En esto de las caídas desde los solípedos, no es lo mismo que te pongan a caer de un burro a que te caigas del caballo, aunque se trate en ambos casos de caerse de un animal de cuatro patas. El burro, asno, jumento, borrico o pollino es un animal doméstico de la familia de los équidos, ungulado perisodáctilo, y nos da lo mismo a cual de las tres razas autóctonas existentes en España pertenezca: Zamorano-Leonés, Andaluz o Catalán.
Sin embargo el caerse de un caballo es otra cosa, y me vienen a la memoria tres caídas: dos son leyendas y una tercera tristemente real que puso a nuestra equitación de luto.
La primera se refiere al pasaje bíblico de San Pablo, año 36 d.C., persiguiendo a los cristianos. Según la tradición, cayó de su caballo cegado por un rayo divino camino a Damasco. A pesar de esa iconografía tan popular, en el relato del Nuevo Testamento sobre la conversión de san Pablo no aparece ningún caballo. La Biblia relata la caída y conversión de Saulo de Tarso en el libro de Hechos de los Apóstoles, durante su viaje a Damasco para arrestar cristianos, una luz del cielo lo derribó, y escuchó a Jesús preguntarle: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Tras este evento quedó ciego temporalmente.
¡Mal empezamos!, pero como dicen los poetas, «se aprende despacio a saber lo difícil, donde perdura lo eterno que se puede amar, y la soledad de la que uno debe en silencio ganar» .
La segunda caída se debe a la imaginación de William Shakespeare en su obra trágica Ricardo III, escrita entre los años 1591 y 1592. En ella el rey de Inglaterra no tuvo paciencia a que su herrador introdujera los últimos clavos en una de las herraduras de su caballo, y de esa guisa, con la herradura en «solfa», se puso al frente en la batalla de «Boswort». En el fragor del combate, por falta de esos clavos, el caballo quedó descalzo cayó al suelo y despavorido se fue de «caña» derribando al Rey que pie a tierra gritaba:
¡Un caballo! ¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo! Esas fueron sus últimas palabras antes de morir a manos del conde de Richmond en el último episodio de la obra basada en la Guerra de los Treinta Años o de las Dos Rosas: la roja de Lancaster, y la blanca de York. Con la derrota y muerte en Bosworth del último monarca de la Casa de York, se puso fin a los Plantagenet y a tan larga guerra. Desde entonces un proverbio español dice: «Por falta de un clavo se perdió una herradura; por falta de una herradura, un caballo; por falta de un caballo, una batalla; y por falta de una batalla, un reino».
La tercera de las caídas, la que nunca hubiera querido contar, pues esta si que fue real y puso de luto a todos los jinetes de España. Como en otras ocasiones entiendo que las caídas pueden estar relacionadas con falsos errores o faltas cometidas por el el caballo o el jinete, y que este no puede darse cuenta de manera repentina de los mismos. Le ocurrió al gran jinete militar español de saltos de obstáculos, el teniente coronel de Caballería Jaime García Cruz(†) el 16 de mayo de 1959, en el Concurso Nacional de Valladolid, montando a Nácar, una yegua pura sangre inglesa, torda, nacida en la Yeguada Militar de Lore˗Toki.
La yegua le hizo dos rehúses y, al tercer intento, arrolló el obstáculo. Jinete y caballo cayeron al suelo, con tan mala fortuna que la yegua vino a caer encima de García-Cruz aplastando su caja torácica. Murió en la misma pista de la antigua hípica próxima al paseo de Zorrilla en Pucela. García Cruz era un jinete de portentosas facultades y de una sólida formación ecuestre, profesor de algunos de los más notables jinetes españoles. En 1947, batió en la pista de Fadura en Bilbao el récord de España de salto de altura 2 ́22 m. con el tordo irlandés Bengalí, récord que no fue batido hasta cincuenta y tres años después por nuestro admirado amigo Josechu Verdugo Velón con su caballo Telefónica Adidas cuando logró superar un obstáculo de 2,24 metros de altura . Medalla de plata por equipos en los Juegos Olímpicos de 1948 de Londres (quinto individual en esa misma Olimpiada montando al también irlandés Bizarro), y ganador de los más importantes premios y muchas de las copas de naciones europeas. Y es que de casta le venía pues Jaime García Cruz y Paco Goyoaga eran primos hermanos. El padre de Jaime (Agustín) y el padre de Paco (Pedro) eran hermanos.
Pero que hago yo hoy aquí hablando de caballos y de caídas cuando, me meo en las espuelas y no soy capaz, con lo que está cayendo, ¡ni de montar en cólera!
El caballo como nos decía Botín en su libro “El noble bruto y sus amigos”, es un animal cuadrúpedo e implume, y aunque nos hayan puesto en el suelo muchas veces, es absurdo que les llamemos perro, como hacen los malos jinetes. Los hombres rebuznamos desde luego, con mucha más facilidad que los caballos ladran.
Por otra parte, los mulos y burros, como comen menos que los caballos y aguantan más, durante muchos años hicieron toda clase de trabajos en las granjas y en el Ejército: tirando de piezas de artillería, carros, cargando pesados fardos y trabajando toda su vida a cambio, eso si, de tener el privilegio de «darnos una coz de vez en cuando», o tirarnos al suelo, lo que siempre hemos llamado «bajarnos sin permiso».
Todavía recuerdo en mis caminos a Santiago a peregrinos acompañados de burros con serones donde llevaban las mochilas de sus dueños, uno de ellos va delante ramaleando con ronzal y otro detrás por si fuera necesario arrearlo. La logística del burro era fácil de resolver, se le ataba a un árbol con largo ronzal, un cubo de agua cerca y hasta el día siguiente. Cuando tropezaban y caían ¡mira si es idea cochina!. Si el peregrino era un viejo como yo daba risa, si era el burro, daba pena.
Al que no encontré en esas caminatas fue al mulo burdégano, cruce da caballo y burra, y si algún que otro verdadero mulo resultado del cruce de una yegua y un asno, las dos únicas formas de producir al mulo debido a la condición híbrida de la especie.
Dicen en Andalucía que una cosa es montar y otra es «ir subio» expresión coloquial muy típica que significa que una cosa es aparentar o iniciar algo, y otra muy distinta es estar en la cima, tener éxito o conocer de verdad el esfuerzo que requieren, y que cuando se caen, disimulan y nos quieren demostrar que se han bajado con permiso.
Hace muchos años cuando me caí por primera vez me dijeron muy serios: ¡no te preocupes Ángel! quien no se cae del caballo, es el obispo, que se sienta sobre un sillón de terciopelo.
En fin, cincha, montura y espuela, sin un lamento ni un roce, fundiendo en un solo mármol el caballo con el hombre.
¡Feliz verano a todos!
Zaragoza Julio 2026
Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver
Blog: generadavila.com
A las órdenes de V. I., mi Coronel.
Muy felíz verano, que por ahí arriba seguramente será menos cruel que por aquí abajo. Que ya he llegado a leer los cuarenta y cinco grados dentro del coche, por haber estado al sol menos de una hora.
Quien nunca se ha caído de un caballo es porque nunca montó, o se subió, en uno. En eso de deshacerse del piloto, pues eso es un jinete, el primer piloto de caza que existió, el caballo se puede comparar con una moto. A ver quién, que haya tenido y montado una moto durante toda su vida, puede decir esta boca es mía.
Con el caballo no tuve muy mala suerte, pues solamente, que recuerde, lo de caerme caerme hasta el suelo, sólo me ocurrió dos veces. Una con el cartujano blanco, que no era mío sino de mi Jefe directo que lo era el Comandante Jefe de la Plana Mayor de la Base, episodio en el que, por la querencia del caballo hacia la cuadra, o porque la sed le acuciaba al final de dos horas de paseo, al llegar al cortijo con demasiada velocidad y frenar en seco con las dos manos, salí disparado por entre sus orejas, y fuí a caer en una especie de piscina sin agua, que se utilizaba como estercolero. Sin más detalles y gracias a que ese día utilizába montura vaquera con sus característicos estribos, de los que era imposible quedar estribado, y así, la caída fue limpia; bueno, limpia solo mientras estuve en el aire. Porque luego, qué vergüenza. Menos mal que no nos vieron los Soldados que cuidaban de aquello.
Y la otra, fue de un caballo que me prestó, de los tres que llevaba, el Comandante de Caballería y gran dibujante de caballos, Don Faustino Murube, que solía aparecer por los terrenos de la Base muchas tardes. El venía en coche, y unos soldaditos suyos le esperaban ya con tres alazanes preciosos. Se daba su paseo en uno de ellos, y esa tarde me dejó uno para que le acompañara, colocado a su izquierda y un par de cuellos por detrás. Como los caballos conocen a quien se sube en ellos mejor que el jinete a ellos, me hizo pasar las de Caín. Y al regresar hacia donde esperaban los soldados, el mío se adhería como una lapa al del Comandante, destrozando todos los protocolos. Hasta que finalmente, realizó un zig zag y me tiró de costado.
Qué bochorno el mío, y qué ridículo.
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MI CORONEL Y APRECIADO ÁNGEL UNA VEZ MÁS VUELVES A DEMOSTRAR QUE CONOCÍAS A PLENO RENDIMIENTO LA MATERIA QUE IMPARTÍAS Y CUYOS CONOCIMIENTOS, LOS TUYOS , VAN MÀS ALLÁ DE LOS MERMENTE TÉCNICOS SE EXPANDÍAN POR EL CAMPO DE LAS HUMANIDADES Y DE LA MISMA ZOOTÉCNIA ¡¡¡ ESTO ES SER UN PROFESOR¡¡¡, POR CIERTO: QUE AMTIPÁTICO TUVISTES QUE SER PARA LOS QUE A TU ALRREDEDOR NO SE ENCONTRABAN A TU ALTURA CULTURAL Y ZOOTÉCNICA, MAS DE ALGUN «ASPIRINO» TORPE NO RECONOCIÓ A LA GRAN PERSONA QUE TENÍAN DELANTE Y ASÍ LE FUE A LA DIRECCIÓN DE NUESTRA QUERIDA CRÍA CABALLAR ESPAÑOLA SALVO ANUESTRO GRAN CORONEL SALVADOR ZUNZUNEGUI QUE SIEMPRE DIO MUESTRAS DE HOMBRE CULTO Y CONOCEDOR DE LO QUE TRAÍA ENTRE MANOS, PERO AMIGO ÁNGEL, EXCEPTUANDO UN RAILLETE DE CEREBROS COMO LOS VUESTROS LA DIRECCIÓN NO ESTABA A VUESTRA ALTURA¡¡¡QUÉ GRNDES OFICIALES DEL ARMA DE CABALLERÍA HEMOS TENIDO, LA HISTORIA YA VA DANDO RAZONES PODEROSAS ME DESPIDO GRITANDO¡¡VIVA EL ARMA DE CABALLERÍA¡¡ Y SUS HEROICOS MANDOS QUE LOS HUBO
SALUDOS CORDIALES MI APRECIADOY RESPETADO CORONEL
DR.
CAPARRÓS
UNO DE TUS «ASPIRINOS»
GENERAL VETERINARIO, retirado
De la real academia, ACADÉMICO DE NÚMERO
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Buenos días, mi Coronel, y todos; Superman también cayó…
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«A caballo regalado, no le mires el incisivo»
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Mi respetado y muy querido CORONEL DE CABALLERIA CERDIDO PEÑALVER,
Escribí un par de comentarios, no se preocupe porque un familiar SUBTENIENTE DE CABALLERIA !BARGUEÑO! cuidó a los dos primos, en muchos concursos, sobre todo con GOYOAGA.
Todo EXCELENTE. ENHORABUENA Y A LA ORDEN DE V.I
Previo a GRAN PATRONO para no repetirme
AL APOSTOL SANTIAGO EN CLAVIJO
Blanco o alazán no importa nada,
de todos los pecados es el perdón,
el peregrino camino hecho cordón,
renace Ramiro en noche estrellada.
Por San Desiderio vibraba tendón,
decisiva ayuda con Cruz y Espada,
la de Abderramán II es derrotada,
siendo mi Apóstol fiel galardón.
Jinete de luna, siempre tan buscada,
lanzas, corazas, dragones, escuadrón,
táurica victoriosa fuerza enamorada.
Un romance de sangre en el pendón,
entre clarines rota, a galope soñada:
¡la dureza de Santiago!, cual corindón
A la orden de V.E
VIVA EL REY
VIVA EL RELÁMPAGO DE LA CABALLERÍA
VIVA Y ARRIBA ESPAÑA
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