juan Carlos a lo que me contestó rápido que ninguna; se quedó un rato dubitativo: «Me parace recordar que me envió un pésame cuando falleció mi hermana». Me despido y vuelve a recalcar lo que hoy resume su vida: Dios-España y la Monarquía. No salió a relucir aquella reunión, que era la clave, con el Rey en Zarzuela que él solicitó utilizarla para su mejor defensa en el juicio y le fue denegada. Salí convencido de que Armada aquella noche se temió lo peor, que aquello acabase a tiros si alguno se precipitaba en la toma violenta de decisiones y así se lo hizo ver a Laína nada más salir del Congreso. Tejero se les había ido de la mano y podía ocurrir cualquier cosa.

En mi opinión, a pesar de que seguramente faltan documentos por revelar, es que nada va a aclarar más de lo que se supone que sabemos. Informes, reuniones, propuestas, gobiernos de transición, y conspiraciones militares en marcha; la realidad conocida es mucho más sencilla. En España a pesar de sus muchos problemas, entre los que destacaba el terrorismo, la vida política se desarrollaba con normalidad y así continuó después del golpe de Estado sin que nada traumatizara las instituciones.

La explicación de lo que sucedió o el porqué de aquel 23F se encuentra escondido en los despachos de la política que encontró su refugio entre uniformes, guerreras militares y tricornios de los que se aprovecharon los que querían lo mismo pero sin agujerear los techos del Congreso; así suele ocurrir en momentos de incertidumbre en los que todo se mezcla y acaba dando resultados explosivos. Demasiadas reuniones, muchos salvadores de patrias inexistentes y algún visionario que se sintió redentor y heredero de reconquistas. No hubo a mi juicio nada organizado conforme un orden y disposiciones claras y concretas. Solo faltó que alguien mezclase nombres y se arrogase la representación máxima para que unido a la intranquilidad del momento político sirviese para lanzarse a la piscina sin agua o saltar del avión sin paracaídas como se dice vulgarmente.

¿Que se hablaba, que se decía, que se sabía?

He investigado alguna de las cosas que se cuentan sin base documental, deducciones más o menos creíbles, pero no dejan de ser declaraciones sin ser sólidas pruebas comprobables ni siquiera un hilo conductor.

Eran tiempos recios. Algunas declaraciones confirman que la situación estaba en un punto caliente y que algunos echaban más leña al fuego.

A finales del año 1977 es conocido como se pronunciaba Luis María Ansón entonces presidente de la Agencia EFE. Su idea era buscar una solución a partir de la legalidad pero que permitiera a España salir de la grave crisis que padecía y hablaba de una intervención militar que contase con el Rey. Solución que había que plantarle al Rey por conducto del mando o bien de «sus compañeros de promoción» (Juan María de Peñaranda. Desde el corazón del CESID. Espasa).

Van quedando pocos testigos de los que estuvieron cerca de lo que podría ser el lugar clave, pero al hablar con alguno de esos posibles protagonistas sus palabras no se ajustan a los hechos bien por razones obvias o por lógica pérdida de memoria.

Desde el año 1977 se empieza a hablar de la Operación A relatada en el libro Dese el corazón del CESID (Espasa) de Juan María de Peñaranda, un plan «imaginado y relatado por Luis María Ansón», que era el presidente de EFE. Había que «buscar una solución que permitiera a España salir de la grave crisis en la que se encontraba» y para ello «proponer a don Juan Carlos una solución razonable por conducto del mando o bien de sus compañeros de promoción». Alude Peñaranda en su libro que para justificarlo el presidente de EFE argumentaba que la situación podía llegar a un punto de convulsión y «tres factores determinaban la gravedad de la situación: el País Vasco y Cataluña, la crisis económica y la monarquía».

Al Plan A de Luis María Ansón se le puso nombre en el CESID: Operación Golpe de Timón y el primero en pronunciar su nombre fue el Presidente Tarradellas al dejar su cargo en 1980: «Si no hay unidad en España, en Cataluña, en el País Vasco, en todo el país, no nos salvamos. Soy un ciudadano catalán y español apasionadamente preocupado por el país».

Fueron años muy complejos los que se sucedieron entre 1977 y el Golpe de Estado de 1981 y los servicios de Inteligencia españoles estuvieron muy al tanto de los movimientos que se sucedían, aunque puede ser que focalizasen más su mirada en los grandes planteamientos olvidando escalones más bajos donde también cundía el malestar.

No me cabe la menor duda de que de aquella trama iniciada en 1977 surgieron muchos golpes de timón o de bisturí, pero aquellos que iniciaron la farsa se vieron sobrepasados por los que creían en la lealtad de los que les mandaban. Ellos pagaron y los iniciadores callaron. Silencio. No creo que sepamos más allá.

Puedo aportar muy poco, pero mi afición a escuchar a todos y mi aún buena memoria me hacen revisar un almuerzo con un general que fue del Grupo Operativo del Departamento de Defensa Interna del CESID.

Era el 9 de mayo de 2011. Los datos recobran frescura.

«Los hermanos Cortina (Antonio es civil y José Luis es militar de la misma promoción que el Rey D. Juan Carlos, (a XIV de la Academia General Militar, se reunieron a finales del año 1978 o principios del 79 —no recordaba bien— con Enrique Múgica Hergoz (PSOE), Josep Tarradellas y Alfonso Armada. Lo hicieron en un hotel de algún pueblo de Cataluña que por estar en sus fiestas no provocó la más mínima sospecha. No fue la única reunión siempre aprovechando las fiestas populares para pasar inadvertidos. José Luis Cortina, destinado en el CESID, se lo cuenta al Jefe del Departamento de Defensa Interna del Centro. En la conversación le confiesa haber hablado con Alfonso Guerra que le ha dicho que están dispuestos a todo siempre que se respeta la Monarquía. Hago ademán de interrumpir la conversación para preguntar lo evidente, pero el general me mira inteligentemente y sigue con su exposición que noto pretende ser un monólogo sin preguntas. La conversación entre Alfonso Guerra y Cortina es indudablemente sobre ese Gobierno de Concentración, Golpe de Timón, o como quieran llamarlo. No hace falta preguntar ni mayores suposiciones.

Me dice que inmediatamente se lo comunica al general Ollero que en esos momentos era Subdirector del CESID y jefe de la división de Interior que le conminó a enlazar con alguien dentro del Partido Socialista del entorno en el que el Servicio se movía. El Centro utilizaba para sus contactos con el PSOE a un tal Blanco, del que no quiso precisar más detalles, pero dice que era alguien relacionado con el PSOE y el enlace utilizado entre entre el Servicio y el Partido socialista.

De esa manera se puso en contacto con el PSOE de forma un tanto precipitada ya que, aunque no recordaba con precisión la fecha, era un puente de esos largos en los que en Madrid no queda nadie. Su contacto recuerda que era Guillermo y no nos dice el nombre, pero insistimos en si era Galeote y solo entrecierra los ojos y dice que podría ser, pero no lo recuerda. La contestación de «Guillermo» fue difusa: —Ya sabes que Alfonso Guerra dice y habla muchas cosas…

En aquellos años en los que se habían fundido en uno los Servicios de Información de Presidencia del Gobierno y del Alto Estado Mayor las relaciones entre los miembros procedentes de uno y otro no eran muy fluidas y se mantenían como grupos distintos. «Mi general» era del grupo de Presidencia mientras que Cortina y Calderón lo eran del Alto Estado Mayor.

De la llamada Operación De Gaulle se ríe y comenta que él jamás oyó hablar de eso, pero claro en 1981 él estaba ya a otra cosa.

Hubo muchos errores. Para entender todo aquel final: 23F hay que trasladarse al menos al año 1977 y empezar a recorrer las hemerotecas y preguntar a aquellos restaurantes tan conocidos de Madrid. Hasta el año 1981. Luego nadie se atrevía a hablar.

El mayor error se lo puedo ofrecer en primicia de puño y letra del General Alfonso Armada y Comyn.

Se acusa él mismo de haber cometido un «error» en una carta que el 6 de enero de 1984 le envía a uno de sus más estrechos colaboradores y amigo durante su periodo junto al Rey. Habla de seguir escribiendo, cosa que luego no hizo y hay que destacar la frase que entrecomilla y subraya: “Un error, es más grave que un crimen»… «al sufrirlo lo comprendo».

Estamos a mi juicio ante una de las claves más importantes y hasta ahora desconocidas del 23F. ¿Qué quiere decir Alfonso Armada? No fue Ni parece que fuese Napoleón el que dijo esa frase, ni la frase fue así, sino Talleyrand, su ministro de Exteriores: «Es peor que un crimen, es un imperdonable error», cuando supo la ejecución del duque de Enghien por orden del emperador. ¿O fue Fouché? No se pone de acuerdo, pero es un detalle sin importancia que en el caso de Armada recobra un enorme valor.

Frase usada por muchos políticos de maneras distintas y sin saber una palabra de Napoleón. En el caso del General Armada parece desprenderse en su queja que él ha cometido un error y que se lo han juzgado como si fuese un crimen. Cualquier inteligencia entiende la gravedad de lo ocurrido el 23F y las gravísimas consecuencias que podría aquello haber tenido tanto en lo político como en las vidas de muchas personas. Por lo tanto se acusa del error. ¿A qué error se refiere que no entra en el capitulado de crimen, sino algo peor?  ¿Podría referirse a que él solo intentó reconducir una situación iniciada hacía tiempo, pero que alguien desbordó de manera inoportuna y distinta a lo previsto? Alguien en algún lugar dijo:

—No era esto.

Juzguen ustedes.

La vinculación de las Fuerzas Armadas con S.M. el Rey era grande y estrecha. Su educación militar la llevaba muy en lo hondo y hacía gala de ello hasta en sus gestos cotidianos. Frases y actos cotidianos de los Cadetes en la General de Zaragoza se quedaron impregnados en el carácter del Rey. Su amistad con muchos militares le proporcionaba una cierta ventaja ante cualquier político que le hablase de las Fuerzas Armadas, desde el presidente del Gobierno al ministro, ya que los conocía bien y estaba al tanto de todas sus preocupaciones y vicisitudes. Después de las mensuales Audiencias militares el Rey se reunía en un amigable vino dado en Palacio con todos los asistentes prolongando su distendida conversación hasta la hora del almuerzo.

Entre los más fieles y leales militares estaba además del general Armada, el General Jaime Milans del Bosch y Ussía, Capitán General de la III Región Militar (Valencia) en el Golpe de Estado y que se sumó al mismo hasta que recibió orden de S.M. el Rey de retirara la fuerza.

El 28 de mayo de 1977 y coincidiendo con el Día de las Fuerzas Armadas, se celebró en Madrid un acto de especial significado que no puede pasar desapercibido. Un niño de nueve años, Felipe, Príncipe de Asturias, vestía por primera el uniforme de soldado español. Don Felipe se filiaba como soldado en el Regimiento Inmemorial del Rey nº 1. No era un juego de soldaditos ni el capricho de un niño. Era un acto regio, profundamente arraigado en la tradición de la monarquía española, por el que el heredero de la Corona, el futuro Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, filiaba en las filas del Ejército español. Lo hacía como soldado. Un acto de cariño y reconocimiento del Rey a las Fuerzas Armadas, a la tradición, a la historia.

Una larga tradición de la Monarquía española que lleva a los Reyes de España a filiar a sus hijos, futuros reyes, como soldados. Los Ejércitos son fiel reflejo de las virtudes y defectos de un pueblo, son del pueblo y para el pueblo; por ello las monarquías españolas siempre se han identificado con pueblo y Ejército. Reyes y príncipes han servido en sus filas junto a ricos y pobres. Desde niños se han aproximado a sus filas.

Alfonso XII se filió en 1862 y Alfonso XIII juró Bandera en 1920 como soldado. Ambos en la 1ª Compañía del 1º Batallón del Regimiento Inmemorial del Rey número 1.

Fue un emocionante día para el Rey Juan Carlos. Asistió toda la familia del Rey y el presidente del Gobierno Adolfo Suarez junto al vicepresidente General Manuel Gutiérrez Mellado. Una intensa jornada que continuó con la celebración del Día de las Fuerzas Armadas en la Cañada de Castilla donde se encontraba formada la División Acorazada “Brunete” al mando del general de División D. Jaime Milans del Bosch y se almorzó con el usual bocadillo militar.

Las palabras del Rey en la filiación de su hijo el Príncipe de Asturias fueron dichas con voz emocionada, pero firme.

‹‹Acaba de sentar plaza como Soldado de Honor, mi hijo el Príncipe de Asturias. Desde hoy, se vincula de por vida, a los Ejércitos de España››.

Continuaba dando las razones por las que quería que desde tan temprana edad su hijo formase en sus filas.

‹‹He querido que desde tan temprana edad forme en sus filas, porque quiero que se identifique con nuestros hombres, que sea un buen soldado, que es tanto como decir, un magnífico español››

‹‹Felipe:

Hoy es día grande para ti. No lo olvides nunca.

También lo es para mí. Mi mayor orgullo es ser el primer soldado de la Nación y darlo todo por la Patria.

Al ver a mi hijo Soldado, pienso en España y pienso en su futuro. En ese futuro en paz, en orden y en progreso.

Que las Fuerzas Armadas, modelo de lealtad y disciplina, sigan formando a nuestros jóvenes y montando la guardia permanente de España. Y que todos y cada uno de nosotros, sepamos cumplir con nuestro deber››.

Fueron dos actos llenos de significado. La filiación del futuro Rey y la visita a la División Acorazada cuyo Jefe sería protagonista más adelante del Golpe de Estado.

PD: Cada vez quedan menos actores de aquella escenificación que sepan su papel y que puedan contar el guion. Tengo en mi lista a día de hoy sólo tres nombres. Uno es militar. Los otros dos no. Que conozcan parte del libreto también los hay porque estaban engrasando la cadena que todo lo unía, pero no pueden ir más allá del eslabón superior e inferior. Suposiciones hay muchas, pero casi todas equivocadas. El 23F tiene de oficial tanto como puede tenerlo un Real Decreto o una resolución aprobada en Las Cortes.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.) 

Blog: generaldavila.com 

23 de febrero de 2026

Don Felipe, entonces Príncipe de Asturias, vistiéndose de soldado el día de su filiación.

Don Felipe, Príncipe de Asturias, saluda a Adolfo Suárez, Presidente del Gobierno, el día de su filiación como soldado. Al fondo el General Milans del Bosch Jefe de la División Acorazada Brunete.

Don Juan Carlos saluda al General Milans del Bosh en El Goloso el día de la filiación del Príncipe de Asturias como soldado.

Los cañones de la División Acorazada Brunete

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