LEÓN XIV TEJIENDO REDES CON EL DEPORTE. Coronel de Caballería®Ángel Cerdido Peñalver.

Durante la primera etapa de su visita a España, el domingo siete de junio vimos un magnífico espectáculo de concordia en el Movistar Arena de Madrid, sintonía plena entre el Pontífice y los mundos de la cultura, entre los que se encontraba el deporte.

Nuestra Teresa Perales fue, junto a Carolina Marín, una de las dos mujeres que representaron lo mejor de nuestro deporte. Ambas simbolizaron la perseverancia y resiliencia dentro y fuera de la competición.

Competir es crecer con el otro, nunca contra el otro dijeron.

Cada cuatro años o una Olimpiada (ya que era unidad de tiempo), en el plenilunio de agosto, los más distantes lugares del imperio helénico: Asia Menor, Silicua, Cirenaica…; las más alejadas colonias, y  los pequeños pueblos griegos, siempre en guerra unos con otros, se citaban en Olimpia  aprovechando la tregua  de esos días y  olvidaban  sus rencillas. La «tregua o paz olímpica», comenzaba siete días antes de la apertura de los Juegos y finalizaba el séptimo día a partir de su finalización.

Pero no siempre fue así, y sino veamos por encima la historia de las olimpiadas.

Paralelamente con los Juegos de Sainnt-Louis 1904, III Olimpíada, se celebraron unas competiciones entre atletas de distintas razas, llamados «Anthropogical day», reservados a deportistas no blancos, vulnerando uno de los principios del espíritu olímpico, cual es la no discriminación racial. Participaron en ellos negros, filipinos, chinos, indios, sioux, patagones, pygmeos, turcos y sirios, y merecieron la repulsa del Comité Olímpico Internacional.

De  los Juegos de Londres 1908, IV Olimpiada, nos llegó la frase histórica que sintetiza el ideal olímpico, fue el arzobispo de Pennsylvania quien, en el oficio religioso que preludió a los Juegos, pronunció en la catedral de San Pablo, la conocida frase de «Lo importante no es vencer, sino participar».

Los Juegos de Berlín 1936, XI Olimpíada, fueron todo un éxito a pesar de las campañas que anunciaban lo peor, habida cuenta de la política racista que el régimen de Hitler había impuesto en Alemania. El triunfo del espíritu olímpico sobre la política, y las discriminaciones raciales o religiosas, fue rotundo, pero de triste recuerdo para los españoles, pues cada vez que se llamaba por los altavoces del estadio a uno de los nuestros para alinearse en la línea de salida, con sus ausencias, se actualizaba, en las gradas llenas de espectadores el drama que comenzaba a vivir nuestro país.

En los Juegos de la XVII Olimpiada de la era moderna, Roma en  1960 supo reunir a toda la juventud sana del mundo. Fue aquí donde el Comité Olímpico encontró la fórmula feliz no lograda por políticos ni diplomáticos. Todos los deportistas alemanes  se encuadraron en un mismo equipo bajo la misma bandera, blanca con los aros olímpicos. El problema de los himnos fue solucionado con la «Oda a la alegría» de Beethoven. La víspera de la inauguración, el Papa recibió en la Plaza de San Pedro a los deportistas de los 83 naciones participantes. Sus palabras, que todavía resuenan, tuvieron una grandeza e intensidad realmente extraordinarias. Empezó diciendo que el pórtico de Bernini con sus dos inmensos brazos  les acogía, y acabó pidiendo…«Que la prisa por alcanzar la meta terrena, no les hiciera perder de vista el camino de la salud eterna».

En 1968, se despejaría en Méjico la gran incógnita de la primera Olimpíada de habla hispana, pero  el hecho que dio una intensidad dramática a esos Juegos, fue la manifestación de algunos atletas norteamericanos en las pruebas de atletismo, afectos al «black power», en las ceremonias de concesión de medallas, mientras se interpretaba el himno y se izaban las banderas, levantaban el puño derecho enguantado en negro y con la cabeza cubierta con una boina también negra, para manifestar sus ideas políticas opuestas al gobierno de su país.

Para terminar en 1972, la perfecta organización alemana en Munich sede de los juegos de la XX Olimpíada, no pudo evitar que un comando palestino del grupo terrorista Septiembre Negro (fracción de la Organización para la Liberación de Palestina, liderada entonces por Yasir Arafat) irrumpiera en la villa olímpica y emprendiera una masacre que acabó con once atletas israelíes, tres palestinos y un policía alemán muertos.

Todos estos casos son realmente el reverso de las medallas, pues el deporte es uno de los mejores instrumentos de paz y comprensión que siempre ha cubierto con su llamada a toda la humanidad. En el deporte, tan importante como la práctica, es tener un enfoque deportivo de la vida y, como hemos visto, es capaz de acompañar al hombre en la historia creando cultura, donde unas veces se gana y se aprende, otras se pierde y… también se aprende.

León XIV, como deportista que es, los martes que puede y le dejan, se desplaza a Castel Gandolfo para montar a su caballo Saleroso por los jardines vaticanos, hacer unos largos en la piscina o jugar al tenis con su secretario personal peruano.

Por todo esto, el pasado día 9 en el Bernabeu de forma espontánea le dijo al cardenal arzobispo de Madrid al acabar una de la actuaciones en la fiesta de las parroquias:«Hoy la Iglesia de Madrid ha marcado un golazo para siempre»

Según sus palabras, el Papa es de todos los equipos de futbol del mundo, pero Robert Francis Prevost es del Real Madrid.

¡Como no te voy a querer!

¡Hala Madrid!… y nada más.

Zaragoza 14 junio 2026

Blog: generaldavila.com

 

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